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  • Estar en pie

    Estar en pie

    Homilía en la Misa de Acción de gracias a Dios

    Por los 80 años de vida de mi madre Jacoba

    Dn 7, 15-27; Dn 3,82-87; Lc 34-36

    Querida mamá, hoy nos hemos reunido con motivo de tu cumpleaños número 80, para con el salmista decir a Dios: “¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!” Y sí, grandes y numerosas son las bendiciones que el Señor nos ha dado. Cuando te casaste con mi padre tenías 20 años y al nacer yo, el primero de tus seis hijos (Filiberto, Cirenia, Juana, Guillermo, Martha, Francisco), alcanzabas los 21 años. 

    Cinco días después de mi nacimiento me llevaron a bautizar y tú no asististe, pues estabas enferma, en la cama como precio de haberme dado a luz ¡gracias, mamá por tu sacrificio que da vida! Pero en su misericordia el Señor te puso en pie y nos has bautizado a toda tu familia con un bautismo de amor: sí, nos has sumergido (bautizado) en el amor de Dios con tu propio amor y vida, toda tu existencia ha sido un don, una entrega sin límites para nosotros. El Señor nos hado vida y hoy le agradecemos; si sumamos los años de vida de mi padre, los de tus hijos y nietas junto a los tuyos, no son 80, son ¡529 años! Todos estos años los has vivido tú, de pie, por la bondad de Dios.

    Recuerdo cuando éramos pequeños y hacía frío y llovía, junto con mi padre no permitían que saliéramos y atravesáramos el patio para ir a comer, nos llevaban amorosos el alimento hasta la cama para evitarnos las inclemencias del tiempo; acudías rauda al grito que hacíamos de: ¡mamaaá! Años después, por la tarde noche, me tomabas de la mano para que te acompañara al centro del pueblo para vender las canastas que mi padre había hecho durante la jornada; “íbamos al día” como se dice, así nos enseñaste la fidelidad de Dios y su providencia: entendí con los años lo que significa “danos hoy el pan de cada día”. Cuando íbamos al centro en días lluviosos y llenos de viento, al atravesar esa calzada de chopos que eran enormes, a veces crujían las ramas y caían haciendo un estruendo estremecedor; parecía que caerían sobre nosotros. En ocasiones se iba la luz y quedaba todo obscuro, sólo nos alumbraba la chispa efímera de un relámpago; me apretabas la mano y acelerábamos el paso; murmurabas oraciones. Luego entendí lo que el santo místico expresó diciendo que a veces en la vida se camina “sin otra luz y guía, sino la que en el corazón ardía” (“Noche oscura del alma”, San Juan de la Cruz). Mientras tanto, en casa mi padre cuidaba de mis hermanos y les narraba cuentos que él inventaba. Con tu amor y tus pasos me preparabas para las oscuridades de la vida, cuando es sólo la fe que nos mantiene en vela a través de la oración, como hoy nos pide el Evangelio. Así, cada uno de mis hermanos recibió de ti compañía amorosa, esperanza cierta, fe viva.

    Dice hoy el Evangelio que hay que estar en vigilantes y en oración para “mantenerse en pie ante el hijo del hombre”. La palabra griega que utiliza el Evangelio es “stathenai”, cuyo verbo principal es “histemi”, que puede significar ponerse de pie o estar de pie; ser establecido; mantenerse firme o mantenerse en su lugar; también presentar, ofrecer; con este significado aparece en Rm 12, 1: “Les exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcan sus cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será su culto espiritual”. Mamá: nunca nos han faltado tus exhortaciones y correcciones oportunas, también de manera firme y enérgica; gracias por todo ello.

    Este verbo de mantenerse firmes, lo utiliza Pablo cuando dice: “Con el auxilio de Dios hasta el presente me he mantenido firme dando testimonio a pequeños y grandes” (Hch 26, 22); también lo utiliza cuando dice a los Corintios: “Velen, manténganse firmes en la fe, sean hombres, sean fuertes” (1 Cor 16, 13); también es usado en Filipenses cuando afirma el Apóstol: “Lo que importa es que lleven una vida digna del Evangelio de Cristo, para que tanto si voy a verlos como si estoy ausente, oiga de ustedes que se mantienen firmes en un mismo espíritu y luchan acordes por la fe del Evangelio” (Fil 1, 27). Tu amor por todos y cada uno de tus hijos ha sido el mismo para todos, de ahí brota tu ejemplo para mantenernos siempre unidos, prueba de ello es este gran día que el Señor nos concede y en el cual cada uno ha presentado su ofrenda para que esta reunión y fiesta sea posible; gracias a todos y cada uno de los presentes, familiares y amigos. Y también a quienes no han podido asistir, son ustedes también fruto del amor de mi madre, gracias por caminar a nuestro lado.

    La historia continúa, en esta santa Eucaristía pedimos a Dios por todos, damos gracias a él por todos; por las innumerables bondades que han tenido para con mi familia a través de tantos años; le suplicamos al Señor que nos ayude a permanecer firmes en la verdad, pues el Apóstol Juan dice del diablo, con el mismo verbo que hemos venido citando: “éste era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él” (Jn 8, 44). Mamá, tu amor nos ha mostrado la verdad que hay en Dios, te has nutrido siempre de la Eucaristía y la oración; no lo dudes, hoy mi padre participa de nuestra alegría desde el cielo, pues creemos firmemente que la misericordia del Señor es eterna y todos nuestros seres queridos que ya no están en este mundo participan del banquete del Señor, mismo que un día será pleno. La imagen que siempre viene a mis recuerdos es la de mi padre trabajando, inventando artesanías, transformándolas en pan para llevar a nuestra mesa. Él no la conoció ni la leyó, pero tuvo las mismas intuiciones de Dorothy Day, cuando nuestro Papa León afirma de ella que “comprendió que el sueño para muchos era una pesadilla, que como cristiana debía involucrarse con los trabajadores, con los migrantes, con los descartados por una economía que mata. Escribía y servía: es importante unir la mente, el corazón y las manos” (Catequesis del Papa León XIV en la audiencia jubilar por el Jubileo de los Coros y Corales. 22 de noviembre de 2025). Nuestra familia es sencilla, de gente trabajadora; mi padre nos contó mil cuentos inventados por él, lástima que no los escribió pero grabó en nosotros la posibilidad de imaginar, soñar, trabajar, uniendo como él la mente, el corazón y las manos.

    Sin mi padre no te ha sido fácil la vida, pero te recuerdo lo que el santo místico nos dice también mientras caminamos en la noche oscura sin poder tomar la mano del ser amado: 

    “¡Oh noche, que guiaste!
    ¡Oh noche amable más que la alborada!
    ¡Oh noche que juntaste
    Amado con amada
    amada en el Amado transformada!” (San Juan de la Cruz).

    Mamá, sí, un día estaremos juntos todos transformados en el Amado, que vive y reina por los siglos de los siglos. ¡Felicidades en tu cumpleaños 80! Que Dios nos regale muchos años más contigo, nos tienes a todos, que el Señor nos mantenga siempre estando de pie.

    En el camino de nuestra familia la presencia de la Santísima Virgen María ha sido indispensable, (nací en la fiesta de María Reina, nuestra parroquia es Santa María de la Asunción y en su fiesta hice la Primera Comunión, etc.) por eso, recordando el Himno Akáthistos (Estando de pie), decimos con el ángel:

    “Salve, por ti resplandece la dicha;

    Salve, por ti se eclipsa la pena. 

    Salve, levantas a Adán, el caído;

    Salve, rescatas el llanto de Eva. 

    Salve, oh cima encumbrada a la mente del hombre; 

    Salve, abismo insondable a los ojos del ángel. 

    Salve, tú eres de veras el trono del Rey; 

    Salve, tú llevas en ti al que todo sostiene. 

    Salve, lucero que el Sol nos anuncia;

    Salve, regazo del Dios que se encarna. 

    Salve, por ti la creación se renueva;

    Salve, por ti el Creador nace niño. 

    Salve, ¡Virgen y Esposa!”

    Amén.

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    Capilla de la Magdalena,

    Tequisquiapan, Qro. México

    29 de Noviembre de 2025

  • Contemplar

    Contemplar

    Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

    2 Sam 5, 1-3; Sal 121; Col 1, 12-20; Pc 23, 35-43

    Estimados hermanos en Jesucristo:

    Si leyésemos el texto del Evangelio que hemos escuchado hoy directamente en todo su contexto, leeríamos que dice: “Y estaba el pueblo contemplándole (Theoron…) burlándose también los gobernantes (arjontes: que puede referirse a la autoridad de su tiempo: tanto militar, religiosa y civil)), diciendo: a otros salvó, sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo de Dios, el escogido…”.

    La palabra griega que se usa en el texto original es “theoron” que puede significar: ser espectador, contemplar, mirar; observar, ver con interés y atención, (Mt. 27, 55; 28, 1); contemplar mentalmente, considerar, (Hebreos 7, 4); ver, percibir, (Mc. 3,11); para llegar a un conocimiento de (Jn. 6, 40); que proviene del hebreo experimentar, sufrir (Jn. 8, 51 “muerte de ningún modo verá para siempre”).

    El Señor Jesús nos contempla desde la cruz, desde lo alto del sufrimiento; desde donde se ve con claridad los niños asesinados por “balas perdidas”, a los jóvenes reclutados para matar a sus propios hermanos, desde donde las madres buscadoras miran al horizonte intentando vislumbrar el rostro del hijo amado, desde donde se ven los limoneros talados y derribados por manos asesinas; también los jóvenes aplastados por las botas de “granaderos” que “no existen”. O como dirían nuestros obispos de México: “Queremos honrar hoy la memoria de los más de 200 mil mártires que entregaron sus vidas defendiendo su fe: Niños, jóvenes, ancianos; campesinos, obreros, profesionistas; sacerdotes, religiosos, laicos; el México heroico de los cristeros que dieron su vida por una causa sagrada, por la libertad de creer y de vivir según su fe, todos ellos escribieron una página luminosa en la historia de la Iglesia universal y de nuestra patria” (Mensaje al Pueblo de Dios en México, CXIX Asamblea Plenaria del 10 – 14 de noviembre de 2025, n 2)); esto al recordar la entrada en vigor de la llamada “Ley Calles” que desató la persecusión religiosa en 1926, apenas unos unos meses depués de la proclamación de la Solemnidad de Cristo Rey y que suscitó el levantamiento armado conocido como la “Resistencia cristera” en 1927. 

    Fue el 11 de diciembre de 1925 que el Papa Pío XI declaraba con la Carta Encíclia “Quas primas” que “se debe honrar con fiesta propia y especial a Cristo como Rey de todo el género humano”.

    Al contemplar la historia vemos cómo los imperios se van sucediendo: Babilonia, Persia, Alejandro Magno, los Romanos, etc., una ideología tras otra , todas pretendiendo ser casi divinas; todas tratando de imponerse finalmente por la fuerza. En el fondo está la misma tentación que el demonio ofrece a Jesucristo: “sálvate a ti mismo”. ¿Acaso no es el egoísmo y el deseo desordenado de poseer lo que lleva a tanta violencia y al espectáculo (“theoron”) de tanta muerte? El deseo de poseer el bastón de mando con el que se golpea al hermano es reprimido por las manos de Cristo clavadas en la cruz, Dios no golpea.

    Cuando uno de los malechores crucificados con Jesús le dice “Señor, cuando llegues a tu reino, acuérdate de mí”, Jesús le contesta: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Ese “hoy” aparece también en el Evangelio cuando dicen los ángeles “hoy les ha nacido un Salvador” (Lc 2, 11); también dice Jesús en la sinagoga: “Hoy se cumple este pasaje de la Escritura que acaban de oir” (Lc 4, 21); cuando Jesús cura a un paralítico la gente dice “Hoy hemos visto maravillas” (Lc 5, 26); a Zaqueo le dice “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Lc 19, 9).

    Queridos hermanos, hoy cumplo 30 años de haber recibido el regalo de ser sacerdote, un don que me sobrepasa. En estos 30 años he sido testigo del amor de Dios, compartiendo la bondad de tantos hermanos en sus penas y alegrías: bautizos, confirmaciones, primeras comuniones, confesiones, unción de los enfermos, matrimonios, recibiendo hermanos en el sacerdocio, sepultando a nuestros seres queridos, etc. Gracias por su misericordia para conmigo. Pido perdón por mi falta de amor cuando mi debilidad, cansancio y errores no me han permitido estar a la altura de sus espectativas y he dado mal testimonio; soy tan humano como ustedes. Un día inicié este camino en busca de fraternidad y ustedes me la han mostrado.

    Gracias a Mons. Mario de Gasperín Gasperín de cuyas manos recibí la Sagrada Ordenación; gracias a Mons. Fidencio López Plaza nuestro actual padre y Pastor, X Obispo de Querétaro. Gracias a mi familia que me ha acompañado incondicionalmete, de manera especial a mi madre aquí presente que con sus casi ochenta años me sigue cuidando. A mi padre que ahora me guía desde el cielo; a las comunidades donde he trabajado, a todos quienes han compartido su pan conmigo. A mis alumnos en quienes he tratado por más de 20 años de impregnar el entuciasmo por comprender nuestra fe; a mis párrocos y vicarios, a mis hermanos sacerdotes con quien hemos trabajado en el servicio de los hermanos; al equipo con quienes servimos cada día en la parroquia creyendo que “Cristo es la imagen de Dios invisible, el primogénito de toda la creación”.

    Gracias a los niños que son testimonio de futuro y esperanza; a los enfermos que con su cruz me purifican y alientan.

    Nuestra generación de estudios cuando entré al Seminario estuvo conformada por 20 alumnos, de los cuales fuimos Ordenamos 8; otros dos un año despues, y de los cuales dos ya murieron (Francisco Estrella y Juan Marcos Granados), Dios les conceda verlo cara a cara. Gracias por su fraternidad. Nos Ordenaron bajo el patrocino del Beato Miguel Agustín Pro SJ, martir cristero; pedimos que el Estado pida perdón por todos los mártires cristeros y por todos los desaparecidos de los últimos años.

    El día de ayer cumplí cuatro años de estar en medio de Ustedes como párroco, gracias por el caminar juntos, por su sinodalidad.

    Oremos por nuestras familias. En momentos difíciles de nuestra patria que hoy vivimos la Santísima Virgen de Guadalupe nos recuerda: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?” Por eso les invito a decir llenos de esperanza con todo nuestro corazón: ¡Viva María de Guadalupe! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    23 de Noviembre de 2025

    Parroquia de la Sagrada Familia

    Jardines de la Hacienda, Santiago de Querétaro. México.

  • Si se mantienen firmes conseguirán la vida

    Si se mantienen firmes conseguirán la vida

    Daniel 5, 1-6. 13-14. 16-17. 23-28; Daniel 3, 62. 63. 64. 65. 66. 67; Lc 21, 12-19

    Fue un 23 de noviembre de 1995 cuando Usted, Señor Obispo Mario de Gasperín Gasperín, siendo el VIII Obispo de Querétaro, impuso las manos a ocho jóvenes diáconos llenos de sueños y esperanzas para servir al pueblo de Dios como presbíteros de la Santa Iglesia Católica, bajo el patrocinio del Beato Miguel Agustín Pro SJ, mártir cristero. Ahora, 30 años después, dos de ellos, Francisco Estrella y Juan Marcos Granados, han sido llamados a la casa del Padre. Descansen en paz.

    Hoy el primer sentimiento que de mí brota es de gratitud: a Dios por tan inmenso e inmerecido don del Sacramento del Orden, una vía para buscar la fraternidad negada por Caín a su hermano Abel.

    Gracias a Usted por su generosidad constante en acompañarnos en nuestro ministerio, pues nunca me faltó ni corrección oportuna ni palabra luminosa en el seguimiento del Señor; gracias por su paciencia; por su ejemplo de búsqueda de la relación entre Palabra y realidad, por sus constantes escritos que nos guían y nos desafían. Gracias por enseñarnos que como dijo el filósofo, “las palabras son como hijas del alma” y en ese sentido hay que hacerse cargo de ellas: tenemos el testimonio suyo de haber sido procesado civilmente por anunciar el Evangelio. Sí, fue en tiempos de quien en su momento empuñó un crucifijo y visitó la Basílica de Guadalupe al inicio de su mandato; hoy también portan en su ropa la sagrada imagen de la Virgen de Guadalupe como enseña electorera aunque no crean el Ella. 

    Su actitud de anunciar la verdad completa del Evangelio a cualquier precio nos recuerda la actitud de Daniel ante el Rey Baltasar: “Puedes quedarte con tus regalos y darle a otro tus obsequios. Yo te voy a leer esas palabras y te las voy a interpretar”. Nos enseñó que no hay recetas para la vida, sino un constante discernimiento evangélico. Recuerdo que un día en que fui a pedir su sabio consejo porque me habían pedido que no escribiera, su rostro se llenó de santa indignación y me dijo enfático y con prontitud, sin titubeos: “La Palabra de Dios no está encadenada” (2 Tim 2, 9). Era una invitación a la “paciencia”.

    Hoy el texto del Evangelio que hemos escuchado utiliza el sustantivo “hypomoné” que se traduce aquí como “mantenerse firmes”. Puede significar también: “aguante, enteresa, paciencia”. Mientras que el verbo “hypoméno” puede ser traducido como “ser paciente, perseverar”. Ya Homero lo usó con el sentido de rezagarse, quedarse, y no retirarse, quedar con vida, perseverar, mantenerse firme; también como “esperar, aguantar”.

    A partir de Platón el sustantivo adquiere un sentido de “entereza, aguante, constancia firme y aguerrida”. Tiene ya un carácter valorativo; “para los griegos, el hombre libre es el que sabe sobrellevar las cargas, dificultades y peligros de la existencia sin necesidad de esperar ninguna recompensa material o moral sino únicamente por su propio honor”1.

    Afirma Pablo que una característica del Apóstol es la “paciencia perfecta en los sufrimientos” (2 Cor 12, 12). La fuerza y el soporte de toda paciencia y perseverancia es la esperanza; esperanza de que el Señor cumplirá su Alianza, de que el Señor volverá, tiene un acento marcadamente escatológico, pues soportar sin esperanza es como si Cristo no hubiera resucitado. El aguantar puede suponer el martirio, no solo en el sentido de dar testimonio sino también el testimonio supremo: “Los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí”. Gracias Don Mario porque hemos visto su testimonio. Gracias por haberme enviado a estudiar a Roma, el contacto con el lugar del martirio de los Santos Apóstoles y la experiencia de una Iglesia Universal, siempre serán en mi vida fuente de paciencia. Gracias por los años en que me encomendó el coordinar la formación intelectual de nuestro presbiterio: ahí conocimos muchas personas y testigos de la paciencia. Gracias porque al soñar con una institución como el CISAV encendía un faro de luz que ha cumplido ya 17 años irradiando palabras de paciencia y parresía.

    Gracias a mi familia que me inculcó con sencillez una paciencia valiente que brota de la prudencia más que de la temeridad. Gracias a mis hermanos sacerdotes, de manera especial a los de mi pequeña comunidad, en ellos he encontrado esa fuerza que sólo la fraternidad reconciliada puede dar. 

    Gracias a Mons. Fidencio López Plaza, X Obispo de Querétaro, por permitirme caminar con esta formidable comunidad del CIVAV, y que me han acogido con paciencia; a ellos quiero recordar las palabras recientes del Papa León XIV en su catequesis del 22 de noviembre del presente, tal vez puedan ser como un criterio hermenéutico de su labor y que tiene que ver con la espera:

    “Jesús vino a traer fuego: el fuego del amor de Dios a la tierra y el fuego del deseo en nuestros corazones. En cierto modo, Jesús nos quita la paz, si pensamos en la paz como una calma inerte. Pero esa no es la verdadera paz. A veces nos gustaría que nos “dejaran en paz”: que nadie nos molestara, que los demás dejaran de existir. Esa no es la paz de Dios.

    La paz que Jesús trae es como un fuego y nos exige mucho. Nos pide, sobre todo, que tomemos partido. Ante las injusticias, las desigualdades, donde se pisotea la dignidad humana, donde se silencia a los más débiles: tomar partido. Esperar es tomar partido. Esperar es comprender en el corazón y demostrar con hechos que las cosas no deben seguir como antes. También este es el fuego bueno del Evangelio. 

    Me gustaría recordar a una pequeña gran mujer estadounidense, Dorothy Day, que vivió en el siglo pasado. Tenía fuego dentro. Dorothy Day tomó posición. Vio que el modelo de desarrollo de su país no creaba las mismas oportunidades para todos, comprendió que el sueño para muchos era una pesadilla, que como cristiana debía involucrarse con los trabajadores, con los migrantes, con los descartados por una economía que mata. Escribía y servía: es importante unir la mente, el corazón y las manos. Esto es tomar partido. Escribía como periodista, es decir, pensaba y hacía pensar. Escribir es importante. Y también leer, hoy más que nunca.

    Y luego Dorothy servía comidas, daba ropa, se vestía y comía como aquellos a quienes servía: unía la mente, el corazón y las manos. De esta manera, esperar es tomar partido”.

    Sí, una labor imprescindible de nuestra amada institución es el pensar y hacer pensar, leer y escribir la historia del amor de Dios por todas las personas a pesar de que podamos llegar a negar la fraternidad, Él nunca nos niega su paternidad amorosa.

    Gracias a todas las personas con quienes hemos compartido el pan, las penas y alegrías, la palabra y la espera. 

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    En la Sede del CISAV

    Santiago de Querétaro, Qro. 26 de Noviembre de 2025

    1. Coenen, Lothar – Beyreuther, Erich – Bietenhard, Hans; Diccionario Teológico del Nuevo Testamento Vol. III. Voz: Paciencia (hypoméno). ↩︎

  • Bravo y Manzo

    Bravo y Manzo

    Los dos terminaron ejecutados de vil manera. Bernardo Bravo Manríquez, empresario productor de limones y líder de limoneros, era el Presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán y voz de los mismos. Este lamentable hecho sucedió el lunes 20 de octubre del presente año, hace apenas unos días. Denunció la presencia de una red de extorsionadores que operaban en su rumbo, llegaron incluso a cortarles o derribarles las plantas de limón para presionarlos y amenazarlos.

    El sábado 1° de noviembre, sí, hace apenas 4 días fue ejecutado públicamente en medio del Festival de las velas, frente a su familia el presidente Municipal de Uruapan: Carlos Alberto Manzo Rodríguez; ambos en el Estado de Michoacán. Había llegado a la Alcaldía a través de una candidatura independiente, antes había sido Diputado Federal por Morena.

    ¿Dónde está esa tierra Purépecha que vio la obra de Tata Vasco? Algunos ven en la gran obra de Vasco de Quiroga un intento de llevar a la realidad la obra Utopía de Tomás Moro: proyecto que buscaba evitar la explotación de los indígenas, a través de la creación de talleres y oficios, mismos que hasta hoy en día conservan muchos pueblos, la madera, el cobre, la palma, etc. Con esto buscaba una buena organización social y económica. Hoy Michoacán (y no solo) parece más un Estado distópico, lo contrario de utópico. El domingo por la tarde fuimos testigos por las redes sociales de una manifestación en Morelia, la Capital del Estado; misma que terminó en la toma del Palacio de Gobierno y una brutal represión a los participantes, como en los viejos tiempos. Duele ver a la juventud bajo las botas de los granaderos.

    Recordemos que al hoy Santo Tomás Moro el poder irracional, distópico, le cortó la cabeza por negarse a firmar el Acta de supremacía, que reconocía el Rey Enrique VIII como jefe supremo de la Iglesia y desconocía al Papa.

    A Manzo le arrebataron la vida el día que celebra a Todos los Santos y Vísperas de Los Fieles Difuntos.

    Fue también un 1° de noviembre, pero de 1950, cuando el Papa Pío XII, con su Constitución Apostólica Munificentissimus Deus definía el dogma de la Asunción con estas palabras:

    “Así, podemos esperar que quienes meditan en el glorioso ejemplo que María nos ofrece se convenzan cada vez más del valor de una vida humana dedicada por completo a cumplir la voluntad del Padre celestial y a traer el bien a los demás. Así, mientras las enseñanzas ilusorias del materialismo y la corrupción moral que se deriva de estas enseñanzas amenazan con extinguir la luz de la virtud y arruinar la vida de los hombres al fomentar la discordia entre ellos, de esta magnífica manera todos podrán ver con claridad a qué noble meta están destinados nuestros cuerpos y almas. Finalmente, esperamos que la creencia en la Asunción corporal de María al cielo fortalezca y haga más efectiva nuestra creencia en nuestra propia resurrección” (n. 42).

    “Por lo cual, después de haber elevado repetidas veces nuestras oraciones de súplica a Dios, e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios Todopoderoso, que prodigó su afecto especial a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de esa misma augusta Madre, y para gozo y exultación de toda la Iglesia; por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, y por nuestra propia autoridad, pronunciamos, declaramos y definimos como dogma divinamente revelado: que la Inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, habiendo completado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”. (n. 44).

    En un contexto de postguerra mundial y ante tantas atrocidades que la guerra provocó y que el mundo contempló, ante tanta muerte inútil y absurda (como hoy en México), el Papa nos invitava a levantar la vista al cielo, nos recordaba que Dios ha creado al ser humano para la virtud y las “enseñanzas ilusorias del materialismo y la corrupción moral” no pueden tener la última palabra.

    Al mismo, también en Roma un día como hoy 4 de noviembre de también de 1950, el Consejo de Europa daba forma jurídica a La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 con el documento “Convenio Para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales”.

    En su Artículo 2 leemos:

    “Derecho a la vida

    1. El derecho de toda persona a la vida está protegido por la ley.

    Nadie podrá ser privado de su vida intencionadamente, salvo en ejecución de una condena que imponga la pena capital dictada por un Tribunal al reo de un delito para el que la ley establece esa pena.

    2. La muerte no se considerará como infligida en infracción del presente artículo cuando se produzca como consecuencia de un recurso a la fuerza que sea absolutamente necesario:

    a) en defensa de una persona contra una agresión ilegítima;

    b) para detener a una persona conforme a derecho o para impedir la evasión de un preso o detenido legalmente ;

    c) para reprimir, de acuerdo con la ley, una revuelta o insurrección.”

    Tal vez el sustrato de dicho derecho a la vida parta del viejo adagio romano atribuido al jurista Ulpiano: “Iusticia est quique tribuere ius suum” (Dar a cada uno su derecho). Esto supone que las cosas están repartidas, y una que nadie nos otorga sino que la poseemos de modo intrínseco a nuestra misma existencia es la dignidad humana, que implica el derecho a la vida. Si este derecho no se respeta ¿cómo podrán respetarse los otros?

    El mismo día 1° de noviembre, día de la ejecución de Manzo, el Papa León XIV declaraba Dr. de la Iglesia a San John Henry Newman. En su obra “El sueño de Geroncio”, expresa:

    I

    GERONCIO

    ¡Jesús, María! Ya me acerco al tiempo

    Y en vuestras voces vivas lo conozco,
    no por el signo de este escaso aliento,

    este frío en el pecho, este helor hondo. 

    (¡Rogad por mí, tened misericordia!)

    Siento en este momento un ansia nueva,

    (¡ayúdame, Señor, en esta hora!)

    que mi ser se disipa como niebla,
    este extraño abandono en mis adentros

    (¡oh, Dios, Señor del alma, en Ti confío!),

    este vaciarse de cada miembro

    de todo ese vigor por el que existo.

    Rogad por mí, amigos: un extraño

    llama a mi puerta. Su apariencia oscura

    es del terror un misterioso heraldo

    que antes no he conocido nunca, nunca.

    Es la muerte. ¡Rezad, amigos míos!

    Como si el propio ser a ella cediera,

    como si ya no fuese una sustancia,

    regresase a la nada primigenia

    —¡Dios mío, ayúdame, Refugio y Casa!—

    y de allí no volviese y descendiera

    cayendo de este mundo y sus murallas

    en ese foso vacuo, informe, negro:
    mi antiguo origen, la absoluta nada.

    Esto es lo que en mí tiene argumento:

    ¡el horror! Esto, mis amigos, esto.

    Rezad, amigos, aunque os falte el aire.

    Al final del texto le dice el

    ÁNGEL 

    Oh, alma rescatada, suavemente
    entre mis brazos con amor te envuelvo 

    y en el río cuya agua purifica
    te sumerjo, sostengo y alzo luego. 

    Y te dejo en el lago con cuidado 

    y tú, sin resistencia ni nostalgia,

    con gran destreza salvas la corriente

    y te pierdes, lejano, en la distancia.

    Los ángeles, que cumplen su tarea,
    te darán ánimo, calor y auxilio;
    y misas en la tierra y oraciones
    del Cielo han de llevarte hasta el Altísimo.

    ¡Adiós, mas no por siempre! Hermano amado,

    ten paciencia y valor en tu agonía.
    La noche de tu juicio será breve 

    y te despertaré al romper el día”. 

    ¿Hasta cuándo aprenderemos a vivir en justicia y paz? ¿Cuántos miles más de ejecutados, extorsionados, reprimidos, desaparecidos tendremos que soportar? Necesitamos verdaderos estadistas de altura con grandes ideales y virtudes, capaces en todos los campos que se necesitan. Para eso necesitamos ser reeducados en el amor a la verdad, en San John Henry Newman tenemos un gran ejemplo. 

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    4 de Noviembre de 2025

  • Santidad y política

    Santidad y política

     “El don de la gracia «sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana” (n. 54)

    El apenas pasado lunes 9 del presente mes, fue presentado un nuevo documento del Papa Francisco, una Exhortación Apostólica intitulada “Gaudete et exsultate”, [que significa “Alégrense y regocíjense” (Mt 5, 15)] y versa “sobre el llamado a la santidad en el mundo actual”.

    La Exhortación Apostólica es un documento que ha tenido un uso predominantemente post conciliar por parte de los Romanos Pontífices; es un documento doctrinal y pastoral de naturaleza eminentemente exhortativa como su nombre lo indica, por eso Francisco afirma que “no es de esperar aquí un tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema, o con análisis que podrían hacerse acerca de los medios de santificación. Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades” (n. 2).

    Los destinatarios somos todos los bautizados, como afirma el Papa: “Espero que estas páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad” (n. 177).

    Si bien es cierto que es un llamado en general a todos los fieles cristianos a la santidad, quisiera hacer aquí una breve lectura en clave de llamado a la santidad viviendo la ciudadanía, haciendo política; es decir, cómo el cristiano haciendo política debe estar inspirado en el evangelio para impregnar toda acción política del mismo, y que esto le libre de los vicios que corrompen tan noble tarea. El católico que hace política debería reflejar nítidamente el amor, la verdad, la justicia, la renuncia al egoísmo que propone el Evangelio.

    Capítulo I

    El llamado a la Santidad

    En primer lugar el Papa nos pide tomar conciencia que somos parte de un pueblo, de una nación; este sentido de pertenencia nos da una identidad, pues “no existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Por eso nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo”. (n. 6)

    El político que no se siente identificado con su pueblo, siendo parte de él, tarde o temprano termina despreciándolo y poniéndole precio no solo a las cosas, sino al hermano mismo. ¿Acaso no resuenan vigentes las palabras de Herodes que dijo a aquella joven que había bailado para él y sus convidados, al quedar fascinado por su baile: “Pídeme lo que quieras y te lo daré. Y le juró: Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino”? (Mc 6, 22-23).

    No, los políticos no son dueños del pueblo, por eso Francisco expresa terminantemente: “¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales” (n. 14).

    El Papa es consciente de que no hay recetas para vivir el Evangelio y la política; sin embargo también está convencido que “cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio” (n. 19), por eso los santos nos inspiran y ayudan a descubrir nuestra propia misión en la vida y en la sociedad, en el buscar el bien común a pesar de nuestras limitaciones y caídas, por lo que nos da un sabio consejo: “tu identificación con Cristo y sus deseos, implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia y paz para todos” (n. 25).

    También nos hace una advertencia muy práctica: “una tarea movida por la ansiedad, el orgullo, la necesidad de aparecer y de dominar, ciertamente no será santificadora” (n. 28); es decir, son estas actitudes incompatibles en la vida de un político que se diga católico.

    Podríamos intentar resumir este primer capítulo del documento diciendo que: si no nos hace libres, no es verdadera política.

    Capítulo II

    Dos sutiles enemigos de la santidad

    En el segundo Capítulo el Papa Francisco nos advierte de dos viejas herejías que cobran fuerza en nuestros días: el gnosticismo y el pelagianismo. El primero tiene relación con la inteligencia, el segundo con la voluntad. El conocimiento y el consentimiento son elementos indispensables para el desarrollo de un acto libre, si están viciados coartan nuestra libertad. Por eso Francisco advierte claramente que al caer en ellos “dan lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar” (n. 35), ¿acaso en este ambiente de campaña electoral no es lo que vemos constantemente: “sacarle sus trapitos” al otro; así como los abusos que la historia ha visto en nombre de la “seguridad de Estado?”. 

    Otra característica de estas viejas herejías es que quienes las adoptan “absolutizan sus propias teorías y obligan a los demás a someterse a los razonamientos que ellos usan (n. 39); también se notan, por ejemplo, en que “cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino y es posible que sea un falso profeta” (n. 41); es decir, el Evangelio interpela, cuestiona, desafía a buscar y discernir el camino correcto; no hay recetas para vivir. Dice Francisco: “En realidad, la doctrina, o mejor, nuestra comprensión y expresión de ella, «no es un sistema cerrado, privado de dinámicas capaces de generar interrogantes, dudas, cuestionamientos», y «las preguntas de nuestro pueblo, sus angustias, sus peleas, sus sueños, sus luchas, sus preocupaciones, poseen valor hermenéutico que no podemos ignorar si queremos tomar en serio el principio de encarnación. Sus preguntas nos ayudan a preguntarnos, sus cuestionamientos nos cuestionan»” (n. 44). Un político sano escucha, dialoga, acepta propuestas y otros puntos de vista; contesta directamente, no con una especie de esquizofrenia dialogal que responde siempre con lo “políticamente correcto” ignorando la realidad y la Trascendencia.

    Todo esto, dice Francisco, por “la falta de un reconocimiento sincero, dolorido y orante de nuestros límites” (n. 50) que no deja que la gracia nos haga crecer: El político católico debe hacer cotidianamente su examen de conciencia, el viejo método de la “mejora continua”.

    Si no nos santifica, no es verdadera política.

    Capítulo III

    A la luz del Maestro

    “El que no tranza, no avanza”, esta frase se ha convertido en nuestros días en una especie de himno o de una maldición, como si fuera el único camino para progresar, cosa que nos ha sumido en una terrible corrupción. Frente a ello Francisco “nos invita también a una existencia austera y despojada” (n. 70); el político católico debe terminar con la mítica aporía de “o eres político o trabajas”, y de la casi normal actitud “donde cada uno se cree con el derecho de alzarse por encima de los otros (n. 71) e imponer su propia verdad bajo el velo de la simple percepción, pues “el mundo no quiere llorar: prefiere ignorar las situaciones dolorosas, cubrirlas, esconderlas […] creyendo que es posible disimular la realidad (n. 75).

    Frente a esas tentaciones, Francisco propone las bienaventuranzas como agenda perenne en el corazón del católico que debe incursionar en la política, sabiendo que el “busca primero el Reino de Dios y su justicia divina y todo lo demás se te dará por añadidura” (cfr. Mt 6, 33) es algo que está vigente. “Pero la justicia que propone Jesús no es como la que busca el mundo, tantas veces manchada por intereses mezquinos, manipulada para un lado o para otro. La realidad nos muestra qué fácil es entrar en las pandillas de la corrupción, formar parte de esa política cotidiana del «doy para que me den», donde todo es negocio […] Algunos desisten de luchar por la verdadera justicia, y optan por subirse al carro del vencedor” (n. 78).

    En cuanto a la política, los católicos estamos llamados a “convertirnos en seres que cuestionan a la sociedad con su vida” (n. 90), una vida de santidad, sabiendo que “un santo no es alguien raro, lejano, que se vuelve insoportable por su vanidad, su negatividad y sus resentimientos” (n. 93); vida de santidad en la que “no se trata solo de realizar algunas buenas obras sino de buscar un cambio social: «Para que las generaciones posteriores también fueran liberadas, claramente el objetivo debía ser la restauración de sistemas sociales y económicos justos para que ya no pudiera haber exclusión» (n. 99).

    Con un solo excluido que haya, no es buena política.

    Capítulo IV

    Algunas notas de la santidad

    El Papa nos recuerda que el católico tiene la misma naturaleza de todo ser humano, que es débil y está expuesto a las mismas tentaciones, por lo que nos invita a estar atentos y cultivar las virtudes, entre ellas, para ser santo se necesita una firmeza interior “que es obra de la gracia, nos preserva de dejarnos arrastrar por la violencia que invade la vida social” (n. 116); el católico que se dedique a la política debe, por ejemplo, aprender a “discutir amablemente, a reclamar justicia o a defender a los débiles ante los poderosos, aunque eso le traiga consecuencias negativas para su imagen (n. 119); a hacer lo sin tener miedo, pues “¡Dios no tiene miedo! ¡No tiene miedo! Él va siempre más allá de nuestros esquemas y no le teme a las periferias. Él mismo se hizo periferia (cf. Flp 2,6-8; Jn 1,14)” (n. 135).

    Estamos no en una época de cambio, sino en un cambio de época, hay muchas situaciones novedosas, inéditas, por lo que el Papa Francisco nos exhorta diciendo: “Desafiemos la costumbre, abramos bien los ojos y los oídos, y sobre todo el corazón” (n. 137).

    Una política que conserva los vicios de siempre, no es verdadera.

    Capítulo V

    Combate, vigilancia y discernimiento

    El Papa Francisco nos recuerda que hay muchos peligros en la vida en general y también en la vida política en particular, por eso recuerda que el católico que busca ser santo en la política no debe olvidar que “la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo” (n. 159) debe estar lejos de él si quiere ser feliz y hacer felices a los demás, si quiere hacer un trabajo serio y andar en la presencia del Señor, por lo que dice el  Papa: “pido a todos los cristianos que no dejen de hacer cada día, en diálogo con el Señor que nos ama, un sincero «examen de conciencia» (n. 169).

    Una política sin rendición de cuentas, no es buena.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    15 de abril de 2018

    CECUCO, San Juan del Río, Qro.

  • San Lucas y el Camino

    San Lucas y el Camino

    Fiesta De San Lucas Evangelista

    Homilía

    2 Tim 4, 9-17; Sal 144; Lc 10, 1-9

    Buenos días, amados hermanos en Cristo; temprano nos hemos levantado para caminar y hemos visto salir el sol, el verdadero “Sol que nace de lo alto” y que ilumina nuestras tinieblas, como afirma San Lucas, a quien hoy celebramos en el día de su fiesta: «Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto, para iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1,78-79). Y sí, hemos caminado hasta este lugar santo, casa de la que ha portado en su vientre a este Sol que nos da el calor de su amor: la Bienaventurada Virgen María del Pueblito. Hemos venido en peregrinación y caminata para invocar de Dios el don de la paz; creemos firmemente que “No hay paz sin justicia” y que “La paz es de todos o de nadie”, pues una es la humanidad y uno el Dios que la creó y la ofrece a todas y a cada una de las personas que ha hecho a su imagen y semejanza.

    El Evangelista Lucas gusta de presentar al Señor Jesús caminando y es en el camino (‘odos) donde suceden muchas cosas:

    • “Creyendo (los padres de Jesús) que estaría en la caravana (synodía), hicieron un día de camino” (2, 44);
    • “una parte cayó a lo largo del camino” (8, 5);
    • “los de a lo largo del camino, son los que ha oído” (8, 12);
    • “No lleven nada para el camino” (9, 3);
    • “De camino, uno le dijo: te seguiré a donde quiera que vayas” (9, 57);
    • “No saluden a nadie por el camino” (10, 4);
    • “Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote” (10, 31);
    • “Un samaritano que iba de camino se acercó (al herido)” (10, 33);
    • “Ha llegado del camino un amigo mío” (11, 6);
    • “Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él” (12, 58);
    • “Sal a los caminos… y obliga a entrar” (14, 23);
    • “Estaba un ciego sentado junto al camino” ((18, 35);
    • “Extendían sus mantos por el camino” (19, 36);
    • “cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba” (24, 32);
    • “Ellos… contaron lo que había pasado en el camino” (24, 35).

    San Lucas nos enseña que toda nuestra vida es un camino, de ahí la razón por la que el cristiano peregrina buscando encontrar un sentido profundo para su existencia en todas las circunstancias; el camino debe hacerse a veces también en silencio, por eso el Papa León nos ha recordado en su reciente y primera Exhortación Apostólica que llamó “Dilexi te” (“Te he amado”) la experiencia y unas palabras de una Santa reciente, Santa Teresa de Calcuta: “El fruto del silencio es la oración; el fruto de la oración es la fe; el fruto de la fe es el amor; el fruto del amor es el servicio; y el fruto del servicio es la paz” (DT 77).

    En este México violento, una pregunta obligada es: ¿Por qué no hay paz en México? Porque muchos no buscan servir, sino servirse de los demás; esto por que no aman a sus semejantes; no los aman porque no tienen fe en Dios que es Padre y nosotros hermanos; no hay fe cuando no entramos en nosotros mismos para dialogar con Dios, es decir, cuando no oramos y somos vítimas de nuestros propios instintos; no hay oración porque no guardamos silencio para colocarnos como el único frente a Dios y buscamos el aplauso vano y lisonjero, hueco, huero.

    Hermanos, hoy en el Evangelio, Dios nos llama a ser protagonistas de nuestra propia historia, no aisladamente y en soledad, sino de dos en dos, es decir, en comunidad. En el pueblo de Jesús para que un testimonio fuera válido en un proceso tenía que tener al menos dos testigos conformes en su dicho; si éste resultaba falso, se aplicaba al falso testigo lo que pedía para el inculpado. La sentencia podía ser la pena capital, de ahí el mandamiento: “No levantarás falso testimoio ni mentirás”. La mentira aniquila la paz y la vida humana en un extremo. No se puede pretender ocultar el sol con udedo, ni más de 200 000 desaparecidos con cierto desden grosero. Madre y Reina, Santa María del Pueblito, únete al grito de dolor de las madres buscadoras de nuestra patria, te lo rogamos de hinojos.

    Sí, “la cosecha es mucha y los trabajadores pocos”, por eso Señor da fuerza a nuestras manos y valor a nuestra esperanza, nuestra vida está en tus manos; somos tu mies y trabajadores de tus campos, haznos pan para los hermanos y siervos de los más débiles y pequeños. El éxito de nuestra vida no está en lo salvaje del lobo, ni en la ilusión del dinero; tampoco en un morral repleto de vanidades que son precio de sangre. Nuestra victoria es tu paz, esa que cada día nos ofreces a la puerta de nuestras casas, pues la pones a nuestro alcance como un don y por eso creemos que la paz es posible. Sabemos también que a nadie obligas a recibirla, haznos Señor ser consientes que somos menesterosos de tu paz y líbranos del mal de Dimas, de quien Pablo dice que “prefirió las cosas de este mundo”. Enséñanos a creer y cantar con el salmista: “Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras. No está lejos de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor, de quien lo invoca”.

    Hemos venido Señor a invocarte, proteje y bendice a nuestro Papa León y a nuestro Obispo Fidencio por cuyo ministerio este santo lugar es ahora Basília Menor y manifiesta su vocación de cercanía y fidelidad al Romano Pontífice.

    Virgen del Pueblito, agradezco tu intercesión por la salud de mi hermana Cirenia al ser sometida a cirugía a corazón abierto; hoy sigue cantando las grandezas del Señor con la vida que Él le da en abundancia. Te encomiendo de manera especial a mi hermano Francisco, llena su corazón de esperanza y sueños.

    A tus benditos pies pongo a todos mis hermanos que el Obispo me ha confiado para su cuidado pastoral en la Parroqua de la Sagrada Familia, que nadie se quede sin experimentar el amor de Dios y sus múltiples bendiciones, así como la protección de amorosa Madre.

    Gracias a los Padres Franciscanos por su fraternal recibimiento.

    Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    El Pueblito (Corregidora), Qro.

    18 de Octubre de 2025, Año del jubileo de la Esperanza

  • ¡Salve, por ti se eclipsa la pena!

    ¡Salve, por ti se eclipsa la pena!

    La capacidad de elegir que tiene el hombre (léase homo, que comprende vir [varón] y mulier [mujer]), si bien no es absoluta, es suficiente para atisbar el sentido pleno de la existencia humana, pero también para sumergirlo en los más oscuros nubarrones del dolor y de la pena.

    La obra del Maestro Gabriel García intitulada “¡Salve, por ti se eclipsa la pena!”, parece invitarnos a reflexionar sobre estos temas tan humanos, tan trágicos como excelsos. Alguien podría argumentar y tener prejuicios por ser un tema religioso: pero ¿acaso esto no es humano? ¿qué animal se pregunta sobre el sentido del dolor y sus causas? O ¿qué otra creatura da sentido artístico a sus obras? En la obra del pintor queretano de origen serrano parecen confluir no solo más de 300 años de vivencias humanas bajo el amparo de la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, Patrona principal de la Diócesis de Querétaro (desde hace 50 años), sino también todos los siglos desde la aparición del hombre sobre la tierra. En la pintura mencionada prevalecen los tonos ocres y penumbrosos; los claroscuros de una especie de impresionismo perpetuo: la serpiente que ofrece al veleidoso corazón humano la posibilidad de una existencia “responsable” y “sin complejos”; de una responsabilidad en que se rinde cuentas solo a sí mismo y que genera una libertad que dura tanto como su breve vida sobre la tierra. Para dar equilibrio a la composición pictórica, se presenta al Arcángel de la Anunciación, en simetría espacial frente a la serpiente, invitando al ser humano a abrir su mente y corazón a la belleza, a la pureza de intenciones y acciones. La respuesta supone una libertad abierta a la trascendencia, no solo trascendencia de lo temporal, sino abierta al Absoluto; una respuesta verdaderamente responsable, pues solo se puede responder al Otro que nos ha creado. 

    El hombre de la imagen lleva pelo blanco, refleja edad avanzada; el bastón que porta dice cansancio y flaqueza, necesita apoyo. El horizonte a sus pies parece conformado por una luz que recibe y proyecta sombra a ambos lados; esta sombra sirve para crear el efecto de lejanía, una lejanía de la que emerge la figura del conocido monolito de Bernal, guardián milenario de la entrada a la Sierra Gorda; símbolo de la naturaleza humana inconmovible. En forma simétrica a la peña aparece la Basílica de la Reina y Madre, imagen del esfuerzo y trabajo artesanal del hombre, de su proceso de “evolución” a lo divino.

    En el centro del cuadro está la imagen de la Dolorosa que parece observar el vaivén doloroso de la existencia humana: desde Caín que da muerte a su hermano Abel (Gn 4); hasta Esaú que es despojado de la bendición paterna por su hermano Jacob (Gn 27); como si contemplara el pago que recibieron los hermanos de José al venderlo (Gn 37). Es como Raquel que llora la muerte de sus hijos (cfr. Jr 31, 15). Al pie de la cruz María contempló la muerte de su Hijo (Jn 19, 25) y desde ahí mira a sus hijos y les pregunta en silencio con la mirada “¿dónde está tu hermano?” (Gn 4, 9): ese de Tlatelolco, el de Ayotzinapa, el de Siria, el de San Fernando, el que no logró cruzar la frontera, el que no arribó a la costa, el de Querétaro… 

    En la pintura, de entre la oscuridad surge la Madre del que es la Luz (Jn 8, 12) para eclipsar la pena humana, fruto del pecado, ese que negamos o no sabemos definir, pero que tiene evidentemente ensangrentada nuestra patria. La parte con más luz en la pintura es la cabeza del hombre, es como el centro, crea un contraste artístico, y no solo, sino también teológico: la última palabra en la historia humana no la tiene el pecado y la muerte, el dolor y el sufrimiento, sino la luz de la vida que Dios ha infundido en el hombre a través del Espíritu Santo que le ha dado en Pentecostés; es como signo de la Inteligencia (del Verbo) del Padre: Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que con firmeza mira el dolor de la Madre que su crucifixión le provoca, pues sus hermanos le han puesto precio (30 monedas de plata); pero no se arredra ante ello pues sabe que cumplir la voluntad del Padre traerá luz meridiana sobre la existencia humana.

    15 de septiembre de 2019

    Fiesta litúrgica de Ntra. Sra. de los Dolores

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

  • Endurecer el rostro

    Endurecer el rostro

    Presentación del Libro “Perlas Evangélicas” 

    (Querétaro, Qro. Marzo 2025)

    del Pbro. Dr. Umberto Mauro Marsich, MX

    29 de Agosto de 2025

    Parroquia de la Sagrada Familia

    Hemos leído al PadreMarsich en otros libros con otros temas: Doctrina social de la Iglesia, Bioética, Deontología jurídica, etc., Hoy nos convoca un texto sobre pasajes de la Sagrada Escritura, y más que comentarios sobre Ella son testimonios de vida, de experiencia del trabajo que Dios ha ido realizando en él. A él le consta que la Palabra de Dios cuando entra en nuestra vida puede ser algo que molesta, que incomoda, que me saca de mi comodidad… que me transforma; así como cuando un grano de arena penetra en el interior de una ostra y le irrita. Ésta para “defenderse” secreta nácar que al formar varias capaz llega a convertirse en una hermosa y valiosa perla. Sólo así podemos imaginar y comprender el itinerario de la vida del Padre Marsich: nace en Koper (Eslovenia), se educa y crece en Italia y es ahí donde fue ordenado sacerdote, viene a México y pasa diez años en Huejutla (Hgo.) en donde aprende náhuatl; después viene a San Juan del Río —en nuestro Estado—, para pasar posteriormente varios años en la Ciudad de México. Actualmente reside nuevamente en San Juan del Río. Gran parte de su ministerio ha sido ser docente, conducir a otros buscando la verdad, el bien, la belleza.

    Escuchar la voz de Dios en nuestra vida implica dar una respuesta para entrar en diálogo con Él; diálogo que no se queda sólo en la palabra sino que lleva a un cambio de vida. El Padre nos invita a dejarnos guiar por el Espíritu Santo como el mismo Jesús, pues Él mismo “Por al fuerza poderosa del mismo Espíritu, en efecto, ‘sana’ a los enfermos, ‘libera’ a los poseídos y ‘entrega su vida‘ por todos” (p. 10). Es en la entrega de nuestra vida misma que encontramos la plena realización de nuestro ser. El Padre Umberto ha dejado su vida en la misión, por eso puede afirmar: “Sólo así, impulsada por el Espíritu, la Iglesia podrá comprenderse ‘misionera’ y los que la integramos, movidos por el Espíritu, seremos sus ‘misioneros y misioneras‘ (p.11). 

    El misionero es ante todo “testigo” y “sabemos que ‘testigo’, según el Evangelio, es aquel que cuenta o narra, fiel y responsablemente, ante otros y con un cierto riesgo, lo que ha visto y oído para que la verdad resplandezca. Entre todos, desde luego, el mayor testigo es aquel que da la vida por los demás” (p. 16). Padre Umberto, hemos escuchado tus proféticas clases, donde has arriesgado tu palabra y tu buena fama en aras de que la verdad resplandezca, nos has enseñado que a veces hay que decirle “más verdades a lo cierto”; y lo sabemos bien, esto siempre tendrá su precio a pagar: la cruz de Cristo.

    El Profeta Isaías afirma acerca del Siervo de Dios que vendría: “El Señor me ayuda, por eso no me acobardaba; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado” (Is 50, 7. Biblia del Peregrino). Posteriormente San Lucas hará alusión a este texto y hará una relectural del mismo refiriéndose al Señor Jesús, afirma: “Cuando se iba cumpliendo el tiempo de que se lo llevaran afrontó decidido (endureció el rostro) el viaje hacia Jerusalén” (Lc 9, 51, Biblia del Peregrino). Endurecer el rostro significa que hay una confianza absoluta en Dios que llama, por parte de quien responde a esa vocación: pues la misión conlleva sufrimiento, riesgo, golpes, humillaciones, salivazos y tal vez incluso la muerte violenta, como la del Señor Jesús. Es una expresión para decir que quien ha entendido y decidido hacer la voluntad del Padre, nada puede hacerle mirar para otro lado o nada puede distraerle o cambiar su voluntad. Padre Umberto, gracias por tu testimonio que se mantiene firme. Porque lo has vivido nos compartes que a imitación de María debemos persistir en la búsqueda de la voluntad de Dios: “el lenguaje del ángel, revelándole la voluntad de Dios, desde luego, no le ha sido de fácil comprensión, sin embargo, jamás desistió en aceptarla” (p. 23).

    Al vivir de la fe en Cristo Jesús, Padre Umberto, nunca has dejado de ir a los confines del mundo de hoy, a las preguntas acuciantes de la cultura actual y nos recuerdas que “La tecnología más avanzada y la ciencia más compleja, jamás tendrán el poder de rescatar al hombre de la insensatez de la vida y de los males que lo atormentan” (p. 31); y así brilla la verdad perenne que nos anima y consuela en el camino de nuestra vida: “Dios, en efecto, se ha hecho carne y salvación, también para el hombre tecnológico, informatizado o desesperado de nuestro tiempo” (p. 30).

    Frente a la salvación que Jesús nos ofrece hoy y siempre, no podemos ser ingenuos, necesitamos estar conscientes como nos recuerdas que “Herodes, concretamente, es el símbolo de los ‘enemigos de Jesús’ de todos los tiempos y, más precisamente, de todos aquellos que, aún hoy, obstaculizan la difusión de su mensaje: los poderosos de la economía desigual, los intelectuales ateos, los engañosos profetas mediáticos, los mercaderes de la muerte y las multinacionales de la guerra y de la pornografía. Jesús y la Iglesia, por afectar los sucios intereses económicos de los poderosos son, por ello mismo, perseguidos y martirizados” (p. 31). ¿De dónde brota pues la fuerza en el cristiano para permanecer fiel a la voluntad del Padre? Lo sabes bien y nos recuerdas que “Toda la vida de Jesús […] se realiza y se desenvuelve bajo la inquebrantable convicción de ser amados por el Padre” (p. 35).

    Uno de los grandes tesoros que el Evangelio nos ofrece es el don de la fraternidad, esa que fue imposible entre Caín y Abel; entre José y sus hermanos que le pusieron precio y lo vendieron; la fraternidad negada entre Rusia y Ucrania; el fratricidio de Israel a Gaza; la muerte violenta de más de 70 mexicanos por día; esa fraternidad que se ignora y se desprecia todos los días en los más altos órganos legislativos de nuestra patria en la que se juegan intereses de partido y personales disfrazados de shows mediáticos pretendiendo aparentar batallas épicas, etc. ¿Cómo pues coincidir en objetivos comunes si cada uno tenemos nuestra propia historia y necesidades, y son diversas? Nos dices: “En el desprendimiento de la vida pasada y en la determinación entusiasta de seguirle, se ubicaría la condición imprescindible para vivir la aventura del seguimiento de Jesús” (p. 38).

    El Apóstol Santiago nos recuerda una de las consecuencias de negar la fraternidad: “Ustedes quieren algo, y no lo obtienen; matan, sienten envidia de alguna cosa, y como no la pueden conseguir, luchan y se hacen la guerra. No consiguen lo que quieren porque no se lo piden a Dios” (4, 2). No podemos pedir nunca la muerte del hermano, por más que creamos que tenemos la razón, por más ofendidos que lleguemos a sentirnos. Dios puso en nosotros el deseo de vida eterna, de Él mismo; y no podemos pretender estar con el Padre y excluir al hermano. La fraternidad es un don y una búsqueda constante, ya lo decía el San Agustín: “porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones I, 1, 1). Es el deseo desordenado de las cosas lo que puede llevarnos a negar la fraternidad de modo absoluto, es decir, a convertirnos en fratricidas, por eso nos recuerdas que “Evidentemente, en el pensamiento de Jesús, únicamente las riquezas ‘insolidarias’, es decir, las que ocupan el corazón, constituyen el verdadero obstáculo para seguirle y salvarse” (p. 41). 

    Son 48 pasajes evangélicos en los que el Padre Umberto nos sumerge en un ambiente de reflexión y sabiduría, esa que sólo brota de los años de seguimiento cotidiano, de la celebración rutinaria de la Eucaristía; recordando que rutinario proviene del francés routine, derivado de route (camino); es decir, de quien ha hecho del seguimiento de Jesucristo la razón de su existencia. 

    Padre Umberto Mauro, gracias por los años en que fuiste mi Maestro en el Seminario, gracias porque nos sigues enseñando con la entrega generosa de tu vida y tu palabra; ten la certeza de que ha valido la pena tu sí al Señor. Gracias por mantener tu rostro endurecido en el seguimiento del Señor y el anuncio del Reino. Felicidades por este libro que pones a nuestra consideración y para nuestro bien.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    29 de Agosto de 2025

    Parroquia de la Sagrada Familia

    Santiago de Querétaro, Qro. México

  • Hermanos en la Esperanza

    Hermanos en la Esperanza

    A la memoria de Catalina y José Faustino,

    papás del Padre Nuyín.

    Estimado Padre Nuyín:

    El domingo pasado, 24 de Agosto, cerca de la hora Nona recibíamos la noticia de la muerte de tu Sra. Madre, Doña Catalina. Era el día del Señor, de la memoria de su Resurrección; y era cerca de la hora en que conmemoramos su muerte. Dos grandes signos del amor de Dios para tu familia: la hora y el día, hora de la muerte y día de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Por el bautismo tu mamá fue incorporada al misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo. La resurrección es el centro de nuestra fe, en las Misas de la tarde del domingo pudimos ofrecer la vida y muerte de tu mamá como ofrenda agradable a Dios; te presentamos a ti, a quien tu madre ya había presentado como ofrenda al Señor el día de tu Ordenación sacerdotal.

     El lunes no pude acompañarte a la Misa exequial pues como sabes, junto con un grupo de hermanos sacerdotes iniciábamos nuestros ejercicios Espirituales, en la Casa del Buen Pastor, lugar en donde se materializa un sueño largamente acariciado por el presbiterio y demás fieles de la Diócesis y puesto en marcha por Don Fidencio López Plaza, nuestro X Obispo de Querétaro: un lugar donde puedan reunirse los hermanos para de modo especial celebrar la Eucaristía y pensar dialogando en Dios y con Él. Por la tarde celebramos la Santa Misa por tu mamá y tu familia.

    Hoy por la mañana recibimos la noticia del deceso de tu papá, Don José Faustino. ¡Que momento tan fuerte vives con tu familia! Has madurado y envejecido de algún modo en cuatro días, la muerte de tus padres te recuerda lo que ya eres y ellos cultivaron con fatigas y con fe: un presbítero (anciano). Eres maduro y experto en esperanza; recuerda que estamos en el Año Jubilar de la Esperanza.

    El tema de nuestro Retiro es: “EL SACERDOTE ES SIGNO DE ESPERANZA PARA SUS HERMANOS” y se inspira en un texto de Pedro, que como epígrafe dice: “¡Que santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor!” (2 Pe 3, 11-12).

    Hermano, eres presbítero de la Santa Iglesia, y como tal Dios te da la fuerza para ser signo de esperanza en medio de nosotros en este momento de dolor humano y que se ilumina con el dolor divino de Jesucristo crucificado.

    Hoy celebramos la memoria litúrgica de Santa Mónica, la santa que dio a luz a otro santo, presbítero y Obispo: Agustín, cuya memoria litúrgica celebraremos mañana, en el día de las exequias de tu madre. Recuerda también que nuestro amado Papa León es hijo espiritual de Agustín.

    Ya lo has hecho y tendrás tiempo de reflexionar sobre el papel de tus padres en tu vocación sacerdotal. El santo de Hipona al recordar a Mónica le describió sobre todo como madre, maestra de fe y mujer de paz (cfr. Ronzani, R; Madre, maestra di fede e donna di pace. Istruita dal Maestro interiore nella scuola del cuore. L’Osservatore Romano, 27 agosto 2025, p. 7). En el De beata vita (De la vida feliz) expresa: “Estaban allí -y no me avergüenzo de mencionarlos por sus nombres- en primer lugar mi madre, a cuyos méritos debo lo que soy” (I, 6). Habla de la época en que maduró su conversión que a la postre le llevó al bautismo, la vocación a la vida ascética, la decisión de volver a África para vivir los ideales evangélicos y dedicarse a la búsqueda de Dios.

    San Agustín en el De ordine II (El orden) explica el papel de la madre en la conversión: “Para lograr esto, hay que dedicarse con todas las veras del entusiasmo al ejercicio de una vida virtuosa. Es condición para que nos oiga Dios, pues a los que viven bien los oye con agrado. Reguémosle, pues, no que nos dé riquezas y honores y otras cosas caducas y pasajeras, a pesar de toda nuestra oposición, sino que nos colme de bienes que nos mejoren y hagan dichosos. Para que se cumplan nuestras aspiraciones, a ti sobre todo, ¡oh, madre!, te encomendamos este negocio, pues creo y afirmo sin vacilación que por tus ruegos me ha dado Dios el deseo de consagrarme a la investigación de la verdad, sin preferir nada a este ideal, sin desear, ni pensar, ni buscar otra cosa. Y mantengo la confianza de que esta gracia tan grande, cuyo deseo arde en nosotros por tus méritos, la hemos dé conseguir igualmente con tus ruegos” (20, 52). Ahora la voz de tu madre resonará con mayor fuerza, sobre todo en esos momentos difíciles, de tormenta humana; escucha sus perennes enseñanzas.

    En su De dono perseverantiae (Del don de la perseverancia), al hablar de su libro de las Confesiones San Agustín refiere: “De todos mis libros, el de las Confesiones es el más divulgado y el que mayor aceptación ha tenido […] donde narro mi conversión, obra de Dios, a esta fe que con miserable y furiosa locuacidad combatía, ¿no recordáis que al narrarlo manifesté bien claramente que lo que evitó mi perdición fueron las ardientes súplicas y las fieles y cotidianas lágrimas de mi buena madre?” (20, 53).

    San Agustín guardó en su corazón el final de los días de su madre sobre esta tierra y nos lo comparte en el libro de Las Confesiones: “No recuerdo yo bien qué respondí a esto; pero sí que apenas pasados cinco días, o no muchos más, cayó en cama con fiebres. Y estando enferma tuvo un día un desmayo, que dando por un poco privada de los sentidos. Acudimos corriendo, mas pronto volvió en sí, y viéndonos presentes a mí y a mi hermano, nos dijo, como quien pregunta algo: «¿Dónde estaba?». Después, viéndonos atónitos de tristeza, nos dijo: «Enterráis aquí a vuestra madre». Yo callaba y frenaba el llanto, pero mi hermano dijo no sé qué palabras, con las que parecía desearle como cosa más feliz morir en la patria y no en tierras tan lejanas. Al oírlo ella, le reprendió con la mirada, con rostro afligido por pensar tales cosas; y mirándome después a mí, dijo: «Enterrad este cuerpo en cualquier parte, ni os preocupe más su cuidado; solamente os ruego que os acordéis de mí ante el altar del Señor doquiera que os hallareis» (IX, 11, 27).

    En esta noche de la Pascua de tu padre lo recordamos juntamente con tu madre ante el altar del Señor.

    Padre Nuyín, te invito a que recuerdes la profesión de fe de Pablo y que le costará la vida: “Y si ahora estoy aquí procesado es por la esperanza que tengo en la Promesa hecha por Dios a nuestros padres, cuyo cumplimiento están esperando nuestras doce tribus en el culto que asiduamente, noche y día, rinden a Dios. Por esta esperanza, oh rey, soy acusado por los judíos. ¿Por qué tenéis vosotros por increíble que Dios resucite a los muertos? (Hch 26, 6-8).

    Tu hermano en el Ministerio:

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    Amealco, Qro. México

    27 de Agosto de 2025. Aniversario de mi Bautismo

  • Pino Puglisi: Sacerdote y Mártir

    Pino Puglisi: Sacerdote y Mártir

    Giancarlo Pani S. I.1

    “El Evangelio, la mafia, las periferias”: pocas palabras resumen “quién era de verdad el Padre Pino Puglisi, el párroco de Brancaccio asesinado el 15 de septiembre de 1993. Un hombre de fe inquebrantable y un maestro de espiritualidad, un educador de los jóvenes y un punto de referencia para las familias. Pero también un sacerdote de frontera que, para no traicionar la fidelidad al Evangelio, supo llevar adelante sus decisiones en un territorio dominado por la mafia. Hasta el sacrificio extremo. El 25 de mayo de 2013 la Iglesia lo reconoció como mártir y lo proclamó Beato”2. El P. Puglisi es el primer párroco de la Iglesia católica que es proclamado beato por ser un martirio perpetrado por la mafia3.

    Asesinado “porque era sacerdote”

    El 15 de septiembre de 1993 era el cumpleaños del Padre Pino Puglisi4, párroco de la Iglesia de San Gaetano, en el barrio de Brancaccio en Palermo: cumplía 56 años. Caía la tarde de un día intensamente vivido, el último de su vida: por la mañana había celebrado dos matrimonios, por la tarde había preparado para la Confesión a los niños de la Primera Comunión; después una pequeña fiesta en el salón “Padre Nuestro”, un espacio creado para recibir a los jóvenes de la calle (la Iglesia no tenía salones para las actividades parroquiales y tampoco casa parroquial).

    Al regresar a casa, en la plazuela Anita Garibaldi, mientras el P: Pino se disponía para abrir la puerta, de improviso «Spatuzza [un miembro del comando] le quitó la bolsa y le dijo: “Padre, esto es un asalto”. Él respondió: “Me lo esperaba”. Lo dijo con una sonrisa. Una sonrisa que me ha quedado impresa». Y concluye: «Entonces yo le disparé un tiro en la nuca»5.  

    Aquella sonrisa “ha sido más fuerte que la violencia que buscaba suprimirlo y […] ha realizado aquello que miles de palabras están luchando por realizar: ha restituido el rostro de hombre precisamente a su propio asesino”6, Salvatore Grigoli. Este era el asesino más despiadado de Brancaccio: había cometido 45 homicidios, pero aquel del P. Pino fue el último , porque lo habría transformado para siempre. Algunos años después confesaba: “Había una especie de luz en aquella sonrisa. Una sonrisa que me había dado un impulso inmediato. No me lo se explicar: yo ya había asesinado a muchos, pero no había experimentado nada semejante. Recuerdo siempre aquella sonrisa, aunque si incluso hago esfuerzo para tener impresos los rostros, las caras de mis parientes. Aquella noche empecé a pensar en ello, algo había cambiado”7.

    Después del homicidio del P. Puglisi su vida dio un giro. Él tenía también otro trágico precedente: había “disuelto” en ácido a Giuseppe, el hijo del testigo protegido Di Matteo: «Lo había conocido bien a aquel niño. Era un muchacho pleno de vida… He hecho cosas que no se pueden justificar, pero esta, esta… ha sido el motivo de mi arrepentimiento»8.  Desde entonces iniciaba un camino de humanidad y de arrepentimiento.

    El autor intelectual del homicidio era el jefe de Cosa Nostra, Leoluca Bagarella, que había decidido aquella muerte, porque el P. Pino era “sacerdote”. La aversión estaba directamente relacionada al ejercicio pastoral del sacerdote. De las declaraciones del proceso canónico para la beatificación emergía que Bagarella había reprochado ásperamente a los hermanos Graviano, los jefes de la mafia de Brancaccio, porqué habían esperado tanto para matarlo: “Si lo hubieran matado rápidamente cuando esto empezó, hoy no estaría sucediendo esto que parece el fin del mundo como si hubieran matado a otro grande Magistrado y por el contrario, era solo un sacerdote […] Un sacerdote que prácticamente no había hecho campaña contra la mafia”9.

    Pino Puglisi

    ¿Un sacerdote antimafia?

    En la vida, comúnmente, nada se improvisa o es dictado por el azar. Tampoco la propia muerte. Y el P. Puglisi estaba listo para esa cita. Se había preparado desde hacía tiempo, desde el día en que había pedido ser admitido en el Seminario. Entonces, el 10 de septiembre de 1953, escribía: “Siguiendo las santas inspiraciones del Señor que me ha iluminado sobre la vanidad de las cosas terrenas y sobre la grandeza de Su gracia, he decidido dedicarme al servicio de Su gloria y al bien de las almas”10. Después, sobre la estampa que recordaba el subdiaconado, había escrito el ideal de su propia donación: “Acepta, oh Señor, el holocausto de mi vida”11; y finalmente, sobre aquella del sacerdocio: “Señor, que yo sea instrumento válido para la salvación del mundo”12. Es el proyecto de una vida ofrecida totalmente a los hermanos.

    El P. Puglisi no es el primer sacerdote asesinado por la mafia13, pero su asesinato ha tenido una consecuencia paradójica: «En los pliegues del delito consumado aquella noche —nota el P. Nello Fasullo, redentorista de Palermo— es posible distinguir un particular significado de fatalidad para la mafia misma: aquella sanguinaria bárbara ferocidad que hemos conocido a lo largo de su historia […] se comenzó pronto a entender que el sentido y el papel de la mafia estaban cumplidos, terminados. Y que este fin representaba el único verdadero, impagable milagro realizado por el P. Puglisi. En este sentido su muerte era verdaderamente martirial. En el sentido que representaba, a los ojos de quien sabía entender, el hecho que, habiendo matado al párroco sin verdaderos “motivos mafiosos”, esto constituía un signo que el fenómeno mafioso se había agotado. Un delito como signo de los tiempos»14.

    Si alguien interpretara aquella muerte como un error al cual los mafiosos habrían remediado para regresar todo como antes, se equivocaría. El párroco no hacía competencia a la mafia, pero oponía simplemente el Evangelio a la cultura mafiosa: «Estamos llamados a continuar la obra de Jesús, liberándonos a nosotros y a los demás del Mal (que es odio, opresión e injusticia). Y nuestra obra consiste en devolver a los pobres su dignidad humana; solo así podrán liberarse del Mal»15. Y el P. Pino lo hacía no en modo ambiguo o escondido, si no de la manera más clara posible, a la luz del sol. Él «no catequizaba, ni hacía proselitismo, sino escuchaba. Y amaba hablar con los muchachos. Buscaba llevarlos a interrogarse sobre el sentido de la vida, a entender cuál era el camino a recorrer para cada uno»16. Su mismo modo de ser párroco hacía entender a todos de qué parte estaba y qué cosa pensaba de la mafia.

    Con el asesinato del P. Puglisi en Sicilia terminaba la mafia homicida17: con el delito del sacerdote Cosa Nostra se mataba a sí misma. Una cosa parecida no se había visto nunca en Brancaccio desde los orígenes del fenómeno mafioso.

    El calvario final

    El P. Puglisi era párroco en Brancaccio desde hacía tres años. Y aunque era sacerdote diocesano, en vez de “Don Pino”, era llamado “Padre Pino””, según el modo usual en Sicilia. También su asesino lo designa así. También tenía el apodo de “3P”, por las iniciales, Padre Pino Puglisi, mismo que ha dado título a una biografía18. El porqué no es un misterio: las «3P» delinean el peso espiritual, por que indican al Padre, pero también la Palabra y los Pobres, o bien al Parrinu («Padre», en siciliano), al Pan eucarístico y a la Preghiera (Oración, en italiano)19. No es casualidad que el centro social de Brancaccio se llamaba «Padre nuestro»20, un nombre que constituía un desafío por su significado de fraternidad, pero aludía también al párroco, el «Padre» de todos.

    Sin embargo, en poco tiempo el P. Pino había llamado la atención de los capos. El último año fue para él un calvario de advertencias e intimidaciones. Dos meses antes de su muerte, en una homilía, él denunció públicamente las amenazas: “Hoy me dirijo a los protagonistas de las intimidaciones que nos han dirigido. ¡Hablemos, expliquémonos! Quisiera conocerlos y conocer los motivos que los empujan a obstaculizar a quien busca educar a sus hijos en el respeto recíproco, en los valores de la cultura y de la convivencia civil. La iglesia ha ya sancionado con la excomunión a quien se ha manchado con atroces delitos como los llamados “hombres de honor” (mafiosos). Yo puedo solamente agregar que los asesinos, aquellos que se nutren de violencia han perdido la dignidad humana. Son menos que hombres, se degradan solos, por sus elecciones, al grado de animales”.

    “No es de Cosa nostra que puedan esperar un futuro mejor para este barrio. El mafioso no podrá darles nunca una escuela secundaria o una guardería dónde dejar a sus hijos mientras van al trabajo. ¿Por qué no quieren que sus niños vengan a mí? Recuerden: quien usa la violencia no es un hombre […] Nosotros pedimos a quien nos obstaculiza, retomar su humanidad y yo estoy dispuesto a acompañarlos en este camino […]”.

    «Hemos tenido la confirmación que todo esto quería ser una advertencia contra nuestro trabajo. Pero nosotros vamos adelante. Porque como dice San Pablo: “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Rm 8, 31)21».

    Estas palabras, gritadas desde el corazón, no eran solo una homilía, sino un desafío. Y no para intimidar o para rebelarse, sino para dialogar, para confrontarse, para crear un puente. El P. Pino quería educar incluso a los hijos de los mafiosos en la legalidad, el respeto recíproco, en los valores del estudio y de la cultura: esta era la “gran apuesta” de don Pino, su verdadera “utopía”22

    Precisamente en esos días, Brancaccio había sido definido por los diarios como el barrio de Palermo con la más alta incidencia de mafiosos, y los hechos lo confirmaban. Poco antes, algunos jóvenes en moto de gran cilindraje habían lanzado bombas molotov contra una furgoneta de la compañía que estaba restaurando la iglesia, y las flamas habían alcanzado el portón. Después fueron incendiadas las puertas de la casa de tres integrantes  del “Comité de condominios” del barrio, porque no habían tenido en cuenta a la mafia. El Comité había nacido de modo independiente de la parroquia, para hacer frente a los problemas de Brancaccio y solicitar soluciones a la autoridad. El Comité encontró en su camino al P. Puglisi, el párroco atento no solo a la vida espiritual de los fieles, sino también al contexto social en el cual éstos vivían.

    Padre Puglisi: libre e independiente

      Brancaccio era el barrio de más mala fama de Palermo23. El estilo de vida del párroco, simple y resuelto, claro y eficaz , y sobre todo la libertad y la independencia que enseñaba eran una provocación continua  para la mafia y contravenía la regla general que todos debían respetar: “En Brancaccio no se mueve una hoja que la mafia no quiera”24. Incluso para rentar una casa se requería el permiso del capo. El P. Puglisi no solo no respetaba las reglas del barrio, sino que enseñaba a la gente a hacer lo mismo. Se dirigía directamente a las autoridades sin pasar por las “oficinas” de la mafia.

    El párroco no sustituía a la asistencia social ni hacía lo que habría debido realizar el Municipio: Simplemente solicitaba a las autoridades los servicios y las estructuras a los cuales los ciudadanos tenían derecho. De aquí las primeras legítimas peticiones: el alcantarillado (Brancaccio no lo tenía, y por consiguiente las aguas residuales escurrían por las calles, con diversos casos de hepatitis C, mortal para los niños)25; después, la apertura de una escuela Secundaria en el barrio (misma que se llevó a cabo siete años después del homicidio del P. Puglisi), un centro social, un distrito socio sanitario de base, un lugar de encuentro para jóvenes y ancianos26.

    Por lo demás, las peticiones no eran hechas a título personal, sino junto con la gente de Brancaccio. Su “regla de oro” consistía en el actuar juntos, y la proponía a todos: “si todos hacen algo, se puede hacer mucho”27. Tal propuesta era una revolución, porque enseñaba a los ciudadanos a ser libres y unidos para reivindicar los propios derechos. “No fue el que haya recibido a los jóvenes, a los adolescentes y niños de la parroquia la causa del asesinato mafioso del P. Puglisi, sino su espíritu de libertad y de insubordinación al poder de Cosa nostra28. Un espíritu que es el corazón de la enseñanza del evangelio29.

    Los maestros de un párroco

    ¿Quiénes son los inspiradores del P. Puglisi? Si en primer lugar – como se ha dicho – está el Evangelio, es necesario recordar otra figura de sacerdote que ciertamente ha desempeñado un papel no marginal en su formación: don Lorenzo Milani. Lo que une a los dos personajes, que tal vez nunca se conocieron, es su libertad e independencia. Don Milani, en los años sesenta y setenta, se había constituido con sus libros un punto de referencia para los jóvenes de entonces. Ya “Experiencias pastorales”, de mayo de 1958, no obstante la escasa difusión inicial, conoció un éxito notable después de la disposición del Santo Oficio de retirarlo del comercio. Después, “La obediencia no es más una virtud”, de 1965, sacudió el ambiente eclesiástico italiano, y finalmente la “Carta a una maestra”, de 1967, llegó a ser en la protesta del ’68 el manifiesto de la revolución estudiantil y puso en evidencia el espíritu que animaba al sacerdote30.

    El P. Puglisi, siendo asistente de la FUCI (Federación Universitaria Católica Italiana), hablaba a los estudiantes de la figura de don Milani, que formaba a los jóvenes para ser ciudadanos responsables. Su temple de hombre libre, de cristiano no dado a los compromisos, de párroco dedicado al bien de los propios fieles tiene un modelo preciso de sacerdote de la Toscana. Por lo demás, el P. Pino era todavía más libre que el prior, el cual había sido enviado a Barbiana para ser de algún modo marginado. Desde entonces don Milani había tenido un papel decisivo en la historia de la democracia italiana por la aprobación de la objeción de conciencia, por la no violencia, por la reforma de la escuela secundaria. El P. Puglisi tenía delante de sí un ejemplo clarísimo al cual conformarse.

    En su formación juegan también un papel decisivo el Vaticano II y el nuevo espíritu que el Concilio inculcaba en los sacerdotes. El P. Pino había sido ordenado presbítero en 1960, mientras que desde 1958 el Papa Juan XXIII había abierto una nueva etapa en la Iglesia y reanimaba el desafío misionero. El “aggiornamento”, la nueva evangelización, el diálogo con los lejanos, se enraizaban en los sacerdotes de Palermo. El Concilio modelaba al joven sacerdote31. Además, el ser “Iglesia pobre y para los pobres”32 era un ideal concreto que él ponía en práctica ya desde la primera encomien presbiteral en Settecannoli, un barrio de casuchas, construido sobre los escombros de los bombardeos de la guerra: aquí está el primero de los empeños en una serie de peticiones al Municipio para proveer a los servicios esenciales a una comunidad abandonada.

    Después fue transferido a Godrano, a unos 40 km de Palermo, en donde el P. Pino encontró el movimiento franciscano “Presencia del Evangelio”, poco conocido en el resto de Italia pero muy activo en Sicilia, que se proponía de llevar, mediante los laicos, el anuncio del evangelio a las personas sencillas. De aquí el amor por la Palabra de Dios, “aquel fermento nuevo que obra en lo secreto de cada uno, y después, no se sabe cuando, ni cómo, da fruto”33. Godrano es sólo un pequeño pueblo de campesinos, pero marcado por conflictos familiares que habían cosechado muchas víctimas (entre los años cincuenta y sesenta: 15 homicidios). Fue tal vez este el primer encuentro cercano con el mundo mafioso.

    El P. Puglisi, hombre de reconciliación, quiso estar presente en un contexto herido por venganzas y homicidios: supo estar cerca de las personas, supo comunicarse con ellas, supo hablarles del Señor. El pueblo es su misión, donde él vive el empeño pastoral realizando el Concilio: “El Vaticano II ha hecho redescubrir algunas verdades fundamentales : la vocación […] del hombre es la comunión con Dios, con un Dios que es amor y está lleno de ternura […] Este fuerte mensaje lo hemos redescubierto con el Concilio junto con tantas otras cosas, por ejemplo el redescubrimiento de la comunidad, de ser todos nosotros Iglesia”34. El evento conciliar constituye “la llave de oro que permite entrar en la vida y en el martirio del Padre Puglisi”35.

    El trabajo por los jóvenes culminó finalmente entre los muchachos de Brancaccio, en donde en 1990 fue llamado a ser el párroco. La encomienda marcaba una etapa fundamental en la vida del Padre Pino: Brancaccio es su barrio, donde había nacido en una familia pobre, había vivido los años juveniles y madurado su vocación al sacerdocio. El trabajo del sacerdote hacía precario e inestable el muro de silencio y violencia que desde hacía mucho tiempo tenía ligada a la gente a las prácticas mafiosas.

    «Personalismo, cultura y Evangelio: una mezcla que el P. Puglisi no elaboraba sentado en la mesa, en los encuentros eclesiásticos o en los institutos de investigación, sino en la calle, en los callejones, luchando cerca de las familias para reivindicar el derecho a la casa y permaneciendo junto a las condiciones humanas frecuentemente degradantes»36. Él era también un hombre de cultura, un intelectual, pero listo para ensuciarse las manos en medio de su pueblo, con un programa concreto: “No seremos nosotros quienes cambiarán el barrio. Esta es una ilusión que no podemos permitirnos… Pero nuestras iniciativas deben ser un signo”37.

    El «Caso Puglisi»

    El asesinato del P. Puglisi, si bien fue claramente la muerte de un mártir, no fue inmediatamente comprendido en su valor espiritual: prevalecieron las interpretaciones, pobres y reductivas.

    Dado que el párroco de San Gaetano no era muy conocido fuera del barrio, una interpretación tendía a situar la figura del sacerdote en su ambiente, y por lo tanto a relegarlo en el olvido; la otra por el contrario miraba a hacer el ícono de una “estampa” y a colocarlo en la galería de los beatos y santos, y por lo tanto a alejarlo de la gente común38. Las dos interpretaciones no permitían tomar el valor del testimonio del sacerdote e impedían sacar a la luz lo esencial, esto es, el desafío y la profecía que surgían de aquel referido homicidio.

    Desafío en primer lugar para la Iglesia, después para los jóvenes, para la cultura, para la ciudad, para la política. El Evangelio lleva a amar a los enemigos. Y el P. Pino los invitaba a venir a la Iglesia, a dialogar, a decir sus razones y no solo a asesinar… Él no quería tanto convertir a los mafiosos, cuanto a invitar a todos a solidarizarse, a ayudarse, a buscar el bien del barrio.

    La profecía por el contrario es aquella que nace del mandamiento “No matarás”: «Después de Jesús se puede cambiar el planteamiento y preguntarse el porqué del no matarás […] Y confrontarlo con la enseñanza de Jesús, aquella “nueva”, la última, aquel testamento de la Última Cena; aquel positivo del “Ámense como yo los he amado” […] Por que la vida se da, no se quita. La novedad del mandamiento de Jesús es el don, el dar, la gracia: no la prohibición del matar. Lo que debe distinguir la vida y el estilo cristianos no es la prohibición, sino el amor “puro”, aquel sin condiciones que no busca recompensa. La prohibición, por sí misma, no habla al corazón, es pobre […] Es estrecha y paraliza […] Es más evangélico (hace conocer mejor a Dios y a Jesucristo) anunciar a la ciudad que don Pino ha donado la vida al modo de Jesús […] Sólo el dar (también la vida) es cristiano y nunca el quitar (especialmente la vida)»39.

    Finalmente, la debilidad de la mafia, que destaca en el sacrificio del P. Puglisi. El mundo mafioso tiene en sí una enfermedad antigua y moderna del hombre, aquella de creer que el “poder” haga “omnipotentes”. Hoy, más que en el pasado, tal poder se ha consolidado por el dinero que las bandas mafiosas extorsionan y reinvierten por todas partes. No es casual que quien ordenó el asesinato del sacerdote, Giuseppe Graviano, tuviera el sobre nombre de “Madre naturaleza”, como si todo dependiera de él, en particular el bien y el mal en Brancaccio. Si tal omnipotencia hace más despiadados, revela también la vulnerabilidad que corroe el mundo criminal. El P. Puglisi era molesto porque testimoniaba la cercanía a los pobres y a los jóvenes sin trabajo, pero no tenía poder: “Hacer matar a un hombre desarmado es una prueba de debilidad y, en el fondo, de impotencia […] Cristo se había rendido por los pobres y había muerto como uno de ellos”40. Así, “Madre naturaleza” era derrotado por el Evangelio, por aquella fuerza que se revela en quien no confía en el poder, sino en la impotencia de la cruz que salva.

    La última predicación

    El 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Cruz, el P. Pino celebró la Misa en la “Casa de la Virgen del Refugio”, donde se asistía a algunas jóvenes madres. En la homilía explicó porqué Jesús suda sangre: “Cuando tenemos miedo o experimentamos una sensación intensa de calor, saltan las contracciones bajo la piel […] y hacen salir el sudor. Pero cuando las contracciones son más fuertes, porque el miedo se ha hecho angustia insoportable, se rompen los capilares. He aquí porqué se dice que Jesús sudó sangre… sudó sangre por el miedo humano del dolor que le esperaba. Y esto lo hace sentir más fuerte como hermano. En esto hemos conocido el amor de Dios: él ha dado la vida por nosotros y también nosotros debemos dar la vida por el hermano. Es muy difícil morir por un amigo, pero morir por los enemigos es todavía más difícil. Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos sus enemigos. Dios permanece siempre cerca de nosotros, es la constancia del amor hasta el extremo del límite, es más, sin límite. ¡He aquí el motivo de nuestra alegría!”41.

    El P. Pino era consciente, por las intimidaciones y amenazas, que antes o después le habría de tocar también a él dar la vida. No sabía que esto habría de acaecer apenas 24 horas después. Pero su muerte ha sido al mismo tiempo una semilla de resurrección para el barrio de Brancaccio, para Palermo, para nuestro país y para toda la Iglesia.

    Es necesario también recordar – lo ha hecho notar el agente del Ministerio Público Lorenzo Matassa – que ni la Diócesis, ni la Parroquia, ni el Municipio, ni el Centro Social “Padre nuestro” se constituyeron en parte civil: “La lucha a la mafia así como los procesos contra ella deben ser actos conjuntos. Por esto afirmo que la justicia no es solamente la verdad, sino también participación humana, es implicación, es empeño civil continuo y de todos […] Y primero entre todos aquellos que tienen el deber moral y jurídico de la participación porque son solo ellos que pueden dar voz a quien nunca podrá tenerla. Ha sido dicho por el sucesor de don Pino Puglisi que la Iglesia no se ocupa de la responsabilidad penal de los hombres sino de su destino supra terrenal. Nada más errado, nada más injusto para la memoria de don Pino Puglisi, que a esta pobre y maltratada humanidad de Brancaccio había buscado de dar el “pan de cada día”, pero también aquel material como acto de caridad y justicia»42.

    Las palabras del agente del Ministerio Público indican el empeño de saber participar en la vida sufrida del pueblo (que es lo contrario del populismo), porque es la participación real y afectiva, si bien dolorosa.

    * * *

    En el 25 aniversario del martirio del P. Pino Puglisi, el Papa Francisco visitará el barrio Brancaccio, la Iglesia de San Gaetano, donde fue párroco, y la plazuela Anita Garibaldi, donde fue asesinado. El Papa pretende recordar a un Párroco santo y al mismo tiempo hacer un tributo a la misión de un sacerdote que ofreció la vida por amor. Con ocasión de la beatificación, él dijo: “Don Puglisi ha sido un sacerdote ejemplar, dedicado especialmente a la pastoral juvenil. Educando a los jóvenes según el Evangelio, rescatándolos de la mala vida, y así ésta buscó derrotarlo, matándolo. En realidad, es él quien ha vencido, con Cristo resucitado”43.

    1. En La Civiltà Cattolica 2018 III 298 – 310   |   4035 – 4036 (4 ago/1 set 2018). Traducción Pbro. Filiberto Cruz Reyes. ↩︎
    2. «Padre Puglisi», en www.beatopadrepuglisi.it/2014/08/un-blog-per-ricordare-e-far-conoscere/; F. Deliziosi, Pino Puglisi, il prete che fece tremare la mafia con un sorriso, Milano, Rizzoli, 2014; Id., Don Pino Puglisi. Se ognuno fa qualcosa si può fare Molto. Le parole del prete che fece paura alla mafia, Milano, Rizzoli, 2018. ↩︎
    3. F. Deliziosi, Don Pino Puglisi…, op. cit., 53 ss. La afirmación es de Mons. Vincenzo Bertolone, el postulador de la causa de beatificación.  ↩︎
    4. Giuseppe Puglisi nació en Palermo, en Brancaccio, el 15 de septiembre de 1937, en una familia modesta: su padre era zapatero y su madre costurera. A los 16 años entró al seminario y se ordenó sacerdote el 2 de julio de 1960. Su primera misión fue de Vicario en la Parroquia del Santísimo Sacramento en Settecannoli, en los límites con Brancaccio; después Rector de la Iglesia de San Juan de los leprosos, Capellán del orfanatorio “Roosevelt” y Vicario de la Parroquia María Santísima de la Asunción en Valdesi. De 1970 a 1978 fue párroco en Godrano. Desde 1979 desempeñó diversos oficios: Pro Rector del Seminario Menor, Director del Centro Diocesano para las Vocaciones y desde 1990, párroco de Brancaccio. De 1978 a 1993 enseñó religión en el Liceo clásico Vittorio Emanuele II de Palermo. Fue animador de diversos Movimientos (Acción Católica, Fuci, Èquipes Notre Dame) y desde 1990 se ocupó de la “Casa Madonna dellàccoglienza” y de la “Opera pia del Cardinale Ruffini” para jóvenes madres en dificultad (cfr. F. Occhetta, “Don Pino Puglisi, il martire di Brancaccio”, en Civ. Catt. 2003 III 66-74). ↩︎
    5. Testimonio del asesino: Cfr. F. Deliziosi, Se ognuno fa qualcosa…, op. cit., 36 ss., V. Bertolone, Padre Pino Puglisi beato. Profeta e martire, Cinisello Balsamo (Mi), San Paolo, 2013, 125; E. A. Mortellaro – C. Aquino, Padre Pino Puglisi il samurai di Dio, Trapani, Il pozzo di Giacobbe, 2013, 40. ↩︎
    6. E. A. Mortellaro – C. Aquino, Padre Pino Puglisi…, op. cit., 159. ↩︎
    7.  V. Bertolone, Padre Pino Puglisi beato…, op. cit., 125. ↩︎
    8. Ibi. ↩︎
    9. Ibi. 142. ↩︎
    10. Ibi. 84. ↩︎
    11. Ibi. ↩︎
    12. M. Lancisi, Don Puglisi. Il Vangelo contro la mafia, Milano, Piemme, 2013, 33. ↩︎
    13. Cfr. el elenco de los sacerdotes víctimas de la mafia en I. Sales, «Martire civile e martire cristiano: per Gesù c’è differenza?», en Segno 345/346 (2013) 110 ss. ↩︎
    14. N. Fasullo, «Giuseppe Puglisi, un santo necessario voluto da Dio», Ibi, 11 ss. ↩︎
    15. V. Ceruso, Don Pino Puglisi. A mani nude, Cinisello Balsamo (Mi), San Paolo, 2012, 69. ↩︎
    16. Id. Le sagrestie di Cosa Nostra. Inchiesta su preti e mafiosi, Roma, Newton Compton, 2007, 193. ↩︎
    17. Cfr. F. Renda, Storia della Mafia, Palermo, Sigma, 1998, 413; A. M. Banti, L’età contemporanea. Dalla Grande Guerra a oggi, Roma – Bari, Laterza, 2009, 402 ss. Después de las masacres de Capaci y de la avenida Amelio (de los jueces Falcone y Borsellino) de 1992, la mafia continuó los atentados en 1993 (al periodista Beppe Alfano; la masacre de cinco muertos y 40 heridos en avenida de los Georgofili en Florencia; de 5 víctimas en Milán; los tres atentados en Roma, sin víctimas: y finalmente aquel del P. Puglisi). ↩︎
    18. Cfr. F. Deliziosi, «3P» Padre Pino Puglisi. La vita y la pastorale del prete ucciso dalla mafia, Milano, Paoline, 1994. En la catedral de Palermo algunos carteles hacen memoria del mártir: uno de estos explica el significado de «3P». ↩︎
    19. M. Badalamenti, Martire oggi. Una testimonianza d’amore. Padre Giuseppe Puglisi, Palermo, Presenza del Vangelo, 2001, 133. ↩︎
    20. Se subraya el significado del nombre del centro “Padre nuestro”: “porque de la oración, y en particullar de esta oración, brotaba su empeño concreto a favor de los hermanos: ser siervo por amor, como Cristo”. (E. A. Mortellaro – C. Aquino, Padre Pino Puglisi…, op. cit., 148). ↩︎
    21. G. Porcaro, «Padre Pino Puglisi. Il sorriso del martire», en F. Malgeri et al., Sud profetico. Chiesa italiana e mezzogiorno. Padre Pino Puglisi, don tonino Bello, don Italo Calabrò, don Peppe Diana, Roma, Studium, 2015, 198. ↩︎
    22. V. Ceruso, Le sagrestie di Cosa Nostra…op. cit. 195. ↩︎
    23. En Brancaccio, entre 1981 y 1984, se habían cometido 154 homicidios por la mafia (cfr. P. Toro, “Brancaccio, diario di un impegno”, en P. Toro – N. Vara, Palermo nel gorgo. L’autunno della politica e la scelta di don Puglisi, con prefacio de G. Notari S. I., Palermo, Istituto Poligrafico Europeo, 2015, 76). El barrio era además la base logística de la lucha armada contra el Estado, que se manifestaba en una serie de atentados en Palermo, Milán, Roma, Florencia; ahí se custodiaron los explosivos para la masacre de Capaci y de la calle D’Amelio; ahí se escondían los fugitivos peligrosos y de ahí partían también las primeras tentativas de acuerdos entre el Estado y la mafia (cfr. ibi, 58). ↩︎
    24.  N. Fasullo, «Giuseppe Puglisi, un santo necesario voluto da Dio», op. cit., 12. ↩︎
    25. Cfr. F. Palazzo – A. Cavadi – R. Cascio, Beato fra i mafiosi. Don Puglisi: storia, metodo, teologia, Trapani, Di Girolamo, 2003, 21 ss. ↩︎
    26. Ibi. 42. ↩︎
    27. Ibi, 62. La propuesta ha dado título al volumen de F. Deliziosi, Se ognuno fa qualcosa si può fare molto…, op. cit., 26; 64. ↩︎
    28. N. Fasullo, «Giuseppe Puglisi, un santo necesario voluto da Dio», op. cit., 13. ↩︎
    29. El Padre Pino lo resumía también con la exhortación: “No te preguntes qué cosa puedes tomar de la vida, sino qué cosa puedes dar a la vida” (E. A. Mortellaro – C. Aquino, Padre Pino Puglisi…, op. cit., 78). ↩︎
    30. N. Fasullo, «Giuseppe Puglisi, un santo necesario voluto da Dio», op. cit., 13; Las obras de don Milani están compendiadas en L. Milani, Tutte le opere, a cura de F. Ruozzi – A. Canfora – V. Oldano – S. Tanzarella, con la dirección de A. Melloni, Milán, Mondadori, 2017. ↩︎
    31. Cfr. F. Deliziosi, «3P» Padre Pino Puglisi…, op. cit., 52-59; F. Deliziosi, Se ognuno fa qualcosa…, op. cit. 185-190; 432-438. ↩︎
    32. Cfr. C. Lorefice, La compagnia del Vangelo. Discorsi e idee di don Pino Puglisi a Palermo. Reggio Emilia, Ed. San Lorenzo, 2014, 47 ss. La expresión se remonta al Concilio, Lumen gentium, n. 8, y ha sido retomada por el Papa Francisco, en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 198. ↩︎
    33. E. A. Mortellaro – C. Aquino, Padre Pino Puglisi…, op. cit., 46. ↩︎
    34. Citado por C. Lorefice, La compagnia del Vangelo…, op. cit., 31; cfr. también G. Bellia, Il prete che seminava speranza. La storia semplice di padre Puglisi martire, Trapani, Il Pozzo di Giacobbe, 2013, 65. ↩︎
    35. N. Fasullo, «Giuseppe Puglisi, un santo necesario voluto da Dio», op. cit., 18. El mismo año de la muerte fue calificado así: «Me gusta recordarlo como un sacerdote “conciliar”, no como un sacerdote antimafia» (G. Ribaudo, “Preti antimafia? In memoria di Padre Pino Puglisi”, en Orientamenti pastorali 41 [1993] 11; 9). ↩︎
    36. V. Ceruso, Le sagrestie di Cosa Nostra…op. cit. 184. ↩︎
    37. P. Toro, “Brancaccio, diario di un impegno”, op. cit. 85. F. Deliziosi, Se ognuno fa qualcosa…, op. cit. 59. ↩︎
    38. Cfr. N. Vara, “Un nostalgico amarcord”, en P. Toro – N. Vara, Palermo nel gorgo. L’autunno della politica e la scelta di don Puglisi, op. cit., 27. ↩︎
    39. N. Fasullo, «Giuseppe Puglisi, un santo necesario voluto da Dio», op. cit., 16 ss. ↩︎
    40. I. Romero, “La vicinanza e la differenza”, en Segno 345/346, op. cit., 110. ↩︎
    41. G. Porcaro, «Padre Pino Puglisi. Il sorriso del martire», op. cit. 213 ss; cfr. también C. Lorefice, La compagnia del Vangelo…, op. cit. 160; F. Deliziosi, Se ognuno fa qualcosa…, op. cit. 31. ↩︎
    42. F. Palazzo – A. Cavadi – R. Cascio, Beato fra i mafiosi…, op. cit. 26. ↩︎
    43. F. Deliziosi, Se ognuno fa qualcosa…, op. cit. 52. ↩︎