
Dice mi madre que ese 21 de agosto cerca de la hora nona (tres de la tarde) sintió los primeros dolores que anunciaban mi llagada a este mundo; y fue hasta las 5:00 hrs del día 22 que llegué, día de Nuestra Señora María Reina. Tanto mi madre como yo no estuvimos del todo bien en salud, así que cinco días después, el día 27 de agosto me llevaron a bautizar de emergencia. Mi tía Francisca, hermana mayor de mi papá me hizo la caridad de llevarme en sus brazos, junto con mi papá y mis padrinos: Isabel y Francisco; mi madre permaneció en cama. Fue el Padre José Guadalupe Martínez Osornio, entonces joven sacerdote y vicario parroquial en Santa María de la Asunción quien inició en mi vida el misterio de fe en Jesucristo. Por la gracia de Dios mi madre y yo recuperamos la salud.

Gracias a las reformas que años antes el Papa San Pío X había dispuesto acerca de la edad para la recepción de la Sagrada Comunión, pude recibirla ocho días antes de mi sexto cumpleaños.
Soy el primogénito de seis hijos de mis padres. Nos educaron en una vida sencilla y de trabajo, en un ambiente de fe. Nos apoyaron siempre para asistir a la escuela; recuerdo cuando mi madre ya no podía ayudarme en las tareas escolares y veía mi angustia de no tener hermanos que me orientaran en temas complicados de matemáticas u otros, pero siempre me acompañó con su presencia silenciosa hasta altas horas de la noche, invitándome a terminar la tarea. Nunca entendí a algunos profesores que les molestaba el que pudiera hacer buenos trabajos o hacer muchas preguntas; más tarde supe que intentar pensar podía ser peligroso. He tenido también grandes maestros de escuela, de fe y de vida —los más gracias a Dios— que con su palabra, testimonio y exigencia me han llevado de la mano para buscar comprender a la luz de la Palabra de Dios el misterio de existir.
Mi madre me enseñó teología. Recuerdo en una ocasión que mi madre contestaba a una encuesta de esas que se hacen en casa, tal vez por lo que fue la Dirección General de Estadística; cuando le preguntaron sobre la ocupación de mi padre se le llenó el rostro de alegría y contestó: jornalero. No sabía lo que eso significaba pero imaginé lo que él hacía: arduos días de trabajo como artesano, nos narraba cuentos inventados por él, nos construía juguetes para usarlos en el patio, nos llevaba a Misa los domingos a las siete de la mañana, días de faenas para construir la nueva escuela primaria a la que asistíamos siendo el presidente del Comité pro construcción y realizando eventos para reunir recursos, etc. Así entendí lo que significa: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado” (Gn 3, 18). Mi padre descansa en paz. Por la tarde-noche mi madre me tomaba de la mano para ir al centro del pueblo a vender las artesanías que mi padre realizaba con artísticas y artesanas manos; a veces nos tocaba enfrentar la lluvia y el viento que derribaba enormes ramas de aquella inmensa calzada con gigantescos chopos y casi total oscuridad; yo no lo sabía pero me adiestraba para recorrer las oscuridades de la vida; me enseñó que “Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan”, como afirma el Salmo [23 (22), 4]. No me gusta la comida recalentada, sino del día, fresca; pues íbamos como se dice, “al día”, mi madre cocinaba día a día por las condiciones de una economía sencilla. Me enseñó así la fidelidad de Dios manifestada en la oración dominical: “danos hoy el pan de cada día” (Mt 6, 11) y “así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal” (Mt 9, 34).

Siempre he experimentado el amor y protección de Nuestra Señora María Reina, bajo cuya protección me llamó Dios al inicio de mi presencia en este mundo. Fue en su seno purísimo donde latío por primera vez el Sagrado Corazón de Jesús, como afirma y nos enseña la sagrada liturgia:
“Purísima tenía que ser, Señor, la Virgen que nos diera al Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que, entre todos los hombres, es abogada de gracia y ejemplo de santidad” (Prefacio de la Inmaculada Concepción).
También en el seno de mi madre empezó a latir mi corazón, el corazón de este gran pecador que soy, que ha transitado por cañadas oscuras en mis extravíos lejos del Cordero inmaculado, fuente de vida; padeciendo hambre hasta llegar a comprender por la misericordia de Dios que «¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre!” (Lc 15, 17); y sí, el Padre misericordioso me reúne hoy aquí con Ustedes, mis hermanos, para saciar nuestra hambre y sed de plenitud, misma que sólo él puede saciar con la Eucaristía.
Hoy nuestra amada patria sufre momentos de violencia inusitada, de ira desbordante que “rompe, destroza, arrasa, demuele, devasta cuando se pone delante de las manos, o al menos ofende, injuria, denigra, agravia, humilla cuando sólo pueden usarse las palabras” (Díaz Olguín, Ramón; en Open insigth, Vol. 15, Num. 34 (2024), p. 3. CISAV). Ahora, entre muchas otras bendiciones Dios me regala a través de mi Obispo, don Fidencio López Plaza, el estar en medio de una comunidad de pensamiento y fraternidad, el CISAV; y que con motivo de mi cumpleaños me han obsequiado un bello texto: ¿Nos conoce Jesús? ¿lo conocemos” (de Hans Urs Von Balthasar; España 2011) que he bebido con ansias, en el que puedo leer: «la figura del mediador de la Alianza, figura de la que se perciben ecos a lo largo de todo el Antiguo Testamento desde Moisés, pasando por los profetas, hasta el Siervo de Yahvéh— tiene que corporeizar eficazmente, con la totalidad de su existencia, el acontecimiento de la reconciliación. “Fue traspasado a causa de nuestros pecados, molido por nuestras iniquidades” (Is 53, 5)» (p. 39); me da luz para comprender que la Reina del cielo estuvo junto a su hijo en la hora nona y ha sido su cuerpo crucificado como la escalera que le ha llevado al cielo en cuerpo y alma y es signo de esperanza para nosotros de compartir la misma gloria.
Gracias mamá por todo el amor a mi padre, a mí, a todos mis hermanos y a toda la familia. Gracias a ustedes mi famiia espiritual, por toda su bondad para conmigo.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
Parroquia de la Sagrada Familia.
Jardines de la Hacienda, Querétaro, Qro. México
22 de Agosto de 2024, Fiesta de Nuestra Señora María Reina
felicidades padre fili! Dios lo conserve con mucha salud y por muchos años más, para que nos siga guiando en la misión que tiene para nosotros.
luz, paz, y bendiciones 🙏 saludos cordiales de Lic Alfonso y Mimi
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