Un párroco rural

Hay quienes ven grandes semejanzas entre los Papas Francisco y Pío X, ahora santo y que hemos celebrado litúrgicamente el 21 de este mes.

Ambos tienen un origen sencillo, provienen de un lugar periférico respecto a Roma (Giuseppe Sarto, nombre de Pío X antes de ser Papa, viajó por primera vez a Roma en 1877, cuando tenía 42 años de edad. Había nacido en 1835 cerca de Venecia), son un tanto ajenos al ambiente de la Curia Romana, su intolerancia al triunfalismo eclesiástico, el trato directo e inmediato con las personas, un estilo de vida sobrio, la interpretación más pastoral que magisterial de su ministerio petrino. Una coincidencia más y bastante extraordinaria respecto a sus respectivas elecciones al pontificado: en la de Francisco la renuncia de su predecesor y en la de Pío X el veto del Imperio de Austria al cardenal Mariano Rampolla para que no llegara a la Sede de Pedro; un hecho bastante extraño pero jurídicamente correcto en su momento. Una vez en el pontificado Pío X eliminará ese privilegio del que gozaban algunos Estados en la elección del Papa.

Ciertamente son también numerosas las diferencias entre ambos pontífices como es natural, entre otras razones por las circunstancias de los tiempos, y sin embargo, esto mismo resalta ese don del pontificado: una continuidad en la diversidad.

Después de dos largos pontificados que le precedieron, el de Pío IX de 32 años, y el de León XIII de casi 25 años, llega el de Pío X de once años. El Padre Giuseppe Sarto había sido, entre otros oficios eclesiásticos que desempeñó, párroco casi 20 años, luego Canciller en la Curia de Treviso, Obispo, Cardenal y Patriarca de Venecia. Era el Véneto de ese tiempo, pobre y campesino, no la región rica y productiva de hoy, en donde se forjó el futuro Pontífice.

En 1954 el Papa Pío XII lo proclamó santo y lo definía en su discurso como “un párroco rural” que dominó todas las situaciones de su vida antes que ser dominado por ellas. Gran reformador de la vida eclesial que le tocó enfrentar grandes desafíos históricos: el tema del Modernismo, suprimió el derecho de veto (la institución a la que debía su elección), reformó la Curia Romana, inició la creación del Código de Derecho Canónico, reformó los seminario y la música litúrgica, impulsó la comunión frecuente y bajó la edad mínima para poder recibirla en torno a los 6 o 7 años de edad, creó el Instituto Bíblico de Roma, bajo su pontificado se extinguió definitivamente la cuestión del galicanismo, (es decir, la pretensión de hacer una iglesia francesa separada de Roma y del Papa) y se vio el surgimiento de esa intelectualidad católica francesa que llegará hasta el Vaticano II. Es curioso, uno de los “peros” que algunos le ponían para ser elegido como Pontífice es que no hablaba francés.

Es un francés, que por prejuicios anticatólicos tal vez no ha sido valorado lo suficiente como literato, quien escribió la novela “Diario de un cura rural” (Journal d’un curé de campagne) en la que uno de sus personajes, un sacerdote párroco, al hablar de la injusticia afirma: “No la mires más que el tiempo justo y no lo hagas nunca sin rezar” (Bernanos, Georges; Diario de un cura rural, Ediciones Encuentro, Madrid 1998, p. 65). Tal vez fue su experiencia de párroco y el contacto con la realidad, así como su fuerte espíritu de oración, lo que contribuyó a formar en San Pío X ese mirar lejos y de forma nueva el bien de la Iglesia. Todas las reformas que llevó a cabo permaneciendo siempre fiel a la Iglesia de Jesucristo se expresan en su lema “Restaurar todo en Cristo”. Oremos por Francisco.

Pbro. Filiberto Cruz Reyes

Deja un comentario