-
El papel de la mujer en la Iglesia
En la entrevista que el Papa Francisco dio en días recientes (16 de agosto) al Director de la revista italiana «La civiltà cattolica», padre Antonio Spadaro SJ, intitulada : “Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos”, el Papa afirmó entre otras cosas acerca del papel de la mujer en la Iglesia: “Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Temo la solución del ‘machismo con faldas’, porque la mujer tiene una estructura diferente del varón. Pero los discursos que oigo sobre el rol de la mujer a menudo se inspiran en una ideología machista. Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que esta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia».
Probablemente a partir de estas afirmaciones y otras parecidas, diversa personas (http://internacional.elpais.com/internacional/2013/09/22/actualidad/1379871188_970752.html; http://www.ilmessaggero.it/PRIMOPIANO/VATICANO/papa_francesco_donna_cardinale_vaticano/notizie/329972.shtml) han pretendido ver en estas palabras la decisión del Papa de «crear» mujeres cardenales en el próximo consistorio que ha anunciado para febrero del año próximo. Tales afirmaciones en los ejemplos citados, me parecen contaminadas de imprecisiones al menos jurídicas y teológicas. Ha sorprendido sobre todo a algunas personas el que la articulista de «L’Osservatore Romano», Lucetta Scaraffia, haya «aprobado» tal teoría (su artículo apareció en Il Messagero). En realidad ella dice que si el Papa realizara ese cambio «no sorprendería mucho en el fondo» después de las recientes afirmaciones que el Pontífice ha hecho. Es cierto que en su texto cuestiona fuertemente la ausencia de la mujer en los lugares de decisión en la vida interna de la Iglesia, pero eso es algo que el mismo Pontífice expresó en la entrevista arriba citada: «En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”. Pero esto no significa que el Pontífice haya anunciado que habrá mujeres Cardenales, tampoco es una afirmación de la superioridad del varón sobre la mujer, pues él mismo afirma en la citada entrevista: «María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad».
Lucetta Scaraffia después de un alejamiento de la Iglesia ha regresado y desde su ámbito profesional (historiadora, articulista, etc.) aporta elementos para reflexionar sobre el papel de la mujer en la Iglesia y en el mundo, sobre todo en: «Mujer Iglesia Mundo», que aparece mensualmente en las páginas de «L’Osservatore Romano» en su edición cotidiana.
Por otra parte, me parece que el trasfondo del tema es esa ideología de una visión de los derechos humanos mutilada, relativista y laicista que ella misma ha denunciado al afirmar que una cierta visión del mundo «parece querer sustituir toda tradición religiosa por la ética laica fundada en los derechos humanos, concebidos como negociables y modificables. Es una ética que tiende a configurarse como una religión que comprende, y supera, a todas las demás, y que debería garantizar el progreso universal y la convivencia pacífica de cualquier forma de diversidad» (Rocella, E.-Scaraffia, L; Contra el Cristianismo. La ONU y la Unión Europea como nueva ideología. Madrid 2008. Cristiandad, p. 12). Una visión de la que ha advertido el Papa cuando afirma que no hay que confundir la función con la dignidad.
Por lo demás, la legislación actual de la Iglesia afirma en el canon 351 § 1: «Para ser promovidos a Cardenales, el Romano Pontífice elige libremente entre aquellos varones que hayan recibido al menos el presbiterado y que destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de asuntos; pero los que aún no son Obispos deben recibir la consagración episcopal».
Filiberto Cruz Reyes
-
Cristo está en la cárcel
El miércoles 23 de octubre del presente, antes de la Audiencia General, el Papa Francisco recibió en audiencia a los capellanes de las cárceles de Italia, a quienes entre otra cosas, dijo que transmitieran a los internos: «Que no se desanimen, que no se cierren. Ustedes saben que un día todo va bien, pero al otro estoy abajo, y esto es difícil. El Señor está cerca, pero dilo con los gestos, con las palabras, con el corazón, que el Señor no permanece fuera, no permanece fuera de sus celdas, no permanece fuera de las cárceles, sino está dentro, está allí. Pueden decir esto: el Señor está dentro con ustedes; también él está encarcelado, todavía hoy, encarcelado por nuestros egoísmos, por nuestros sistemas, por tantas injusticias, porque es fácil castigar a los más débiles, pero los peces grandes nadan libremente en las aguas».
Esto adquiere un tono bastante cercano también para nosotros, para todo ser humano, pues al día siguiente en México, el profesor chiapaneco tzotzil Alberto Patishtán, quien ha sido condenado a 60 años de prisión y de los cuales ya ha cumplido 13, continuó afirmando su inocencia y expuso situaciones de la realidad que percibe de nuestro sistema penal: «Estamos peleando que haya más defensores públicos. En el Cereso donde estoy sólo hay uno. Allí hablamos cuatro lenguas, hay más de 500 internos, casi todos indígenas, y el defensor no conoce las lenguas. Hay una mujercita, tzeltal, el mismo director me lo comentó, que lleva 10 años en proceso. Otro lleva 12. Sin abogado. Imagínate que resultan inocentes, o que su condena es de seis años. ¿Quién les va a reparar los años que perdieron?» (La Jornada, Jueves 24 de octubre de 2013, p. 2).
Nuestra palabra «proceso» viene de un verbo latino (procedo, -cedis, -cessi, -cessum, procedere) y puede significar: avanzar, progresar, salir fuera; [del tiempo] pasar, transcurrir, avanzar en los años; tener éxito, salir bien. El profesor pone el acento en el sentido más profundo del concepto de «proceso» y su ausencia o negación del mismo: esa serie de pasos que no se dan y por lo tanto no se avanza en la búsqueda de la verdad, ese itinerario que no acontece y debería llevar al juez a la certeza moral para poder dictar sentencia, pues la vida del interno transcurre inexorablemente en la angustia que provoca la indefinición de su situación jurídica, y que el profesor expresas en éstos términos: «cuando me agarran, lo más doloroso de pensar es la injusticia; te salen unos corajes de aquellos, hasta te llenas de rencor, de odio. Para mí eso era otra cárcel. No te deja avanzar».
Jesucristo también estuvo sujeto a proceso, dos para mejor decir; por una parte, el que le fincaron las autoridades religiosas de su pueblo al acusarle de la pretensión de ser el Mesías esperado (cfr. Mt 26, 57-68), más sabiendo el sanedrín que no tenían facultad para condenarlo a la pena capital (ius gladi) le dieron un sesgo político: lo acusaron de sedición y otras cosas más para presentarlo ante los romanos, quienes le juzgaron de este modo también (cfr. Mt 27, 11-31) (cfr. Giorgio, Jossa; Il processo di Gesù, Paideia. Brescia 2002, p. 100). La causa de su condena estaba expresada en el titulus colocado en la cruz: Jesús Nazareno Rey de los Judíos.
El Diario Oficial de la Federación publicó con fecha de 30 de Octubre del presente un Decreto por el que se adiciona un artículo 97 Bis al Código Penal Federal, en virtud del cual “el Titular del Poder Ejecutivo Federal podrá conceder el indulto, por cualquier delito del orden federal o común en el Distrito Federal”. En virtud de su único transitorio entró en vigor al día siguiente de su publicación, es decir el día último de octubre, por lo que fue aplicado para poner en libertad al maestro chiapaneco. Bien por él y los suyos, sin embargo, como expresó Amnistía Internacional: “El indulto presidencial es un gran alivio para Alberto Patishtán y su familia, pero está muy lejos de acercarse a la verdad, justicia y reparación. Las personas responsables de su juicio injusto y encarcelamiento deben rendir cuentas” (http://www.eluniversal.com.mx/nacion-mexico/2013/indulto-a-patishtan-reconocimiento-tardio-de-injusticia-ai-962173.html). Es cierto, el problema de la impartición de justicia sigue siendo apremiante en nuestra patria, de modo especial la cuestión procesal de lo cual en los últimos meses han dado cuenta diversos casos mediáticos. Es un verdadero desafío para todos.
La experiencia de la sencillez, de la identificación con Jesucristo, puede llevar a expresar cosas aparentemente contradictorias. El Papa dijo el mismo miércoles arriba mencionado que de vez en cuando, algún domingo llama a algún interno y «cuando termino pienso: ¿porqué él está allí y no yo que tengo tantos motivos para estar ahí?», mientras que Patishtán sentencia: «Cuando me acerqué a las cosas de Dios, comencé a perdonar» y por lo mismo afirma: «En mi interior estoy libre desde el primer día». Me parece que ambas personas, por caminos distintos, avanzan (procesan) y muestran caminos de libertad.
Filiberto Cruz Reyes
-
La lista de Francisco
Luego de saberse de la elección del Cardenal Bergoglio a la cátedra de Pedro se levantaron voces insinuando, al menos, su indiferencia o pereza para reaccionar frente al golpe de estado en Argentina, su patria, por el General Jorge Rafael Videla, y sus consecuencias: se le acusa al régimen golpista de que entre 1976 y 1983 hubo unos 30, 000 desaparecidos; 19, 000 torturados y ejecutados de manera sumaria; unos 500 niños recién nacidos fueron arrancados de los brazos de sus madres, mismas que fueron ejecutadas, para darlos en adopción a militares; fueron arrestados unos 50, 000 activistas políticos; al exilio fueron unos dos millones de opositores, etc. (http://www.ilgiornale.it/news/interni/cos-ho-messo-mani-sulla-lista-bergoglio-956077.html). Entre otras cosas que también le recriminaban a Francisco fue no rescatar del secuestro a dos de sus hermanos jesuitas mientras era el Superior General en Argentina de los jesuitas, los padres Franz Jalics y Orlando Yorio, quienes habían sido su director espiritual y maestro de teología.
El día 7 del presente fue presentado el libro “La lista di Bergoglio, i salvati da Francesco durante la dittatura” (Ediciones Emi) en la sede de la Revista de los jesuitas “La Civiltà Cattolica” en Roma, del autor italiano Nello Scavo, quien escribe para el periódico L’Avvenire. El ensayo-investigación lleva un prólogo de Adolfo Pérez Esquivel, premio Novel de la paz. Hasta el día 6 del presente se habían vendido ya los derechos para las ediciones en inglés, francés, español, portugués, húngaro y croata para 30 países. El título está inspirado en la película de Steven Spielberg “La lista de Schindler” (1993), en la que se narra cómo un empresario alemán, Osckar Schindler salvó la vida de unos 1000 judíos polacos durante el Holocausto.
En su libro Nello Scavo demuestra que las acusaciones al Romano Pontífice de colusión con el régimen de Videla no sólo carecen de total inconsistencia, sino que se mantuvo activo salvando a muchas personas buscadas por los militares, arriesgando la propia vida. El autor afirma que los padres jesuitas arriba mencionados, mientras eran torturados, sus verdugos les hicieron creer que quien los había denunciado había sido precisamente su ex alumno, cosa que el autor llama una canallada. Cuando Bergoglio descubre que sus sacerdotes estaban presos en la temida Escuela Superior de mecánica de la Armada, creadora de los llamados vuelos de la muerte, se las ingenió para hablar dos veces con el General Videla, así como con el Almirante Massera, a quien le dijo al retirarse: Mira Massera, los quiero detrás de mi, vivos”. Al llegar el Almirante le había dicho en tono sarcástico: Hola Bergoglio. La noche siguiente los dos jesuitas fueron narcotizados y arrojados en unos pantanos, vivos. Yorio murió en el 2000, Jalics seis años después celebró una misa con Bergoglio y se abrazaron públicamente para poner fin a las calumnias.
Para comprender el silencio discreto de Bergoglio, dicen, hay que comprenderlo a la luz de su vida misma y de su pensamiento. Acerca de la Curia Romana y sus problemas expresó el Papa: “Yo la veo y la vivo como un organismo de servicio, un organismo que me ayuda y me sirve. A veces llegan noticias no tan buenas, a menudo ampliadas y a veces manipuladas con amarillismo. Los periodistas a veces corren el riesgo de enfermarse de coprofilia y fomentar de esta manera la coprofagia: que es el pecado que marca a todos los hombres y mujeres, es decir el ver siempre las cosas malas y no las buenas” (Vidal, José Manuel-Bastante, Jesús; Francisco. El nuevo Juan XXIII. Desclée De Brouwer-Religión Digital. Bilbao 2013. p. 59). Esperamos con ansias y esperanzas clarificadoras el texto.
Filiberto Cruz Reyes
-
La reforma de la Curia Romana
L’Osservatore Romano en su edición del lunes 30 de Septiembre-Martes 1 de Octubre del presente, público un documento del Romano Pontífice dado en forma de Quirógrafo. Quirógrafo viene del latín “chirographum” y significa “lo que es escrito por la propia mano; autógrafo”. “Se trata de un documento escrito en latín o en alguna lengua moderna y no es escrito completamente de puño por el Papa, pero sí es firmado por él. En este sentido, es un documento muy personal del Papa y le da el uso que quiere. Generalmente, el documento ha sido usado con fines administrativos”.
La Iglesia acostumbra llamar a sus documentos con el íncipit, es decir con las primeras palabras con las que inicia dicho documento, este en italiano comienza: «Tra i suggerimenti», es decir, «Entre las sugerencias». Con este documento el Papa instituye un Consejo de Cardenales que le ayudará en el gobierno de la Iglesia Universal así como para estudiar un proyecto de revisión de la Constitución Apostólica «Pastor Bonus«, sobre la Curia Romana.
El Papa es en primer lugar el Obispo de Roma, así lo remarcó él mismo el día de su elección a la cátedra de Pedro, y como todos los demás Obispos diocesanos tiene colaboradores que él mismo instituye, pero al mismo tiempo es el Jefe del Colegio de los Obispos y tiene por lo mismo la responsabilidad del gobierno de la Iglesia Universal. En este contexto se vive la «comunión jerárquica» en la que el único Colegio de los Obispos cuida de la Única Iglesia de Jesucristo.
En el siglo III bajo el Pontificado del Papa Fabián aparece ya toda una estructura de oficios eclesiásticos: archidiácono , archipresbítero, etc. Al pasar de los años se van formando grupos de estos colaboradores que se denominarán Oficiales del aula Papal. En el siglo IV hay Notarios con funciones judiciales y surgen figuras como el “Primicerius notariorum” y le ayuda el “Secundicerius”. Estos Notarios tenían también funciones administrativas incluidas las de ser delegados del Romano Pontífice. Aparecen también los “Defensores”, que podían ser clérigos o laicos y eran abogados de la Iglesia o de los pobres, eran los administradores del patrimonio de la Iglesia Romana. De entre los titulares de las iglesias romanas, a los cuales se les unieron los obispos de las iglesias suburbicarias, salían los llamados “cardenales”, a los que se unieron los seis diáconos palatinos, que se encargaban principalmente de la Iglesia de san Juan de Letrán, donde vivieron los Papas hasta el tiempo de Aviñón[1]. Durante el primer milenio de la Iglesia van surgiendo muchas otras figuras de colaboradores del Papa en el gobierno de Iglesia universal, pero hasta este momento no habían surgido las Instituciones como hoy las conocemos con el nombre de Dicasterios, estos se irán configurando de manera más estable durante el segundo milenio hasta llegar a formar lo que hoy conocemos como Curia Romana, cuya noción se enuncia como “el conjunto de dicasterios y organismos, que ayudan al Romano Pontífice en el ejercicio de su suprema misión pastoral, para el bien y servicio de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares, con lo que se refuerzan la unidad de la fe y la comunión del Pueblo de Dios y se promueve la misión propia de la Iglesia en el mundo” (Pastor bonus n. 1).
Esta institución ha visto algunas grandes reformas en el transcurso de su historia: con el Papa Sixto V en 1588; con Pío X en 1908; con Pablo VI en 1967; con Juan Pablo II en 1988 y es el ahora el propósito de Francisco anunciado con este Quirógrafo y que el P. Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede expresó así acerca del trabajo de los Cardenales convocados por el Papa para este fin: «Los cardenales han trabajado principalmente sobre la reforma de la Curia. La orientación no es la de una actualización de la Constitución apostólica “Pastor Bonus”, con retoques o modificaciones marginales, sino la de una nueva constitución con novedades de relieve. Habrá que esperar un tiempo adecuado, después de este Consejo, pero la idea es ésa. Los
purpurados han dejado claro que no se trata de hacer retoques cosméticos o pequeños ajustes de la Pastor bonus”».
Oremos por el Papa y por este gran empeño que ha anunciado.
Filiberto Cruz Reyes
[1] Bonnet, Piero Antonio-Gullo, Carlo; La Curia Romana nella Cost. Ap. “Pastor Bonus”, Libreria Editrice Vaticana. Vaticano 1990, pp. 1-2.
-
El Archivo Secreto Vaticano
Su nombre actual, “Archivo Secreto Vaticano”, está atestiguado desde mediados del 1600. Contiene la historia de 12 siglos (VIII-XX) custodiada por 400 años en 85 kilómetros lineales de estantería, 650 fondos archivísticos, treinta mil pergaminos y millones de documentos. “Secretum”, en latín, se usó con el significado de “privado”: es el archivo privado de los Papas que guarda los documentos relativos al gobierno de la Iglesia Universal. En 1881 el Papa león XIII abrió sus puertas a los estudiosos y actualmente pueden tener acceso a él sin distinción de país o religión. Hoy está disponible hasta febrero de 1939, fecha del fin del pontificado de Pío XI, pues se tiene acceso al mismo por pontificados según una costumbre adoptada a partir de 1924. No obstante esta costumbre, Pablo VI al final de los trabajos del Conciliares (1965) hizo accesible a los estudiosos el “Archivo del Concilio vaticano II (1962-1965)”, y Juan Pablo II abrió a los estudiosos el Fondo “Oficina Vaticana de Informaciones, Prisioneros de Guerra (1939-1947). De este modo, el Archivo mencionado se ha convertido en uno de los centros de investigación más importantes y célebres del mundo. El responsable es el Cardenal Archivista, actualmente Jean-Louis Bruguès (26.VI.2012-) y tiene a su lado la figura del prefecto para la dirección ejecutiva.
El 1º de octubre del presente, fue presentado en el Roma Fiction Fest un documental que lleva por nombre “Scrinium Domini Papae” (Scrinium Domini Papae. Un viaje al Archivo Secreto Vaticano; Producido por: Archivio Segreto Vaticano; Producción Ejecutiva: Centro Televisivo Vaticano, Distribución mundial: HDH Communications, DVD Video, Digipack, 5 idiomas [English, Español, Italiano, Deutsch, Français]; duración: 28’; ISBN 978- 88-85042-79-7). Fue rodado en tres semanas con más de diez horas de tomas para la producción de 28 minutos. Narrado en la voz de Alessandro de Carolis describe uno de los lugares más fascinantes y misteriosos, y los temas más diversos: cónclaves, herejías, Papas, Emperadores, cruzadas, excomuniones, manuscritos y códigos provenientes de los cinco continentes. De los documentos interesantes que se muestran en el documental figuran, por ejemplo, las actas del proceso a Galileo Galilei y el de los Templarios, la Carta de Enrique VIII y un escrito de Miguel Ángel solicitando fondos (cfr. L’Osservatore Romano, 3 de octubre 2013, p. 4).
Frente a este hecho viene bien recordar lo que el gran cineasta ruso Andrey Tarkovski afirmaba: “Por primera vez en la historia de las artes, en la historia de la cultura, el hombre encontró el medio para imprimir el tiempo y, simultáneamente, la posibilidad de reproducir ese tiempo en la pantalla tantas veces como lo desease, de repetirlo y regresar a él: adquirió una matiz de tiempo real […] El tiempo, fijado en sus formas y manifestaciones factuales: ésa es la idea suprema del cine como arte y nos lleva a pensar en la abundancia de recursos inexplorados del cine, en su colosal futuro.” (Andrey Tarkovski, Esculpir el tiempo. UNAM, México 2009, en la solapa).
Actualmente el Archivo recibe cada año más de 1200 estudiosos provenientes de cerca de 60 países. La intención del documental es hacer accesible, aunque de modo breve, el mundo del Archivo Secreto Vaticano a millones de personas. A partir de 2009 el Archivo ha iniciado también un proyecto de digitalización y ahora con este documental toman cuerpo las palabras del cineasta que vieron la luz por primera vez en 1985.
Filiberto Cruz Reyes
-
Sentimientos de la Nación
Del latín natio, -onis proviene nuestro vocablo “nación”, que significa nacimiento; género, estirpe, raza; tipo, cualidad; nación, pueblo, tribu. En este mes de septiembre llamado entre nosotros “mes patrio” llegaron dos meteoros que han trastocado gravemente nuestra nación y cuyas consecuencias aún no se alcanzan a vislumbrar.
“Sentimiento” por otra parte, se deriva del latín sentio, -is, -sensi, -sensum, ire; que puede significar sentir, percibir, experimentar; aprender, entender; expresar el propio parecer.
Conocedor de todo esto, el Padre José María Morelos y Pavón daba a conocer su texto llamado “Sentimientos de la nación” un 14 de septiembre de 1813 en Chilpancingo, hoy gravemente herido. Fue él quien en este texto referido en el número 23 afirmaba: “Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se despegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe, el Sr. Dn. Miguel Hidalgo y su compañero Dn. Ignacio Allende”.
El meteoro que golpeó Guerrero llegó casi exactamente este día solemne de Morelos y cabe preguntarse: ¿Cuáles eran los sentimientos de la nación en tiempos de Morelos, esa que, valga la redundancia, estaba naciendo?, ¿cuáles son los sentimientos de nuestra Nación el día de hoy? ¿No pudieron prevenirse de algún modo semejantes tragedias? Ciertamente no tenemos control de la naturaleza, pero sí de las decisiones por ejemplo, de construir en lugares no aptos por las circunstancias geográficas, mismos que a decir de diversos medios de comunicación fueron usados indebidamente a tal efecto con la anuencia de funcionarios con nombre y apellido a petición de voraces “compatriotas”.
Es de alabar la solidaridad de muchos hijos de esta nuestra noble Nación y así mismo condenable los abusos que en estas circunstancias se dan. Hay quienes todo perdieron y, viene ahora el trabajo arduo y lento de la reconstrucción, que no nos falte la voluntad férrea y el trabajo constante para llevar a buen puerta tal empresa, lejos de protagonismos inhumanos y promesas incumplidas, pues no sólo los ojos de nuestra Nación están puestos en estos sucesos, sino los del mundo entero.
Morelos fue sometido a diversos procesos como consecuencia de su lucha por la libertad, que al final le costará la vida; pero en ninguno de ellos es acusado de lo esencial de su intención “esgrimida en campaña por Morelos y por toda la insurgencia, en cuanto a justificar el movimiento: la tiranía, la opresión y el despotismo” (Herrejón, Carlos; Los procesos de Morelos; El Colegio de Michoacán, Zamora, Mich. 1985, pp. 41-42) ¿Habrían hoy cambiado los sentimientos de Morelos al contemplar el escenario nacional?
En el n. 19 de “Los sentimientos de la Nación” Morelos invocaba a María Santísima de Guadalupe como la “Patrona de nuestra libertad”; que sea ella la que con su intercesión maternal ante el Todopoderoso nos ayude a vernos como hermanos, como una Patria reconciliada y solidaria, verdaderamente libre y justa, para que la sangre de nuestros mayores no haya sido derramada en vano.
Filiberto Cruz Reyes
-
¡Cómo quisiera una Iglesia pobre!
La relación de las dimensiones del ser humano entre su capacidad de pensar o saber (homo sapiens) y de actuar o hacer (homo faber) se ha expresado de muchas maneras a través de la historia de la humanidad. En la Grecia clásica el principio rector se expresó con el “Conócete a ti mismo» délfico. En ese contexto la actividad más excelsa que el hombre podía realizar era el inteligirse a sí mismo y al mundo.
En años más recientes Marx afirmaba en su famosa Tesis 11 sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.
Para el pensamiento cristiano la actividad más importante que el ser humano puede y debe realizar es el amor; este sencillo y profundo principio es el que ha guiado el ideal de la cristiandad a través de los siglos. Esos principios generales, tanto filosóficos como teológicos se van encarnando en propuestas específicas en los diversos momentos históricos. El siglo pasado el mundo pudo contemplar los intentos por llevar a la práctica los principios marxistas, ese afán de transformar el mundo recurriendo incluso a la revolución y uso de las armas para vencer las resistencias del “statu quo”.
En una América Latina que en las últimas décadas del siglo XX se vio presa de diversos regímenes inhumanos, la Iglesia no permaneció indiferente ni en su pensar ni en su actuar. En diciembre de 1971 aparecía en Perú un texto que llegó a marcar de algún modo el inicio de lo que se conocería como lo que su título enunciaba: “Teología de la liberación”. Su autor, un sacerdote diocesano peruano, hoy de la Orden de Santo domingo, afirmaba: “La teología de la liberación nos propone, tal vez, no tanto un nuevo tema para la reflexión, cuanto una nueva manera de hacer teología. La teología como reflexión crítica de la praxis histórica es así una teología liberadora, una teología de la transformación liberadora de la historia de la humanidad y, por ende, también, de la porción de ella —reunida en ecclesia— que confiesa abiertamente a Cristo”. (Gutiérrez, Gustavo; Teología de la liberación. Perspectivas; Sígueme, Salamanca 199014, p. 72). Esta nueva forma de hacer teología provocó suspicacias dentro y fuera de la Iglesia al ser acusada de influencias marxistas; en realidad hoy se acepta que no era una teología, sino varias teologías de la liberación. Entre sus principales propuestas está la que afirma que la Iglesia debe hacer una “opción preferencial por los pobres”.
El pasado 16 de marzo del presente, en una audiencia a los Comunicadores que cubrieron el evento del cónclave, el Papa Francisco hablando de cómo había elegido su nombre, inspirado en el santo de Asís, exclamó: “Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre… ¡Ah, cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”. El pensamiento del Papa no es improvisado, hunde sus raíces en la teología de la Iglesia, de manera especial de la Iglesia latinoamericana que se expresa de modo puntual en los Documentos del Consejo Episcopal Latinoamericano en sus Conferencias de Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y la más reciente en Aparecida (2007), de la que el Cardenal Bergoglio fue Relator General.
Para el Teólogo jesuita Juan Carlos Scannone, también él argentino, el Cardenal Bergoglio tiene su propia de versión de la teología en comento, a la que él llama “Teología del pueblo”, y dice: «como la teología de la liberación, utiliza el método “ver-juzgar-actuar”, une praxis histórica y reflexión teológica, y recurre a la mediación de las ciencias sociales y humanas. Pero privilegia un análisis histórico-cultural con respecto al socio-estructural de tipo marxista».
Durante los años de la evolución de la “Teología de la liberación” la Congregación para la Doctrina de la Fe, entonces presidida por el Cardenal Ratzinger, publicó dos documentos que hacían referencia al tema de modo explícito: Libertatis nuntius (1984) y Libertatis conscientia (1986).
El miércoles 4 de septiembre del presente, en L’Osservatore Romano apareció un artículo que comenta la aparición de un libro intitulado “Dalla parte dei poveri. Teologia Della liberazione, teologia de la Chiesa” (De la parte de los pobres. Teología de la liberación, teología de la Iglesia) escrito a cuatro manos, por el Padre Gustavo Gutiérrez y el Cardenal Gerhard Ludwig Müller, actual Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe.
Dejémonos de recelos, parte de lo mejor de esa experiencia latinoamericana de reflexión es hoy oficialmente reconocida, el Papa nos recuerda en la Lumen fidei el papel de la teología: “la teología participa en la forma eclesial de la fe; su luz es la luz del sujeto creyente que es la Iglesia. Esto requiere, por una parte, que la teología esté al servicio de la fe de los cristianos, se ocupe humildemente de custodiar y profundizar la fe de todos, especialmente la de los sencillos. Por otra parte, la teología, puesto que vive de la fe, no puede considerar el Magisterio del Papa y de los Obispos en comunión con él como algo extrínseco, un límite a su libertad, sino al contrario, como un momento interno, constitutivo, en cuanto el Magisterio asegura el contacto con la fuente originaria, y ofrece, por tanto, la certeza de beber en la Palabra de Dios en su integridad” (n. 36).
Filiberto Cruz Reyes
-
En este valle de lágrimas no existe nada que le pueda quitar a uno la esperanza
A todos los que construyen una Patria más justa
Ya no la leyó, pero la vivió, pues había abrevado en la misma fuente. Nos referimos, por una parte, a lo expresado en la Encíclica del Papa Francisco: Lumen fidei, en donde se nos reporta un texto de las Actas de los mártires, un diálogo entre «el prefecto romano Rústico y el cristiano Hierax: “¿Dónde están tus padres?”, pregunta el juez al mártir. Y éste responde: “Nuestro verdadero padre es Cristo, y nuestra madre, la fe en él”»; (n. 5) ; Cristo, la fuente común. Y por otra parte, a Vaclav Havel, quien ya no leyó dicha Encíclica, pues murió en 2011.
Él también tuvo dificultades para estudiar, y no precisamente por ser pobre o por conflictos de grupos magisteriales o sindicales que campean hoy en nuestra patria, desde Oaxaca al DF o en La Negreta, aquí entre nosotros (sin pretender prejuzgar los legítimos intereses de las partes), sino por su origen burgués, en un contexto comunista de la Checoslovaquia sometida al neoestalinismo. Poeta, dramaturgo, político, Havel fue arrestado la madrugada del 29 de mayo de 1979 junto con otros de sus compañeros del Comité para la Defensa de los Injustamente Perseguidos (VONS) y fue condenado a cuatro años y medio de cárcel acusado de subversión contra la República. El Comité había surgido como fruto del movimiento en pro de los Derechos Humanos conocido como Carta 77.
Muchos de sus compatriotas, principalmente intelectuales disidentes, emigraron masivamente en una segunda oleada alrededor de 1980. Tras su arresto Havel pidió al juez su libertad, cuyo motivo «no era la esperanza por mi parte de que diera ningún resultado sino únicamente un placer intelectual, profesional y un poco pervertido de mi —tal como lo veía— “zorrería honrada» (Havel, V. Cartas a Olga. Consideraciones desde la prisión, Galaxia Gutenberg 1997. Pp. 294-295). Al darse cuenta que el régimen al publicar su petición la usó para desacreditarlo, se impuso así mismo el no huir, el no renunciar, asumiendo los terribles sufrimientos que en la cárcel se le impusieron. En 1982, en la Carta 138 lo expresa así: al “publicar ampliamente mi petición se daría la impresión de que no aguanté, de que sucumbí a la presión y abandoné mi postura, mis ideas y todo mi trabajo anterior, es decir que traicioné a la causa, y todo eso por una razón tan trivial como la de salir de la cárcel” (Ibíd. p. 295). Ante la imposibilidad de continuar sus estudios en la escuela, estudió por correspondencia; no fue la única vez que estuvo en prisión, donde desempeñó tareas como soldador, en la lavandería, limpiador de cables y alambres, padeció mala alimentación, etc. Al salir de prisión continuó su activismo por los Derechos Humanos y llega a ser elegido líder del grupo opositor Foro Cívico. Luego de la Revolución de Terciopelo en septiembre de 1989 que llevó a la caída del Régimen fue electo presidente de la República en 1990. Fue el último presidente de Checoslovaquia y el primero de la República Checa.
Afirmaba que renunciar al bien y al empeño por construir la justicia y dejarse vencer por el mal acostumbrándose a él, llega “al extremo de que el anteriormente condenable statu quo se convierte en ideal” (Ibíd. 197). Como si hubiera leído la Encíclica de Francisco afirmó: «Creo que la resignación, la indiferencia, el endurecimiento del corazón y la pereza mental son dimensiones de la verdadera “falta de fe” y “perdida de sentido”» (Ibíd. 197); tenemos en él la encarnación de lo que afirma Francisco en su Encíclica: “Y es que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre” (n. 4). Vaclav Havel, que dio razón de la adversidad porque la vivió en carne propia nos alienta e ilumina con su palabra, pues abrevó de la misma Fuente que Francisco. Nuestro vocablo abrevar deriva del verbo latino bibo, bibis, bibi, bibere, que significa beber; Cicerón lo utiliza en una frase: Graeco more bibere, que se puede traducir como “beber según la costumbre griega, beber a la salud” (acercando la copa a los labios después de cada nombre). Havel bebió del mismo cáliz que Francisco, de la misma fe, era católico ; y esto más que un orgullo es una exigencia, pues él sentenció también: «los que perdieron el sentido de la vida y se convirtieron en “no creyentes” no son ni los autores de obras absurdas o de poemas pesimistas, ni los suicidas, ni las personas que sufren depresiones, aburrimiento o desesperación, ni los alcohólicos o los drogadictos; son los apáticos» (Ibíd. p. 196). Y hacía de su vida una profesión de fe cuando dijo: “Estoy convencido de que en este valle de lágrimas no existe nada que le pueda quitar a uno la esperanza, la fe, el sentido de la vida. Uno las pierde sólo cuando es él mismo quien falla, cuando sucumbe a la tentación de la Nada” (Ibíd. p. 197).
Filiberto Cruz Reyes
-
Un párroco rural
Hay quienes ven grandes semejanzas entre los Papas Francisco y Pío X, ahora santo y que hemos celebrado litúrgicamente el 21 de este mes.
Ambos tienen un origen sencillo, provienen de un lugar periférico respecto a Roma (Giuseppe Sarto, nombre de Pío X antes de ser Papa, viajó por primera vez a Roma en 1877, cuando tenía 42 años de edad. Había nacido en 1835 cerca de Venecia), son un tanto ajenos al ambiente de la Curia Romana, su intolerancia al triunfalismo eclesiástico, el trato directo e inmediato con las personas, un estilo de vida sobrio, la interpretación más pastoral que magisterial de su ministerio petrino. Una coincidencia más y bastante extraordinaria respecto a sus respectivas elecciones al pontificado: en la de Francisco la renuncia de su predecesor y en la de Pío X el veto del Imperio de Austria al cardenal Mariano Rampolla para que no llegara a la Sede de Pedro; un hecho bastante extraño pero jurídicamente correcto en su momento. Una vez en el pontificado Pío X eliminará ese privilegio del que gozaban algunos Estados en la elección del Papa.
Ciertamente son también numerosas las diferencias entre ambos pontífices como es natural, entre otras razones por las circunstancias de los tiempos, y sin embargo, esto mismo resalta ese don del pontificado: una continuidad en la diversidad.
Después de dos largos pontificados que le precedieron, el de Pío IX de 32 años, y el de León XIII de casi 25 años, llega el de Pío X de once años. El Padre Giuseppe Sarto había sido, entre otros oficios eclesiásticos que desempeñó, párroco casi 20 años, luego Canciller en la Curia de Treviso, Obispo, Cardenal y Patriarca de Venecia. Era el Véneto de ese tiempo, pobre y campesino, no la región rica y productiva de hoy, en donde se forjó el futuro Pontífice.
En 1954 el Papa Pío XII lo proclamó santo y lo definía en su discurso como “un párroco rural” que dominó todas las situaciones de su vida antes que ser dominado por ellas. Gran reformador de la vida eclesial que le tocó enfrentar grandes desafíos históricos: el tema del Modernismo, suprimió el derecho de veto (la institución a la que debía su elección), reformó la Curia Romana, inició la creación del Código de Derecho Canónico, reformó los seminario y la música litúrgica, impulsó la comunión frecuente y bajó la edad mínima para poder recibirla en torno a los 6 o 7 años de edad, creó el Instituto Bíblico de Roma, bajo su pontificado se extinguió definitivamente la cuestión del galicanismo, (es decir, la pretensión de hacer una iglesia francesa separada de Roma y del Papa) y se vio el surgimiento de esa intelectualidad católica francesa que llegará hasta el Vaticano II. Es curioso, uno de los “peros” que algunos le ponían para ser elegido como Pontífice es que no hablaba francés.
Es un francés, que por prejuicios anticatólicos tal vez no ha sido valorado lo suficiente como literato, quien escribió la novela “Diario de un cura rural” (Journal d’un curé de campagne) en la que uno de sus personajes, un sacerdote párroco, al hablar de la injusticia afirma: “No la mires más que el tiempo justo y no lo hagas nunca sin rezar” (Bernanos, Georges; Diario de un cura rural, Ediciones Encuentro, Madrid 1998, p. 65). Tal vez fue su experiencia de párroco y el contacto con la realidad, así como su fuerte espíritu de oración, lo que contribuyó a formar en San Pío X ese mirar lejos y de forma nueva el bien de la Iglesia. Todas las reformas que llevó a cabo permaneciendo siempre fiel a la Iglesia de Jesucristo se expresan en su lema “Restaurar todo en Cristo”. Oremos por Francisco.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
-
La Asunción de María
A la memoria de mi abuelo Alfonso Reyes Nieto
En 1950, apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, en un ambiente de devastación por todos los horrores que ésta implicó, y luego de que el ser humano contempló con atónito lo que él mismo es capaz de hacer a su semejante, el Papa Pío XII haciendo uso de la infalibilidad que le es propia en razón de su oficio de Romano Pontífice declaró el dogma de la Asunción de la santísima Virgen. Es la única vez que un Papa ha esgrimido dicha potestad, y que se expresa en estas palabras: «El Romano Pontífice cuando habla ex cathedra, esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia» (DS 3074; NR454).
En ese entonces y ahora a muchos les parecía algo que estaba fuera de lugar, pues viendo todos los horrores en la tierra se hablaba del cielo; pues en efecto, en el texto de la proclamación se afirma: “La inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo, al terminar su vida mortal”.
El alemán Wolfang Borchert vivió en carne propia los horrores de la guerra, tres años de prisión y vio muchos muertos no sólo a causa del combate, sino también a causa del frío y del hambre, y de tantas otras cosas. En su obra “Afuera ante la puerta” o “Afuera de la puerta”, escribía así: “¡Oh, cómo te hemos buscado , Dios! ¡En cada ruina, en cada cráter de granada, en cada noche! ¡Te hemos llamado, Dios! ¡Te hemos gritado y orado y hemos jurado tu nombre! ¿Dónde estuviste entonces, querido Dios? ¿Dónde estás esta noche? ¡Nos abandonaste! ¿Te empotraste completamente en tus bonitas iglesias antiguas, Dios? ¿No oyes nuestros gritos a través de las ventanas rotas, Dios? ¿Dónde estás?” (Basave Fernández Del Valle, A., La sinrazón metafísica del ateísmo, Universidad Regiomontana y Publicaciones Paulinas, S.A., México 1986, p. 157). Por supuesto que su experiencia es incuestionable y precisamente por eso se hace necesario recordar al hombre de ayer y hoy, no sólo su origen y su fin, sino también el sentido de su actuar cotidiano. Para el que cree en Jesucristo ese sentido se le otorga por la fe; esto lo recuerda el Papa Francisco en su reciente encíclica: “es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo” (Lumen fidei n. 4). Puede languidecer el sentido de nuestra vida.
En la tradición bizantina la fiesta de la Dormición de la Madre de Dios, como también se llama a la vigilia de la Asunción, es el sello con que se cierra el año litúrgico, así como aquella de su Natividad es el inicio del mismo. El nacimiento y la glorificación de la Madre de Dios son en efecto también el inicio y el destino de toda la Iglesia, de la cual María es figura (typos). Ya San Juan Damasceno (siglos VII-VIII) escribía para el oficio matutino en esta fiesta de la Virgen: “Desde todas las generaciones te decimos feliz, ¡oh Madre de Dios, Virgen!, porque en ti se ha complacido morar Cristo, Dios nuestro, que ninguna morada puede hospedar. Felices también nosotros, que te tenemos como protección: día y noche, en efecto, tú intercedes por nosotros”.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes