El futuro no está en un lugar, será una forma de ser

Homilía V Domingo de Pascua (Hch 6, 1-7; Sal 22; 1 Pe 2, 4-9; Jn 14, 1-14))

10 de Mayo 2020, en tiempos de pandemia

El pasado 18 de marzo la Secretaría de salud del Estado de Querétaro, “con el propósito de combatir la enfermedad del COVID-19”, recomendaba implementar de manera inmediata algunas acciones; entre ellas “permanecer en su domicilio si no se tiene una causa urgente o imprescindible que lo obligue a salir de él”1. Han transcurrido ya desde entonces 52 días aproximadamente; han sido duros, lentos, intensos, largos; se pierde la noción del tiempo en cierto sentido. Días que nos han estremecido, cimbrado, tal vez han agitado nuestro corazón.

¿Podríamos imaginar qué pudiera experimentarse transcurrir 9, 855 días, es decir 27 años, en un confinamiento no auto impuesto sino obligatorio? Son los años que Nelson Mandela pasó aproximadamente en prisión: 27 de sus 95 años de vida, casi una tercera parte.

El motivo principal de ese confinamiento fue el oponerse de diversos modos (incluida la tentación de la violencia al principio) a las leyes injustas de Sudáfrica que sustentaban una horrible segregación racial, que negaba un lugar digno en el mundo a muchas personas.

En el aislamiento forzado aprendió muchas cosas. Dice por ejemplo: “la celda es un lugar idóneo para conocerte a ti mismo, para indagar con realismo y asiduidad cómo funciona tu propia mente y tus sentimientos. Al juzgar nuestra evolución como personas, solemos centrarnos en factores externos como la posición social, la influencia y la popularidad propias, la riqueza y la formación. Sin duda, esos parámetros son importantes al evaluar el éxito de uno mismo en cuestiones materiales y es perfectamente comprensible que mucha gente se esfuerce especialmente por cumplirlos. Sin embargo, los factores internos pueden ser más cruciales a la hora de evaluar el desarrollo como seres humanos. La honradez, la sinceridad, la sencillez, la humildad, la generosidad sin esperar nada a cambio, la falta de vanidad, la buena disposición a ayudar al prójimo (cualidades muy al alcance de todos) son la base de la vida espiritual de una persona […] la celda te da la oportunidad de analizar a diario toda tu conducta, de superar lo malo y de potenciar lo bueno que hay en ti”2.

Estas palabras del también premio Nobel de la paz (1993) nos invitan a crecer en medio de las adversidades. Un día como hoy, 10 de mayo, pero de 1994 Mandela tomaba posesión como Presidente de Sudáfrica. Llegó a decir después de varias semanas de total aislamiento en una celda: “Nada resulta tan deshumanizador como la ausencia de contacto humano”3.

El Evangelio que ha sido proclamado hoy, presenta a un Jesús sensible a lo que experimentan sus discípulos en el contexto de la última cena, toda vez que les ha anunciado su inminente partida y ausencia (Jn 13, 33). Esto y el futuro incierto que les espera, provoca en ellos una turbación o pérdida de la paz. El verbo que se utiliza aquí en griego (tarásso), puede significar también: remover, agitar, revolver, perturbar; desordenar, confundir; inquietar, espantar. Y san Juan lo ha utilizado antes, cuando Jesús ve llorando a María por la muerte de su hermano Lázaro, dice el Evangelio que Jesús se “turbó” o se “estremeció” (Jn 11, 33). También cuando, ante su muerte inminente dice: “Ahora mi alma está turbada (o estremecida) y ¿qué pediré? ¿Padre, sálvame de esta hora?” (Jn 12, 27). También es utilizado el mismo verbo poco antes, inmediatamente terminado el lavatorio de pies: “Después de decir esto, Jesús se turbó (o estremeció) profundamente y declaró: les aseguro que uno de ustedes me va a entregar” (Jn 13, 21). El Señor Jesús sabe que sus discípulos están asustados y a punto de perder la paz, no pueden imaginar que todas sus expectativas y sueños futuros estén a punto de derrumbarse; además del dolor que les causará la muerte del ser querido.

Frente a lo que están sintiendo los discípulos Jesús los quiere tranquilizar, les invita a tener fe. Este pasaje recuerda el momento en que Moisés, sabiendo que su muerte se acercaba, animó al pueblo a tener confianza en que Dios les haría entrar en la tierra prometida y él mismo los guiaría ahora con Josué a la cabeza del pueblo (cfr. Dt 31, 1ss). Jesús quiere que los discípulos entiendan que él siempre estará presente, aunque no visiblemente. 

Cuando Jesús hace referencia a la casa de su Padre, recordemos la escena del capítulo 2: “Y a los que vendían palomas les dijo: ¡Saquen esto de aquí, y no hagan un mercado de la casa de mi Padre!” (Jn 2, 16), esto refiriéndose al templo. Y enseguida afirma: “Destruyan este Templo y en tres días lo levantaré de nuevo” (Jn 2, 19). Jesucristo es el nuevo Templo, la nueva Casa del Padre en la que hay un lugar para todos, donde a nadie se excluye; y desde ahí saldrán las nuevas ofrendas agradables al Padre. Jesús es el nuevo Moisés que nos mostrará el verdadero camino para llegar al Padre. El Evangelio más adelante dirá: “Jesús le contestó (a Judas, no el Iscariote): Si alguien me ama, cumplirá mis palabras, y el Padre lo amará y vendremos a él y pondremos nuestra morada en él” (Jn 14, 23). A este misterio de la voluntad de Dios de compartir al ser humano su vida misma, de estar en él la Santísima Trinidad, de poner su morada en él, los místicos le han llamado “inhabitación”. San Pedro lo ha expresado en la segunda lectura al decirnos: “porque ustedes también son piedras vivas, que van entrando en la edificación del templo espiritual, para formar un sacerdocio santo, destinado a ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios” (1 Pe 2, 5).

Jesús esta enseñando a los discípulos que la incertidumbre que los turba y agita, ya la ha experimentado él; que el futuro que les asusta va a ser transformado por él; en realidad el futuro no está en un lugar, será una forma de ser, semejante a la suya. Cada discípulo será “por Cristo, con Él y en Él” en su momento, un don para los demás.

La historia presenta situaciones siempre nuevas que exigen una respuesta fresca, novedosa, muchas veces también dolorosa; y la Iglesia debe responder a esas necesidades históricas con valentía, discerniendo. Hace falta tener buena voluntad y disponibilidad para cooperar en los planes de Dios, él por su parte dota de Espíritu Santo y sabiduría a los que están dispuestos a hacer historia de salvación. Así proceden los Apóstoles ante una necesidad y casi conflicto en la comunidad primitiva, como lo ha presentado la primera lectura; así procedió Dios llamando a Josué a la muerte de Moisés: él nunca deja de estar con su pueblo.

Así pues, estos días aciagos en tiempos de pandemia no deben turbarnos más de lo debido, tendríamos que estar ya pensando más bien que, tan pronto como nos podamos reunir de modo normal, compartamos lo que hemos aprendido, en qué hemos crecido, qué hemos superado, qué es lo que más nos ha dolido. ¿Qué hemos descubierto de nosotros mismos con mayor claridad en nuestra celda doméstica y global en este tiempo de pandemia? Algo que tal vez nos hace sentir miedo al futuro es la conciencia de nuestras propias limitaciones, de nuestros errores cometidos, de nuestra fragilidad. A este respecto podemos recordar las palabras del Papa Francisco: “está la dimensión del tiempo y el error humano, con los que no es posible, ni correcto, no lidiar porque forman parte de la historia de cada uno. No tenerlos en cuenta significa hacer las cosas prescindiendo de la historia de los hombres”4. Hemos visto que cuando Jesús dice que uno lo traicionaría, estaba turbado, estremecido; sin embargo, corrió el riesgo de confiar en todos. Hoy pues, la certeza de ese amor que las tres Personas Divinas se tienen y nos tienen (lo que los antiguos cristianos llamaban ágape), debe empujarnos a creer, a no perder la paz. Es cierto, no es fácil mantenerse en pie: los gastos, la falta de trabajo, las deudas, la precariedad del acceso digno a la salud, la violencia, la corrupción, etc. Por eso recordemos el sabio consejo que nos daba ese gran escritor francés, George Bernanós, a propósito de la injusticia: “no la mires más que el tiempo justo, y no lo hagas nunca sin rezar”5. Si miramos nuestras propias injusticias, tenemos que rezar. Decía también Mandela: “No olvidemos nunca que un santo es un pecador que simplemente sigue esforzándose”6.

Pero miremos más bien los dones que Dios nos da, cada uno es una misión a desarrollar para emprender ese camino que es Jesús mismo que se ha entregado hasta la muerte. La verdad es esa decisión libre que opta por la vida.

Un día, dialogando en familia con mis hermanos y hermanas, alguno dijo que hacía tiempo que no veía a una vecina, a lo que alguien más contestó: es que ha tenido un niño y por eso se ha desaparecido. Mi madre escuchaba en silencio y dijo: yo me desaparecí del mundo veinte años, confinada en casa por amor, mientras los tuve y les ayudé a crecer. Gracias mamá, gracias a todas las mujeres del mundo que han optado con valor a transmitir la vida. Felicidades a todas las mamás. Tomás creía que todo terminaba con la muerte, Jesús le mostró otro camino, el de la vida de servicio cuyas obras no perecen jamás.

Jesucristo tiene mucho tiempo entre nosotros, conozcámoslo y digamos sí, ese gran sí que hace la diferencia en los grandes momentos de crisis7. Digamos sí al que es el camino, la verdad y la vida. 

Cuando Mandela, este cristiano de la iglesia metodista, asumió la presidencia de Sudáfrica, empezó una misión tal vez aún más difícil que la primera: el proceso de reconciliación de su patria, que suponía preparar una estancia o habitación para cada uno, dar su lugar a cada uno, con dignidad, sin violencia. Tener un lugar propio significa tener un nombre, un trabajo, un sitio en la mesa, en la casa, en la sociedad, en la Iglesia, en el corazón de alguien. Gracias a todos los que en estos días han pensado en nosotros dándonos un lugar en su corazón.

Pbro. Filiberto Cruz Reyes

Capilla San Felipe de Jesús, Santiago de Querétaro,

Querétaro, Qro., México, 10 de Mayo 2020

  1. La Sombra de Arteaga. Periódico Oficial del gobierno del Estado de Querétaro, Tomo CLIII, Nº 18. 18 de marzo de 2020. ↩︎
  2. Mandela, Nelson; Conversaciones conmigo mismo. México 2013, p. 7. ↩︎
  3. Mandela, Nelson; El largo camino hacia la libertad. La autobiografía de Nelson Mandela. México 2013, p. 346.  ↩︎
  4. Francisco, PP; Discurso a la Curia Romana con motivo de las felicitaciones navideñas, 21 de diciembre de 2019. ↩︎
  5. Bernanós, G; Diario de un Cura rural. Madrid 1998, p. 65. ↩︎
  6. Mandela, Nelson; Conversacion, p. 7. ↩︎
  7. Me viene a la mente un texto del gran poeta griego, Constantino Cavafis, llamado: Che fece… il gran rifiuto:
    A ciertas personas llega un día
    en que deben decir el gran Sí o el gran No.
    Pronto aparece quien dentro lleva
    presto el Sí, y diciéndolo prosigue
    adelante en su honor y propia convicción.
    Quien dijo No, no se arrepiente. Si de nuevo le preguntaran,
    diría No otra vez. Pero ese No –correcto –
    para toda su vida lo avasalla. ↩︎

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