Los motivos de un conflicto

Ciertas formas de pensar han propuesto la lucha de clases como el motor que mueve la historia, es decir, que toda la historia de la humanidad se reduce a los conflictos entre los hombres. Esta idea se pretende explicar de diversas maneras, hay quienes pretenden que sea como la esencia del hombre, ya lo expresaba la conocida frase latina: «homo lupus homini«: el hombre es un lobo para el hombre. Estas formas de pensar se han querido incluso en ocasiones justificar con motivos religiosos, es este un tema amplio y complejo. En un texto que en su momento causó cierta polémica, el P. Carlos Bravo Gallardo, SJ (Jesús, hombre en conflicto. El relato de Marcos en América Latina. Sal terrae, Santander 1986) hace una lectura del Evangelio de Marcos teniendo como hilo conductor el «conflicto» de Jesús con las instituciones de su tiempo. Lejos de estar en esta línea sociologista a la que hemos hecho alusión (y como en su momento algunos quisieron encuadrar), el autor propone una lectura del evangelio que incide en la vida cotidiana, una coherencia que se hace necesaria entre lo que se cree y lo que se hace, en poca palabras, una fidelidad al Padre hasta la muerte por parte de Jesucristo, misma que debe ser la de cada cristiano. Es esa fidelidad a Dios y a los hermanos. Quien pretenda ser fiel a Dios libra una contienda en su interior, teniendo como criterio el amor, la verdad, la libertad.

El pasado 7 de Julio de 2013 fue consagrado Obispo auxiliar de Shangai (China) Mons. Taddeo Ma Daquin, y al día siguiente se le notificó que debía permanecer aislado en las instalaciones del Seminario de Shesan, bajo custodia policial. Esto se da en el difícil contexto de la pretensión de las autoridades civiles de esa república de crear una iglesia nacional China independiente de la Santa Sede. Por eso, la «falta» del joven Obispo (44 años en ese momento) fue expresar públicamente su fidelidad al Romano Pontífice, anunciar su baja de la Asociación de Católicos Patrióticos (creada en 1958) y negarse a que le impusieran las manos varios obispos excomulgados.

Esta difícil situación ya ha sido tratada, entre otros documentos, por la Carta a los católicos en la República Popular China (27 de Mayo de 2007) de Benedicto XVI. De igual modo, en su Mensaje Urbi et Orbi del 26 de diciembre del año pasado: «Que el Rey de la Paz dirija su mirada a los nuevos dirigentes de la República Popular China en el alto cometido que les espera. Expreso mis mejores deseos de que en esta misión se valore la contribución de las religiones, respetando a cada una de ellas, de modo que puedan contribuir a la construcción de una sociedad solidaria, para bien de ese noble pueblo y del mundo entero». La doctrina y trabajo de la Iglesia en todo el mundo es contribuir a la construcción de una paz verdadera, que es siempre un don de Dios, y no crear conflictos nacidos de ideologías que no tienen en cuenta la dignidad de cada persona humana.

Pbro. Filiberto Cruz Reyes

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