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Adsumus

Era el lunes 7 de septiembre de 1987, cuando 20 compañeros del Seminario de Querétaro nos hicimos presentes en una de las casas del Seminario de Celaya, una casa anexa al Templo del Señor de la Piedad, en la calle Leandro Valle del centro de la Ciudad. Había también, por supuesto, alumnos de la Diócesis de Celaya, además de la de San Luis Potosí, de la de Ciudad Valles (SLP) y de Tacámbaro (Mich.). De estas dos últimas era sólo uno de cada una. En total éramos unos 82 jóvenes que habían terminado la preparatoria. El objetivo era discernir si había una posible vocación al sacerdocio por parte de los candidatos, la mediación de la Iglesia con sus instituciones es una forma de encontrar objetividad en ese instinto personal o deseo inspirado en lo divino.

Llegamos por la tarde y los de casa nos recibieron amablemente al darnos la bienvenida; era mi primer día en una de esas instituciones surgidas por voluntad del Concilio de Trento (1563). En uno de los muros que delimitaban la cancha de básquet ball, había un gran letrero que pasaría a ser todo un concepto que desde entonces impregnó toda nuestra vida hasta el día de hoy: “Adsumus”; que en latín significa “estar presentes; tomar parte; estar atentos o listos; venir en ayuda de, etc.”.
Al paso de los días nos fuimos conociendo: procedencia, en las clases, los nombres, las aficiones deportivas, las cualidades para éstas, etc. Él nos dijo su nombre: “Policarpo 68 Caracheo Aguilar”. ¿Qué es eso de “68”? le inquirió alguien; ¿es una broma? ¿es un error dactilográfico? No, afirmó; mi padre me llamó así porque él es un gran amante de los deportes y yo nací en 1968, año de las Olimpiadas en México. Su hermano se llama Justo 70, por lo del mundial en México y el año de su nacimiento. En cuanto a su primer nombre era en honor a su Santo patrono: Policarpo de Esmirna, obispo y mártir de la Iglesia primitiva.

Así pasaron los años: compartiendo la vida, las clases, el deporte, la oración, la historia común; así se va forjando una fraternidad en Cristo, una Alianza sellada todos los días en la Eucaristía, esa que hace que te Ordenen o no, siempre seremos hermanos: Adsumus. Pasan los años y aunque no nos veamos, el día que lo hacemos parece que fue ayer que nos vimos: cómo estás, por qué no te comunicas, ¿qué has hecho?, etc. Cada uno en sus propias batallas, en su camino recorrido, no siempre se ganan las batallas pero esperamos la victoria final. El tiempo va dejando sus huellas en cada uno: más kilos en nuestra humanidad, menos pelo, más ojeras, más experiencia, uno que otro desencanto respecto a realidades idealizadas, una purificación de la fe a partir de la realidad, un crecimiento en la sequela Christi… Poli, así llamábamos familiarmente a Policarpo, quien desempeñó diversos oficios eclesiásticos: párroco, Secretario Canciller, etc.; siempre con dedicación y cercanía. En la época de estudiantes, volviendo al pasado, siempre gustó del fútbol, su talla alta y delgada le hacía propicio para ser buen portero; se lanzaba sin miedo, arriesgaba el físico, era de carácter fuerte, etc. Como todo portero, también recibió goles, de esos que nos recuerdan que somos humanos, de barro; pero lo importante era levantarse, empezar de nuevo, con resiliencia.

Ayer, martes 13 de enero de este iniciado 2026, recibimos la noticia: Poli había muerto. De los compañeros de generación en el Seminario, de Querétaro nos Ordenaron a 10, los de Celaya fueron 11. De Querétaro ya partieron Francisco Estrella y Juan Marcos Granados; de Celaya Poli es el primero. De San Luis Potosí ya partieron dos hermanos sacerdotes.
Poli, hermano. Has corrido más rápido que nosotros, has alcanzado primero la meta; te bastaron 30 años, 6 meses y una semana de Ministerio. Hoy hemos estado aquí, junto al altar, para renovar esa Alianza eterna, firmada con sangre, la de Jesucristo y la de nosotros; esa que ofreciste día tras día, la que bebemos sin ser dignos pero como un gran regalo de Dios. Has dejado cada día de tu vida en medio del pueblo de Dios, con un servicio sencillo, acompañando los gozos y esperanzas, las penas y sin sabores de los hermanos, pero siempre ahí, siendo uno más de la comunidad de fe.

Hoy en la Misa estuvieron tus hermanos y tu Señora madre, también la mayor parte de nuestra generación; Tinoco con su estilo de poeta hizo una hermosa homilía en la que nos invitaba a dar gracias a Dios por ti. Nos has reunido, hemos llegado con nuestra propia historia, cansancios y esperanzas; sueños compartidos y hechos realidad. Nada que temer: Adsumus. Dile al Padre eterno que nos vemos pronto, en cualquier rato estaremos sentados a la Mesa, ocupando el lugar que nos asigne Cristo, el Señor.
Tu hermano en el Sacramento del Orden:
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Santiago de Querétaro, Qro. México
14 de Enero de 2026
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Fruto de la vid y del trabajo del hombre

Navidad 20251
Cuando el hombre dejó de ser sólo recolector y pastor trashumante debió haber sido una verdadera revolución en su estilo de vida y forma de pensar; también en su relación con lo divino. Así, el pueblo de Israel pasó de su comprensión de un Dios guía a un Dios también agricultor; el Dios que hace que la tierra produzca frutos que alimentan al ser humano y hacen posible su sustento. Así lo expresan algunos Salmos; por ejemplo:
“Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida.
La acequia de Dios va llena de agua;
preparas sus trigales, así la preparas:
riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja esponjosos,
bendices sus frutos;
coronas el año con tus bienes
tus carriles rezuman abundancia” (Sal 65, 10-12).
Dos de los principales frutos de la tierra que han acompañado la vida del pueblo de Jesucristo son el trigo y la vid, así como sus productos: el pan y el vino. En el ambiente bíblico el pan es signo de la paz, el vino de la alegría y la viña de la ansiada tierra prometida: “las plantas para el uso del hombre, para que saque de la tierra el pan, y el vino que recrea el corazón del hombre, para que lustre su rostro con aceite y el pan conforte el corazón del hombre” (Sal 104, 14-15). Ambos elementos son usados en la celebración de la pesaj o pascua judía, que conmemora la liberación del pueblo que estaba esclavo en Egipto (cfr. Ex 11-19). Esta celebración la llevó a cabo Jesús con sus discípulos (cfr. Mt 26, 26-29) y le dio un nuevo sentido: ahora el pan y el vino han sido transformados en su Cuerpo y su Sangre; esta es una de las verdades de fe más profundas que celebra la Iglesia Católica en cada Eucaristía: en los signos sacramentales está presente Jesucristo con su cuerpo, sangre, alma y divinidad; es decir, con sus dos naturalezas, la humana y la divina. De esta manera, la celebración de la Misa está íntimamente unida al uso del pan y el vino, y por lo mismo, el cultivo de la vid y del trigo ha estado siempre ligado a la misión de la Iglesia. Ésta ha promovido el cultivo de la vid, y en nuestra patria no ha sido la excepción; las casas vinícolas más antiguas dicen relación directa con los misioneros de la Iglesia.

Históricamente Querétaro profesa una vocación de cultivo y amor a la tierra; así queda de manifiesto en el Escudo de Armas de la ciudad de Querétaro, que posteriormente pasó a ser también de todo el Estado.
Según la tradición, la ciudad de Querétaro fue fundada el 25 de Julio de 1531; posteriormente, 125 años después de fundada, el 25 de enero de 1656 se le concedió el Escudo de Armas. Fue llamada también “muy Noble y muy Leal Ciudad de Santiago de Querétaro”. Su ubicación geográfica entre el norte del país y la ciudad de México desde siempre ha sido también de vital importancia para el comercio y el traslado de los minerales preciosos en los siglos XVII y XVIII. Al ser parte de la región del Bajío y por su producción agrícola fue llamada por mucho tiempo “el granero del Bajío”. Pero fue hasta el 29 de septiembre de 1712 que por medio de Cédula Real expedida por el Rey Felipe V fue aceptado y confirmado el rango de ciudad a Querétaro.
Parte del Escudo de Armas de la Ciudad de Querétaro es descrito así: “En el cuartel derecho aparece una frondosa parra y junto a su tronco un racimo de espigas de trigo con un fondo azul y con los colores de este árbol y del trigo. Con estos últimos elementos se trata de destacar la fertilidad de las tierras de esta región, propias para el cultivo de la vid, así como del trigo, el maíz, frijol, etc.”2. Querétaro ha tenido pues, como algo característico, el cultivo de la vid.
En su actual legislación la Iglesia Católica se refiere al pan y al vino que deben usarse para la Misa en los siguientes términos:
“Canon 924 § 1. El sacrosanto Sacrificio eucarístico se debe ofrecer con pan y vino, al cual se ha de mezclar un poco de agua.
§ 2. El pan ha de ser exclusivamente de trigo y hecho recientemente, de manera que no haya ningún peligro de corrupción.
§ 3. El vino debe ser natural, del fruto de la vid, y no corrompido”.
Es decir, en el proceso de elaboración del vino no debe agregarse ningún elemento extraño al fruto de la vid, en este caso para su estabilización se utiliza alcohol vínico para cumplir el requisito.
En nuestras tierras queretanas desde hace unos tres años se elabora vino para consagrar en la Santísima Eucaristía cumpliendo cabalmente con altos estándares en su elaboración.
Este 2025 la Secretaría de Economía otorgó a través del Instituto Mexicano de la propiedad Industrial (IMPI) a las Vinícolas Queretanas (mediante el oficio número DG.2025.045 de fecha 26 de febrero de 2025) la:
DECLARACIÓN DE PROTECCIÓN DE LA INDICACIÓN GEOGRÁFICA
“VINOS DE LA REGIÓN VITIVINÍCOLA DE QUERÉTARO”
Ahí se indica: “La delimitación de la zona geográfica protegida.
Se delimita como zona geográfica protegida el estado de Querétaro ubicado entre el paralelo 20° y 21° latitud norte, al sur del Trópico de Cáncer en el Altiplano Central de la república mexicana, en la región denominada El Bajío. Es la región vinícola más al sur del hemisferio norte en el mundo, es por ello por lo que es conocida como una zona de “viticultura extrema”, donde influyen: los riesgos de granizo, las lluvias veraniegas que provocan un descenso de temperatura por la noche, los microclimas, la altura (en promedio 1,965 metros sobre el nivel del mar) y los suelos (vertisoles y phaeozems y texturas principalmente franco-arcillosas). De los 18 municipios que conforman el estado de Querétaro, actualmente 8 son productores de vino: Tequisquiapan con 18 viñedos, El Marqués, 13, Ezequiel Montes, 12, San Juan del Río, 9, Colón, 9, Huimilpan, 6, Cadereyta de Montes, 2 y Pedro Escobedo, 1, con un total de 550 hectáreas (Ha) cultivadas y otros 4 adecuados de acuerdo con las características para la producción: Querétaro, Corregidora, Amealco de Bonfil y Tolimán”.
Acompañamos esta breve reflexión con una pintura de nuestro pintor queretanos Gabriel García Aguas con una vista de los viñedos cercanos a la Peña de Bernal.
Creemos, como afirma la oración de la Misa, que el vino es “fruto de la vid y del trabajo del hombre”, que ambos son sagrados, un don de Dios y el mejor esfuerzo y conocimiento del hombre en su actividad; por lo que auguramos buen trabajo, buen provecho y salud a todos en este fin de año 2025.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Navidad 2025
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La Navidad, esperanza de resurrección

A la memoria de mi hermano el
Pbro. Javier Francisco Hernández Calvario
Nacimiento: 14/12/1970
Ordenación: 05/05/2001
Pascua Eterna: 25/12/25

Cuando el otro irrumpe en nuestra vida, aparece un misterio; cuando es el Otro quien irrumpe en la historia, entonces surge el Misterio; no en el sentido que sea imposible de conocer, sino imposible de abarcar. Es lo que hoy celebramos en la Iglesia católica: el Eterno entra en el tiempo, el Todopoderoso se muestra vulnerable en su nacimiento como Niño, el Creador se hacer carne como la creatura.
Ayer fui al hospital a solicitud de una señora a ver a su papá para asistirle espiritualmente y administrarle los Santos Óleos; esto no fue posible, primero dijeron que porque era el cambio de turno del personal, después que le estaban realizando un procedimiento. En fin, después de unos 40 minutos, dijeron que no sería posible. Me tuve que retirar ante el rostro angustiado de sus hijas. No pude estar tranquilo, la fe en el sacramento espera respuesta y asistencia, así que hoy cerca del mediodía regresé. Fue posible el acceder y administarle el sacramento: somos tan frágiles, tan vulnerables, siempre seguimos siendo tan dependientes de los demás, tanto como un recién nacido, expuestos a la voluntad del más fuerte.
En su mensaje «Urbi et Obi» de hoy, el Papa León XIV citando a San León Magno dice que «»el nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz», y agrega: «por amor aceptó la pobreza y el rechazo y se identificó con los que son marginados y excluidos»». Si bien el Niño al crecer cargará con la cruz y el peso del pecado (cosa que sólo él podía hacer), al mismo tiempo dice el Papa León que «este es el camino de la paz: la responsabilidad. Si cada uno de nosotros, a todos los niveles, en lugar de acusar a los demás, reconociera ante todo sus propias faltas y pidiera perdón a Dios, y al mismo tiempo se pusiera en el lugar de quienes sufren, fuera solidario con los más débiles y oprimidos, entonces el mundo cambiaría».
La palabra «responsable» proviene del verbo latino respondeo, es, spondi, sponsum, ere, 2 tr. e intr. Y puede tener varias acepciones: asegurar a mi vez; responder, rebatir; dar consejos; responder a una citación, presentarse en juicio; corresponder; estar conforme; etc.
Hoy hemos escuchado en el Evangelio que «la Palabra se hizo carne (sarx)», se hizo humano, hombre; y esto le llevará hasta la muerte y una muerte de cruz (cfr. Filp 2, 8). Creemos firmemente que el Salvador del mundo ya vino: Jesucristo, la Palabra hecha carne. Ya no esperamos ningún Mesías sólo deseamos que haya personas responsables, que nosotros seamos responsables en esa parcela de la historia y del mundo que nos ha tocado vivir, ahí donde hemos elegido estar o a donde o las circunstancias o las personas nos requieran. No podemos ser indiferentes a la Palabra que nos invita al diálogo y espera respuesta de nosotros. Si esto sucede entonces se verifica lo que hoy nos previene el Evangelio: «Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron». Somos todos los humanos creaturas mortales, estamos hechos de lo mismo, no tenemos dueños, sólo Dios es nuestro Padre y en el Niño hecho carne hemos sido constituidos hermanos e hijos adoptivos de Dios. Por eso la sola presencia del otro nos interpela, nos cita en juicio y el árbitro es la caridad, nuestra conciencia y responsabilidad los testigos, el Niño misericordioso nuestro Abogado…
Continúa el Papa diciendo «Con su gracia (del Salvador), cada uno de nosotros puede y debe hacer lo que le corresponde para rechazar el odio, la violencia y la confrontación, y practicar el diálogo, la paz y la reconciliación». Y sin tapujos habla de los desafíos actuales de cada continente, denunciando las situaciones de violencia, corrupción y muerte; obviamente empezando por casa, de ahí la exhortación a ser responsables. Por ejemplo afirma: «A Él imploramos justicia, paz y estabilidad para el Líbano, Palestina, Israel y Siria», es decir para todos.
Casi al final de su mensaje cita a un poeta israelí nacido en Alemania, Yehuda Amijái, un fragmento de “Una paz silvestre”, para invocar de Dios el don de la paz:
«No la de un alto al fuego
ni la de la visión del lobo junto al cordero,
sino
la del corazón cuando se acaba la agitación
y hablamos de un gran cansancio.
Que sea
como flores silvestres,
de repente, por necesidad del campo:
una paz silvestre»1.Esto para indicarnos la apertura que el cristiano debe tener frente al que piensa distinto, a quien tiene otras creencias respecto a lo divino, pero que compartimos la misma naturaleza humana, y tenemos la misma urgencia de la paz.

Esta tarde hemos recibido la noticia de la muerte de nuestro hermano Sacerdote Javier Francisco Hernández Calvario por quien hemos ofrecido la Eucaristía de este día tan solemne.
Hermano Francisco Javier: sólo Dios y tú saben todos los caminos que recorriste por esas montañas serranas de Querétaro y Guanajuato entre otros caminos que transitaste, compartiendo la vida con los hermanos, los enfermos que consolaste con la misericordia del Señor, los bautizos que celebraste, las Misas festivas que compartiste, los hermanos a quienes celebraste las exequias, etc., las posibles caídas que tuviste y que todos tenemos por estar hechos de «carne», es decir, de debilidad, de humanidad: pero recuerda hoy la Palabra que se hizo carne ha venido a llamarte, así como has sido te ha amado, recuerda que por nosotros bajó hasta lo más profundo del sepulcro para elevarnos con Él. Hoy has sido responsable, has respondido en plenitud, has estado listo para la cita en el Banquete Eterno y has dicho con María: «Hágace en mí tu voluntad«. Gracias por tu amistad fraterna y tu servicio sacerdotal.
Tu hermano en Cristo que por nosotros se ha hecho carne: Nobis natus, nobis datus.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
Navidad de 2025
Santiago de Querétaro, Qro. México
- Transcribo el poema completo encontrado en internet.
“Una paz silvestre”, un poema de Yehuda Amijái
Este poema forma parte del libro, inédito en español, Be-lo al menat lizkor (Y no para recordar), Jerusalén-Tel-Aviv, Schocken.
No la de un alto al fuego
ni la de la visión del lobo junto al
cordero (Is 11, 6),
sino
la del corazón cuando se acaba
la agitación
y hablamos de un
gran cansancio.
Sé que sé matar,
por lo tanto soy adulto.
Y mi hijo juega con una pistola
de juguete que sabe
abrir y cerrar los ojos y decir
“mamá”.
Una paz
sin el ruido de forjar las espadas
en rejas de arado (Is 2, 4);
sin palabras, sin el sonido de los
pesados sellos de goma;
que sea ligera por encima
como espuma blanca y perezosa.
Un descanso para las heridas,
aunque sea breve.
(Y el aullido de los huérfanos se
pasa de una generación
a otra, como en una carrera de relevos:
la estafeta nunca cae).
Que sea
como flores silvestres,
de repente, por necesidad del campo:
una paz silvestre.
Traducción de Claudia Kerik
https://www.milenio.com/cultura/laberinto/poema-una-paz-silvestre-de-yehuda-amijai. Consultado: 25 Diciembre 2025, 19:40 ↩︎
- Transcribo el poema completo encontrado en internet.
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Estar en pie

Homilía en la Misa de Acción de gracias a Dios
Por los 80 años de vida de mi madre Jacoba
Dn 7, 15-27; Dn 3,82-87; Lc 34-36

Querida mamá, hoy nos hemos reunido con motivo de tu cumpleaños número 80, para con el salmista decir a Dios: “¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!” Y sí, grandes y numerosas son las bendiciones que el Señor nos ha dado. Cuando te casaste con mi padre tenías 20 años y al nacer yo, el primero de tus seis hijos (Filiberto, Cirenia, Juana, Guillermo, Martha, Francisco), alcanzabas los 21 años.
Cinco días después de mi nacimiento me llevaron a bautizar y tú no asististe, pues estabas enferma, en la cama como precio de haberme dado a luz ¡gracias, mamá por tu sacrificio que da vida! Pero en su misericordia el Señor te puso en pie y nos has bautizado a toda tu familia con un bautismo de amor: sí, nos has sumergido (bautizado) en el amor de Dios con tu propio amor y vida, toda tu existencia ha sido un don, una entrega sin límites para nosotros. El Señor nos hado vida y hoy le agradecemos; si sumamos los años de vida de mi padre, los de tus hijos y nietas junto a los tuyos, no son 80, son ¡529 años! Todos estos años los has vivido tú, de pie, por la bondad de Dios.
Recuerdo cuando éramos pequeños y hacía frío y llovía, junto con mi padre no permitían que saliéramos y atravesáramos el patio para ir a comer, nos llevaban amorosos el alimento hasta la cama para evitarnos las inclemencias del tiempo; acudías rauda al grito que hacíamos de: ¡mamaaá! Años después, por la tarde noche, me tomabas de la mano para que te acompañara al centro del pueblo para vender las canastas que mi padre había hecho durante la jornada; “íbamos al día” como se dice, así nos enseñaste la fidelidad de Dios y su providencia: entendí con los años lo que significa “danos hoy el pan de cada día”. Cuando íbamos al centro en días lluviosos y llenos de viento, al atravesar esa calzada de chopos que eran enormes, a veces crujían las ramas y caían haciendo un estruendo estremecedor; parecía que caerían sobre nosotros. En ocasiones se iba la luz y quedaba todo obscuro, sólo nos alumbraba la chispa efímera de un relámpago; me apretabas la mano y acelerábamos el paso; murmurabas oraciones. Luego entendí lo que el santo místico expresó diciendo que a veces en la vida se camina “sin otra luz y guía, sino la que en el corazón ardía” (“Noche oscura del alma”, San Juan de la Cruz). Mientras tanto, en casa mi padre cuidaba de mis hermanos y les narraba cuentos que él inventaba. Con tu amor y tus pasos me preparabas para las oscuridades de la vida, cuando es sólo la fe que nos mantiene en vela a través de la oración, como hoy nos pide el Evangelio. Así, cada uno de mis hermanos recibió de ti compañía amorosa, esperanza cierta, fe viva.
Dice hoy el Evangelio que hay que estar en vigilantes y en oración para “mantenerse en pie ante el hijo del hombre”. La palabra griega que utiliza el Evangelio es “stathenai”, cuyo verbo principal es “histemi”, que puede significar ponerse de pie o estar de pie; ser establecido; mantenerse firme o mantenerse en su lugar; también presentar, ofrecer; con este significado aparece en Rm 12, 1: “Les exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcan sus cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será su culto espiritual”. Mamá: nunca nos han faltado tus exhortaciones y correcciones oportunas, también de manera firme y enérgica; gracias por todo ello.
Este verbo de mantenerse firmes, lo utiliza Pablo cuando dice: “Con el auxilio de Dios hasta el presente me he mantenido firme dando testimonio a pequeños y grandes” (Hch 26, 22); también lo utiliza cuando dice a los Corintios: “Velen, manténganse firmes en la fe, sean hombres, sean fuertes” (1 Cor 16, 13); también es usado en Filipenses cuando afirma el Apóstol: “Lo que importa es que lleven una vida digna del Evangelio de Cristo, para que tanto si voy a verlos como si estoy ausente, oiga de ustedes que se mantienen firmes en un mismo espíritu y luchan acordes por la fe del Evangelio” (Fil 1, 27). Tu amor por todos y cada uno de tus hijos ha sido el mismo para todos, de ahí brota tu ejemplo para mantenernos siempre unidos, prueba de ello es este gran día que el Señor nos concede y en el cual cada uno ha presentado su ofrenda para que esta reunión y fiesta sea posible; gracias a todos y cada uno de los presentes, familiares y amigos. Y también a quienes no han podido asistir, son ustedes también fruto del amor de mi madre, gracias por caminar a nuestro lado.
La historia continúa, en esta santa Eucaristía pedimos a Dios por todos, damos gracias a él por todos; por las innumerables bondades que han tenido para con mi familia a través de tantos años; le suplicamos al Señor que nos ayude a permanecer firmes en la verdad, pues el Apóstol Juan dice del diablo, con el mismo verbo que hemos venido citando: “éste era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él” (Jn 8, 44). Mamá, tu amor nos ha mostrado la verdad que hay en Dios, te has nutrido siempre de la Eucaristía y la oración; no lo dudes, hoy mi padre participa de nuestra alegría desde el cielo, pues creemos firmemente que la misericordia del Señor es eterna y todos nuestros seres queridos que ya no están en este mundo participan del banquete del Señor, mismo que un día será pleno. La imagen que siempre viene a mis recuerdos es la de mi padre trabajando, inventando artesanías, transformándolas en pan para llevar a nuestra mesa. Él no la conoció ni la leyó, pero tuvo las mismas intuiciones de Dorothy Day, cuando nuestro Papa León afirma de ella que “comprendió que el sueño para muchos era una pesadilla, que como cristiana debía involucrarse con los trabajadores, con los migrantes, con los descartados por una economía que mata. Escribía y servía: es importante unir la mente, el corazón y las manos” (Catequesis del Papa León XIV en la audiencia jubilar por el Jubileo de los Coros y Corales. 22 de noviembre de 2025). Nuestra familia es sencilla, de gente trabajadora; mi padre nos contó mil cuentos inventados por él, lástima que no los escribió pero grabó en nosotros la posibilidad de imaginar, soñar, trabajar, uniendo como él la mente, el corazón y las manos.
Sin mi padre no te ha sido fácil la vida, pero te recuerdo lo que el santo místico nos dice también mientras caminamos en la noche oscura sin poder tomar la mano del ser amado:
“¡Oh noche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada
amada en el Amado transformada!” (San Juan de la Cruz).Mamá, sí, un día estaremos juntos todos transformados en el Amado, que vive y reina por los siglos de los siglos. ¡Felicidades en tu cumpleaños 80! Que Dios nos regale muchos años más contigo, nos tienes a todos, que el Señor nos mantenga siempre estando de pie.
En el camino de nuestra familia la presencia de la Santísima Virgen María ha sido indispensable, (nací en la fiesta de María Reina, nuestra parroquia es Santa María de la Asunción y en su fiesta hice la Primera Comunión, etc.) por eso, recordando el Himno Akáthistos (Estando de pie), decimos con el ángel:
“Salve, por ti resplandece la dicha;
Salve, por ti se eclipsa la pena.
Salve, levantas a Adán, el caído;
Salve, rescatas el llanto de Eva.
Salve, oh cima encumbrada a la mente del hombre;
Salve, abismo insondable a los ojos del ángel.
Salve, tú eres de veras el trono del Rey;
Salve, tú llevas en ti al que todo sostiene.
Salve, lucero que el Sol nos anuncia;
Salve, regazo del Dios que se encarna.
Salve, por ti la creación se renueva;
Salve, por ti el Creador nace niño.
Salve, ¡Virgen y Esposa!”
Amén.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Capilla de la Magdalena,
Tequisquiapan, Qro. México
29 de Noviembre de 2025
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Contemplar

Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo
2 Sam 5, 1-3; Sal 121; Col 1, 12-20; Pc 23, 35-43
Estimados hermanos en Jesucristo:
Si leyésemos el texto del Evangelio que hemos escuchado hoy directamente en todo su contexto, leeríamos que dice: “Y estaba el pueblo contemplándole (Theoron…) burlándose también los gobernantes (arjontes: que puede referirse a la autoridad de su tiempo: tanto militar, religiosa y civil)), diciendo: a otros salvó, sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo de Dios, el escogido…”.

La palabra griega que se usa en el texto original es “theoron” que puede significar: ser espectador, contemplar, mirar; observar, ver con interés y atención, (Mt. 27, 55; 28, 1); contemplar mentalmente, considerar, (Hebreos 7, 4); ver, percibir, (Mc. 3,11); para llegar a un conocimiento de (Jn. 6, 40); que proviene del hebreo experimentar, sufrir (Jn. 8, 51 “muerte de ningún modo verá para siempre”).
El Señor Jesús nos contempla desde la cruz, desde lo alto del sufrimiento; desde donde se ve con claridad los niños asesinados por “balas perdidas”, a los jóvenes reclutados para matar a sus propios hermanos, desde donde las madres buscadoras miran al horizonte intentando vislumbrar el rostro del hijo amado, desde donde se ven los limoneros talados y derribados por manos asesinas; también los jóvenes aplastados por las botas de “granaderos” que “no existen”. O como dirían nuestros obispos de México: “Queremos honrar hoy la memoria de los más de 200 mil mártires que entregaron sus vidas defendiendo su fe: Niños, jóvenes, ancianos; campesinos, obreros, profesionistas; sacerdotes, religiosos, laicos; el México heroico de los cristeros que dieron su vida por una causa sagrada, por la libertad de creer y de vivir según su fe, todos ellos escribieron una página luminosa en la historia de la Iglesia universal y de nuestra patria” (Mensaje al Pueblo de Dios en México, CXIX Asamblea Plenaria del 10 – 14 de noviembre de 2025, n 2)); esto al recordar la entrada en vigor de la llamada “Ley Calles” que desató la persecusión religiosa en 1926, apenas unos unos meses depués de la proclamación de la Solemnidad de Cristo Rey y que suscitó el levantamiento armado conocido como la “Resistencia cristera” en 1927.
Fue el 11 de diciembre de 1925 que el Papa Pío XI declaraba con la Carta Encíclia “Quas primas” que “se debe honrar con fiesta propia y especial a Cristo como Rey de todo el género humano”.

Al contemplar la historia vemos cómo los imperios se van sucediendo: Babilonia, Persia, Alejandro Magno, los Romanos, etc., una ideología tras otra , todas pretendiendo ser casi divinas; todas tratando de imponerse finalmente por la fuerza. En el fondo está la misma tentación que el demonio ofrece a Jesucristo: “sálvate a ti mismo”. ¿Acaso no es el egoísmo y el deseo desordenado de poseer lo que lleva a tanta violencia y al espectáculo (“theoron”) de tanta muerte? El deseo de poseer el bastón de mando con el que se golpea al hermano es reprimido por las manos de Cristo clavadas en la cruz, Dios no golpea.
Cuando uno de los malechores crucificados con Jesús le dice “Señor, cuando llegues a tu reino, acuérdate de mí”, Jesús le contesta: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Ese “hoy” aparece también en el Evangelio cuando dicen los ángeles “hoy les ha nacido un Salvador” (Lc 2, 11); también dice Jesús en la sinagoga: “Hoy se cumple este pasaje de la Escritura que acaban de oir” (Lc 4, 21); cuando Jesús cura a un paralítico la gente dice “Hoy hemos visto maravillas” (Lc 5, 26); a Zaqueo le dice “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Lc 19, 9).
Queridos hermanos, hoy cumplo 30 años de haber recibido el regalo de ser sacerdote, un don que me sobrepasa. En estos 30 años he sido testigo del amor de Dios, compartiendo la bondad de tantos hermanos en sus penas y alegrías: bautizos, confirmaciones, primeras comuniones, confesiones, unción de los enfermos, matrimonios, recibiendo hermanos en el sacerdocio, sepultando a nuestros seres queridos, etc. Gracias por su misericordia para conmigo. Pido perdón por mi falta de amor cuando mi debilidad, cansancio y errores no me han permitido estar a la altura de sus espectativas y he dado mal testimonio; soy tan humano como ustedes. Un día inicié este camino en busca de fraternidad y ustedes me la han mostrado.
Gracias a Mons. Mario de Gasperín Gasperín de cuyas manos recibí la Sagrada Ordenación; gracias a Mons. Fidencio López Plaza nuestro actual padre y Pastor, X Obispo de Querétaro. Gracias a mi familia que me ha acompañado incondicionalmete, de manera especial a mi madre aquí presente que con sus casi ochenta años me sigue cuidando. A mi padre que ahora me guía desde el cielo; a las comunidades donde he trabajado, a todos quienes han compartido su pan conmigo. A mis alumnos en quienes he tratado por más de 20 años de impregnar el entuciasmo por comprender nuestra fe; a mis párrocos y vicarios, a mis hermanos sacerdotes con quien hemos trabajado en el servicio de los hermanos; al equipo con quienes servimos cada día en la parroquia creyendo que “Cristo es la imagen de Dios invisible, el primogénito de toda la creación”.
Gracias a los niños que son testimonio de futuro y esperanza; a los enfermos que con su cruz me purifican y alientan.
Nuestra generación de estudios cuando entré al Seminario estuvo conformada por 20 alumnos, de los cuales fuimos Ordenamos 8; otros dos un año despues, y de los cuales dos ya murieron (Francisco Estrella y Juan Marcos Granados), Dios les conceda verlo cara a cara. Gracias por su fraternidad. Nos Ordenaron bajo el patrocino del Beato Miguel Agustín Pro SJ, martir cristero; pedimos que el Estado pida perdón por todos los mártires cristeros y por todos los desaparecidos de los últimos años.
El día de ayer cumplí cuatro años de estar en medio de Ustedes como párroco, gracias por el caminar juntos, por su sinodalidad.
Oremos por nuestras familias. En momentos difíciles de nuestra patria que hoy vivimos la Santísima Virgen de Guadalupe nos recuerda: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?” Por eso les invito a decir llenos de esperanza con todo nuestro corazón: ¡Viva María de Guadalupe! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
23 de Noviembre de 2025
Parroquia de la Sagrada Familia
Jardines de la Hacienda, Santiago de Querétaro. México.
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Si se mantienen firmes conseguirán la vida

Daniel 5, 1-6. 13-14. 16-17. 23-28; Daniel 3, 62. 63. 64. 65. 66. 67; Lc 21, 12-19
Fue un 23 de noviembre de 1995 cuando Usted, Señor Obispo Mario de Gasperín Gasperín, siendo el VIII Obispo de Querétaro, impuso las manos a ocho jóvenes diáconos llenos de sueños y esperanzas para servir al pueblo de Dios como presbíteros de la Santa Iglesia Católica, bajo el patrocinio del Beato Miguel Agustín Pro SJ, mártir cristero. Ahora, 30 años después, dos de ellos, Francisco Estrella y Juan Marcos Granados, han sido llamados a la casa del Padre. Descansen en paz.

Hoy el primer sentimiento que de mí brota es de gratitud: a Dios por tan inmenso e inmerecido don del Sacramento del Orden, una vía para buscar la fraternidad negada por Caín a su hermano Abel.
Gracias a Usted por su generosidad constante en acompañarnos en nuestro ministerio, pues nunca me faltó ni corrección oportuna ni palabra luminosa en el seguimiento del Señor; gracias por su paciencia; por su ejemplo de búsqueda de la relación entre Palabra y realidad, por sus constantes escritos que nos guían y nos desafían. Gracias por enseñarnos que como dijo el filósofo, “las palabras son como hijas del alma” y en ese sentido hay que hacerse cargo de ellas: tenemos el testimonio suyo de haber sido procesado civilmente por anunciar el Evangelio. Sí, fue en tiempos de quien en su momento empuñó un crucifijo y visitó la Basílica de Guadalupe al inicio de su mandato; hoy también portan en su ropa la sagrada imagen de la Virgen de Guadalupe como enseña electorera aunque no crean el Ella.
Su actitud de anunciar la verdad completa del Evangelio a cualquier precio nos recuerda la actitud de Daniel ante el Rey Baltasar: “Puedes quedarte con tus regalos y darle a otro tus obsequios. Yo te voy a leer esas palabras y te las voy a interpretar”. Nos enseñó que no hay recetas para la vida, sino un constante discernimiento evangélico. Recuerdo que un día en que fui a pedir su sabio consejo porque me habían pedido que no escribiera, su rostro se llenó de santa indignación y me dijo enfático y con prontitud, sin titubeos: “La Palabra de Dios no está encadenada” (2 Tim 2, 9). Era una invitación a la “paciencia”.
Hoy el texto del Evangelio que hemos escuchado utiliza el sustantivo “hypomoné” que se traduce aquí como “mantenerse firmes”. Puede significar también: “aguante, enteresa, paciencia”. Mientras que el verbo “hypoméno” puede ser traducido como “ser paciente, perseverar”. Ya Homero lo usó con el sentido de rezagarse, quedarse, y no retirarse, quedar con vida, perseverar, mantenerse firme; también como “esperar, aguantar”.
A partir de Platón el sustantivo adquiere un sentido de “entereza, aguante, constancia firme y aguerrida”. Tiene ya un carácter valorativo; “para los griegos, el hombre libre es el que sabe sobrellevar las cargas, dificultades y peligros de la existencia sin necesidad de esperar ninguna recompensa material o moral sino únicamente por su propio honor”1.

Afirma Pablo que una característica del Apóstol es la “paciencia perfecta en los sufrimientos” (2 Cor 12, 12). La fuerza y el soporte de toda paciencia y perseverancia es la esperanza; esperanza de que el Señor cumplirá su Alianza, de que el Señor volverá, tiene un acento marcadamente escatológico, pues soportar sin esperanza es como si Cristo no hubiera resucitado. El aguantar puede suponer el martirio, no solo en el sentido de dar testimonio sino también el testimonio supremo: “Los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí”. Gracias Don Mario porque hemos visto su testimonio. Gracias por haberme enviado a estudiar a Roma, el contacto con el lugar del martirio de los Santos Apóstoles y la experiencia de una Iglesia Universal, siempre serán en mi vida fuente de paciencia. Gracias por los años en que me encomendó el coordinar la formación intelectual de nuestro presbiterio: ahí conocimos muchas personas y testigos de la paciencia. Gracias porque al soñar con una institución como el CISAV encendía un faro de luz que ha cumplido ya 17 años irradiando palabras de paciencia y parresía.
Gracias a mi familia que me inculcó con sencillez una paciencia valiente que brota de la prudencia más que de la temeridad. Gracias a mis hermanos sacerdotes, de manera especial a los de mi pequeña comunidad, en ellos he encontrado esa fuerza que sólo la fraternidad reconciliada puede dar.
Gracias a Mons. Fidencio López Plaza, X Obispo de Querétaro, por permitirme caminar con esta formidable comunidad del CIVAV, y que me han acogido con paciencia; a ellos quiero recordar las palabras recientes del Papa León XIV en su catequesis del 22 de noviembre del presente, tal vez puedan ser como un criterio hermenéutico de su labor y que tiene que ver con la espera:
“Jesús vino a traer fuego: el fuego del amor de Dios a la tierra y el fuego del deseo en nuestros corazones. En cierto modo, Jesús nos quita la paz, si pensamos en la paz como una calma inerte. Pero esa no es la verdadera paz. A veces nos gustaría que nos “dejaran en paz”: que nadie nos molestara, que los demás dejaran de existir. Esa no es la paz de Dios.
La paz que Jesús trae es como un fuego y nos exige mucho. Nos pide, sobre todo, que tomemos partido. Ante las injusticias, las desigualdades, donde se pisotea la dignidad humana, donde se silencia a los más débiles: tomar partido. Esperar es tomar partido. Esperar es comprender en el corazón y demostrar con hechos que las cosas no deben seguir como antes. También este es el fuego bueno del Evangelio.
Me gustaría recordar a una pequeña gran mujer estadounidense, Dorothy Day, que vivió en el siglo pasado. Tenía fuego dentro. Dorothy Day tomó posición. Vio que el modelo de desarrollo de su país no creaba las mismas oportunidades para todos, comprendió que el sueño para muchos era una pesadilla, que como cristiana debía involucrarse con los trabajadores, con los migrantes, con los descartados por una economía que mata. Escribía y servía: es importante unir la mente, el corazón y las manos. Esto es tomar partido. Escribía como periodista, es decir, pensaba y hacía pensar. Escribir es importante. Y también leer, hoy más que nunca.
Y luego Dorothy servía comidas, daba ropa, se vestía y comía como aquellos a quienes servía: unía la mente, el corazón y las manos. De esta manera, esperar es tomar partido”.
Sí, una labor imprescindible de nuestra amada institución es el pensar y hacer pensar, leer y escribir la historia del amor de Dios por todas las personas a pesar de que podamos llegar a negar la fraternidad, Él nunca nos niega su paternidad amorosa.
Gracias a todas las personas con quienes hemos compartido el pan, las penas y alegrías, la palabra y la espera.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
En la Sede del CISAV
Santiago de Querétaro, Qro. 26 de Noviembre de 2025
- Coenen, Lothar – Beyreuther, Erich – Bietenhard, Hans; Diccionario Teológico del Nuevo Testamento Vol. III. Voz: Paciencia (hypoméno). ↩︎
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Bravo y Manzo

Los dos terminaron ejecutados de vil manera. Bernardo Bravo Manríquez, empresario productor de limones y líder de limoneros, era el Presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán y voz de los mismos. Este lamentable hecho sucedió el lunes 20 de octubre del presente año, hace apenas unos días. Denunció la presencia de una red de extorsionadores que operaban en su rumbo, llegaron incluso a cortarles o derribarles las plantas de limón para presionarlos y amenazarlos.
El sábado 1° de noviembre, sí, hace apenas 4 días fue ejecutado públicamente en medio del Festival de las velas, frente a su familia el presidente Municipal de Uruapan: Carlos Alberto Manzo Rodríguez; ambos en el Estado de Michoacán. Había llegado a la Alcaldía a través de una candidatura independiente, antes había sido Diputado Federal por Morena.
¿Dónde está esa tierra Purépecha que vio la obra de Tata Vasco? Algunos ven en la gran obra de Vasco de Quiroga un intento de llevar a la realidad la obra Utopía de Tomás Moro: proyecto que buscaba evitar la explotación de los indígenas, a través de la creación de talleres y oficios, mismos que hasta hoy en día conservan muchos pueblos, la madera, el cobre, la palma, etc. Con esto buscaba una buena organización social y económica. Hoy Michoacán (y no solo) parece más un Estado distópico, lo contrario de utópico. El domingo por la tarde fuimos testigos por las redes sociales de una manifestación en Morelia, la Capital del Estado; misma que terminó en la toma del Palacio de Gobierno y una brutal represión a los participantes, como en los viejos tiempos. Duele ver a la juventud bajo las botas de los granaderos.

Recordemos que al hoy Santo Tomás Moro el poder irracional, distópico, le cortó la cabeza por negarse a firmar el Acta de supremacía, que reconocía el Rey Enrique VIII como jefe supremo de la Iglesia y desconocía al Papa.
A Manzo le arrebataron la vida el día que celebra a Todos los Santos y Vísperas de Los Fieles Difuntos.
Fue también un 1° de noviembre, pero de 1950, cuando el Papa Pío XII, con su Constitución Apostólica Munificentissimus Deus definía el dogma de la Asunción con estas palabras:
“Así, podemos esperar que quienes meditan en el glorioso ejemplo que María nos ofrece se convenzan cada vez más del valor de una vida humana dedicada por completo a cumplir la voluntad del Padre celestial y a traer el bien a los demás. Así, mientras las enseñanzas ilusorias del materialismo y la corrupción moral que se deriva de estas enseñanzas amenazan con extinguir la luz de la virtud y arruinar la vida de los hombres al fomentar la discordia entre ellos, de esta magnífica manera todos podrán ver con claridad a qué noble meta están destinados nuestros cuerpos y almas. Finalmente, esperamos que la creencia en la Asunción corporal de María al cielo fortalezca y haga más efectiva nuestra creencia en nuestra propia resurrección” (n. 42).
“Por lo cual, después de haber elevado repetidas veces nuestras oraciones de súplica a Dios, e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios Todopoderoso, que prodigó su afecto especial a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de esa misma augusta Madre, y para gozo y exultación de toda la Iglesia; por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, y por nuestra propia autoridad, pronunciamos, declaramos y definimos como dogma divinamente revelado: que la Inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, habiendo completado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”. (n. 44).
En un contexto de postguerra mundial y ante tantas atrocidades que la guerra provocó y que el mundo contempló, ante tanta muerte inútil y absurda (como hoy en México), el Papa nos invitava a levantar la vista al cielo, nos recordaba que Dios ha creado al ser humano para la virtud y las “enseñanzas ilusorias del materialismo y la corrupción moral” no pueden tener la última palabra.
Al mismo, también en Roma un día como hoy 4 de noviembre de también de 1950, el Consejo de Europa daba forma jurídica a La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 con el documento “Convenio Para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales”.
En su Artículo 2 leemos:
“Derecho a la vida
1. El derecho de toda persona a la vida está protegido por la ley.
Nadie podrá ser privado de su vida intencionadamente, salvo en ejecución de una condena que imponga la pena capital dictada por un Tribunal al reo de un delito para el que la ley establece esa pena.
2. La muerte no se considerará como infligida en infracción del presente artículo cuando se produzca como consecuencia de un recurso a la fuerza que sea absolutamente necesario:
a) en defensa de una persona contra una agresión ilegítima;
b) para detener a una persona conforme a derecho o para impedir la evasión de un preso o detenido legalmente ;
c) para reprimir, de acuerdo con la ley, una revuelta o insurrección.”
Tal vez el sustrato de dicho derecho a la vida parta del viejo adagio romano atribuido al jurista Ulpiano: “Iusticia est quique tribuere ius suum” (Dar a cada uno su derecho). Esto supone que las cosas están repartidas, y una que nadie nos otorga sino que la poseemos de modo intrínseco a nuestra misma existencia es la dignidad humana, que implica el derecho a la vida. Si este derecho no se respeta ¿cómo podrán respetarse los otros?
El mismo día 1° de noviembre, día de la ejecución de Manzo, el Papa León XIV declaraba Dr. de la Iglesia a San John Henry Newman. En su obra “El sueño de Geroncio”, expresa:
I
GERONCIO
¡Jesús, María! Ya me acerco al tiempo
Y en vuestras voces vivas lo conozco,
no por el signo de este escaso aliento,este frío en el pecho, este helor hondo.
(¡Rogad por mí, tened misericordia!)
Siento en este momento un ansia nueva,
(¡ayúdame, Señor, en esta hora!)
que mi ser se disipa como niebla,
este extraño abandono en mis adentros(¡oh, Dios, Señor del alma, en Ti confío!),
este vaciarse de cada miembro
de todo ese vigor por el que existo.
Rogad por mí, amigos: un extraño
llama a mi puerta. Su apariencia oscura
es del terror un misterioso heraldo
que antes no he conocido nunca, nunca.
Es la muerte. ¡Rezad, amigos míos!
Como si el propio ser a ella cediera,
como si ya no fuese una sustancia,
regresase a la nada primigenia
—¡Dios mío, ayúdame, Refugio y Casa!—
y de allí no volviese y descendiera
cayendo de este mundo y sus murallas
en ese foso vacuo, informe, negro:
mi antiguo origen, la absoluta nada.Esto es lo que en mí tiene argumento:
¡el horror! Esto, mis amigos, esto.
Rezad, amigos, aunque os falte el aire.
Al final del texto le dice el
ÁNGEL
Oh, alma rescatada, suavemente
entre mis brazos con amor te envuelvoy en el río cuya agua purifica
te sumerjo, sostengo y alzo luego.Y te dejo en el lago con cuidado
y tú, sin resistencia ni nostalgia,
con gran destreza salvas la corriente
y te pierdes, lejano, en la distancia.
Los ángeles, que cumplen su tarea,
te darán ánimo, calor y auxilio;
y misas en la tierra y oraciones
del Cielo han de llevarte hasta el Altísimo.¡Adiós, mas no por siempre! Hermano amado,
ten paciencia y valor en tu agonía.
La noche de tu juicio será brevey te despertaré al romper el día”.
¿Hasta cuándo aprenderemos a vivir en justicia y paz? ¿Cuántos miles más de ejecutados, extorsionados, reprimidos, desaparecidos tendremos que soportar? Necesitamos verdaderos estadistas de altura con grandes ideales y virtudes, capaces en todos los campos que se necesitan. Para eso necesitamos ser reeducados en el amor a la verdad, en San John Henry Newman tenemos un gran ejemplo.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
4 de Noviembre de 2025
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Santidad y política

“El don de la gracia «sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana” (n. 54)
El apenas pasado lunes 9 del presente mes, fue presentado un nuevo documento del Papa Francisco, una Exhortación Apostólica intitulada “Gaudete et exsultate”, [que significa “Alégrense y regocíjense” (Mt 5, 15)] y versa “sobre el llamado a la santidad en el mundo actual”.
La Exhortación Apostólica es un documento que ha tenido un uso predominantemente post conciliar por parte de los Romanos Pontífices; es un documento doctrinal y pastoral de naturaleza eminentemente exhortativa como su nombre lo indica, por eso Francisco afirma que “no es de esperar aquí un tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema, o con análisis que podrían hacerse acerca de los medios de santificación. Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades” (n. 2).

Los destinatarios somos todos los bautizados, como afirma el Papa: “Espero que estas páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad” (n. 177).
Si bien es cierto que es un llamado en general a todos los fieles cristianos a la santidad, quisiera hacer aquí una breve lectura en clave de llamado a la santidad viviendo la ciudadanía, haciendo política; es decir, cómo el cristiano haciendo política debe estar inspirado en el evangelio para impregnar toda acción política del mismo, y que esto le libre de los vicios que corrompen tan noble tarea. El católico que hace política debería reflejar nítidamente el amor, la verdad, la justicia, la renuncia al egoísmo que propone el Evangelio.
Capítulo I
El llamado a la Santidad
En primer lugar el Papa nos pide tomar conciencia que somos parte de un pueblo, de una nación; este sentido de pertenencia nos da una identidad, pues “no existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Por eso nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo”. (n. 6)
El político que no se siente identificado con su pueblo, siendo parte de él, tarde o temprano termina despreciándolo y poniéndole precio no solo a las cosas, sino al hermano mismo. ¿Acaso no resuenan vigentes las palabras de Herodes que dijo a aquella joven que había bailado para él y sus convidados, al quedar fascinado por su baile: “Pídeme lo que quieras y te lo daré. Y le juró: Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino”? (Mc 6, 22-23).
No, los políticos no son dueños del pueblo, por eso Francisco expresa terminantemente: “¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales” (n. 14).
El Papa es consciente de que no hay recetas para vivir el Evangelio y la política; sin embargo también está convencido que “cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio” (n. 19), por eso los santos nos inspiran y ayudan a descubrir nuestra propia misión en la vida y en la sociedad, en el buscar el bien común a pesar de nuestras limitaciones y caídas, por lo que nos da un sabio consejo: “tu identificación con Cristo y sus deseos, implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia y paz para todos” (n. 25).
También nos hace una advertencia muy práctica: “una tarea movida por la ansiedad, el orgullo, la necesidad de aparecer y de dominar, ciertamente no será santificadora” (n. 28); es decir, son estas actitudes incompatibles en la vida de un político que se diga católico.
Podríamos intentar resumir este primer capítulo del documento diciendo que: si no nos hace libres, no es verdadera política.
Capítulo II
Dos sutiles enemigos de la santidad
En el segundo Capítulo el Papa Francisco nos advierte de dos viejas herejías que cobran fuerza en nuestros días: el gnosticismo y el pelagianismo. El primero tiene relación con la inteligencia, el segundo con la voluntad. El conocimiento y el consentimiento son elementos indispensables para el desarrollo de un acto libre, si están viciados coartan nuestra libertad. Por eso Francisco advierte claramente que al caer en ellos “dan lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar” (n. 35), ¿acaso en este ambiente de campaña electoral no es lo que vemos constantemente: “sacarle sus trapitos” al otro; así como los abusos que la historia ha visto en nombre de la “seguridad de Estado?”.
Otra característica de estas viejas herejías es que quienes las adoptan “absolutizan sus propias teorías y obligan a los demás a someterse a los razonamientos que ellos usan (n. 39); también se notan, por ejemplo, en que “cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino y es posible que sea un falso profeta” (n. 41); es decir, el Evangelio interpela, cuestiona, desafía a buscar y discernir el camino correcto; no hay recetas para vivir. Dice Francisco: “En realidad, la doctrina, o mejor, nuestra comprensión y expresión de ella, «no es un sistema cerrado, privado de dinámicas capaces de generar interrogantes, dudas, cuestionamientos», y «las preguntas de nuestro pueblo, sus angustias, sus peleas, sus sueños, sus luchas, sus preocupaciones, poseen valor hermenéutico que no podemos ignorar si queremos tomar en serio el principio de encarnación. Sus preguntas nos ayudan a preguntarnos, sus cuestionamientos nos cuestionan»” (n. 44). Un político sano escucha, dialoga, acepta propuestas y otros puntos de vista; contesta directamente, no con una especie de esquizofrenia dialogal que responde siempre con lo “políticamente correcto” ignorando la realidad y la Trascendencia.
Todo esto, dice Francisco, por “la falta de un reconocimiento sincero, dolorido y orante de nuestros límites” (n. 50) que no deja que la gracia nos haga crecer: El político católico debe hacer cotidianamente su examen de conciencia, el viejo método de la “mejora continua”.
Si no nos santifica, no es verdadera política.
Capítulo III
A la luz del Maestro
“El que no tranza, no avanza”, esta frase se ha convertido en nuestros días en una especie de himno o de una maldición, como si fuera el único camino para progresar, cosa que nos ha sumido en una terrible corrupción. Frente a ello Francisco “nos invita también a una existencia austera y despojada” (n. 70); el político católico debe terminar con la mítica aporía de “o eres político o trabajas”, y de la casi normal actitud “donde cada uno se cree con el derecho de alzarse por encima de los otros (n. 71) e imponer su propia verdad bajo el velo de la simple percepción, pues “el mundo no quiere llorar: prefiere ignorar las situaciones dolorosas, cubrirlas, esconderlas […] creyendo que es posible disimular la realidad (n. 75).
Frente a esas tentaciones, Francisco propone las bienaventuranzas como agenda perenne en el corazón del católico que debe incursionar en la política, sabiendo que el “busca primero el Reino de Dios y su justicia divina y todo lo demás se te dará por añadidura” (cfr. Mt 6, 33) es algo que está vigente. “Pero la justicia que propone Jesús no es como la que busca el mundo, tantas veces manchada por intereses mezquinos, manipulada para un lado o para otro. La realidad nos muestra qué fácil es entrar en las pandillas de la corrupción, formar parte de esa política cotidiana del «doy para que me den», donde todo es negocio […] Algunos desisten de luchar por la verdadera justicia, y optan por subirse al carro del vencedor” (n. 78).
En cuanto a la política, los católicos estamos llamados a “convertirnos en seres que cuestionan a la sociedad con su vida” (n. 90), una vida de santidad, sabiendo que “un santo no es alguien raro, lejano, que se vuelve insoportable por su vanidad, su negatividad y sus resentimientos” (n. 93); vida de santidad en la que “no se trata solo de realizar algunas buenas obras sino de buscar un cambio social: «Para que las generaciones posteriores también fueran liberadas, claramente el objetivo debía ser la restauración de sistemas sociales y económicos justos para que ya no pudiera haber exclusión» (n. 99).
Con un solo excluido que haya, no es buena política.
Capítulo IV
Algunas notas de la santidad
El Papa nos recuerda que el católico tiene la misma naturaleza de todo ser humano, que es débil y está expuesto a las mismas tentaciones, por lo que nos invita a estar atentos y cultivar las virtudes, entre ellas, para ser santo se necesita una firmeza interior “que es obra de la gracia, nos preserva de dejarnos arrastrar por la violencia que invade la vida social” (n. 116); el católico que se dedique a la política debe, por ejemplo, aprender a “discutir amablemente, a reclamar justicia o a defender a los débiles ante los poderosos, aunque eso le traiga consecuencias negativas para su imagen (n. 119); a hacer lo sin tener miedo, pues “¡Dios no tiene miedo! ¡No tiene miedo! Él va siempre más allá de nuestros esquemas y no le teme a las periferias. Él mismo se hizo periferia (cf. Flp 2,6-8; Jn 1,14)” (n. 135).
Estamos no en una época de cambio, sino en un cambio de época, hay muchas situaciones novedosas, inéditas, por lo que el Papa Francisco nos exhorta diciendo: “Desafiemos la costumbre, abramos bien los ojos y los oídos, y sobre todo el corazón” (n. 137).
Una política que conserva los vicios de siempre, no es verdadera.
Capítulo V
Combate, vigilancia y discernimiento
El Papa Francisco nos recuerda que hay muchos peligros en la vida en general y también en la vida política en particular, por eso recuerda que el católico que busca ser santo en la política no debe olvidar que “la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo” (n. 159) debe estar lejos de él si quiere ser feliz y hacer felices a los demás, si quiere hacer un trabajo serio y andar en la presencia del Señor, por lo que dice el Papa: “pido a todos los cristianos que no dejen de hacer cada día, en diálogo con el Señor que nos ama, un sincero «examen de conciencia» (n. 169).
Una política sin rendición de cuentas, no es buena.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
15 de abril de 2018
CECUCO, San Juan del Río, Qro.
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San Lucas y el Camino

Fiesta De San Lucas Evangelista
Homilía
2 Tim 4, 9-17; Sal 144; Lc 10, 1-9
Buenos días, amados hermanos en Cristo; temprano nos hemos levantado para caminar y hemos visto salir el sol, el verdadero “Sol que nace de lo alto” y que ilumina nuestras tinieblas, como afirma San Lucas, a quien hoy celebramos en el día de su fiesta: «Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto, para iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1,78-79). Y sí, hemos caminado hasta este lugar santo, casa de la que ha portado en su vientre a este Sol que nos da el calor de su amor: la Bienaventurada Virgen María del Pueblito. Hemos venido en peregrinación y caminata para invocar de Dios el don de la paz; creemos firmemente que “No hay paz sin justicia” y que “La paz es de todos o de nadie”, pues una es la humanidad y uno el Dios que la creó y la ofrece a todas y a cada una de las personas que ha hecho a su imagen y semejanza.

El Evangelista Lucas gusta de presentar al Señor Jesús caminando y es en el camino (‘odos) donde suceden muchas cosas:
- “Creyendo (los padres de Jesús) que estaría en la caravana (synodía), hicieron un día de camino” (2, 44);
- “una parte cayó a lo largo del camino” (8, 5);
- “los de a lo largo del camino, son los que ha oído” (8, 12);
- “No lleven nada para el camino” (9, 3);
- “De camino, uno le dijo: te seguiré a donde quiera que vayas” (9, 57);
- “No saluden a nadie por el camino” (10, 4);
- “Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote” (10, 31);
- “Un samaritano que iba de camino se acercó (al herido)” (10, 33);
- “Ha llegado del camino un amigo mío” (11, 6);
- “Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él” (12, 58);
- “Sal a los caminos… y obliga a entrar” (14, 23);
- “Estaba un ciego sentado junto al camino” ((18, 35);
- “Extendían sus mantos por el camino” (19, 36);
- “cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba” (24, 32);
- “Ellos… contaron lo que había pasado en el camino” (24, 35).
San Lucas nos enseña que toda nuestra vida es un camino, de ahí la razón por la que el cristiano peregrina buscando encontrar un sentido profundo para su existencia en todas las circunstancias; el camino debe hacerse a veces también en silencio, por eso el Papa León nos ha recordado en su reciente y primera Exhortación Apostólica que llamó “Dilexi te” (“Te he amado”) la experiencia y unas palabras de una Santa reciente, Santa Teresa de Calcuta: “El fruto del silencio es la oración; el fruto de la oración es la fe; el fruto de la fe es el amor; el fruto del amor es el servicio; y el fruto del servicio es la paz” (DT 77).
En este México violento, una pregunta obligada es: ¿Por qué no hay paz en México? Porque muchos no buscan servir, sino servirse de los demás; esto por que no aman a sus semejantes; no los aman porque no tienen fe en Dios que es Padre y nosotros hermanos; no hay fe cuando no entramos en nosotros mismos para dialogar con Dios, es decir, cuando no oramos y somos vítimas de nuestros propios instintos; no hay oración porque no guardamos silencio para colocarnos como el único frente a Dios y buscamos el aplauso vano y lisonjero, hueco, huero.

Hermanos, hoy en el Evangelio, Dios nos llama a ser protagonistas de nuestra propia historia, no aisladamente y en soledad, sino de dos en dos, es decir, en comunidad. En el pueblo de Jesús para que un testimonio fuera válido en un proceso tenía que tener al menos dos testigos conformes en su dicho; si éste resultaba falso, se aplicaba al falso testigo lo que pedía para el inculpado. La sentencia podía ser la pena capital, de ahí el mandamiento: “No levantarás falso testimoio ni mentirás”. La mentira aniquila la paz y la vida humana en un extremo. No se puede pretender ocultar el sol con udedo, ni más de 200 000 desaparecidos con cierto desden grosero. Madre y Reina, Santa María del Pueblito, únete al grito de dolor de las madres buscadoras de nuestra patria, te lo rogamos de hinojos.
Sí, “la cosecha es mucha y los trabajadores pocos”, por eso Señor da fuerza a nuestras manos y valor a nuestra esperanza, nuestra vida está en tus manos; somos tu mies y trabajadores de tus campos, haznos pan para los hermanos y siervos de los más débiles y pequeños. El éxito de nuestra vida no está en lo salvaje del lobo, ni en la ilusión del dinero; tampoco en un morral repleto de vanidades que son precio de sangre. Nuestra victoria es tu paz, esa que cada día nos ofreces a la puerta de nuestras casas, pues la pones a nuestro alcance como un don y por eso creemos que la paz es posible. Sabemos también que a nadie obligas a recibirla, haznos Señor ser consientes que somos menesterosos de tu paz y líbranos del mal de Dimas, de quien Pablo dice que “prefirió las cosas de este mundo”. Enséñanos a creer y cantar con el salmista: “Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras. No está lejos de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor, de quien lo invoca”.
Hemos venido Señor a invocarte, proteje y bendice a nuestro Papa León y a nuestro Obispo Fidencio por cuyo ministerio este santo lugar es ahora Basília Menor y manifiesta su vocación de cercanía y fidelidad al Romano Pontífice.

Virgen del Pueblito, agradezco tu intercesión por la salud de mi hermana Cirenia al ser sometida a cirugía a corazón abierto; hoy sigue cantando las grandezas del Señor con la vida que Él le da en abundancia. Te encomiendo de manera especial a mi hermano Francisco, llena su corazón de esperanza y sueños.
A tus benditos pies pongo a todos mis hermanos que el Obispo me ha confiado para su cuidado pastoral en la Parroqua de la Sagrada Familia, que nadie se quede sin experimentar el amor de Dios y sus múltiples bendiciones, así como la protección de amorosa Madre.
Gracias a los Padres Franciscanos por su fraternal recibimiento.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
El Pueblito (Corregidora), Qro.
18 de Octubre de 2025, Año del jubileo de la Esperanza
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¡Salve, por ti se eclipsa la pena!

La capacidad de elegir que tiene el hombre (léase homo, que comprende vir [varón] y mulier [mujer]), si bien no es absoluta, es suficiente para atisbar el sentido pleno de la existencia humana, pero también para sumergirlo en los más oscuros nubarrones del dolor y de la pena.
La obra del Maestro Gabriel García intitulada “¡Salve, por ti se eclipsa la pena!”, parece invitarnos a reflexionar sobre estos temas tan humanos, tan trágicos como excelsos. Alguien podría argumentar y tener prejuicios por ser un tema religioso: pero ¿acaso esto no es humano? ¿qué animal se pregunta sobre el sentido del dolor y sus causas? O ¿qué otra creatura da sentido artístico a sus obras? En la obra del pintor queretano de origen serrano parecen confluir no solo más de 300 años de vivencias humanas bajo el amparo de la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, Patrona principal de la Diócesis de Querétaro (desde hace 50 años), sino también todos los siglos desde la aparición del hombre sobre la tierra. En la pintura mencionada prevalecen los tonos ocres y penumbrosos; los claroscuros de una especie de impresionismo perpetuo: la serpiente que ofrece al veleidoso corazón humano la posibilidad de una existencia “responsable” y “sin complejos”; de una responsabilidad en que se rinde cuentas solo a sí mismo y que genera una libertad que dura tanto como su breve vida sobre la tierra. Para dar equilibrio a la composición pictórica, se presenta al Arcángel de la Anunciación, en simetría espacial frente a la serpiente, invitando al ser humano a abrir su mente y corazón a la belleza, a la pureza de intenciones y acciones. La respuesta supone una libertad abierta a la trascendencia, no solo trascendencia de lo temporal, sino abierta al Absoluto; una respuesta verdaderamente responsable, pues solo se puede responder al Otro que nos ha creado.

El hombre de la imagen lleva pelo blanco, refleja edad avanzada; el bastón que porta dice cansancio y flaqueza, necesita apoyo. El horizonte a sus pies parece conformado por una luz que recibe y proyecta sombra a ambos lados; esta sombra sirve para crear el efecto de lejanía, una lejanía de la que emerge la figura del conocido monolito de Bernal, guardián milenario de la entrada a la Sierra Gorda; símbolo de la naturaleza humana inconmovible. En forma simétrica a la peña aparece la Basílica de la Reina y Madre, imagen del esfuerzo y trabajo artesanal del hombre, de su proceso de “evolución” a lo divino.
En el centro del cuadro está la imagen de la Dolorosa que parece observar el vaivén doloroso de la existencia humana: desde Caín que da muerte a su hermano Abel (Gn 4); hasta Esaú que es despojado de la bendición paterna por su hermano Jacob (Gn 27); como si contemplara el pago que recibieron los hermanos de José al venderlo (Gn 37). Es como Raquel que llora la muerte de sus hijos (cfr. Jr 31, 15). Al pie de la cruz María contempló la muerte de su Hijo (Jn 19, 25) y desde ahí mira a sus hijos y les pregunta en silencio con la mirada “¿dónde está tu hermano?” (Gn 4, 9): ese de Tlatelolco, el de Ayotzinapa, el de Siria, el de San Fernando, el que no logró cruzar la frontera, el que no arribó a la costa, el de Querétaro…
En la pintura, de entre la oscuridad surge la Madre del que es la Luz (Jn 8, 12) para eclipsar la pena humana, fruto del pecado, ese que negamos o no sabemos definir, pero que tiene evidentemente ensangrentada nuestra patria. La parte con más luz en la pintura es la cabeza del hombre, es como el centro, crea un contraste artístico, y no solo, sino también teológico: la última palabra en la historia humana no la tiene el pecado y la muerte, el dolor y el sufrimiento, sino la luz de la vida que Dios ha infundido en el hombre a través del Espíritu Santo que le ha dado en Pentecostés; es como signo de la Inteligencia (del Verbo) del Padre: Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que con firmeza mira el dolor de la Madre que su crucifixión le provoca, pues sus hermanos le han puesto precio (30 monedas de plata); pero no se arredra ante ello pues sabe que cumplir la voluntad del Padre traerá luz meridiana sobre la existencia humana.
15 de septiembre de 2019
Fiesta litúrgica de Ntra. Sra. de los Dolores
Pbro. Filiberto Cruz Reyes