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  • La reforma de la Curia Romana

    L’Osservatore Romano en su edición del lunes 30 de Septiembre-Martes 1 de Octubre del presente, público un documento del Romano Pontífice dado en forma de Quirógrafo. Quirógrafo viene del latín “chirographum” y significa “lo que es escrito por la propia mano; autógrafo”. “Se trata de un documento escrito en latín o en alguna lengua moderna y no es escrito completamente de puño por el Papa, pero sí es firmado por él. En este sentido, es un documento muy personal del Papa y le da el uso que quiere. Generalmente, el documento ha sido usado con fines administrativos”.

    La Iglesia acostumbra llamar a sus documentos con el íncipit, es decir con las primeras palabras con las que inicia dicho documento, este en italiano comienza: «Tra i suggerimenti», es decir, «Entre las sugerencias». Con este documento el Papa instituye un Consejo de Cardenales que le ayudará en el gobierno de la Iglesia Universal así como para estudiar un proyecto de revisión de la Constitución Apostólica «Pastor Bonus«, sobre la Curia Romana.

    El Papa es en primer lugar el Obispo de Roma, así lo remarcó él mismo el día de su elección a la cátedra de Pedro, y como todos los demás Obispos diocesanos tiene colaboradores que él mismo instituye, pero al mismo tiempo es el Jefe del Colegio de los Obispos y tiene por lo mismo la responsabilidad del gobierno de la Iglesia Universal. En este contexto se vive la «comunión jerárquica» en la que el único Colegio de los Obispos cuida de la Única Iglesia de Jesucristo.

    En el siglo III bajo el Pontificado del Papa Fabián aparece ya toda una estructura de oficios eclesiásticos: archidiácono , archipresbítero, etc. Al pasar de los años se van formando grupos de estos colaboradores que se denominarán Oficiales del aula Papal. En el siglo IV hay Notarios con funciones judiciales y surgen figuras como el “Primicerius notariorum” y le ayuda el “Secundicerius”. Estos Notarios tenían también funciones administrativas incluidas las de ser delegados del Romano Pontífice. Aparecen también los “Defensores”, que podían ser clérigos o laicos y eran abogados de la Iglesia o de los pobres, eran los administradores del patrimonio de la Iglesia Romana. De entre los titulares de las iglesias romanas, a los cuales se les unieron los obispos de las iglesias suburbicarias, salían los llamados “cardenales”, a los que se unieron los seis diáconos palatinos, que se encargaban principalmente de la Iglesia de san Juan de Letrán, donde vivieron los Papas hasta el tiempo de Aviñón[1]. Durante el primer milenio de la Iglesia van surgiendo muchas otras figuras de colaboradores del Papa en el gobierno de Iglesia universal, pero hasta este momento no habían surgido las Instituciones como hoy las conocemos con el nombre de Dicasterios, estos se irán configurando de manera más estable durante el segundo milenio hasta llegar a formar lo que hoy conocemos como Curia Romana, cuya noción se enuncia como “el conjunto de dicasterios y organismos, que ayudan al Romano Pontífice en el ejercicio de su suprema misión pastoral, para el bien y servicio de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares, con lo que se refuerzan la unidad de la fe y la comunión del Pueblo de Dios y se promueve la misión propia de la Iglesia en el mundo” (Pastor bonus n. 1).

    Esta institución ha visto algunas grandes reformas en el transcurso de su historia: con el Papa Sixto V en 1588; con Pío X en 1908; con Pablo VI en 1967; con Juan Pablo II en 1988 y es el ahora el propósito de Francisco anunciado con este Quirógrafo y que el P. Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede expresó así acerca del trabajo de los Cardenales convocados por el Papa para este fin: «Los cardenales han trabajado principalmente sobre la reforma de la Curia. La orientación no es la de una actualización de la Constitución apostólica “Pastor Bonus”, con retoques o modificaciones marginales, sino la de una nueva constitución con novedades de relieve. Habrá que esperar un tiempo adecuado, después de este Consejo, pero la idea es ésa. Los

    purpurados han dejado claro que no se trata de hacer retoques cosméticos o pequeños ajustes de la Pastor bonus”».

    Oremos por el Papa y por este gran empeño que ha anunciado.

    Filiberto Cruz Reyes

    [1] Bonnet, Piero Antonio-Gullo, Carlo; La Curia Romana nella Cost. Ap. “Pastor Bonus”, Libreria Editrice Vaticana. Vaticano 1990, pp. 1-2.

  • El Archivo Secreto Vaticano

    Su nombre actual, “Archivo Secreto Vaticano”, está atestiguado desde mediados del 1600. Contiene la historia de 12 siglos (VIII-XX) custodiada por 400 años en 85 kilómetros lineales de estantería, 650 fondos archivísticos, treinta mil pergaminos y millones de documentos. “Secretum”, en latín, se usó con el significado de “privado”: es el archivo privado de los Papas que guarda los documentos relativos al gobierno de la Iglesia Universal. En 1881 el Papa león XIII abrió sus puertas a los estudiosos y actualmente pueden tener acceso a él sin distinción de país o religión. Hoy está disponible hasta febrero de 1939, fecha del fin del pontificado de Pío XI, pues se tiene acceso al mismo por pontificados según una costumbre adoptada a partir de 1924. No obstante esta costumbre, Pablo VI al final de los trabajos del Conciliares (1965) hizo accesible a los estudiosos el “Archivo del Concilio vaticano II (1962-1965)”, y Juan Pablo II abrió a los estudiosos el Fondo “Oficina Vaticana de Informaciones, Prisioneros de Guerra (1939-1947). De este modo, el Archivo mencionado se ha convertido en uno de los centros de investigación más importantes y célebres del mundo. El responsable es el Cardenal Archivista, actualmente Jean-Louis Bruguès (26.VI.2012-) y tiene a su lado la figura del prefecto para la dirección ejecutiva.

    El 1º de octubre del presente, fue presentado en el Roma Fiction Fest un documental que lleva por nombre “Scrinium Domini Papae” (Scrinium Domini Papae. Un viaje al Archivo Secreto Vaticano; Producido por: Archivio Segreto Vaticano; Producción Ejecutiva: Centro Televisivo Vaticano, Distribución mundial: HDH Communications, DVD Video, Digipack, 5 idiomas [English, Español, Italiano, Deutsch, Français]; duración: 28’; ISBN 978- 88-85042-79-7). Fue rodado en tres semanas con más de diez horas de tomas para la producción de 28 minutos. Narrado en la voz de Alessandro de Carolis describe uno de los lugares más fascinantes y misteriosos, y los temas más diversos: cónclaves, herejías, Papas, Emperadores, cruzadas, excomuniones, manuscritos y códigos provenientes de los cinco continentes. De los documentos interesantes que se muestran en el documental figuran, por ejemplo, las actas del proceso a Galileo Galilei y el de los Templarios, la Carta de Enrique VIII y un escrito de Miguel Ángel solicitando fondos (cfr. L’Osservatore Romano, 3 de octubre 2013, p. 4).

    Frente a este hecho viene bien recordar lo que el gran cineasta ruso Andrey Tarkovski afirmaba: “Por primera vez en la historia de las artes, en la historia de la cultura, el hombre encontró el medio para imprimir el tiempo y, simultáneamente, la posibilidad de reproducir ese tiempo en la pantalla tantas veces como lo desease, de repetirlo y regresar a él: adquirió una matiz de tiempo real […] El tiempo, fijado en sus formas y manifestaciones factuales: ésa es la idea suprema del cine como arte y nos lleva a pensar en la abundancia de recursos inexplorados del cine, en su colosal futuro.” (Andrey Tarkovski, Esculpir el tiempo. UNAM, México 2009, en la solapa).

    Actualmente el Archivo recibe cada año más de 1200 estudiosos provenientes de cerca de 60 países. La intención del documental es hacer accesible, aunque de modo breve, el mundo del Archivo Secreto Vaticano a millones de personas. A partir de 2009 el Archivo ha iniciado también un proyecto de digitalización y ahora con este documental toman cuerpo las palabras del cineasta que vieron la luz por primera vez en 1985.

    Filiberto Cruz Reyes

  • Sentimientos de la Nación

    Del latín natio, -onis proviene nuestro vocablo “nación”, que significa nacimiento; género, estirpe, raza; tipo, cualidad; nación, pueblo, tribu. En este mes de septiembre llamado entre nosotros “mes patrio” llegaron dos meteoros que han trastocado gravemente nuestra nación y cuyas consecuencias aún no se alcanzan a vislumbrar.

    “Sentimiento” por otra parte, se deriva del latín sentio, -is, -sensi, -sensum, ire; que puede significar sentir, percibir, experimentar; aprender, entender; expresar el propio parecer.

    Conocedor de todo esto, el Padre José María Morelos y Pavón daba a conocer su texto llamado “Sentimientos de la nación” un 14 de septiembre de 1813 en Chilpancingo, hoy gravemente herido. Fue él quien en este texto referido en el número 23 afirmaba: “Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se despegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe, el Sr. Dn. Miguel Hidalgo y su compañero Dn. Ignacio Allende”.

    El meteoro que golpeó Guerrero llegó casi exactamente este día solemne de Morelos y cabe preguntarse: ¿Cuáles eran los sentimientos de la nación en tiempos de Morelos, esa que, valga la redundancia, estaba naciendo?, ¿cuáles son los sentimientos de nuestra Nación el día de hoy? ¿No pudieron prevenirse de algún modo semejantes tragedias? Ciertamente no tenemos control de la naturaleza, pero sí de las decisiones por ejemplo, de construir en lugares no aptos por las circunstancias geográficas, mismos que a decir de diversos medios de comunicación fueron usados indebidamente a tal efecto con la anuencia de funcionarios con nombre y apellido a petición de voraces “compatriotas”.

    Es de alabar la solidaridad de muchos hijos de esta nuestra noble Nación y así mismo condenable los abusos que en estas circunstancias se dan. Hay quienes todo perdieron y, viene ahora el trabajo arduo y lento de la reconstrucción, que no nos falte la voluntad férrea y el trabajo constante para llevar a buen puerta tal empresa, lejos de protagonismos inhumanos y promesas incumplidas, pues no sólo los ojos de nuestra Nación están puestos en estos sucesos, sino los del mundo entero.

    Morelos fue sometido a diversos procesos como consecuencia de su lucha por la libertad, que al final le costará la vida; pero en ninguno de ellos es acusado de lo esencial de su intención “esgrimida en campaña por Morelos y por toda la insurgencia, en cuanto a justificar el movimiento: la tiranía, la opresión y el despotismo” (Herrejón, Carlos; Los procesos de Morelos; El Colegio de Michoacán, Zamora, Mich. 1985, pp. 41-42) ¿Habrían hoy cambiado los sentimientos de Morelos al contemplar el escenario nacional?

    En el n. 19 de “Los sentimientos de la Nación” Morelos invocaba a María Santísima de Guadalupe como la “Patrona de nuestra libertad”; que sea ella la que con su intercesión maternal ante el Todopoderoso nos ayude a vernos como hermanos, como una Patria reconciliada y solidaria, verdaderamente libre y justa, para que la sangre de nuestros mayores no haya sido derramada en vano.

    Filiberto Cruz Reyes

  • ¡Cómo quisiera una Iglesia pobre!

    La relación de las dimensiones del ser humano entre su capacidad de pensar o saber (homo sapiens) y de actuar o hacer (homo faber) se ha expresado de muchas maneras a través de la historia de la humanidad. En la Grecia clásica el principio rector se expresó con el “Conócete a ti mismo» délfico. En ese contexto la actividad más excelsa que el hombre podía realizar era el inteligirse a sí mismo y al mundo.

    En años más recientes Marx afirmaba en su famosa Tesis 11 sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

    Para el pensamiento cristiano la actividad más importante que el ser humano puede y debe realizar es el amor; este sencillo y profundo principio es el que ha guiado el ideal de la cristiandad a través de los siglos. Esos principios generales, tanto filosóficos como teológicos se van encarnando en propuestas específicas en los diversos momentos históricos. El siglo pasado el mundo pudo contemplar los intentos por llevar a la práctica los principios marxistas, ese afán de transformar el mundo recurriendo incluso a la revolución y uso de las armas para vencer las resistencias del “statu quo”.

    En una América Latina que en las últimas décadas del siglo XX se vio presa de diversos regímenes inhumanos, la Iglesia no permaneció indiferente ni en su pensar ni en su actuar. En diciembre de 1971 aparecía en Perú un texto que llegó a marcar de algún modo el inicio de lo que se conocería como lo que su título enunciaba: “Teología de la liberación”. Su autor, un sacerdote diocesano peruano, hoy de la Orden de Santo domingo, afirmaba: “La teología de la liberación nos propone, tal vez, no tanto un nuevo tema para la reflexión, cuanto una nueva manera de hacer teología. La teología como reflexión crítica de la praxis histórica es así una teología liberadora, una teología de la transformación liberadora de la historia de la humanidad y, por ende, también, de la porción de ella —reunida en ecclesia— que confiesa abiertamente a Cristo”. (Gutiérrez, Gustavo; Teología de la liberación. Perspectivas; Sígueme, Salamanca 199014, p. 72). Esta nueva forma de hacer teología provocó suspicacias dentro y fuera de la Iglesia al ser acusada de influencias marxistas; en realidad hoy se acepta que no era una teología, sino varias teologías de la liberación. Entre sus principales propuestas está la que afirma que la Iglesia debe hacer una “opción preferencial por los pobres”.

    El pasado 16 de marzo del presente, en una audiencia a los Comunicadores que cubrieron el evento del cónclave, el Papa Francisco hablando de cómo había elegido su nombre, inspirado en el santo de Asís, exclamó: “Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre… ¡Ah, cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”. El pensamiento del Papa no es improvisado, hunde sus raíces en la teología de la Iglesia, de manera especial de la Iglesia latinoamericana que se expresa de modo puntual en los Documentos del Consejo Episcopal Latinoamericano en sus Conferencias de Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y la más reciente en Aparecida (2007), de la que el Cardenal Bergoglio fue Relator General.

    Para el Teólogo jesuita Juan Carlos Scannone, también él argentino, el Cardenal Bergoglio tiene su propia de versión de la teología en comento, a la que él llama “Teología del pueblo”, y dice: «como la teología de la liberación, utiliza el método “ver-juzgar-actuar”, une praxis histórica y reflexión teológica, y recurre a la mediación de las ciencias sociales y humanas. Pero privilegia un análisis histórico-cultural con respecto al socio-estructural de tipo marxista».

    Durante los años de la evolución de la “Teología de la liberación” la Congregación para la Doctrina de la Fe, entonces presidida por el Cardenal Ratzinger, publicó dos documentos que hacían referencia al tema de modo explícito: Libertatis nuntius (1984) y Libertatis conscientia (1986).

    El miércoles 4 de septiembre del presente, en L’Osservatore Romano apareció un artículo que comenta la aparición de un libro intitulado “Dalla parte dei poveri. Teologia Della liberazione, teologia de la Chiesa” (De la parte de los pobres. Teología de la liberación, teología de la Iglesia) escrito a cuatro manos, por el Padre Gustavo Gutiérrez y el Cardenal Gerhard Ludwig Müller, actual Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe.

    Dejémonos de recelos, parte de lo mejor de esa experiencia latinoamericana de reflexión es hoy oficialmente reconocida, el Papa nos recuerda en la Lumen fidei el papel de la teología: “la teología participa en la forma eclesial de la fe; su luz es la luz del sujeto creyente que es la Iglesia. Esto requiere, por una parte, que la teología esté al servicio de la fe de los cristianos, se ocupe humildemente de custodiar y profundizar la fe de todos, especialmente la de los sencillos. Por otra parte, la teología, puesto que vive de la fe, no puede considerar el Magisterio del Papa y de los Obispos en comunión con él como algo extrínseco, un límite a su libertad, sino al contrario, como un momento interno, constitutivo, en cuanto el Magisterio asegura el contacto con la fuente originaria, y ofrece, por tanto, la certeza de beber en la Palabra de Dios en su integridad” (n. 36).

    Filiberto Cruz Reyes

  • En este valle de lágrimas no existe nada que le pueda quitar a uno la esperanza

    A todos los que construyen una Patria más justa

    Ya no la leyó, pero la vivió, pues había abrevado en la misma fuente. Nos referimos, por una parte, a lo expresado en la Encíclica del Papa Francisco: Lumen fidei, en donde se nos reporta un texto de las Actas de los mártires, un diálogo entre «el prefecto romano Rústico y el cristiano Hierax: “¿Dónde están tus padres?”, pregunta el juez al mártir. Y éste responde: “Nuestro verdadero padre es Cristo, y nuestra madre, la fe en él”»; (n. 5) ; Cristo, la fuente común. Y por otra parte, a Vaclav Havel, quien ya no leyó dicha Encíclica, pues murió en 2011.

    Él también tuvo dificultades para estudiar, y no precisamente por ser pobre o por conflictos de grupos magisteriales o sindicales que campean hoy en nuestra patria, desde Oaxaca al DF o en La Negreta, aquí entre nosotros (sin pretender prejuzgar los legítimos intereses de las partes), sino por su origen burgués, en un contexto comunista de la Checoslovaquia sometida al neoestalinismo. Poeta, dramaturgo, político, Havel fue arrestado la madrugada del 29 de mayo de 1979 junto con otros de sus compañeros del Comité para la Defensa de los Injustamente Perseguidos (VONS) y fue condenado a cuatro años y medio de cárcel acusado de subversión contra la República. El Comité había surgido como fruto del movimiento en pro de los Derechos Humanos conocido como Carta 77.

    Muchos de sus compatriotas, principalmente intelectuales disidentes, emigraron masivamente en una segunda oleada alrededor de 1980. Tras su arresto Havel pidió al juez su libertad, cuyo motivo «no era la esperanza por mi parte de que diera ningún resultado sino únicamente un placer intelectual, profesional y un poco pervertido de mi —tal como lo veía— “zorrería honrada» (Havel, V. Cartas a Olga. Consideraciones desde la prisión, Galaxia Gutenberg 1997. Pp. 294-295). Al darse cuenta que el régimen al publicar su petición la usó para desacreditarlo, se impuso así mismo el no huir, el no renunciar, asumiendo los terribles sufrimientos que en la cárcel se le impusieron. En 1982, en la Carta 138 lo expresa así: al “publicar ampliamente mi petición se daría la impresión de que no aguanté, de que sucumbí a la presión y abandoné mi postura, mis ideas y todo mi trabajo anterior, es decir que traicioné a la causa, y todo eso por una razón tan trivial como la de salir de la cárcel” (Ibíd. p. 295). Ante la imposibilidad de continuar sus estudios en la escuela, estudió por correspondencia; no fue la única vez que estuvo en prisión, donde desempeñó tareas como soldador, en la lavandería, limpiador de cables y alambres, padeció mala alimentación, etc. Al salir de prisión continuó su activismo por los Derechos Humanos y llega a ser elegido líder del grupo opositor Foro Cívico. Luego de la Revolución de Terciopelo en septiembre de 1989 que llevó a la caída del Régimen fue electo presidente de la República en 1990. Fue el último presidente de Checoslovaquia y el primero de la República Checa.

    Afirmaba que renunciar al bien y al empeño por construir la justicia y dejarse vencer por el mal acostumbrándose a él, llega “al extremo de que el anteriormente condenable statu quo se convierte en ideal” (Ibíd. 197). Como si hubiera leído la Encíclica de Francisco afirmó: «Creo que la resignación, la indiferencia, el endurecimiento del corazón y la pereza mental son dimensiones de la verdadera “falta de fe” y “perdida de sentido”» (Ibíd. 197); tenemos en él la encarnación de lo que afirma Francisco en su Encíclica: “Y es que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre” (n. 4). Vaclav Havel, que dio razón de la adversidad porque la vivió en carne propia nos alienta e ilumina con su palabra, pues abrevó de la misma Fuente que Francisco. Nuestro vocablo abrevar deriva del verbo latino bibo, bibis, bibi, bibere, que significa beber; Cicerón lo utiliza en una frase: Graeco more bibere, que se puede traducir como “beber según la costumbre griega, beber a la salud” (acercando la copa a los labios después de cada nombre). Havel bebió del mismo cáliz que Francisco, de la misma fe, era católico ; y esto más que un orgullo es una exigencia, pues él sentenció también: «los que perdieron el sentido de la vida y se convirtieron en “no creyentes” no son ni los autores de obras absurdas o de poemas pesimistas, ni los suicidas, ni las personas que sufren depresiones, aburrimiento o desesperación, ni los alcohólicos o los drogadictos; son los apáticos» (Ibíd. p. 196). Y hacía de su vida una profesión de fe cuando dijo: “Estoy convencido de que en este valle de lágrimas no existe nada que le pueda quitar a uno la esperanza, la fe, el sentido de la vida. Uno las pierde sólo cuando es él mismo quien falla, cuando sucumbe a la tentación de la Nada” (Ibíd. p. 197).

    Filiberto Cruz Reyes

  • Un párroco rural

    Hay quienes ven grandes semejanzas entre los Papas Francisco y Pío X, ahora santo y que hemos celebrado litúrgicamente el 21 de este mes.

    Ambos tienen un origen sencillo, provienen de un lugar periférico respecto a Roma (Giuseppe Sarto, nombre de Pío X antes de ser Papa, viajó por primera vez a Roma en 1877, cuando tenía 42 años de edad. Había nacido en 1835 cerca de Venecia), son un tanto ajenos al ambiente de la Curia Romana, su intolerancia al triunfalismo eclesiástico, el trato directo e inmediato con las personas, un estilo de vida sobrio, la interpretación más pastoral que magisterial de su ministerio petrino. Una coincidencia más y bastante extraordinaria respecto a sus respectivas elecciones al pontificado: en la de Francisco la renuncia de su predecesor y en la de Pío X el veto del Imperio de Austria al cardenal Mariano Rampolla para que no llegara a la Sede de Pedro; un hecho bastante extraño pero jurídicamente correcto en su momento. Una vez en el pontificado Pío X eliminará ese privilegio del que gozaban algunos Estados en la elección del Papa.

    Ciertamente son también numerosas las diferencias entre ambos pontífices como es natural, entre otras razones por las circunstancias de los tiempos, y sin embargo, esto mismo resalta ese don del pontificado: una continuidad en la diversidad.

    Después de dos largos pontificados que le precedieron, el de Pío IX de 32 años, y el de León XIII de casi 25 años, llega el de Pío X de once años. El Padre Giuseppe Sarto había sido, entre otros oficios eclesiásticos que desempeñó, párroco casi 20 años, luego Canciller en la Curia de Treviso, Obispo, Cardenal y Patriarca de Venecia. Era el Véneto de ese tiempo, pobre y campesino, no la región rica y productiva de hoy, en donde se forjó el futuro Pontífice.

    En 1954 el Papa Pío XII lo proclamó santo y lo definía en su discurso como “un párroco rural” que dominó todas las situaciones de su vida antes que ser dominado por ellas. Gran reformador de la vida eclesial que le tocó enfrentar grandes desafíos históricos: el tema del Modernismo, suprimió el derecho de veto (la institución a la que debía su elección), reformó la Curia Romana, inició la creación del Código de Derecho Canónico, reformó los seminario y la música litúrgica, impulsó la comunión frecuente y bajó la edad mínima para poder recibirla en torno a los 6 o 7 años de edad, creó el Instituto Bíblico de Roma, bajo su pontificado se extinguió definitivamente la cuestión del galicanismo, (es decir, la pretensión de hacer una iglesia francesa separada de Roma y del Papa) y se vio el surgimiento de esa intelectualidad católica francesa que llegará hasta el Vaticano II. Es curioso, uno de los “peros” que algunos le ponían para ser elegido como Pontífice es que no hablaba francés.

    Es un francés, que por prejuicios anticatólicos tal vez no ha sido valorado lo suficiente como literato, quien escribió la novela “Diario de un cura rural” (Journal d’un curé de campagne) en la que uno de sus personajes, un sacerdote párroco, al hablar de la injusticia afirma: “No la mires más que el tiempo justo y no lo hagas nunca sin rezar” (Bernanos, Georges; Diario de un cura rural, Ediciones Encuentro, Madrid 1998, p. 65). Tal vez fue su experiencia de párroco y el contacto con la realidad, así como su fuerte espíritu de oración, lo que contribuyó a formar en San Pío X ese mirar lejos y de forma nueva el bien de la Iglesia. Todas las reformas que llevó a cabo permaneciendo siempre fiel a la Iglesia de Jesucristo se expresan en su lema “Restaurar todo en Cristo”. Oremos por Francisco.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

  • La Asunción de María

    A la memoria de mi abuelo Alfonso Reyes Nieto

    En 1950, apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, en un ambiente de devastación por todos los horrores que ésta implicó, y luego de que el ser humano contempló con atónito lo que él mismo es capaz de hacer a su semejante, el Papa Pío XII haciendo uso de la infalibilidad que le es propia en razón de su oficio de Romano Pontífice declaró el dogma de la Asunción de la santísima Virgen. Es la única vez que un Papa ha esgrimido dicha potestad, y que se expresa en estas palabras: «El Romano Pontífice cuando habla ex cathedra, esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia» (DS 3074; NR454).

    En ese entonces y ahora a muchos les parecía algo que estaba fuera de lugar, pues viendo todos los horrores en la tierra se hablaba del cielo; pues en efecto, en el texto de la proclamación se afirma: “La inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo, al terminar su vida mortal”.

    El alemán Wolfang Borchert vivió en carne propia los horrores de la guerra, tres años de prisión y vio muchos muertos no sólo a causa del combate, sino también a causa del frío y del hambre, y de tantas otras cosas. En su obra “Afuera ante la puerta” o “Afuera de la puerta”, escribía así: “¡Oh, cómo te hemos buscado , Dios! ¡En cada ruina, en cada cráter de granada, en cada noche! ¡Te hemos llamado, Dios! ¡Te hemos gritado y orado y hemos jurado tu nombre! ¿Dónde estuviste entonces, querido Dios? ¿Dónde estás esta noche? ¡Nos abandonaste! ¿Te empotraste completamente en tus bonitas iglesias antiguas, Dios? ¿No oyes nuestros gritos a través de las ventanas rotas, Dios? ¿Dónde estás?” (Basave Fernández Del Valle, A., La sinrazón metafísica del ateísmo, Universidad Regiomontana y Publicaciones Paulinas, S.A., México 1986, p. 157). Por supuesto que su experiencia es incuestionable y precisamente por eso se hace necesario recordar al hombre de ayer y hoy, no sólo su origen y su fin, sino también el sentido de su actuar cotidiano. Para el que cree en Jesucristo ese sentido se le otorga por la fe; esto lo recuerda el Papa Francisco en su reciente encíclica: “es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo” (Lumen fidei n. 4). Puede languidecer el sentido de nuestra vida.

    En la tradición bizantina la fiesta de la Dormición de la Madre de Dios, como también se llama a la vigilia de la Asunción, es el sello con que se cierra el año litúrgico, así como aquella de su Natividad es el inicio del mismo. El nacimiento y la glorificación de la Madre de Dios son en efecto también el inicio y el destino de toda la Iglesia, de la cual María es figura (typos). Ya San Juan Damasceno (siglos VII-VIII) escribía para el oficio matutino en esta fiesta de la Virgen: “Desde todas las generaciones te decimos feliz, ¡oh Madre de Dios, Virgen!, porque en ti se ha complacido morar Cristo, Dios nuestro, que ninguna morada puede hospedar. Felices también nosotros, que te tenemos como protección: día y noche, en efecto, tú intercedes por nosotros”.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

  • No dejen que la esperanza se apague

    En su reciente viaje a Brasil, el Papa Francisco decía casi al final de su mensaje a la comunidad de la favela de Varginha, en donde la pobreza acampa, dirigiéndose especialmente a los jóvenes: “no dejen que la esperanza se apague. La realidad puede cambiar, el hombre puede cambiar”. Esta invitación a la esperanza y al cambio la han percibido incluso quienes tenían reservas sobre su desempeño, al afirmar por ejemplo que Francisco “con su estilo simple ha provocado que la palabra “cambio” flote entre los cerca de 3 millones de jóvenes que participaron en la jornada mundial de la juventud […] El mensaje del Papa no sólo fue pastoral, sino político: pone sobre la mesa la opción por la justicia social, los derechos humanos que protejan a los excluidos, los pobres y las víctimas del sistema; principalmente los jóvenes y los viejos.” (La Jornada, 32 de Julio 2013. Papa Francisco: después de Brasil, la reforma de la curia).

    En 1964 aparecía un libro de uno de los teólogos evangélicos del siglo pasado que más confianza y cercanía ha creado con la iglesia católica, Jürgen Moltman: “Teología de la esperanza”. Esta obra se inscribía en el contexto de los movimientos libertarios existentes dentro y fuera de la Iglesia, de manera especial como diálogo con otro texto ya también clásico de otro alemán: “El principio esperanza”, de Ernst Bloch. Los ensayos de ese texto se “interrogan por el fundamento de la esperanza de la fe cristiana y por la responsabilidad que ésta tiene en el pensar y el obrar profanos”. Ese pensar distinto al del cristianismo tiene muchas expresiones; afirmaba Aristóteles acerca de la esperanza: “es el soñar del hombre despierto”. Por eso para Moltman, la esperanza de los cristianos tiene algo específico: “En la escatología cristiana lo presente y lo futuro, la experiencia y la esperanza entran en mutua contradicción, de tal manera que aquélla no le proporciona al hombre conformidad y armonía con lo dado, sino que lo introduce en el conflicto entre esperanza y experiencia” (Moltman, J; Teología de la esperanza. Ediciones Sígueme, Salamanca 1989, p. 23).

    En nuestra patria por cuestiones históricas la teología sigue ausente en la reflexión de muchos intelectuales, y viejos prejuicios siguen pretendiendo ignorar la acción social de la iglesia, sí, de esa que en muchos de sus miembros manifestamos limitaciones y errores, mas no por eso podemos negar aciertos en el pensamiento y la acción. El cristiano está llamado a transformarse continuamente iluminado por la luz del evangelio y a transformar el mundo de forma activa de acuerdo a lo que espera, por eso la esperanza deviene caridad, acción, en todos los ámbitos de la vida, también en la política. Los clérigos de la Iglesia católica, en razón del derecho propio de la Iglesia están impedidos para ejercer una política partidista, mas no así los laicos.

    Moltman conoció la dura realidad de la prisión cerca de tres años (1945-1948), por razones de guerra, y eso marcó profundamente su vida y obra, pues otro de sus libros fundamentales es “El Dios crucificado”, en el que reflexiona el sentido del sufrimiento y la presencia de Dios en el mismo. El Dios de Moltman es un Dios que tiene “el futuro como carácter constitutivo” (E. Bloch), de ahí que la esperanza es creadora de presente, ese mismo que se debe oponer a todo lo inhumano y libra al hombre de toda tentación de inmanentismo o determinismo o de un dios extramundano, en otras palabras, como afirma Francisco: “La realidad puede cambiar, el hombre puede cambiar”. En ese sentido, el mensaje del Papa contiene algo de político.

    Aunque no se coincida exactamente con la visión de Moltman sobre la esperanza (él mismo ha marcado los límites en “Horizontes de Esperanza: una crítica a la Spe salvi), es innegable que más allá de la confesión de la propia fe nos hermano todo lo que de humanos tenemos y así encontramos personas de todas las confesiones trabajando por un mundo más humano, más justo, más fraterno. Y viene a la memoria lo que dijo Pablo VI al Patriarca Bartolomé de Constantinopla en el contesto del desarrollo del Concilio Vaticano II: “Hermano, son más las cosas que nos unen que las que nos separan”. Caminemos con esperanza.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

  • La eclesiología de Francisco

    En su reunión con el Comité coordinador del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) durante su viaje a Brasil, el Papa Francisco les habló de unas “pautas eclesiológicas” a los Obispos ahí presentes.

    Afirmó: «Toda proyección utópica (hacia el futuro) o restauracionista (hacia el pasado) no es del buen espíritu. Dios es real y se manifiesta en el «hoy». Hacia el pasado su presencia se nos da como «memoria» de la gesta de salvación sea en su pueblo sea en cada uno de nosotros; hacia el futuro se nos da como «promesa» y esperanza. En el pasado Dios estuvo y dejó su huella: la memoria nos ayuda a encontrarlo; en el futuro sólo es promesa… y no está en los mil y un «futuribles». El «hoy» es lo más parecido a la eternidad; más aún: el «hoy» es chispa de eternidad. En el «hoy» se juega la vida eterna.» Es decir, la misión y el misionero se debaten en la historia que se construye cada día, haciendo presente el reino de Dios con un estilo de vida que haga presente a Jesucristo: la Iglesia no es, de algún modo, un fin en sí misma, por eso el Papa también afirma: “El discípulo-misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales”.

    En la eclesiología que el Papa presenta en esa reunión, es el Obispo el primer misionero, que vive el “hoy” de la misión y pide de los obispos misioneros: “Hombres que no tengan «psicología de príncipes». Hombres que no sean ambiciosos y que sean esposos de una Iglesia sin estar a la expectativa de otra”, es decir que vivan el “hoy”; y eso vale también para cada cristiano: amar cada día la misión que Dios nos ha encomendado. En este contexto entendemos los cambios recientes de párrocos que nuestro Obispo ha hecho: amar la parroquia que se les confía “hoy”.

    Y es que ya desde la antigüedad es clara la misión del Obispo: “la sucesión apostólica no es primariamente sucesión en el cargo, sino entrega y recepción oficial (paradôsis) de la doctrina de los Apóstoles” (González Faus, José I; “Ningún Obispo impuesto” (San Celestino, Papa). Las elecciones episcopales en la historia de la Iglesia, Sal terrae, Santander 1992, p. 16). Es el oficio eclesiástico lo que determina el modo en que se ha de ejercer lo que antológicamente se recibe en el sacramente del orden, por eso es entendible que haya actualmente dos obispos de Roma, uno en funciones y el otro emérito, el primero gobierno y el segundo sigue siendo obispo sucesor de los Apóstoles y a su modo testigo de la doctrina de los Apóstoles. Así como una es la Iglesia, uno es el Colegio de los Obispos, participan todos sus miembros de la misma y única misión de la Iglesia. Por eso, el Papa Francisco termina diciendo en ese discurso a los Obispos: “por favor, les pido que tomemos en serio nuestra vocación de servidores del santo pueblo fiel de Dios, porque en esto se ejercita y se muestra la autoridad: en la capacidad de servicio”.

    Pbro. Filiberto Cruz reyes

  • La pedagogía de la Iglesia

    En su reciente Encíclica, la Lumen fidei, el Papa Francisco afirma acerca de la fe: «El creyente aprende a verse a sí mismo a partir de la fe que profesa: la figura de Cristo es el espejo en el que descubre su propia imagen realizada. Y como Cristo abraza en sí a todos los creyentes, que forman su cuerpo, el cristiano se comprende a sí mismo dentro de este cuerpo, en relación originaria con Cristo y con los hermanos en la fe» (n. 22).

    Esta fe explica entonces lo que pudieran parecer una serie de coincidencias a propósito de la presencia de Francisco en Brasil y decanta serias situaciones que nuestro continente vivió la segunda mitad del siglo pasado.

    En el otoño de 1969 Paulo Freire, hijo insigne de la gran nación brasileña, escribía desde Santiago de Chile en el exilio, la introducción a la tal vez más famosa de sus obras: «Pedagogía del oprimido», misma que dedicaba proféticamente a Francisco con las siguientes cinceladas: «A los desharrapados del mundo y a quienes, descubriéndose en ellos, con ellos sufren y con ellos luchan». Esta obra se inscribía en el contexto de los movimientos teológicos, filosóficos y pedagógicos con apellido «de la liberación», algunos afirmándolo de modo explícito y otros en forma implícita. Ahora, Francisco afirma: «Hoy digo a todos ustedes, y en particular a los habitantes de esta Comunidad de Varginha: No están solos, la Iglesia está con ustedes, el Papa está con ustedes. Llevo a cada uno de ustedes en mi corazón y hago mías las intenciones que albergan en lo más íntimo: la gratitud por las alegrías, las peticiones de ayuda en las dificultades, el deseo de consuelo en los momentos de dolor y sufrimiento». Que nadie reviva viejos fantasmas ideológicos, si parece que resuenan ciertos pensamientos de Freire en los discursos del Papa, es porque se evidencia el pensamiento católico que subyace en la obra de Freire, quien se reconocía como tal. Y no sólo de él, sino el pensamiento y la obra de tantos hombres y mujeres que entregaron su vida, literalmente, por anunciar el Evangelio en nuestro continente tan injustamente oprimido y que al paso de los años la historia ha ido dando la razón a quien siempre la tuvo, así como también ha sido maestra de purificación, siempre necesaria.

    Es Francisco, hermano de los pobres y de todos, quien sigue afirmando en su visita a esta favela de Varginha: «Me gustaría hacer un llamamiento a quienes tienen más recursos, a los poderes públicos y a todos los hombres de buena voluntad comprometidos en la justicia social: que no se cansen de trabajar por un mundo más justo y más solidario. Nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo. Que cada uno, según sus posibilidades y responsabilidades, ofrezca su contribución para poner fin a tantas injusticias sociales».

    Freire afirmaba: «Nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo. Los hombres se liberan en comunión» (Freire, P. Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores, México 20052, p. 37). Hoy afirma Francisco: «No dejemos, no dejemos entrar en nuestro corazón la cultura del descarte. No dejemos entrar en nuestro corazón la cultura del descarte, porque somos hermanos. No hay que descartar a nadie». Son más bien los ecos del Evangelio los que resuenan en lo mejor del pensamiento pedagógico de Freire, esa fe en Jesucristo en la que cada persona está llamada a encontrar su propia imagen nos enseña Francisco, por eso también afirmó desde su estancia entre los más pobres, desde la favela: «También quisiera decir que la Iglesia, «abogada de la justicia y defensora de los pobres ante intolerables desigualdades sociales y económicas, que claman al cielo» (Documento de Aparecida, 395), desea ofrecer su colaboración a toda iniciativa que pueda significar un verdadero desarrollo de cada hombre y de todo el hombre».

    Es significativo que en sus palabras al llegar a Brasil haya dicho que al joven hay que «garantizarle seguridad y educación para que llegue a ser lo que puede ser; transmitirle valores duraderos por los que valga la pena vivir» y que diga que uno de los pilares fundamentales que sostienen una nación sea «la educación integral, que no se reduce a una simple transmisión de información con el objetivo de producir ganancias», en palabras de Freire, no es una educación «bancaria» la que necesitamos.

    Sin ideologías, ahí está la doctrina segura del Evangelio expuesta por Francisco, esa pedagogía de la fe que nos invita a releer nuestra historia en comunión para construir un mundo más humano, con esperanza, reconciliada como pide Casaldáliga, pues dice Francisco: «La realidad puede cambiar, el hombre puede cambiar. Sean los primeros en tratar de hacer el bien, de no habituarse al mal, sino a vencerlo con el bien».

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes