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Cumbre de negocios y estudiantes extraviados
En ocasiones por más que tratamos de comprender ciertas cosas nos parece casi imposible. ¿Qué relación puede tener el tema de “México Cumbre de Negocios” en su 12ª edición que se desarrolló en Querétaro del 26-28 de este mes de Octubre que apenas termina, con el tema de los 43 estudiantes que siguen desaparecidos?
Nos limitaremos a decir una palabra sobre la palabra “negocio”, que creo puede unir los dos temas. “Otium” en latín significa: tiempo libre, reposo; inactividad; paz, calma tranquilidad. Cicerón dice “otium litteratum” para indicar el tiempo dedicado al estudio (Tusc. 5, 105). De ahí se deriva nuestra palabra “ocio”. En la concepción romana el “ocio” es la mejor parte de la vida, mientras que el trabajo, tanto el servil como, inclusive, el directivo o autónomo, ser comerciante o terrateniente, y todos esos que hoy se tienen en gran estima porque dan sentido a la vida y son fuente de divisas, era definido de modo negativo: nec-otium, negocio (literalmente no-ocio). El negocio era considerado casi un mal necesario, algo que se substraía a aquello que verdaderamente contaba. La cultura del “otium” significaba tener tiempo para pensar. En griego “otium” se dice “schole”: tiempo libre; de ahí se deriva nuestra palabra “escuela”.
Cierto, las palabras cambian, adquieren nuevos sentidos: quienes las pronuncian también cambian. Nuestro México ha cambiado y quisiéramos que cambie ¿hacia dónde? ¿cómo?. ¿Es la economía la más importante a desarrollar? ¿a qué precio? Es necesario pensar en hacer que nuestra patria tenga una sana economía, para todos. ¿Qué escuela y qué negocios se están proponiendo en el México actual?
Entre los ponentes invitados a la Cumbre de negocios estaba confirmada la presencia de Lech Walesa, ex Presidente de Polonia. Su solo nombre evoca “Solidaridad”, el primer sindicato libre del entonces bloque del Este. Es también premio Nobel de la Paz. ¿Habrá dicho algo semejante personaje, conocedor de tiempos duros en su patria, acerca del emblemático caso de los jóvenes estudiantes desaparecidos en el Estado de Guerrero? ¿o al menos, que pensará de esto?
De entre todas las reformas estructurales que se están dando estos días en nuestra Patria, una es urgente: la reforma personal, libre, convencida hacia las virtudes y valores. No son suficientes la reformas políticas —siempre necesarias—si quienes están llamados a llevarlas a la práctica no lo hacen con virtudes: honestidad, sinceridad, veracidad, justicia, etc. Decía al recién Beato Pablo VI: “Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap. 21, 5; cf. 2 Cor. 5, 17; Gál. 6, 15). Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos” (EN 18). A esta escuela es a la que la Iglesia le apuesta todo.
Monseñor Romero dijo en su día acerca de la realidad de violencia que vivía su Patria, El Salvador: “Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre”. Fue su última homilía, que le costó la vida.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes Publicado en el periódico “Diócesis de Querétaro” del 2 de noviembre de 2014
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Cumbre de negocios y estudiantes extraviados
En ocasiones por más que tratamos de comprender ciertas cosas nos parece casi imposible. ¿Qué relación puede tener el tema de “México Cumbre de Negocios” en su 12ª edición que se desarrolló en Querétaro del 26-28 de este mes de Octubre que apenas termina, con el tema de los 43 estudiantes que siguen desaparecidos?
Nos limitaremos a decir una idea sobre la palabra “negocio”, que creo puede unir los dos temas. “Otium” en latín significa: tiempo libre, reposo; inactividad; paz, calma, tranquilidad. Cicerón dice “otium litteratum” para indicar el tiempo dedicado al estudio (Tusc. 5, 105). De ahí se deriva nuestra palabra “ocio”. En la concepción romana el “ocio” es la mejor parte de la vida, mientras que el trabajo, tanto el servil como, inclusive, el directivo o autónomo, ser comerciante o terrateniente, y todos esos que hoy se tienen en gran estima porque dan sentido a la vida y son fuente de divisas, era definido de modo negativo: nec-otium, negocio (literalmente no-ocio). El negocio era considerado casi un mal necesario, algo que se substraía a aquello que verdaderamente contaba. La cultura del “otium” significaba tener tiempo para pensar. En griego “otium” se dice “schole”: tiempo libre; de ahí se deriva nuestra palabra “escuela”.
Cierto, las palabras cambian, adquieren nuevos sentidos: quienes las pronuncian también cambian. Nuestro México ha cambiado y quisiéramos que cambie ¿hacia dónde? ¿cómo?. ¿Es la economía la más importante a desarrollar? ¿a qué precio? Es necesario pensar en hacer que nuestra patria tenga una sana economía, para todos. ¿Qué escuela y qué negocios se están proponiendo en el México actual?
Entre los ponentes invitados a la Cumbre de negocios estaba confirmada la presencia de Lech Walesa, ex Presidente de Polonia. Su solo nombre evoca “Solidaridad”, el primer sindicato libre del entonces bloque del Este. Es también premio Novel de la Paz. ¿Habrá dicho algo semejante personaje, conocedor de tiempos duros en su patria, acerca del emblemático caso de los jóvenes estudiantes desaparecidos en el Estado de Guerrero? ¿o al menos, que pensará de esto?
De entre todas las reformas estructurales que se están dando estos días en nuestra Patria, una es urgente: la reforma personal, libre, convencida hacia las virtudes y valores. No son suficientes la reformas políticas —siempre necesarias—si quienes están llamados a llevarlas a la práctica no lo hacen con virtudes: honestidad, sinceridad, veracidad, justicia, etc. Decía al recién Beato Pablo VI: “Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: «He aquí que hago nuevas todas las cosas» (Ap. 21, 5; cf. 2 Cor. 5, 17; Gál. 6, 15). Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos” (EN 18). A esta escuela es a la que la Iglesia le apuesta todo.
Monseñor Romero dijo en su día acerca de la realidad de violencia que vivía su Patria, el Salvador: “Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre”. Fue su última homilía, que le costó la vida.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
2 de Noviembre de 2014
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La dictadura perfecta
¿Cómo explicar a los más jóvenes que preguntan sobre la película “La dictadura perfecta” al menos el nombre de la misma sin entrar en temas de crítica de cine o temas de política? Ambas cosas rebasan nuestra capacidad, vocación e intensión. Sin embargo no podemos eludir nuestra responsabilidad personal y de pastores al compartir con todos el mismo mundo, ese que necesita ser evangelizado, es decir, ser llenado de “buenas noticias” en momentos como estos por los que atraviesa nuestra patria.
En primer lugar, es necesario remontarnos al año de 1990 cuando el escritor peruano Mario Vargas Llosa (Premio Novel de literatura 2010) en un encuentro de intelectuales de dos continentes, el europeo y el americano, afirmó que “México es la dictadura perfecta”. Tal afirmación suscitó en su momento una serie de comentarios y debates. Él dio sus razones personales por tal afirmación.
Hay otra pregunta que es difícil responder: ¿cómo es posible que 43 jóvenes estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, Gro., puedan desaparecer sin dejar rastro y que hasta el día de hoy (a casi un mes del hecho) no se informe puntualmente de su paradero y de todos los responsables que también dieron muerte a 6 personas el mismo día? ¿Cómo entender que en la búsqueda de esos jóvenes se hayan encontrado fosas llenas de cadáveres y parece que a estos hechos se les restó importancia sólo porque, dicen, no eran cadáveres de los estudiantes? Podrían hacerse miles de preguntas parecidas.
Este jueves 23 de octubre del presente, el Papa Francisco recibió en audiencia a la Delegación de la Asociación Internacional de Derecho Penal; en su discurso el Papa en primer lugar les manifestó su “agradecimiento personal, por su servicio a la sociedad y la preciosa contribución que hacen al desarrollo de una justicia que respete la dignidad y los derechos de la persona humana, sin discriminaciones”. El Papa advirtió también de algunos peligros que amenazan la paz y la justicia en todo el mundo; entre otros, dijo, está el peligro de dos premisas de naturaleza sociológica: la que se refiere a la incitación a la venganza y el populismo penal. Respecto a la primera, advirtió: “vivimos tiempos en los cuales, tanto por algunos sectores de la política como de parte de algunos medios de comunicación, se incita a veces a la violencia y a la venganza, pública y privada, no sólo contra quienes son responsables de delitos cometidos, sino también contra aquellos sobre los cuales recae la sospecha, fundada o no, de haber infringido la ley”; respecto al segundo tema dijo que en las últimas décadas “no se buscan solamente chivos expiatorios que paguen con su libertad y con su vida por todos los males sociales, como era típico en las sociedades primitivas, sino que a veces más allá de esto existe la tendencia a construir deliberadamente enemigos: figuras estereotipadas, que concentran en sí mismas todas las características que la sociedad percibe o interpreta como amenazantes. Los mecanismos de formación de estas imágenes son los mismos que, en su momento, permitieron la expansión de las ideas racistas”.
Afirmó también algunas palabras que podrían explicar las preguntas que nos hacemos no sólo los mexicanos, sino en todos los rincones de la tierra aquellos que sufren la muerte violenta de sus seres queridos y la desaparición forzada de tantos otros: “San Juan Pablo II condenó la pena de muerte (cfr. Carta Enc. Evangelium vitae, n. 56), como hace también el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2267). Sin embargo, se puede dar el hecho que los Estados quiten la vida no solo con la pena de muerte y con guerras, sino también cuando oficiales públicos se refugian a la sombra de las potestades estatales para justificar sus crímenes. Las llamadas ejecuciones extrajudiciales o extralegales son homicidios deliberados cometidos por algunos Estados y por sus agentes, frecuentemente se hacen pasar como conflictos entre delincuentes o presentados como consecuencias indeseables por el uso razonable , necesario y proporcional de la fuerza para hacer aplicar la ley. De este modo, si bien de entre los 60 países que mantienen la pena de muerte, 35 no la han aplicado en los últimos diez años, la pena de muerte, ilegalmente y en diversos grados, se aplica en todo el planeta”.
Por eso se hace necesario dar respuestas creíbles a los temas planteados por los jóvenes, no sólo por el caso de Ayotzinapa, Tlatlaya y el de Ricardo de Jesús Esparza Villegas en Guanajuato, sino de todas las preguntas por la dignidad humana lastimada en cada rincón del planeta; si se hace, como esperamos que sea, se fortalecen nuestras instituciones.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
26 de Octubre de 2014
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Hablar con intrepidez y escuchar con humildad
¿Qué podemos esperar del Sínodo de los Obispos? ¿Una especie de debate parlamentario en el que las diversas facciones defienden sus propios intereses e ideologías?
Esta es ciertamente una tentación por la condición humana de la iglesia, y la historia puede dar tristemente cuenta de ello: cuando las personas de iglesia olvidamos la centralidad de Jesucristo y de su evangelio, entonces se pretende ingenuamente conducir la barca de la iglesia por derroteros equivocados; por eso el pasado lunes 6 de octubre del presente, al dar comienzo el trabajo del Sínodo de los Obispos, al inicio de la Primera Congregación General el Papa Francisco dirigió un saludo a los asistentes, recordándoles que hay un largo trabajo previo que se ha realizado con “dedicación, paciencia y competencia” (pues no bastan las buenas intenciones), todo esto, dijo, “leyendo, valorando y elaborando los temas, los textos y trabajos” del Sínodo.
Luego explicó en qué consiste la “sinodalidad” al recordarles que cada uno es portavoz de las diferentes Iglesias particulares (que son principalmente las diócesis) y que éstas se reúnen a nivel de Iglesias locales a través de las Conferencias Episcopales. Explicó también la naturaleza de la Iglesia universal y las Iglesias particulares, que son dijo, aquella de institución divina, mientras que las Iglesias locales son de institución humana.
Pidió que todos hablaran claro, con parresía. Este concepto griego aparece sobretodo en el libro de los Hechos de los Apóstoles (2, 29; 4, 13. 29. 31; 9, 27. 28; 13, 46; 14, 3; 18, 26; 19, 8. 26; 28, 31) y puede significar: franqueza, valentía, intrepidez, entusiasmo, vigor. Más aún, pidió que se hable sin respetos humanos, sin timidez; no hacerlo así, dijo, ¡sería faltar a la sinodalidad!
Al mismo tiempo, afirmó, “se debe escuchar con humildad y recibir con corazón abierto aquello que dicen los hermanos. Con estas dos actitudes se ejercita la sinodalidad”, y reiteró: “les pido por favor, estas dos actitudes de hermanos en el Señor: hablar con parresía y escuchar con humildad”. La humildad es la verdad, enseñaba Santa Teresa de Ávila, doctora de la Iglesia. Sí, al Sínodo se va a buscar la verdad. Ya en su Exhortación Apostólica “La alegría del Evangelio” Francisco afirmaba: “destaco que lo que trataré de expresar aquí tiene un sentido programático y consecuencias importantes” (n. 25); el Sínodo es parte de estas consecuencias de la intención del Papa, por eso ya desde ese momento afirmaba: “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio (n. 20). El Sínodo es esa escucha mutua que manifiesta las diferentes realidades y desafíos que se presentan a la Iglesia y lo que unifica a todos es la escucha de la Palabra de Dios (cfr. Jn 17, 17), por eso las respuestas tienen que surgir en un ambiente de oración, “de rodillas”, como ya se lo expresó al Cardenal Kasper en el Consistorio de febrero pasado. Ya san Juan Pablo II afirmó: “debéis ser como los primeros cristianos e irradiar entusiasmo y valentía, con generosa entrega a Dios y al prójimo; en una palabra, debéis tomar el camino de la santidad” (RM 91).
El Sínodo busca cómo dar respuesta a los desafíos actuales que impiden a los cristianos vivir fielmente el Evangelio, pero hay que recordar una vez más lo que dice Francisco: “Toda la renovación de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocación […] sin «fidelidad de la Iglesia a la propia vocación», cualquier estructura nueva se corrompe en poco tiempo” (EG 26).
El Papa terminó su saludo recordándonos la clave visible de la unidad en la diversidad: “el Sínodo se desarrolla siempre cum Petro et sub Petro (con Pedro y bajo Pedro), y la presencia del Papa es garantía para todos y custodia de la fe”. En estos momentos que vive nuestra patria llevemos esta enseñanza del Papa sobre el Sínodo a todos los ámbitos de nuestra vida, si hacemos esto podrán volver la paz y la justicia.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
12 de Octubre de 2014
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Las ciudades
Una vez más Querétaro saltó a la fama esta semana que termina, la noticia de la detención de Héctor Beltrán Leyva, presunto líder del cártel de Los Beltrán Leyva dio la vuelta al mundo: lo detuvieron en San Miguel de Allende, Gto., pero vivía en Querétaro; llevaba dicen, un estilo de vida un tanto discreto para pasar desapercibido en la ciudad.
En el Estado de Guanajuato nació el famoso cantautor y psicólogo de México: José Alfredo Jiménez; siempre he tenido la idea que fue un filósofo existencialista, muy a la mexicana por supuesto y orgullosamente. En el ’68 tenía 42 años, Sartre contaba ya 63 y Camus 55. ¿Acaso no es una nausea existencial el “que me sirvan de una vez pa’ todo el año” y no suena a sin sentido y absurdo su “la vida no vale nada, comienza siempre llorando y así llorando se acaba”, evocando a Camus?
En su canción “Las ciudades” José Alfredo expresa en uno de sus versos:
“Las distancias apartan las ciudades,
las ciudades destruyen las costumbres”.
Querétaro y san Miguel de Allende siempre han sido cercanas y no sólo en las distancias sino también en su vocación católica e insurgente, hoy en el turismo y los tristes cambios de las costumbres de las que los medios de comunicación dan cuenta en estos días. Y no sólo estas ciudades, éstas son una muestra más de eso que el sociólogo polaco Zygmunt Bauman llama la “vida líquida”: es decir, “la manera habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas” y una de cuyas características es que no mantienen ningún rumbo determinado, puesto que no mantienen por mucho tiempo la misma fisonomía; y esto define el estilo de vida de los ciudadanos: la precariedad y la incertidumbre constantes. En palabras del autor citado la sociedad “moderna líquida” es aquella “en que las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en unas rutinas determinadas”; las características de las “ciudades líquidas” son el consumismo, lo desechable, la rapidez con que cambian las cosas, el desarraigo del terruño, el relativismo, etc. Se olvida en este estilo de vida la eternidad, pero se apuesta al infinito: vivir al límite en una sola vida aquí y ahora lo que antes se esperaba vivir en la eternidad; lo que importa es la velocidad y no la duración. A este estilo de vida se sienten atraídos sobremanera no sólo los jóvenes, sino muchos de quienes detentan el poder.
Bauman en su obra “Vida líquida” (Paidós, México 2013) cita a Ítalo Calvino a propósito de su obra “Las ciudades invisibles”, y dice cómo en Eutropía, una de sus ciudades fantásticas, los habitantes, en cuanto “se sienten presa del hastío y ya no pueden soportar su trabajo ni a sus parientes ni su casa ni su vida”, “se mudan a la ciudad siguiente”, donde “cada uno de ellos se conseguirá un nuevo empleo y una esposa distinta, verá otro paisaje al abrir la ventana y dedicará el tiempo a pasatiempos, amigos y cotilleos diferentes”. Cosa nada distante de lo que ahora presenciamos; tal vez eso mismo intuía en la misma canción José Alfredo, pues empieza diciendo:
“Te vi llegar y sentí la presencia de un ser desconocido,
Te vi llegar y sentí lo que nunca jamás había sentido”.
Si bien él lo decía de una persona en especial, como seguramente así fue, podríamos extenderlo a esta imagen del “hombre líquido” que tristemente se aproxima cada vez más a las ciudades de nuestra patria, con la complacencia muchas veces, al menos por omisión, de los que anhelamos un estilo de vida alternativo: ciudades en paz, de trabajo, fraternas, justas, libres.
Filiberto Cruz Reyes
5 de Octubre de 2014
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El relativismo como nihilismo
En este mes patrio, uno de los motivos para llamarlo así, es el tema de los llamados “niños héroes” que murieron durante la batalla de Chapultepec los días 12 y 13 de septiembre de 1847, durante la guerra contra Estados Unidos. Uno de los mitos en torno a este acontecimiento es que uno de ellos, Juan de la Barrera o Juan Escutia, se arrojó al vacío en un acto suicida envuelto en la bandera para que ésta no cayera en manos del enemigo. Se arrojó al vacío, a la nada.
Más allá de lo que este acontecimiento tiene de leyenda, el hecho es que el ser humano siempre tiene ante sí el vacío, la nada, como una experiencia siempre posible; ya el filósofo francés Jean Paul Sartre definía al hombre como “el ser por el cual la nada viene al mundo”. “Nada” en latín, se dice “nihil”, y este concepto ha dado origen a una corriente de pensamiento en épocas más o menos recientes que se ha dado en llamar “nihilismo”, en relación con el “existencialismo”. De los primeros autores en usarlo fue el ruso Iván Turgenev (también escrito Turgueniev) en su novela Padres e hijos (1860-1862), en donde expresa a propósito de uno de sus personajes, que es presentado como materialista y nihilista, diciendo que “es un hombre que no se inclina de frente a ninguna autoridad, que no asume ningún principio como dogma de fe, independientemente del respeto del cual este principio esté circundado”.
El choque de formas de ver la vida entre una generación y otra es hasta cierto punto normal, pues la realidad va cambiando, sin embargo, la naturaleza humana permanece; cambian los contextos, las virtudes y los vicios son siempre más o menos los mismos en nuevas situaciones. Hoy muchos de nuestros jóvenes se siguen arrojando al vacío, a la nada, pero ya no por ideales o valores, sino por la ausencia de ellos.
Existen ciertas corrientes de nihilismo intelectual que han hablado acerca del conocimiento humano, que hasta donde parece, se funda sobre la capacidad de distinguir la apariencia de la realidad. Al constatarse que los sentidos pueden percibir algo como distinto a lo que la razón nos dice (el ejemplo de un objeto recto que al introducirlo al agua parece que está doblado nos puede ayudar), puede llevar a alguien a dudar de la total incapacidad real de poder conocer la realidad así como es en sí misma, tendríamos que conformarnos con una interpretación de la misma, o peor aún, con una “construcción” de la misma. Luego entonces, cada quien tiene su verdad: relativismo puro. Frente a este relativismo nos rescata la experiencia del actuar práctico y del avance innegable de la ciencia.
Está otra vertiente de este relativismo, el que se refiere a la voluntad: el ser humano como la única medida de su propio actuar, negando toda norma moral. Ya antes que Nietzsche, Max Stirner había afirmado a propósito de esto: “Yo no soy la nada en el sentido de ‘vacío’, sino soy la nada creadora, aquella nada de la cual yo mismo, como creador, creo todo”. Luego Nietzsche desarrollará todo su tema de la voluntad de poder: “En la vida no existe nada que tenga valor más allá del grado de poder, puesto que la vida no es otra cosa que la voluntad de poder”. De este modo el nihilista oscila entre una autoreferencialidad (cosa que Francisco ha combatido a propósito de la Iglesia) y una desesperación profunda, puesto que cuando nos volvemos autoreferencia al hacer sólo y todo lo que nosotros consideramos como bueno y correcto, todo lo demás pierde su sentido, se vuelve relativo; por eso san Juan Pablo II afirmó: “En la interpretación nihilista la existencia es sólo una oportunidad para sensaciones y experiencias en las que tiene la primacía lo efímero. El nihilismo está en el origen de la difundida mentalidad según la cual no se debe asumir ningún compromiso definitivo, ya que todo es fugaz y provisional” (Fides et ratio n. 46).
El relativismo en todas sus modalidades es pues un nihilismo, tal vez una de sus manifestaciones es el lanzarse a la nada por nada, característica de las grandes ciudades: el suicidio, del cual nuestra Patria no está exenta en diversos modos. Salvemos a nuestros jóvenes con fe y razón. ¡Viva México!
Filiberto Cruz Reyes
21 de Septiembre de 2014
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Fe, Razón y Patria
Septiembre, el llamado mes patrio, evoca una serie de situaciones difíciles en la configuración de México en los ya dos siglos recientes.
Aunque en ciertos momentos se quiera ignorar el papel de la Iglesia en este proceso, es imposible: fueron hombres de Iglesia, y más específicamente de la Católica, quienes iniciaron el movimiento libertario. Fue en el contexto de una fiesta patronal que inicia el éxodo mexicano, el camino hacia la libertad. Era la fiesta litúrgica de nuestra Señora de los Dolores, en el pueblo de Guanajuato que lleva su nombre, cuando el Cura Miguel Hidalgo aprovechando la concurrencia de la feligresía con motivo de la fiesta convocó a iniciar el camino hacia la independencia enarbolando la imagen de la Virgen de Guadalupe, marcando así de modo imborrable la vocación mariana del pueblo naciente. Hidalgo no fue el único sacerdote que participó en este proceso social, junto con él y, de los más conocidos, está el Generalísimo Morelos.
Uno de los temas de fondo que subyacen a las decisiones de los hombres de Iglesia que participaron en la gesta libertaria es el tema de la guerra justa y sus interrogantes: ¿se puede uno sublevar frente al orden imperante al ser considerado esencialmente injusto?, ¿la rebelión causaría más males que la misma opresión y tiranía que se pretendía combatir o los aboliría?, ¿existen otros caminos para alcanzar el objetivo sin recurrir a la violencia, pues contradice esencialmente los principios cristianos?, etc. En otras palabras ¿cómo hacer patria en ese momento sin contradecir la propia religión?
En la sentencia de degradación contra Morelos se puede leer: “Y damos por lo que a nos toca nuestra facultad a cualquier sacerdote, para que en ambos fueros lo absuelva de las censuras en que ha incurrido, si arrepentido lo pidiese”. Esto implicaba que Morelos reconociera los delitos de los que lo acusaban sus enemigos: sólo si renegaba de su vida revolucionaria podría permanecer en comunión con la iglesia y recibir los sacramentos. Estaba en un callejón sin salida aparente, entre sus dos amores: la religión y la patria. Dos cosas de las que siempre intentó hacer síntesis, con su pensamiento y con su acción.
“Te deponemos, degradamos, despojamos y sacamos de toda orden, beneficio y privilegio clerical…”, escuchó Morelos entre otras cosas el día lunes 27 de noviembre de 1815 al ser degradado y luego dejado a la jurisdicción militar.
Será complejo todo lo que antecedió a la muerte finalmente de Morelos, hombre que quiso ser fiel a Dios, a sus hermanos y a la Patria naciente, y que en un torbellino violento se vio envuelto en cosas tan humanas y de ciertos excesos como el fusilamiento de varios jefes realistas en Oaxaca y el degüello de varios españoles como represalia por la muerte de Matamoros, en ese intento de construir una sociedad más humana, justa y libre.
Morelos se debatió entre la fe y la razón, no porque opusiera la una a la otra, sino porque en ciertos momentos excepcionales se suceden los acontecimientos tan rápido y tan fuerte que es necesario hacer opciones sin que haya oportunidad de meditarlos tal vez lo suficiente. Fue hijo de su tiempo y sembró para una reflexión sobre la fidelidad a la Patria, a la Iglesia, a Dios.
También hoy la iglesia católica es protagonista de la construcción de nuestra Patria, sobre todo educando a sus miembros en la caridad, la fe y la razón para construir una sociedad en la que se respeten las diferencias, incluida ella misma, pues ha estado presente desde el inicio. ¿Quién estaría hoy dispuesto a morir por la Patria antes que servirse de ella?
Filiberto Cruz Reyes
14 de Septiembre de 2014
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Alas y raíces
Este 4 de septiembre, el Papa Francisco habló con cinco niños, uno de cada continente (Turquía, Israel, Sudáfrica, El Salvador y Australia eran los países participantes), con motivo del lanzamiento de la Plataforma Digital Scholas Occurrentes, cuyo objetivo es “que la tecnología nos ayude a conocernos y construir una cultura de la paz”.
Uno de ellos, desde Estambul le preguntó al Pontífice: “el futuro ¿será mejor o será peor?” A lo que él respondió: “¿sabéis dónde está el futuro? Está en tu corazón, está en tu mente y está en tus manos?”. Con esto el Papa hacía referencia a la forma de sentir, de pensar y de actuar que se requiere para hacer el bien. Agregó también el Papa: el futuro está en los jóvenes, pero se requieren jóvenes con alas y con raíces; “alas para volar, para soñar, para crear y que tengan raíces para recibir de los mayores la sabiduría que nos dan los mayores. Por eso el futuro está en las manos de ustedes si tienen alas y raíces”. El Papa exhortó a los jóvenes a animarse a tener alas, a soñar un mundo mejor, a protestar contra las guerras, y a respetar la sabiduría que se ha recibido de los mayores: de los padres, de los abuelos, de los mayores del propio pueblo.
El niño sudafricano le dijo al Papa en excelente español: “voy a hacer unas preguntas, no se ponga nervioso”. Esto ocasionó la risa de todos los presentes. A él el Papa dijo que la juventud hoy necesita tres pilares: educación, deporte y cultura. El deporte es importante dijo el Papa, porque enseña a jugar en equipo, salva del egoísmo; hay que trabajar en equipo y andar el camino de la vida en equipo.
Al niño salvadoreño el Pontífice le dijo: “cuidado con las maras, porque así como existen puentes que los unen a ustedes, también existen comunicaciones para destruir. Estén bien alertas, cuando hay grupos que buscan la destrucción, que buscan la guerra, que no saben trabajar en equipo, defiéndanse entre ustedes, como equipo, como grupo, y trabajen fuerte […] sigan adelante por este camino de trabajar en equipo y defenderse de aquellos que quieren atomizarlos y quitarles esa fuerza del grupo”.
El Papa terminó diciendo a todos los jóvenes las palabras de Jesucristo: “no tengan miedo […] sueñen el futuro volando pero no olviden la herencia cultural, sapiencial y religiosa que les dejaron sus mayores”.
Esto lo dice un hombre que tiene 78 años, que es hijo de emigrantes italianos, que estudió química, luego entró al seminario, para posteriormente enseñar literatura y psicología, que vivió en Chile, España y Alemania; fue párroco, Superior Provincial de los Jesuitas en Argentina, etc., un hombre que ha soñado alto y se ha dejado conducir por Dios y por la espiritualidad de sus mayores, tanto los de su congregación como por los de su pueblo y su familia; él lo sabe, hoy se necesitan maestros que nos enseñen a vivir en un mundo a veces poco esperanzador; pero el cristiano tiene hermanos mayores que le han precedido hace ya dos mil años, de manera especial están los santos como maestros de vida, que vivieron sin miedo, innovando en la fidelidad a la Palabra que no pasa. Es francisco una persona que siempre ha vivido con sencillez y austeridad, pero intensamente, con alas y raíces de las que nos provee la Iglesia. Este espacio se llama “El arte es largo, la vida breve” (Ars longa, vita brevis) porque tenemos conciencia que los santos son para nosotros maestros de vida, nos educan con la memoria y la profecía, con las raíces y las alas.
Filiberto Cruz Reyes
7 de Septiembre de 2014
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El verdadero problema
Premio Novel de literatura, Albert Camus, escribió un ensayo titulado El mito de Sísifo; en él decía que solamente hay un verdadero problema filosófico: descubrir si la vida vale la pena vivirse, y que si la respuesta es no, sólo queda una salida: el suicidio.
Querétaro ha visto en días recientes el suicidio número 57, según datos que han difundido los medios de comunicación. Las estadísticas muestran que son los países más altamente industrializados quienes tienen el mayor índice de suicidios; muestran también qué hora del día, qué días de la semana o estaciones del año tienen la mayor incidencia. La Iglesia, también hija de su tiempo, en algún momento prohibió realizar exequias a quien atentaba contra su propia vida. Hoy, conocedora también del avance de las ciencias humanas, ha dejado esa práctica sabiendo que son muchos los factores que influyen para realizar un acto de este género, indicando además a los Pastores de almas una especial cercanía a los familiares de las víctimas del peso de la vida y de las enfermedades.
El Papa Francisco ha insistido en luchar contra la cultura de la exclusión, del “descarte” como él dice. ¿Qué lleva a alguien al “autodescarte”? Muchos deben ser los factores, pero una cosa es segura: crecimiento poblacional, técnico o económico, entre otros, no son sinónimo de verdadero desarrollo.
Camus decía que el hombre se pregunta por el sentido del mundo, pero que el mundo permanece mudo; así, la actividad rutinaria y monótona del hombre (Sísifo que condenado a subir su piedra esférica a la montaña, al legar a la cumbre contempla cómo la piedra rueda una y otra vez hacia abajo, descubre que su verdadero castigo no es tanto el esfuerzo físico al que se ve sometido, sino la conciencia que de ello tiene al ir bajando por ella nuevamente) le pone al riesgo de la desesperanza. Decía Camus, no estamos desesperados, simplemente no hay esperanza, y frente a todos los grandes males que experimenta el hombre sólo le queda el recurso de la ciencia y de la técnica para hacer menos trágica su existencia.
El cristiano sabe que tenemos esperanza y que el esfuerzo cotidiano da sentido a su propia existencia, pues las actividades cotidianas no son un fin en sí mismas, sino medios para alcanzar la propia realización, y cada actividad realizada con amor está llena de eternidad, lejos de la recompensa inmediata y sensible, efímera.
Ningún problema puede ser mayor que la persona misma, el perdón de Dios y de los demás abren nuevos horizontes y posibilidades en nuestra vida. La solidaridad fraterna nos arrebata de las garras de la soledad y la miseria humanas. La grandeza de un pueblo no se mide por la extensión geográfica o económica, sino por la calidad y sentido de la existencia de cada uno de sus integrantes, sobre todo de los más pequeños, enfermos e inútiles a los ojos del mundo.
Mientras un solo herman@ renuncie a su propia vida, no podemos decir que hay verdadero desarrollo, no al menos para todos, y así, la comunidad está incompleta. El verdadero problema no son los problemas, sino qué hacemos frente a ellos. Un abrazo fraternal en silencio y respeto a todos los que sufren por la ausencia de sus seres queridos.
Filiberto Cruz Reyes
31 de Agosto de 2014
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Línea directa
Especular sobre las motivaciones e intereses de grupos y personas frente a las variadas circunstancias de la vida puede ser un “pasatiempo” sin límites y además con sabor marcadamente tendencioso.
Durante el regreso de su viaje apostólico a la república de Corea, el Papa Francisco ofreció una extensa entrevista a los periodistas que cubrían dicho viaje con motivo de la VI Jornada de la Juventud Asiática. En ella expresó su pensar acerca de varias situaciones que se vislumbran dentro de su actividad como sucesor de Pedro. Le hicieron el siguiente cuestionamiento: “Como sabe, las fuerzas militares de los Estados Unidos han comenzado a bombardear hace poco a terroristas de Irak para evitar un genocidio, para proteger el futuro de las minorías, entre los que hay católicos, bajo su guía. ¿Aprueba usted este bombardeo americano?”. Con la sencillez y modo directo que le caracterizan respondió: «“Gracias por esta pregunta tan clara. En estos casos, cuando hay una agresión injusta, sólo puedo decir que es lícito detener al agresor injusto. Subrayo el verbo: detener. No digo bombardear, declarar la guerra, sino detenerlo. Habrá que estudiar los medios con los que se le puede detener. Detener al agresor injusto es lícito […] Una sola nación no puede determinar cómo detener a un agresor injusto. Después de la Segunda Guerra Mundial, surgió la idea de las Naciones Unidas: es allí donde se debe discutir, decir: “¿Se trata de un agresor injusto? Parece que sí. ¿Cómo detenerlo?”. Solamente así, nada más.»
El Papa habla directo y agradece que le hagan la pregunta directa, no esconde motivaciones ni intereses oscuros: su respuesta e interés es en favor de la justicia, su motivación el bien común, mismo que se traduce en responsabilidad común al momento de decidir, cosa que también es un derecho de la comunidad internacional congregada en la ONU; invoca un Estado de Derecho internacional, por decirlo de algún modo.
Y no habla para tomar distancia o contestando cosas que no se le preguntan —como sucede con tantos personajes que parecen esquizofrénicos intelectuales que no relacionan pregunta con respuesta, teoría y práctica—; cuando se le interroga acerca de la posibilidad de que viaje a Irak contesta: “Si fuese necesario, cuando volvamos de Corea, podemos ir allí. Era una posibilidad. Ésta es la respuesta: Estoy dispuesto. En este momento no es lo mejor que se puede hacer, pero estoy dispuesto”. En ese contexto afirma que hizo un comunicado que envió a todas las Nunciaturas para que lo transmitieran a los gobiernos, luego la Carta al Secretario General de la ONU y finalmente envió al Cardenal Filoni como representante personal al mismo lugar de los hechos.
Este 21 de agosto se ha dado a conocer el tema para la próxima Jornada Mundial de la Paz, a celebrarse el 1 de Enero de 2015: “Ya nunca más esclavos, sino hermanos”. En el Comunicado de presentación, el Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz afirma que: “La esclavitud hiere mortalmente dicha fraternidad universal y, por tanto, la paz. La paz, en efecto, tiene lugar cuando el ser humano reconoce, en el otro, un hermano que posee la misma dignidad”. Esto se puede ligar al tema de la libertad religiosa a la que todo ser humano tiene derecho, y que cuando se vulnera suceden casos actuales como el de Irak, en el que las minorías étnicas y religiosas ven vulnerada su dignidad y derechos, entre otros el de la libertad religiosa. Ahí mismo se afirma que “El Mensaje del Santo Padre es enviado a las Cancillerías de todo el mundo e indica además la línea diplomática de la Santa Sede para el año que comienza”. Francisco no busca falsos y mundanos protagonismos, ni primeras páginas para vanagloria humana, sino que compromete su vida misma e invita a sus colaboradores a hacer lo mismo, así se entienden sus largos y cansados viajes para promover la paz, aún a sabiendas de que esto le traiga como consecuencia que sólo pueda haber Francisco para dos o tres años más, como expresó en la misma entrevista de rueda de prensa.
¿Qué tanto estamos dispuestos a jugarnos con Francisco? Demostrémoslo. Nos ha dado línea directa.
Filiberto Cruz Reyes
24 de Agosto de 2014