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  • Maestros ¿cuáles?

    Para Verónica Martínez Hernández, Enfermera,

    en su jubilación, con gratitud en nombre de tantos pacientes.

    Alguien afirmó que los buenos maestros forman buenos maestros, no discípulos. ¿cómo entender esta afirmación? ¿acaso no todos queremos trascender legando algo de nuestra experiencia? Hay quienes gustan de rodearse de “enanos”, es decir, no pueden soportar que alguien sobresalga por encima de ellos, su complejo de inferioridad no soporta alternativa alguna, se sienten amenazados, empequeñecidos, anonadados sin razón; utilizan todo medio a su alcance para aplastar, empequeñecer, aniquilar, envilecer. Todo lo contrario a la verdadera autoridad. Niegan su pasado, sus raíces, su identidad. Creen que con ellos empieza la historia, que han surgido “ex nihilo”. Excluyen, sólo conocen el monólogo, impertérritos inactivos. No arriesgan ni palabra ni acción, pretenden glorias sin buenas lides, fama sin batallas propias.

    El pasado viernes 6, del presente mes de mayo, el Papa Francisco, profesor experimentado, recibió el Premio “Carlo Magno” que otorga la ciudad alemana de Aquisgrán a personas e instituciones distinguidas en el ámbito europeo. Al recibir tal distinción el Pontífice afirmó con sencillez y de modo directo: “no hagamos un gesto celebrativo, sino que aprovechemos más bien esta ocasión para desear todos juntos un impulso nuevo y audaz para este amado Continente”, refiriéndose a Europa, pero que es válido también para nosotros en lo que de humanismo transmite.

    Cuestionó con amor de padre, de maestro, sin tapujos, sin buscar lo “políticamente correcto”: “¿Qué te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? ¿Qué te ha pasado Europa, tierra de poetas, filósofos, artistas, músicos, escritores? ¿Qué te ha ocurrido Europa, madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres que fueron capaces de defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos?”. Esto en el contexto de la gran crisis migratoria vigente en el viejo continente. Y de entre los grandes maestros que pasaron seguramente por su mente enumera algunos: Elie Wiesel, (Premio Nobel de la Paz, superviviente de los campos de concentración nazis), Robert Schuman (político, de fe católica, considerado uno de los padres de la Europa moderna), Alcide De Gasperi (también político católico, otro de los padres de Europa), Erich Przywara (sacerdote jesuita, teólogo y filósofo), y por supuesto, al también católico, enorme político y padre de Europa: Konrad Adenauer. Todos europeos, todos universales, maestros vigentes por su capacidad e intención de formar maestros, no discípulos “enanos”.

    Francisco, en su discurso pronunciado al recibir tan honroso reconocimiento, afirma que sueña con un nuevo humanismo europeo, con “una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, capacidad de comunicación y la capacidad de generar”.

    Al hablar de integración cree que “los reduccionismos y todos los intentos de uniformar, lejos de generar valor, condenan a nuestra gente a una pobreza cruel: la de la exclusión”. De ahí su actividad constante contra todo “descarte”, toda exclusión. ¿Cuántos millones de mexicanos están excluidos de los servicios más elementales? ¿cuántos programas de limosna van y vienen, en lugar de proponer una verdadera solidaridad que se debe en justicia? ¿cuántos programas de ideologías colonizadoras tendremos que soportar?

    Por lo que a la capacidad de comunicación o diálogo se refiere, Francisco propone que frente a la falta de tejido social “la cultura del diálogo implica un auténtico aprendizaje, una ascesis que nos permita reconocer al otro como un interlocutor válido; que nos permita mirar al extranjero, al emigrante, al que pertenece a otra cultura como sujeto digno de ser escuchado, considerado y apreciado”. ¿cuántos millones de mexicanos viven como extranjeros en su propia tierra, subyugados por el “ni los veo ni los oigo”? (jóvenes, pidan a sus maestros que les recuerden la etiología de esta frase).

    En cuanto a la capacidad de generar, Francisco pide maestros que nos recuerden que “la situación actual no permite meros observadores de las luchas ajenas. Al contrario, es un firme llamamiento a la responsabilidad personal y social”.

    Sí, este es Francisco, un maestro que alza la voz con “parresía”, es decir, intrepidez, que reconoce y recomienda sin complejos a otros maestros; sin buscar glorias humanas ¿seremos capaces de escucharlo?

    Filiberto Cruz Reyes

    15 de Mayo de 2016

  • De los niños que trabajan y de los hombres que juegan

    Al Pbro. Manuel García Moreno,

    en su XV Aniversario de Ordenación Sacerdotal

    Querétaro, 1º de mayo de 2016: el tradicional (hoy práctica cuestionada por propios y ajenos) desfile de los trabajadores fue suspendido cuando manifestantes arrojaron objetos (cachuchas, playeras, etc.) al presidium. Sí, el mundo laboral ha sufrido cambios sensibles de retroceso en los últimos años, cualquier obrero lo sabe, porque lo ha vivido. Esta semana un obrero de mi parroquia comentaba: “yo llegué aquí a la colonia hace 40 años, compré una casa de INFONAVIT que la pagué en 7 años, hoy los jóvenes tardan a veces más de 20 años en pagarla”.

    México, D. F., 13 de junio de 1980 (hace 36 años casi), un queretano, Sergio Bailleres Ocampo, en ese momento “Secretario General de la Federación de Sindicatos de trabajadores al servicio de los Estados, Municipios e Instituciones descentralizadas de carácter Estatal de la República Mexicana”, en Los Pinos, ante el entonces Presidente de la República, José López Portillo, pronunció un discurso en el que entre otras cosas afirmaba: “En nosotros se da la singular situación, que no contradicción, de que formando parte del gobierno, somos también parte del pueblo y, como tal, aspiramos a recibir los beneficios de la distribución de la riqueza expresada en justicia social. Para resolver esta situación nos hemos organizado en Sindicato”. Sindicato significa literalmente “con justicia, para hacer justicia”. La justicia social es un problema no sólo endémico, sino globalizado, que hoy plantea urgentes desafíos en el tema de los salarios, prestaciones, seguridad social, jubilaciones, etc. El también impulsor del sindicalismo en Querétaro y en el país, Bailleres, afirmaba también en aquella ocasión, que se advertía en muchas partes “como norma, el oportunismo político, el amiguismo, el servilismo y la corrupción”, por lo que, decía, “como parte integrante del gobierno debemos trabajar para defender y hacer realidad la distribución de la riqueza creada por el pueblo y devolvérsela en la justicia social”.

    Con motivo de este acontecimiento del 1º de mayo, vuelvo a presentar una reflexión que proponía hace 21 años, cuando aún era seminarista, en un texto publicado en “La Diócesis de Querétaro. Presencia y voz”, con el título “De los niños que trabajan y de los hombres que juegan”.

    «Del 30 de abril al 1° de mayo no media sino tan solo un instante, casi tan prolongado como el tiempo que transcurre entre la infancia y la edad adulta.

    Ser niño es no estar sometido a la cuarta dimensión: el tiempo, pues para el niño solo existe el presente, no preocupa su existencia en cosas que tal vez ni llegarán; le basta su inocencia para ser feliz y, aunque no lo pueda definir, cree y vive el amor.

    De los niños podemos aprender a perdonar: aún antes de que sus lágrimas se sequen, se ha secado ya el odio por un instante sentido a quien les ha hecho llorar.

    Sueña el párvulo con lo que será de grande. Solo que hay quienes son despertados muy temprano de su sueño y se enfrentan a una realidad inhóspita: el mundo de los adultos.

    Hemos sido llamados a la existencia, digamos que hemos sido creados sin nuestro consentimiento (el caso del niño), más por el trabajo (propio del adulto) entendido como don y tarea y desarrollado en constante libertad, forjamos una autocreación, una re-creación; pues al vencer al caos por el trabajo se deja una huella impresa en el universo que refleja a cada uno de sus co-creadores.

    Así, en cierto sentido no somos sino solo lo que cincelamos por el trabajo, entendido éste no como fin en sí mismo (seria alineación), antes bien como medio a través del cual se logra llegar a ser verdaderamente hombre.

    Cuando es trocada la naturaleza del niño por actividades que debe realizar a destiempo —y urgido por el hambre que no puede postergar— se convierte en esclavo de lo que debería ser su medio de liberación: el trabajo; lacerado así mismo por la no menos ignominiosa hambre de educación (aunque por Decreto tenga derecho a ella).

    Vemos niños maltratados, utilizados, degradados en su dignidad bajo el yugo del trabajo, a la par que vemos hombres que juegan con el destino de los pueblos, con los sentimientos y esperanzas ajenos.

    Ante la contundencia de los hechos las palabras sobran y la razón no basta: ¿Por qué niños exhaustos tras largas jornadas de trabajo escasamente perviven, mientras hombres que juegan con interminables laberintos de palabrerías (sin crear nada, sin trabajar) detentan sobreabundancia?.

    Las manos trabajadoras son el verdadero artífice ordenador que hacen más humano nuestro mundo, del cual emergen pequeñas figuras que no abdican a la felicidad y poseen en su lucha inefable la sola fuerza de la verdad y la inocencia.

    Solo el que construye, crea, trabaja, tiene derecho a llamar a las cosas por su nombre».

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    8 de Mayo de 2016

  • La tortura: negación más profunda de la condición humana

    A Mons. J. Guadalupe Martínez Osornio,
    de cuyas manos recibí el sacramento del Bautismo, con motivo de su 50 aniversario de Ordenación Sacerdotal

    Los hechos sucedieron en febrero de 2015 pero sólo el pasado jueves 14 de este mes de Abril se dieron a conocer en las redes sociales: la tortura de una mujer en Ajuchitlán del Progreso, Gro., a manos de dos elementos del Ejército Mexicano y un Policía Federal. La noticia conmocionó no sólo a nuestra Patria, sino en este tiempo de globalización al mundo entero.

    Frente a estos hechos, el sábado 16 del presente, el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, emitió un mensaje en el que afirma fueron “actos irracionales y equivocados, que indignan y denigran a las fuerzas armadas”[1]; también dijo que son hechos “aislados”. Aislados o no, nunca debieron ocurrir.

    Estos hechos recuerdan lo sucedido en la prisión de Abu Ghraib, Irak, en 2003, cuando militares estadounidenses torturan a varios prisioneros. En ese contexto, el lunes 7 de Junio de 2004, el Wall Street Journal publicó extractos de un documento del Pentágono, con fecha de 6 de marzo de 2003, en el que se presentan una serie de posibles justificaciones legales de la tortura, mismos que pueden resumirse en tres afirmaciones principales. La primera: se puede actuar en base a órdenes dadas. Quien tiene el poder absoluto es incontestable en su ejercicio. En el fondo resuenan teorías de T. Hobbes y M. Weber: la violencia pública, la del Estado, es la única legítima, y a la base estaría el contrato social. La segunda: el estado de necesidad; es decir, ciertas circunstancias harían posible éticamente justo aquello que en otras situaciones no lo sería. Subyace la ideología llamada consecuencialista o proporcionalista: el bien de todos es superior al de una persona; no hay bien o mal en sí mismos, todo es relativo a la utilidad que proporciona. El tercer intento de justificación: el principio de autodefensa. Si estoy “razonablemente convencido” de que si no lo hago yo, me matarás tú (una persona colectiva), entonces es mejor que lo haga yo. El razonamiento es: como no se me puede pedir que el sacrificio de la vida, entonces es justo que la preserve.

    En otras palabras, según estos intentos de justificación de la tortura, se deriva que del principio de que la orden del Soberano es legítima, entonces se debe obedecer siempre; del principio que la seguridad de una comunidad es el bien, deduzco que puedo, es más, que debo tutelarla a cualquier precio, incluso sacrificando a alguno; del principio que debo salvaguardar la vida, se deriva que, si ésta es amenazada, puedo matar. Aquí volvemos a la pregunta siempre antigua y siempre nueva: ¿qué es el derecho natural?  Esto es, creemos firmemente que la justicia funda la ley y no viceversa. En otras palabras, existen unos principios que fundan el razonamiento moral y no son fundados, es lo que en la tradición de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino se denomina “naturaleza”, ésta es el fin del hombre, es lo que el hombre llega a ser cuando sus potencialidades son plenamente realizadas. Las leyes de la naturaleza expresan las exigencias del hombre, entendidas incluso en sentido también muy material: por naturaleza el hombre debe tener con que nutrirse, debe tener una familia, debe poder realizarse en el trabajo, etc. En este sentido se dice que el (poder) comer, la familia, el trabajo, son “por naturaleza”. Luego entonces, la ley positiva debe traducir estas exigencias “naturales” en el marco del actuar humano, de la coacción y de las estructuras sociales: la ley positiva, lo “legal”, debe traducir todo esto en el actuar histórico del Estado y de los asociados. En efecto, si la ley humana se distancia de aquella natural, “ya no será ley, sino corrupción de ella”: lo jurídico funda lo legal y no viceversa. La ley no está subordinada a la política —como sucede en el mundo moderno—, esto es, al poder soberano, sino a lo jurídico, al conjunto de valores  compartido en la sociedad, no al querer del Estado[2].

    Por otra parte, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (19458) afirma en el art. 5: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. Lo mismo afirma el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Humanos (16 de diciembre de 1966), al que México está vinculado (23 de marzo de 1981. Adhesión), en su art. 7: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. En particular, nadie será sometido sin su libre consentimiento a experimentos médicos o científicos”. En la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (10 de diciembre de 1984), a la que México está vinculado (23 de enero de 1983. Ratificación), en su art. 1, dice que por tortura se entiende: “todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia”.

    El 27 de Junio de 2004 después de la oración del Angelus, afirmaba el Papa Juan Pablo II a propósito de la tortura: “Ojalá que el compromiso común de las instituciones y de los ciudadanos contribuya a erradicar completamente esta intolerable violación de los derechos humanos, radicalmente contraria a la dignidad del hombre”.

    Si como afirma Z. Bauman[3], que la relación con el otro vuelve a ser el hecho crucial de la condición humana, entonces se degrada más quien la comete que quien la padece, porque es la negación más profunda de la condición humana.

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    [1] La Jornada, 17 de abril de 2016, p. 2.

    [2] Cfr. De Bertolis, Ottavio; La perversiones del diritto: la tortura, en La Civiltà Cattolica 2004 IV 25-35.

    [3] Citado por Magatti, Mauro;  “Torture, diritti umani, democrazia”; enAggiornamenti sociali 55 (2004) 524.

  • La memoria como forjadora de identidad

    Decía el filósofo griego que “nada hay en el intelecto que primero no haya estado en los sentidos”, es decir, conocemos a través de la experiencia sensorial, luego hacemos una abstracción que se convierte en una idea, éstas las relacionamos y surge un juicio que cuando los combinamos hacemos un raciocinio. Esto en una teoría del conocimiento realista, al estilo de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. Éste nos enseña que además de los cinco sentidos externos tenemos también los internos (que son cuatro), de los cuales la memoria es uno de ellos. Según Santo Tomás tenemos una memoria a nivel meramente sensitivo, de la cual también los animales participan. Pero además, dice, tenemos otra a nivel intelectivo.

    La memoria siempre hace referencia al tiempo, recordamos las cosas bajo ciertas circunstancias y movimientos. Somos capaces de recordarnos a nosotros mismos dentro de un lapso de tiempo continuo, eso nos da una identidad.

    A este respecto podemos apuntar lo que dice Francisco en Amoris laetitiae, a propósito de cómo se va forjando nuestra memoria y, nuestra identidad por lo tanto: “Ante cada familia se presenta el icono de la familia de Nazaret, con su cotidianeidad hecha de cansancios y hasta de pesadillas […]Como María, (las familias) son exhortadas a vivir con coraje y serenidad sus desafíos familiares, tristes y entusiasmantes, y a custodiar y meditar en el corazón las maravillas de Dios (cf. Lc 2,19.51). En el tesoro del corazón de María están también todos los acontecimientos de cada una de nuestras familias, que ella conserva cuidadosamente. Por eso puede ayudarnos a interpretarlos para reconocer en la historia familiar el mensaje de Dios” (n. 30). ¿Cómo entonces renunciar al dolor que sentimos y ha configurado también nuestra historia y nuestra memoria? ¿Cómo pues aceptar ese “ya supérenlo” cuando muchos hijos de nuestra patria siguen desaparecidos? ¿Cómo aceptar contra todo lo razonable “verdades históricas” que no arraigan en la realidad y por lo tanto tampoco en las mentes ni en los corazones? ¿De dónde tendrán que venir a decirle —como dijo el poeta de la canción— “más verdades a lo cierto”? Así están las cosas y han estado muchas otras que siguen esperando respuesta.

    Francisco advierte que hoy circula una cierta idea de justicia en la que los ciudadanos se convierten simplemente en una especie de clientes que sólo exigen prestaciones de servicios (cfr. AL 33) y que cuando esta visión se traslada a la familia entonces “esta puede convertirse en un lugar de paso, al que uno acude cuando le parece conveniente para sí mismo, o donde uno va a reclamar derechos, mientras los vínculos quedan abandonados a la precariedad voluble de los deseos y las circunstancias. En el fondo, hoy es fácil confundir la genuina libertad con la idea de que cada uno juzga como le parece, como si más allá de los individuos no hubiera verdades, valores, principios que nos orienten, como si todo fuera igual y cualquier cosa debiera permitirse” (AL 34). Frente a esta afirmación contundente podemos preguntarnos: ¿pueden los hombres de Estado influir, con su forma de actuar y afirmar, a los miembros de nuestras familias o son las familias que han formado esa forma de pensar y actuar en algunos servidores públicos? El Papa Francisco incorpora un texto de los Obispos mexicanos a su documento de reciente publicación, en el que exponen la violencia intrafamiliar como un desafío en la época reciente: “Como indicaron los Obispos de México, hay tristes situaciones de violencia familiar que son caldo de cultivo para nuevas formas de agresividad social, porque «las relaciones familiares también explican la predisposición a una personalidad violenta. Las familias que influyen para ello son las que tienen una comunicación deficiente; en las que predominan actitudes defensivas y sus miembros no se apoyan entre sí; en las que no hay actividades familiares que propicien la participación; en las que las relaciones de los padres suelen ser conflictivas y violentas, y en las que las relaciones paterno-filiales se caracterizan por actitudes hostiles. La violencia intrafamiliar es escuela de resentimiento y odio en las relaciones humanas básicas» (AL 51).

    Sí, toda forma de violencia marca  nuestra historia personal y social, da una identidad que permanece en la memoria y que no se borra por decreto. Es necesario emprender caminos urgentes de justicia, paz y reconciliación que purifiquen nuestra memoria e identidad. La memoria no sólo tiene que ver con el pasado, también puede ser constructora de futuro.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

  • Del “gaudium” a la “laetitia”, es decir, del evangelio al amor

    Al Padre Gregorio Reyes
    con gratitud por su testimonio sacerdotal

    La Iglesia vive cada año dos grandes momentos penitenciales: el adviento y la cuaresma. Convencida de que el pecado nos roba la verdadera alegría, la Iglesia nos invita a retornar a esa siempre perenne, esa que brota de cumplir la voluntad de Dios. El tercer domingo de Adviento y el cuarto de Cuaresma son llamados del “gaudete” y del “laetare”, respectivamente, y son una invitación al gozo y la alegría: si bien es cierto que hemos pecado, el Señor Resucitado nos renueva con su misericordia. Es significativo pues, que dos de los grandes documentos del Papa Francisco hagan referencia a estos dos temas: La Exhortación Apostólica “Evangelii gaudium” sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual y la de reciente publicación, luego de dos Sínodos de los obispos: “Amoris laetitia” sobre el amor en la familia (8 de abril de 2016).

    El Papa Francisco es decididamente un hombre a quien ha correspondido aplicar el Concilio Vaticano II, primero como sacerdote y Obispo, ahora como Romano Pontífice. Ya las primeras palabras de su nuevo texto ponen en evidencia esa tarea: cuando dice que “la alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia” (n. 1) parece ser un eco de Gaudium et Spes n. 1: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”.

    Otra muestra de esa convicción conciliar o sinodal es la voluntad de caminar juntos y en la libertad de los hijos de Dios: el dogma no es punto de llegada, sino de partida; es decir, no todo está dicho, existe “la necesidad de seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales” (n. 2); y privilegiando que “en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis”, reafirma el principio de sabio legislador y pastor prudente: “en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas” (n. 3).

    El documento es sólo suyo, sin embargo el Papa está lejos de una voluntad dictatorial, él mismo aclara: “agradezco tantos aportes que me han ayudado a contemplar los problemas de las familias del mundo en toda su amplitud […] por ello consideré adecuado redactar una Exhortación apostólica postsinodal que recoja los aportes de los dos recientes Sínodos sobre la familia, agregando otras consideraciones” (n. 4). La Comunión y el primado del Romano Pontífice hacen así que el concepto de democracia sea innecesario en la Iglesia, pues son realidades más profundas que surgen del Espíritu, pues es el mismo Espíritu quien otorga diversos dones y los mantiene en la unidad.

    El objetivo del documento es esencialmente doctrinal, con un fundamento bíblico; mira la realidad en toda su complejidad para “mantener los pies en la tierra”, propone caminos pastorales llenos de misericordia frente a esas “situaciones que no responden plenamente a lo que el Señor nos propone” e incluye líneas de espiritualidad familiar (cfr. n. 6). Que nadie busque ahí pues, lo que no es el objetivo del documento, así nadie se sentirá defraudado y sí encontrará caminos de libertad de pensamiento y acción, caminos de conversión.

    En estos dos grandes documentos el Papa nos invita a descubrir esa alegría que viene de Dios, esa que los santos han experimentado y nada ni nadie les ha podido quitar, y que no se vive de modo aislado ni es una cierta “perfección” intimista, sino que se manifiesta en medio de los otros, en medio de la familia; es “ese gozo, efecto del amor fraterno, no es el de la vanidad de quien se mira a sí mismo, sino el del amante que se complace en el bien del ser amado, que se derrama en el otro y se vuelve fecundo en él” (n. 129); es el Evangelio de los hijos de Dios, de esos que han regresado a casa luego del extravío, y también de los que se han quedado en casa y son invitados a sentarse a la mesa con el hermano que regresa. La vida del cristiano debe ir del gozo a la alegría sin ignorar la cruz. Leamos en familia el nuevo documento del Papa.

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

  • Madres y Maestras

    A ellas con admiración en su día

    Decían los antiguos que las palabras son como hijas del alma, por eso podemos llamar padre o madre a nuestros maestros que nos educan a través de ellas; y no es raro que los niños más pequeños digan equivocándose de modo espontáneo mamá a su maestra.

    Despertar en los niños el gusto por la lectura y estimular su imaginación es algo que les acompañará toda la vida, hoy se siguen impulsando nuevos métodos de lectoescritura, que los niños aprendan a leer y a escribir. Educar es enseñar a ser libre, tal vez por eso decía un General romano: los pueblos se hicieron para dominarse, no para educarse.

    A finales del año pasado acudieron a una invitación que se les hizo en Argentina, un grupo de docentes de preescolar, primaria, secundaria y autoridades educativas del Estado de Querétaro, para que compartieran su experiencia en estos temas. Coincidentemente durante su breve estancia allá, se presentó León Gieco en concierto, algunos de los maestros acudieron a la presentación; al iniciar la misma, unos personajes con máscaras dieron vueltas entre las filas de los asistentes repartiendo pequeños presentes, al pasar junto al grupo de mexicanos una de ellas exclamó: ¡venimos de México!, ante lo cual uno de los personajes regresó y le entregó un libro: Yo que una vez… puse tierra en tus pies. Análisis de la Obra y los recitales de León Gieco (La Motte, Cristina. De la Victoria Ediciones, Mendoza 2010); luego al llegar al escenario este personaje se quita la máscara y se dan cuenta de que era el mismísimo León Giego.

    Durante la dictadura militar en Argentina (1976-1983) se llegó a prohibir que se tocara rock en inglés, esto hizo que se desarrollara el rock en español. Por otra parte surgieron una serie de canta autores que denunciaban lo que estaba sucediendo: muertos, desaparecidos, torturados, etc., bajo el terror de Estado. Entre ellos se encuentran León Gieco, Mercedes Sosa, Teresa Parodi, Víctor Heredia, Sumo, Miguel Cantilo, María Elena Walsh, etc. Muchas de las canciones libertarias de esa época surgieron expresamente a partir de la situación que se estaba viviendo, otras fueron reinterpretadas a luz de los acontecimientos y adquirieron un nuevo sentido. Por ejemplo, Víctor Heredia, cuya madre pertenece a las madres de Plaza de Mayo por tener una hija desaparecida, compone su famosa canción “Todavía cantamos” a partir del hecho de la muerte de su padre por la tristeza de su hija desaparecida y de lo que su madre exclamó: “Todavía tenemos esperanza hijo”.

    De entre las canciones tal vez más famosas de León Gieco se encuentra “Sólo le pido a Dios”, de la que dice la autora del libro mencionado: “habla del tema de la debilidad de la gente cuando admite que el flagelo de la guerra la puede destruir, que la gente podría ser traicionada y que quizá su única arma sea la memoria” (p. 19).

    La memoria se guarda y se mantiene viva especialmente al transmitirse por la música, en ese sentido alguien dijo: si quieres cambiar un pueblo, cámbiale su música. En nuestros días entre nosotros ha ido creciendo lo que se llama “Movimiento alterado” que no se limita ya, al estilo del corrido tradicional, a narrar acontecimientos, sino que en ocasiones hacen verdadera apología de la violencia. Creo que no está en el prohibir este tipo de expresiones, sino en el educar como nuestra patria tendrá que transitar hacia modelos más justos y fraternos de convivencia, modelos más humanos en los que no se confunda “derechos” con “libertad de hacer”, es decir, necesitamos volver a modelos más humanistas de educación y no sólo formas tecnificadas que miran sólo a la producción inmisericorde a cualquier precio. Necesitamos una educación que nos enseñe lo que el ser humano es y lo que está llamado a ser, mirando a la belleza, al orden, a la bondad, y esto se labra lentamente en las aulas de pre escolar a través de las madres y maestras.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

  • Los laicos y su participación en la vida pública

    A todos los trabajadores de nuestro Patria

    Las grandes personas van delineando su vida con ideas y actitudes que se reiteran de modo constante, que son sus grandes líneas de acción en los diferentes momentos de su vida; cuando se les lee pueden percibirse esos grandes ideales y preocupaciones, son persistentes en sus formas de buscar cómo llevarlas a cabo, podrán evolucionar pero nunca desaparecer esos destellos de convicción por hacer realidad ciertos sueños que generalmente buscan dar respuesta a lo cambiante de la vida, son observadores perspicaces y pioneros en la solidaridad. El Papa Benedicto XVI nos enseñó en Caritas in veritate que “El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz” (n. 1). Mientras que en Deus caritas est nos dijo que “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (n. 1). Es decir, el cristianismo es ante todo un esfuerzo constante por vivir de cierta manera de cara a Dios, al hermano, al mundo; es un estilo de vida que brota del amor y tiende hacia la justicia y la paz.

    De las ideas y acciones que Francisco siempre ha vivido y se ha esforzado por promover es la acción de los laicos en la vida social. Siendo Obispo, en una Ponencia en la presentación de “Consenso para el desarrollo” (Universidad del Salvador, 17 de junio de 2010) afirmaba: “Sin solidaridad no hay desarrollo y sin desarrollo no hay solidaridad. La solidaridad se traduce en la convivencia, el equilibrio de los beneficios y sacrificios compartidos. La solidaridad para el desarrollo es asistencia social sostenida y sentida; es distribución equitativa de la renta; es la seguridad de los que menos tienen; es la defensa de los más débiles; es el crecimiento social común; es el desarrollo equilibrado; es la fraternidad real y ampliada; es responsabilidad pública por la exclusión social; es la colectivización del costo social. Todo ello edifica un futuro promisorio de la convivencia que profundiza el ethos del porvenir”. Este martes 26 abril del presente, se publicó una Carta que el Papa Francisco le dirigió al Cardenal Marc Armand Ouellet, P.S.S.,
Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. La Carta tiene fecha del 19 de marzo de 2016. En ella el Papa le dice entre otras cosas, a propósito del Encuentro que tuvo la Comisión en marzo pasado: «Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos dec1aracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades. Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: «es la hora de los laicos» pero pareciera que el reloj se ha parado». Otra de las convicciones constantes del Papa es el tema de la mirada. En su reciente visita a México vino a ver a la Morenita y a que Ella lo mirara. En su Mensaje con motivo de la Cuaresma de 2009 el Cardenal Bergoglio decía: “Hay algunos paisajes a los que nos terminamos acostumbrando de tanto verlos. El gran riesgo del acostumbramiento es la indiferencia: ya nada nos causa asombro, nos estremece, nos alegra, nos golpea, nos cuestiona”. Luego denunciaba  situaciones indignantes que viven millones de hermanos: pidiendo algo para comer o revolviendo la basura, ancianos y niños durmiendo en las calles, etc. Y agregaba: “No nos interesan sus vidas, sus historias, sus necesidades ni su futuro. Cuántas veces sus miradas reclamadoras nos hicieron bajar las nuestras para poder pasar de largo. Sin embargo es el paisaje que nos rodea y nosotros, queramos verlo o no, formamos parte de él”. Sí, son denuncias fuertes que nos debieran hacer en primer lugar sonrojarnos, y en segundo lugar ponernos en acción. El Papa sigue diciendo en su Carta al Cardenal Ouellet: “debemos reconocer que el laico por su propia realidad, por su propia identidad, por estar inmerso en el corazón de la vida social, pública y política, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente tiene exigencias de nuevas formas de organización y de celebración de la fe”. Afirma también que los Pastores de la Iglesia no tienen el monopolio de las soluciones, sino que “tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompañándolos en sus búsquedas y estimulando esta imaginación capaz de responder a la problemática actual. Y esto discerniendo con nuestra gente y nunca por nuestra gente o sin nuestra gente”.

    Muchas veces los sacerdotes nos sentimos agobiados en nuestro ministerio por una difícil realidad que nos rebasa con mucho; frente a esto nos llenan de esperanza los miles de laicos que están llamados a caminar junto con los Pastores. Caminemos todos juntos mirándonos mutuamente sin ser indiferentes frente a nuestras necesidades y debilidades.

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

  • Domingo de la Pasión del Señor

    Pbro. Filiberto Cruz Reyez

    Domingo de Ramos o “De la Pasión del Señor” llama la Iglesia al día de hoy y “recuerda la entrada de Cristo nuestro Señor en Jerusalén para consumar su misterio pascual”; por eso en todas las misas se conmemora esta entrada del Señor con una procesión o una entrada solemne. Con este día iniciamos la Semana Santa.

    En la tradición bizantina la Semana Santa es precedida por la llamada Semana de Lázaro: en la cual se contempla la enfermedad, la muerte y al final la resurrección el día sábado del amigo del Señor Jesús. Se acentúa la victoria de Cristo sobre la muerte de Lázaro para luego contemplar al Señor en su entrada triunfal a la ciudad santa, Jerusalén, para vivir ahí su propia pasión, muerte y resurrección.

    Este año la liturgia nos propone leer la Pasión según san Lucas. Los evangelios, aunque hablan del mismo misterio, lo hacen con su peculiar acento. De los cuatro evangelistas Lucas es el único que redactó su obra en modo doble: el Evangelio y el libro de los Hechos de los Apóstoles, por lo que en éste hay resonancias del primero y hay muchos paralelismos entre la trayectoria de Jesús y la de los Apóstoles, con la intención de mostrar que la vida del discípulo debe moverse en el mismo plano que la del Maestro. Por ejemplo: Jesús sanó a un paralítico, Pedro y Pablo hacen los mismo; Jesús resucitó muertos, ellos también; Jesús enseñó a la gente en el templo, Pedro y Pablo también, etc.

    San Lucas presenta un Jesús humano y que se emociona: llora al contemplar Jerusalén (Lc 19, 41) en el momento de su entrada, porque el Pueblo elegido no ha querido escuchar la voz de Dios; Pablo en el libro de los Hechos también invitará a los hebreos a creer en Jesús y escuchar a Dios. En la última cena Jesús pone en el centro de su mensaje el servicio: el que quiera ser el más grande tiene que ser el servidor de todos (cfr. Lc 22, 26-27). De celebrar la Eucaristía brota la fuerza para el servicio; quien no sirve a los hermanos no ha entendido correctamente qué es la Eucaristía.

    San Lucas pone también como algo central de su Evangelio el “don”: “[Jesús] tomó luego el pan y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: ‘este es mi cuerpo que es dado por ustedes, hagan esto en recuerdo mío’ (Lc 22, 19”. San Pablo acentúa la comprensión que tiene de esto, cuando dice a los cristianos de Éfeso: “En todo les he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: mayor felicidad hay en dar que en recibir” (Hch 20, 35). Si el Evangelio no reporta estas palabras en labios del Señor Jesús, es tal vez porque toda su vida fue un darse, hasta dar la propia vida. Es esto lo que da sentido a su Pasión, que hoy iniciamos.

    En el Evangelio según san Lucas, Simón Pedro está en el centro de la oración de Jesús: “¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder sacudirlos como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos” (Lc 22, 31-32). ¿Porqué si Satanás sacudirá a todos los discípulos Jesús sólo ora por Simón? San Lucas acentúa la misión de Simón: “confirmar” a los hermanos, por eso luego el cambio de nombre a Pedro-piedra. El primado de Pedro en Lucas le es otorgado en el momento de la pasión. El libro de los Hechos está impregnado de este verbo y esta misión de Pedro: confirmar a los hermanos; misión que continúa hoy el Papa, sucesor de Pedro.

    Durante la pasión Jesús es presentado por san Lucas en un ambiente de progresiva soledad, esa del justo perseguido, del profeta despreciado, del Hijo del hombre humillado. Pero hay cuatro personajes que hacen que esa soledad no sea absoluta y que ponen nuestra humanidad ante la suya: Simón de Cirene (Lc 23, 26), en quien se cumple el “si alguno quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día y sígame” (Lc 23, 26); José de Arimatea, “hombre bueno y justo” (Lc 23, 50), miembro del Sanedrín que no estuvo de acuerdo con la muerte de Jesús; aparece también el llamado “buen ladrón” (Lc 23, 39-48) y el centurión (Lc 23, 47). Del primero solo san Lucas habla de él y éste expresa: el reconocimiento de su culpa, proclama la inocencia de Jesús de Nazaret e invoca su potencia misericordiosa. Este hombre experimentó que la puerta de la misericordia de Dios está siempre abierta.

    San Lucas da un lugar importante a las mujeres, es el único que afirma que algunas estuvieron desde el inicio de su ministerio junto a él (Cfr. Lc 8, 1), luego en la pasión y por supuesto lo contemplaron resucitado.

    El Jesús que presenta san Lucas está cercano a la humanidad, es el buen samaritano (Lc 10, 29-37)que nos encuentra golpeados, dolidos, humillados; nos cura y nos pone en marcha. Que el Señor nos sane por sus santas llagas gloriosas.

  • Francisco, viajero de la esperanza

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    A mi madre con amor, en su cumpleaños

    Este viernes 27 del presente mes de noviembre, el Papa Francisco en su encuentro con los jóvenes en el Estadio Kasarani de Nairobi (Kenia), al responder a la pregunta: “¿porqué suceden las divisiones, las luchas, la guerra, la muerte, el fanatismo, la destrucción entre los jóvenes? ¿porqué este deseo de autodestruirnos?”, afirmó: “En la primera página de la Biblia, después de todas las maravillas que Dios hizo, un hermano asesina al propio hermano. El espíritu del mal nos lleva a la destrucción; el espíritu del mal nos lleva a la desunión, nos lleva al tribalismo, a la corrupción, a la dependencia de la droga… Nos lleva a la destrucción a través del fanatismo”.

    También fuimos jóvenes y expusimos nuestras propias interrogantes. Recordamos un texto de hace 20 años, publicado en “La Diócesis de Querétaro. Presencia y Voz” (12 de Febrero de 2015), al que intitulamos “Elegía por el año viejo”, el contexto era el año del levantamiento zapatista.

    Elegía por el año viejoEl tiempo se va, El tiempo viene. Atónitos marchamos ante el inexorable ritmo de las horas. Y en el corazón cavilante de más de algún mexicano 1994 quedará como el año del posible y anhelado cambio, y muchos otros corazones latirán al compás del poeta en culpable omisión: “por lo que supe y no pudo ser más que silencio”.¿Habrá algo más voluble que el corazón del hombre? Vida que deviene reflexión y en visión retrospectiva contempla y canta un día después: Ciudad en ruinas. Espectros ancestrales en danza agónica se diluyen, para volver de nuevo a invadir la frágil vida con el peso de su espanto. Esquirlas de luz y el sonido atraviesan el espacio y el alma de aquel hombre. Terrible fortuna del que hereda una desgracia.Herencia maldita. Soledad que se harta de sí misma. Laberinto de cristal que encierra las conciencias de los muertos atrapados en el tiempo. Recuerdos dormidos que al menor pretexto saltan a la realidad.La lucha externa del hombre con el hombre, del hombre y su miseria. Rostro oculto de polvo mezclado con su sangre, disimulado en la espesura de su selva; el hacha vierte la savia de la vida que corre y llega al mar de la vergüenza, la rabia y el olvido. Son ya años de muerte y de conquista. El grito tumultuoso se alza en esperanza…Volverá un año nuevo y nuestra esperanza afirma que no es el eterno retorno mecanicista, sino uno que jalona el Reino y entona con San Agustín: “Señor… nos creaste para Ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en Ti”.

    Ahí en el estadio, Francisco decía también a los jóvenes: “La vida está llena de dificultades, pero hay dos modos de ver las dificultades: o se las mira como algo que te bloquea, que te destruye, que te tiene detenido, o bien, se les mira como una real oportunidad. A ustedes les toca elegir: ¿para mí, una dificultad es un camino de destrucción, o bien, es una oportunidad para superar mi situación, aquella de mi familia, de mi comunidad, de mi pueblo?”. Francisco, te esperamos con tu palabra de luz y esperanza; ahí en medio de los pobres, de los indígenas, de nuestra violencia absurda, junto al muro de la vergüenza…

  • La historia: Dios en el tiempo

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    Cuando Dios crea lo hace por medio de su Palabra, el libro del Génesis repite como estribillo “dijo Dios” (1, 3; 1, 6; 1, 9; 1, 11; 1, 14; 1, 20; 1, 24; 1, 26; 1, 29); al crear, al pronunciarse, Dios está ya salvando, el acto creador es al mismo tiempo un acto de salvación; la creación, y por tanto la historia, no es un mero escenario donde el ser humano estará como accidente, sino el lugar donde se juega su salvación eterna, donde el Reino tiene su inicio: “Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios”; el mismo Espíritu que “aleteaba por encima de las aguas” (Gn 1, 2) es el mismo que conduce a Jesucristo en su ministerio; es decir, Jesucristo, la Palabra eterna del Padre realiza la creación (“todo fue creado por Él y para Él” Col 1, 16) y la salvación.

    Por esta misma razón, cada uno de nuestros actos o está en sintonía con el proyecto del Reino o está en contra de él: “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt 12, 30). La historia es pues la presencia de Dios en el tiempo.

    El pasado lunes 16 de este mes de noviembre se llevó a cabo en nuestra Diócesis de Querétaro la XXVII Asamblea Diocesana de Pastoral, que tuvo como objetivo “Impulsar la comunión misionera, revisando las orientaciones pastorales Diocesanas, evaluando las acciones concretas que cada Comisión diocesana asumió para impulsar la Pastoral de la Comunicación (2015), y conociendo las Directrices de la evaluación y actualización del PDP (2016), para asumir corresponsablemente la Misión permanente en nuestra Diócesis, bajo el patrocinio de san Junípero Serra”.

    En la Asamblea, nuestro Pastor Diocesano, Mons. Faustino Armendáriz hizo dos importantes intervenciones, la primera, al darnos las “Orientaciones claves y criterios para evaluar y actualizar el Plan Diocesano de Pastoral”, y la segunda, durante la Homilía en la Santa Misa. Queremos resaltar dos llamamientos que el Obispo nos ha hecho. El primero, durante la homilía: “Invito a todos a seguir  impulsando el uso  de los medios de comunicación en el quehacer pastoral. ¡En la cualidad y calidad de la trasmisión  del mensaje del Evangelio, estará la clave de la respuesta de nuestros interlocutores!” (n. 4). Por esta razón, desde nuestras limitadas fuerzas continuamos con estas sencillas líneas. El segundo llamamiento que enfatizamos es la primera de sus Orientaciones claves y criterios para evaluar y actualizar el Plan Diocesano de Pastoral: “Ver y leer la realidad con los ojos de Dios”, de la cual nos explicita: “Debemos ser realistas y reconocer la complejidad de la situación y los graves problemas del mundo, de México y de nuestra diócesis. Debemos recordar que la fuerza del Espíritu es la que nos guía en el camino de la nueva evangelización”. Es decir, guiados por nuestro Pastor diocesano debemos hacer nuestro el aforismo siempre antiguo y siempre nuevo en la Iglesia: “Ecclesia semper reformanda est” (“La Iglesia está siempre en estado de reforma”), o en palabras de San Agustín: “la fe que busca entender”, la teología no es otra cosa que la búsqueda constante de la voluntad de Dios, cómo actuar en la historia, cómo contribuir a la instauración del Reino, cómo ver y leer la realidad con los ojos de Dios. Este pensamiento de nuestro Pastor diocesano hunde sus raíces en el más puro magisterio de la Iglesia, de manera especial en la enseñanza de los Obispos de América latina expresado en los documentos del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), y más puntualmente en el Documento de Aparecida, que nos exhorta a que “en la vida cotidiana, veamos la realidad que nos circunda a la luz de su providencia, la juzguemos según Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, y actuemos desde la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo y Sacramento universal de salvación, en la propagación del reino de Dios, que se siembra en esta tierra y que fructifica plenamente en el Cielo” (n. 19). Resuene pues fuertemente en nuestros corazones el llamamiento de nuestro Obispo para continuar con la misión que Dios nos ha encomendado en este momento histórico que nos ha tocado vivir, para que Jesucristo, Rey del Universo nos encuentre haciendo su voluntad cuando venga a juzgar a vivos y muertos (cfr. Mt 24, 46).