A todos los trabajadores de nuestro Patria
Las grandes personas van delineando su vida con ideas y actitudes que se reiteran de modo constante, que son sus grandes líneas de acción en los diferentes momentos de su vida; cuando se les lee pueden percibirse esos grandes ideales y preocupaciones, son persistentes en sus formas de buscar cómo llevarlas a cabo, podrán evolucionar pero nunca desaparecer esos destellos de convicción por hacer realidad ciertos sueños que generalmente buscan dar respuesta a lo cambiante de la vida, son observadores perspicaces y pioneros en la solidaridad. El Papa Benedicto XVI nos enseñó en Caritas in veritate que “El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz” (n. 1). Mientras que en Deus caritas est nos dijo que “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (n. 1). Es decir, el cristianismo es ante todo un esfuerzo constante por vivir de cierta manera de cara a Dios, al hermano, al mundo; es un estilo de vida que brota del amor y tiende hacia la justicia y la paz.
De las ideas y acciones que Francisco siempre ha vivido y se ha esforzado por promover es la acción de los laicos en la vida social. Siendo Obispo, en una Ponencia en la presentación de “Consenso para el desarrollo” (Universidad del Salvador, 17 de junio de 2010) afirmaba: “Sin solidaridad no hay desarrollo y sin desarrollo no hay solidaridad. La solidaridad se traduce en la convivencia, el equilibrio de los beneficios y sacrificios compartidos. La solidaridad para el desarrollo es asistencia social sostenida y sentida; es distribución equitativa de la renta; es la seguridad de los que menos tienen; es la defensa de los más débiles; es el crecimiento social común; es el desarrollo equilibrado; es la fraternidad real y ampliada; es responsabilidad pública por la exclusión social; es la colectivización del costo social. Todo ello edifica un futuro promisorio de la convivencia que profundiza el ethos del porvenir”. Este martes 26 abril del presente, se publicó una Carta que el Papa Francisco le dirigió al Cardenal Marc Armand Ouellet, P.S.S., Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. La Carta tiene fecha del 19 de marzo de 2016. En ella el Papa le dice entre otras cosas, a propósito del Encuentro que tuvo la Comisión en marzo pasado: «Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos dec1aracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades. Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: «es la hora de los laicos» pero pareciera que el reloj se ha parado». Otra de las convicciones constantes del Papa es el tema de la mirada. En su reciente visita a México vino a ver a la Morenita y a que Ella lo mirara. En su Mensaje con motivo de la Cuaresma de 2009 el Cardenal Bergoglio decía: “Hay algunos paisajes a los que nos terminamos acostumbrando de tanto verlos. El gran riesgo del acostumbramiento es la indiferencia: ya nada nos causa asombro, nos estremece, nos alegra, nos golpea, nos cuestiona”. Luego denunciaba situaciones indignantes que viven millones de hermanos: pidiendo algo para comer o revolviendo la basura, ancianos y niños durmiendo en las calles, etc. Y agregaba: “No nos interesan sus vidas, sus historias, sus necesidades ni su futuro. Cuántas veces sus miradas reclamadoras nos hicieron bajar las nuestras para poder pasar de largo. Sin embargo es el paisaje que nos rodea y nosotros, queramos verlo o no, formamos parte de él”. Sí, son denuncias fuertes que nos debieran hacer en primer lugar sonrojarnos, y en segundo lugar ponernos en acción. El Papa sigue diciendo en su Carta al Cardenal Ouellet: “debemos reconocer que el laico por su propia realidad, por su propia identidad, por estar inmerso en el corazón de la vida social, pública y política, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente tiene exigencias de nuevas formas de organización y de celebración de la fe”. Afirma también que los Pastores de la Iglesia no tienen el monopolio de las soluciones, sino que “tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompañándolos en sus búsquedas y estimulando esta imaginación capaz de responder a la problemática actual. Y esto discerniendo con nuestra gente y nunca por nuestra gente o sin nuestra gente”.
Muchas veces los sacerdotes nos sentimos agobiados en nuestro ministerio por una difícil realidad que nos rebasa con mucho; frente a esto nos llenan de esperanza los miles de laicos que están llamados a caminar junto con los Pastores. Caminemos todos juntos mirándonos mutuamente sin ser indiferentes frente a nuestras necesidades y debilidades.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes