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Los frutos del olivo
Apenas el 25 de Mayo próximo pasado durante su viaje a Tierra Santa, durante la oración del Regina Coeli en Belén, el Papa Francisco pronunció las siguientes palabras: “Señor Presidente Mahmoud Abbas, en este lugar donde nació el Príncipe de la paz, deseo invitarle a usted y al Señor Presidente Shimon Peres, a que elevemos juntos una intensa oración pidiendo a Dios el don de la paz. Ofrezco la posibilidad de acoger este encuentro de oración en mi casa, en el Vaticano”. Ambos Presidentes aceptaron la invitación y de este modo el día 8 de Junio se llevó a cabo lo que el Papá llamo: “Invocación por la paz”. Los Presidentes, el Patriarca Bartolomé de Constantinopla jefe de la Iglesia ortodoxa y el Papa oraron juntos. Al inicio del acontecimiento el Papa decía:
“Gracias desde el fondo de mi corazón por haber aceptado mi invitación a venir aquí para implorar de Dios, juntos, el don de la paz. Espero que este encuentro sea un camino en busca de lo que une, para superar lo que divide”.
El día 12 Junio tres jóvenes israelíes fueron secuestrados y el 30 del mismo mes fueron encontrados muertos. El gobierno de Netanyahu atribuye este horrendo hecho al partido Hamas de inspiración socialista y uno de los dos principales movimientos político-militares de Palestina; el otro es Al Fataha. Días después un joven palestino de Shufat, barrio de Jerusalén fue secuestrado y quemado vivo por extremistas de Israel. Crímenes tan horrendos el uno como el otro. El asesinato de los tres jóvenes ha sido considerado por Israel como casus belli (caso de guerra) y es lo que ha desencadenado este conflicto armado que parece no tener fin. Este ancestral conflicto parece eterno y es complejo desde cualquier punto de vista, cualquier pronunciamiento es tomado por uno u otro bando como en contra propia y a favor del otro. Por una parte, Israel posee uno de los ejércitos más poderosos del mundo que cuentan con armamento sofisticado y poderosa economía; por el otro, los palestinos radicales utilizan un terrorismo constante, sin gran potencial bélico, que más que muertes produce pánico e incertidumbre entre los judíos, utilizan propaganda ideológica que invita a los habitantes a no huir de los lugares que los judíos anuncian serán bombardeados, para convertirse en escudo humano; lo cierto es que no hay muchas opciones y hasta ahora la mayor parte de los muertos son palestinos. El conflicto parece un laberinto sin salida luego de que la mediación de los Estados Unidos fracasara.
El mismo día que el Papa invitara a los Presidentes terminó su intervención diciendo: “Todos deseamos la paz; muchas personas la construyen cada día con pequeños gestos; muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla. Y todos tenemos el deber, especialmente los que están al servicio de sus pueblos, de ser instrumentos y constructores de la paz, sobre todo con la oración.
Construir la paz es difícil, pero vivir sin ella es un tormento. Los hombres y mujeres de esta tierra y de todo el mundo nos piden presentar a Dios sus anhelos de paz”.
Ese tormento del que hablaba el Papa es ahora más evidente que nunca.
Al terminar la “Invocación por la paz” en el Vaticano, los cuatro grandes líderes plantaron juntos un olivo signo imperecedero del común deseo de paz entre los pueblos de Palestina e Israel. Dice el Papa que hay que orar, pues la oración siempre da frutos de paz, a veces lentamente, imperceptible casi como lo que tarda un pequeño olivo en dar frutos. El aceite en la Biblia significa entre otras cosas la alegría. Oremos por estos dos pueblos para que cese la barbarie humana o tan inhumana como la que se vive también en los últimos años en nuestra Patria.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
20 de Julio de 2014
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A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva
A mi abuela Leonor en su cumpleaños 97
y a la memoria de mi abuelo Alfonso
La Conferencia Regional sobre Migración “es uno de los resultados concretos de la Cumbre de Presidentes denominada Tuxtla II , efectuada en febrero de 1996” y está conformada actualmente por: Belice, Canadá, Costa Rica, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y República Dominicana; y tiene además como países observadores a: Argentina, Colombia, Ecuador, Jamaica y Perú (http://www.crmsv.org/Descripcion.htm). El día 30 del mes pasado publicó una Declaración Extraordinaria (http://www.crmsv.org/ReunionesCRM_GRCM.htm) en el marco de la XIX Conferencia Regional sobre Migración, realizada en Managua, Nicaragua; en donde afirman que el “creciente número de niñas, niños y adolescentes que migran de manera irregular constituye un reto significativo en materia de protección humanitaria y aplicación de la ley en nuestra región”. A ello Obispos de Estados Unidos, México, El Salvador, Guatemala y Honduras saludaron el día 10 del presente con una Declaración Conjunta (http://www.cem.org.mx/contenido/419-cem-declaracion-obispos-eua-guatemala-honduras-mexico-salvador.html) en la que ven con esperanza el reconocimiento que los países miembros de dicha Conferencia hacen de la corresponsabilidad que existe frente al desafío de la migración infantil y el compromiso hecho para implementar medidas integrales y articuladas para garantizar el interés superior del niño y adolescente, así como la unidad familiar.
El tema de la migración no es nuevo para los cristianos. Ya en la Primera Carta de Pedro se lee: “Los exhorto como a expatriados y extranjeros…” (2, 11). Este tema fue puesto en el centro de la atención mundial cuando el Papa Francisco acudió a la Isla italiana de Lampedusa en su primer viaje oficial fuera de Roma luego de su elección, fue el 8 de junio del año pasado; se acaba de cumplir un año. Dicha isla es el lugar por donde arriban miles de migrantes venidos del norte de África. Allí condenó la “globalización de la indiferencia” y exhortó a un “despertar de las conciencias”.
En esta Carta del Apóstol Pedro aparecen varias veces los conceptos griegos de pároikos (expatriado) y oikós (familia). El primero denota al extraño, al extranjero, al forastero, al “otro”. El segundo tiene connotaciones de hogar, de sitio donde uno se encuentra a gusto y está encajado, del lugar adecuado donde nos encontramos bien. Así, el primer concepto señala a la persona desplazada y que se encuentra fuera de su lugar, al forastero o extranjero que despierta curiosidad o sospecha. En el mundo romano antiguo se expresó esta condición con el concepto peregrinus. Tanto en el ambiente griego como en el romano eran conceptos que expresaban una condición social y jurídica muy precisa, en la que se era excluido de muchas áreas de la vida, lo que hoy Francisco llama la “cultura del descarte”. El pároikos estaba por debajo de los ciudadanos de pleno derecho (politai) y por encima de los extranjeros (xénoi), los libertos y los esclavos. En general, el peregrinus no tenía derechos políticos, no podía participar en las asambleas populares y quedaban excluidos del servicio militar, no podía hacer testamento, no podía ser heredero de un ciudadano romano, etc.
En torno al tema de la migración giran muchos otros de gran trascendencia: las transnacionales, la explotación inmisericorde de los recursos naturales, el tráfico de armas y personas, la trata de personas, el desempleo, la ingerencia, el reclutamiento de niños y jóvenes para actividades delictivas, los hoy casi olvidados “capitales golondrinos”, la falta de programas de desarrollo social, etc.
El cristiano y todo ser humano no puede ser indiferente frente al “otro”, no podemos olvidar que todos llevamos la misma condición de “extranjeros” en esta tierra, vamos de paso, a veces se nos olvida esto y desconocemos al otro como hermano; habrá muchas razones para explicar la situación actual de México pero una de ellas es esta: hemos olvidado que somos hermanos. Que la Virgen de Guadalupe a quien en estos días nuestra diócesis se encamina a ver en su casa nos lo recuerde y ayude a vivirlo. Necesitamos construir casas o albergues para los migrantes.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
13 de Julio de 2014
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El Instrumentum laboris del próximo Sínodo de los Obispos
El 26 de Junio próximo pasado y luego de 8 meses de haber aparecido el Documento preparatorio (Lineamenta: Líneas de orientación) del Sínodo de los Obispos para su III Asamblea General Extraordinaria, con el tema “Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización”, fue presentado el Instrumentum laboris (Instrumento de trabajo) del mismo Sínodo. Este documento ««servirá como base y punto de referencia durante la discusión sinodal. Este “documento de trabajo”, aunque esté publicado, es sólo un texto provisional que será objeto de discusión durante el Sínodo. El documento no es un borrador de las conclusiones finales, sino sólo un texto destinado a focalizar la discusión sobre el tema sinodal. Después de haber sido sometido al control del Santo Padre y de haber sido aprobado por él, el documento es traducido a las principales lenguas y enviado a los Obispos y a aquellos miembros que participarán en la Asamblea General. A veces el Santo Padre ha permitido que el texto fuese publicado y tuviese, por lo tanto, una mayor difusión: por ejemplo, a partir de 1983, esto ha ocurrido en el caso del Instrumentum laboris de determinadas Asambleas Sinodales. Desde 1983 el Instrumentum laboris de cada Asamblea Sinodal ha sido dado a conocer para recibir la más amplia circulación. Los delegados episcopales y los otros miembros leen el documento para conocer los contenidos que luego serán discutidos durante la asamblea sinodal»[1].
Este Instrumentum laboris es el resultado entre otras cosas de la encuesta de 39 preguntas que incluían los Lineamenta. Es el resultado también de numerosas reuniones de expertos en el tema y sobre todo ha estado precedido por la oración a la cual el Papa convocó en las Basílicas dedicadas a la Sagrada Familia en Nazaret, Loreto y Barcelona. Es un documento hecho desde la fe, no es un mero estudio sociológico, aunque esta ciencia no está excluida; no hay que perder de vista que es parte de un proceso que hay que observar atentamente y comprender sin mutilaciones o descontextualizaciones, las preguntas no fueron una especie de referéndum, sino ejercicio sinodal (del griego sin: con y odos: camino); el Sínodo se desarrollará en Roma y de acuerdo a los Lineamenta: «el Santo Padre ha decidido establecer para el Sínodo de los Obispos un itinerario de trabajo en dos etapas: la primera, la Asamblea General Extraordinaria del 2014, ordenada a delinear el “status quaestionis” y a recoger testimonios y propuestas de los Obispos para anunciar y vivir de manera creíble el Evangelio de la familia; la segunda, la Asamblea General Ordinaria del 2015, para buscar líneas operativas para la pastoral de la persona humana y de la familia.» (n. I, a).
El Documento presentado se divide en tres partes al igual que el Documento preparatorio y afronta las situaciones actuales con un espíritu renovado, por ejemplo cuando afirma que respecto de quien solicita el matrimonio habría que “proponer, no imponer; acompañar, no presionar; invitar, no expulsar; despertar inquietud, nunca desilusionar (n. 109). Si buscamos cosas que no prende el Sínodo podríamos quedar desilusionados, pero una cosa es segura, si leemos completo el Documento no nos desilusionará.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
6 de Julio de 2014
[1]http://www.vatican.va/news_services/press/documentazione/documents/sinodo/sinodo_documentazione-generale_sp.html#II%20NOTAS%20SOBRE%20EL%20PROCESO%20SINODAL
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La victoria que vence al mundo: nuestra fe
A Mons. Rogelio Cabrera, Arzobispo de Monterrey
Celebramos hoy el Domingo de Pascua de Resurrección; la Iglesia ha llamado Pascua también a la Navidad. Esto en razón de un único acontecimiento: Jesucristo. La Navidad celebra el misterio de su Encarnación, mientras que el segundo momento celebra su Resurrección después de su Pasión y muerte. Uno de los hilos conductores de este misterio es el de la humillación; al hacerse hombre sin dejar de ser Dios, el Verbo, dice san Pablo: “siendo rico, por ustedes se hizo pobre a fin de que se enriquecieran con su pobreza” (2 Cor 8, 9). La misma idea la expresa en otro texto: “se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” (Flp 2, 8). Esto deriva en lo que san Pablo afirma enseguida: “Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre” (Flp 2, 9), es decir, el título de “Señor”, lo que hace referencia no sólo a la obra por excelencia del poder de Dios: la Resurrección de su Hijo, sino al poder, o mejor dicho a la “autoridad” que le confiere.
Nuestras palabras “autor” y “autoridad” derivan del verbo latino “augeo”, que hacen referencia a: acrecentar; enaltecer, enriquecer; crecer; es decir, el autor es quien hace crecer, es el fundador, promotor, consejero, sostenedor; es quien hacer ser más; autoritario o autoritarismo, por lo tanto hace referencia a quien se impone por la fuerza anulando cualquier oposición y se llega al despotismo de la tiranía y del absolutismo. Jesucristo es el Señor porque ha obedecido (ob: por o a causa de + audio: escuchar, oír), ha escuchado al Padre y eso le ha llevado a ofrecer incluso su vida; no es que al Padre le haya gustado, y mucho menos querido, la muerte de su Hijo, por eso le devuelve lo que le fue arrebatado: la vida; en la resurrección se cumple lo que dice el Salmo: “Te pidió vida, y se la has concedido, años que se prolongan sin término” (20, 5). Aquí el misterio del amor de Dios: hace justicia sin condenar a los culpables, le devuelve con creces lo que al Hijo le fue arrebatado y por intercesión de él no condena a los que se la arrebataron. Frente a los callejones sin salida de la existencia humana Dios abre nuevos caminos como abrió el mar Rojo.
Cuando el ser humano se pervierte y pone precio a la vida de su hermano (así como Judas entregó a Jesús por 30 monedas de plata), surgen como en cascada otra serie de atropellos: traiciones y desesperación hasta el suicidio (Judas), cobardías para cumplir con el deber (Pilato), cobardías para correr el riego de rescatar al hermano (Pedro), decisiones en que se involucra a terceros (la multitud: “que caiga su sangre sobre nuestros hijos”), búsqueda de testigos falsos (sumos sacerdotes y Sanedrín), etc., y frente a todo esto está siempre latente la tentación de la violencia (uno de los que acompañaban a Jesús sacó la espada e hirió al siervo del Sumo sacerdote. Todas estas escenas la presenta el Evangelio de la Pasión según san Mateo, mismo que leímos hace ocho días en el Domingo de Ramos. Podríamos leerlas hoy en cualquier diario o medio de comunicación, la pasión de Cristo es la pasión del mundo, por eso el evangelio sigue siendo actual: el ser humano necesita ser liberado del pecado y de la muerte. Cuando la autoridad se entiende sólo como poder, y éste sin amor, termina siempre poniendo precio a las personas y al final las aniquila lentamente o de una sola vez.
Mucho se ha dicho sobre la frase de Jesucristo: “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (cfr. Mt 22, 21) cuando es interrogado sobre la licitud o no de que los judíos pagaran impuestos a Roma. Jesús afirma esto después de haber preguntado de quién era la imagen y la inscripción que la moneda llevaba, a lo que le contestan “del César”. En efecto, ciertas monedas llevaban la imagen de César y su madre con atributos divinos, la inscripción decía: “TI (berius) CAESAR DIVI AUG(usti) F(ilius) AUGUSTUS (“Tiberio Cesar, hijo del divino Augusto”), y sobre el otro lado PONTIFEX MAXIMUS (DEBERGÉ, PIERRE; Inchiesta sul potere. Approccio biblico e teologico. Paoline, Milano 2000, p. 38). Lo que aquí está en juego no es tanto la división entre el Estado y la Religión (Iglesia en este caso), sino la pretensión de divinizar el poder, pero sin Dios, ese poder que pone precio a la vida del hermano y pretende lavarse las manos impunemente. El verdadero poder lo ha expresado Jesús como un servicio, ninguno de sus milagros lo hizo para beneficio propio o de su grupo, sino como un ejercicio de su autoridad para que el ser humano llegue a ser lo que está llamado a ser: imagen de Dios, del Dios vivo y que da la vida. Es fácil distinguir cuándo somos autoridad o autoritarios. La victoria nos la da nuestra fe en Cristo que padeció, murió y resucitó para rescatarnos de todo desvarío del pecado. Felices Pascuas de resurrección.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes Publicado en el semanario “Diócesis de Querétaro” del 20 de abril de 2014
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Querétaro en el mundo
La edición del día jueves 3 de abril del presente de L’Osservatore Romano, el periódico del Vaticano, presenta una breve nota en la que informa que Enrique “Kike” Plancarte, uno de los jefes de los Caballeros Templarios (el grupo delictivo nacido en Michoacán) fue abatido por la Marina “en el estado central de Querétaro, en las inmediaciones de un campo de fútbol en la ciudad de Colón, localidad en una zona semidesértica”. Ciertamente la noticia dio la vuelta al mundo en infinidad de medios de comunicación y en ese sentido no maravilla, lo curioso es que Querétaro salte de este modo a los medios.
Ciertamente son muchas más las cosas buenas que han visto la luz en nuestro Estado, sin embargo minimizar el hecho en nada cambia la realidad y no abona a la corrección del rumbo futuro, magnificarlo iría en detrimento de lo que ahora más necesitamos: esperanza y confianza en nosotros mismos y nuestras instituciones, mismas que se fortalecen en la transparencia. Necesitamos crecer en una educación de cuño humanista y sano patriotismo. En los grandes momentos de crisis y cambios históricos la educación juega un papel trascendental. En los albores de la lucha por la independencia de nuestra patria hubo grupos que propugnaban una educación que hundiera sus raíces en los clásicos griegos y romanos, lo que implicaba un fuerte sabor a Europa, y de manera especial a España; mientras que otros querían algo mucho más novedoso y diferente. Lo cierto es que no podemos negar ni nuestra historia ni los personajes que la han construido, así como las ideas que los han inspirado.
Querétaro se ha caracterizado por su historia humanista y católica, por hombres y mujeres que han forjado una identidad con estudio y trabajo. El original Colegio de San Francisco Javier, hoy sede de la facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro, vio como maestro a uno de los más grandes humanistas mexicanos: al jesuita michoacano Diego José Abad, quien enseñó Jurisprudencia y cultivó los más diversos saberes, como Teología, Filosofía, Matemáticas, Álgebra, Geografía, Hidrografía, Medicina, Crítica y Humanidades. Enseñó también en Zacatecas y San Ildefonso. Fue desterrado junto con sus hermanos jesuitas y partió para Italia en 1767, y murió en Bolonia el 30 de septiembre de 1779. Vio la luz por primera vez en Jiquilpan el primero de junio de 1727.
De sus obras la más célebre es sin duda “De Deo, Deoque homine heroica” (“Cantos Épicos a la Divinidad y Humanidad de Dios”), conocido también como Canto Heroico; esta obra escrita en un excelente latín desarrolla la forma del hexámetro tan usado por Virgilio, por lo que hay quien lo equipara a la altura del mismo. El poema tiene como centro al hombre y su capacidad racional que lo lleva a descubrir a Dios, su presencia, su poder y su amor. Estudia las normas que rigen al ser humano como ente social y moral, y las ciencias y la poesía lo encumbran.
Cuando el hombre pierde la noción del Creador entonces “Tropezamos con las sombras a la mitad del día” (Canto IX, 10. Citado en Fernández Valenzuela, Benjamín; Canto Noveno del “Poema Heroico”; Ábside. Revista de cultura mejicana, XXXIII. México 1969, p. 135). Una de las vías para la paz es la educación en lo humano, esa condición que a intervalos brilla o se oscurece, según nos orientemos o alejemos del Creador. En la nostalgia del exilio nuestro poeta recuerda las luciérnagas diciendo: “No padece que junto a sí se acreciente la noche; y así que ésta despliega sus ensombrecidas alas, él, oh maravilla, desnuda la vivísima antorcha que aloja en su párvulo seno, y su alada luminaria ahuyenta de los aires las tinieblas y pone espanto a las anochecidas sombras”. Estamos hechos por Dios para brillar, su misericordia nos enciende.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes Publicado en el semanario “Diócesis de Querétaro” del 6 de abril de 2014
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Francisco y Obama
Para Zita, por su testimonio de amor a la Iglesia
Este jueves 27 de marzo se llevó a cabo un encuentro histórico en el Vaticano entre el Papa Francisco y el Presidente de los Estados Unidos de América, Barack H. Obama, a quien recibió en audiencia.
Al llegar el Presidente Obama y su comitiva, fue recibido en el patio de san Dámaso por el Prefecto de la casa Pontificia, el Arzobispo Georg Gänswein, entre cuyas responsabilidades están las de “ordenar el servicio de antecámara y organizar las audiencias solemnes que Su Santidad concede a los Jefes de Estado, Presidentes de Gobierno, Ministros y otras personalidades eminentes, así como a los Embajadores que llegan al Vaticano para pre-sentar sus Cartas Credenciales”. Acto seguido el Papa le dio a Obama la bienvenida en la sala del Trono del Palacio Apostólico. Pasaron luego a la Biblioteca, en la que dio inicio un coloquio privado a través de dos intérpretes, mismo que duró 50 minutos. Posteriormente fueron presentados ante el Romano Pontífice los miembros de la delegación estadounidense, encabezada por el Secretario de Estado John Kerry. Al final se hizo el tradicional intercambio de regalos. El Presidente Obama regaló al Papa semillas de plantas provenientes de los jardines de la Casa Blanca, destinadas a ser plantadas en las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, para celebrar que el Papa Francisco abrió al público este marzo el Jardín Barberini. Castel Gandolfo es frecuentado por los Papas como lugar de verano desde al menos el siglo XVII y es parte de las zonas extraterritoriales del Vaticano dentro de Italia. Las semillas estaban contenidas en una elegante caja azul, hecha con madera de la Basílica Santuario de la Asunción, en Baltimore, hoy también Catedral, cuya primera piedra la puso el Jesuita John Carroll, primer Obispo católico de Estados Unidos. Un regalo lleno de significado por la historia a la que hace ilusión, y por el futuro que augura.
El Papa por su parte, obsequió al Presidente Obama una copia de la Evangelii gaudium, así como un medallón que reproduce el proyecto original de Bernini para la columnata de san Pedro, y una pieza en bronce titulada “Solidaridad y paz”, del maestro Veroi (Cfr. L’Osservatore Romano, 28 de marzo de 2014, p. 1).
¿De qué hablaron los dos personajes durante 50 minutos? La Sala de Prensa de la Santa Sede lo expresa así: “han intercambiado pareceres sobre algunos temas concernientes a la actualidad internacional y se ha manifestado el deseo de que en las zonas de conflicto se respeten el derecho humanitario y el derecho internacional y se llegue a una solución negociada entre las partes interesadas […] En el contexto de las relaciones bilaterales y de la colaboración entre la Iglesia y el Estado, se han tratado cuestiones de relieve especial para la Iglesia en ese país, como el ejercicio de los derechos a la libertad religiosa, a la vida y a la objeción de conciencia y también se ha hablado de la reforma en materia de emigración. Por último, se ha expresado el compromiso común para la erradicación de la trata de seres humanos en el mundo”.
Las palabras precisas de Francisco no las sabemos, lo que sí sabemos es cómo pensaba el entonces Cardenal Bergolio, cuando enfrentaba la reconstrucción de una patria argentina salida de la tragedia del régimen militar (1976-1983): “se nos pide anchura de corazón; una mirada amplia que una el presente desde la memoria de las raíces y que se dirija al futuro, donde maduren los frutos de una obra […] una mirada que hace camino […] una mirada que se anima a alejarse de toda contemplación narcisista o de la compulsión posesiva de quien sólo busca el propio interés y, en lugar de servir a su patria, se sirve de ella” (CARDENAL JORGE M. BERGOGLIO, SJ; La nación por construir. Utopía, pensamiento y compromiso. Editorial Claretiana. Buenos Aires 20132, p. 17). En su momento lo decía como Cardenal y de su Patria, hoy lo dice como Romano Pontífice y todo el mundo, y estamos seguros que ahora piensa en Siria, Ucrania, en todo el mundo. Obama acertó con su regalo: si alguien ama y sabe de semillas es Francisco. Oremos y trabajemos para que este encuentro dé frutos abundantes de solidaridad y de paz, mismos que Francisco ofrece y espera de Obama recordándole que todo el mundo espera que ejercite el Premio Nobel de la Paz del que es portador, empezando en su patria, para la que el Papa ha pedido se respete la libertad religiosa, la vida y los derechos de los migrantes.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
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El feminismo De Francisco
A mi hermana Juana, en su cumpleaños
En Egipto, hoy de mayoría musulmana (90 % aproximadamente), ser cristiano es un verdadero riesgo. Muchos cristianos, coptos en su mayoría, se tatúan debajo de la palma de la mano, en la muñeca, una cruz como profesión de su fe, y en muchos casos la ocultan pues esto podría ser incluso algo que pone en riesgo su vida. Según la Fundación Ayuda a la Iglesia que sufre, al difundir la denuncia de una organización egipcia: Asociación para las víctimas de secuestro y desaparición forzada, en Egipto en los últimos tres años más de 500 mujeres cristianas han sido secuestradas por hombres musulmanes y han sido obligadas a convertirse al Islam y a contraer matrimonio con sus captores, muchas veces después de haber sufrido violencia. Los torturadores “borran” con ácido la cruz de sus víctimas (L’Osservatore Romano, 15 Febrero 2014, p. 6).
Este 8 de marzo hemos celebrado como ya es costumbre el día internacional de la mujer. En la entrevista que el Papa Francisco concedió el 19 de septiembre del año pasado al P. Antonio Spadaro S.J., director de la revista La Civiltà Cattolica, hizo afirmaciones que justamente causaron revuelo, por ejemplo: “Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia […] La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que esta desempeña […] En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”.
Algunos, tal vez por ignorancia teológica y jurídica, pretendieron ver cosas que son temas ya cerrados en la discusión teológica, como por ejemplo, la ordenación sacerdotal de las mujeres. Este tema fue definido por el Papa Juan Pablo II con la Carta Apostólica Ordinatio sacerdotales, del 22 de mayo de 1994, en donde afirma: “con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”. Una de las razones esgrimidas por el Pontífice es que la Ordenación no es un derecho, tampoco para los varones, es un don.
Francisco no profesa doctrina distinta, mas que nadie se sienta decepcionado. El feminismo de Francisco hunde sus raíces en la tradición de la Iglesia que siempre va en camino, hacia la plena humanización; iglesia accidentada pero no miedosa. La entrevista mencionada fue intitulada: “Busquemos ser una Iglesia que encuentra nuevos caminos”. En este contexto, el Papa pidió al Cardenal alemán Walter Kasper hacer una intervención ante los Cardenales reunidos en el Consistorio pasado, como preparación al Sínodo sobre la familia en el próximo octubre. Esta fue publicada en días pasados por el diario italiano Il Foglio, ahí el Cardenal afirma: “La presente intervención no puede afrontar todas las cuestiones actuales, ni pretende anticipar los resultados del Sínodo, es decir, del camino (odos) común (syn) de toda la Iglesia, el camino de la escucha atenta recíproca, del intercambio y de la oración”. El Papa hizo un elogio del Cardenal y trabajo al afirmar: “he leído teología profunda, también un pensamiento sereno en la teología […] Discúlpeme Eminencia si le causo turbación, perola idea es que esto se llama «hacer teología de rodillas»”. Es decir, el Papa nos está diciendo que para hablar de la mujer, la familia y otros temas concomitantes, tenemos que volver constantemente a la fuente que es el Evangelio, para superar las condicionantes de cada época, de las que no sólo la iglesia, sino todas las demás religiones sufren sus influencias; ser machista no es cuestión de religión, ni del Catolicismo ni del Islam, sino de la condición humana, de quien rechaza la dignidad de la persona humana. La Iglesia misma es hija de su tiempo en ese sentido, así por ejemplo, fue hasta el 27 de septiembre de 1970 en que el Papa Pablo VI “proclamó solemnemente a Santa Teresa de Jesús doctora de la Iglesia Universal. Una semana después, el 4 de octubre, confería el mismo título a Santa Catalina de Siena” (Royo Marín, Antonio; Doctoras de la Iglesia. Doctrina espiritual de santa Teresa de Jesús y Santa Catalina de Siena. BAC, Madrid 19793, p. 1). Hasta entonces había 30 Doctores de la Iglesia y cuando se había pretendido que una mujer fuera proclamada —el último intento había sido en 1923, bajo Pío XI—, la respuesta siempre había sido la misma: Obstat sexus.
Hoy Francisco dice que hay camino por andar juntos, en mutua escucha, intercambio y oración, por las sendas de la misericordia.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
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Dos Franciscos y la Eucaristía
La palabra liturgia aparece 5 veces en el documento Evangelii Gaudium del Papa Francisco. En el n. 24 afirma: “La evangelización gozosa se vuelve belleza en la liturgia en medio de la exigencia diaria de extender el bien. La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia, la cual también es celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso donativo.” (n. 24).
En esta frase resuena la doctrina del Concilio Vaticano II cuando afirma que “la liturgia es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su riqueza” (SC 10), y hace eco también de la concordia con hombres y mujeres que a través de los siglos han vivido de la belleza de la Eucaristía.
El 15 de Agosto de 1975, fiesta de la asunción de la Santísima Virgen María, otro gran hombre de Iglesia y Eucaristía, también llamado Francisco, Francois-Xavier Nguyen Van Thuan para ser más preciso, obispo vietnamita, fue arrestado por el régimen comunista de su patria, bajo la acusación de que su nuevo nombramiento como arzobispo coadjutor de Saigón había sido “fruto de un complot entre el Vaticano y los imperialistas para organizar la lucha contra el régimen comunista” (Nguyen Van Thuan, Francois-Xavier; Cinco panes y dos peces. IMDOSOC, México DF 2010, p. 14). Pasará 13 largos años en prisión, de los cuales afirma: “la larga tribulación de nueve años en aislamiento, sólo con dos guardias, una tortura mental, en el vacío absoluto, sin trabajo, caminando en la celda desde la mañana hasta las 9:30 de la noche para no ser destruido por la artrosis, al límite de la locura” (ibidem, p. 23). Es en ese contexto que el obispo afirma: “Mi única fuerza, la Eucaristía”. Y explica: “Nunca podré expresar mi gran gozo: todos los días, con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano, celebré la Misa”; en otra etapa dirá: “A las 21:30 había que apagar la luz y todos debían dormir. Me encorvaba sobre la cama para celebrar la Misa de memoria, y distribuía la comunión pasando la mano debajo del mosquitero”. Agrega también: “Pasé nueve años aislado. Durante este tiempo celebré la Misa cada día hacia las 3 de la tarde, la hora en que Jesús estaba agonizando en la Cruz. Estaba solo, podía cantar mi Misa como quería, en latín, francés, vietnamita..”. El 16 de septiembre de 2002 el Cardenal Van Thuan fue llamado a la casa del Padre, víctima de cáncer.
El pasado 12 de Febrero el Papa Francisco en su catequesis sobre la Eucaristía nos hacía un cuestionamiento: “¿Cómo vivimos nosotros la Eucaristía? ¿Cómo vivimos la Misa, cuando vamos a Misa los domingos? ¿Es sólo un momento de fiesta? ¿Es una tradición bien establecida, que se hace? ¿Es una ocasión para encontrarnos o para sentirnos bien, o es algo más?” Todo esto, me parece, como eco de lo que afirmó en la Evangelii gaudium: “En algunos hay un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción en el Pueblo fiel de Dios y en las necesidades concretas de la historia. Así, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos.” (n. 95). Y en su catequesis nos enseñó que hay “señales muy específicas para averiguar cómo vivir esto. Cómo vivimos la Eucaristía. Señales que nos dicen si vivimos la Eucaristía bien, o no la vivimos tan bien”. El Romano Pontífice señaló al menos tres: “El primer indicador es la manera en que vemos y consideramos a los demás”, el segundo es: “es la gracia de ser perdonados y perdonar”, y el tercero lo enunció: “Un último y valioso indicador nos lo ofrece la relación entre la celebración eucarística y la vida de nuestras comunidades cristianas”. Él los explicó, Quisiera señalar la coincidencia de esta doctrina con la vivencia dolorosa del después Cardenal de la Santa Iglesia Romana Francois-Xavier Nguyen Van Thuan.
Respecto a la primer señal Van Thuan dijo: “Sí, Señor, tú me mandas aquí para ser tu amor en medio de mis hermanos, en el hambre, en el frío, en el trabajo fatigoso, en la humillación, en la injusticia. Te elijo a ti, tu voluntad, soy tu misionero aquí” (p. 25).
Respecto a la segunda señal afirmó: “Muchas veces sufro porque los medios de comunicación quieren hacerme contar cosas sensacionales, acusar, denunciar, exitar la lucha, la venganza… Esa no es mi intención” (p. 11).
Y en relación a la tercer señal expresa: “Ofrezco la Misa con el Señor: cuando distribuyo la comunión me doy a mí mismo junto al Señor para hacerme alimento para todos. Esto quiere decir que estoy siempre al servicio de los demás”.
Celebremos pues este año de la liturgia gozosos, dejándonos guiar por estos dos Franciscos por su experiencia de Iglesia y de Eucaristía, por la belleza y armonía de la liturgia que nos hace concordar en la fe y en la caridad, en el pensamiento y en las buenas obras, en perdón que pedimos y debemos ofrecer.
Filiberto Cruz Reyes
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Celebremos la fidelidad De Dios
Al cumplir 150 años nuestra Diócesis de Querétaro lo primero que nos viene al corazón es un sentimiento de gratitud. Nuestro vocablo «sentimiento» viene del latín «sensus, -us«, que significa: darse cuenta de algo; sensación, sensibilidad; órgano de los sentidos (los ojos, los oídos); sentimiento, modo de sentir o pensar; opinión, gusto; inteligencia; idea, concepto, significado. Este vocablo es el que se utiliza en el famoso principio eclesiológico: «sentire cum ecclesia«, es decir, sentir con la Iglesia. Y hace referencia a la unidad indisoluble entre Cristo y su Iglesia: ésta nace del costado abierto de Cristo y tiene la promesa de su Señor de que «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mt 16, 18). La Iglesia existe para cumplir lo mandado por su Señor: «Este es mi cuerpo que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía» (Lc 22, 19). De este modo nos damos cuenta, entendemos, sentimos con la Iglesia sabiendo que «es la Iglesia la que hace la Eucaristía; pero es también la Eucaristía la que hace la Iglesia» (De Lubac, Henri; Meditación sobre la Iglesia. Encuentro Ediciones, Madrid 1988, p. 112). En otras palabras, como afirmó el Papa Francisco este 30 de Enero en su Misa en Santa Martha: «no se comprende un cristiano sin Iglesia. Por ello, el gran Pablo VI decía que es una dicotomía absurda amar a Cristo sin la Iglesia; escuchar a Cristo pero no a la Iglesia; estar con Cristo al margen de la Iglesia. Es una dicotomía absurda». Y explicó también que sentir con la Iglesia «es precisamente sentir, pensar y querer dentro de la Iglesia». Esto, dice el Papa, se traduce en tres cosas bien precisas: «humildad, fidelidad y servicio de la oración».
La humildad consiste en un fuerte sentido de pertenencia, en saber y aceptar que la Iglesia existe antes que yo y en ella soy recibido, como un don, por el bautismo, y que «la historia de la Iglesia comenzó antes de nosotros y seguirá después de nosotros», dijo el Papa. Y no como cuando el 29 de agosto de 1799, al morir el Papa Pío VI al ser conducido prisionero a París por los soldados de Bonaparte, afirmó en primera plana el diario oficial «Le Moniteur» que era «el último» Papa. Y Napoleón escribió en su cuaderno que la Iglesia, aquel arcaísmo, estaba a punto de desaparecer.
Respecto al segundo pilar del «sentir con la Iglesia» Francisco afirmó: La fidelidad está «relacionada con la obediencia». «Fidelidad a la Iglesia, fidelidad a su enseñanza, fidelidad al Credo, fidelidad a la doctrina y custodiar esta doctrina». Todo esto porque la Iglesia es el Cuerpo místico de Cristo, es decir, los Cristianos estamos realmente unidos a la persona de Cristo, no como una metáfora sino como una realidad que se vive por los sacramentos y todas las «cosas santas». Esta fidelidad exigida brota del hecho «que nosotros recibimos el mensaje del Evangelio como un don. Y debemos transmitirlo como un don. Pero no como algo nuestro. Es un don recibido que damos» y esto exige fidelidad a quien nos ha llamado y nos ha enviado.
Una característica más es el servicio: servicio en la Iglesia, a Dios y a los hermanos. De la conciencia de pertenencia y fidelidad debida brota una preocupación por la Iglesia, misma que se transforma en servicio y solidaridad y me impide ser sólo un observador impasible, o más aún, un crítico de mi Madre desacomedido, por eso el Papa insistió: ««¿Cómo es nuestra oración por la Iglesia? ¿Rezamos por la Iglesia? En la misa, todos los días, ¿y en nuestra casa? ¿Cuándo recitamos nuestras oraciones?». Se debe orar al Señor por «toda la Iglesia, por todas la partes del mundo». He aquí la esencia de «un servicio ante Dios que es oración por la Iglesia»».
Son 150 años de gracia, de historia de hombres y mujeres, niños y ancianos que con su fe y esfuerzo han forjado una cultura cristiana: arquitectura, pintura, escultura, música, literatura (¿cómo sería Querétaro sin sus obras eclesiales?), fiestas, sentido del tiempo, de la vida, de la muerte, es la historia de una fe sencilla cimentada en la esperanza, custodiada y transmitida en familia, misma que es solidaria y en busca constante de conversión, de reconciliación, que se reúne en las rancherías y poblados, en las ciudades y en las colonias urbanas al toque de la campana; no es la sociedad perfecta sino perfectible por la gracia de Dios, ese Dios grande y bueno a quien damos gracias.
Filiberto Cruz Reyes
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No matarás
El miércoles 22 de enero del presente, fue ejecutado el mexicano Edgar Tamayo Arias, originario de Miacatlán, Mor., en Huntsville, Texas, Estados unidos de América, como consecuencia de la sentencia dictada el 1º de noviembre de 1994 que lo declaró culpable de asesinar al oficial Guy Gaddis, la madrugada del 31 de enero de 1994. La sentencia se ejecutó 19 años después, y según los estudios el promedio en Texas para que se ejecute la sentencia es promedio de 15 años.
El caso de Edgar Tamayo es parte del llamado Caso “Avena y otros Nacionales Mexicanos”, una controversia internacional entre México y Estados Unidos de Norteamérica ante la Corte Internacional de Justicia, que inició en 2003 sobre la situación de 52 mexicanos detenidos en aquél país con riesgo de ser sentenciados a muerte. México afirmaba que el país receptor (Estados Unidos) había incumplido con sus obligaciones derivadas de la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares (24 de abril de 1963) en sus artículos 5 (Sobre las Funciones Consulares) y, sobre todo, 26 (sobre la Comunicación con los nacionales del Estado que envía). El fondo de la controversia no es sobre la pena de muerte, sino sobre el procedimiento.
Después de un año, el 31 de marzo de 2004 el máximo Tribunal del sistema Naciones Unidas emitió su fallo, y entre otras cosas, contemplaba que los Estados Unidos estaban obligados a revisar y reconsiderar 51 de los casos planteados. El de Tamayo se incluía en estos por no haber recibido la asistencia consular necesaria. Texas hizo caso omiso.
Más allá de las cuestiones de Derecho Internacional persiste el problema humano: ¿se puede corregir lo que se condena (un asesinato) haciendo lo mismo (otro asesinato, aunque se invoque la legalidad?
El famoso director de cine polaco Krzystof Kieslovski plantea esta cuestión de un modo crudo y trágicamente genial en una de sus cintas concebidas originalmente para la televisión: No matarás / Decálogo 5. Uno de los personajes, un aspirante a abogado en su examen profesional afirma acerca del castigo como correctivo: “Desde Caín ningún castigo ha sido capaz de mejorar el mundo”, y en otro momento afirma: “La ley no debería imitar la naturaleza, sino mejorarla”.
A pregunta expresa que le hacen a Kieslovski: “Sus películas, tanto las documentales como las de ficción, tratan a menudo de temas de contenido social. ¿cuál es su relación con la ideología, con el punto de vista político sobre el mundo?”, él contestó: “Yo no soy político y no tengo la ambición de organizar la vida de los demás”.
Sobre su película un autor dijo: “En el momento en que el delito se convierte en hecho social, el círculo vicioso de las víctimas ya no tiene fin: cada víctima reclama una nueva, y el mal individual prolifera en una reacción en cadena, en la ley del talión, en la estulticia de la venganza[1]”.
El problema sigue abierto, no sólo a nivel internacional sino en nuestra Patria tan herida que hoy grita paz, justicia, reconciliación, etc., deberíamos volver a escuchar la voz de Dios que nos dice: no matarás. Es cierto, hacen falta políticas que propongan soluciones urgentes, pero es algo mucho más que eso lo que nos devolverá la paz, debemos humanizarnos.
Filiberto Cruz Reyes
[1] Murri, Serafino; Krzystof Kieslovski. Ediciones Mensajero, Bilbao 1998, pp. 15-16. 140.