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Las ciudades
Una vez más Querétaro saltó a la fama esta semana que termina, la noticia de la detención de Héctor Beltrán Leyva, presunto líder del cártel de Los Beltrán Leyva dio la vuelta al mundo: lo detuvieron en San Miguel de Allende, Gto., pero vivía en Querétaro; llevaba dicen, un estilo de vida un tanto discreto para pasar desapercibido en la ciudad.
En el Estado de Guanajuato nació el famoso cantautor y psicólogo de México: José Alfredo Jiménez; siempre he tenido la idea que fue un filósofo existencialista, muy a la mexicana por supuesto y orgullosamente. En el ’68 tenía 42 años, Sartre contaba ya 63 y Camus 55. ¿Acaso no es una nausea existencial el “que me sirvan de una vez pa’ todo el año” y no suena a sin sentido y absurdo su “la vida no vale nada, comienza siempre llorando y así llorando se acaba”, evocando a Camus?
En su canción “Las ciudades” José Alfredo expresa en uno de sus versos:
“Las distancias apartan las ciudades,
las ciudades destruyen las costumbres”.
Querétaro y san Miguel de Allende siempre han sido cercanas y no sólo en las distancias sino también en su vocación católica e insurgente, hoy en el turismo y los tristes cambios de las costumbres de las que los medios de comunicación dan cuenta en estos días. Y no sólo estas ciudades, éstas son una muestra más de eso que el sociólogo polaco Zygmunt Bauman llama la “vida líquida”: es decir, “la manera habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas” y una de cuyas características es que no mantienen ningún rumbo determinado, puesto que no mantienen por mucho tiempo la misma fisonomía; y esto define el estilo de vida de los ciudadanos: la precariedad y la incertidumbre constantes. En palabras del autor citado la sociedad “moderna líquida” es aquella “en que las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en unas rutinas determinadas”; las características de las “ciudades líquidas” son el consumismo, lo desechable, la rapidez con que cambian las cosas, el desarraigo del terruño, el relativismo, etc. Se olvida en este estilo de vida la eternidad, pero se apuesta al infinito: vivir al límite en una sola vida aquí y ahora lo que antes se esperaba vivir en la eternidad; lo que importa es la velocidad y no la duración. A este estilo de vida se sienten atraídos sobremanera no sólo los jóvenes, sino muchos de quienes detentan el poder.
Bauman en su obra “Vida líquida” (Paidós, México 2013) cita a Ítalo Calvino a propósito de su obra “Las ciudades invisibles”, y dice cómo en Eutropía, una de sus ciudades fantásticas, los habitantes, en cuanto “se sienten presa del hastío y ya no pueden soportar su trabajo ni a sus parientes ni su casa ni su vida”, “se mudan a la ciudad siguiente”, donde “cada uno de ellos se conseguirá un nuevo empleo y una esposa distinta, verá otro paisaje al abrir la ventana y dedicará el tiempo a pasatiempos, amigos y cotilleos diferentes”. Cosa nada distante de lo que ahora presenciamos; tal vez eso mismo intuía en la misma canción José Alfredo, pues empieza diciendo:
“Te vi llegar y sentí la presencia de un ser desconocido,
Te vi llegar y sentí lo que nunca jamás había sentido”.
Si bien él lo decía de una persona en especial, como seguramente así fue, podríamos extenderlo a esta imagen del “hombre líquido” que tristemente se aproxima cada vez más a las ciudades de nuestra patria, con la complacencia muchas veces, al menos por omisión, de los que anhelamos un estilo de vida alternativo: ciudades en paz, de trabajo, fraternas, justas, libres.
Filiberto Cruz Reyes
5 de Octubre de 2014
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El relativismo como nihilismo
En este mes patrio, uno de los motivos para llamarlo así, es el tema de los llamados “niños héroes” que murieron durante la batalla de Chapultepec los días 12 y 13 de septiembre de 1847, durante la guerra contra Estados Unidos. Uno de los mitos en torno a este acontecimiento es que uno de ellos, Juan de la Barrera o Juan Escutia, se arrojó al vacío en un acto suicida envuelto en la bandera para que ésta no cayera en manos del enemigo. Se arrojó al vacío, a la nada.
Más allá de lo que este acontecimiento tiene de leyenda, el hecho es que el ser humano siempre tiene ante sí el vacío, la nada, como una experiencia siempre posible; ya el filósofo francés Jean Paul Sartre definía al hombre como “el ser por el cual la nada viene al mundo”. “Nada” en latín, se dice “nihil”, y este concepto ha dado origen a una corriente de pensamiento en épocas más o menos recientes que se ha dado en llamar “nihilismo”, en relación con el “existencialismo”. De los primeros autores en usarlo fue el ruso Iván Turgenev (también escrito Turgueniev) en su novela Padres e hijos (1860-1862), en donde expresa a propósito de uno de sus personajes, que es presentado como materialista y nihilista, diciendo que “es un hombre que no se inclina de frente a ninguna autoridad, que no asume ningún principio como dogma de fe, independientemente del respeto del cual este principio esté circundado”.
El choque de formas de ver la vida entre una generación y otra es hasta cierto punto normal, pues la realidad va cambiando, sin embargo, la naturaleza humana permanece; cambian los contextos, las virtudes y los vicios son siempre más o menos los mismos en nuevas situaciones. Hoy muchos de nuestros jóvenes se siguen arrojando al vacío, a la nada, pero ya no por ideales o valores, sino por la ausencia de ellos.
Existen ciertas corrientes de nihilismo intelectual que han hablado acerca del conocimiento humano, que hasta donde parece, se funda sobre la capacidad de distinguir la apariencia de la realidad. Al constatarse que los sentidos pueden percibir algo como distinto a lo que la razón nos dice (el ejemplo de un objeto recto que al introducirlo al agua parece que está doblado nos puede ayudar), puede llevar a alguien a dudar de la total incapacidad real de poder conocer la realidad así como es en sí misma, tendríamos que conformarnos con una interpretación de la misma, o peor aún, con una “construcción” de la misma. Luego entonces, cada quien tiene su verdad: relativismo puro. Frente a este relativismo nos rescata la experiencia del actuar práctico y del avance innegable de la ciencia.
Está otra vertiente de este relativismo, el que se refiere a la voluntad: el ser humano como la única medida de su propio actuar, negando toda norma moral. Ya antes que Nietzsche, Max Stirner había afirmado a propósito de esto: “Yo no soy la nada en el sentido de ‘vacío’, sino soy la nada creadora, aquella nada de la cual yo mismo, como creador, creo todo”. Luego Nietzsche desarrollará todo su tema de la voluntad de poder: “En la vida no existe nada que tenga valor más allá del grado de poder, puesto que la vida no es otra cosa que la voluntad de poder”. De este modo el nihilista oscila entre una autoreferencialidad (cosa que Francisco ha combatido a propósito de la Iglesia) y una desesperación profunda, puesto que cuando nos volvemos autoreferencia al hacer sólo y todo lo que nosotros consideramos como bueno y correcto, todo lo demás pierde su sentido, se vuelve relativo; por eso san Juan Pablo II afirmó: “En la interpretación nihilista la existencia es sólo una oportunidad para sensaciones y experiencias en las que tiene la primacía lo efímero. El nihilismo está en el origen de la difundida mentalidad según la cual no se debe asumir ningún compromiso definitivo, ya que todo es fugaz y provisional” (Fides et ratio n. 46).
El relativismo en todas sus modalidades es pues un nihilismo, tal vez una de sus manifestaciones es el lanzarse a la nada por nada, característica de las grandes ciudades: el suicidio, del cual nuestra Patria no está exenta en diversos modos. Salvemos a nuestros jóvenes con fe y razón. ¡Viva México!
Filiberto Cruz Reyes
21 de Septiembre de 2014
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Fe, Razón y Patria
Septiembre, el llamado mes patrio, evoca una serie de situaciones difíciles en la configuración de México en los ya dos siglos recientes.
Aunque en ciertos momentos se quiera ignorar el papel de la Iglesia en este proceso, es imposible: fueron hombres de Iglesia, y más específicamente de la Católica, quienes iniciaron el movimiento libertario. Fue en el contexto de una fiesta patronal que inicia el éxodo mexicano, el camino hacia la libertad. Era la fiesta litúrgica de nuestra Señora de los Dolores, en el pueblo de Guanajuato que lleva su nombre, cuando el Cura Miguel Hidalgo aprovechando la concurrencia de la feligresía con motivo de la fiesta convocó a iniciar el camino hacia la independencia enarbolando la imagen de la Virgen de Guadalupe, marcando así de modo imborrable la vocación mariana del pueblo naciente. Hidalgo no fue el único sacerdote que participó en este proceso social, junto con él y, de los más conocidos, está el Generalísimo Morelos.
Uno de los temas de fondo que subyacen a las decisiones de los hombres de Iglesia que participaron en la gesta libertaria es el tema de la guerra justa y sus interrogantes: ¿se puede uno sublevar frente al orden imperante al ser considerado esencialmente injusto?, ¿la rebelión causaría más males que la misma opresión y tiranía que se pretendía combatir o los aboliría?, ¿existen otros caminos para alcanzar el objetivo sin recurrir a la violencia, pues contradice esencialmente los principios cristianos?, etc. En otras palabras ¿cómo hacer patria en ese momento sin contradecir la propia religión?
En la sentencia de degradación contra Morelos se puede leer: “Y damos por lo que a nos toca nuestra facultad a cualquier sacerdote, para que en ambos fueros lo absuelva de las censuras en que ha incurrido, si arrepentido lo pidiese”. Esto implicaba que Morelos reconociera los delitos de los que lo acusaban sus enemigos: sólo si renegaba de su vida revolucionaria podría permanecer en comunión con la iglesia y recibir los sacramentos. Estaba en un callejón sin salida aparente, entre sus dos amores: la religión y la patria. Dos cosas de las que siempre intentó hacer síntesis, con su pensamiento y con su acción.
“Te deponemos, degradamos, despojamos y sacamos de toda orden, beneficio y privilegio clerical…”, escuchó Morelos entre otras cosas el día lunes 27 de noviembre de 1815 al ser degradado y luego dejado a la jurisdicción militar.
Será complejo todo lo que antecedió a la muerte finalmente de Morelos, hombre que quiso ser fiel a Dios, a sus hermanos y a la Patria naciente, y que en un torbellino violento se vio envuelto en cosas tan humanas y de ciertos excesos como el fusilamiento de varios jefes realistas en Oaxaca y el degüello de varios españoles como represalia por la muerte de Matamoros, en ese intento de construir una sociedad más humana, justa y libre.
Morelos se debatió entre la fe y la razón, no porque opusiera la una a la otra, sino porque en ciertos momentos excepcionales se suceden los acontecimientos tan rápido y tan fuerte que es necesario hacer opciones sin que haya oportunidad de meditarlos tal vez lo suficiente. Fue hijo de su tiempo y sembró para una reflexión sobre la fidelidad a la Patria, a la Iglesia, a Dios.
También hoy la iglesia católica es protagonista de la construcción de nuestra Patria, sobre todo educando a sus miembros en la caridad, la fe y la razón para construir una sociedad en la que se respeten las diferencias, incluida ella misma, pues ha estado presente desde el inicio. ¿Quién estaría hoy dispuesto a morir por la Patria antes que servirse de ella?
Filiberto Cruz Reyes
14 de Septiembre de 2014
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Alas y raíces
Este 4 de septiembre, el Papa Francisco habló con cinco niños, uno de cada continente (Turquía, Israel, Sudáfrica, El Salvador y Australia eran los países participantes), con motivo del lanzamiento de la Plataforma Digital Scholas Occurrentes, cuyo objetivo es “que la tecnología nos ayude a conocernos y construir una cultura de la paz”.
Uno de ellos, desde Estambul le preguntó al Pontífice: “el futuro ¿será mejor o será peor?” A lo que él respondió: “¿sabéis dónde está el futuro? Está en tu corazón, está en tu mente y está en tus manos?”. Con esto el Papa hacía referencia a la forma de sentir, de pensar y de actuar que se requiere para hacer el bien. Agregó también el Papa: el futuro está en los jóvenes, pero se requieren jóvenes con alas y con raíces; “alas para volar, para soñar, para crear y que tengan raíces para recibir de los mayores la sabiduría que nos dan los mayores. Por eso el futuro está en las manos de ustedes si tienen alas y raíces”. El Papa exhortó a los jóvenes a animarse a tener alas, a soñar un mundo mejor, a protestar contra las guerras, y a respetar la sabiduría que se ha recibido de los mayores: de los padres, de los abuelos, de los mayores del propio pueblo.
El niño sudafricano le dijo al Papa en excelente español: “voy a hacer unas preguntas, no se ponga nervioso”. Esto ocasionó la risa de todos los presentes. A él el Papa dijo que la juventud hoy necesita tres pilares: educación, deporte y cultura. El deporte es importante dijo el Papa, porque enseña a jugar en equipo, salva del egoísmo; hay que trabajar en equipo y andar el camino de la vida en equipo.
Al niño salvadoreño el Pontífice le dijo: “cuidado con las maras, porque así como existen puentes que los unen a ustedes, también existen comunicaciones para destruir. Estén bien alertas, cuando hay grupos que buscan la destrucción, que buscan la guerra, que no saben trabajar en equipo, defiéndanse entre ustedes, como equipo, como grupo, y trabajen fuerte […] sigan adelante por este camino de trabajar en equipo y defenderse de aquellos que quieren atomizarlos y quitarles esa fuerza del grupo”.
El Papa terminó diciendo a todos los jóvenes las palabras de Jesucristo: “no tengan miedo […] sueñen el futuro volando pero no olviden la herencia cultural, sapiencial y religiosa que les dejaron sus mayores”.
Esto lo dice un hombre que tiene 78 años, que es hijo de emigrantes italianos, que estudió química, luego entró al seminario, para posteriormente enseñar literatura y psicología, que vivió en Chile, España y Alemania; fue párroco, Superior Provincial de los Jesuitas en Argentina, etc., un hombre que ha soñado alto y se ha dejado conducir por Dios y por la espiritualidad de sus mayores, tanto los de su congregación como por los de su pueblo y su familia; él lo sabe, hoy se necesitan maestros que nos enseñen a vivir en un mundo a veces poco esperanzador; pero el cristiano tiene hermanos mayores que le han precedido hace ya dos mil años, de manera especial están los santos como maestros de vida, que vivieron sin miedo, innovando en la fidelidad a la Palabra que no pasa. Es francisco una persona que siempre ha vivido con sencillez y austeridad, pero intensamente, con alas y raíces de las que nos provee la Iglesia. Este espacio se llama “El arte es largo, la vida breve” (Ars longa, vita brevis) porque tenemos conciencia que los santos son para nosotros maestros de vida, nos educan con la memoria y la profecía, con las raíces y las alas.
Filiberto Cruz Reyes
7 de Septiembre de 2014
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El verdadero problema
Premio Novel de literatura, Albert Camus, escribió un ensayo titulado El mito de Sísifo; en él decía que solamente hay un verdadero problema filosófico: descubrir si la vida vale la pena vivirse, y que si la respuesta es no, sólo queda una salida: el suicidio.
Querétaro ha visto en días recientes el suicidio número 57, según datos que han difundido los medios de comunicación. Las estadísticas muestran que son los países más altamente industrializados quienes tienen el mayor índice de suicidios; muestran también qué hora del día, qué días de la semana o estaciones del año tienen la mayor incidencia. La Iglesia, también hija de su tiempo, en algún momento prohibió realizar exequias a quien atentaba contra su propia vida. Hoy, conocedora también del avance de las ciencias humanas, ha dejado esa práctica sabiendo que son muchos los factores que influyen para realizar un acto de este género, indicando además a los Pastores de almas una especial cercanía a los familiares de las víctimas del peso de la vida y de las enfermedades.
El Papa Francisco ha insistido en luchar contra la cultura de la exclusión, del “descarte” como él dice. ¿Qué lleva a alguien al “autodescarte”? Muchos deben ser los factores, pero una cosa es segura: crecimiento poblacional, técnico o económico, entre otros, no son sinónimo de verdadero desarrollo.
Camus decía que el hombre se pregunta por el sentido del mundo, pero que el mundo permanece mudo; así, la actividad rutinaria y monótona del hombre (Sísifo que condenado a subir su piedra esférica a la montaña, al legar a la cumbre contempla cómo la piedra rueda una y otra vez hacia abajo, descubre que su verdadero castigo no es tanto el esfuerzo físico al que se ve sometido, sino la conciencia que de ello tiene al ir bajando por ella nuevamente) le pone al riesgo de la desesperanza. Decía Camus, no estamos desesperados, simplemente no hay esperanza, y frente a todos los grandes males que experimenta el hombre sólo le queda el recurso de la ciencia y de la técnica para hacer menos trágica su existencia.
El cristiano sabe que tenemos esperanza y que el esfuerzo cotidiano da sentido a su propia existencia, pues las actividades cotidianas no son un fin en sí mismas, sino medios para alcanzar la propia realización, y cada actividad realizada con amor está llena de eternidad, lejos de la recompensa inmediata y sensible, efímera.
Ningún problema puede ser mayor que la persona misma, el perdón de Dios y de los demás abren nuevos horizontes y posibilidades en nuestra vida. La solidaridad fraterna nos arrebata de las garras de la soledad y la miseria humanas. La grandeza de un pueblo no se mide por la extensión geográfica o económica, sino por la calidad y sentido de la existencia de cada uno de sus integrantes, sobre todo de los más pequeños, enfermos e inútiles a los ojos del mundo.
Mientras un solo herman@ renuncie a su propia vida, no podemos decir que hay verdadero desarrollo, no al menos para todos, y así, la comunidad está incompleta. El verdadero problema no son los problemas, sino qué hacemos frente a ellos. Un abrazo fraternal en silencio y respeto a todos los que sufren por la ausencia de sus seres queridos.
Filiberto Cruz Reyes
31 de Agosto de 2014
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Línea directa
Especular sobre las motivaciones e intereses de grupos y personas frente a las variadas circunstancias de la vida puede ser un “pasatiempo” sin límites y además con sabor marcadamente tendencioso.
Durante el regreso de su viaje apostólico a la república de Corea, el Papa Francisco ofreció una extensa entrevista a los periodistas que cubrían dicho viaje con motivo de la VI Jornada de la Juventud Asiática. En ella expresó su pensar acerca de varias situaciones que se vislumbran dentro de su actividad como sucesor de Pedro. Le hicieron el siguiente cuestionamiento: “Como sabe, las fuerzas militares de los Estados Unidos han comenzado a bombardear hace poco a terroristas de Irak para evitar un genocidio, para proteger el futuro de las minorías, entre los que hay católicos, bajo su guía. ¿Aprueba usted este bombardeo americano?”. Con la sencillez y modo directo que le caracterizan respondió: «“Gracias por esta pregunta tan clara. En estos casos, cuando hay una agresión injusta, sólo puedo decir que es lícito detener al agresor injusto. Subrayo el verbo: detener. No digo bombardear, declarar la guerra, sino detenerlo. Habrá que estudiar los medios con los que se le puede detener. Detener al agresor injusto es lícito […] Una sola nación no puede determinar cómo detener a un agresor injusto. Después de la Segunda Guerra Mundial, surgió la idea de las Naciones Unidas: es allí donde se debe discutir, decir: “¿Se trata de un agresor injusto? Parece que sí. ¿Cómo detenerlo?”. Solamente así, nada más.»
El Papa habla directo y agradece que le hagan la pregunta directa, no esconde motivaciones ni intereses oscuros: su respuesta e interés es en favor de la justicia, su motivación el bien común, mismo que se traduce en responsabilidad común al momento de decidir, cosa que también es un derecho de la comunidad internacional congregada en la ONU; invoca un Estado de Derecho internacional, por decirlo de algún modo.
Y no habla para tomar distancia o contestando cosas que no se le preguntan —como sucede con tantos personajes que parecen esquizofrénicos intelectuales que no relacionan pregunta con respuesta, teoría y práctica—; cuando se le interroga acerca de la posibilidad de que viaje a Irak contesta: “Si fuese necesario, cuando volvamos de Corea, podemos ir allí. Era una posibilidad. Ésta es la respuesta: Estoy dispuesto. En este momento no es lo mejor que se puede hacer, pero estoy dispuesto”. En ese contexto afirma que hizo un comunicado que envió a todas las Nunciaturas para que lo transmitieran a los gobiernos, luego la Carta al Secretario General de la ONU y finalmente envió al Cardenal Filoni como representante personal al mismo lugar de los hechos.
Este 21 de agosto se ha dado a conocer el tema para la próxima Jornada Mundial de la Paz, a celebrarse el 1 de Enero de 2015: “Ya nunca más esclavos, sino hermanos”. En el Comunicado de presentación, el Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz afirma que: “La esclavitud hiere mortalmente dicha fraternidad universal y, por tanto, la paz. La paz, en efecto, tiene lugar cuando el ser humano reconoce, en el otro, un hermano que posee la misma dignidad”. Esto se puede ligar al tema de la libertad religiosa a la que todo ser humano tiene derecho, y que cuando se vulnera suceden casos actuales como el de Irak, en el que las minorías étnicas y religiosas ven vulnerada su dignidad y derechos, entre otros el de la libertad religiosa. Ahí mismo se afirma que “El Mensaje del Santo Padre es enviado a las Cancillerías de todo el mundo e indica además la línea diplomática de la Santa Sede para el año que comienza”. Francisco no busca falsos y mundanos protagonismos, ni primeras páginas para vanagloria humana, sino que compromete su vida misma e invita a sus colaboradores a hacer lo mismo, así se entienden sus largos y cansados viajes para promover la paz, aún a sabiendas de que esto le traiga como consecuencia que sólo pueda haber Francisco para dos o tres años más, como expresó en la misma entrevista de rueda de prensa.
¿Qué tanto estamos dispuestos a jugarnos con Francisco? Demostrémoslo. Nos ha dado línea directa.
Filiberto Cruz Reyes
24 de Agosto de 2014
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El mundo entero ha contemplado la barbarie
Después de todos los horrores que contempló la humanidad entera en la Segunda Guerra mundial se hicieron esfuerzos y se crearon instituciones para que nunca más volviera a suceder masacre alguna. De estos esfuerzos surgió la “Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio”, luego de que la Organización de las Naciones Unidas en Asamblea General y por su Resolución 96 (I) del 11 de diciembre de 1946 declaró “que el genocidio es un delito internacional contrario al espíritu y a los fines de las Naciones Unidas y que el mundo civilizado condena”; de este modo la Convención fue adoptada y abierta a la firma y ratificación, o adhesión, por la Asamblea General en su resolución 260 A (III), del 9 de diciembre de 1948. Entró en vigor el 12 de enero de 1951.
En su Artículo II la Convención afirma:
“En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpretados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal: a) Matanza de miembros del grupo; b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo”.
El genocidio es pues entendido como algo que requiere tres elementos: uno material (un acto específico de los que se mencionan), uno moral (que haya una intención) y un tercero: que tenga un objetivo específico (un grupo nacional, étnico, racial o religioso).
El “Pontificio Consejo para el diálogo Interreligioso” ha denunciado “la dramática situación de los cristianos, de los yasidies y de las otras comunidades religiosas y étnicas numéricamente minoritarias en Irak” y sin decirlo expresamente ha declarado que es un genocidio el que está cometiendo el llamado “califato” o “Estado Islámico” restaurado en Irak y Siria, en donde las horrendas imágenes que circulan viralmente en Internet han estremecido al mundo entero. ¿Qué abusos denuncia el Pontificio Consejo? Los que se enumeran como características de un genocidio: “la práctica execrable de la decapitación, la crucifixión y de colgar cadáveres en las plazas públicas; el éxodo […] la expulsión forzada de decenas de miles de personas, incluso niños, de ancianos, de mujeres embarazadas y de enfermos […], la imposición de la práctica salvaje de la infibulación, etc., (primer elemento). El segundo elemento, el moral, creemos que también se da, por eso el Pontificio Consejo afirma que hay intenciones específicas que se traducen en crímenes horrendos, como “la destrucción del patrimonio religioso-cultural cristiano de valor inestimable; la violencia abyecta con el fin de aterrorizar a las personas y obligarlas a rendirse o a huir”. El tercer elemento aparece claramente cuando el Pontificio Consejo denuncia “la masacre de personas por el solo motivo de su profesión religiosa” y “la elección impuesta a los cristianos y a los yasidíes entre la conversión al Islam, el pago de un tributo (jizya) o el éxodo”; es claro que hay motivos de odio por la religión y la etnia.
Por todo esto el Consejo para el diálogo interreligioso “exige una toma de posición clara y valiente por parte de los responsables religiosos, incluso musulmanes, de personas comprometidas con el diálogo interreligioso y de todas las personas de buena voluntad” así como el que “todos deben ser unánimes en condenar sin ambigüedad alguna estos crímenes y denunciar la invocación de la religión para justificarlos”. La razón de esto que exige lo expresa de manera contundente: “De lo contrario, ¿qué credibilidad tendrán las religiones, sus seguidores y sus jefes?”.
El Papa Francisco ha pedido lo mismo en una Carta dirigida al Secretario General de la ONU, además de la intervención de la Comunidad Internacional “a través de las normas y de los mecanismos del derecho internacional? ¿Tú y yo, qué haremos?
Filiberto Cruz Reyes
17 de Agosto de 2014
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Los primeros días de un Estado
Cuando la ONU realizó la votación en que se aprobaba la partición de Palestina en dos Estados, uno judío y el otro palestino el 29 de noviembre de 1947, el evento fue festejado con gran júbilo por los hebreos en Palestina. Ben-Gurión, Presidente de la Agencia Judía escribió en sus memorias: “No pude bailar ni cantar aquella noche. Miraba a los otros que danzaban de felicidad, y no alcanzaba a no pensar que la guerra estaba ya ahí esperándolos”. Y efectivamente, se desencadenó una guerra árabe-israelí en una doble vertiente. La primera, una verdadera guerra civil que inició a finales de noviembre de 1947 y duró hasta el 14 de mayo de 1948, fecha en que sale de Palestina el ejército inglés al terminar el Mandato. La otra, fue una guerra al estilo convencional que inició el 15 de mayo de 1948, día en que se proclamó la independencia de Israel en base a la Resolución 181 de la ONU. El Estado naciente hizo frente a los que se oponían a su nacimiento: Siria, Egipto, Jordania, Líbano e Irak. Además de algunos contingentes que provenían de Yemen y Arabia Saudita. Entre noviembre del ’47 y mayo del ’48 Israel había constituido un ejército de alrededor de 15 000 efectivos y se le dio la tarea de custodiar las fronteras nacientes y los asentamientos de los hebreos en territorio palestino. Esto provocó muertes de un lado y otro.
Como Presidente del nuevo Estado fue nombrado Caín Weizmann y, Jefe de Gobierno David Ben-Gurión. Después de la proclamación de independencia el nuevo Estado fue reconocido inmediatamente tanto por Estados Unidos, como por la Unión Soviética.
La ONU negoció una tregua que entró en vigor el 11 de Junio del mismo año. Israel, violando el acuerdo, compró armamento a Checoslovaquia y también equipo estadounidense, así, al reiniciar la guerra el día 18 del mismo mes pudo de manera relativamente fácil dominar a los contrarios que además por divisiones internas no se ponía de acuerdo para coordinar sus acciones. De las ciudades árabes ocupadas en esos días destaca la de Lydda, de la cual se calcula fueron expulsados unos 70 000 palestinos hacia la ciudad de Ramallah; durante el viaje murieron innumerables personas de cansancio, hambre y sed, sobre todo ancianos y niños. El 18 de julio siguiente inició una segunda tregua, mientras tanto el delegado de la ONU, Folke Bernadotte, propuso un plan para conseguir la paz; murió asesinado por sionistas del Lehi ( acrónimo en hebreo de Luchadores por la libertad de Israel).
Con la intervención de los Estados Unidos y la ONU se llega a un acuerdo para terminar el conflicto entre Israel y Egipto el 24 de febrero de 1949, mismo que servirá de modelo para luego hacer lo propio con Siria, Líbano y Jordania y se definieron los límites territoriales, al menos hasta 1967.
Consecuencia de esta guerra fue, entre otras, el que muchos palestinos salieron de sus ciudades en calidad de refugiados a los países limítrofes. Los judíos hablan de cerca de 500 000 personas; las versiones palestinas hablan de un millón de personas; historiadores contemporáneos dicen que fueron entre 700 y 800 mil los desplazados; el cómo fue posible esto en tan pocos días es algo que todavía se discute.
Son muchos los motivos para que existan odios y rencores, lo cierto es, como dice el Papa Francisco, que construir la paz es algo difícil, pero vivir sin ella, un tormento. Oremos por la paz.
Filiberto Cruz Reyes
10 de agosto de 2014
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El nacimiento de un Estado
En medio de guerras nace el Estado de Israel. Como consecuencia del reacomodo geopolítico después de la primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano pierde el control que tenía sobre Palestina, misma que queda sometida al control del Mandato Británico, que le fue otorgado por la Sociedad de Naciones, institución que buscaba solucionar conflictos y promover la paz entre las naciones.
Palestinos y hebreos habitaban la misma tierra. Sin embargo al inicio de los años 30 y teniendo su culmen en 1936 se suscitaron una serie de conflictos entre árabes y judíos, éstos habían emigrado a Palestina en gran número durante los últimos años y esto fue considerado por los árabes como algo ilegal. En 1936 el Gobierno Inglés instituyó una Comisión, conocida como Peel por su Presidente, que conociera del asunto, luego un año después, en 1937 rindió un informe. Entre otras cosas proponía que terminara el Mandato Británico y que Palestina se dividiera en dos partes: una para palestinos y otra para judíos. El territorio del Estado de Palestina consistiría en el 75% del territorio, el Estado Hebreo tendría el 20% (Galilea y una parte de la costa) y Jerusalén, Belén y sus alrededores permanecerían bajo el dominio Inglés. Ninguna de las dos partes estuvo de acuerdo, los árabes no cederían un solo centímetro de lo que consideraban tierra sagrada del Islam. Los judíos no aceptaban que el territorio que se les proponía fuera tan pequeño. El informe de la Comisión Peel contemplaba además al mismo tiempo que la partición del territorio, la transferencia de personas de un territorio a otro, y argumentaba que se podría hacer, pues ya la historia entonces más o menos reciente lo atestiguaba como algo posible: la transferencia obligada de 1 300 000 griegos de Asia Menor a Tesalia y Macedonia y de 400 000 turcos en la dirección contraria. Eso se había realizado en 18 meses para mejorar las relaciones entre Grecia y Turquía. Decían además que las personas árabes a transferir de los territorios controlados por judíos eran aproximadamente 300 000.
Sin embargo, los líderes del movimiento sionista empezaron a pensar de un modo distinto, movidos entre otras cosas por el movimiento antisemita que ya se originaba en Europa, de modo especial en la Alemania nazista. David Ben-Gurión, presidente de la Agencia Judía para Israel y Caín Weizmann fueron los promotores de aceptar la partición, cosa que otros líderes, entre ellos Zeev Jabotinsky, no aceptaban. Éste también criticó la esperanza de Ben-Gurión de que este pequeño Estado fuera el trampolín para una posterior expansión del mismo.
Mientras tanto los conflictos crecían: dos organizaciones clandestinas sionistas, la Haganah (la defensa) e Irgún (Organización Militar Nacional en la Tierra de Israel) realizaban frecuentes atentados contra los ocupantes ingleses; entre otros el atentado con dinamita al Hotel Rey David, sede del cuartel general y administrativo del Mandato Británico, llevado a cabo por Irgún el 22 de Julio de 1946, en el que murieron 91 personas, esto como represalia por algunas acciones realizadas por los ingleses en contra de los judíos.
Entre otras cosas esto hizo que el gobierno británico en febrero de 1947 tomara la decisión de renunciar al Mandato sobre Palestina y dejar las cosas en manos de las Naciones Unidas; el 2 de agosto del mismo año el Parlamento Inglés en sesión especial llevó a cabo tal decisión. La ONU, en la Asamblea general de abril-mayo del mismo año, nombró una Comisión (Comité Especial para Palestina) que conociera la situación, compuesta por 11 países: Holanda, Suecia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Uruguay, Irán, Canadá, Australia, India, Perú y Guatemala; su presidente fue el jurista Emil Sandstrom. La Comisión presentó un informe el 1º de Septiembre de 1947.
Después de hacer modificaciones a la antigua propuesta de división (Israel tendría ahora el 55% del territorio) se llevó a cabo la votación en la ONU el día 29 de noviembre de 1947: 33 países votaron a favor de la partición del territorio, 13 países árabes se opusieron (y no reconocieron algún valor a la decisión) y hubo 10 abstenciones, entre ellas la de Inglaterra. La Resolución 181 de la ONU trató el tema. Eran las bases para el nuevo Estado de Israel. Oremos por la paz.
Filiberto Cruz Reyes
3 de Agosto de 2014
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De las primeras consecuencias del autoproclamado Califato
A la muerte de Mahoma, fundador del islamismo, no dejó sucesor; entonces sus seguidores se dividieron en dos posturas: los que consideraban que el sucesor tendría que ser por descendencia familiar y los que propugnaban una postura en la que el líder tendría que ser el Califa (que significa “sucesor”). De las dos posturas surgieron sendos grupos: los sunitas que proponían el califato, y los chiítas, que defendían la sucesión en línea de familia.
Califato significa pues tanto el proceso de elección del líder, en este caso religioso y político, de los musulmanes en todo el mundo; así como el sistema de gobierno. El último califato histórico fue el del Imperio otomano que vio su fin en 1924.
En días recientes un grupo de extremistas sunitas muy activos en Siria e Irak autodenominados Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, por sus siglas en inglés) abreviaron su nombre a simplemente “Estado Islámico” y también el 29 de Junio pasado proclamaron la creación de un Califato, que comprendería por ahora territorios de Siria e Irak. Proclamaron como Califa a Abu Bakr Al Baghdadi, llamado de ahora en adelante Califa Ibrahim.
Una de las características del Califato es que se rige con estricta interpretación que el grupo tiene de la ley islámica. El régimen de Ibrahim ha emanado diversas disposiciones referentes a las mujeres: deben darse las jóvenes vírgenes en esposas a los yihadistas, ha impuesto la segregación de los sexos en las Universidades, y la más terrible en los últimos días: ha pedido la infibulación para todas las mujeres del Califato, incluidas las niñas, aduciendo para la brutal disposición inexistentes motivaciones religiosas. Este régimen ha dado órdenes precisas de aplicar estas leyes bárbaras e irracionales haciendo referencia especialmente a dos ciudades bastión del cristianismo: Aleppo, en Siria y, Mosul en Irak.
Según datos de la UNICEF más de 130 millones de niñas y mujeres adultas han sido sometidas a mutilaciones genitales. Y Según fuentes de la ONU en los próximos diez años otros 30 millones de niñas están en riesgo de sufrir el mismo suplicio. Somalia, Guinea y Yibuti son los países donde la infibulación está más difundida, en donde 9 de cada diez mujeres de entre 15 y 49 años la sufren. También datos de la UNICEF en países como Chad, Gambia, Mali, Senegal, Sudán, Yemen e incluso en algunas zonas de Egipto la infibulación sería una práctica muy difundida.
Opacado el conflicto en Siria por el actual entre palestinos e israelíes, sigue reportando víctimas inocentes todos los días. Según datos no oficiales, en los últimos tres años y medio en Siria han muerto más de 170 000 personas. Por si esto no bastara, la Organización Mundial de la Salud ha dado a conocer que 36 niños de Siria han sido víctimas de la poliomielitis y 800 000 están en riesgo de contraerla porque viven en zonas donde la guerra hace imposible realizar las vacunaciones.
En pleno siglo XXI seguimos padeciendo esas guerras inexplicables que devastan sobre todo a los más pobres. Cada régimen será juzgado por sus leyes y por la forma en que las ejercen, por acción o por omisión.
Los Romanos Pontífices han insistido en los últimos años en que el nuevo nombre de la paz es la justicia, y que la paz es una, o es de todos o de nadie. Esto debería movernos a no permanecer indiferentes: una oración, una carta a las Embajadas podrían ser la diferencia, pequeña pero efectiva.
Filiberto Cruz Reyes
27 de Julio de 2014