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Los hijos de la misericordia
A mis padres, que me educaron en la fe
En estos días de Pascua la liturgia de la Palabra nos presenta a Jesucristo resucitado que muestra a los Discípulos las heridas que dejaron los clavos y la lanza en su cuerpo (Jn 20, 20): el mismo que murió está vivo, las heridas permanecen pero ya no le duelen; los hechos dolorosos trascienden la historia y la llenan de sentido: Cristo murió y resucitó para el perdón de los pecados (cfr. Hch 3, 19); él ha sufrido antes que nosotros y nos comprende.
El 30 de abril del año 2000, segundo domingo de Pascua, el Papa Juan Pablo II canonizó a la Beata Sor Faustina Kovalska, en la homilía de la misa de canonización el Papa decía: al referirse al corazón traspasado de Cristo: «de la herida del corazón, fuente de la cual brota una gran onda de misericordia que se derrama sobre la humanidad. De ese corazón, la beata que de ahora en adelante llamaremos santa, vio partir dos rayos de luz que iluminan el mundo: “los dos rayos – le explicó un día Jesús mismo – representan la sangre y el agua […] ¡Sangre y agua! El pensamiento corre hasta el testimonio del evangelista Juan que, cuando un soldado en el Calvario golpeó con la lanza el costado de Cristo, vio salir “sangre y agua” (cfr. Jn 19, 34). Y si la sangre evoca el sacrificio de la cruz y el don eucarístico, el agua, en la simbología de Juan, recuerda no solo el bautismo, sino también el don del Espíritu Santo (cfr. Jn 3, 5; 4, 14; 7, 37-39)». El Papa recordó ese día que entre las dos grandes guerras mundiales Cristo le confió a la santa su mensaje de misericordia, mismo que millones de personas que sufrieron los horrores de la guerra sabían cuan necesaria era la misericordia. El Papa también recordó lo que Cristo dijo a Sor Faustina: “La humanidad no encontrará paz, hasta que no se dirija con confianza a la divina misericordia”. Y agregó el Romano Pontífice: «Es importante entonces que recojamos enteramente el mensaje que nos viene de la Palabra de Dios en este segundo Domingo de Pascua, que de ahora en adelante en toda la Iglesia tomará el nombre de “Domingo de la Divina Misericordia”»
Por eso el Papa viajero llevó por todo el mundo este mensaje: “la misericordia, es ésta la dimensión indispensable del amor, es como su segundo nombre” (Dives in misericordia n. 7).
Juan XXIII habló de muchas maneras de la necesidad de la misericordia divina en la vida de las personas y de la humanidad, de manera especial con su Encíclica “Pacem in terris” (1963), nacida en el contexto de la guerra fría e inmediatamente posterior a la crisis de los misiles en Cuba (1962); al referirse a la necesidad de encontrar paz decía: “Exige, por tanto, la propia realidad que en estos días santos nos dirijamos con preces suplicantes a Aquel que con sus dolorosos tormentos y con su muerte no sólo borró los pecados, fuente principal de todas las divisiones, miserias y desigualdades, sino que, además, con el derramamiento de su sangre, reconcilió al género humano con su Padre celestial, aportándole los dones de la paz” (n. 169).
Es el pecado del que hablaba Juan XXII, la fuente, dice, de todas la miserias y desigualdades que sufren hoy como ayer, millones de niños en toda la tierra: niños que mueren de hambre, que trabajan como esclavos, que no pueden asistir a la escuela, que no tienen acceso a la salud, que son abusados (tristemente también en ocasiones por algunos miembros de la Iglesia), víctimas de la drogadicción, etc., niños que esperan misericordia que brote de la responsabilidad de los adultos, pues la infancia es tan efímera casi como el instante que nos lleva del día del niño al día del trabajo, del 30 de abril al primero de mayo; esa responsabilidad que termine con los niños que trabajan y con los hombres que juegan con la dignidad del ser humano. Necesitamos padres y madres que enseñen a sus hijos: «Dí todas las mañanas: “Hoy quiero hacer algo de lo que mi conciencia pueda alabarse, y mi padre estará contento; algo que me haga ser más querido que este o aquel compañero, del maestro, de mi hermano y de otros”; y pide a Dios que te de la fuerza necesaria para llevar a cabo tu propósito. “Señor, yo quiero ser bueno, noble, valiente delicado, sincero; ayudadme; haced que cada noche, cuando mi madre me dé el último beso, pueda yo decirle: “Tú besas esta noche a un niño mejor y más digno que el que besaste ayer”» (De Amicis, Edmundo; Corazón. Diario de un niño. Porrúa, México 2013, p. 75).
Ahí en la Plaza de San Pedro, hoy estarán muchos hijos de Dios: Juan XXII, Juan Pablo II, Faustina, Francisco Benedicto XVI, etc., los que dieron y los que esperamos en todo el mundo misericordia.
Filiberto Cruz Reyes
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La victoria que vence al mundo: nuestra fe
A Mons. Rogelio Cabrera, Arzobispo de Monterrey
Celebramos hoy el Domingo de Pascua de Resurrección; la Iglesia ha llamado Pascua también a la Navidad. Esto en razón de un único acontecimiento: Jesucristo. La Navidad celebra el misterio de su Encarnación, mientras que el segundo momento celebra su Resurrección después de su Pasión y muerte. Uno de los hilos conductores de este misterio es el de la humillación; al hacerse hombre sin dejar de ser Dios, el Verbo, dice san Pablo: “siendo rico, por ustedes se hizo pobre a fin de que se enriquecieran con su pobreza” (2 Cor 8, 9). La misma idea la expresa en otro texto: “se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” (Flp 2, 8). Esto deriva en lo que san Pablo afirma enseguida: “Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre” (Flp 2, 9), es decir, el título de “Señor”, lo que hace referencia no sólo a la obra por excelencia del poder de Dios: la Resurrección de su Hijo, sino al poder, o mejor dicho a la “autoridad” que le confiere.
Nuestras palabras “autor” y “autoridad” derivan del verbo latino “augeo”, que hacen referencia a: acrecentar; enaltecer, enriquecer; crecer; es decir, el autor es quien hace crecer, es el fundador, promotor, consejero, sostenedor; es quien hacer ser más; autoritario o autoritarismo, por lo tanto hace referencia a quien se impone por la fuerza anulando cualquier oposición y se llega al despotismo de la tiranía y del absolutismo. Jesucristo es el Señor porque ha obedecido (ob: por o a causa de + audio: escuchar, oir), ha escuchado al Padre y eso le ha llevado a ofrecer incluso su vida; no es que al Padre le haya gustado, y mucho menos querido, la muerte de su Hijo, por eso le devuelve lo que le fue arrebatado: la vida; en la resurrección se cumple lo que dice el Salmo: “Te pidió vida, y se la has concedido, años que se prolongan sin término” (20, 5). Aquí el misterio del amor de Dios: hace justicia sin condenar a los culpables, le devuelve con creces lo que al Hijo le fue arrebatado y por intercesión de él no condena a los que se la arrebataron. Frente a los callejones sin salida de la existencia humana Dios abre nuevos caminos como abrió el mar Rojo.
Cuando el ser humano se pervierte y pone precio a la vida de su hermano (así como Judas entregó a Jesús por 30 monedas de plata), surgen como en cascada otra serie de atropellos: traiciones y desesperación hasta el suicidio (Judas), cobardías para cumplir con el deber (Pilato), cobardías para correr el riego de rescatar al hermano (Pedro), decisiones en que se involucra a terceros (la multitud: “que caiga su sangre sobre nuestros hijos”), búsqueda de testigos falsos (sumos sacerdotes y Sanedrín), etc., y frente a todo esto está siempre latente la tentación de la violencia (uno de los que acompañaban a Jesús sacó la espada e hirió al siervo del Sumo sacerdote. Todas estas escenas la presenta el Evangelio de la Pasión según san Mateo, mismo que leímos hace ocho días en el Domingo de Ramos. Podríamos leerlas hoy en cualquier diario o medio de comunicación, la pasión de Cristo es la pasión del mundo, por eso el evangelio sigue siendo actual: el ser humano necesita ser liberado del pecado y de la muerte. Cuando la autoridad se entiende sólo como poder, y éste sin amor, termina siempre poniendo precio a las personas y al final las aniquila lentamente o de una sola vez.
Mucho se ha dicho sobre la frase de Jesucristo: “dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” (cfr. Mt 22, 21) cuando es interrogado sobre la licitud o no de que los judíos pagaran impuestos a Roma. Jesús afirma esto después de haber preguntado de quién era la imagen y la inscripción que la moneda llevaba, a lo que le contestan “del Cesar”. En efecto, ciertas monedas llevaban la imagen de Cesar y su madre con atributos divinos, la inscripción decía: “TI (berius) CAESAR DIVI AUG(usti) F(ilius) AUGUSTUS (“Tiberio Cesar, hijo del divino Augusto”), y sobre el otro lado PONTIFEX MAXIMUS (Debergé, Pierre; Inchiesta sul potere. Approccio biblico e teologico. Paoline, Milano 2000, p. 38). Lo que aquí está en juego no es tanto la división entre el Estado y la Religión (Iglesia en este caso), sino la pretensión de divinizar el poder, pero sin Dios, eso poder que pone precio a la vida del hermano y pretende lavarse las manos impunemente. El verdadero poder lo ha expresado Jesús como un servicio, ninguno de sus milagros lo hizo para beneficio propio o de su grupo, sino como un ejercicio de su autoridad para que el ser humano llegue a ser lo que está llamado a ser: imagen de Dios, del Dios vivo y que da la vida. Es fácil distinguir cuándo somos autoridad o autoritarios. La victoria nos la da nuestra fe en Cristo que padeció, murió y resucitó para rescatarnos de todo desvarío del pecado. Felices Pascuas de resurrección.
Filiberto Cruz Reyes
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La Reina y el Papa
Cuando el Rey de Inglaterra Enrique VIII, aprobó el 3 de noviembre de 1534 la llamada Acta de Supremacía, con la que se declaraba “solo y supremo Jefe de la Iglesia Inglesa o Anglicana Ecclesia”, y declaraba lo mismo para sus sucesores, estaba creando un cisma en la Iglesia católica y creando una Iglesia nacional. Muchos católicos murieron en ese contexto, entre ellos su Canciller y amigo Tomás Moro, así como el obispo y Cardenal John Fisher; hoy ambos santos, martirizados por el Rey Enrique VIII. Desde entonces también muchos cristianos han buscado la unidad de la Iglesia, y muchos anglicanos han regresado a la Iglesia católica, por lo que el papa Benedicto XVI el 4 de noviembre de 2009, emitió la Constitución Apostólica Anglicanorum coetibus, sobre la institución de ordinariatos personales para anglicanos que entran en la plena comunión con la Iglesia católica; esto a tenor del canon 205 del Código de Derecho canónico, significa que “Se encuentran en plena comunión con la Iglesia católica, en esta tierra, los bautizados que se unen a Cristo dentro de la estructura visible de aquélla, es decir, por los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos y del régimen eclesiástico”.
Dicho esto, comprendemos mejor la trascendencia del encuentro que se dio entre la Reina Elizabeth II de Inglaterra y el Papa Francisco la tarde del jueves 3 de abril del presente, cuando éste la recibió en audiencia en el Vaticano; el encuentro duró cerca de media hora. Ella llegó acompañada de su esposo, el duque Felipe de Edimburgo y siete personas más, entre ellas el embajador de Inglaterra ante la Santa Sede, Nigel Baker. Estuvo también presente, entre otros personajes por parte de la Santa Sede, el Cardenal Murphy-O’Connor, Arzobispo emérito de Westminster.
De los ingleses anglicanos conversos al catolicismo del siglo XIX destaca la figura de John Henry Newman (1801-1890). Alumno del Trinity College en filosofía y teología se ordenó presbítero de la Iglesia anglicana; posteriormente, sus investigaciones sobre la iglesia primitiva en sus diversos aspectos teológicos lo llevan a crear junto a otros compañeros el Movimiento de Oxford, que a través de los Folletos de actualidad proponían recuperar, decían, no lo romano sino lo católico del anglicanismo decadente: temas como la sucesión apostólica, los sacramentos (no olvidemos que hoy en la comunión anglicana considera que las mujeres pueden recibir el sacramento del Orden), la independencia de la Iglesia respecto al Estado, etc. No olvidemos que hasta 1854 “todos los miembros de la comunidad universitaria estaban obligados a firmar su adhesión a los Estatutos de la Universidad, los Artículos y el Acta de Supremacía (Ker, Ian. John Henry Newman. Una biografía; Ediciones Palabra, Madrid 20102, p. 10). De intensa vida académica e intelectual Newman llegará a ser Cardenal de la Iglesia católica y Benedicto XVI lo declara beato el 19 de septiembre de 2010.
El lema del Cardenal Newman era: cor ad cor loquitur, “el corazón habla al corazón”, y seguramente así hablaron el Papa y la Reina. Al final de su entrevista intercambiaron, como es tradición, regalos: la Reina ofreció al Papa productos elaborados en las instalaciones reales, como miel, whisky, jugos de fruta, etc., así como dos fotografías una propia y otra de su esposo, enmarcadas en cuadros de plata. El Papa entregó a la Reina un precioso documento conservado en el Vaticano, con el cual en 1697 Inicencia XI extendió a la Iglesia universal el culto de san Eduardo el Confesor, descendiente de la familia real y fundador de l Abadía de Westminster. Al Duque le regaló un tríptico de medallas de su pontificado. Tuvo el Papa además otro detalle más: entregó un regalo para el bisnieto de la Reina, el Príncipe George de Cambridge, nacido el año pasado.
Este encuentro, fruto de la buena voluntad de ambos anima a segur construyendo caminos de paz y reconciliación no sólo entre las naciones, sino también entre los cristianos que anhelamos la plena comunión. Newman afirmó con conocimiento de causa: “La comunidad cristiana es un cuerpo organizado, aunque ocasionalmente surjan disturbios puntuales en su interior” (ibi, p. 640), por eso, los regalos del Papa a la Reina son una invitación a reconocer, como Newman, la necesidad de la unidad y las raíces de santidad y catolicismo que en la familia real existen.
La Iglesia anglicana se nos ha adelantado en reconocer a Oscar Arnulfo Romero como hombre universal que vivió hasta el martirio la fe cristiana, pues han colocado su estatua en la fachada occidental de la catedral de Westminster; oremos para que pronto sea también declarado santo por la Iglesia católica, para lo cual Francisco ya ha dado signos.
Filiberto Cruz Reyes
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La China del tercer milenio
Del 22 de marzo en adelante el Presidente de China, Xi Jinping, hará una gira de trabajo por varios países europeos: Holanda, Francia, Alemania, Bélgica; entre su agenda se encuentra participar en la Conferencia sobre la seguridad nuclear, encontrase con el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica Barack Obama, la Canciller alemana Ángela Merkel, el Francés Francois Hollande y, algo inédito: visitará la Sede de la Unión Europea, siendo el primer Presidente chino que lo hace.
Este 16 de marzo murió Mons. Joseph Fan Zhongliang, obispo de Shanghai, China, no reconocido por el gobierno de la República y que había sido consagrado obispo de manera clandestina en 1985. Y es que la vida de la Iglesia en China no ha sido fácil desde los años cincuenta del siglo pasado.
El 27 de mayo de 2007 el Papa Benedicto XVI escribió una carta a los católicos en la República Popular China, y junto con ella apareció publicada también una Nota explicativa de la misma. La Nota narra las vicisitudes de la Iglesia en China desde los años cincuenta en que “con la expulsión de los Obispos y misioneros extranjeros, la encarcelación de casi todos los eclesiásticos chinos y de los responsables de los diversos movimientos laicales, el cierre de las iglesias y el aislamiento de los fieles” inició una etapa “difícil y dolorosa” para la Iglesia en ese país. Luego “al final de los años cincuenta se crearon organismos estatales como la Oficina para los Asuntos Religiosos y la Asociación Patriótica de los Católicos Chinos, con el fin de guiar y «controlar» todas las actividades religiosas. En 1958 tuvieron lugar las dos primeras ordenaciones episcopales sin el mandato papal, dando inicio a una larga serie de gestos que hieren profundamente la comunión eclesial”. Esto en la práctica significa el intento de crear una iglesia nacional China, que a través de dichos “organismos cuyas finalidades declaradas, y en concreto la de llevar a efecto los principios de independencia, autogobierno y autogestión de la Iglesia, no son conciliables con la doctrina católica”.
En medio de esta compleja situación, dos jesuitas fueron protagonistas importantes: el recién fallecido Joseph Fan Zhongliang y Aloysius Jin Luxian, consagrado obispo el mismo año y para la misma ciudad pero con el visto bueno del gobierno y sin el mandato apostólico. Más tarde, en 2004 la Santa Sede concedió la aprobación de la consagración pero dándole el título de Obispo coadjutor. Jin falleció el 27 de abril del año pasado. Como una opción para desenmarañar situación tan difícil la Santa Sede eligió obispo Auxiliar a Mons. Thaddeus Ma Daquin siendo consagrado el 7 de Julio de 2012, pero en la Misa de consagración Mons. Ma renunció a ser miembro de la Asociación Patriótica en razón de la Carta de Benedicto XVI, lo que le valió ser declarado bajo arresto domiciliario y ver impedido el ejercicio de su ministerio.
Actualmente solo Mons. Savio Hon Taifai, secretario de la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos, es el único miembro chino de la curia vaticana.
Este puede ser momento propicio para que la Santa Sede y la República de China puedan establecer relaciones diplomáticas como un instrumento de paz y concordia para todos los Chinos, en base al principio del que la Iglesia es testigo: “la sangre de mártires es semilla de cristianos”. Los Acuerdos y Convenios de la Santa Sede “han ido recibiendo múltiples denominaciones: en tiempos pasados, Concordias, Paces, Capítulos Concordados; en la actualidad, más de ordinario, Acuerdos y/o Convenios Iglesia-Estado; no raras veces, Concordatos” (Corral Salvado, Carlos; Derecho Internacional Concordatario. BAC, Madrid 2009, p. 5). Oremos por la Iglesia en China, máxime cuando también nuestra Patria sabe de la experiencia de haber sufrido el intento de ser transformada en Iglesia nacional.
Filiberto Cruz Reyes
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Los Cardenales de la Santa Iglesia Romana y la Reforma Económica de Francisco
El pasado 22 de Febrero del presente el Papa Francisco “creó” 19 nuevos Cardenales en un Consistorio Ordinario público. “Consistorio” proviene del latín tardío “consistorium”: lugar de reunión; y se deriva del latín clásico “consistere”: detenerse; tomar posición, disponerse; comparecer, presentarse. Con este nombre se designaba en los últimos siglos del Imperio Romano, a las reuniones de los dignatarios imperiales, presididas por el Emperador en el Palacio de Gobierno. El Emperador era el último en hablar y cada una de sus decisiones tomaba fuerza de ley (cfr. Rossi, Agnelo; Il Collegio Cardenalizio. Editrice Vaticana, Vaticano 1990, p. 43). A través del Consistorio el Papa llama a los Cardenales para que colaboren con él en la suprema autoridad de la Iglesia, y por lo mismo, cuando los convoca trata con ellos las cuestiones de más importancia para el gobierno de la Iglesia Universal. Desde el siglo XII es prerrogativa exclusiva del Colegio de Cardenales la elección del Romano Pontífice.
La reforma económica que el Papa Francisco ha emprendido al interior de la Iglesia, de manera especial en las instancias de la Curia Romana, se enmarca en algo mucho más profundo, lo que él llama en la Evangelii Gaudium la “nueva idolatría del dinero”, ya que por ejemplo, al criticar las ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera afirma: “Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas” (n. 56). La reforma económica que Francisco propone debe llegar a las personas y las instituciones, eclesiales y no, es decir, propone una humanización de la economía y, como buen juez, ha querido empezar por su propia casa.
Para todo esto el Papa ha dado una serie de pasos que iniciaron desde los días de las “congregaciones generales” de los Cardenales al preparar el cónclave que elegiría al sucesor de Benedicto XVI: decía que hay dos visones de la Iglesia, una es “la Iglesia evangelizadora que sale de sí” y otra es “la Iglesia mundana que vive en sí, de sí y para sí”. Afirmaba que considerar estas dos visiones de Iglesia es lo que debe “dar luz a los posibles cambios y reformas que haya que hacer” en la Iglesia. El Cardenal Ortega de la Habana fue quien difundió las palabras del Pontífice con su autorización. Las congregaciones generales son “para permitir a cada Cardenal que exprese su opinión sobre los problemas que se presenten, pedir explicaciones en caso de duda y hacer propuestas” (UDG n. 11).
Ya Pontífice, Francisco promulgó un Quirógrafo el 24 de Junio de 2013 en el que afirma que en continuidad con sus antecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI, quiere con dicho documento “permitir a los principios del Evangelio permear también las actividades de naturaleza económica y financiera”; por tal motivo crea una Comisión en relación al IOR (Instituto para las Obras de Religión, conocido popularmente como el Banco del Vaticano). Esta Comisión deberá mantener informado directamente al Papa de todas las actividades del IOR.
El 8 de Agosto de 2013 el Papa Francisco, con una Carta Apostólica dada en forma de Motu Proprio, tomaba medidas “para la prevención y la lucha contra el «lavado» de dinero, del financiamiento del terrorismo y de la proliferación de armas de destrucción masiva”, y así “adoptar los principios y poner en marcha los instrumentos jurídicos desarrollados por la Comunidad internacional”.
El 15 de noviembre de 2013 el Papa Francisco mediante una Carta Apostólica en forma de Motu proprio aprueba el nuevo Estatuto de la autoridad de Información Financiera, “para reforzar las iniciativas ya emprendidas con el fin de prevenir y combatir cada vez mejor eventuales actividades ilícitas en el sector económico-financiero”.
Posteriormente, el 24 de febrero de 2014 con otra Carta Apostólica en forma de Motu Proprio “Fidelis dispensator et prudens”, para la constitución de una nueva estructura de coordinación de los asuntos económicos y administrativos de la Santa Sede y del Estado de la ciudad del Vaticano, el Papa instituye “el Consejo de asuntos económicos, con la tarea de supervisar la gestión económica y vigilar las estructuras y actividades administrativas y financieras de los Dicasterios de la Curia Romana, de las Instituciones relacionadas con la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano”, así como “la Secretaría de asuntos económicos, como Dicasterio de la Curia Romana según la Constitución apostólica Pastor Bonus”.
De este modo el Romano Pontífice pone en acto el principio evangélico: no pueden servir a Dios y al dinero (Lc 16, 13). ¿le secundaremos en esta reforma no sólo de la Curia sino de nuestras vidas? El Papa debe contar con el apoyo de los Cardenales y de cada uno de los cristianos.
Filiberto Cruz Reyes
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Las llagas de la Santa Iglesia
Durante los días 20 y 21 de Febrero del presente 2014 se realizó un Consistorio Extraordinario de Cardenales en Roma en torno al Papa Francisco. La legislación actual de la Iglesia afirma:
- 353 §1. Los Cardenales ayudan todos ellos colegialmente al Pastor supremo de la Iglesia, sobre todo en los Consistorios, en los que se reúnen por mandato del Romano Pontífice y bajo su presidencia; hay Consistorios ordinarios y extraordinarios.
- §3. Al Consistorio extraordinario, que se celebra cuando lo aconsejan especiales necesidades de la Iglesia o la gravedad de los asuntos que han de tratarse, se convoca a todos los Cardenales.
Los temas que esta vez debatieron los Cardenales fueron principalmente “la concepción de la familia según la perspectiva antropológica cristiana y su valoración en el contexto de la cultura secularizada que posee una concepción diversa de la familia, de la sexualidad y de la persona y en la que el enfoque cristiano se encuentra a veces en dificultad”, “los divorciados que se han vuelto a casar desde el punto de vista jurídico canónico y se habló de los procedimientos de nulidad para mejorarlos y simplificarlos. Sobre la admisión a los sacramentos de los divorciados que se han vuelto a casar”, “la pastoral familiar, así como la emigración o la ignorancia religiosa, según afirmó en un comunicado el P. Federico Lombardi, SJ, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
El Papa Pío IX le había manifestado su deseo de crearlo Cardenal, y se decía que también lo quería como su Secretario de Estado por su talento y rectitud. De familia noble el Padre Antonio Rosmini (1797-1855) y de inmenso amor a la Iglesia, propuso una reflexión sobre cinco cuestiones que él consideraba que en su momento eran como otras tantas llagas que herían a la Iglesia, en relación a las cinco llagas de Cristo: 1) La división entre pueblo y clero en el culto público de la Iglesia, 2) la insuficiente educación del clero, 3) la desunión de los Obispos, 4) el nombramiento de los Obispos dejado en manos del poder laical y 5) la servidumbre de los bienes eclesiásticos. Su obra “Las cinco llagas de la Santa Iglesia” escrita en 1832 fue el motivo para que sus numerosos enemigos, que le habían ganado su personalidad e influencia, le acusaran de doctrina herética, de modo que en mayo de 1849 el mismo Papa Pío IX confirmaba la inclusión de su obra en el Índice de libros prohibidos. De este modo por intrigas palaciegas se le impidió toda comunicación con el Papa. Alejado de Roma por personajes nefastos sin embargo, fue consultado por el mismo Papa sobre la conveniencia o no de proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción de María, cosa que final y felizmente ocurrió el día 8 de diciembre de 1854. Rosmini moría el 1º de Julio de 1855, día dedicado a la Preciosa Sangre de Cristo, luego de un haber sufrido un envenenamiento, y aun que supo quiénes habían sido los autores nunca lo dijo (Sgarbosa, Mario; Antonio Rosmini. Genio filosofico , profeta scomodo. Città Nuova. Roma 1996, pp. 188-1994). Antiguamente había un rito al crear a los Cardenales: el abrir y cerrar de la boca para significar el silencio que deben observar y la prudencia y sabiduría al manifestar su sincera opinión cuando les es requerida. Formalmente Rosmini no fue Cardenal, pero sí en lo más profundo de su ser: nunca dijo quién atentó contra su vida en señal de perdón a quien le había lastimado y su inmensa fidelidad al Papa y a la Iglesia, hasta ofrecer de algún modo su propia sangre, lo que representa el púrpura de los Cardenales. El día de ayer fueron creados nuevos Cardenales por el Papa Francisco, mismos que son llamados a colaborar con él en esta ardua tarea de reforma de la Iglesia, reforma que inicia por una conversión personal.
En mayo de 1966 la Congregación para la Doctrina de la fe autorizaba la edición de la obra de Rosmini y Benedicto XVI lo declaró beato en 2007.
Filiberto Cruz Reyes
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Avances y retrocesos
El miércoles 17 de ésta semana que terminó fue testigo de dos grandes acontecimientos que queremos destacar y que se encuentran en las antípodas. Por una parte, el fin de un desencuentro, el que protagonizaron por 53 años Cuba y Estados Unidos y, por otra, el inicio de una herida en el diálogo ecuménico entre la Iglesia Católica y la Comunión Anglicana.
En efecto, si alguien se puede alegrar y si alguien sufre por estos acontecimientos de modo personal es el Papa Francisco; pues por una parte Él jugó un papel muy importante en el diálogo entre estos dos países (que desde 1961 habían roto las relaciones diplomáticas) para que por fin puedan dar inicio a una nueva etapa en las relaciones internacionales, ya sin el resabio de la guerra fría y el fantasma, entre otras cosas, de una carrera armamentista nuclear desplegada por dos grandes bloques ideológicos. No todo está dicho y hecho, pero se puede vislumbrar con esperanza una luz que muchos, por diversos intereses, quisieran se extinguiera; la mayor parte de las naciones aplauden este momento histórico, y nosotros también. La visita de Juan Pablo II en 1998 a la isla marcó ya el inicio de este momento, la paciencia y trabajo de la iglesia sumada a las de tantos otros han dado su fruto. El 21 de enero de 1998, decía Juan Pablo II en su discurso de llegada a la Habana para su Visita Pastoral: “Quiera Dios que esta Visita que hoy comienza sirva para animarlos a todos en el empeño de poner su propio esfuerzo para alcanzar esas expectativas con el concurso de cada cubano y la ayuda del Espíritu Santo. Ustedes son y deben ser los protagonistas de su propia historia personal y nacional”. Decía Santa Teresa de Ávila: “la paciencia todo lo alcanza”.
Por otra parte, ese mismo día la Iglesia Anglicana de Inglaterra (valga la redundancia, pero se nos permita, pues esta comunidad es independiente en cada país, y ya otros habían hecho lo propio) anunció que tendrá para enero próximo su primera mujer “obispo”. En este sentido se abre una herida en primer lugar en cuestiones teológicas, pues Juan Pablo II el 22 de mayo de 1994, Solemnidad de Pentecostés, afirmó en su Carta Apostólica “Ordinatio sacerdotalis” que la Ordenación sacerdotal está reservada sólo a los varones, con las siguientes palabras: “con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia” (n. 4). Esto que por muchos es considerado como algo discriminatorio la iglesia lo explica en parte diciendo que la Ordenación no es un derecho, ni siquiera para los varones, sino un don. Además, esta doctrina ha sido conservada por la Tradición constante y universal de la Iglesia y enseñada firmemente por el Magisterio a ejemplo de Jesucristo que eligió sólo varones para constituir a los doce. Lo más importante no es el oficio que se desempeña, sino la vocación, que es la misma para todos: la santidad; Teresa de Calcuta entre las grandes mujeres de la Iglesia de la época reciente, nunca reclamó como derecho ser sacerdotisa, eligió el camino de la santidad. El riesgo mayor en la práctica eclesial es que se pierda la sucesión apostólica y se deteriore así el grado de comunión entre la comunidad anglicana y la católica, y esto dificulte la unidad tan deseada y buscada en los últimos años por ambas comunidades.
Ese mismo día miércoles fue el cumpleaños 78 del Papa Francisco, quien en la Audiencia General de los miércoles, afirmó, hablando del misterio de la Encarnación, que ésta “abre un nuevo inicio en la historia universal del hombre y de la mujer”, y que los 30 años de la vida oculta, sencilla de Jesús, antes de su vida pública con el anuncio del Reino, “no son un tiempo perdido” en aquella periferia de mala fama como lo era Nazaret, sino que fue un tiempo de estar en familia, viviendo toda la familia en santidad.
¡Felicidades por su cumpleaños Santo Padre Francisco!
21 de Diciembre de 2014
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La división de poderes y la verdad
A muchos especialistas en derecho les parece algo sorprendente que en Derecho canónico (el derecho de la Iglesia) los poderes ejecutivo, legislativo y judicial los ostente la misma persona: el Obispo y el Romano Pontífice; esto porque en las democracias modernas están divididos para garantizar un sano equilibrio. En derecho canónico la interpretación de la norma la hace el legislador, en otros sistemas jurídicos, como el de nuestra Patria, la interpretación de la ley la hace el Poder Judicial Federal.
La Iglesia explica su pensamiento por el concepto de “comunión” entre otros, pues es la Palabra de Dios la que sustenta tanto los principios teológicos como jurídicos, y es esta Palabra la que indica que la “salvación de las almas” es la suprema ley de la Iglesia; es decir, la autoridad en la Iglesia no puede querer para los súbditos cosa distinta a la que ella aspira, esto hace que tenga instancias de diálogo y participación en los que al final recoge el consenso y se pronuncia en cumplimiento de su oficio. Dice la escritura “Santifícalos en la verdad; tu Palabra es la verdad” (Jn 17, 17). Esto lo dice Jesucristo en el contexto de la última cena, y Él mismo se santifica a través del sacrificio de la cruz; es decir, él muere por estar en la verdad; Pilato le preguntó qué cosa es la verdad y Él calló. ¿Qué es la verdad que hay quien es capaz de morir por ella y quien puede matar para que la verdad no aparezca?
En este México nuestro parece imposible reflexionar sosegadamente los acontecimientos, pues se suceden uno tras otro con tal vértigo que la reflexión parece no tener oportunidad, a eso hay quien le apuesta.
En días recientes México ha dicho adiós a grandes personajes de la cultura y las letras, entre ellos a Vicente Leñero, autor polifacético. En una de sus obras, afirma el periodista: “le faltaba eso que se ve siempre en un periodista nato: carácter, inventiva, empuje, agallas de buen periodista” (La vida que se va. Alfaguara, México 2013, p. 12). Es cierto, es una novela, sin embargo la escribe un periodista, ese que tantos han elogiado por su coherencia e integridad, el que dio las batallas por decir la verdad aún a costa del precio que pagó.
Por otra parte, esta semana que termina, en el contexto de su Informe Anual de Labores, el Ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Juan N. Silva Mesa afirmó acerca de los acontecimientos lamentables que México ha vivido, también más allá de sus fronteras, “son motivo de dolor nacional y de profunda indignación, dentro y fuera de nuestras fronteras: violaciones graves a derechos fundamentales, cometidas por quienes deberían brindar seguridad a la población. Nuestra nación se encuentra afectada y no será el transcurso del tiempo, ni el silencio de las instituciones, lo que permita superar la adversidad” (http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/12/11/asiste-pena-nieto-al-informe-del-presidente-de-la-corte-876.html). Esto lo pronunció delante del jefe del Ejecutivo, si bien es cierto que es el poder Judicial quien parece que tiene consigna de legislar a golpe de sentencias.
Sí, fue ese Vicente Leñero, en su decir, el testigo de frases referentes a la verdad, como “No pago para que me peguen”, o “¿Cómo trascender a Julio Scherer?” (Proceso N° 1988); es el mismo Leñero que no tuvo toda la verdad (solo Dios la tiene) el que nos deja su testimonio, no del llamado “Cuarto poder” (la prensa, también susceptible de corromper), sino de esa fuerza interior que Dios ha puesto en nuestro interior, la verdad, y que no podemos eludir; como católico no vergonzante lo sabía.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes Publicado en el periódico “Diócesis de Querétaro” del 14 de diciembre de 2014
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La división de poderes y la verdad
A muchos especialistas en derecho les parece algo sorprendente que en Derecho canónico (el derecho de la Iglesia) los poderes ejecutivo, legislativo y judicial los ostente la misma persona: el Obispo, y el Romano Pontífice; esto porque en las democracias modernas están divididos para garantizar un sano equilibrio. En derecho canónico la interpretación de la norma la hace el legislador, en otros sistemas jurídicos, como el de nuestra Patria, la interpretación de la ley la hace el Poder Judicial Federal.
La Iglesia explica su pensamiento por el concepto de “comunión”, entre otros; pues es la Palabra de Dios la que sustenta tanto los principios teológicos como jurídicos, y es esta Palabra la que indica que la “salvación de las almas” es la suprema ley de la Iglesia; es decir, la autoridad en la Iglesia no puede querer para los súbditos cosa distinta a la que ella aspira, esto hace que tenga instancias de diálogo y participación en los que al final recoge el consenso y se pronuncia en cumplimiento de su oficio. Dice la escritura “Santifícalos en la verdad; tu Palabra es la verdad” (Jn 17, 17). Esto lo dice Jesucristo en el contexto de la última cena, y Él mismo se santifica a través del sacrificio de la cruz; es decir, él muere por estar en la verdad; Pilato le preguntó qué cosa es la verdad y Él calló. ¿Qué es la verdad que hay quien es capaz de morir por ella y quien puede matar para que la verdad no aparezca?
En este México nuestro parece imposible reflexionar sosegadamente los acontecimientos, pues se suceden uno tras otro con tal vértigo que la reflexión parece no tener oportunidad; a eso hay quien le apuesta.
En días recientes México ha dicho adiós a grandes personajes de la cultura y las letras, entre ellos a Vicente Leñero, autor polifacético. En una de sus obras, afirma el periodista: “le faltaba eso que se ve siempre en un periodista nato: carácter, inventiva, empuje, agallas de buen periodista” (La vida que se va. Alfaguara, México 2013, p. 12). Es cierto, es una novela, sin embargo la escribe un periodista, ese que tantos han elogiado por su coherencia e integridad, el que dio las batallas por decir la verdad aún a costa del precio que pagó.
Por otra parte, esta semana que termina, en el contexto de su Informe Anual de Labores, el Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Juan N. Silva Mesa afirmó acerca de los acontecimientos lamentables que México ha vivido, también más allá de sus fronteras, “son motivo de dolor nacional y de profunda indignación, dentro y fuera de nuestras fronteras: violaciones graves a derechos fundamentales, cometidas por quienes deberían brindar seguridad a la población. Nuestra nación se encuentra afectada y no será el transcurso del tiempo, ni el silencio de las instituciones, lo que permita superar la adversidad” (http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/12/11/asiste-pena-nieto-al-informe-del-presidente-de-la-corte-876.html). Esto lo pronunció delante del jefe del Ejecutivo, si bien es cierto que es el poder Judicial quien parece que tiene consigna de legislar a golpe de sentencias.
Sí, fue ese Vicente Leñero, en su decir, el testigo de frases referentes a la verdad, como “No pago para que me peguen”, o “¿Cómo trascender a Julio Scherer?” (Proceso No. 1988); es el mismo Leñero que no tuvo toda la verdad (sólo Dios la tiene) el que nos deja su testimonio, no del llamado “Cuarto poder” (la prensa, también susceptible de corromper), sino de esa fuerza interior que Dios ha puesto en nuestro interior, la verdad, y que no podemos eludir; como católico no vergonzante lo sabía.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
14 de Diciembre de 2014
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Y ahora ¿quién podrá defendernos?
La muerte de Roberto Gómez Bolaños el día 28 de noviembre pasado no sólo conmovió a México, sino a muchas personas también en otros países, pues sus ya famosos personajes traspasaron las fronteras juntamente con sus míticas frases. ¿qué quería expresar con los personajes de su mundo de fantasía? ¿qué nos pueden decir en este momento por el que atraviesa México?
En la vecindad del Chavo del 8 ¿no podríamos ver ahora más que nunca una especie de México surrealista? Es una especie de isla en la que casi nunca cambia nada (este México que no alcanza una verdadera democracia), en la que no se mira hacia fuera o no se permite ver hacia fuera (el migrante que lo intenta termina muerto); vecindad en la que todo parece, como se dice hoy, disfuncional: el Chavo que sufre de una orfandad inexplicable y es el eterno niño que no acaba nunca de crecer (¡cuanta gente buena y talentosa y México sigue igual!); el estómago vacío que sueña siempre con la torta de jamón (¿acaso no tenemos una cruzada contra el hambre y promesas incumplidas que hacen saborearse imaginariamente?); su bondad, que los demás niños advierten más bien como una ocasión para aprovecharse de él (puede usted imaginar aquí cualquier cantidad de situaciones que vive nuestro pueblo); miles de casas que surgen como hongos poco más grandes apenas que un barril.
Ahí ninguna familia es “normal”: a Quico le falta el papá, a la Chilindrina la mamá; a la Bruja del 71 no se le llega el momento del matrimonio y es la eterna enamorada de don Ramón; el señor Barriga que nunca recibe la renta por parte de don Ramón, y por otra parte nunca lo echa fuera realmente; Jaimito que añora su pueblo natal Tangamandapio (que algunos dicen significa ¡“tronco podrido que se mantiene en pie”!) y sus tiempos, y no hace muchas cosas porque quiere “evitar la fatiga” (¿acaso no quisiéramos ver otro Michoacán distinto al violento de hoy?); si queremos rescatarlo será con mucha fatiga y no podemos permitir que el miedo nos paralice (a Jaimito “le da cosa”), de lo contrario llegará su “crepúsculo arrebolado” como permanecía en la memoria del personaje, pero esta vez será de más sangre.
Quico que se siente —en gran medida porque su madre se lo dice— de otra alcurnia y no se junta con la “chusma”, este México de los extremos que hace sean realmente muchos Méxicos, baste ver los datos duros y las estadísticas del INEGI; las fosas clandestinas llenas de cadáveres que fueron considerados por no se quien solamente parte de “la chusma”; la Chilindrina y su eterna necesidad de paternalismo lisonjero: “papito lindo, mi amor, papacito”; el profesor Jirafales y su bien intencionada actitud educativa que nunca llega muy lejos… podríamos seguir pensando en cosas parecidas con la realidad, y más allá de la realidad, surrealistas pues, pero “¡es que no me tienen paciencia!” Descanse en paz el multifacético Roberto, sus personajes seguirán provocando risa y reflexión.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
7 de Diciembre de 2014