La Navidad, esperanza de resurrección

A la memoria de mi hermano el

Pbro. Javier Francisco Hernández Calvario

Nacimiento: 14/12/1970

Ordenación: 05/05/2001

Pascua Eterna: 25/12/25

Cuando el otro irrumpe en nuestra vida, aparece un misterio; cuando es el Otro quien irrumpe en la historia, entonces surge el Misterio; no en el sentido que sea imposible de conocer, sino imposible de abarcar. Es lo que hoy celebramos en la Iglesia católica: el Eterno entra en el tiempo, el Todopoderoso se muestra vulnerable en su nacimiento como Niño, el Creador se hacer carne como la creatura. 

Ayer fui al hospital a solicitud de una señora a ver a su papá para asistirle espiritualmente y  administrarle los Santos Óleos; esto no fue posible, primero dijeron que porque era el cambio de turno del personal, después que le estaban realizando un procedimiento. En fin, después de unos 40 minutos, dijeron que no sería posible. Me tuve que retirar ante el rostro angustiado de sus hijas. No pude estar tranquilo, la fe en el sacramento espera respuesta y asistencia, así que hoy cerca del mediodía regresé. Fue posible el acceder y administarle el sacramento: somos tan frágiles, tan vulnerables, siempre seguimos siendo tan dependientes de los demás, tanto como un recién nacido, expuestos a la voluntad del más fuerte.

En su mensaje «Urbi et Obi» de hoy, el Papa León XIV citando a San León Magno dice que «»el nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz», y agrega: «por amor aceptó la pobreza y el rechazo y se identificó con los que son marginados y excluidos»». Si bien el Niño al crecer cargará con la cruz y el peso del pecado (cosa que sólo él podía hacer), al mismo tiempo dice el Papa León que «este es el camino de la paz: la responsabilidad. Si cada uno de nosotros, a todos los niveles, en lugar de acusar a los demás, reconociera ante todo sus propias faltas y pidiera perdón a Dios, y al mismo tiempo se pusiera en el lugar de quienes sufren, fuera solidario con los más débiles y oprimidos, entonces el mundo cambiaría». 

La palabra «responsable» proviene del verbo latino respondeo, es, spondi, sponsum, ere, 2 tr. e intr. Y puede tener varias acepciones: asegurar a mi vez; responder, rebatir; dar consejos; responder a una citación, presentarse en juicio; corresponder; estar conforme; etc.

Hoy hemos escuchado en el Evangelio que «la Palabra se hizo carne (sarx)», se hizo humano, hombre; y esto le llevará hasta la muerte y una muerte de cruz (cfr. Filp 2, 8). Creemos firmemente que el Salvador del mundo ya vino: Jesucristo, la Palabra hecha carne. Ya no esperamos ningún Mesías sólo deseamos que haya personas responsables, que nosotros seamos responsables en esa parcela de la historia y del mundo que nos ha tocado vivir, ahí donde hemos elegido estar o a donde o las circunstancias o las personas nos requieran. No podemos ser indiferentes a la Palabra que nos invita al diálogo y espera respuesta de nosotros. Si esto sucede entonces se verifica lo que hoy nos previene el Evangelio: «Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron». Somos todos los humanos creaturas mortales, estamos hechos de lo mismo, no tenemos dueños, sólo Dios es nuestro Padre y en el Niño hecho carne hemos sido constituidos hermanos e hijos adoptivos de Dios. Por eso la sola presencia del otro nos interpela, nos cita en juicio y el árbitro es la caridad, nuestra conciencia y responsabilidad los testigos, el Niño misericordioso nuestro Abogado…

Continúa el Papa diciendo «Con su gracia (del Salvador), cada uno de nosotros puede y debe hacer lo que le corresponde para rechazar el odio, la violencia y la confrontación, y practicar el diálogo, la paz y la reconciliación». Y sin tapujos habla de los desafíos actuales de cada continente, denunciando las situaciones de violencia, corrupción y muerte; obviamente empezando por casa, de ahí la exhortación a ser responsables. Por ejemplo afirma: «A Él imploramos justicia, paz y estabilidad para el Líbano, Palestina, Israel y Siria», es decir para todos.

Casi al final de su mensaje cita a un poeta israelí nacido en Alemania, Yehuda Amijái, un fragmento de “Una paz silvestre”, para invocar de Dios el don de la paz:

«No la de un alto al fuego 
ni la de la visión del lobo junto al cordero, 
sino 
la del corazón cuando se acaba la agitación 
y hablamos de un gran cansancio. 
Que sea 
como flores silvestres, 
de repente, por necesidad del campo: 
una paz silvestre»
1.

Esto para indicarnos la apertura que el cristiano debe tener frente al que piensa distinto, a quien tiene otras creencias respecto a lo divino, pero que compartimos la misma naturaleza humana, y tenemos la misma urgencia de la paz.

Esta tarde hemos recibido la noticia de la muerte de nuestro hermano Sacerdote Javier Francisco Hernández Calvario por quien hemos ofrecido la Eucaristía de este día tan solemne.

Hermano Francisco Javier: sólo Dios y tú saben todos los caminos que recorriste por esas montañas serranas de Querétaro y Guanajuato entre otros caminos que transitaste, compartiendo la vida con los hermanos, los enfermos que consolaste con la misericordia del Señor, los bautizos que celebraste, las Misas festivas que compartiste, los hermanos a quienes celebraste las exequias, etc., las posibles caídas que tuviste y que todos tenemos por estar hechos de «carne», es decir, de debilidad, de humanidad: pero recuerda hoy la Palabra que se hizo carne ha venido a llamarte, así como has sido te ha amado, recuerda que por nosotros bajó hasta lo más profundo del sepulcro para elevarnos con Él. Hoy has sido responsable, has respondido  en plenitud, has estado listo para la cita en el Banquete Eterno y has dicho con María: «Hágace en mí tu voluntad«. Gracias por tu amistad fraterna y tu servicio sacerdotal. 

Tu hermano en Cristo que por nosotros se ha hecho carne: Nobis natus, nobis datus.

Pbro. Filiberto Cruz Reyes

Navidad de 2025

Santiago de Querétaro, Qro. México

  1. Transcribo el poema completo encontrado en internet.

    “Una paz silvestre”, un poema de Yehuda Amijái
    Este poema forma parte del libro, inédito en español, Be-lo al menat lizkor (Y no para recordar), Jerusalén-Tel-Aviv, Schocken.
    No la de un alto al fuego
    ni la de la visión del lobo junto al
    cordero (Is 11, 6),
    sino
    la del corazón cuando se acaba
    la agitación
    y hablamos de un
    gran cansancio.

    Sé que sé matar,
    por lo tanto soy adulto.

    Y mi hijo juega con una pistola
    de juguete que sabe
    abrir y cerrar los ojos y decir 
    “mamá”.

    Una paz
    sin el ruido de forjar las espadas
    en rejas de arado (Is 2, 4);
    sin palabras, sin el sonido de los
    pesados sellos de goma;
    que sea ligera por encima
    como espuma blanca y perezosa.

    Un descanso para las heridas,
    aunque sea breve.
    (Y el aullido de los huérfanos se
    pasa de una generación
    a otra, como en una carrera de relevos:
    la estafeta nunca cae).

    Que sea
    como flores silvestres,
    de repente, por necesidad del campo:
    una paz silvestre.

    Traducción de Claudia Kerik

    https://www.milenio.com/cultura/laberinto/poema-una-paz-silvestre-de-yehuda-amijai. Consultado: 25 Diciembre 2025, 19:40 ↩︎

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