Entre el cielo y la tierra

En el día de su sepultura

Estimado Padre Benja, hermano:

Hoy nos hemos reunido para presentarte al Señor Dios como ofrenda perenne, hemos venido de muchas partes, por donde fuiste andariego evangelizador con la música y un poco más allá, con tu estilo amable y sencillo. Estamos aquí para sellar la Alianza bautismal, que luego se desarrolló en ti a través del sacramento del Orden y el Señor hizo que fueras madurando al calor del Espíritu, como el trigo y la uva: hoy estas a punto, listo para la entrega total.

Hoy tu Obispo, don Fidencio canta: 

“Al pie del altar Señor

con la memoria en las manos,

con fe, esperanza y amor

la vida te presentamos

recibe nuestra oblación

Tú bien sabes que te amamos,

recibe nuestra oblación

Tú bien sabes que te amamos”.

Sí, y tú también cantas, pues el texto es de Don Fide y la música la imaginó tu corazón, el canto es esencialmente comunitario. Gracias a los dos que nos han dado esta oración musical llena de profecía. Nuestra memoria pareciera tocar con las manos tantas experiencias compartidas a través de los años; pareciera que siempre hubieras estado ahí, casi ubicuo, pues tu fraternidad hacía posible que tuvieras Misa de 12:00 en el Capulín y podías decir que sí apoyabas con otra a las 13:00 en Amealco; así era tu fraternidad, casi legendaria.

Te hemos conocido en tus diversas facetas: sacerdote, futbolista, músico, amigo, hermano, maestro, compositor, intérprete, etc. Nunca estridente, sino armónico. En la música eras todo terreno, lo mismo un tango que un villancico, en la estudiantina o dirigiendo el “Nabuco”; en el piano o un canto sacro. 

Cuando eras un joven maestro del Seminario recuerdo que al final de la clase pedíamos que nos regalaras alguna canción con tu acordeón e interpretabas con cran sentimiento propio del género dos tangos: “La cama vacía” y “Adiós muchachos”; ambos fueron en días recientes casi una profecía. Sí, hoy tu cama está vacía, pero a diferencia de la canción has tenido compañía, la de todo el pueblo santo de la Iglesia, en oración y alegría. 

Apenas el martes pasado hemos venido a saludarte, Leo, Wences, Benito, Víctor Hugo y un servidor ¿te acuerdas? Rezamos el Ángelus, pude darte la absolución y la indulgencia plenaria, cantamos una de tus composiciones y, has de disculpar, no me pude resistir y te pusimos “Adiós muchachos”; reaccionaste a la música e intentaste abrir los ojos, no sé si fue mi imaginación o deseo, pero parecía que la tarareabas y moviste la manita. A diferencia del poeta, tú conociste y trataste de hacer siempre la voluntad de Dios que es amorosa y no te sentiste presa de un doloroso destino, y sí, de lo que estamos seguros es que como dijo el poeta de la canción: “Y al dar a mis amigos mi adiós postrero, les doy con toda mi alma, mi bendición”. Tocabas siempre las fibras más íntimas del corazón, como dice Borges: “El tango procede de la milonga. Es decir, toda esa tristeza del tango es lo que ha llevado a gente a afirmar que el tango es «un pensamiento triste que se baila», como si la música saliera del pensamiento y no de las emociones”1. Toda tu vida ha sido una bendición para la comunidad, creemos firmemente que cualquier posible falta de amor, el pecado, Dios lo suple; por eso invocamos para ti la misericordia del Señor.

Cuando nos enseñabas música sacra hacías que nuestros jóvenes corazones se levantaran al Señor en profunda contemplación ¿cómo olvidar el “Adoro Te dovote” en esa versión en español?:

“Ante ti me postro, Dios oculto aquí
que velaste el rostro bajo pan por mi
y en amor deshecho viéndote señor,
ríndase mi pecho todo ante tu amor.
Vista, tacto y gusto, velan tu verdad
Sólo oído al justo da seguridad
lo que ansío decirte Cristo creo fiel
no hay nada más firme la verdad es Él”.

En tus composiciones lograste lo de las grandes obras populares: sencillez y profundidad, algo que todo mundo pudiera cantar.

También ha venido de Tulancingo tu hermano de Mesa y música: Mons. Domingo Díaz Martínez, Arzobispo Emérito de esa Arquidiócesis hermana, con quien dieron grandes batallas musicales y evangelizadoras desde su juventud.

Padre Gonzalo, no estás solo, estamos todos tus hermanos fieles en el Señor aquí contigo, tu amado hermano sólo nos precede. 

Don Fide, gracias por su paternidad que nos hace sentir verdaderos hermanos en Cristo, gracias por el dúo compositor que hicieron con Benja, su obra está viva entre nosotros como un signo de esperanza en la resurrección, creemos firmemente que por la gracia de Dios, el Padre Benja continúa cantando para Dios entre el cielo y la tierra, pues él ya lo dijo: “Para ti es mi música Señor”. Padre Benja, canta, descansa en paz.

Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

Parroquia Nuestra Señora de los 7 Dolores,

El Capulín, Gto., 17 de Enero de 2026

  1. Borges, Jorge Luis; El tango. Cuatro conferencias. México 2017, p.41. ↩︎

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