A la memoria del P. Felix Cano, hoy en el día de su pascua
Buenas noches, gracias por su presencia, que manifiesta esa voluntad de bondad al estar aquí, pero también la de una búsqueda de urdirla juntos. El recinto que nos recibe es heredero en su historia original de esa búsqueda de bondad, armonía y belleza; reciente y actualmente también de justicia. Gracias a los habitantes de la Casa de la Cultura Jurídica.
La presentación del libro que nos ocupa esta noche: “Gobernar. La visión del estadista de Tomás Moro”; del Dr. Gerard B. Wegemer, es un tanto sui generis: no contamos con la presencia del autor. El motivo que da origen a esta presentación es la reciente traducción al español del libro en comento, promovida por el “Centro Político y Cultural Tomás Moro” de Monterrey, del cual tenemos el beneplácito de la iniciativa al compartir el interés por el pensamiento, vida y obra de Tomás Moro.

La actualidad del pensamiento del llamado “Cicerón cristiano inglés” es manifiesta de muchos modos; baste poner como ejemplo la referencia constante que en varias de sus obras hace de él unos de los grandes pensadores recientemente desaparecido, que mostró con increíble lucidez el estado actual de nuestra sociedad y cultura, mismo que denominó con el epíteto de “líquido”: Sygmunt Bauman. Afirma que asistimos a «el paso de la fase “sólida” de la modernidad a la “líquida”: es decir, a una condición en la que las formas sociales (las estructuras que limitan las elecciones individuales, las instituciones que salvaguardan la continuidad de los hábitos, los modelos de comportamiento aceptables) ya no pueden (ni se espera que puedan) mantener su forma por más tiempo, porque se descomponen y se derriten antes de que se cuente con el tiempo necesario para asumirlas y, una vez asumidas, ocupar el lugar que se les ha asignado»1.
Este ambiente líquido que campea, dice Bauman, ha generado una cultura del miedo y la inseguridad, de lo que él llama una «“globalización negativa”: una globalización altamente selectiva del comercio y el capital, la vigilancia y la información, la coacción y el armamento, la delincuencia y el terrorismo». Frente a esto, la humanidad clama por modelos nuevos de convivencia y organización, de justicia y de paz. Al igual que hoy se siente, afirma Bauman que «“Moro sabía bien que su proyecto para un mundo limpio de incertidumbre y de miedos incontrolados era el diseño de un escenario idóneo para una vida buena, y también era un sueño. Lo llamó “utopía”, aludiendo al mismo tiempo a dos palabras griegas: eutopía, “buen lugar” y outopía, “ningún lugar”»2.
Los tiempos actuales reclaman esa búsqueda constante y permanente de ese “buen lugar que no está en ningún parte”. Hay cuestionamientos que nos impelen a buscar respuestas a temas acuciantes; el pensamiento de Tomás Moro no da recetas, pero sí principios que son luz meridiana. ¿Qué pensar ante el tema de un Gobernador que pide licencia a tan delicada responsabilidad de su oficio para rendir protesta como Senador y ahora despacha nuevamente como Gobernador “luego que el Congreso estatal lo eligió como su “propio sustituto”»?3. Si bien es un acto jurídicamente correcto la cuestión política ha suscitado debate. ¿y los actos de barbarie de los últimos días como los linchamientos recientes no son acaso realidades que nos lastiman como nación4?
Nuestro autor presenta una serie de valores morianos que siguen siendo vigentes: cultivar las “buenas letras como la mejor manera de promover la justicia cívica, ya que son el mejor medio, comprobado en el tiempo, para reforzar el poder de la razón; está convencido que “la virtud humana genuina puede adquirirse independientemente de las dotes intelectuales o culturales de uno”; afirma vehementemente que “como criatura libre, cada persona ejerce voluntad e intelecto para elegir bienes, acciones y una forma de vida completa”; cree que “nadie puede ser investido con una autoridad absoluta e incondicional, ya sea por herencia, elección o derecho divino. Todos necesitan consejos; de hecho, todas las mentes sanas buscan y aman los buenos consejos”; está convencido que “el buen gobernante se presenta como un padre devoto hacia sus hijos, no como un amo hacia sus súbditos”; y “se considera a sí mismo como la cabeza de un pueblo al que ve como parte de su propio cuerpo”; propugna que “la Iglesia y el Estado tienen su propia esfera de jurisdicción”; patrocinó la “defensa de la libertad de expresión”; muestra también por qué Moro “prefería una forma de gobierno representativa a la monarquía”; acerca de las leyes dice que el jurista inglés afirma que “aunque ninguna ley es perfecta las personas sin ley se precipitarían en todo tipo de delitos”. Algo que podría sorprendernos es que nuestro autor muestra que “Moro aboga por el respeto de todas las leyes, incluso las injustas […] pues ante una ley injusta, Moro recomendó esperar un lugar y tiempo conveniente para abogar por el cambio, y desaprobó la censura abierta y refutación”. Esto no fue pura demagogia de su parte, lo mostró con el precio de su propia vida al sufrir una ley injusta, pues estaba convencido “del poder del orgullo para motivar a los individuos a obtener la victoria en lugar de la verdad”5.
Un sano perspectivismo nos ilumina a todos; creemos firmemente en esto, por eso damos paso al comentario de nuestros invitados. El Centro de Reflexión Santo Tomás Moro de Querétaro y la Dimensión Fe y Política, Justicia, Paz y Reconciliación agradecen su presencia.
No permitamos que las leyes justas callen, pues somos testigos que entonces las armas hablan. Trabajemos por una paz duradera, pues ésta es de todos o de ninguno.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Santiago de Querétaro, Qro. 5 de Septiembre de 2018
- Bauman, Z., Tiempos líquidos. México 2014, p. 7. ↩︎
- Ibid. p. 135 ↩︎
- https://politico.mx/minuta-politica/minuta-politica-estados/velasco-ya-despacha-como-gobernador-interino-en-chiapas/ ↩︎
- http://jornada.unam.mx/2017/08/30/politica/015n3pol ↩︎
- Cfr. Wegemer, G; Gobernar. La visión del estadista de Tomás Moro. México 2018. Pp. 263-271. ↩︎