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  • Un Retrato Del Rector el Seminario

    Un Retrato Del Rector el Seminario

    En la develación del retrato del Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega

    A la memoria de Arnulfo Ragoitia Rivera y Francisco Cruz Valencia

    En 2018 en su documento “Proyecto global de Pastoral. 2031-2033”, los obispos de México, en el número 20 han afirmado:

    “Los Obispos que servimos a esta amada nación mexicana, estamos convencidos de que la humanidad vive en este momento, un verdadero y profundo cambio de época con diferentes matices, como un extraordinario giro histórico que se percibe en todos los campos de la vida humana, arrastrado por un desarrollo científico, innovaciones tecnológicas sorprendentes y sus veloces aplicaciones en distintos campos de la naturaleza y de la vida (cfr. EG 52). De igual forma, nos preocupa el arribo de esta nueva cultura que desdibuja y mutila la figura humana, y es aquí donde se encuentra el corazón de la profunda transformación que se está dando y lo que nosotros identificamos y llamamos como el núcleo cultural fundamental: ¡la negación de la primacía del ser humano! (cfr. EG 55), es decir, nos encontramos ante una profunda crisis antropológico-cultural”.

    Por otra parte, los grandes momentos de crisis, si son vistos con fe, han provocado en la Iglesia búsqueda de respuestas para hacerles frente a los grandes desafíos y buscar correctas soluciones. Así, se expresa en la conocida frase agustiniana (Sermón 43, 4) y posteriormente desarrollada por San Anselmo de Canterbury: “Crede, ut intellegas”, “cree para que entiendas”.

    Ya nos recordaba el Beato Antonio Rosmini en su libro “Las cinco llagas de la Santa Iglesia. Tratado dedicado al clero católico” (escrita en 1832 y publicada en 1848), la experiencia de la Iglesia en el formar a los futuros sacerdotes: “En los primeros siglos, la casa del obispo era el seminario de los sacerdotes y diáconos. La presencia y la vida santa de su prelado, resultaba ser una lección candente, continua, sublime, en la que se aprendía conjuntamente la teoría en sus doctas palabras y la práctica en sus asiduas ocupaciones pastorales”. 

    En su momento dedicó “La llaga de la mano derecha de la santa Iglesia: la insuficiente educación del clero” a reflexionar sobre la crisis formativa de los futuros sacerdotes de su tiempo. Ahí se lamenta entre otras cosas de la siguiente manera: 

    “¡Por dónde se empezará a instruir y formar un verdadero y noble pensar sacerdotal con alumnos que se acercan a la escuela de la Iglesia tan desmantelados! Despojados de las primeras nociones que deberían suponerse adquiridas y de las que la educación eclesiástica no debería ser otra cosa que un desarrollo progresivo, no tienen ni idea de lo que significa ciencia del sacerdote, no saben lo que quieren al desear llegar a ser sacerdotes y no saben qué emprenden al entrar en la escuela del santuario…

    Ya que no se puede edificar donde no hay terreno firme, máxime tratándose de una doctrina como la del sacerdote católico que antes supone necesariamente al cristiano, ya que el estado de cristiano viene a ser como el primer grado del sacerdocio”.

    Y deplorando la deficiente formación cristiana agrega crudamente sobre las posibles consecuencias de una formación sacerdotal deficiente: “Tales ministros de espíritu raquítico, de mente engreída, son los que más tarde, cuando son adultos, sacerdotes y cabeza de las iglesias, educan a otros sacerdotes que resultan todavía más flacos y mezquinos que ellos”. 

    Frente a tal escenario afirma: “No hay duda de que sólo los grandes hombres pueden formar a otros grandes hombres. Y éste era precisamente el valor de la educación antigua de los sacerdotes, dirigida como era por los mas grandes hombres que tuviera la Iglesia”.

    Así percibía Rosmini algunas realidades de su tiempo en cuanto a la formación de los futuros sacerdotes, si bien es cierto que ya el concilio de Trento había discernido como una de las respuestas a la Reforma propuesta por Lutero (1517) algunas iniciativas que fueron de gran novedad, como lo fue la creación de los Seminarios. En efecto, en la Sesión XXIII (15 de julio de 1563) en el Canon XVIII se puede leer:

    “Dado que la juventud, a menos que sea debidamente educada, es propensa a seguir los placeres del mundo; y a menos que sea formada, desde sus tiernos años, en la piedad y la religión, antes de que los hábitos del vicio se hayan apoderado de todo el hombre, nunca perseverará perfectamente, y sin la mayor y casi especial ayuda de Dios Todopoderoso, en la disciplina eclesiástica; el santo Sínodo ordena que todas las catedrales, iglesias metropolitanas y otras iglesias mayores que estas, estarán obligadas, cada una según sus medios y la extensión de la diócesis, a mantener, educar religiosamente y formar en la disciplina eclesiástica a un cierto número de jóvenes de su ciudad y diócesis, o, si ese número no se puede reunir allí, de esa provincia, en un colegio que será elegido por el obispo para este propósito cerca de dichas iglesias, o en algún otro lugar apropiado […] El obispo, habiendo dividido a estos jóvenes en tantas clases como considere conveniente, según su número, edad y progreso en la disciplina eclesiástica, asignará, cuando lo considere oportuno, a algunos de ellos al ministerio de las iglesias, mientras que a los demás los mantendrá en el colegio para su instrucción; y sustituirá a los que se retiren, con otros, para que este colegio sea un seminario perpetuo de ministros de Dios”.

    Si bien el Concilio de Trento no habla de la figura del Rector como hoy lo conocemos, experiencias de Iglesias y Concilios ya hablaban de figuras como «praepositus», «bonus pater», «probatissimus senior»a quienes se les encomendaba la educación de los jóvenes que aspiraban al sacerdocio.

    Será la práctica de la Iglesia y posteriores documentos pontificios que irán delineando las normas del Concilio de Trento. Entre los grandes personajes que dieron forma a la figura del Rector del Seminario será San Carlos Borromeo con sus Institutiones ad universum Seminarii regimen pertinentes, en la cual describe a la perfección la figura del Rector del Seminario (1599).

    Pasarán tres siglos y medio para que con la llegada del Código de Derecho Canónico se haga como una síntesis de la doctrina surgida de la experiencia, misma que se espresa de la siguiente manera:

    Canon 1358: “Se ha de procurar que en todos los Seminarios haya un rector para la disciplina, profesores para la instrucción, ecónomo para administrar los bienes temporales, distinto del rector; dos confesores ordinarios, por lo menos, y director espiritual”.

    En el canon 1360 § 2 se afirma: “En el ejercicio de sus cargos deben todos obedecer al rector del Seminario”.

    Así mismo, el canon 1369 § 1 “El rector del Seminario, y bajo su autoridad todos los otros directores, deben procurar que los alumnos observen con exactitud los estatutos aprobados por el Obispo y el reglamento de estudios y se penetren de un espíritu verdaderamente eclesiástico”.

    Llegó después el Concilio Vaticano II, en donde con el Decreto Optatam totius, Sobre la formación sacerdotal, se puede leer sobre el hapax de Rector: “Adviertan bien los superiores y profesores que de su modo de pensar y de su manera de obrar depende en gran medida el resultado de la formación de los alumnos; establezcan bajo la guía del rector una unión estrechísima de pensamiento y de acción, y formen con los alumnos tal familiar compenetración que responda a la oración del Señor «que sean uno», e inspire a los alumnos el gozo de sentirse llamados” (n. 5).

    En el Código de Derecho Canónico de 1983, la figura del Rector del Seminario aparece principalmente en el Libro II “Del pueblo de Dios”: es el representante del Seminario (c. 238 § 2), debe existir en cada Seminario (c. 239 § 1), los demás directivos, los profesores e incluso los alumnos del Seminario participan de la responsabilidad del Rector según los estatutos (239 § 3), al realizar sus tareas propias todos deben obedecer al rector según el Plan de formación sacerdotal y el reglamento del seminario (c. 260), al rector le corresponde que los alumnos cumplan las normas del Plan de formación sacerdotal y el reglamento del seminario (c. 261 § 1), al rector y al director de estudios corresponde que los maestros cumplan su tarea según las normas ya dichas (c. 261 §2), es el rector quien realiza las funciones de párroco para todos los que están en el seminario (c. 262), el rector del seminario lo es también de la iglesia aneja al seminario a no ser que el obispo diocesano disponga otra cosa (c. 557 § 3). 

    Después Pastores davo vobis (25 de marzo de 1992) afirma que:  

    “Los Obispos, junto con los rectores y directores espirituales de los seminarios, establezcan principios, ofrezcan criterios y proporcionen ayudas para el discernimiento en esta materia. Son de máxima importancia para la formación de la castidad en el celibato la solicitud del Obispo y la vida fraterna entre los sacerdotes. En el seminario, o sea, en su programa de formación, debe presentarse el celibato con claridad, sin ninguna ambigüedad y de forma positiva” (n. 50)

    “El seminario es, en sí mismo, una experiencia original de la vida de la Iglesia; en él el Obispo se hace presente a través del ministerio del rector y del servicio de corresponsabilidad y de comunión con los demás educadores, para el crecimiento pastoral y apostólico de los alumnos” (n. 60).

    “La comunidad educativa del Seminario se articula en torno a los diversos formadores: el rector, el director o padre espiritual, los superiores y los profesores. Ellos se deben sentir profundamente unidos al Obispo, al que, con diverso título y de modo distinto representan, y entre ellos debe existir una comunión y colaboración convencida y cordial”. (n. 66).

    Nuestra intención es tomar conciencia de la importancia del oficio eclesiástico del Rector del Seminario, intentando hacer un retrato, que un su sentido etimológico puede significar “reducir, abreviar”, así como “sacar de nuevo a la luz y hacer revivir cualquier cosa”.

    Rector proviene del latín  rego, regis, rexi, rectum, regere, que significa dirigir, guiar, conducir o gobernar. 

    Para Santo Tomás de Aquino Rector alude principalmente a la idea de gobierno que para él es “mover a algunos hacia su debido fin: así como el marino gobierna la nave dirigiéndola hacia el puerto (“movere aliquos in debitum finem: sicut nauta gubernat navem ducendo eam ad portum”; Suma Teológica (II-II, q. 102, a. 2, ad. 1).

    Un “retrato del Rector” evoca pues ir a la historia para mirar su comprención que de esta figura ha tenido la Iglesia, si bien tal vez con otros conceptos; en el fondo evoca sínodo o sinodalidad,  es decir, caminar juntos. Esto implica una serie de actitudes de parte del Rector, como dicen textos antiguos: “«…ya que este tipo de cargo y oficio (de Rector) sea considerado (con pleno derecho y merecidamente) como el centro y la cabeza de todo el Instituto Sagrado, del cual fluyen la vida y la acción hacia cada uno de sus miembros”. 

    El Rector por naturaleza debe tener mente y corazón grandes, para abrazar a todos; espíritu humilde para comprender a todos, fuerza de ánimo para levantar a cada uno; alegría, esa que viene de Dios para aceptar a todos sin prejuicios ni distinción. Es padre por naturaleza: ¿qué buen padre hay que hable mal de sus hijos? ¿o peor aún, que pudiera excluir a uno de su mesa? ¿Acaso el Retor no representa al Obispo y de él dice el Salmo como de Jesucristo y su Iglesia: “Tu esposa, como vid fecunda, dentro de tu casa; tus hijos, como brotes de olivo, en torno a tu mesa”? [128 (127), 3]. ¿Habrá padre más estulto que ponga a un hijo en contra del otro o que a alguno le prohiba hablarle a su hermano?

    La mirada del Rector debe captar el sufrimiento de sus hijos y presentarlo de rodillas ante Dios, pues sólo éste puede sanar y cambiar los corazones. ¿Pues acaso su corazón no debe ser semejante al de Jesucristo que dijo de sus discípulos —nosotros incluidos—: “Y por ellos me santifico (ἁγιάζω) a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad”? (Jn 17, 19).

    Por eso afirma un antiguo principio acerca del Rector: «Este Superior, de hecho, ha de ser el futuro padre de todo el colegio, como de una sola familia» («Qui quidem (Superior) futurus est totius collegii tamquam familiae unius pater».

    Estimado Padre Saúl Ragoitia Vega, Rector de este nuestro Seminario Conciliar de Querétaro, primogénito de nobles padres eres, de profunda formación cristiana ellos sembraron en tu tierno corazón de niño piedad y sapienza que te llevaron a buscar a temprana edad el discernimiento vocacional sacerdotal. Son ahora ya 30 años de tu ordenación sacerdotal, en el camino has ofrecido ya el alma de tu padre Don Arnulfo en sacrificio santo al Señor. Tu señor padre estudió filosofía y teología en esta misma casa, nuestra casa común. Angelita ha sido madre amorosa infatigable que te ha guiado junto con tus hermnos: Norma, Juan Carlos y Sergio, y hoy aquí presente te ha consagrado nuevamente al Buen Pastor. Yo también he sido objeto de los cuidados amorosos de tus padres, gracias Señor Jesús porque al preguntarte con Pedro: “«Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?” (Mt 19, 27), tú nos has contestado dándonos esta gran familia, multiplicando nuestros padres, madres y hermanos ¡Gracias Señor!

    Padre Saúl, la develación de tu retrato nos señala la historia y nos recuerda el peso del testimonio de quienes te han precedido en este oficio de Rector: los últimos cuatro rectores que te preceden viven y continúan en la misión; dos de ellos fueron marcados con el sacramento del Orden en el grado del episcopado, Don Florencio Olvera Ochoa de feliz memoria, quien fuera primero obispo de Tabasco y posteriormente de Cuernavaca. También el hoy Arzobispo emérito de Tulancingo, Mons. Domingo Díaz Martínez, y antes obispo de Tuxpan.

    En ellos se cumple el cantico profético de nuestro poeta y Doctor queretano, Pbro. Dr. Salvador Septién, acerca de nuestra alma mater en el Himno compuesto por él:

    “Hijos dichosos de varones grandes,
    dignos seréis de sus preclaros nombres.
    Si sus virtudes emuláis viviendo
    siempre por Cristo, siempre por Cristo”.

    Que este retrato sea el que inicie la galería de Rectores de nuestro Seminario, para que ésta sea memoria y profecía desde el “solar vetusto”, lugar de la “Fides quaerens intellectum”, «la fe que busca entender”, la fe que nos da luces para afrontar la crisis antropológica de nuestro tiempo.

    “¡Somos de Dios, enbriáguenos su caliz!”

    En hora buena a todos.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    15 de Octubre de 2026

    Seminario Conciiar de Querétaro

    Querétaro, Qro. México

  • Para ser libres nos ha liberado Cristo (Gal 5,1)

    Para ser libres nos ha liberado Cristo (Gal 5,1)

    ¡Buenas noches hermanos! 

    Nos hemos congregado esta noche aquí porque creemos que un nuevo día es posible y ya está cerca, día de alegría, libertad, justicia y paz. 

    Pongámonos de pie y levantemos las manos, manos trabajadoras y pacíficas, manos dispuestas para hecer el bien y obrar la justicia. Brazos abiertos dispuestos a un esperado abrazo de reconciliación.

    Hoy nos corresponde a nosotros como hicieron nuestros padres hace 216 años iniciar una gesta libertaria sabiendo que “Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad” (MH 1).

    Ya la lucha por la independencia de nuestra patria intuía el gran valor de cada persona, la dignidad humana, “la intuición de que toda persona tiene una dignidad que ningún poder otorga y ningún poder puede quitar” (Cmensaje de la CEM “Llamados a la libertad” 14 Septiembre 2026).

    En el signo del estandarte de María Santísima de Guadalupe “patrona de nuestra libertad” como le llamó el generalísimo Morelos, otro sacerdote, el Señor Cura Miguel Hidalgo intuía la razón de la igual dignidad: todos hijos de la misma Madre por volunttad del Hijo cuando afirmó «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19, 27 ).

    Por eso:

    ¡nunca más las madres buscadoras sufriendo por sus hijos desaparecidos! 

    ¡no a la tentación de un pensamiento único, sino libertad de expresión!

    ¡nunca más a una lucha fraticida como la vivida en la Cristiada, de la cual conmemoramos 100 años de su inicio, sí a la libertad religiosa para todos!

    La Iglesia no es perfecta ni las personas de iglesia, pero ahí está el testimonio de tantos hermanos que con generosidad siguen trabajando en bien de nuestra patria en escuelas, hospitales, asilos, ayuda en desastres naturales, desde las instituciones eclesiales.

    ¡Mexicanos! ¡Que vivan los que hoy construyen una patria libre!

    ¡Que vivan los obreros trabajadores! ¡Vivan!

    ¡Que vivanlos empresarios honestos! ¡Vivan!

    ¡Que vivan los niños inocentes y transparentes! ¡Vivan!

    ¡Que vivan las madres buscadoras! ¡Vivan!

    ¡Que vivan los jóvenes estudiosos y emprendedores! ¡Vivan!

    ¡Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad!  

    ¡Viva el Señor Cura Miguel Hidalgo! 

    ¡Viva el Señor Cura José María Morelos! 

    ¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez!

    ¡Viva Allende!

    ¡Viva la independencia nacional!

    ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!» 

    16 de septiembre de 2026

    Parroquia de la Sagrada Familia

    Jardines de Querétaro, Qro. México

  • Comunión y obediencia

    Comunión y obediencia

    Un buen día nos damos cuenta de que queremos comprender el mundo, a los demás, a nosotros mismos; la razón de todo lo que existe, es decir, buscamos en el fondo lo Verdadero, lo Bueno, lo Bello: esto es a Dios, para los que pretendemos tener fe en él.

    Esta búsqueda nace de la observancia y de la escucha, de tratar de observar y comprender el macro y microcosmos, las galaxias y la células o el átomo; así, va surgiendo una ciencia tras otra en el caminar de la historia humana.

    Si escuchamos y comprendemos, lo lógico sería actuar conforme a lo comprendido o evitar eso mismo comprendido por ser nocivo para el ser humano; en la realidad no siempre es así. 

    Etimológicamente “obedecer” significa “por o causa de haber escuchado”; proviene de “ob” y “audio, is, audire” en latín. En sus orígenes obedecer significaba hacer algo a causa de haber escuchado y comprendido; después llegó también a significar hacer algo por ser un deber o ser obligado a ello.

    Para el discípulo de Jesucristo obedecer significa escuchar la Palabra de Dios y elegir libremente vivir acorde a ella. Hacer la voluntad de Dios puede significar para el seguidor de Jesús, hacer lo que los sucesores de los apóstoles indican, es decir, obedecer al propio Obispo. A esto se compromete de modo especial el candidato a recibir el sacramento del Orden, el cual es interrogado por el Obispo antes del rito de Ordenación, entre otras, con las siguientes palabras: 

    El Obispo pregunta al elegido, diciendo, si es su Ordinario:

    • ¿Prometes obediencia y respeto a mí y a mis sucesores?

    El elegido:

    • Sí, prometo.

    En una sana teología católica esta obediencia nace en el fiel cristiano como un don en el bautismo, del don de participar de la vida divina en Jesucristo que nos ha enseñado a orar diciendo “Padre nuestro… hágase tu voluntad” (Mt 9, 10). Esa obediencia filial de Jesucristo al Padre brota del misterio de la Santísima Trinidad, y el fiel cristiano busca llevarla a cabo por la razón que dice la gran plegaria Eucarística en la Misa, con la doxología: «Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos». Es decir, por Jesucristo el fiel cristiano comparte con él su ser y su misión. A esto los antiguos cristianos le llamaron en griego “koinonía”, una participación en Jesucristo de su vida por parte de todos los fieles, no se puede pretender estar unido a Jesucristo sin estar unido a los hermanos y todos unidos al Padre común en el Espíritu.

    Este viernes 11 de septiembre, asistimos a la Toma de posesión del Padre Leodegario Sergio Ramírez Gonzáles como párroco en San Sebastián, en esta ciudad de Querétaro. Uno de los ritos que este acto requiere al recibir el oficio de párroco y que se ha de ejercer “en nombre de la Iglesia”, es la Profesión de fe y el Juramento de fidelidad; se hace de rodillas y se invoca el favor de Dios para poder llevarlo a cabo. Luego se firmaron sendos documentos por el nuevo párroco y el Obispo sobre el altar.

    Que sea sobre el altar no es casual o solo algo práctico, sino que encierra la teología de la koinonía y la obediencia; algunos textos de los Padres de la Iglesia así lo enseñan desde antiguo:

    Ignacio de Antioquía: «… estar profundamente unidos (a vuestro obispo), como la Iglesia lo está a Jesucristo y Jesucristo al Padre, a fin de que todas las cosas estén de acuerdo en la unidad» (IgnEf V, 1).

    «Así, pues, de la misma manera que el Señor no hizo nada, ni por sí mismo ni por sus apóstoles, sin su Padre (cf. Jn 5, 19.30; 8,28), con quien él es una misma cosa, así vosotros no hagáis tampoco nada sin el obispo y los presbíteros…: una sola oración, una sola súplica, un solo espíritu, una sola esperanza en la caridad, en la alegría irreprochable, esto es Jesucristo, a quien nada es preferido. Acudid todos a reuniros como en un solo templo de Dios, como en torno a un solo altar, en el único Jesucristo que salió del Padre único y que era único en él y a él partió» (IgnMagn VII).

    «Tened, pues, cuidado de no participar más que en una eucaristía; porque no hay más que una carne de nuestro señor Jesucristo, y un solo cáliz para unirnos en su sangre, un solo altar, como un solo obispo con el presbiterio y los diáconos, mis compañeros de servicio. Así, todo lo que hagáis lo haréis según Dios» (IgnFld IV).

    El altar es signo de Jesucristo obediente: “Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz” (Fil 2,7-8). A este misterio de abajamiento voluntario o vaciamiento de sí mismo por parte de Jesucristo los antiguos cristianos le llamaron kénosis. Al Padre no le gustó que a su Hijo le quitaran la vida, por eso se la devolvió en la resurrección; le gustó que fuera obediente para que así se realizara la redención humana. Cuando el sacerdote promete obediencia al Obispo, lo hace al Padre eterno a imitación de Jesucristo: aquí está el fundamento y razón más profunda de obedecer al Obispo cuando cambia al presbítero de oficio, por ejemplo de párroco. El sacerdote sigue siendo tan humano como todos los humanos, también tiene afectos y sentimientos, pero obedece por el Reino de los cielos. El cambio implica en la práctica ir por nuevos caminos, otros lugar para vivir, ya sea en la ciudad o en el pueblo, es llegar a habitar una casa ya hecha o llegar para construir la casa parroquial, es celebrar en un templo antiguo o llegar para construir uno nuevo, etc. Es llegar muchas veces sin nada, por eso la comunidad prepara lo más básico para la recepción del nuevo párroco: escoba, trapeador, una despensa, etc. Porque es llegar a conocer en primer lugar a las personas de la comunidad, es soportar las comparaciones con el anterior, soportar el papel de “usurpador” del lugar del anterior, pero el nuevo también dejó a su comunidad donde ya lo conocían y había demostrado su piedad, laboriosidad y valía.

    Cuando uno prometió obediencia la suerte ya estaba echada: no sé por dónde me conducirá el viento del Espíritu pero estoy dispuesto a ir.

    Felicidades Padre Leo, por tu trabajo pastoral en la Pastorcita, tu parroquia anterior y que el Señor te de la fuerza del mártir San Sebastián en tu nueva misión. 

    Con afecto fraternal:

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    11 de Septiembre de 2026

    Santiago de Querétaro, Qro. México

  • Pulido por Dios

    Pulido por Dios

    Homilía 

    1 Cor 3, 18-23; Sal 23; Lc 5, 1-11

    Estimado Martín:

    Un día te acercaste para hacerme una observación: el piso del templo estaba opaco y era necesario pulirlo, abrillantarlo. Y no solo te quedaste en la observación, generoso te ofreciste para llevar a cabo el trabajo tú mismo: “yo me dedico a hacer esos trabajos, y si me permite con gusto lo hago como un servicio”, dijiste. Así nos conocimos y nació una amistad. 

    Al igual que Simón a veces sentimos que hemos trabajado toda la noche y que no vemos el fruto de nuestras fatigas, trabajamos y sentimos hablar a Dios. Y es hasta que nos interpela e invita a realizar una vez más el mismo trabajo, solo que bajo su inspiración y palabra, que la fatiga y actividad adquieren un nuevo sentido: nos lleva a la vida. La palabra griega que se utiliza para decir “pescador” (ζωγρῶν, zogrón, Lc 5, 10) proviene de un verbo griego (ζωγρέω, zōgreō) que significa “capturar vivo” o “atrapar para dar vida”. Libremente decidiste compartir las fatigas y trabajos de nuestra comunidad parroquial para ayudarnos en la tarea de anunciar la palabra de Jesucristo con tu testimonio de servicio y que hace fructificar nuestros esfuerzos; así como Santiago y Juan compartieron la comunión (koinonía) con Pedro en el servicio de sacar a los hermanos de un entorno peligroso para que tengan vida.

    Hoy estamos viviendo con tu pascua esta palabra del Apóstol que hoy ha sido proclamada: “ya que todo les pertenece a ustedes: Pablo, Apolo y Pedro, el mundo, la vida y la muerte, lo presente y lo futuro: todo es de ustedes; ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios”. Lorena, esposa de Martín; Mauricio y Paulina chiquillos de Martín, hermanos todos, no olvidemos esto: somos de Dios. 

    Martín, el Señor nos ha permitido compartir la oración en tu casa hace apenas pocos días: recibiste la Sagrada Comunión, la Unción y la indulgencia plenaria, sacramentos todos que dan vida. El Señor quiso también “pulirte, abrillantarte, limpiarte” mediante la experiencia de su cruz a través de la enfermedad; gracias por tu testimonio de fe, de paciencia y fortaleza. Hoy el piso de nuestro templo parroquial está brillante, radiante, pulido; queremos imaginar que con la luz de Cristo así brilla ahora para ti la entrada a la casa del Padre celestial, no temas; así como Pedro también nos reconocemos pecadores y es la misericordia del Padre que ahora te invita a subir a la barca y navegar en las profundidades de su amor inconmensurable. Dile al Señor Jesús que nos aliente en nuestra noche oscura y aparentemente poco fructífera, que dejándolo todo podamos siempre perseverar en su seguimiento.

    Gracias Martín, descansa en paz por la misericordia del Señor.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    Parroquia de la Sagrada Familia

    Santiago de Querétaro, Qro., 3 de septiembre de 2026

  • Crecer en el tiempo

    Crecer en el tiempo

    60 Aniversario de vida del Pbro. Lic. José Asunción Briones Barrientos

    Ez 16, 59-63; Is 12; Mt 19, 3-12

    Era un lunes 7 de septiembre de 1987: veinte seminaristas de Querétaro llegamos por la tarde al Seminario de Celaya en su etapa del Curso Introductorio Regional, entonces ubicado en la calle de Leandro Valle, en casa anexa al Templo del Señor de la Piedad, cerca de la Iglesia de Santiaguito.

    Ya estaban esperándonos más de 20 compañeros de la Diócesis de Celaya y otros tantos de la Diócesis de San Luis Potosí. Ese año también había un compañero de la Diócesis Tacámbaro, Mich., y uno de la Diócesis de Ciudad Valles, SLP. Éramos 83 en total, me parece.

    La casa era pequeña: sólo una cancha de básquetbol y un espacio pequeño para fútbol. Era mi primer año en el Seminario, yo venía de una experiencia de dos años de trabajo, de bastante libertad y responsabilidad; por lo que me sentía encerrado, a punto de asfixiarme. Una tarde, sentado en la puerta de la casa, salían dos compañeros en ropa deportiva, y me dijeron: “¿y tú que haces ahí? Vamos a correr”. Los seguí y empezamos a trotar; me dijeron sus nombres: José Asunción Briones y Alejandro Contretas. Así empezó una amistad entre el deporte, el estudio, la oración y la vocación. Han pasado casi 40 años, en los cuales depués hemos compartido el ministerio sacerdotal, la fraternidad vocacional, la responsabilidad en el ministerio… gracias Señor, gracias Padre Asunción. Fue casi al final de ese curso escolar cuando también conocimos al entonces Padre Fidencio López Plaza, hoy X Obispo de Querétaro, con quien el Padre Asunción compatió despues el trabajo en la misión, ambos como Vicarios de Pastoral. Gracias Sr. Obispo por su testimonio de fraternidad y paternidad.

    En el Evangelio de hoy el Señor Jesucristo nos recuerda el proyecto original de Dios sobre el ser humano: está hecho para vivir con los hermanos, en este caso prefiguraba la Alianza irrevocable que él realizaría con su sangre, en el proyecto de la unión del hombre y la mujer; por eso dirá San Pablo que la unión de lo divino y lo humano en Jesucristo es el Sacramento, del cual la unión del hombre y la mujer deberá ser una imitación (Cfr. Ef 5, 31-32). Esto mismo lo recuerda hoy el profeta.

    San Mateo utiliza para hablar del divorsio el verbo griego apoluo, que puede significar: (dejar) partir, despedir, divorciarse, perdonar, soltar, enviar, liberar, poner en libertad. Será el mismo verbo quer utiliza San Lucas cuando se refiere al anciano Simeón: Señor, puedes dejar ir en paz a tu siervo, dejar ir en libertad.

    La llamada del Señor a seguirlo en la vida sacerdotal es un don, un don al cual se responde en libertad para que sea verdadera respuesta; nunca se arrepiente Dios de ese don que da, pero requiere una respuesta libre de modo constante. El Papa León XIV nos dice en su reciente Encíclica Magnifica humanitas: “Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad” (n. 1). Cosas todoas que hoy le urgen a nuestra patria, patria amada y hoy tristemente huachicolera. Padre Asunción, hoy podemos ver con claridad que a tus 60 años de vida has dado forma a tu propio tiempo, a tu historia personal, familiar y eclesial; el Señor te ha hecho madurar lentamente como al fruto de la vid para que seas ofrenda constante. Y recuerda, como se dice en el deporte: “esto no se acaba hasta que se acaba”; inicias una etapa de tu vida llena de experiencia y sabiduría, de mayor paciencia y caridad, de más alegría, creatividad y esperanza, virtudes que te han caracterizado.

    En tu nombre llevas la misión que Dios te encomienda en esta época de violencia y crisis antropológica que nos ha tocado vivir: comprender y transmitir el misterio de la Santísima Virgen María llevada al cielo en cuerpo y alma, para recordarnos que no todo termina con la muerte, por terrible y horrenda que ésta sea.

    En 1950, apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, en un ambiente de devastación por todos los horrores que ésta implicó, y luego de que el ser humano contempló atónito lo que él mismo es capaz de hacer a su semejante, el Papa Pío XII haciendo uso de la infalibilidad que le es propia en razón de su oficio de Romano Pontífice declaró el dogma de la Asunción de la santísima Virgen. Es la única vez que un Papa ha esgrimido dicha potestad, y que se expresa en estas palabras: «El Romano Pontífice cuando habla ex cathedra, esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia» (DS 3074; NR454).

    En ese entonces y ahora a muchos les parecía algo que estaba fuera de lugar, pues viendo todos los horrores en la tierra se hablaba del cielo; ya que en efecto, en el texto de la proclamación se afirma: “La inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo, al terminar su vida mortal”.

    Estimado Padre José Asunción, oramos por ti para que tu nombre y tu vida sean la misma realidad: proclamación de las maravillas y grandezas del Señor, como hemos dicho con el Salmo: “Den gracias al Señor e invoquen su nombre, cuenten a los pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es sublime. Alaben al Señor por sus proezas, anúncienlas a toda la tierra. Griten jubilosos, habitantes de Sión, porque el Dios de Israel ha sido grande con nosotros”.

    En la tradición bizantina la fiesta de la Dormición de la Madre de Dios, como también se llama a la vigilia de la Asunción y que hoy celebramos, es el sello con que se cierra el año litúrgico, así como aquella de su Natividad es el inicio del mismo. El nacimiento y la glorificación de la Madre de Dios son en efecto también el inicio y el destino de toda la Iglesia, de la cual María es figura (typos). 

    Padre José Asunción, gracias por tu amistad y fraternidad, felicidades, que la Madre del Señor cuide y forje tu crecimiento en el tiempo.

    Fraternalmente:

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    Rancho Manzanos, Dolores Hidalgo, Gto., 14 de Agosto de 2026

  • Con «F» de Francisco

    Con «F» de Francisco

    Homilía en las Exequias de mi padre

    Jb 19, 23-27; Sal 129; Rm 8, 31-35. 37-39; Jn 14, 1-6

    9 de junio de 2020, en tiempos de pandemia

    Querido Padre del cielo, te presentamos a nuestro querido padre de la tierra: tu hijo Francisco; tú lo conoces pues de tus manos ha sido creado y por la sangre y trabajos de tu Hijo lo has redimido. Aquí está, tómalo es tuyo. Gracias por habernos llamado a existir a mí y a mis cinco hermanos a través de él y de mi madre, que fiel compañero te entrega; estamos ciertos en la fe de que hay fiesta y alegría entre tus ángeles, pues este tu hijo pecador se ha arrepentido (Cfr. Lc 15, 10) por pura misericordia tuya, “pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti” (cfr. Sal 143, 2). Me has dado la gracia de darle la sagrada absolución en nombre Tuyo y de la santa Iglesia; también recibió el Viático, alimento del camino. Le has dado la gracia de la indulgencia plenaria: ¡Gracias Señor!

     ¿Pero porqué te digo todo esto Señor, si tú lo sabes todo? (cfr. Jn 21, 17). Para cantar tus bendiciones y maravillas en la vida de mi padre (cfr. Sal 89, 2). Francisco se llama nuestro Papa, con “F” también empieza el mismo nombre de mi Padre que sus padres le dieron por haber nacido el 4 de octubre; y en este momento de su pascua me vienen a la mente otras palabras que empiezan con “F” y sintetizan de alguna manera la herencia que nos deja: Fe, fuerza, fiesta y fidelidad.

    Querido papá, quisiera recordar en tu nombre las maravillas que Dios ha hecho en ti y en nosotros. ¿recuerdas hace poco las palabras de nuestro Papa latinoamericano que tanto amor y comprensión tiene por los pobres, los obreros, por todos? Esas palabras que nos dio con motivo de la 54 Jornada Mundial de las comunicaciones sociales: “A través de su narración Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres, generadores de historia junto a Él”.

    El texto de Job que hemos escuchado contiene, dicen los estudiosos, uno de los textos más antiguos sobre la fe en la resurrección, y tú papá, lograste impregnar esa fe en nosotros; por eso, aunque llenos de dolor creemos firmemente que nuestro Defensor (Goel) está vivo y que un día tú y nosotros lo veremos y no otros; nuestros propios ojos lo contemplarán. Creemos que cuando despiertes contemplarás su rostro (Sal 17, 15). ¿Recuerdas que al cerrar los ojos papá, a este mundo, mi hermana Martha te estrechaba las manos, te dio las gracias y te pidió perdón en nombre de todos tus hijos? Despertarás en las manos traspasadas del Señor (Jn 20, 20.27), en ese momento sabrás (cfr. Jn 16, 23) que tus manos callosas por el trabajo también conservan esas huellas del sacrificio, ese que nos hizo crecer (cfr. Ef 3, 17-19). Gracias papá. Creo que hoy adquirió para mí un sentido profundamente nuevo el Salmo De profunidis. ¿Recuerdas cuando me llevabas a la Adoración nocturna y me despertabas a mí y a los compañeros —creo que casi siempre— para el turno de las 3 de la madrugada? Creo que es en ese turno donde aparece ese Salmo. Ahí aprovechábamos para saludar a mis abuelos, Pablo y Alfonso; gente también sencilla, de Eucaristía y de fiesta, de oración.

    Salías poco de casa pero nos guiaste para conocer muchos amigos. Ya ves que con eso de la pandemia no se puede salir mucho porque tiene sus riesgos. Pero muchos amigos han llamado y enviado mensajes para decir que oran por ti y por nosotros. Es grande la lista gracias a Dios: Ayer nuestro Obispo Administrador, Don Mario de Gasperín dejó oraciones y la intención de su Eucaristía de hoy por nosotros. Llamó Mons. Rogelio Cabrera, Arzobispo de Monterrey, quien fuera mi maestro y primer párroco. Temprano saludó Mons. Alonso Calzada, el Obispo de Tehuacan, dijo que saludara a mamá y a mis hermanos (cfr. 2 Co 13, 12). Quien fuera mi Rector del Seminario al momento de mi Ordenación, hoy Arzobispo de Tulancingo Mons. Domingo Díaz, envió mensaje diciendo que hoy ofrecerá la Misa por ti; han venido para acompañarnos Mons. Florencio Olvera, Obispo Emérito de Cuernavaca y el Padre Arturo Herrera, tu párroco (cfr. canon 530, 5º), los padres Wences Ferrusquía, Leo Ramírez y Fidencio Servín, hermanos entrañables; nuestro paisano padre Juanito Vega y el Vicario parroquial Reinaldo Prieto Mil. Muchos hermanos sacerdotes han comunicado que celebran hoy el sacrificio de la Alianza Nueva y te colocan junto al Cordero: de las parroquias de nuestra Diócesis de Querétaro; Elías de Jalapa, Erasmo de San Luis, Eduardo de Tijuana, Rodolfo desde Italia y muchos más. Oran por ti hermanos del Perpetuo Socorro: Pati y Cristi; de Nuestra Señora de la paz: Ceci, Cheli, Mario y tantos hermanos y hermanas. De Jesús de Nazareth Luci, Irene, Chefi; don Luis envió fruta y René trajo verduras. Los hermanos de Jurica dejaron muchas oraciones. Todos ellos representan a las comunidades por donde me acompañaste en mi Ministerio. En la distancia es también una fiesta. Llamaron los “Tomasos” desde Italia y Luis ora por ti en Madrid; algunos vecinos han pasado a casa para orar; perdón, pero con la sana distancia no es como de costumbre papá: hoy todo es más mesurado, sin el bullicio del pueblo. Te recuerdan con alegría, en un ambiente de fe, esa que nos llevó a compartir la vida y el trabajo con tanta gente, ante quienes era mi orgullo y alegría presentar a mis padres.

    Nos enseñaste el sentido de la fiesta, la gran fiesta del domingo y la Eucaristía como centro. ¿Recuerdas papá que siempre los domingos llevabas a tus seis hijos y a tu esposa a Misa de 7 de la mañana? En vacaciones te pedíamos ir a una misa más tarde y nos decías: “de la Misa no hay vacaciones”; y no accedías a ir más tarde. Después de Misa mamá nos llevaba para comprar los víveres al mercado y ella lucía orgullosa una de esas preciosas canastas que tú le hacías. Nos acostumbraste a vivir el domingo como un día especial y distinto, también en lo que se comía. Nos poníamos nuestros atuendos de “dominguear”, pues íbamos a Misa a la casa del Señor. Oye, en la madrugada que le preguntamos a mamá qué ropa llevarías, dijo sin pensarlo: el traje bonito, el de nuestro aniversario de 50 años de matrimonio; no es que tuvieras muchos trajes pues ya ves que no te atraían mucho, pero era el especial, así tenías que venir a Misa, a la casa del Señor. También la fiesta de la convivencia nos enseñaste: a todo mundo le gustaba el arroz que hacías, creo que mi hermano Pancho heredó tu sazón; cuando había visitas te gustaba compartir las frutas de tu huerto y muchas veces hacías una canasta en presencia de los invitados y ahí ponías las frutas que cortabas; muchos aún conservan las canastas. Hoy podemos decir por el sentido de fiesta Eucarística que nos enseñaste, como los antiguos mártires: no podemos vivir sin el domingo y sin la Eucaristía. 

    A veces cuando he sentido que mis pobres fuerzas no pueden más, te recuerdo querido papá, pasando jornadas inmensas de trabajo. Te levantabas de madrugada a trabajar y hoy sé que como dice Pablo: tenías en tu corazón la certeza de que nada puede apartarnos del amor de Dios. Eras muy fuerte papá, así te recuerdo de niño: levantabas pesos enormes y siempre fuiste constante en tus proyectos. Recuerdo que cuando nació Francisco dejaste de construir un muro que hacías y yo me preguntaba porqué. Lo entendí mucho después: tu proyecto principal éramos nosotros. Pasaste tribulaciones, angustias, necesidad; como Pablo, como todos. Pero hoy el Señor te llama a la victoria (cfr. 1 Jn 5, 4). Siempre que los médicos te preguntaban cómo estabas, decías sonriendo: bien. Cirenia y Juana pasaron también muchas horas en el hospital y siempre te vieron paciente. En el hospital creo que lo que más te cimbraba era la ausencia de mi madre (cfr. Mc 10, 8-10; Gn 2, 24). Guillermo te alegraba con la visita de tus nietas.

    Hoy al regresar a casa, como Tomás, nos preguntaremos cuál es el camino; y estaremos desconcertados. Querido papá, perdóname porque tal vez no supe acompañarte en esos caminos que transitaste solo, eran como cañadas oscuras. Pero el Buen Pastor levantó su cayado para protegerte (cfr. Sal 23, 4). Sí, él es fiel y guarda siempre su Alianza. Gracias papá por permanecer fiel hasta el final con mamá, quien algún día dijo que permanecía contigo contra viento y marea “porque no quiero que su alma se pierda”. 

    Gracias mamá, por permanecer fiel a papá.

    Aquí está mi tía Panchita, la mayor de los hermanos y ahora entregándote Señor, al último de sus seis hermanos. Ella ha sido para nosotros una segunda madre.

    Querido Padre del cielo, cada uno de mis hermanos podría y debe hacer la historia de las maravillas que nos has dado a cada uno a través de nuestro padre.

    Siempre llegamos a temer un día como este, y cuando se llega creo que no se sabe qué decir. Danos la dicha de estar nuevamente todos reunidos, en el banquete de la casa de tu Padre, Señor Jesucristo. Danos tu paz, llénanos de fe, fuerza, fidelidad para poder llegar a la fiesta del cielo.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    Barrio de la Magdalena, Tequisquiapan, Qro.

    México

  • Haec est victoria, fides nostra

    Haec est victoria, fides nostra

    Brindis por su XXX Aniversario Episcopal

    Estimado Mons., Don Rogelio Cabrera López

    Arzobispo de Monterrey

    Aún resuenan sus pasos por los corredores de esta casa, su casa por muchos años, nuestro Seminario. Y sus enseñanzas en Sagrada Escritura hacen eco en nuestro corazón. Quienes acudimos a sus clases disfrutamos de sus profundos conocimientos bíblicos, que hacían sentir viva la Escritura; la metodología en exégesis nos hacía comprender el tiempo en una lectura diacrónica y otra sincrónica que vale para ayer y para hoy: la Palabra está viva.

    Recuerdo esa mañana del 30 de abril de 1996. Al bajar al comedor le encontré dando vueltas por la sala y comedor, en cuento me vio y saludó me dijo, siéntate por favor; eres mi vicario y creo que tienes derecho en ser el primero en conocer la noticia: el Papa me ha nombrado Obispo de Tacámbaro. Casi al instante sonó el teléfono y toda a mañana fue de llamadas interminables de Obispos que le llamaban. También casi en el mismo momento apareció la noticia en televisión nacional.

    Un mes después, el 30 de mayo fue Usted consagrado como Obispo de Tacámbaro. Desde entonces hemos visto con alegría su caminar episcopal: luego Obispo de Tapachula, más tarde Obispo-Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez y ahora Arzobispo de Monterrey. Hemos sido testigos también de su servicio a la Iglesia de México como Presidente de la CEM, de la Iglesia Latinoamericana y ahora también de la Iglesia Universal como miembro del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral.

    Su cercanía y sencillez, así como sus acciones de bendecir, agradecer y servir le han llevado a ejercer su lema episcopal: Haec est victoria, fides nostra (Esta es la victoria, nuestra fe).

    Señor Obispo, Don Fidencio López Plaza, X Obispo de Querétaro; Sres. Obispos Auxiliares de Monterrey, hermanos sacerdotes, hermanos todos, les invito a levantar la copa en brindis fraterno, para pedir a Dios que a Mons. Rogelio y a todos nosotros, el Señor Resucitado nos conceda la victoria eterna en fidelidad a nuestra fe: 

    “¡Somos de Dios, embriáguenos su cáliz

    sea el Señor nuestra heredad querida!”

    ¡Salud!

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    En el solar vetusto.

    Seminario Diocesano de Querétaro

    1 de Junio de 2026

  • Comunidad de vida y amor: Santísima Trinidad

    Comunidad de vida y amor: Santísima Trinidad

                     Homilía Domingo de la Santísima Trinidad (Ex, 4-6.8-9; Dn 3; 2 Co 13, 11,13; Jn 3, 16-18)

    7 de Junio de 2020, en tiempos de pandemia

    Hoy llegamos aquí entre nosotros a los 80 días del “Quédate en casa”. Esta semana pudimos contemplar una esplendorosa luna, radiante, al ritmo del canto de los grillos. En ese silencio de madrugada anhelo contemplar las estrellas al lado de mi madre; anoche, mi padre en el hospital al cuidado de mi hermano.

    ¿Cuántas noches has pasado en vela en tiempos de pandemia? ¿Cómo han sido? En estos días, en el hospital la enfermera sintiendo miedo del contagio, viendo sufrir al otro; sintiendo presión en torno a los ojos por los lentes especiales, sin poder hidratarse por el traje, usando pañal por no poder ir al sanitario y pensando en la compañera contagiada. Y así muchos otros en su oficio.

    Tal vez en la noche has dado vueltas en la cama, pensando en el ser querido que se encuentra lejos; o en la economía, que no alcanza. Quizá orando para decir a los demás, y aún a Dios, lo que deben hacer. 

    También era de noche cuando Nicodemo, un “magistrado judío” (Jn 3,1), fue a ver a Jesús. Éste es el contexto del Evangelio que ha sido proclamado. Nicodemo, hombre culto e importante, versado en la ley del Señor, seguramente siguiendo la costumbre de varones piadosos como él, sabía que, como dice el Salmo 1: “¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta, mas se complace en la ley de Yahvéh, su ley susurra día y noche!» (Sal 1,1). Sí, no fue probablemente a escondidas al abrigo de la noche, sino para dialogar en torno a la ley y la conducta de Jesús, a quien llama Maestro. Le intriga y preocupa seguramente el comportamiento atrevido del Rabbí, pues con un halago le recuerda que “nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él” (Jn 3, 1). La  señal que Jesús ha realizado inmediatamente antes de este pasaje del encuentro buscado por Nicodemo, es la expulsión que Jesús hace de los vendedores en el Templo (Jn 2, 13-22). Ya antes, ahí, le habían dicho: “¿Qué señal nos muestras para obrar así?” (Jn 2, 18). Jesús dirá a sus interlocutores que derriben el Templo que en 46 años habían construido y que Él lo reconstruiría en 3 días. Jesús hablaba del Santuario de su cuerpo, dice el Evangelio (Jn 2, 21). Ésta es la gran novedad que Jesús nos anuncia: Dios está presente en Él y en cada cuerpo humano. ¿cómo pues entender y permitir que un hombre sea asfixiado por un grupo de policías  por ser de color1 o casos parecidos de abuso excesivo de la fuerza? El amor de Dios es incondicional, pleno, dice Jesús en el Evangelio. ¿Cuál es la señal de Dios? Que le entregó al mundo a su Hijo único para salvarlo. 

    “Como la luz penetra con sus propiedades visibles todas las cosas, de la misma manera se las traga la noche y amenaza con tragarnos a nosotros también. Lo que en ella se hunde es algo más que nada: continúa existiendo, pero indeterminado , invisible e informe como la noche misma o como una sombra, un fantasma y, por ello, como algo amenazador. En ella no sólo está amenazado exteriormente nuestro ser por peligros ocultos en la noche, sino también interiormente afectados por la noche misma. Nos priva del uso de los sentidos, impide nuestros movimientos, reduce nuestras fuerzas y nos arroja a la soledad convirtiéndonos a nosotros mismos en sombras y fantasmas. Es como un preludio de la muerte y todo esto no tiene solamente un significado vital sino también anímico y espiritual”2. Así se expresaba Santa Benedicta Teresa de la Cruz acerca de la noche cósmica; y agrega: “Frente a la noche oscura y espantosa está el embrujo de las noches de luna que la penetra con un suave y delicado resplandor. No se traga las cosas, sino que las deja brillar con aspecto nocturno. Todo lo duro, lo áspero y penetrante es moderado y suavizado y aparecen rasgos esenciales de las cosas que no se ven a la luz del día. Se escuchan también voces que el ruido del día amortigua y hace enmudecer. Mas no solo la noche iluminada tiene sus encantos sino que podemos igualmente encontrarlos en la noche oscura. Da fin a la prisa y al ajetreo del día y nos trae el descanso y la paz”3.

    La noche nos confina en nosotros mismos, a veces nos inmoviliza y tenemos miedo de movernos o abrir los ojos; un escalofrío recorre nuestra alma y nos preguntamos ¿porqué estoy aquí? ¿qué hago existiendo desamparado sitiado por el abandono y el desamor? Y llego a sentirme tal vez como dice el poeta: “Lleno de mí, sitiado en mi epidermis por un dios inasible que me ahoga, metido acaso por su radiante atmósfera de luces que oculta mi conciencia derramada, mis alas rotas en esquirlas de aire, mi torpe andar a tientas por el lodo”4.

    Sí, en este momento miro sin abrir los ojos y contemplo estos días en que cohetes espaciales llegan lejos en el macro cosmos5 y un ser del micro cosmos ha venido a trastocar las agendas de todos, también de los poderosos y nos obliga a dejar nuestras costumbres y abrir nuestra existencia a la “nueva normalidad”, esa que nos dice que nos guste o no, habitamos la misma casa común.

    El confinamiento duele, más cuando es forzado e, inmensamente más cuando son los de casa quienes lo provocan.

    Nos resistimos al cambio, a ese que Jesús propone: aceptar que Dios ama a todos sin condición; es difícil subir de madrugada al monte como Moisés para recibir el mensaje que Dios “es compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel”. Confinamos al otro incluso en nombre de Dios, en el seno de la Iglesia.

    Así le sucedió a Fran Juan de la Cruz, religioso carmelita, quien al iniciar la reforma del Carmelo junto con la madre Teresa de Ávila encontrará oposición de parte de los suyos; al grado que le meten a la cárcel en el convento de Toledo durante nueve meses, esto de manera injusta. «Alguien piensa que si no fue un puro “secuestro de persona” y una pura arbitrariedad frailuna, tuvo que haber actas de su proceso por “delito de rebelión”, tuvo que haber un decreto dado contra él, como conclusión de un proceso jurídico, formulado en función de las Constituciones de la Orden y decretos del Capítulo de 1575»6; cosa que no se conoce. 

    El sitio donde fue colocado “era como un hueco en una pared, poco más o menos como una sepultura, pero mucho más alto, sin luz; solo tenía un agujero del ancho de tres dedos que daba bien poca luz”7; sin que pudiese tratar (salvo el carcelero) con otra persona alguna de este mundo”8; tuvo consigo el libro de rezo, “el Breviario y acaso otro libro espiritual, que pudo ser La imitación de Cristo. No consta que tuviese la Biblia […] En todo este tiempo no le dieron ropa para que se cambiase”9.

    Dirá Santa Benedicta Teresa de la Cruz (en el mundo Edith Stein), que esta experiencia del futuro santo en la cárcel de Toledo será para él: “abandono de Dios y en medio de este abandono unión con el Crucificado”10; y que “ningún humano corazón ha penetrado jamás en una tan oscura noche como el Verbo Encarnado en Getsemaní y el Gólgota […] Pero Jesús  puede dar a gustar a las almas escogidas algo de esta extrema amargura. Son sus más fieles amigos a quienes exige la suprema prueba de amor”11.

    Ahí, en la oscuridad meridiana de su celda encontrará Juan de la Cruz en la poesía una vía de escape, de libertad. Ahí compondrá algunas de las piezas más excelsas de poesía y teología en nuestra lengua. Ahí en el confinamiento “fraternal”, “se entretenía con sus canciones y las guardaba en la memoria para escribirlas”12, como afirmará después él mismo.

    Ahí surgió el Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por la fe: 

    “… Su claridad nunca es oscurecida,

    y sé que toda luz de ella es venida,

    aunque es de noche…”.

    Después de haber encomendado al Señor su situación sintió en su alma un impulso grande de que se fuera de su prisión y estaba cierto que nuestro Señor le ayudaría. Y sí, “huirá durante la noche, una noche de luna muy clara”13.

    En su alma se mezcla la experiencia de noche cósmica y noche mística, que se verá expresada en el poema de la “Noche oscura”:

    1. En una noche oscura,

    con ansias en amores inflamada,

    ¡oh dichosa ventura!

    salí sin ser notada,

    estando ya mi casa sosegada.

    1. A oscuras y segura

    por la secreta escala disfrazada,

    ¡oh dichosa ventura!

    a oscuras y encelada,

    estando ya mi casa sosegada.

    1. En la noche dichosa

    en secreto, que nadie me veía,

    ni yo miraba cosa

    sin otra luz, ni guía,

    sino la que en el corazón ardía…

    Dirá San Juan en su Evangelio mas adelante: “Sin embargo, aun entre los magistrados, muchos creyeron en él; pero por los fariseos, no lo confesaban, para no ser excluidos de la sinagoga, porque prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Dios” (Jn 12, 42-43). Nicodemo creyó, creamos.

    Al misterio de la Santísima Trinidad se accede por invitación a una comunidad de vida y de amor: invitación a creer que “tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. 

    ¿Si Dios me ama así como soy, quién soy yo para descartar y pretender confinar al hermano?

    Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    Capilla de San Felipe de Jesús, Santiago de Querétaro.

    Querétaro, México, 7 de Junio de 2020

    1. El caso de George Floyd. ↩︎
    2. Stein, Edith; Ciencia de la cruz. Estudio sobre San Juan de la Cruz. Burgos 19942, pp. 48-49. ↩︎
    3. Ibídem, p. 49. ↩︎
    4. Gorostiza, José; Muerte sin fin y otros poemas. México 1983. p. 107. ↩︎
    5. El tema del cohete Falcon 9 con la nave Crew Dragon a bordo. ↩︎
    6. Rodríguez, José Vicente; San Juan de la Cruz. La biografía. Madrid 2015. p. 296.  ↩︎
    7. Ibídem, p. 306. ↩︎
    8. Ibídem, p. 307. ↩︎
    9. Ibídem, p. 307. ↩︎
    10. Stein, Edith; op. cit.. p. 34. ↩︎
    11. Ibídem, p. 33. ↩︎
    12. Rodríguez, José Vicente; op. cit. 311.  ↩︎
    13. Ibídem, p. 328. ↩︎
  • Efusión de vida nueva: Pentecostés

    Efusión de vida nueva: Pentecostés

           Homilía Domingo de Pentecostés (2, 1-11; Sal 103; 1 Cor 3-7. 12-13; Jn 20, 19-23)

    31 de Mayo 2020, en tiempos de pandemia

    (Misa celebrada sin la presencia de fieles en el Templo, transmitida por la Radio Top Music)

    Se cumplen hoy entre nosotros 73 días de la invitación al confinamiento en casa con motivo de la pandemia. Para muchos hoy será el último día, pues mañana regresarán oficialmente a su trabajo por ser considerado éste esencial.

    Era en su origen, judía,  como la fiesta que hoy celebramos. Pero el Espíritu que todo lo renueva la transformó. Ella se llamaba Edith Stein; la fiesta Savuot, en hebreo, conocida como fiesta de la siega (cfr. Ex 23, 16), de las primicias (Nm 28, 26), de las semanas (Dt 16, 10; Ex 34, 22) o conclusión1. Iniciaba un día después de Pascua y duraba cincuenta días. En sus inicios era una fiesta agrícola, más tarde llegó a celebrar también la entrega de la Ley que Dios hizo a Moisés y al pueblo.

    Edith nació un 12 de octubre de 1891 en Breslavia, en el Imperio alemán; era la fiesta del Yom Kippur, de las expiaciones. Fue la última de once hijos de una familia judía de fe profunda2. Pronto pierde cuatro hermanos y a su padre, entonces su madre se hace cargo de la familia. De viva inteligencia estudió primero psicología. Confiesa que de los 13 hasta los 21 años le era imposible creer en la existencia de un Dios personal. Se matricula después en filología germánica y en historia. Pero su mayor pasión será la filosofía, disciplina en la que obtiene un doctorado. Trabajó como asistente del famoso filósofo Edmund Husserl, fundador de la fenomenología. 

    Con motivo la Primera Guerra Mundial, en 1914, se ofrece como voluntaria en un Hospital (Mährish-Weisskirchen) epidémico, “y con gran caridad cuida de los soldados austriacos enfermos de tifus exantemático, disentería y cólera”3. Ella pues también vivió su pandemia y lo hizo en la primera línea de servicio. 

    Por influencia de Santa Teresa de Ávila, al leer su vida, empieza un camino de conversión al cristianismo, hasta que el 1º de Enero de 1922 recibe el santo bautismo en la Iglesia católica. Dedicará varios años a la docencia y a escribir con profundo éxito. Sin embargo después de varios años de tener la intención de entrar al convento de las Carmelitas descalzas y con el acompañamiento de varios directores espirituales, finalmente el 15 de octubre de 1933 entra en el Carmelo de Colonia-Lindenthal4 y toma el hábito el 15 de abril de 19345. Cambió su nombre, según la costumbre, por el de Teresa Benedicta de la Cruz. Para esta época ya había empezado la persecución antisemita de Hitler, por lo que en 1938 la situación es tan insoportable que tiene que abandonar Colonia para irse al Convento de Echt, en Holanda. Sin embargo el 2 de agosto de 1942, es arrestada de improviso por la Gestapo junto con su hermana Rosa, también convertida y también religiosa. Se dice que le escucharon decir a su hermana: “Ven, vayamos, por nuestro pueblo”. Fueron llevadas al campo de concentración de Westerbork, en Holanda. “Y Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de 987 judíos hacia Auschwitz. El 9 de agosto las dos hermanas murieron en las cámaras de gas de Auschwitz”6.

    Su confinamiento fue breve, tan solo de unos 7 días, y después alcanzó la libertad eterna. 

    En la vida de esta filósofa buscadora de la verdad podemos descubrir cómo Dios le va haciendo recorrer un largo camino hasta llegar al momento de la cosecha, de Pentecostés, que hoy celebramos; su propio pentecostés, y de cuya cosecha seguimos disfrutando los frutos.

    En su bautismo, una de sus mejores amigas, la filósofa evangélica Eduvigis Conrad-Martius, será su madrina con licencia del Obispo. A su madre le causó un gran dolor ver a su hija hacerse católica, sin embargo respetó y aceptó su decisión. Mantuvo amistad con muchos judíos y con filósofos ateos después de su conversión. En ella brilla el don de poder ser ecuménica, de permanecer en la unidad por el amor, más que por la forma de pensar; eso es tener el Espíritu de Pentecostés. El Espíritu Santo es invocado en la Eucaristía en dos momentos, llamados epíclesis. El primero para pedirle que venga y transforme el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El segundo momento es para pedirle que a todos los que compartimos el mismo pan y el mismo vino podamos estar unidos; es decir, el mismo Espíritu que crea la diversidad al repartir distintos dones, es el mismo que mantiene unida a la Iglesia en su diversidad.

    Cuando el Espíritu irrumpe en el interior de una persona, la transforma totalmente, le muestra otros caminos, otros estilos de vida. Edith Stein renuncia a toda una carrera profesional en el mundo de la academia después de haber conseguido lo que pocas mujeres en esa época.

    En una conferencia dice, casi de modo profético: “Por eso hay que ver en la mujer un símbolo de la Iglesia. Eva, que nace del costado de Adán, es un símbolo de la nueva Eva —por tal entendemos a María, pero también a la Iglesia entera— que nace del costado abierto del nuevo  Adán. La mujer ligada por un matrimonio auténticamente  cristiano, es decir, por una unidad de vida y de amor indisoluble con su esposo, representa a la Iglesia, esposa de Cristo. Esta personificación de la Iglesia es más íntima y perfecta en la mujer que, cual sponsa Christi (esposa de Cristo), ha consagrado su vida al Señor y se ha unido con Él con un vínculo indisoluble. Ella está a su lado como la Iglesia, como la Madre de Dios, que es el prototipo y célula germinal de la Iglesia cual colaboradora en la obra de redención. El don total de su ser y de toda su vida, le hace vivir con Cristo y colaborar con Él; lo cual significa también sufrir con Él y morir esa muerte de la que surge la vida de gracia para la humanidad. Y así la vida de la esposa de Dios se enriquece con la maternidad espiritual sobre toda la humanidad redimida; y no existe diferencia si ella trabaja directamente entre las personas o si ella con el sacrificio trae frutos de gracia, que ni ella ni ningún otro ser humano tiene conocimiento”7. Ella va a permanecer al lado de su Esposo, el Señor Jesucristo, en el momento de la cruz. 

    Sor Benedicta Teresa de la Cruz fue beatificada por Juan Pablo II el 1 de mayo de 1987 en Colonia y canonizada por Él mismo el Domingo 11 de octubre de 1998 en la Plaza de San Pedro en Roma.

    En estos tiempos de pandemia, miedo e incertidumbre, dejemos que el viento del Espíritu se lleve nuestros miedos y estemos abiertos para seguir los nuevos caminos que nos indique, con valor. 

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    Capilla San Felipe de Jesús

    Santiago de Querétaro; Qro. México, 31 de Mayo 2020

    1. Avril, Anne-Catherine; Las fiestas judías. Navarra 20012, pp. 37-46. ↩︎
    2. A Matre Dei, Theresia; Edith Stein. En busca de Dios. Navarra 19944. p. 15. ↩︎
    3. Ibidem, p. 54. ↩︎
    4. Esparza, Michel; El pensamiento de Edith Stein. Pamplona 1998. p. 56.  ↩︎
    5. A Matre Dei, Theresia; Edith Stein. En busca de Dios. Navarra 1994, p. 118. ↩︎
    6. Esparza, Michel; El pensamiento de Edith Stein. Pamplona 1998. p. 59. ↩︎
    7. Stein, Edith. La mujer. Su naturaleza y misión. Burgos 1998. Pp. 274-275. ↩︎
  • El sacerdocio de la Nueva Alianza, el de Jesucristo

    El sacerdocio de la Nueva Alianza, el de Jesucristo

    JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE, fiesta

    Homilía

    Is 52, 13-53, 12; Sal 39; Lc 22, 14-20

    1. Mis recuerdos de esta casa.

    Fue un lunes 7 de septiembre de 1987 cuando mis padres me trajeron a esta casa, nuestra querida Alma Mater. Aquí pasé siete años de mi juventud como seminarista, después 2 más ya como presbítero (2001-2003): en ese entonces yo era vice Rector del Templo de Santa Rosa de Viterbo, siendo el Rector Mons. Salvador Espinosa Medina (que de Dios Goce), a la sazón Vicario General de la Diócesis. Ese lunes mis padres me dieron la bendición en la que era la Capilla del Seminario Menor, ante la Virgen de Guadalupe que está ahora en el nuevo edificio del Menor.

    Aquí recibí la Ordenación de Diácono un 2 de marzo de 1995 y la de Presbítero un 23 de noviembre del mismo año. Dos meses después de mi ordenación presbiteral, en enero de 1996, fui invitado a impartir clases, de Pentateuco; mismas que había impartido el Padre Rogelio Cabrera López por muchos años, quien era Párroco en nuestra Señora del Perpetuo Socorro y yo era ahí también, Vicario Parroquial. Él fue mi padrino de ordenación sacerdotal. Ahora sé que él, sabiendo seguramente que sería nombrado Obispo y ya no estaría más, pero no pudiendo decirlo, previó que su clase no se quedara vacante. Fue el 30 de abril de ese 1996 que se dio a conocer que Don Rogelio era nombrado Obispo electo de Tacámbaro; un mes después, el 30 de mayo era consagrado Obispo en Tacámbaro, pasado mañana cumplirá 30 años de Consagración episcopal; oremos a Dios por él.

    De 1996 a 1998 fui enviado a estudiar la Licenciatura en Derecho Canónico a la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma. A mi regreso Don Mario de Gasperín, nuestro VIII Obispo de Querétaro me encomendó dar clases: Filosofía del Derecho, Derecho Canónico Fundamental, Derecho Sacramental, Teología del Matrimonio, Teología de la Eucaristía; así hasta 2015. He regresado en 2024 para compartir ahora Cristología y Eclesiología, tengo también una Licenciatura en Teología reconocida por la SEP y una Maestría en Bioética. 

    Del 26 de Junio de 2003 hasta el 27 de abril de 2015 se me encomendó también ser el Coordinador del Área de Formación Intelectual de la Comisión del Clero en nuestra Diócesis. 

    Estos son algunos de los caminos por donde el Espíritu Santo a través de mis superiores me ha conducido, y lo digo porque cuando era seminarista nunca lo imaginé; lo digo también porque todo esto tiene que ver con este “solar vetusto, que amante alberga vuestra edad florida, y sus blasones celebrad con gozo, ¡jóvenes píos!”, como canta nuestro poeta.

    Gracias a mis alumnos del grupo de 4º de Teología (Mata Licea, Carlos Alberto; Molina Telles, Eric Leonardo; Olvera Robles, Francisco Javier; Sánchez León, David) por la invitación que me han hecho para compartir esta Eucaristía; gracias al Equipo formador, de manera especial al Padre Rector, Lic. Saúl Ragoitia Vega; gracias a nuestro Obispo Mons. Fidencio López Plaza.  Gracias porque una verdadera y sana formación nos hará siempre decir: “Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con Ustedes” (Lc 22, 14).

    1. La liturgia

    Después de habernos preparado 40 días (Cuaresma) hemos vivido la fiesta de la Pascua durante 50 días, terminando el Domingo pasado con la solemnidad de Pentecostés. 

    Sin embargo, el Leccionario II, nos señala celebrar: 

    1. Santa María Virgen, Madre de la Iglesia (Memoria) Lunes después de Pentecostés.
    2. Jesucristo, Sumo y eterno Sacerdote (Fiesta) Jueves después de Pentecostés.
    3. La Santísima Trinidad (Solemnidad) Domingo después de Pentecostés.
    4. El Cuerpo y la Sangre de Cristo (Solemnidad) Jueves después de la Santísima Trinidad.
    5. El Sagrado Corazón de Jesús (Solemnidad) Viernes siguiente al II Domingo después de Pentecostés.
    6. El Corazón Inmaculado de María (Memoria) Sábado siguiente al Segundo Domingo después de Pentecostés.

    Es decir, hay como una prolongación del misterio pascual en estas celebraciones, pues la rúbrica hace referencia directa a Pentecostés, es decir, una vez nacida la Iglesia. La razón y la fe buscan plenitud: recordemos la máxima “Fides quaerens intellectum” (“la fe que busca entender”). Ya decía Henri de Lubac: la fe es “algo sencillo (incomplejo), a saber, la cosa que es una, es decir, Dios”; él afirma también que hay «“una unidad objetiva” […] “unidad interna” que caracteriza las relaciones mutuas entre las verdades particulares»1 que creemos.

    La etapa del Seminario me parece que está enfocada a que logremos una unidad interior en las dimensiones humana, intelectual, pastoral y espiritual, como ustedes ya bien saben. Una unidad de vida como camino performativo de fe.

    Hoy celebramos la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Recordemos que Jesucristo en el contexto de la fe de su pueblo no pertenecía a la tribu sacerdotal de Leví; sino a la de Judá (como David), es decir, era en ese sentido un laico.

    ¿Por qué decimos que Jesús fue sacrificado en el altar de la cruz? Morir en la cruz por obra de los romanos no era en sí un sacrificio en sentido sagrado propiamente dicho, los soldados romanos no eran sacerdotes. Algunos de los profetas criticaron el culto mal entendido en el pueblo de Jesús; hay quienes afirman que Jesús no quería el culto sacerdotal del templo, pero nada más falso. Él acudía, dice el Evangelio cada año a la fiesta de Pascua junto con sus padres (cfr. Lc 2, 41-42). Cuando pide que destruyan el Templo y que él lo reconstruirá en tres días, dice el evangelio que hablaba del templo de su cuerpo (cfr. Jn 2, 19-21).

    El Señor Jesús dará el sentido pleno al sacerdocio del Antiguo Testamento: el rito sin la coherencia de la vida se vuelvo vacuo, insípido; no es el rito en sí mismo lo que salva, sino la ofrenda de la propia vida por amor que hace Jesús. Son su vida y muerte lo que fundamentan el rito. Es el llamado por algunos “quinto evangelio”, el texto de Isaías que ha sido proclamado en la primera lectura, que se cumple en Jesucristo y funda una Alianza Nueva (Lc 22, 20) y eterna, y al mismo tiempo constituye un nuevo sacerdocio. Es este acontecimiento del Hijo de Dios en la cruz que funda un memorial (Lc 22, 19) salvífico que la Iglesia está llamada a celebrar hasta que Él vuelva.

    Toda la primera lectura encierra el sentido del nuevo sacerdocio: transforma un acto de crueldad y barbarie en un acto de entrega amorosa y libre.

    Decía el Cardenal Joseph Ratzinger en la homilía “Pro eligendo pontifice” del 18 de abril de 2025: “A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse «llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos”.

    Por eso jóvenes píos, el Seminario es tiempo de vaciarse de uno mismo, para dejarse llenar de Dios. Ya lo decía el santo místico y presbítero San Juan de la Cruz, en su poema “Suma de la perfección”:

    Olvido de lo criado,

    memoria del Criador,

    atención a lo interior,

    y estarse amando al Amado.

    Dice hoy el prefacio:

    En efecto, Cristo no sólo confiere

    La dignidad del sacerdocio real

    A todo su pueblo santo,

    Sino que, con especial predilección

    Elige a algunos de entre los hermanos, 

    y mediante la imposición de las manos,

    los hace partícipes de su ministerio de salvación,

    a fin de que renueven, en su nombre,

    el sacrificio redentor,

    preparen para tus hijos el banquete pascual,

    fomenten la caridad en tu pueblo santo,

    lo alimenten con la palabra,

    lo fortifiquen con los sacramentos

    y, consagrando su vida a ti

    y a la salvación de sus hermanos,

    se esfuercen por reproducir en sí mismos la imagen de Cristo

    y te den un constante testimonio de fidelidad y de amor.

    Estimados jóvenes, el ideal sacerdotal lo tenemos expresado en la lectura del profeta Isaías, el sacerdocio no debe ser un modus vivendi de comodidad y privilegios mundanos, sino un camino para arriesgar vida y palabras por el Reino de los cielos. Según la tradición, San Juan Nepomuceno, patrón de los de 4º de teología, murió en parte por no revelar el sigilo sacramental; a veces hay que callar, pero ese silencio debe ser también un grito que anuncia la llegada de la Buena Nueva.

    Gracias por la fraternidad y la Eucaristía. Recen por mí que yo también por Ustedes rezo.

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    Seminario Diocesano de Querétaro

    Hércules, Qro. México,

    28 de Mayo de 2026

    1. Morali, Ilaria; Henri de Lubac. Madrid 2006, p. 20.
      ↩︎