Ex 17, 3-7; Sal 94; Rm 5, 1-2. 5-8; Jn 4, 5-42
En este tercer Domingo de Cuaresma, llamado popularmente como el “Domingo de la samaritana”, por el texto del Evangelio que se proclama, se presenta el agua como signo bautismal, de vida, de misericordia que lava y sacia.
Algunos expertos afirman que “Sicar” significaría lo mismo que “Siquem”, es decir, el lugar donde a la muerte de Moisés, su discípulo y sucesor Josué renovará la alianza de Dios con su pueblo (Jos 24, 15-16): “Pero, si no os parece bien servir a Yahveh, elegid hoy a quién habéis de servir, o a los dioses a quienes servían vuestros padres más allá del Río, o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis ahora. Yo y mi familia serviremos a Yahveh.»

El pueblo respondió: «Lejos de nosotros abandonar a Yahveh para servir a otros dioses”.
El Evangelio presenta a un Jesús totalmente humano: cansado y sediento. En estas condiciones en que se encuentra parece resonar el texto de Isaías (cfr. 53, 4-6) cuando afirma que el Siervo doliente cargó sobre sí los pecados y dolores de la humanidad, que le causan heridas y finalmente la muerte. Tal ves por ahí vaya el sentido de las palabras del Evangelio cuando afirma que “era cerca del mediodía” cuando Jesús llegó al pozo. Esta misma expresión la repetirá San Juan en su evangelio más adelante (19, 14-15): «Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey.»
Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César”». Será en el camino de la cruz cuando Jesús mostrará nuevamente su cansancio al caer bajo el peso de la cruz (según el viacrucis), y ya en la cruz dirá “Tengo sed” (Jn 19, 28).
En este Domingo nos reunimos para celebrar la pascua de Doña Francisca Navarrete Chávez (mamá del Pbro. Efraín Martínez Navarrete) y escuchar la Palabra de Dios que es luz para nuestro camino existencial.
La mujer del Evangelio de hoy no tiene nombre, simboliza al pueblo de Israel, a la Iglesia, a Francisca, a cada uno de nosotros que tenemos necesidad de Dios.
Algunos Rabinos del tiempo de Jesús llegaron a afirmar que, los Rabinos no podían hablar de la biblia ni con mujeres, ni niños, ni locos; sería la misma cosa. El Señor Jesús rompe los prejuicios étnicos y religiosos al dirigirse a aquella mujer, por eso ella se extraña: “«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos)”. Jesús le contesta diciendo: “Si conocieras el don de Dios”, para referirse al agua viva que él puede darle, la vida divina, el don del Espíritu Santo. Lo mejor de la vida es un don, un regalo, algo que no tiene precio, porque no podríamos pagarlo. Doña Francisca recibió de Dios, ocho hijos como don: Eliseo, Lidia Antonia, Elías, Esperanza, Efraín, Moisés, Enrique y Uriel; todos viven. Y ella respondió generosamente recibiendo esos dones, y que durante los últimos 31 años caminó sin su esposo, ya que Don Tomás falleció en 1995.

La gran tentación será siempre no corresponder constantemente a ese don. El contexto del Evangelio es que el pueblo de Israel no correspondió siempre al don de la Alianza que Dios había hecho con ellos, no fueron fieles. El libro II de los Reyes (17, 23-24) da cuenta de ello: “Cometieron los israelitas todos los pecados que hizo Jeroboam, y no se apartaron de ellos, hasta que Yahveh apartó a Israel de su presencia, como había anunciado por medio de todos sus siervos los profetas; deportó a Israel de su tierra a Asiria, hasta el día de hoy.
El rey de Asiria hizo venir gentes de Babilonia, de Kutá, de Avvá, de Jamat y de Sefarváyim y los estableció en las ciudades de Samaría en lugar de los israelitas; ellos ocuparon Samaría y se establecieron en sus ciudades”. Asiria había destruido el Reino del Norte cerca de 722 a.C. Estos 5 pueblos mencionados trajeron sus propios dioses (ídolos) y los samaritanos los adoraron, son los que representan a los 5 maridos de la samaritana; en ese momento la fe de samaria era en parte lo enseñado por Moisés pero bastante contaminado con otros cultos, lo representa el marido actual de la samaritana que no ha podido saciar su sed de plenitud. Ningún ídolo, ninguna cosa de este mundo puede saciar plenamente el corazón humano, solo Dios; ya lo decía San Agustín: “nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.
La samaritana se da cuenta que Jesús conoce su pasado y lo reconoce cono un profeta, Jesús mismo le confirma que él es el Mesías. Este encuentro fortuito y maravillosa hace que la mujer comunique su experiencia a sus paisanos, los cuales acuden a encontrase con Jesús. La palabra de éste termina por iluminar también sus respectivas vidas y las llena de alegría, y terminan en una profesión de fe, como culmen de un itinerario (un itinerario cuaresmal, bautismal) diciendo a la mujer: “«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».
Padre Efraín, gracias por tu fraternidad, has sido para mi un hermano mayor. En este día de la sepultura de tu señora madre, Doña Francisca, debes estar junto con tus hermanos, lleno de esperanza en el amor y la misericordia de Dios, en la esperanza de la resurrección, pues tu mamá ha sabido conducirles hasta que Ustedes ahora adultos, hacen también su profesión de fe en Jesucristo: “nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo”.
Dice el prefacio de la Misa de hoy que Jesucristo “al pedir agua a la Samaritana, ya había infundido en ella la gracia de la fe y, si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer, fue para encender en ella el fuego del amor divino”.
Que junto a Jesucristo resucitado Doña Francisca vea saciada su sed de Dios y descanse en paz.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
Con motivo de las exequias de
Doña Francisca Navarrete Cháves
en San Bartolomé del Pino,
Amealco, Querétaro. México.