Cercanía: una promesa firmada con sangre     

Homilía Domingo de la Ascensión del Señor (Hch 1, 1-11; Sal 46; Ef 1, 17-23; Mt 28, 16-20)

24 de Mayo 2020, en tiempos de pandemia

Entre nosotros se llega hoy al día 66 del “Quédate en casa”, con motivo de la pandemia del Covid-19. Pueden parecer muchos días, y sí, lo son. La pregunta puede no sólo ser ¿cuándo terminará el confinamiento?, sino también ¿qué aprenderemos de éste? 

Un 29 de mayo de 1979 era puesto en confinamiento carcelario el poeta y dramaturgo Vaclav Havel, bajo el régimen comunista en Checoslovaquia. Pasaría en prisión 1, 351 días1. Ya antes, en 1977, había pasado en prisión otros 135 días, además de varios meses en arresto domiciliario. ¿Podemos imaginar lo que son unos cuatro años confinados a la fuerza? En 1977 fue llevado a prisión por haber sido uno de los creadores, firmantes y difusores del documento llamado Carta 77, del cual el politburó del Comité Central afirmó que era un documento anti-Estado y contrarrevolucionario; que los firmantes eran enemigos del socialismo y que la Carta había sido preparada en connivencia con personas del extranjero2. Por su parte, los autores de la Carta, pretendían reivindicar los Derechos Humanos en una Checoslovaquia que los había reconocido en la firma de Tratados internacionales pero que en la práctica no los observaba. 

Durante sus años de prisión Havel escribió entre otras cosas una serie de cartas dirigidas a su esposa Olga, que hoy están recopiladas en un libro. Ahí le narra de su vida cotidiana, de sus sueños y proyectos, de sus miedos. Afirma por ejemplo: “la cárcel es muy aburrida, ¿a quién le puede gustar pasarse los días con los ojos clavados en la pared?”3. Cuenta cómo se llega a extrañar las cosas que parecerían más naturales: “Me peleo con la falta de luz durante el día y con la falta de oscuridad durante la noche”4. Pero también le dice acerca de esas cotidianas que se llegan a extrañar inmensamente, como cuando a propósito de una carta que recibe de su esposa le comenta: “Me ha gustado que en una de ellas dijeses que me quieres. ¡Hacía tanto que no me lo decías!”5. A punto de cumplir siete meses en prisión le confía a Olga, a propósito de su trabajo como escritor: “Es curioso: me parece que la creación mental es imposible sin la interacción de algunos impulsos exteriores; el alma aislada no se desarrolla”6.

Con todo esto nos vienen a la memoria las palabras del Génesis: “Dijo Dios, no es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2, 18). El ser humano fue creado por Dios para vivir en comunidad, en compañía; necesitamos de los otros y los otros necesitan de mí. Por eso la ausencia o el abandono de los seres queridos nos hace sufrir, nos hace dudar. En esta Solemnidad de La Ascensión del Señor la liturgia nos enseña su sentido: “El Señor Jesús […] ascendió hoy a lo más alto de los cielos […] No se fue para alejarse de nuestra pequeñez, sino para que pusiéramos nuestra esperanza en llegar […] a donde él […] nos ha precedido”7.

¿Qué significa pues la Ascensión del Señor —que narra el texto de los Hechos de los Apóstoles en la primera lectura— para nuestra historia personal y comunitaria en este momento de nuestra existencia?

Para San Mateo el encuentro del Resucitado con los discípulos tiene lugar en Galilea, no en Jerusalén. Está con los once, una comunidad que ha visto la ausencia de uno del grupo que fue tras su propio proyecto y terminó extraviado, solo. Es una comunidad frágil, incompleta, pero llamada a crecer, abierta a toda la humanidad. Ahora la historia reinicia ahí donde empezó: en Galilea; ahí pasaron con Jesús unos tres años de su vida, “confinados”, por decirlo así, en una pequeña comarca. Tampoco es que los once hayan sido hasta ahora ejemplo de fidelidad, y sin embargo Jesús vuelve a confiar en ellos; hoy confía en nosotros, así como somos.

En tres años Jesús les mostró a los discípulos el rostro de Dios y del Hombre cabal, ese del que San Pablo dice en la segunda lectura que Dios lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, ahí es a donde nos ha precedido. Ahora cita a los discípulos en el monte, ese que ya conocían. Se refiere al monte donde les presentó la propuesta de una nueva manera de ser y de vivir, de amar y de llorar, de compartir y trabajar; una nueva manera de ser fraternos y poder relacionarse con Dios como Padre. Es el monte de las Bienaventuranzas. Les está diciendo que para poder ver al Resucitado, y no precisamente de forma física, hay que creer que es posible vivir las bienaventuranzas. Si no vemos al Resucitado tampoco podremos ver al otro como hermano, éste seguirá siendo una cosa, un medio para alcanzar nuestros egoístas fines personales o de grupo. En una Carta a Olga, Vaclav le dice: “Os ruego solamente que os tengáis a varias reglas, de eso depende que me entreguen o no la carta: hay que evitar mi nombre en el sobre”8. La razón la ha dicho en otra carta a propósito de su estancia en prisión: “Tendré un número, seré uno más entre la multitud y nadie esperará nada de mí ni se fijará en mí de manera especial”9. ¿Cuántos ejecutados hubo esta semana en el país? Tal vez digan el número, pero de la mayoría no se saben los nombres. Hoy se puede ver al Resucitado en cada hermano que sufre, también en la persona de los verdugos si recordamos las palabras de Jesús: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Cuando los discípulos ven a Jesús resucitado, dice Mateo que se postraron; es decir, reconocieron en él el rostro de Dios. Pero afirma también que algunos dudaron: no dudan de que ha resucitado, pues lo están viendo vivo. Mateo ya utilizó el verbo dudar, cuando Jesús camina sobre las aguas (cfr. Mt 14, 22-33), y esto afirma su condición divina, cosa que Pedro quiere que le comparta. Jesús le llama, Pedro va pero al sentir el embate del mar empieza a hundirse; luego viene la pregunta: hombre de poca fe ¿porqué dudaste?. Ya están convencidos de la condición divina de Jesús, pero también han visto que se sometió a la muerte y de la manera más ignominiosa: la muerte en la cruz. Ahora dudan si ellos serán capaces de transitar el mismo camino.

Las palabras que Jesús les dice enseguida, es probable que estén construidas bajo el esquema de una alianza, al estilo de las que se celebraban en el Antiguo Testamento (por ejemplo Dt 29-30), bajo un esquema bien definido y que pretende presentar a la Iglesia naciente como el pueblo de la Nueva Alianza10.

En primer lugar se presentaban las partes, cada una con sus títulos; en primer lugar el más fuerte. En este caso Jesús se presenta como el Todopoderoso (pantocrátor).

En segundo lugar, se hacía un recuento de la historia, de los favores que el más fuerte había hecho a los otros que tomaban parte. Al citarlos en Galilea donde todo había empezado, Jesús les recuerda todo lo que vieron que él hizo y dijo; cómo les llamó gratuitamente.

En tercer lugar se exponían los términos a los que cada quien se comprometía. En este caso Jesús les dice lo que tienen qué hacer los discípulos, el mandato misionero: hacer discípulos a todos los pueblos, no es sólo una restauración de Israel, sino la integración de toda la humanidad; bautizar, es decir, sumergir, en ese estilo de vida nueva según las bienaventuranzas; enseñar que el poder que se recibe es para servir, y eso se hace con el testimonio.

En cuarto lugar, estaban las promesas de bendición y maldición. Aquí la gran promesa de “yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”, es eco de la promesa que Dios hace en el Antiguo Testamento a Moisés cuando le da la misión de liberar al pueblo que estaba esclavizado en Egipto: “Yo estaré contigo y esta será para ti la señal de que yo te envío: Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este monte” (Ex 3, 12).

Esta promesa de cercanía de Jesús, del Emmanuel, el Dios con nosotros, es una promesa firmada con su sangre, la sangre de la Nueva Alianza que sellamos en cada Eucaristía, por eso no podemos vivir sin ella. La Eucaristía no es un premio para los buenos, es un don necesario para los frágiles y pecadores que tenemos necesidad de no sentirnos defraudados. Es una promesa que no defrauda y que espera ser correspondida. 

Vaclav Havel llegó a ser el último Presidente de Checoslovaquia y el primero de la República Checa después de que aquella se dividió. El 18 de diciembre de 2011 moría Vaclav Havel, y aunque según uno de sus biógrafos “Havel, un creyente no confesional […] no murió como un católico romano, y durante sus días finales nunca pidió los últimos sacramentos, pero a su sentido del teatro y del ritual le habría halagado la liturgia, celebrada por el Cardenal Duka, que había sido su compañero de cárcel”11.

De él dijo la televisión pública rusa, con motivo de su muerte: “Vaclav Havel fue la principal fuerza motriz de la democratización en Checoslovaquia, y el sepulturero de la avanzada industria checa de armamento”12

Dice la bienaventuranza: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9). Cada persona experimenta en su corazón y a su modo, pues infinitos son los caminos de Dios, esa promesa de cercanía: una promesa firmada con su sangre que el que subió al cielo nos hizo para estar con los pies bien puestos en la tierra, en la historia.

Pbro. Filiberto Cruz Reyes

Capilla San Felipe de Jesús, Santiago de Querétaro, México 

24 de Mayo 2020

 

  1. Del 29 de mayo de 1979 al 7 de febrero de 1983; lo liberaron antes de completar su condena de cuatro años y medio, por motivos de salud. ↩︎
  2. Cfr. Zantovsky, Michael; Havel. Una vida. Barcelona 2016, p. 260. ↩︎
  3. Havel, Vaclav; Cartas a Olga; Barcelona 1997. p. 16.  ↩︎
  4. Ibidem, p. 19. ↩︎
  5. Ibidem, p. 42. ↩︎
  6. Ibidem, p. 43. ↩︎
  7. Cfr. Prefacio de la Ascensión I. ↩︎
  8. Havel, Vaclav; Cartas a Olga; Barcelona 1997. p. 52. ↩︎
  9. Ibidem, p. 36. ↩︎
  10. Vögtle, Anton et alt; Pascua y el hombre nuevo. 2ª Parte ¿Qué significa pascua? Meditación sobre Mt 28, 16-20. Santander 1983. Pp. 55ss. ↩︎
  11. Cfr. Zantovsky, Michael; Havel. Una vida. Barcelona 2016, p. 29. ↩︎
  12. Ibidem, p. 26. ↩︎

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