Pulido por Dios

Homilía 

1 Cor 3, 18-23; Sal 23; Lc 5, 1-11

Estimado Martín:

Un día te acercaste para hacerme una observación: el piso del templo estaba opaco y era necesario pulirlo, abrillantarlo. Y no solo te quedaste en la observación, generoso te ofreciste para llevar a cabo el trabajo tú mismo: “yo me dedico a hacer esos trabajos, y si me permite con gusto lo hago como un servicio”, dijiste. Así nos conocimos y nació una amistad. 

Al igual que Simón a veces sentimos que hemos trabajado toda la noche y que no vemos el fruto de nuestras fatigas, trabajamos y sentimos hablar a Dios. Y es hasta que nos interpela e invita a realizar una vez más el mismo trabajo, solo que bajo su inspiración y palabra, que la fatiga y actividad adquieren un nuevo sentido: nos lleva a la vida. La palabra griega que se utiliza para decir “pescador” (ζωγρῶν, zogrón, Lc 5, 10) proviene de un verbo griego (ζωγρέω, zōgreō) que significa “capturar vivo” o “atrapar para dar vida”. Libremente decidiste compartir las fatigas y trabajos de nuestra comunidad parroquial para ayudarnos en la tarea de anunciar la palabra de Jesucristo con tu testimonio de servicio y que hace fructificar nuestros esfuerzos; así como Santiago y Juan compartieron la comunión (koinonía) con Pedro en el servicio de sacar a los hermanos de un entorno peligroso para que tengan vida.

Hoy estamos viviendo con tu pascua esta palabra del Apóstol que hoy ha sido proclamada: “ya que todo les pertenece a ustedes: Pablo, Apolo y Pedro, el mundo, la vida y la muerte, lo presente y lo futuro: todo es de ustedes; ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios”. Lorena, esposa de Martín; Mauricio y Paulina chiquillos de Martín, hermanos todos, no olvidemos esto: somos de Dios. 

Martín, el Señor nos ha permitido compartir la oración en tu casa hace apenas pocos días: recibiste la Sagrada Comunión, la Unción y la indulgencia plenaria, sacramentos todos que dan vida. El Señor quiso también “pulirte, abrillantarte, limpiarte” mediante la experiencia de su cruz a través de la enfermedad; gracias por tu testimonio de fe, de paciencia y fortaleza. Hoy el piso de nuestro templo parroquial está brillante, radiante, pulido; queremos imaginar que con la luz de Cristo así brilla ahora para ti la entrada a la casa del Padre celestial, no temas; así como Pedro también nos reconocemos pecadores y es la misericordia del Padre que ahora te invita a subir a la barca y navegar en las profundidades de su amor inconmensurable. Dile al Señor Jesús que nos aliente en nuestra noche oscura y aparentemente poco fructífera, que dejándolo todo podamos siempre perseverar en su seguimiento.

Gracias Martín, descansa en paz por la misericordia del Señor.

Pbro. Filiberto Cruz Reyes

Parroquia de la Sagrada Familia

Santiago de Querétaro, Qro., 3 de septiembre de 2026

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