Adsumus

Era el lunes 7 de septiembre de 1987, cuando 20 compañeros del Seminario de Querétaro nos hicimos presentes en una de las casas del Seminario de Celaya, una casa anexa al Templo del Señor de la Piedad, en la calle Leandro Valle del centro de la Ciudad. Había también, por supuesto, alumnos de la Diócesis de Celaya, además de la de San Luis Potosí, de la de Ciudad Valles (SLP) y de Tacámbaro (Mich.). De estas dos últimas era sólo uno de cada una. En total éramos unos 82 jóvenes que habían terminado la preparatoria. El objetivo era discernir si había una posible vocación al sacerdocio por parte de los candidatos, la mediación de la Iglesia con sus instituciones es una forma de encontrar objetividad en ese instinto personal o deseo inspirado en lo divino.

Llegamos por la tarde y los de casa nos recibieron amablemente al darnos la bienvenida; era mi primer día en una de esas instituciones surgidas por voluntad del Concilio de Trento (1563). En uno de los muros que delimitaban la cancha de básquet ball, había un gran letrero que pasaría a ser todo un concepto que desde entonces impregnó toda nuestra vida hasta el día de hoy: “Adsumus”; que en latín significa “estar presentes; tomar parte; estar atentos o listos; venir en ayuda de, etc.”.

Al paso de los días nos fuimos conociendo: procedencia, en las clases, los nombres, las aficiones deportivas, las cualidades para éstas, etc. Él nos dijo su nombre: “Policarpo 68 Caracheo Aguilar”. ¿Qué es eso de “68”? le inquirió alguien; ¿es una broma? ¿es un error dactilográfico? No, afirmó; mi padre me llamó así porque él es un gran amante de los deportes y yo nací en 1968, año de las Olimpiadas en México. Su hermano se llama Justo 70, por lo del mundial en México y el año de su nacimiento. En cuanto a su primer nombre era en honor a su Santo patrono: Policarpo de Esmirna, obispo y mártir de la Iglesia primitiva.

Así pasaron los años: compartiendo la vida, las clases, el deporte, la oración, la historia común; así se va forjando una fraternidad en Cristo, una Alianza sellada todos los días en la Eucaristía, esa que hace que te Ordenen o no, siempre seremos hermanos: Adsumus. Pasan los años y aunque no nos veamos, el día que lo hacemos parece que fue ayer que nos vimos: cómo estás, por qué no te comunicas, ¿qué has hecho?, etc. Cada uno en sus propias batallas, en su camino recorrido, no siempre se ganan las batallas pero esperamos la victoria final. El tiempo va dejando sus huellas en cada uno: más kilos en nuestra humanidad, menos pelo, más ojeras, más experiencia, uno que otro desencanto respecto a realidades idealizadas, una purificación de la fe a partir de la realidad, un crecimiento en la sequela Christi… Poli, así llamábamos familiarmente a Policarpo, quien desempeñó diversos oficios eclesiásticos: párroco, Secretario Canciller, etc.; siempre con dedicación y cercanía. En la época de estudiantes, volviendo al pasado, siempre gustó del fútbol, su talla alta y delgada le hacía propicio para ser buen portero; se lanzaba sin miedo, arriesgaba el físico, era de carácter fuerte, etc. Como todo portero, también recibió goles, de esos que nos recuerdan que somos humanos, de barro; pero lo importante era levantarse, empezar de nuevo, con resiliencia. 

Ayer, martes 13 de enero de este iniciado 2026, recibimos la noticia: Poli había muerto. De los compañeros de generación en el Seminario, de Querétaro nos Ordenaron a 10, los de Celaya fueron 11. De Querétaro ya partieron Francisco Estrella y Juan Marcos Granados; de Celaya Poli es el primero. De San Luis Potosí ya partieron dos hermanos sacerdotes.

Poli, hermano. Has corrido más rápido que nosotros, has alcanzado primero la meta; te bastaron 30 años, 6 meses y una semana de Ministerio. Hoy hemos estado aquí, junto al altar, para renovar esa Alianza eterna, firmada con sangre, la de Jesucristo y la de nosotros; esa que ofreciste día tras día, la que bebemos sin ser dignos pero como un gran regalo de Dios. Has dejado cada día de tu vida en medio del pueblo de Dios, con un servicio sencillo, acompañando los gozos y esperanzas, las penas y sin sabores de los hermanos, pero siempre ahí, siendo uno más de la comunidad de fe.

Hoy en la Misa estuvieron tus hermanos y tu Señora madre, también la mayor parte de nuestra generación; Tinoco con su estilo de poeta hizo una hermosa homilía en la que nos invitaba a dar gracias a Dios por ti. Nos has reunido, hemos llegado con nuestra propia historia, cansancios y esperanzas; sueños compartidos y hechos realidad. Nada que temer: Adsumus. Dile al Padre eterno que nos vemos pronto, en cualquier rato estaremos sentados a la Mesa, ocupando el lugar que nos asigne Cristo, el Señor.

Tu hermano en el Sacramento del Orden:

Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

Santiago de Querétaro, Qro. México

14 de Enero de 2026

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