Comunidad de vida y amor: Santísima Trinidad

                 Homilía Domingo de la Santísima Trinidad (Ex, 4-6.8-9; Dn 3; 2 Co 13, 11,13; Jn 3, 16-18)

7 de Junio de 2020, en tiempos de pandemia

Hoy llegamos aquí entre nosotros a los 80 días del “Quédate en casa”. Esta semana pudimos contemplar una esplendorosa luna, radiante, al ritmo del canto de los grillos. En ese silencio de madrugada anhelo contemplar las estrellas al lado de mi madre; anoche, mi padre en el hospital al cuidado de mi hermano.

¿Cuántas noches has pasado en vela en tiempos de pandemia? ¿Cómo han sido? En estos días, en el hospital la enfermera sintiendo miedo del contagio, viendo sufrir al otro; sintiendo presión en torno a los ojos por los lentes especiales, sin poder hidratarse por el traje, usando pañal por no poder ir al sanitario y pensando en la compañera contagiada. Y así muchos otros en su oficio.

Tal vez en la noche has dado vueltas en la cama, pensando en el ser querido que se encuentra lejos; o en la economía, que no alcanza. Quizá orando para decir a los demás, y aún a Dios, lo que deben hacer. 

También era de noche cuando Nicodemo, un “magistrado judío” (Jn 3,1), fue a ver a Jesús. Éste es el contexto del Evangelio que ha sido proclamado. Nicodemo, hombre culto e importante, versado en la ley del Señor, seguramente siguiendo la costumbre de varones piadosos como él, sabía que, como dice el Salmo 1: “¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta, mas se complace en la ley de Yahvéh, su ley susurra día y noche!» (Sal 1,1). Sí, no fue probablemente a escondidas al abrigo de la noche, sino para dialogar en torno a la ley y la conducta de Jesús, a quien llama Maestro. Le intriga y preocupa seguramente el comportamiento atrevido del Rabbí, pues con un halago le recuerda que “nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él” (Jn 3, 1). La  señal que Jesús ha realizado inmediatamente antes de este pasaje del encuentro buscado por Nicodemo, es la expulsión que Jesús hace de los vendedores en el Templo (Jn 2, 13-22). Ya antes, ahí, le habían dicho: “¿Qué señal nos muestras para obrar así?” (Jn 2, 18). Jesús dirá a sus interlocutores que derriben el Templo que en 46 años habían construido y que Él lo reconstruiría en 3 días. Jesús hablaba del Santuario de su cuerpo, dice el Evangelio (Jn 2, 21). Ésta es la gran novedad que Jesús nos anuncia: Dios está presente en Él y en cada cuerpo humano. ¿cómo pues entender y permitir que un hombre sea asfixiado por un grupo de policías  por ser de color1 o casos parecidos de abuso excesivo de la fuerza? El amor de Dios es incondicional, pleno, dice Jesús en el Evangelio. ¿Cuál es la señal de Dios? Que le entregó al mundo a su Hijo único para salvarlo. 

“Como la luz penetra con sus propiedades visibles todas las cosas, de la misma manera se las traga la noche y amenaza con tragarnos a nosotros también. Lo que en ella se hunde es algo más que nada: continúa existiendo, pero indeterminado , invisible e informe como la noche misma o como una sombra, un fantasma y, por ello, como algo amenazador. En ella no sólo está amenazado exteriormente nuestro ser por peligros ocultos en la noche, sino también interiormente afectados por la noche misma. Nos priva del uso de los sentidos, impide nuestros movimientos, reduce nuestras fuerzas y nos arroja a la soledad convirtiéndonos a nosotros mismos en sombras y fantasmas. Es como un preludio de la muerte y todo esto no tiene solamente un significado vital sino también anímico y espiritual”2. Así se expresaba Santa Benedicta Teresa de la Cruz acerca de la noche cósmica; y agrega: “Frente a la noche oscura y espantosa está el embrujo de las noches de luna que la penetra con un suave y delicado resplandor. No se traga las cosas, sino que las deja brillar con aspecto nocturno. Todo lo duro, lo áspero y penetrante es moderado y suavizado y aparecen rasgos esenciales de las cosas que no se ven a la luz del día. Se escuchan también voces que el ruido del día amortigua y hace enmudecer. Mas no solo la noche iluminada tiene sus encantos sino que podemos igualmente encontrarlos en la noche oscura. Da fin a la prisa y al ajetreo del día y nos trae el descanso y la paz”3.

La noche nos confina en nosotros mismos, a veces nos inmoviliza y tenemos miedo de movernos o abrir los ojos; un escalofrío recorre nuestra alma y nos preguntamos ¿porqué estoy aquí? ¿qué hago existiendo desamparado sitiado por el abandono y el desamor? Y llego a sentirme tal vez como dice el poeta: “Lleno de mí, sitiado en mi epidermis por un dios inasible que me ahoga, metido acaso por su radiante atmósfera de luces que oculta mi conciencia derramada, mis alas rotas en esquirlas de aire, mi torpe andar a tientas por el lodo”4.

Sí, en este momento miro sin abrir los ojos y contemplo estos días en que cohetes espaciales llegan lejos en el macro cosmos5 y un ser del micro cosmos ha venido a trastocar las agendas de todos, también de los poderosos y nos obliga a dejar nuestras costumbres y abrir nuestra existencia a la “nueva normalidad”, esa que nos dice que nos guste o no, habitamos la misma casa común.

El confinamiento duele, más cuando es forzado e, inmensamente más cuando son los de casa quienes lo provocan.

Nos resistimos al cambio, a ese que Jesús propone: aceptar que Dios ama a todos sin condición; es difícil subir de madrugada al monte como Moisés para recibir el mensaje que Dios “es compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel”. Confinamos al otro incluso en nombre de Dios, en el seno de la Iglesia.

Así le sucedió a Fran Juan de la Cruz, religioso carmelita, quien al iniciar la reforma del Carmelo junto con la madre Teresa de Ávila encontrará oposición de parte de los suyos; al grado que le meten a la cárcel en el convento de Toledo durante nueve meses, esto de manera injusta. «Alguien piensa que si no fue un puro “secuestro de persona” y una pura arbitrariedad frailuna, tuvo que haber actas de su proceso por “delito de rebelión”, tuvo que haber un decreto dado contra él, como conclusión de un proceso jurídico, formulado en función de las Constituciones de la Orden y decretos del Capítulo de 1575»6; cosa que no se conoce. 

El sitio donde fue colocado “era como un hueco en una pared, poco más o menos como una sepultura, pero mucho más alto, sin luz; solo tenía un agujero del ancho de tres dedos que daba bien poca luz”7; sin que pudiese tratar (salvo el carcelero) con otra persona alguna de este mundo”8; tuvo consigo el libro de rezo, “el Breviario y acaso otro libro espiritual, que pudo ser La imitación de Cristo. No consta que tuviese la Biblia […] En todo este tiempo no le dieron ropa para que se cambiase”9.

Dirá Santa Benedicta Teresa de la Cruz (en el mundo Edith Stein), que esta experiencia del futuro santo en la cárcel de Toledo será para él: “abandono de Dios y en medio de este abandono unión con el Crucificado”10; y que “ningún humano corazón ha penetrado jamás en una tan oscura noche como el Verbo Encarnado en Getsemaní y el Gólgota […] Pero Jesús  puede dar a gustar a las almas escogidas algo de esta extrema amargura. Son sus más fieles amigos a quienes exige la suprema prueba de amor”11.

Ahí, en la oscuridad meridiana de su celda encontrará Juan de la Cruz en la poesía una vía de escape, de libertad. Ahí compondrá algunas de las piezas más excelsas de poesía y teología en nuestra lengua. Ahí en el confinamiento “fraternal”, “se entretenía con sus canciones y las guardaba en la memoria para escribirlas”12, como afirmará después él mismo.

Ahí surgió el Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por la fe

“… Su claridad nunca es oscurecida,

y sé que toda luz de ella es venida,

aunque es de noche…”.

Después de haber encomendado al Señor su situación sintió en su alma un impulso grande de que se fuera de su prisión y estaba cierto que nuestro Señor le ayudaría. Y sí, “huirá durante la noche, una noche de luna muy clara”13.

En su alma se mezcla la experiencia de noche cósmica y noche mística, que se verá expresada en el poema de la “Noche oscura”:

  1. En una noche oscura,

con ansias en amores inflamada,

¡oh dichosa ventura!

salí sin ser notada,

estando ya mi casa sosegada.

  1. A oscuras y segura

por la secreta escala disfrazada,

¡oh dichosa ventura!

a oscuras y encelada,

estando ya mi casa sosegada.

  1. En la noche dichosa

en secreto, que nadie me veía,

ni yo miraba cosa

sin otra luz, ni guía,

sino la que en el corazón ardía…

Dirá San Juan en su Evangelio mas adelante: “Sin embargo, aun entre los magistrados, muchos creyeron en él; pero por los fariseos, no lo confesaban, para no ser excluidos de la sinagoga, porque prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Dios” (Jn 12, 42-43). Nicodemo creyó, creamos.

Al misterio de la Santísima Trinidad se accede por invitación a una comunidad de vida y de amor: invitación a creer que “tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. 

¿Si Dios me ama así como soy, quién soy yo para descartar y pretender confinar al hermano?

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes.

Pbro. Filiberto Cruz Reyes

Capilla de San Felipe de Jesús, Santiago de Querétaro.

Querétaro, México, 7 de Junio de 2020

  1. El caso de George Floyd. ↩︎
  2. Stein, Edith; Ciencia de la cruz. Estudio sobre San Juan de la Cruz. Burgos 19942, pp. 48-49. ↩︎
  3. Ibídem, p. 49. ↩︎
  4. Gorostiza, José; Muerte sin fin y otros poemas. México 1983. p. 107. ↩︎
  5. El tema del cohete Falcon 9 con la nave Crew Dragon a bordo. ↩︎
  6. Rodríguez, José Vicente; San Juan de la Cruz. La biografía. Madrid 2015. p. 296.  ↩︎
  7. Ibídem, p. 306. ↩︎
  8. Ibídem, p. 307. ↩︎
  9. Ibídem, p. 307. ↩︎
  10. Stein, Edith; op. cit.. p. 34. ↩︎
  11. Ibídem, p. 33. ↩︎
  12. Rodríguez, José Vicente; op. cit. 311.  ↩︎
  13. Ibídem, p. 328. ↩︎

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