Homilía en el XXX Aniversario de Ordenación sacerdotal del
Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Rector del Seminario Conciliar de Querétaro
En el capítulo 19 de Hch se nos narra: “1 Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó las regiones altas y llegó a Éfeso, donde encontró a algunos discípulos […] 8 Pablo frecuentó la sinagoga durante tres meses. En ella hablaba con valentía y discutía acerca del Reino de Dios, intentando convencerles. 9 Pero como algunos se obstinaban, no se dejaban persuadir y hablaban mal del Camino ante la gente, rompió con ellos y formó grupo aparte con los discípulos. Diariamente se organizaban debates en la escuela de Tirano. 10 Esto duró dos años, de forma que pudieron oír la palabra del Señor todos los habitantes de Asia, tanto judíos como griegos”.

¿Cuál era el entorno de los cristianos de Éfeso en el contexto de la Carta que ha sido proclamada?
Éfeso era una famosa metrópoli de Asia, entre otras cosas por el enorme templo dedicado a Artemisa o Ártemis, diosa griega de la caza, los animales salvajes, los bosques, la virginidad y los partos. Fue llamada también Cinthia o Delia. Los latinos en su mitología le llamaron Diana. Dicho templo llegó a ser considerado una de las maravillas del mundo antiguo.
Calímaco la describe en estos términos:
“a. Artemis, hermana de Apolo, está armada con arco y flechas como él; posee el poder de producir pestes y la muerte súbita entre los mortales y también el de curarlos. Es la protectora de los niños pequeños y de todos los animales que maman, pero también le gusta la caza, especialmente la de venados.
b. Un día, cuando era todavía una niña de tres años, su padre Zeus, en cuyas rodillas estaba sentada, le preguntó qué regalos le gustarían. Artemis le contestó inmediatamente: «Te ruego que me concedas la virginidad eterna, y me des tantos nombres como mi hermano Apolo, un arco y flechas como los suyos, el cargo de llevar la luz, una túnica de caza azafranada con borde rojo que me llegue hasta las rodillas, sesenta jóvenes ninfas oceánicas, todas de la misma edad, como damas de honor, veinte ninfas fluviales de Amnisos en Creta para que cuiden de mis borceguíes y aumenten a mis sabuesos cuando no salga de cacería, todas las montañas del mundo y, finalmente, cualquier ciudad que quiera elegir para mí, pero bastará con una, porque me propongo vivir en las montañas la mayor parte del tiempo. Por desgracia, las parturientas me invocarán con frecuencia, pues mi madre Leto me tuvo y me dio a luz sin dolores, y las Parcas me han hecho, por lo tanto, patrona del parto»”1.
Podemos imaginar un poco las ideas que pululaban en el ambiente socio cultural. Sobre la estatua de Artemisa estaban colocados los doce signos del zodiaco, para indicar su dominio sobre las fuerzas del destino. Definitivamente a los griegos les interesaba la cuestión de las Potencias que dirigen el curso de este mundo a través de la astrología. Por ejemplo, “las potencias planetarias eran las siguientes: el Sol para la iluminación, la Luna para el encantamiento. Marte para el crecimiento, Mercurio para la sabiduría, Júpiter para la ley. Venus para el amor. Saturno para la paz. Los astrólogos griegos clásicos, de acuerdo con los babilonios, adjudican los planetas a Helio, Selene, Ares, Hermes (o Apolo), Zeus, Afrodita y Crono, cuyos equivalentes latinos, citados anteriormente, todavía dan el nombre a las semanas francesa, italiana y española”2. ¡Imagínense! La influencia cultural de ese pensamiento llaga hasta nosotros hoy.
Así las cosas ¿qué podemos aprender de la enseñanza de Pablo? Dos cosas importantísimas principalmente, según Hechos de los Apóstoles:
- Rompió con los grupos obstinados e impasibles.
- Continuaba debatiendo.
La bendición que Pablo hace a Dios, recuerda las bendiciones del culto judío, pero al ser Cristo el centro de todo esto, suena a algo novedoso.
La preexistencia de Cristo y la elección que ha hecho de nosotros “antes de crear el mundo” evoca la creación realizada en Cristo y afirma enseguida la que “por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados”. Esto implica que ya somos pero estamos llamados a ser más, es decir, anuncia y exige un dinamismo en el seguidor de Jesucristo, mismo que se lleva a cabo sólo bajo el aliento del Espíritu Santo, como se afirma un poco más adelante del texto proclamado: “13 Algunos exorcistas judíos ambulantes intentaron también invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos. Solían decir: «Os conjuro por Jesús, a quien predica Pablo.» 14 Los que hacían esto eran siete hijos de un tal Esceva, sumo sacerdote judío”. 15 Pero, en una ocasión, el espíritu malo les respondió: «A Jesús le conozco y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?»”.

Es decir, que el ser humano y la historia lleguen a su plenitud sólo es posible en Cristo y la acción del Espíritu Santo; esta es la voluntad del Padre.
Estimado Padre Saúl, jóvenes píos y presentes todos: la vocación cristiana y llevada al límite en el sacerdocio ministerial, nos recuerda Pablo, es una vocación a bendicir a Dios y ser una bendición para los demás, como tanto nos insiste nuestro ahora Administrador Apostólico, Mons. Fidencio López Plaza, por quien damos gracias a Dios y pedimos le siga bendiciendo. El ministerio sacerdotal implica lo que Pablo hizo en Éfeso: un rompimiento radical con las conductas imcompatibles con la vida cristiana y por otra parte una constante apertura y si es necesario en el debate constante con el pensamiento cultural de nuestra época. El Seminario me parece puede encontrar su identidad más profunda en estas dos actitudes.
La redención de Cristo se desarrolla en la historia tirada adelante por la esperanza y llegará a pleno cumplimiento en la escatología y la parusía.
En estos tiempos de ideologías trasnochadas podemos recordar a un autor que expresaba estos temas según su perspectiva y que puede ayudarnos a comprender e, ambiente actual de los nuevos Éfesos:
“Sin excluir el papel del hombre en la consecución de sus anhelos, la esperanza cristiana tiene a Dios por garante último de la plena satisfacción del ser humano. En cambio, la propuesta marxista, fruto de su lectura materialista, reduce toda expectativa humana al progreso material, amputando con ello los anhelos últimos del hombre, cifra su horizonte en logros intramundanos y vive confiada a las solas manos del hombre (bajo la tutela del partido, claro). Respecto de la esperanza cristiana, estima Ratzinger, el marxismo hace suya la promesa de satisfacción futura que muta en utopía social y el fervor en su consecución bajo forma de optimismo ideológico, pero la rompe en su núcleo al excluir a Dios de ella. El resultado es perverso: la esperanza reducida a construcción social, cuyo proceso gestiona el partido político como instancia inapelable que ocupa el lugar de Dios dentro de la nueva religión atea del progreso histórico”3.
Por esta razón, entre muchas otras seguramente, el Papa León nos dice en el número 1 de Magnifica humanitas: “Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad”.
Padre Saúl, en tus 30 años de ministerio sacerdotal que estamos celebrando, tu experiencia de párroco ha marcado definitivamente tu perpectiva sacerdotal, sabes que a los futoros pastores de la Iglesia les espera allá afuera de este reciento una historia por forjar, hacerla madurar con su entrega apasionada, dificil, hermosa e irrevocable. Felicidades, que por interseción de “la estrella refulgente del Tepeyac” su Hijo amado prodigues “sobre nosotros el tesoro de su gracia, con toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Les invito también me ayuden a dar gracias a Dios, porque un día como hoy 15 de octubre de hace 60 años mis padres contraían matrimonio canónico, gracias a mi madre que hoy también nos acompaña, mi padre ha partido hace 6 años.
Hoy también celebramos a Santa Teresa de Ávila, primera mujer declarada Doctora de la Iglesia un 27 de septiembre de 1970 por San Pablo VI.
Nos hace bien recordar su doctrina poético teológica:
Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.
¡Laus deo!
En el solar vetusto
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
Santiago de Querétaro, Qro. México, 15 de octubre de 2026