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Con la sabiduría De los Santos

Pbro. Filiberto Cruz Reyes
A la Parroquia Jesús de Nazareth con gratitud en su 12º aniversario de erección canónica
Llegada a su fin la “XIV Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos” realizada del 4 al 25 de Octubre de este 2015 en la ciudad del Vaticano, se le presentó al Obispo de Roma, el Papa Francisco, la Relación final. El Sínodo abordó el tema de “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”.
No es la primera vez que el Sínodo trata este tema. Ya con fecha de 22 de noviembre de 1981, aparecía la publicación de la Exhortación Apostólica “Familiaris consortio”, del Papa Juan Pablo II, en la que afirmaba: “Una señal de este profundo interés de la Iglesia por la familia ha sido el último Sínodo de los Obispos, celebrado en Roma del 26 de septiembre al 25 de octubre de 1980. Fue continuación natural de los anteriores. En efecto, la familia cristiana es la primera comunidad llamada a anunciar el Evangelio a la persona humana en desarrollo y a conducirla a la plena madurez humana y cristiana, mediante una progresiva educación y catequesis” (n. 2). Dicho documento lleva como subtítulo “Sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual”. Ahora el sínodo ha discernido no solo sobre la misión de la familia, sino sobre lo que está llamada a ser, por eso el tema fue también sobre la vocación de la familia, pues en estos días se han cuestionado principios fundamentales que parecían inamovibles; una reflexión no solo sobre la misión de la familia en el mundo, como fue en 1980, sino hoy también al interior de la Iglesia, pues la crisis sobre la familia ha tocado el seno mismo de la Iglesia: la familia también es hija de su tiempo.
La intención del sínodo no ha sido el dar “recetas” sobre ciertos desafíos vistos de modo aislado, sino el de mirar en un horizonte más amplio y darles a las familias el “ánimo de toda la Iglesia que unida a su Señor y dirigida por la acción del Espíritu Santo, sabe que tiene una palabra de verdad y de esperanza para dirigir a todos los hombres” (n. 1).
La Relación contiene, luego de una Introducción, tres partes y una Conclusión:
I Parte: La iglesia en escucha de la familia:
- Capítulo I: La familia y el contexto antropológico-cultural.
- Capítulo II: La familia y el contexto socio-económico.
- Capítulo III: Familia, inclusión y sociedad.
- Capítulo IV: Familia, afectividad y vida.
II Parte: La familia en el plan de Dios.
- Capítulo I: La familia en la historia de la salvación.
- Capítulo II: La familia en el Magisterio de la Iglesia.
- Capítulo III: La familia en la doctrina cristiana.
- Capítulo IV: Hacia la plenitud eclesial de la familia.
III Parte: La misión de la familia.
- Capítulo I: La formación de la familia.
- Capítulo II: Familia, generación, educación.
- Capítulo III: Familia y acompañamiento pastoral.
Conclusión
En la Conclusión los Padres sinodales dicen: “Esperamos que el fruto de este trabajo, ahora entregado en las manos del Sucesor de Pedro, de esperanza y alegría a muchas familias en el mundo, orientaciones a los pastores y a los agentes de pastoral y estímulo a la obra de la evangelización. Concluyendo esta Relación, pedimos humildemente al Santo Padre que valore la oportunidad de ofrecer un documento sobre la familia, para que en ella, Iglesia doméstica, resplandezca siempre más Cristo, luz del mundo” (n. 94).
Dios ha suscitado siempre hombres y mujeres que con sabiduría, esa que viene de Dios, han sabido proponer nuevos caminos por los cuales la Iglesia debe transitar; éstos son los Santos a quienes hoy celebramos todos juntos en esta Solemnidad de Todos Santos. La mañana de este viernes 30 de octubre el Papa Francisco recibió a un grupo de peregrinos salvadoreños que acudieron a Roma a darle gracias por la beatificación de Mons. Öscar Arnulfo Romero. El Papa les dijo que Romero había vivido “el dinamismo de las bienaventuranzas”, y que su martirio “no ocurrió solo en el momento de su muerte; fue un martirio-testimonio, sufrimiento anterior, persecución anterior, hasta su muerte. Pero también posterior, porque una vez muerto —yo era un joven sacerdote y fui testigo— fue difamado, calumniado, mancillado, o sea, su martirio continuó incluso por parte de sus hermanos en el sacerdocio y en el episcopado”.
Estas experiencias de los santos son las que dan sabiduría a la Iglesia.
1º de Noviembre de 2015
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Iglesia sinodal: Caminar juntos

Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
El 8 de diciembre de 1965 terminaba el Concilio Vaticano II, es decir, la reunión de todos los Obispos católicos del mundo, realizada en la ciudad del Vaticano. Pocos días antes, el 15 de septiembre, el Papa Pablo VI creaba el Sínodo de los Obispos, que en sus propias palabras sería el “consejo estable de Obispos para la Iglesia universal, sujeto directa e inmediatamente a Nuestra autoridad”. Es decir, frente a la imposibilidad de reunir a todos los Obispos católicos del mundo de manera frecuente, éstos enviarían a sus representantes de manera constante para reunirse con el Romano Pontífice cuando éste los convoque, y los fines de estas reuniones serán:
“1. Los fines generales del Sínodo de los Obispos son:
a) fomentar la íntima unión y colaboración entre el Sumo Pontífice y los Obispos de todo el mundo;
b) procurar que se tenga conocimiento directo y verdadero de las cuestiones y de las circunstancias que atañen a la vida interna de la Iglesia y a su acción propia en el mundo actual;
c) facilitar la concordia de opiniones, por lo menos en cuanto a los puntos fundamentales de la doctrina y en cuanto al modo de proceder en la vida de la Iglesia.
- Los fines especiales y próximos son los siguientes:
a) intercambiarse noticias oportunas;
b) dar consejo acerca de aquellas cuestiones para las que sea convocado el Sínodo en cada ocasión” (Carta Apostólica “Apostolica sollicitudo”, Pablo VI, 15 de septiembre de 1965).
El sábado 17 de este mes de octubre el Papa francisco pronunció un discurso con motivo del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos. En este texto Francisco insiste en “la necesidad y la belleza de «caminar juntos»”. Caminar juntos puede resultar algo no fácil cuando los individualismos que proceden del egoísmo se manifiestan de diversas maneras en la vida de la iglesia, por ejemplo en protagonismos temerarios y enfermizos; en envidias que terminan dañando a quien se considera una amenaza potencial para los propios fines (ahí está la vida del Beato Antonio Rosmini como un ejemplo de una víctima del no saber caminar juntos), etc. Todo esto entre otras causas por la falta de una sana eclesiología, por eso Francisco afirma en su discurso: “Caminar juntos —laicos, pastores, Obispo de Roma— es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica”.
Caminar juntos es un deber y derecho en primer lugar de los Pastores, sobre todo para ejercer la autoridad, por eso el Papa dice que caminar juntos inicia por la capacidad de escuchar al otro: “Pueblo fiel, colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo”.
Francisco señala de manera profunda y clara la razón de la obediencia a la autoridad en la iglesia: “no es una limitación de la libertad, sino una garantía de la unidad”, por eso el Sínodo no es un Parlamento, sino una asamblea que está “con Pedro” y “bajo Pedro”. La Iglesia, dice Francisco, tiene estructuras que ayudan a caminar juntos a quien ejerce la autoridad y a quienes obedecen en la libertad; en la diócesis están: el Sínodo diocesano en primer lugar (el cual no ha sido realizado por muchas diócesis en los últimos años); el consejo presbiteral; el colegio de consultores; el capítulo de los canónigos y el Consejo pastoral. Y afirma Francisco tajantemente: “Solamente en la medida en la cual estos organismos permanecen conectados con lo «bajo» y parten de la gente, de los problemas de cada día, puede comenzar a tomar forma una Iglesia sinodal: tales instrumentos, que algunas veces proceden con desanimo, deben ser valorizados como ocasión de escucha y participación”. No hacer lo que propone Francisco evidencia una especie de esquizofrenia pastoral: el discurso protagónico por una parte y la realidad por otra.
Un segundo nivel de sinodalidad en la Iglesia, dice el Papa, “es aquel de las provincias y de las regiones eclesiásticas, de los consejos particulares y, en modo especial, de las conferencias episcopales”.
Finalmente, afirma Francisco: “El último nivel es el de la Iglesia universal. Aquí el Sínodo de los Obispos, representando al episcopado católico, se transforma en expresión de la colegialidad episcopal dentro de una Iglesia toda sinodal”.
O caminamos juntos o no somos iglesia, por eso San Juan Crisóstomo decía que «Iglesia y Sínodo son sinónimos», y, ¿acaso no decía Santo Tomás de Aquino que el infierno no es otra cosa que la eterna soledad?
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Necesidad de ser purificados

Pbro. Filiberto Cruz Reyes
Oh puñadito de mirra que perfumaste mi seno ¿por qué vas con esos hombres y a mí me dejas gimiendo? Yo por ti diera mi vida, ellos dan treinta dineros Cristo niño mío, ¿para dónde vais? Pobre María, mar de lágrimas... no te canses de llorar. Poema del Via Crucis. Anónimo
En días recientes la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) publicó un documento intitulado “La sobrepoblación en los Centros Penitenciarios de la república Mexicana. Análisis y pronunciamiento”. En el Comunicado de prensa CGCP/310/15 de la CNDH se lee: “Tras señalar que mientras en 1994 existía en las prisiones del país capacidad para 88, 071 personas y había 86, 326 internos, en 2015 la capacidad es para 203,084 personas y hay 254,705 internos, para un déficit de 51, 621 lugares, que representan una sobrepoblación del 25.4 %”. Por otra parte, dicho documento señala como algunas de las causas de dicha sobrepoblación: “El uso desmesurado de la pena privativa de libertad; el rezago judicial de los expedientes de gran parte de la población en reclusión, casi el 50 % son procesados; la fijación de penas largas, a veces sin la posibilidad de medidas cautelares o el otorgamiento de libertades anticipadas; y la falta de utilización de penas alternativas o sustitutivos de la pena privativa de libertad”.
En su reciente viaje a Estados Unidos, el Papa Francisco en su visita a los presos del Instituto correccional Curran-Fromhold de Filadelfia, les dijo entre otras cosas: “Todos sabemos que vivir es caminar, vivir es andar por distintos caminos, distintos senderos que dejan su marca en nuestra vida. Y por la fe sabemos que Jesús nos busca, quiere sanar nuestras heridas, curar nuestros pies de las llagas de un andar cargado de soledad, limpiarnos del polvo que se fue impregnando por los caminos que cada uno tuvo que transitar. Jesús no nos pregunta por dónde anduvimos, no nos interroga qué estuvimos haciendo. Por el contrario, nos dice: «Si no te lavo los pies, no podrás ser de los míos» (Jn 13,9). Si no te lavo los pies, no podré darte la vida que el Padre siempre soñó, la vida para la cual te creó. Él viene a nuestro encuentro para calzarnos de nuevo con la dignidad de los hijos de Dios. Nos quiere ayudar a recomponer nuestro andar, reemprender nuestro caminar, recuperar nuestra esperanza, restituirnos en la fe y la confianza. Quiere que volvamos a los caminos, a la vida, sintiendo que tenemos una misión; que este tiempo de reclusión nunca ha sido y nunca será sinónimo de expulsión.
Vivir supone “ensuciarse los pies” por los caminos polvorientos de la vida y de la historia. Y todos tenemos necesidad de ser purificados, de ser lavados. Todos. Yo el primero”.
Estas palabras del Papa encierran una propuesta, un íter a nivel cultural, lo que él ha propuesto en varias ocasiones: la justicia reconciliadora. De diversa maneras Francisco ha expresado la Doctrina social de la Iglesia sobre el tema de la pena impuesta a quien se ha equivocado gravemente y es recluido en una prisión: “Se trata de hacer justicia a la víctima, no de ajusticiar al agresor […] En nuestras sociedades tendemos a pensar que los delitos se resuelven cuando se captura y condena al delincuente, pasando de largo frente a los daños provocados o sin prestar suficiente atención a la situación en la cual quedan las víctimas. Pero sería un error identificar la reparación solo con el castigo, confundir la justicia con la venganza, lo que contribuiría solo a acrecentar la violencia, aunque está institucionalizada […] La confesión es la actitud de quien reconoce y lamenta su culpa. Si al delincuente no se le ayuda suficientemente, no se le ofrece una oportunidad para que pueda convertirse, termina siendo víctima del sistema. Es necesario hacer justicia, pero la verdadera justicia no se contenta con castigar simplemente al culpable. Hay que avanzar y hacer lo posible por corregir, mejorar y educar al hombre para que madure en todas sus vertientes, de modo que no se desaliente, haga frente al daño causado y logre replantear su vida sin quedar aplastado por el peso de sus miserias”.
Ante una temática tan compleja y debatida Francisco da todavía mas luces cuando invita a la prevención: “No pocas veces la delincuencia hunde sus raíces en las desigualdades económicas y sociales, en las redes de la corrupción y en el crimen organizado, que buscan cómplices entre los más poderosos y víctimas entre los más vulnerables. Para prevenir este flagelo, no basta tener leyes justas, es necesario construir personas responsables y capaces de ponerlas en práctica” (30 de mayo de 2014, Carta a los participantes en el XIX Congreso Internacional de la Asociación Internacional de Derecho Penal y del III Congreso de la Asociación latinoamericana de Derecho Penal y Criminología).
Sí, todos tenemos necesidad de ser purificados, de ser lavados. Claudia Francardi, una mujer italiana cuyo esposo fue asesinado por un joven de 19 años ha dicho: “Detrás del monstruo he descubierto un muchacho, cuyo dolor por lo que ha hecho permanecerá por siempre como el mío. El dolor por aquello que ha hecho no lo dejará nunca. Yo lo perdono”, por eso junto con la madre del joven espera que éste cuando sea adulto pueda ser capaz de “honrar la memoria” del difunto. Ambas madres han fundado una asociación que trabaja por la rehabilitación de los detenidos llamada AmiCainoAbelo. No es fácil, pero existe la alternativa de la justicia reconciliadora.
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México en espera de la visita del Papa Francisco

Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Este martes 6 de octubre, el vocero del Vaticano, el Padre Federico Lombardi confirmó que el Papa Francisco visitará México el próximo año, sin precisar fecha ni agenda; lo mismo hizo la Secretaría General de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Esta noticia ha desatado todo tipo de opiniones y comentarios, por lo que parece necesario recordar algunas cosas clave para no perdernos en este mar de ideas.
Aquel memorable miércoles 13 de marzo, fecha de la Elección del Papa Francisco, en su primer saludo desde el balcón central de la Basílica de San Padro, afirmó el sucesor de Pedro: “Hermanos y hermanas, buenas tardes. Sabéis que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo…, pero aquí estamos. Os agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo”. Sí, el Obispo de Roma es también al mismo tiempo el Pastor de la Iglesia Universal.
Los conceptos “Obispo” y “visita” en castellano, aparentemente no tienen ninguna relación semántica. La palabra “obispo” deriva del griego “epískopos”, que a su vez deriva del verbo “episképtomai/episkopéo”, que significa en el griego profano (Jenofonte, Plutarco) la acción de mirar, pero también la de reflexionar, así como la de visitar; en general se alude a las personas enfermas.
En el griego de la Biblia de los LXX, episképtomai expresa un concepto particularmente importante: el de la «visita» de Dios al pueblo de Israel entendida como momento de la intervención divina en la historia. Baste como ejemplo el texto de Gn 21,1, donde el verbo en cuestión indica la «visita» del Señor a Sara aún estéril y el de Ex 3,16 donde a través de Moisés el Señor dice: «He venido a visitarlos y a cuanto les sucede en Egipto». Las dos prevén «visitas» destinadas a incidir profundamente en las vicisitudes narradas. Después de la primera, Sara dará a luz a Isaac; después de la segunda, será la salida de Egipto.
También en el griego neotestamentario episképtomai es el verbo de la visita. Visita realizada simplemente a los enfermos [Mt 25,36: «Estuve enfermo y me visitaste» (epesképsasthé me)] o, más significativamente, a personas de las cuales se ha tomado el cuidado y se tiene responsabilidad. Así Pablo exhorta a Bernabé al oficio apostólico de la visita a las comunidades de los lugares donde ya se anunció el evangelio, diciendo: «Vamos a visitar a los hermanos (episkepsòmetha toùs adelphoùs) de todas las ciudades en las cuales anunciamos la palabra del Señor, para ver cómo están» (Hch 15,36).
En la gama de significados de episképtomai tiene, por tanto, relevancia el uso semántico de la visita: visita a los enfermos, de Dios que interviene en la historia y de los hombres que se sienten corresponsables del destino de otros hombres (Cf. Miragoli, E., La visita pastorale: «anima regiminis episcopalis», en Quaderni di Diritto Ecclesiale 2 (1993) 122-149.
De alguna manera, parece legítimo y fascinante encontrar en la etimología, la verdad de la lengua, un antiguo, posible ligamen entre el “obispo” y la “visita”; ésta, casi en sentido pastoral, siempre fue parte de los deberes del Obispo. En efecto, en la legislación actual, el Código de derecho canónico establece en el canon 396 § 1: “El Obispo tiene la obligación de visitar la diócesis cada año total o parcialmente de modo que al menos cada cinco años visite la diócesis entera, personalmente o, si se encuentra legítimamente impedido, por medio del Obispo coadjutor, o del auxiliar, o del Vicario general o episcopal, o de otro presbítero”. El obispo de Roma por lo tanto, visita pastoralmente no sólo la diócesis de Roma, sino que puede visitar cualquier iglesia particular en el mundo entero.
Los viajes apostólicos del Romano Pontífice se inscriben pues en este contexto de lo anteriormente dicho, sobre todo en el sentido bíblico, por lo que cualquier especulación sobre los fines que se le pretenden atribuir, de tipo ideológico, geopolíticos o de culquier otra índole ajena al evangelio, resultan simplemente extraños; porque ¿qué extraños motivos tendría un anciano Cardenal de 76 años de la Santa Iglesia Romana para dejar todo en su Buenos Aires y lanzarse a predicar —¡a esa edad que quede claro!— la misericordia de Dios, literalmente “a todo el mundo”, fuera de lo que dice el evangelio de este domingo: “Ve y vende todo lo que tienes… ven y sígueme?”.
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Hijo de Inmigrantes

Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
A mi padre, en su cumpleaños
El jueves 27 de agosto pasado, cerca de Viena, la capital de Austria, en pleno corazón cultural de Europa, fueron encontradas 71 personas muertas, probablemente por asfixia dentro de un camión; al día siguiente se dio a conocer el hecho diciendo que probablemente se trataba de refugiados provenientes de Siria. No se trataba ya de un caso más del salvaje México, de San Fernando por decir de algún modo, entre los tristemente célebres que han dado la vuelta al mundo y que siguen esperando muchas respuestas; era en Europa misma.
En su reciente viaje a Estados Unidos el Papa Francisco afirmó en su Discurso en la ceremonia de Bienvenida en el South Lawn de la Casa Blanca en Washington, D. C. (23 de septiembre): “Señor Presidente: Le agradezco mucho la bienvenida que me ha dispensado en nombre de todos los ciudadanos estadounidenses. Como hijo de una familia de inmigrantes, me alegra estar en este país, que ha sido construido en gran parte por tales familias”. Posteriormente, en su Discurso en la Visita al Congreso de Estados Unidos de América en Washington, D. C. (24 de septiembre) aseveró: “Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes”.
El Papa no ignora lo complejo del tema de la migración, y llamó a mostrar misericordia en medio de esos dilemas tan complejos, tanto para el que llega como para el que ya está, por eso afirmó también frente al Congreso a propósito de los conflictos históricos en la configuración de ese país: “Aquellos primeros contactos fueron bastante convulsos y sangrientos, pero es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no podemos cometer los pecados y los errores del pasado”.
Este 1º de Octubre se publicó el Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial del emigrante y del Refugiado, a celebrarse el 17 de enero del próximo año, bajo el lema: “«Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia». Ahí, Francisco señala entre otras cosas que “cada vez con mayor frecuencia, las víctimas de la violencia y de la pobreza, abandonando sus tierras de origen, sufren el ultraje de los traficantes de personas humanas en el viaje hacia el sueño de un futuro mejor”. Y no se limita sólo a enumerar una serie de hechos sociológicos, sino que nos invita a un planteamiento más profundo, más revolucionario, sí, a esa “revolución de la ternura” de la que ya nos ha hablado y que ahora plantea en los siguientes términos: “hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desplegándose en las obras de misericordia espirituales y corporales”.
Recordemos cuáles son.
Obras de misericordia corporales: 1) Dar de comer al hambriento; 2) Dar de beber al sediento; 3) Dar posada al peregrino; 4) Vestir al desnudo; 5) Visitar al enfermo; 6) Socorrer a los presos; 7) Enterrar a los muertos.
Obras de misericordia espirituales: 1) Enseñar al que no sabe; 2) Dar buen consejo al que lo necesita; 3) Corregir al que está en error; 4) Perdonar las injurias; 5) Consolar al triste; 6) Sufrir con paciencia los defectos de los demás; 7) Rogar a Dios por vivos y difuntos.
La liturgia de hoy en la primera lectura nos recuerda el proyecto original de Dios: “No es bueno que el hombre esté solo” (cfr. Gn 2, 18-24), por eso el Papa nos desafía desde la misericordia sobre todos estos temas cuando afirma en su Mensaje: “no cesan de multiplicarse los debates sobre las condiciones y los límites que se han de poner a la acogida (de los migrantes), no sólo en las políticas de los Estados, sino también en algunas comunidades parroquiales que ven amenazada la tranquilidad tradicional”. Sí, lo dice un hijo de inmigrantes, un hijo de la “Virgen María, Madre de los emigrantes y de los refugiados, y (de) san José, que vivieron la amargura de la emigración a Egipto”.
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Senderos de Santidad
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
En su documento «La alegría del Evangelio» el Papa Francisco afirma: «porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos» (n. 31) el Obispo tiene el deber de ir cuidando el rebaño para promover la comunión misionera. Es el pueblo de Dios el que tiene lo que se llama el «sensus fidei» y que en su momento el Pastor de toda la Iglesia proclama de modo oficial, por ejemplo respecto a un santo.
Se estila que durante los viajes del Papa conceda durante el vuelo una conferencia de prensa. En su viaje a Manila, el 15 de enero de este 2015, a solicitud expresa para que hablara sobre los beatos evangelizadores que está canonizando, el Papa respondió: «Estas canonizaciones están siendo hechas con la metodología -está prevista en el Derecho de la Iglesia- que se llama «canonización equivalente». Se usa cuando desde hace mucho tiempo un hombre o una mujer es beato, beata, y es objeto de veneración por parte del pueblo de Dios; de hecho es venerado como santo, y no se hace el proceso del milagro […] Son figuras que han realizado una fuerte evangelización y están en sintonía con la espiritualidad y la teología de la Evangelii gaudium. Y por esto he elegido estas figuras».
Entre las figuras evangelizadoras que Francisco mencionó estaba Fray Junípero Serra, ahora ya santo.
En algo que insiste Francisco acerca de la vida de los santos de los que hablaba en ese viaje [Angela da Foligno (1248-1309), Pedro Favre (1506-1546), Giuseppe de Anchieta (1534-1597), María de la Encarnación (1599-1672), Francisco de Laval (1623-1708), José Vaz (1651-1711), Junípero Serra (1713-1784)], es la perfección que alcanzaron en su capacidad de entrega a Dios y a los hermanos, y no tanto en una perfección personal «auto referencial»; esta perfección personal por supuesto que se supone, pero encuentra su pleno sentido en la entrega misionera, por eso en la homilía de canonización de Junípero Serra afirma: «La misión no nace nunca de un proyecto perfectamente elaborado o de un manual muy bien estructurado y planificado; la misión siempre nace de una vida que se sintió buscada y sanada, encontrada y perdonada».Ahí, en la Capital de uno de los países más poderosos del mundo y con todo lo que esto implica, Francisco proclama con alegría: «El espíritu del mundo nos invita al conformismo, a la comodidad; frente a este espíritu humano «hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo» (Laudato si’, n. 229)», y denuncia los peligros, como: «no conformarnos con placebos que siempre quieren contentarnos», y estar atentos a esa «dinámica a la que muchas veces nos vemos sometidos (y que) parece conducirnos a una resignación triste que poco a poco se va transformando en acostumbramiento, con una consecuencia letal: anestesiarnos el corazón».
La vida del santo debe ser una imagen viva de la de Jesucristo, quien «abrazó siempre la vida tal cual se le presentaba. Con rostro de dolor, hambre, enfermedad, pecado. Con rostro de heridas, de sed, de cansancio. Con rostro de dudas y de piedad. Lejos de esperar una vida maquillada, decorada, trucada, la abrazó como venía a su encuentro. Aunque fuera una vida que muchas veces se presenta derrotada, sucia, destruida».
Sí, Estados Unidos, como todo imperio, pretende maquillar muchas cosas: sus muertos y los que deja en cada guerra que ha exportado por todo el planeta; las armas que llevan tanto dolor y sufrimiento por tantas partes (pensemos en nuestro «rápido y furioso», nuestro porque nuestros son los muertos), la contaminación y devastación de los recursos naturales de las transnacionales, etc. También sus ciudadanos están cansados de vivir bajo el miedo del terrorismo que han provocado como reacción a sus incursiones por el mundo, reprobable tanto como la violencia que lo engendra. Ahí, Francisco dijo del nuevo Santo: «hoy recordamos a uno de esos testigos que supo testimoniar en estas tierras la alegría del Evangelio, Fray Junípero Serra. Supo vivir lo que es «la Iglesia en salida», esta Iglesia que sabe salir e ir por los caminos, para compartir la ternura reconciliadora de Dios».
El Papa ha resaltado las virtudes de hombres y mujeres estadounidenses, como lo hizo ante el Congreso cuando afirmó, usando lenguaje propio de este pueblo: «Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus hombres «soñar» con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo de Merton.
Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo. Me gustaría que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos soñar. Que Dios bendiga a América».
Leamos con detenimiento cada palabra, sencilla y profunda, de Francisco en este viaje apostólico y misericordioso.
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ABC-iDeaRIO
Durante los últimos años de los 20’s y el inicio de los 30’s del siglo pasado el México surgido de la revolución creía que la escuela podía ser el inicio de una nueva sociedad. Por eso José Vasconcelos, Secretario de Educación Pública invitó a Diego Rivera, entre otros muralistas, a plasmar el ideario educativo y de progreso, de la patria, en los muros del Edificio (1923-1928) que hoy es patrimonio de la humanidad, como lo ha declarado la UNESCO. En el edificio de la SEP, Diego Rivera pintó, entre muchos otros, el mural titulado “La maestra rural” (1924), en el cual aparece una maestra (símbolo de la patria), en torno a la cual están no solo niños, sino también adultos y ancianos; al fondo aparecen hombres labrando el campo, y montado a caballo entre ambos grupos, con carrillera y fusil en alto un hombre, símbolo del Estado que vigila y custodia el nuevo orden.
Esta escena representa el ideario revolucionario: educar a partir de las letras y el trabajo, sobre todo el campo, pues un pueblo que no puede ser autosuficiente en la producción de lo más básico, como lo es el alimento, no puede ser verdaderamente independiente. En el terreno propiamente educativo se crearon las escuelas normales regionales y las escuelas centrales agrícolas, cuyo fin primordial sería el enseñar a la población a leer y escribir, así como nuevas técnicas de cultivo de la tierra. Los alumnos deberían como requisito ser hijos de maestros o campesinos.
Posteriormente se fusionan ambas instituciones y surgen las regionales campesinas, mismas que luego recibirán el nombre de Normales rurales. Estas reformas, la educativa y la agraria eran parte del mismo proyecto: los alumnos deberían salir a ser parte activa en sus comunidades (sin necesidad de migración). Lázaro Cárdenas fundó la de Tacámbaro y dedicó casi la mitad del presupuesto estatal a la educación rural. Se concebía a los maestros egresados como líderes sociales y transmisores del nuevo ideal de patria, la educación debía ser fuente de desarrollo comunitario. Así se explica en parte esta fuerte relación y unión con la comunidad y el surgimiento de líderes sociales egresados de ellas, las “bases” siempre las han apoyado por esta misma razón.
Esta propuesta de corte socialista fue evolucionando a la par de los nuevos tiempos. En 1969 Díaz Ordaz cerró 15 de las 29 que existían en el país. En parte esto se explica porque nacieron con ciertas contradicciones: una propuesta educativa socialista en un país donde rige la propiedad privada; proponían como motor, en cierta manera, una lucha de clases: ¿acaso no se instalaron algunas de ellas en ex haciendas para acentuar el nuevo ideal, es decir, que ahora la enseñanza era para todos y no para unos cuantos privilegiados, y que las instituciones que durante el Porfiriato acaparaban la tierra ahora eran centros desde donde se extendería no sólo el ideal en contra de la explotación sino una verdadera oportunidad para una mejor calidad de vida? El tema de la educación implica necesariamente, al menos en la práctica, una serie de intereses económicos, no solo al pretender “venderla”, sino porque la educación ofrece la posibilidad de imaginar un nuevo orden, muchas veces ligado a un verdadero deseo de libertad y verdadero desarrollo, es decir, que sea para todos los hombres y abarque todos los aspectos de la vida del hombre, no sólo el económico.
Estamos casi a un año del brutal acontecimiento de los estudiantes de Ayotzinapa y las interrogantes y desafíos se han multiplicado, digamos solo uno ¿cuál es el ideario de educación en nuestra patria?
En su conocido poema “Encuentro con la patria”, el poeta y compatriota Luis Tijerina decía a propósito de esta pregunta:
“Quise verte en la luz de los fusiles y en el gesto viril de los sargentos, en las espadas de los coroneles y en los tribunos gritos a tus muertos…
Pero no te encontré, te me perdiste entre sables, fusiles y sargentos […].
Y por fin te encontré, Patria querida […] Te encuentro en la sonrisa de los niños y en la voz paternal de los maestros”.
En el Evangelio de este Domingo (XXV Ordinario, Mc 9, 30-37), el Señor Jesús va de camino “pero él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos”. Santiago nos dice ( 2ª Lectura, St 3, 16-4, 3) lo que el Maestro enseñaba y denunciaba: “Ustedes codician lo que no pueden tener y acaban asesinando, Ambicionan algo que no pueden alcanzar, y entonces combaten y hacen la guerra”. Necesitamos aprender de esto para frenar la mano fratricida, la imagen de Rivera del hombre armado puede ser ambigua. Necesitamos un nuevo modelo educativo, un nuevo ABC-iDeARIO ¡Viva México! Los convocamos.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
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Cuidar la esperanza del pueblo
El Papa Francisco en su exhortación Apostólica “La alegría del Evangelio” en el n. 31 afirma que una de las tareas de los Pastores de la Iglesia es “cuidar la esperanza del pueblo” y, el Pastor, dice el Papa “estará delante para indicar el camino”, es decir, es un deber en sentido estricto. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma en el n. 1813: “Las virtudes teologales fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano. Informan y vivifican todas las virtudes morales. Son infundidas por Dios en el alma de los fieles para hacerlos capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna. Son la garantía de la presencia y la acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano. Tres son las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad (cf 1 Co 13, 13). De este texto se deduce el deber de los Pastores de cuidar la esperanza de los fieles: cuidarla es cuidar la presencia y acción divinas en el ser humano. Continúa el Catecismo: “La virtud de la esperanza […] protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad” (n. 1818). Las virtudes teologales fundan pues las virtudes morales cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.
La liturgia de éste Domingo (XXIII del tiempo Ordinario) nos presenta en el Evangelio (Mc 7, 31-37) al Señor Jesús infundiendo el Espíritu Santo en un hombre sordo y mudo o tartamudo (el concepto griego mogilálos puede significar ambas cosas), pues éste hombre es presentado para que el Señor le imponga las manos, es decir, para que le transmita el Espíritu, que es uno de los efectos de la imposición de manos en el ambiente bíblico. En efecto, la liturgia llama al Espíritu Santo el “dedo de la diestra del Padre” (Himno Veni creador). Por otra parte, los judíos del tiempo de Jesús creían que el aliento infundido por Dios al hombre (Gn 2, 7), a quien había creado de barro, se condensaba y se hacía saliva, luego pues, cuando Jesús le mete los dedos en los oídos y le toca la lengua con saliva le está infundiendo el Espíritu. Este Espíritu hace al ser humano capaz de esperanza, lo capacita para ser prudente, para ser justo, fuerte y apto para la templanza. Al iniciar el “mes patrio” podemos preguntarnos: ¿tiene nuestra patria esperanza? ¿nos rigen hombres justos?, ¿las medidas económicas imperantes son prudentes?, ¿consumimos con templanza o somos víctimas del consumismo?, etc.
En su memorable texto “Para comprender la historia”, Juan Brom cita a Bertolt Brecht: “[…] El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él solo? Cesar venció a los galos; ¿no lo acompañaba siquiera un cocinero? Felipe de España lloró cuando se hundió su flota. ¿Nadie más lloraría?” (Preguntas de un obrero que lee). ¿Podría Brecht preguntarse hoy?: ¿son sólo 43 los desaparecidos en México? ¿debemos creer la “verdad histórica” sobre Ayotzinapa? ¿pueden y deben hablar los curas sobre temas de libertad y justicia? ¿y entonces qué hacemos con Hidalgo y Morelos, ambos curas? ¿suprimimos sus nombres el día “del grito”? ¿y la Iglesia, puede anunciar la independencia, libertad y esperanza? ¿podemos renunciar a la esperanza?. ¿Porqué el Salmo de hoy (145) afirma: “El Señor siempre es fiel a su palabra y es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo?
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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Francisco y su reforma del proceso canónico
Francisco y su reforma del proceso canónico para las causas de declaración de nulidad del matrimonio, en el Código de derecho canónico y en el Código de cánones de las iglesias orientales (II de III)
Presentamos amable lector, a modo de segunda entrega sobre este tema, una sencilla traducción del texto presentado por Mons. Pío Vito Pinto en la Conferencia de prensa del pasado 8 de septiembre, a propósito de la presentación de los dos Motu Proprio del Papa Francisco. El texto original fue publicado en L’Osservatore Romano, en su edición cotidiana en lengua italiana del día miércoles 9 de septiembre.
Querida y decidida por el Papa Francisco la reforma del proceso matrimonial para la declaración de nulidad
De Pío Vito Pinto
La competencia de reformar el ordenamiento canónico respecto a la validez o nulidad del vínculo sacramental matrimonial pertenece estrictamente al Romano Pontífice. Ésta es expresión de la “potestad de las llaves” confiada por Cristo a Pedro y a sus sucesores, según el magisterio de León Magno, primer Papa que expresó la clara conciencia que precisamente a los sucesores de Pedro pasó toda la potestad para el gobierno de las almas de la Iglesia, que es de Cristo.
Objetivo de la Comisión especial instituida por el Papa Francisco el 27 de agosto de 2014 era la revisión solamente del orden procesal. En la historia la iglesia ha intentado siempre hacer visible y eficaz la gracia salvífica de Cristo, si bien en lo mutable de las épocas y a través de las vicisitudes caducas de los hombres pecadores, pero con el objetivo constante de operar la salvación (salus animarum). Así, tres Papas —Benedicto XIV en 1741, Pío X en 1908 y ahora Francisco— han tenido la inspiración de una reforma profunda del proceso matrimonial, para servir a este supremo objetivo en tiempos muy diversos entre ellos.
Con las Decretales precedentes Benedicto XIV, la sentencia formativa nulidad del matrimonio no apelada ere inmediatamente ejecutiva después de una sola instancia, con la consecuencia del estado libre y de la posibilidad de un nuevo matrimonio.
El Papa Lambertini, sumo jurista, por una parte consolido el sistema de la disolución pontificia por gracia del vinculo rato y no consumado; por otra parte, para detener los abusos cometidos por obispos y tribunales sobre todo en Polonia al declarar las nulidades de matrimonio, con la constitución apostólica Dei miseratione, promulgada el 3 de noviembre de 1741, decidió la necesidad de la doble sentencia conforme, en el mismo capitulo de nulidad matrimonial juzgado en primera instancia, para poder celebrar un nuevo matrimonio canónico.
Este sistema a regido hasta nuestros días. La única excepción fue aquella de las facultades concedidas ad experimentum por Pablo VI a la conferencia episcopal a la conferencia episcopal de los Estados Unidos, que concluyo con la norma común, primeramente con el Motu proprio Causas matrimoniales ( 28 de marzo de 1971) y por lo tanto con el sistema procesal propio del Codex iuris cononici de 1983. En verdad, si bien manteniendo la doble sentencia conforme, el nuevo sistema codicial hacia mas ágil, según el augurio del Papa Montini, la posibilidad de obtener la nulidad matrimonial con el procedimiento llamado breve en segunda instancia, según el canon 1682 § 2.
Pío X, fiel a su lema Reformare Omnia in Christo, si bien conservando en la sustancia el sistema procesal del Papa Lambertini, se distinguió gracias al impulso expreso de un colaborador suyo iluminado. Según Michele Lega, primer decano de la Rota restituta y después cardenal, los procesos canónicos deben en efecto preferiblemente celebrarse en las diócesis, limitando al máximo las apelaciones y los recursos a la Sede apostólica. Es cuando se proponen los motu proprio Mitis iudex Dominus Iesus y Mitis et misericors Iesus.
La reforma del Papa Francisco, movida por el mismo espíritu que sostuvo Benedicto XIV y Pío X, se distingue sin embargo no solamente por una verdadera y propia refundación del proceso matrimonial canónico, si no sobre todo por los principios teológicos y eclesiológicos que la sostienen.
Es necesario partir de cuanto a sido ya delineado con claridad en un periodo de casi medio siglo — del pontificado de Pablo VI al de Benedicto XVI — y expresado en la cuadragésima proposición final del Sínodo de los obispos de 2005. Esta recomendaba “profundizar ulteriormente los elementos esenciales para la validez del matrimonio también teniendo en cuenta los problemas emergentes del contexto de profunda transformación antropológica de nuestro tiempo, del cual los mismos fieles peligran de ser condicionados especialmente por falta de una sólida formación cristina”. Y en la introducción a la Instrucción de la Congregación para la doctrina de la fe sobre la pastoral de los divorciados vueltos a casar el cardenal Ratzinger observaba: “se debería clarificar si verdaderamente cada matrimonió entre dos bautizados es ipso facto un matrimonió sacramentó. A la esencia del sacramento pertenece la fe”. Precisamente este es el punto sobre la cuestión que a mantenido siempre como teólogo, desde Arzobispo de Mónaco y Freising, como prefecto de la congregación para la doctrina de la fe y finalmente como Papa.
Existe un punto del análisis común entre Benedicto XVI y Francisco sobre el sacramento celebrado sin fe por un gran numero de divorciados y vueltos a casar civilmente, obligados a vivir en las periferias, lejos de las puertas de nuestras iglesias (cfr. Evangelii gaudium, n.46) pero existe una novedad esencial que va delineando la misión propia del Papa Francisco. No es ya solamente la hora del análisis, es la hora de actuar, de iniciar aquella obra de justicia y de misericordia esperada desde mucho tiempo, reordenado la practica pastoral y canónica sustancialmente en vigor desde hace casi tres siglos. Así lo anunciaba ya Francisco al inicio de su pontificado, el 28 de julio de 2013, concluyendo la jornada mundial de la juventud en Río de Janeiro. Para comprender la tensión teológico jurídica que anima el motu proprio sobre el nuevo proceso de nulidad matrimonial es indispensable recibir la novedad del pontificado Francisco, que resulta de una doble centralidad. Por una parte, el Evangelio de Cristo pone al centro a los pobres. Por otra, como resulta claro de la promulgación de esta nueva ley de justicia y misericordia, esta la comprensión del ejercicio del ministerio como diakonìa (“servicio”), en comunión indispensable los obispos a la cabeza de las iglesias en el mundo.
Francisco en el discurso conclusivo del Sínodo extraordinario ha afirmado que Pedro no pretende gobernar solo la Iglesia y que los obispos deben a su vez gobernar las Iglesias en comunión con Pedro, que vive en el Romano Pontífice. De esto todos responderán a Cristo, supremo pastor.
Así Francisco, con esta ley fundamental da el verdadero inicio a su reforma: poniendo al centro a los pobres, esto es, los divorciados vueltos a casar mantenidos o considerados lejanos, y pidiendo a los obispos una verdadera y propia metànoia. Esto es una “conversión”, un cambio de mentalidad que los convenza y sostenga para seguir la invitación de Cristo, presente en su hermano, el Obispo de Roma, de pasar del estrecho numero de pocos miles de nulidades aquel desmesurado de infelices que podrían tener la declaración de nulidad — por la evidente ausencia de fe como puente hacia la conciencia y por lo tanto la libre voluntad de dar el consentimiento sacramental — pero son dejados fuera del sistema vigente.
El Papa Francisco promulga el nuevo ordenamiento procesal canónico de nulidad matrimonial deseado por una amplia mayoría de los Padres sinodales. Pero esto para ser aplicado en verdad y justicia tiene necesidad de la libertad del corazón y la mente de los Obispos, en el signo de una colegialidad no solo de principios, si no en los hechos.
La primer grande novedad es la invitación del Pontífice en el motu proprio a que los Obispos vuelvan a asumir el ejercicio de los santos Obispos de los primeros siglos de la Iglesia, que consideraron manifestar personalmente la potestad sacramental —recibida con la imposición de las manos en la ordenación episcopal— de padres, maestros y jueces.
Francisco, Pontífice “siervo con los siervos”, pide a los Obispos ejercitar y vivir su potestad sacramental, recibida no de Pedro, si no del Espíritu santo. El Obispo, por lo tanto, siervo de las almas, es llamado a desarrollar el ministerio de la diakonìa para la salvación de los fieles, haciéndose disponible a ala escucha, en tiempos y modos que subrayen el valor de la misericordia y de la justicia. En particular, como se deduce de la oración de ordenación episcopal, el obispo recibe el triple poder de perdonar los pecados, de confiar los ministerios, de desatar de los vínculos.
En los dos motu proprio —puestos por el Papa bajo la protección de la Madre de Dios — el Obispo diocesano, o el eparca, es el alma del proceso llamado breve, que podrá realizarse según las estrictas condiciones indicadas: la evidente nulidad en los hechos incontestables (ya arriba señalados), el acuerdo de las partes (o por lo menos la ausencia declarada de la parte demanda en el proceso) la inmediata sentencia afirmativa, considerados con gravedad los escritos de las partes y del defensor del vinculo; o bien el envía al proceso ordinario, en el caso en el cual, asistidos siempre por el instructor y por el asesor, si no esta en grado de alcanzar la certeza moral para la declaración de nulidad.
¿pero como podrán los Obispos, o los eparcas, sobre todo en las grandes diócesis asegurar, al menos en parte y como signo esta tarea suya de pastores jueces? lo que importa es que el espíritu de colegialidad y comunión de los Obispos con cuanto a sido dispuesto por el Pontífice empiece a premiar el corazón y la mente de los pastores, los fieles esperan con ansia y amor tal metànoia y serán por otra parte pacientes en el Señor ante la buena fe se sus pastores. El año del jubileo de la misericordia espera este signo de humilde obediencia por parte de los pastores de las Iglesias al Espíritu que les habla a través de Francisco.
Abre el corazón a la esperanza el reciente curso de formación de la Rota Romana en la Ciudad de México, con la participación de cerca de 400 sacerdotes y laicos, mujeres y hombres provenientes de todas las naciones centroamericanas, enviados por sus pastores y entusiastas de poder servir en sus Iglesias a los pobres, asistiendo al ministerio judicial de los Obispos. Francisco a enviado una carta expresando la confianza de tales cursos puedan multiplicarse como “servicio del Papa a las Iglesias particulares, haciendo memoria del primer Pedro” según el testimonio de “su tercer sucesor, el Papa Clemente I, que en su Carta a los Corintios interviene regulando las distintas materias de aquella comunidad local”.
La comunión y la colegialidad pedidas por el nuevo proceso tendrán cierta necesidad de tiempo para el estudio y la formación. Pero lo que cuenta es la recepción de la novedad expresada por el Papa Francisco: el servicio y la misericordia hacia esta categoría de pobres, el gran número de divorciados que esperan, si es posible, un nuevo matrimonio canónico. La formación permanente ayudará a que cada obispo, teniendo su propio tribunal para las causas de nulidad matrimonial, redescubra el ministerio, que se le confió en la ordenación, de juez de sus fieles.
En síntesis, la reforma está caracterizada por la centralidad del obispo diocesano, o del eparca (N.T. El equivalente a Obispo en las Iglesias orientales católicas) en el signo de la colegialidad. Los obispos sin embargo no podrán hacer “descuentos” sobre el vínculo matrimonial si éste fuese válido, porque sería una traición no respecto al Papa sino hacia Cristo. En efecto, maestro de la potestad sacramental de los obispos es Cristo mismo, quien les ayudará a evitar eventuales abusos.
En el caso de evidente nulidad del matrimonio el proceso es breve —es necesario evitar los términos “sumario” y “administrativo”— y aquí el juez es el Obispo, que se sirve de dos asesores con los cuales discute sobre la certeza moral de los hechos adoptados para la nulidad matrimonial. Si el Obispo alcanza esta certeza, pronuncia la decisión, de otro modo envía la causa al proceso ordinario.
En el proceso breve es rara la apelación, porque las partes están de acuerdo y son evidentes los hechos acerca de la nulidad; y en presencia de elementos que inducen a considerar la apelación meramente dilatoria e instrumental, esta podrá ser rechazada por falta de presupuestos jurídicos.
El proceso ordinario, por el contrario, puede durar un año como máximo, se abolió la doble sentencia conforme y , finalmente, la sentencia afirmativa no apelada deviene ipso facto ejecutiva. Si se propone la apelación después de una sentencia afirmativa, esta puede ser rechazada en caso de evidente falta de argumentos, por ejemplo en caso de apelación instrumental para dañar a la contraparte.
La reforma tiene en cuenta el motivo principal de la petición de nulidad matrimonial: ésta se pide por motivos de conciencia, por ejemplo vivir los sacramentos de la Iglesia o perfeccionar un nuevo vínculo estable y feliz, a diferencia del primero.
Lo expedito del proceso mira a una mayor limitación de las apelaciones a la Santa Sede, esto es a la Rota romana, o del recurso a la Signatura apostólica para la nueva proposición de la causa negada por la Rota.
El Papa desea, en fin, que en cuanto sea posible se llegue a la plena gratuidad de las causas, según el principio de la Escritura: gratis lo han recibido, denlo gratis. Y las personas con posibilidades económicas podrán ser invitadas a contribuir con donaciones a beneficio de los más pobres.
Según San Irineo, la gloria de Dios es el hombre viviente. Se nos permita agregar: el hombre salvado por el ministerio solícito de justicia y de misericordia de la Iglesia.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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Francisco y su reforma del proceso canónico
Francisco y su reforma del proceso canónico para las causas de declaración de nulidad del matrimonio, en el Código de derecho canónico y en el Código de cánones de las iglesias orientales (I de III)
Hoy 8 de septiembre de 2015, a las 12:00 en el Aula “Juan Pablo II” de la Sala de Prensa de la Santa Sede, se realizó una Conferencia de prensa para presentar las dos Cartas Motu proprio datae del Papa Francisco: “Mitis Iudex Dominus Iesus” y “Mitis et misericors Iesus”, sobre la reforma del proceso canónico para las causas de declaración de nulidad del matrimonio, en el Código de derecho canónico y en el Código de cánones de las iglesias orientales, respectivamente.
Inició el acontecimiento el vocero de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, quien afirmó entre otras cosas:
Los dos documentos son de carácter jurídico, cuya relevancia dijo, no tiene necesidad de ser explicada; pues el tema del que tratan ha sido discutido bastante en los últimos años y ha sido evocado y profundizado en la Asamblea Sinodal del año pasado, y tam bién el Instrumentum laboris para la próxima asamblea Sinodal hace regencia al mismo.Los documentos son dos Cartas Motu proprio datae del Papa Francisco y tratan sobre la reforma del proceso canónico para las causas de declaración de nulidad del matrimonio, en el Código de derecho canónico (de la iglesia latina) y en el Código de cánones de las iglesias orientales.
Presentó a los comentadores, miembros de la Comisión especial que el Papá constituyó en agosto del año pasado y que fue publicada en septiembre del año pasado para estudiar este argumento y hacer para hacer propuestas concretas para la reforma.
El Papa firmó estas dos Cartas el 15 de Agosto, en la Asunción de María y decidió que fueran publicadas el 8 de septiembre, que es otra fiesta mariana, el Papa decidió que estuvieran ligadas con las fechas marianas.
Luego entregó a los periodistas presentes una serie de documentos: dos números del Boletín Oficial con los textos por separado de las dos Cartas en Latín y la traducción italiana de ambas; también el Boletín que contiene, dijo, las intervenciones que se tendrán en el curso de la presente Conferencia de prensa; y el texto de un artículo de L’Osservatore Romano de hoy, bajo la firma del Presidente de la Comisión, Pio Vito Pinto.
Los comentadores de los documentos fueron: El Presidente de la Comisión que, es el Decano de la Rota Romana, Mons. Pío Vito Pinto; el Cardenal Francesco Cocopalmerio, el representante de las Iglesias orientales y Exarca de Atenas Mons. Dimitrios Salachas; el representante de la Congregación para la Doctrina de a Fe:Mons. Luis Francisco Ladaria SJ y los dos Secretarios de la Comisión: Mons. Alejandro Bunge y el Padre Nikolaus Schöch OFM.
Enseguida el Padre Lombardi dio la palabra a los participantes.
Es bueno hacer notar que son dos los documentos que el Papa promulgó porque la legislación de la Iglesia Universal se contiene principalmente en dos Códigos, el que es para la Iglesia Latina (Código de Derecho Canónico) y el que es para las Iglesias Orientales Católicas (Código de Cánones de las Iglesias Orientales); el primero fue publicado el 25 de enero de 1983, mientras que el segundo el 18 de octubre de 1990, ambos por el Papa Juan Pablo II.
El 27 de octubre de 1990, sobre las páginas de L’Osservatore Romano se leía: “En la Constitución Apostólica Sacri Canones, con la cual S.S. el Papa Juan Pablo II ha promulgado el Codex canonum Ecclesiarum Orientalium, viene subrayada la constante voluntad de los Romanos Pontífices «duos Codices, alterum pro latina Ecclesia alterum pro Ecclesiis orientalibus catholicis, promulgandi» (de promulgar dos Códigos, una para la Iglesia Latina, otro para las Iglesias Orientales Católicas). Esta constante voluntad de los Romanos Pontífices está profundamente enraizada en la eclesiología. En efecto, el Papa precisa: «Cuando promulgué el Código de Derecho Canónico para la Iglesia latina estaba consciente de que no todo estaba hecho para instaurar en la Iglesia universal un cierto orden. Faltaba… desde muchos siglos un Código que contuviera el derecho común a todas las Iglesias Orientales católicas», «el cual es considerado como perteneciente al patrimonio disciplinar de la Iglesia Universal al igual que el Codex Iuris Canonici».
Por esta razón, siendo una reforma para la Iglesia Universal, el Papa ha modificado las dos principales fuentes del derecho canónico.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes




