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El Palio arzobispal
Como es costumbre, este 29 de Junio, fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo, patrones de Roma, el Papa Francisco entregó el Palio a 35 Arzobispos Metropolitanos; 3 de ellos mexicanos, a saber: Mons. Rogelio Cabrera López, arzobispo de Monterrey; Mons. Alfonso Cortés Contreras, arzobispo de León y Mons. Fabio Martínez Castilla, arzobispo de Tuxtla Gutiérrez. La Diócesis de Querétaro pertenece a la Provincia del bajío, de la cual la Metrópoli es León y son parte también las diócesis de Irapuato y Celaya; mientras que Mons. Cabrera López perteneció al clero de nuestra diócesis.
Respecto a las Provincias eclesiásticas el canon 431 § 1 afirma: “Para promover una acción pastoral común en varias diócesis vecinas, según las circunstancias de las personas y de los lugares, y para que se fomenten de manera más adecuada las recíprocas relaciones entre los Obispos diocesanos, las Iglesias particulares se agruparán en provincias eclesiásticas delimitadas territorialmente”; mientras que del Metropolitano afirma el canon 435: “Preside la provincia eclesiástica el Metropolitano, que es a su vez Arzobispo de la diócesis que le fue encomendada; este oficio va anejo a una sede episcopal determinada o aprobada por el Romano Pontífice”. El canon 437 afirma en el párrafo 1 que el palio “es signo de la potestad de la que en comunión con la Iglesia de Romana se halla investido en su propia provincia”, refiriéndose al Arzobispo.
En la liturgia existe un dosel portátil sujeto a cuatro o seis barras que se lleva en algunas procesiones eucarísticas sobre la custodia, llamado palio. No es este el que ha entregado el Papa a los Arzobispos, sino “un ornamento del Papa y de los Metropolitanos con forma de faja circular de la cual penden ante el pecho y en la espalda dos tiras rectangulares, de lana blanca, con cruces de seda de color negro o rojo” y que probablemente procede de la toga paliata romana o del omoforion griego. La ceremonia de imposición del palio está atestiguada al menos desde el siglo VI (Liber pontificalis) y ha sufrido una evolución en su forma y en su concesión.
“La lana del palio procede de las ovejas que son bendecidas en la festividad de santa Inés […] Los palios una vez confeccionados son bendecidos después de las primeras vísperas de la festividad de san Pedro y son custodiados en una caja de plata dorada a los pies del altar mayor de la Basílica Vaticana” (Martí Bonet, José María; El Palio. Insignia pastoral de los papas y arzobispos. BAC, Madrid 2008, pp. 3-4). La estructura que tiene el palio y que sea de lana nos evocan la representación de la oveja perdida y hallada por el Buen Pastor y que se la coloca en los hombros. De las imágenes más antiguas de los cristianos es esta del buen pastor con la oveja sobre los hombros, encontradas en las catacumbas romanas.
El palio es pues, signo de la comunión que representa y debe promover el Arzobispo en la metrópoli que preside, por eso, como afirma el canon 437 en su párrafo 2: “El Metropolitano puede usar el palio a tenor de las leyes litúrgicas, en todas las iglesias de la provincia eclesiástica que preside, pero no fuera de ella, ni siquiera con el consentimiento del Obispo diocesano”.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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Francisco y el exterminio de los Armenios
El 3 de Junio del presente, el Papa Francisco recibió en audiencia a su Beatitud Nersès Bédros XIX Tarmouni, Patriarca de Cilicia de los Armenios católicos y una comitiva que le acompañaba. Cinco días después, el periodista italiano Marco Tosatti escribía en el diario La Stampa que durante la audiencia una persona le comentó al Papa que era descendiente de las víctimas del genocidio que los turcos cometieron contra los armenios a partir, principalmente, de 1915 en adelante, hasta el fin de la primera guerra mundial, en el que muchos afirman murieron más un millón y medio de personas. A esto el Papa habría respondido diciendo que este es “el primer genocidio del siglo XX”. Esta es una cuestión discutida y al respecto varios país e instituciones internacionales, siguiendo las indicaciones de las Resoluciones votadas tanto por la Comisión de las Naciones Unidas para los Derechos del Hombre (1985) como del Parlamento Europeo (noviembre de 2000) se han pronunciado oficialmente reconociendo el genocidio para que Turquía reconozca los hechos, cosa que los turcos niegan. En cuanto al Papa, no es la primera vez que se pronuncia sobre el tema, ya en 2006 siendo Arzobispo de Buenos Aires y con motivo del 91 aniversario del inicio del genocidio lo calificó como “el más grave crimen de la Turquía otomana contra el pueblo armenio y toda la humanidad”.
Según Tosatti, citando al diario turco Hürriyet, Turquía reaccionó “airadamente” ante la declaración del Papa, incluso oficialmente a nivel diplomático.
Durante el verano de 1915 llegaron al Vaticano, al Papa Benedicto XV, noticias de lo que estaba sucediendo en Turquía por obra del Gobierno de los “Jóvenes Turcos”, para que el Papa alzara su voz. El Delegado Apostólico en Estambul, Mons. Angelo Dolci, escribía al Secretario de Estado, Cardenal Pietro Gasparri: “Horrores espeluznantes han sido cometidos por este Gobierno contra los armenios al interior del Imperio. En algunas regiones han sido masacrados, en otras, deportados a lugares desconocidos para que mueran de hambre durante el trayecto [… ]”. En septiembre de ese año el Papa escribía una carta al Sultán Mahoma V, en la cual le pedía tuviera “piedad e interviniera a favor de un pueblo, el cual por la religión misma que profesa, está obligado a mantener una fiel sujeción hacia la persona misma de Vuestra Majestad” (Giovanni Sale, Lo sterminio degli armeni, en La Civiltà Cattolica 2002 I 107-118, p. 114).
La Revista La Civiltà Cattolica (fundada en 1850) de los padres Jesuitas (Bergoglio es Jesuita) denunció todas esas tragedias, sobre todo la de Adana en 1909, pues ellos tenían colegios en la ciudad, en los que unos 4 000 armenios encontraron refugio. Y denunció también la quietud de los países occidentales frente a esta barbarie.
De entre los testimonios documentados sobre el tema se pueden leer cosas como: “En Armenia muchos católicos amarrados uno enfrente de otro fueron precipitados desde una colina situada frente a la ciudad al río que pasaba abajo. Entre ellos estaba también un sacerdote católico, Don Emmanuel Giukunian, y para mayor ignominia, atado a un perro y arrojado así en las aguas para morir ahogado” (p. 117).
“Lo que se espera de la oficina del Papa, con la responsabilidad de la autoridad espiritual que tiene es contribuir a la paz mundial, en lugar de promover la enemistad por los acontecimientos históricos” afirmó el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Ahmet Davouto Alu en días pasados. Recordar estas cosas dolorosas no es para promover enemistades, es para como decía Juan Pablo II con motivo del Jubileo del año 2000 al reconocer la Iglesia las culpas del pasado, purificar la memoria; aceptar las propias culpas como paso ineludible para la justicia, la paz y la reconciliación.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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Santo Tomás Moro: patrono de Políticos y Gobernantes
A los políticos y gobernantes queretanos, con mis oraciones
El viernes 14 del presente el Papa Francisco recibió en visita oficial al Arzobispo de Canterbury y Primado de la Comunión Anglicana: Justin Welby. El Papa le dirigió un mensaje en el que entre otras cosas le dijo: «En la feliz circunstancia de nuestro primer encuentro, deseo darle la bienvenida con las mismas palabras con las cuales mi predecesor, el Venerable Siervo de Dios Pablo VI, se dirigió al Arzobispo Michael Ramsey durante su histórica visita de 1966: “Sus pasos no llegan a una casa extranjera […] Nos estamos alegres de abrirle las puertas y, con las puertas, Nuestro corazón; pues Nos estamos contentos y honrados […] de recibirle ‘no como huésped y forastero, sino como conciudadano de los Santos y de la Familia de Dios’ (cfr. Ef 2, 19-20)”.
La historia de las relaciones entre la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia de Roma es larga y compleja, no privada de momentos dolorosos. Los últimos decenios, sin embargo, se han caracterizado por un camino de acercamiento y fraternidad, por el cual debemos dar gracias a Dios sinceramente».
Y es que las relaciones entre las Iglesias de Roma e Inglaterra se vieron fracturadas por dos Actas que el Parlamento Inglés aprobó. La llamada Acta de sucesión, con la cual establecía que el matrimonio contraído por el Rey Enrique VIII con Catalina de Aragón era declarado “manifiestamente contrario a las leyes de Dios, privo de toda validez, totalmente nulo y abrogado” y, por el contrario, el matrimonio contraído por el Rey con Ana Bolena, era “legítimo”, sancionado y retenido “incontestable, auténtico, verdadero y perfecto”. Este documento negaba que el Papa tuviera poder de dispensar en el campo matrimonial. El Acta empezaba a tener valor el 1º de Mayo de 1534. Al súbdito que se negara a jurar en forma solemne el observar lealmente el Acta se le consideraba que incurría en alta traición y le comportaba la pena de muerte y la confiscación de sus bienes. Con el segundo documento, llamado Acta de Supremacía, aprobado el 3 de noviembre de 1534, se decretaba que “nuestro Rey soberano, así como sus sucesores, Rey de este reino, sea reconocido, aceptado y tenido, como solo y supremo Jefe de la Iglesia Inglesa o Anglicana Ecclesia”.
A todo esto se opuso y nunca quiso reconocerlo el mismísimo Canciller del reino: Tomás Moro. Nacido en Londres el 7 de Febrero de 1478. Hizo estudios clásicos en Oxford, donde aprendió griego y latín; estudió Derecho en Londres llegando a ser Abogado. En su juventud pasó cerca de 4 años en la cartuja de Londres con los monjes, participando en la Santa Misa, meditaciones, lecturas y prácticas de penitencia con ellos. En 1504 inició su carrera política, llegando a ser miembro del Parlamento; en 1510 fue nombrado representante de la Corona en Londres por Enrique VIII; se le confiaron encargos diplomáticos; en 1516 publica su célebre Utopía; en 1519 el mismo Rey lo nombra su Consejero; luego en 1521 es nombrado Vicetesorero del Reino y en 1523 Presidente de la Cámara de los Comunes; el 25 de Octubre de 1529 alcanzó la más alta responsabilidad del Reino al ser nombrado Lord Canciller. Era el primer laico nombrado para ese Oficio, sucediendo a Thomas Wolsey, Arzobispo de York. A los doce años de edad había servido como paje en casa del Arzobispo de Cantebury, el entonces Lord Canciller y luego Cardenal John Morton. Luego de viudo volvió a contraer segundas nupcias.
Renunció a su cargo de Lord Canciller el 16 de Mayo de 1532 “porque no podía aprobar ni la escisión de la Iglesia inglesa de Roma ni el divorcio y las segundas nupcias de Enrique VIII, que tuvieron lugar en enero de 1533” (Berglar, Peter; La hora de Tomás Moro. Solo frente al poder; Ediciones Palabra, Madrid 20044).
Luego requerido para firmar ambas Actas, cosa a la que se negó, fue por tal motivo encarcelado en la Torre de Londres. Ahí escribió La agonía de Cristo. Lo enjuician el 1º de Julio de 1535; él solo calló, no juró, calló también sobre las razones para no jurar. La sentencia fue: “kill him”, esto es, sea condenado a muerte. El 6 de julio del mismo año fue decapitado.
El 29 de diciembre de 1886 fue beatificado por León XIII; el 19 de mayo de 1935 canonizado por Pío XI; el 31 de octubre del 2000 proclamado por Juan Pablo II Patrono de los políticos y gobernantes, afirmando: “Su vida nos enseña que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de virtudes”.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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Los motivos de un conflicto
Ciertas formas de pensar han propuesto la lucha de clases como el motor que mueve la historia, es decir, que toda la historia de la humanidad se reduce a los conflictos entre los hombres. Esta idea se pretende explicar de diversas maneras, hay quienes pretenden que sea como la esencia del hombre, ya lo expresaba la conocida frase latina: «homo lupus homini«: el hombre es un lobo para el hombre. Estas formas de pensar se han querido incluso en ocasiones justificar con motivos religiosos, es este un tema amplio y complejo. En un texto que en su momento causó cierta polémica, el P. Carlos Bravo Gallardo, SJ (Jesús, hombre en conflicto. El relato de Marcos en América Latina. Sal terrae, Santander 1986) hace una lectura del Evangelio de Marcos teniendo como hilo conductor el «conflicto» de Jesús con las instituciones de su tiempo. Lejos de estar en esta línea sociologista a la que hemos hecho alusión (y como en su momento algunos quisieron encuadrar), el autor propone una lectura del evangelio que incide en la vida cotidiana, una coherencia que se hace necesaria entre lo que se cree y lo que se hace, en poca palabras, una fidelidad al Padre hasta la muerte por parte de Jesucristo, misma que debe ser la de cada cristiano. Es esa fidelidad a Dios y a los hermanos. Quien pretenda ser fiel a Dios libra una contienda en su interior, teniendo como criterio el amor, la verdad, la libertad.
El pasado 7 de Julio de 2013 fue consagrado Obispo auxiliar de Shangai (China) Mons. Taddeo Ma Daquin, y al día siguiente se le notificó que debía permanecer aislado en las instalaciones del Seminario de Shesan, bajo custodia policial. Esto se da en el difícil contexto de la pretensión de las autoridades civiles de esa república de crear una iglesia nacional China independiente de la Santa Sede. Por eso, la «falta» del joven Obispo (44 años en ese momento) fue expresar públicamente su fidelidad al Romano Pontífice, anunciar su baja de la Asociación de Católicos Patrióticos (creada en 1958) y negarse a que le impusieran las manos varios obispos excomulgados.
Esta difícil situación ya ha sido tratada, entre otros documentos, por la Carta a los católicos en la República Popular China (27 de Mayo de 2007) de Benedicto XVI. De igual modo, en su Mensaje Urbi et Orbi del 26 de diciembre del año pasado: «Que el Rey de la Paz dirija su mirada a los nuevos dirigentes de la República Popular China en el alto cometido que les espera. Expreso mis mejores deseos de que en esta misión se valore la contribución de las religiones, respetando a cada una de ellas, de modo que puedan contribuir a la construcción de una sociedad solidaria, para bien de ese noble pueblo y del mundo entero». La doctrina y trabajo de la Iglesia en todo el mundo es contribuir a la construcción de una paz verdadera, que es siempre un don de Dios, y no crear conflictos nacidos de ideologías que no tienen en cuenta la dignidad de cada persona humana.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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Obediencia y paz
Este lunes 3 del presente se cumplieron 50 años de la muerte del Papa Juan XXIII. En efecto, la tarde el 3 de junio de 1963 se celebraba en la Plaza San Pedro la Misa pro Pontifice infirmo, al final de la cual, a las 19:45 horas, el Papa terminaba su peregrinar en esta tierra.
Con motivo de este aniversario el Papa Francisco dirigió un mensaje a un grupo de peregrinos llegados a Roma de la Diócesis de Bérgamo, de donde era originario Juan XXIII. El Papa Francisco recordó el lema episcopal de Juan XXIII: Oboedientia et pax: obediencia y paz. En su diario, el Papa Bueno, escribió un día antes de su consagración episcopal: “Estas palabras son un poco mi historia y mi vida”. El Papa Francisco explicaba: “La paz […] es el aspecto más evidente, aquel que la gente percibió en el Papa Juan: Angelo Roncalli era un hombre capaz de transmitir paz; una paz natural, serena, cordial; una paz que con su elección al pontificado se manifestó al mundo entero y recibió el nombre de bondad”. En cuanto a la obediencia el Papa Francisco afirmó: “si la paz fue la característica exterior, la obediencia constituyó para Roncalli la disposición interior: la obediencia, en realidad, fue el instrumento para alcanzar la paz”.
El papa Francisco gusta de citar a uno de sus hermanos jesuitas, al francés Henri de Lubac, quien fuera uno de los grandes maestros de la teología y espiritualidad del siglo XX. El Padre Henri de Lubac fue uno de los grandes precursores del Concilio Vaticano II, pero muchos de sus escritos suscitaron sospechas y envidias, de modo que en cierto momento fue privado de la facultad de enseñar y fue llevado de un sitio para otro al menos durante diez años; sus obras fueron retiradas de las bibliotecas de la Compañía de Jesús y se prohibió su venta. De todo esto afirmó el mismo Padre De Lubac: «En todo este asunto expuesto aquí a grandes rasgos, asunto que duró bastantes años, yo nunca fui interrogado, jamás tuve un solo encuentro sobre el fondo de las cuestiones con ninguna autoridad de la Iglesia romana o de la Compañía. Nunca se me comunicó de qué era acusado en concreto… Tampoco se me pidió nunca nada que se pareciese a una “retractación”, explicación o sumisión particular (Hans Urs von Balthasar, Henri de Lubac. La Obra orgánica de una vida. Encuentro Ediciones, Madrid 1989, pp. 13-14)».
Hay dos textos que el Padre De Lubac cita de sendos autores a propósito de la obediencia y del dolor que esta puede conllevar; uno de Proudhon: “Es necesario que yo sufra un poco y que sienta la desgracia de vez en cuando. Esto me levanta, me vigoriza y me sienta bien”; y otro de Teilhard de Chardin: “Si supierais qué amargo es doblegarse cuando no se tiene la certeza interior de que es bueno doblegarse y cuando se teme que, al hacerlo, uno sea infiel al verdadero valor y a la verdadera renuncia”.
Será precisamente Juan XXIII, quien le nombre, junto con el Padre Congar, consultor de la Comisión Teológica preparatoria del Concilio Vaticano II. De este modo la Iglesia nos da los frutos de dos grandes hombres contemporáneos maestros de la obediencia.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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50 Años después
Hace unos días escribíamos unas líneas llamadas “1700 años después”, a propósito de los 1700 años de la promulgación del llamado Edicto de Milán. Hoy decimos solamente “50 años después”, y es que hace 50 años (27de Mayo de 1963) aparecía un Álbum llamado “The Freewheeling Bob Dylan” (Columbia Records), dentro del cual estaba la canción “Blowin’ in the Wind” (“La respuesta está en el viento”), de Bob Dylan. Una canción que hacía una serie de preguntas sobre la paz, la guerra y la libertad, entre otros temas; en un contexto de unos Estados Unidos que venían al menos de tres grandes guerras, las dos llamadas “mundiales” y la de Corea. Este joven autor aparecía cuestionando una serie de realidades que su país pretendía ignorar: familias destruidas, mujeres sin esposos y sin hijos perdidos en las guerras, hijos sin padres, enfermos psíquicos y físicos a causa de las secuelas bélicas, etc. (cfr. su canción “Masters of Wars” [“Señores de la Guerra”]).
Pocos días después (28 de Agosto de 1963), el líder de los Derechos civiles de las personas de color en Estados Unidos, Martin Luther King Jr., pronunciaba su célebre discurso “I have a dream” (“Yo tengo un sueño”), en el cual invitó al grupo “Peter, Paul and Mary” a que entonaran dicha canción, misma que desde entonces se convirtió en himno del mencionado movimiento. El autor de dicha canción conoció el ambiente de las drogas y el alcohol, entre otras manifestaciones de una vida nihilista, y así lo expresó en su canción “Like a Rolling Stone” (“Sin rumbo a casa/como una piedra que rueda”, traducen muchos).
Era un sábado, 27 de Septiembre de 1997, durante una velada del Congreso Eucarístico Nacional Italiano en Bolonia, (son de esas cosas que no se pueden olvidar), con miles de jóvenes reunidos entre la cultura y la oración, que sonaba de fondo durante varios minutos la mencionada canción de Dylan, cuando de pronto apareció, ya enfermo, Juan Pablo II, y sonando de fondo por enésima vez la melodía, el Pontífice exclamó improvisando en su discurso: «Amadísimos jóvenes, os doy las gracias por esta fiesta, que habéis querido organizar como una especie de diálogo a varias voces, donde la música y la coreografía nos ayudan a reflexionar y a orar. Hace poco, uno de vuestros representantes ha dicho, en nombre vuestro, que la respuesta a los interrogantes de vuestra vida “está silbando en el viento”. Es verdad. Pero no en el viento que todo lo dispersa en los torbellinos de la nada, sino en el viento que es soplo y voz del Espíritu, voz que llama y dice: “Ven” (cf. Jn 3, 8; Ap 22, 17). Me habéis preguntado: ¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre para poder reconocerse hombre? Os respondo: Uno. Uno solo es el camino del hombre; es Cristo, que dijo: “Yo soy el camino” (Jn 14, 6). Él es el camino de la verdad, el camino de la vida».
El rebelde cantautor, se inclinó delante del Pontífice, (¡sí, el mismo Dylan, el chico rebelde!) como parte de su itinerario de conversión al cristianismo (que había iniciado hacía varios años), y para escándalo de muchos. Era una música que marcó a grupos como los Beatles y otros de su talla; música que dictó una forma de ver la vida como compromiso por los derechos humanos y la vida.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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En busca de la felicidad
Considerado por muchos como el último representante de la cultura romana antigua y el primer gran intelectual de la Edad Media, Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio (ca. 480-524) escribió, estando en la cárcel, su más conocido texto: «La consolación de la filosofía» (Sarpe, Madrid 1985). Siendo uno de los hombres más importantes del Imperio Romano, fue acusado falsamente ante el Emperador Teodorico, y expresado en sus propias palabras se queja amargamente ante la Filosofía, -personaje alegórico con quien dialoga sobre la razón de su terrible desgracia-: «Mas ya ves cuál ha sido el destino de mi inocencia: como recompensa de mi virtud real sufro el castigo de un delito imaginario» (Libro I, Prosa cuarta, 34).
Por defender al Cónsul Alvino «cuando sobré él se cernía la condena impuesta por una acusación sin pruebas» terminó siendo él mismo acusado, también por defender la institución del Senado, acusado de «lesa majestad».
En ese contexto, se pregunta porqué su vida se ha complicado de esa manera, a lo que la filosofía le responde: «lo único inmutablemente establecido por una ley eterna es la eterna inconstancia de todas las osas creadas».
La filosofía le ayuda descubrir todo lo bueno que aún en ese difícil momento conserva, como lo es la familia; de su esposa le dice: «vive también tu esposa, cuya alma es la prudencia misma, cuya honestidad y recato realza la más exquisita delicadeza […] Sí, vive sólo para ti; y aborreciendo el mundo, por ti aprecia únicamente su existencia … No negaré que anubla tu dicha posible el saber que se consume en llanto y dolor por el miedo de perderte».
Heredero de un cuño estoico en su formación e iluminado también por el pensamiento cristiano, llegará a concluir lo que nos dejó en su famosa definición de felicidad: «Es la suma de todos los bienes y todos los abarca; porque sí uno sólo faltara, ya no sería el bien supremo, pues quedaría excluido algo que, por ser bueno, sería deseable. Por tanto, es cosa indudable que la felicidad consiste en un estado, perfecto por la reunión de todos los bienes».
Su reflexión avanza en una constante exhortación a la virtud, confiando en la certeza de que ser virtuoso vale la pena, pues hay algo de más valioso que lo meramente caduco de los bienes terrenos, es una exhortación que creo sigue siendo vigente hoy más que nunca en nuestra patria: «Por lo tanto, no es vana la esperanza que el hombre pone en Dios, ni son inútiles sus oraciones: si brotan de un corazón recto, no pueden menos de ser eficaces.
Apartaos, pues, de los vicios; practicad la virtud; elevad vuestros corazones en alas de la más firme esperanza; que suban al cielo vuestras humildes oraciones.
Si no queréis engañaros a vosotros mismos, tened la probidad y honradez como ley suprema, ya que en todo cuanto hacéis estáis bajo la mirada de un juez que todo lo ve».
Es el testimonio de un hombre que murió injustamente.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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1700 Años después
Los días 14 al 16 de este mes de mayo se reunieron en Milán, en un acto ecuménico, el Cardenal Arzobispo Angelo Scola y el Patriarca ortodoxo Bartolomé, de Constantinopla, para celebrar el 1700 aniversario del llamado “Edicto de Milán” que puso fin a la persecución de los cristianos en el Imperio Romano. En efecto, en el 311, el Emperador Galerio había decretado la tolerancia del cristianismo, y en el 313 los Emperadores Constantino y Licinio decretan la libertad religiosa en todo el Imperio romano, haciendo referencia de modo expreso a los cristianos, quienes pudieron recobrar sus lugares de culto y propiedades que les habían sido antes confiscadas.
El texto referido afirma, entre otras cosas: “Nos, los emperadores Constantino y Licinio, habiéndonos reunido felizmente en Milán, y puesto en orden las cosas que pertenecen al bien común y a la seguridad pública, juzgamos que, entre las cosas que han de beneficiar a todos los hombres o que deben ser primero solucionadas, una de ellas es la observancia de la religión; debemos, por consiguiente, dar, así a los cristianos como a todos los otros, libre oportunidad para profesar la religión que cada uno desee para que por este medio, cualquiera que sea la divinidad entronizada en los cielos, pueda ser benigna y propicia con nosotros y con todos los que han sido puestos bajo nuestra autoridad. Por lo tanto, pensamos que la siguiente decisión está de acuerdo con una sana y verdadera razón: que nadie que haya aceptado la creencia cristiana o cualquiera otra que parezca ser la más conveniente para él, sea obligado a negar su convicción, para que así la Suprema Divinidad, cuyo culto observamos libremente, pueda asistirnos en todas las cosas con su deseado favor y benevolencia. Por cuyo motivo es necesario que V. E. sepa que es nuestra voluntad que todas las restricciones publicadas hasta ahora en relación a la secta de los cristianos, sean abolidas, y que cada uno de ellos, que profese sinceramente la religión cristiana, trate con empeño en practicar sus preceptos sin temor o peligro […] V. E. también debe saber que, por la conservación de la paz en nuestros días, hemos concedido a los otros el mismo derecho público y libre para practicar sus creencias o culto, para que de esta manera cada uno pueda tener libre ocasión para rendir adoración según su propio deseo” (citado en Estado y Religión. Textos para una reflexión crítica, Rafael Navarro-Valls y Rafael Palomino, Editorial Ariel, Barcelona 20032, pp. 42-43).
En este contexto el Papa Francisco le envió un mensaje al Cardenal Scola a través del Secretario de Estado, Cardenal Bertone, para saludar al Patriarca Bartolomé, a todos los participantes y a toda la ciudad “por el relieve dado a la memoria de la histórica decisión que, decretando la libertad religiosa para los cristianos, abrió nuevos caminos al Evangelio y contribuyó de forma decisiva al nacimiento de la civilización europea”.
En el texto, el Santo Padre manifiesta el deseo de que “hoy como ayer el testimonio común de los cristianos de Oriente y Occidente, regido por el espíritu del Resucitado, contribuya a la difusión del mensaje de salvación en Europa y en todo el mundo y que, gracias a la amplitud de miras de las autoridades civiles se respete en todos los lugares el derecho a la expresión pública de la propia fe y se acoja sin prejuicios la aportación que el cristianismo sigue ofreciendo a la cultura y a la sociedad de nuestro tiempo”.
El Patriarca Bartolomé expresó su preocupación por “los eventos políticos que suceden en el Medio oriente” en particular en Siria donde “los cristianos de toda confesión, clérigos y laicos, a pesar de los grandes esfuerzos que realizan para permanecer neutrales en el conflicto civil, a pesar de su vida tranquila y pacífica, son puestos a prueba y amenazados cotidianamente con secuestros y homicidios. De ahí también su “protesta” dirigida a la comunidad internacional “porque mil setecientos años después de la conseción de la libertad religiosa con el Edicto de Milán, continuan en todo el mundo, bajo múltiples formas,las persecuciones”.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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El Sacrificio de un Arzobispo
Estaba celebrando la Eucaristía o Cena del Señor y hacía no más de una hora y media que había ido a que su médico lo revisara de los oídos, pues en los últimos días le molestaba un dolor. De ahí pasó a la casa de los sacerdotes jesuitas en Santa Tecla, pues uno de ellos era su confesor; al verlo le dijo: “Vengo, padre, porque quiero estar limpio delante de Dios”. Ya en la misa, era el momento del ofertorio cuando sonó un disparo que le quitó la vida. Eran las 18:25 hrs., de aquél fatídico 24 de marzo de 1980. Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez tenía 62 años y era el Arzobispo de San Salvador.
Esto ocurrió durante los años convulsos que vivía su país, devastado por la violenta lucha fraticida en que se encontraba sumergido este país centroamericano. Como pastor estuvo cada vez más atento a los acontecimientos de su país y de sus fieles, buscó ser siempre fiel al evangelio en un proceso de discernimiento evangélico en comunión con sus sacerdotes y laicos. Eran tiempos llenos de ideologías pero él optó por defender desde el evangelio a los más pobres y desprotegidos, por una defensa de los derechos humanos. El sábado anterior a su muerte se reunió con son su equipo de asesores que había convocado para preparar la homilía del domingo siguiente, sus homilías se habían hecho famosas, pues eran transmitidas por la radio. El tema que ofrecía la liturgia era sobre el mandamiento “no matarás”. El día 19 de ese más le habían entregado una carta firmada por casi cuarenta de sus sacerdotes, donde le pedían que bajara el tono de las denuncias, que las matizara y que hiciera contrapeso con el anuncio de la esperanza. Pero en la misa del domingo anterior a su muerte, pronunció entre otras, estas palabras:
“Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: «No matar». Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión.
No quiso hacer política partidista como a veces se le ha tachado, no quiso ser comunista, no le puso apellido a la teología (“de la liberación”); quiso simplemente ser fiel a Jesucristo, y como su Maestro llegó al punto en que se fue quedando solo en el camino hacia la cruz. Él acostumbraba cenar a las 18:30 hrs., doce años antes, haciendo una meditación sobre la muerte durante un retiro espiritual, había escrito estas palabras tomadas del libro del Apocalipsis: “Y cenaré con él” (Ap 3, 20). Entre las varias biografías sobre Mons. Romero se encuentra la que su secretario de ese entonces escribió: Oscar A. Romero. Biografía. Ediciones Paulinas 19862, Madrid; para leer en este tiempo de Pascua. Se hizo también una excelente película: Romero, 1989, 105 min., Estados Unidos, Director: John Duigan, Reparto: Raúl Juliá, Richard Jordan, Ana Alicia, Eddie Vélez. Productora: Paulist Pictures
Su proceso de beatificación continúa.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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El respeto a las diferencias
A Don Mario de Gasperín G. Obispo emérito de Querétaro
El pasado día 18 de Abril, mediante el Boletín 1408 emitido por Comunicación Social en el Senado de la República, se dio a conocer que “Los candidatos propuestos por el Ejecutivo federal para ocupar las embajadas de México en Cuba, Ecuador, Finlandia, la Santa Sede y Dinamarca, comparecieron ante senadores a quienes expusieron sus planes de trabajo y la manera en que impulsarán la agenda de política exterior del gobierno mexicano”. Ante la Santa Sede fue propuesto el queretano Mariano Palacios Alcocer, quien afirmó que “hay dos condiciones favorables para estrechar las relaciones entre México y el Vaticano: uno, el inicio del gobierno del presidente Enrique Peña, con los mejores augurios por el diálogo político, por el respeto a las diferencias, y dos, la elección del Papa Francisco, de origen latinoamericano, como jefe de la Iglesia Católica”.
Esta noticia vuelve a crear revuelo en torno al tema de la libertad religiosa y de conciencia en ciertos círculos de pensamiento no sólo distintos, sino opuestos. En el análisis que hace Martha C. Nussbaum en un breve texto (Libertad de conciencia: el ataque a la igualdad de respeto, Kats Editores, Madrid 2011) en el que defiende la tradición liberal de igual respeto por la libertad de conciencia que se ha ido abriendo paso en Estados Unidos y que ella hace encajar en el momento mismo de la fundación de su país, afirma: “un grupo de valientes colonos que, huyendo de la persecución religiosa en Europa, emprendieron un peligroso viaje a través del océano […] con el fin de poder adorar a Dios en libertad y a su propia manera. Los que sobrevivieron al viaje lo festejaron con los habitantes nativos y dieron gracias a Dios” (p.10). En su decir, la tolerancia religiosa no gozó de buena salud entre los descendientes de los Peregrinos. Por eso, hasta la fecha ella ve dos enemigos de la tolerancia religiosa: el que propugna el establecimiento de un culto oficial y el antirreligioso; éste cree que “toda religión debería ser desfavorecida en la esfera pública —no por razones de igualdad o libertad, sino porque cree que la religión es algo embarazoso, una reliquia de una era precientífica y una fuente de problemas—. El antirreligioso piensa que podemos construir democracias duraderas desalentando la religión y construyéndolas sobre la racionalidad científica secular” (p. 53), mientras que aquél piensa “que el buen orden y la seguridad pública requieren un compromiso público con la ortodoxia religiosa, una tradición religiosa dominante” (p. 49). Expone por supuesto argumentos en contra de uno y de otro.
Crecida en un ambiente protestante y luego convertida al judaísmo y casada con un judío, ella argumenta: “la conciencia es un ente delicado y vulnerable. Necesita el respaldo de las leyes y de las instituciones. Dado que se merece el igual respeto, también merece un respaldo igual” (p. 59). Es interesante que afirme también: «Hasta el momento, en esta charla no he utilizado las palabras “separación de Iglesia y Estado” que tan a menudo utiliza la izquierda en relación con este tema. Evito estas palabras deliberadamente. Este eslogan, de hecho, no formó parte de nuestra tradición constitucional originaria. No se encuentra en nuestra Constitución y ninguno de sus creadores lo utilizó; prefiero el lenguaje de la libertad y la igualdad. El eslogan, que surgió a mediados del siglo XIX, durante una época de pánico a causa de la inmigración católica, expresaba el temor de la gente a que la iglesia católica fuera a asumir el control de las instituciones americanas […] La total separación de Iglesia y el Estado, concebida de un modo unilateral, es tanto imposible como indeseable» (pp. 46-47).
Se podrá estar o no totalmente de acuerdo con la autora, pero algo no se puede ignorar: el deseo de respetar la dignidad de la persona humana en todas sus dimensiones y la invitación a profundizar en un tema tan complejo. Por eso saludamos con esperanza las palabras del nuevo Embajador ante la Santa Sede: “el respeto a las diferencias”. Auguramos una paz creciente en nuestra Patria.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes