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  • Endurecer el rostro

    Endurecer el rostro

    Presentación del Libro “Perlas Evangélicas” 

    (Querétaro, Qro. Marzo 2025)

    del Pbro. Dr. Umberto Mauro Marsich, MX

    29 de Agosto de 2025

    Parroquia de la Sagrada Familia

    Hemos leído al PadreMarsich en otros libros con otros temas: Doctrina social de la Iglesia, Bioética, Deontología jurídica, etc., Hoy nos convoca un texto sobre pasajes de la Sagrada Escritura, y más que comentarios sobre Ella son testimonios de vida, de experiencia del trabajo que Dios ha ido realizando en él. A él le consta que la Palabra de Dios cuando entra en nuestra vida puede ser algo que molesta, que incomoda, que me saca de mi comodidad… que me transforma; así como cuando un grano de arena penetra en el interior de una ostra y le irrita. Ésta para “defenderse” secreta nácar que al formar varias capaz llega a convertirse en una hermosa y valiosa perla. Sólo así podemos imaginar y comprender el itinerario de la vida del Padre Marsich: nace en Koper (Eslovenia), se educa y crece en Italia y es ahí donde fue ordenado sacerdote, viene a México y pasa diez años en Huejutla (Hgo.) en donde aprende náhuatl; después viene a San Juan del Río —en nuestro Estado—, para pasar posteriormente varios años en la Ciudad de México. Actualmente reside nuevamente en San Juan del Río. Gran parte de su ministerio ha sido ser docente, conducir a otros buscando la verdad, el bien, la belleza.

    Escuchar la voz de Dios en nuestra vida implica dar una respuesta para entrar en diálogo con Él; diálogo que no se queda sólo en la palabra sino que lleva a un cambio de vida. El Padre nos invita a dejarnos guiar por el Espíritu Santo como el mismo Jesús, pues Él mismo “Por al fuerza poderosa del mismo Espíritu, en efecto, ‘sana’ a los enfermos, ‘libera’ a los poseídos y ‘entrega su vida‘ por todos” (p. 10). Es en la entrega de nuestra vida misma que encontramos la plena realización de nuestro ser. El Padre Umberto ha dejado su vida en la misión, por eso puede afirmar: “Sólo así, impulsada por el Espíritu, la Iglesia podrá comprenderse ‘misionera’ y los que la integramos, movidos por el Espíritu, seremos sus ‘misioneros y misioneras‘ (p.11). 

    El misionero es ante todo “testigo” y “sabemos que ‘testigo’, según el Evangelio, es aquel que cuenta o narra, fiel y responsablemente, ante otros y con un cierto riesgo, lo que ha visto y oído para que la verdad resplandezca. Entre todos, desde luego, el mayor testigo es aquel que da la vida por los demás” (p. 16). Padre Umberto, hemos escuchado tus proféticas clases, donde has arriesgado tu palabra y tu buena fama en aras de que la verdad resplandezca, nos has enseñado que a veces hay que decirle “más verdades a lo cierto”; y lo sabemos bien, esto siempre tendrá su precio a pagar: la cruz de Cristo.

    El Profeta Isaías afirma acerca del Siervo de Dios que vendría: “El Señor me ayuda, por eso no me acobardaba; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado” (Is 50, 7. Biblia del Peregrino). Posteriormente San Lucas hará alusión a este texto y hará una relectural del mismo refiriéndose al Señor Jesús, afirma: “Cuando se iba cumpliendo el tiempo de que se lo llevaran afrontó decidido (endureció el rostro) el viaje hacia Jerusalén” (Lc 9, 51, Biblia del Peregrino). Endurecer el rostro significa que hay una confianza absoluta en Dios que llama, por parte de quien responde a esa vocación: pues la misión conlleva sufrimiento, riesgo, golpes, humillaciones, salivazos y tal vez incluso la muerte violenta, como la del Señor Jesús. Es una expresión para decir que quien ha entendido y decidido hacer la voluntad del Padre, nada puede hacerle mirar para otro lado o nada puede distraerle o cambiar su voluntad. Padre Umberto, gracias por tu testimonio que se mantiene firme. Porque lo has vivido nos compartes que a imitación de María debemos persistir en la búsqueda de la voluntad de Dios: “el lenguaje del ángel, revelándole la voluntad de Dios, desde luego, no le ha sido de fácil comprensión, sin embargo, jamás desistió en aceptarla” (p. 23).

    Al vivir de la fe en Cristo Jesús, Padre Umberto, nunca has dejado de ir a los confines del mundo de hoy, a las preguntas acuciantes de la cultura actual y nos recuerdas que “La tecnología más avanzada y la ciencia más compleja, jamás tendrán el poder de rescatar al hombre de la insensatez de la vida y de los males que lo atormentan” (p. 31); y así brilla la verdad perenne que nos anima y consuela en el camino de nuestra vida: “Dios, en efecto, se ha hecho carne y salvación, también para el hombre tecnológico, informatizado o desesperado de nuestro tiempo” (p. 30).

    Frente a la salvación que Jesús nos ofrece hoy y siempre, no podemos ser ingenuos, necesitamos estar conscientes como nos recuerdas que “Herodes, concretamente, es el símbolo de los ‘enemigos de Jesús’ de todos los tiempos y, más precisamente, de todos aquellos que, aún hoy, obstaculizan la difusión de su mensaje: los poderosos de la economía desigual, los intelectuales ateos, los engañosos profetas mediáticos, los mercaderes de la muerte y las multinacionales de la guerra y de la pornografía. Jesús y la Iglesia, por afectar los sucios intereses económicos de los poderosos son, por ello mismo, perseguidos y martirizados” (p. 31). ¿De dónde brota pues la fuerza en el cristiano para permanecer fiel a la voluntad del Padre? Lo sabes bien y nos recuerdas que “Toda la vida de Jesús […] se realiza y se desenvuelve bajo la inquebrantable convicción de ser amados por el Padre” (p. 35).

    Uno de los grandes tesoros que el Evangelio nos ofrece es el don de la fraternidad, esa que fue imposible entre Caín y Abel; entre José y sus hermanos que le pusieron precio y lo vendieron; la fraternidad negada entre Rusia y Ucrania; el fratricidio de Israel a Gaza; la muerte violenta de más de 70 mexicanos por día; esa fraternidad que se ignora y se desprecia todos los días en los más altos órganos legislativos de nuestra patria en la que se juegan intereses de partido y personales disfrazados de shows mediáticos pretendiendo aparentar batallas épicas, etc. ¿Cómo pues coincidir en objetivos comunes si cada uno tenemos nuestra propia historia y necesidades, y son diversas? Nos dices: “En el desprendimiento de la vida pasada y en la determinación entusiasta de seguirle, se ubicaría la condición imprescindible para vivir la aventura del seguimiento de Jesús” (p. 38).

    El Apóstol Santiago nos recuerda una de las consecuencias de negar la fraternidad: “Ustedes quieren algo, y no lo obtienen; matan, sienten envidia de alguna cosa, y como no la pueden conseguir, luchan y se hacen la guerra. No consiguen lo que quieren porque no se lo piden a Dios” (4, 2). No podemos pedir nunca la muerte del hermano, por más que creamos que tenemos la razón, por más ofendidos que lleguemos a sentirnos. Dios puso en nosotros el deseo de vida eterna, de Él mismo; y no podemos pretender estar con el Padre y excluir al hermano. La fraternidad es un don y una búsqueda constante, ya lo decía el San Agustín: “porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones I, 1, 1). Es el deseo desordenado de las cosas lo que puede llevarnos a negar la fraternidad de modo absoluto, es decir, a convertirnos en fratricidas, por eso nos recuerdas que “Evidentemente, en el pensamiento de Jesús, únicamente las riquezas ‘insolidarias’, es decir, las que ocupan el corazón, constituyen el verdadero obstáculo para seguirle y salvarse” (p. 41). 

    Son 48 pasajes evangélicos en los que el Padre Umberto nos sumerge en un ambiente de reflexión y sabiduría, esa que sólo brota de los años de seguimiento cotidiano, de la celebración rutinaria de la Eucaristía; recordando que rutinario proviene del francés routine, derivado de route (camino); es decir, de quien ha hecho del seguimiento de Jesucristo la razón de su existencia. 

    Padre Umberto Mauro, gracias por los años en que fuiste mi Maestro en el Seminario, gracias porque nos sigues enseñando con la entrega generosa de tu vida y tu palabra; ten la certeza de que ha valido la pena tu sí al Señor. Gracias por mantener tu rostro endurecido en el seguimiento del Señor y el anuncio del Reino. Felicidades por este libro que pones a nuestra consideración y para nuestro bien.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    29 de Agosto de 2025

    Parroquia de la Sagrada Familia

    Santiago de Querétaro, Qro. México

  • Hermanos en la Esperanza

    Hermanos en la Esperanza

    A la memoria de Catalina y José Faustino,

    papás del Padre Nuyín.

    Estimado Padre Nuyín:

    El domingo pasado, 24 de Agosto, cerca de la hora Nona recibíamos la noticia de la muerte de tu Sra. Madre, Doña Catalina. Era el día del Señor, de la memoria de su Resurrección; y era cerca de la hora en que conmemoramos su muerte. Dos grandes signos del amor de Dios para tu familia: la hora y el día, hora de la muerte y día de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Por el bautismo tu mamá fue incorporada al misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo. La resurrección es el centro de nuestra fe, en las Misas de la tarde del domingo pudimos ofrecer la vida y muerte de tu mamá como ofrenda agradable a Dios; te presentamos a ti, a quien tu madre ya había presentado como ofrenda al Señor el día de tu Ordenación sacerdotal.

     El lunes no pude acompañarte a la Misa exequial pues como sabes, junto con un grupo de hermanos sacerdotes iniciábamos nuestros ejercicios Espirituales, en la Casa del Buen Pastor, lugar en donde se materializa un sueño largamente acariciado por el presbiterio y demás fieles de la Diócesis y puesto en marcha por Don Fidencio López Plaza, nuestro X Obispo de Querétaro: un lugar donde puedan reunirse los hermanos para de modo especial celebrar la Eucaristía y pensar dialogando en Dios y con Él. Por la tarde celebramos la Santa Misa por tu mamá y tu familia.

    Hoy por la mañana recibimos la noticia del deceso de tu papá, Don José Faustino. ¡Que momento tan fuerte vives con tu familia! Has madurado y envejecido de algún modo en cuatro días, la muerte de tus padres te recuerda lo que ya eres y ellos cultivaron con fatigas y con fe: un presbítero (anciano). Eres maduro y experto en esperanza; recuerda que estamos en el Año Jubilar de la Esperanza.

    El tema de nuestro Retiro es: “EL SACERDOTE ES SIGNO DE ESPERANZA PARA SUS HERMANOS” y se inspira en un texto de Pedro, que como epígrafe dice: “¡Que santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor!” (2 Pe 3, 11-12).

    Hermano, eres presbítero de la Santa Iglesia, y como tal Dios te da la fuerza para ser signo de esperanza en medio de nosotros en este momento de dolor humano y que se ilumina con el dolor divino de Jesucristo crucificado.

    Hoy celebramos la memoria litúrgica de Santa Mónica, la santa que dio a luz a otro santo, presbítero y Obispo: Agustín, cuya memoria litúrgica celebraremos mañana, en el día de las exequias de tu madre. Recuerda también que nuestro amado Papa León es hijo espiritual de Agustín.

    Ya lo has hecho y tendrás tiempo de reflexionar sobre el papel de tus padres en tu vocación sacerdotal. El santo de Hipona al recordar a Mónica le describió sobre todo como madre, maestra de fe y mujer de paz (cfr. Ronzani, R; Madre, maestra di fede e donna di pace. Istruita dal Maestro interiore nella scuola del cuore. L’Osservatore Romano, 27 agosto 2025, p. 7). En el De beata vita (De la vida feliz) expresa: “Estaban allí -y no me avergüenzo de mencionarlos por sus nombres- en primer lugar mi madre, a cuyos méritos debo lo que soy” (I, 6). Habla de la época en que maduró su conversión que a la postre le llevó al bautismo, la vocación a la vida ascética, la decisión de volver a África para vivir los ideales evangélicos y dedicarse a la búsqueda de Dios.

    San Agustín en el De ordine II (El orden) explica el papel de la madre en la conversión: “Para lograr esto, hay que dedicarse con todas las veras del entusiasmo al ejercicio de una vida virtuosa. Es condición para que nos oiga Dios, pues a los que viven bien los oye con agrado. Reguémosle, pues, no que nos dé riquezas y honores y otras cosas caducas y pasajeras, a pesar de toda nuestra oposición, sino que nos colme de bienes que nos mejoren y hagan dichosos. Para que se cumplan nuestras aspiraciones, a ti sobre todo, ¡oh, madre!, te encomendamos este negocio, pues creo y afirmo sin vacilación que por tus ruegos me ha dado Dios el deseo de consagrarme a la investigación de la verdad, sin preferir nada a este ideal, sin desear, ni pensar, ni buscar otra cosa. Y mantengo la confianza de que esta gracia tan grande, cuyo deseo arde en nosotros por tus méritos, la hemos dé conseguir igualmente con tus ruegos” (20, 52). Ahora la voz de tu madre resonará con mayor fuerza, sobre todo en esos momentos difíciles, de tormenta humana; escucha sus perennes enseñanzas.

    En su De dono perseverantiae (Del don de la perseverancia), al hablar de su libro de las Confesiones San Agustín refiere: “De todos mis libros, el de las Confesiones es el más divulgado y el que mayor aceptación ha tenido […] donde narro mi conversión, obra de Dios, a esta fe que con miserable y furiosa locuacidad combatía, ¿no recordáis que al narrarlo manifesté bien claramente que lo que evitó mi perdición fueron las ardientes súplicas y las fieles y cotidianas lágrimas de mi buena madre?” (20, 53).

    San Agustín guardó en su corazón el final de los días de su madre sobre esta tierra y nos lo comparte en el libro de Las Confesiones: “No recuerdo yo bien qué respondí a esto; pero sí que apenas pasados cinco días, o no muchos más, cayó en cama con fiebres. Y estando enferma tuvo un día un desmayo, que dando por un poco privada de los sentidos. Acudimos corriendo, mas pronto volvió en sí, y viéndonos presentes a mí y a mi hermano, nos dijo, como quien pregunta algo: «¿Dónde estaba?». Después, viéndonos atónitos de tristeza, nos dijo: «Enterráis aquí a vuestra madre». Yo callaba y frenaba el llanto, pero mi hermano dijo no sé qué palabras, con las que parecía desearle como cosa más feliz morir en la patria y no en tierras tan lejanas. Al oírlo ella, le reprendió con la mirada, con rostro afligido por pensar tales cosas; y mirándome después a mí, dijo: «Enterrad este cuerpo en cualquier parte, ni os preocupe más su cuidado; solamente os ruego que os acordéis de mí ante el altar del Señor doquiera que os hallareis» (IX, 11, 27).

    En esta noche de la Pascua de tu padre lo recordamos juntamente con tu madre ante el altar del Señor.

    Padre Nuyín, te invito a que recuerdes la profesión de fe de Pablo y que le costará la vida: “Y si ahora estoy aquí procesado es por la esperanza que tengo en la Promesa hecha por Dios a nuestros padres, cuyo cumplimiento están esperando nuestras doce tribus en el culto que asiduamente, noche y día, rinden a Dios. Por esta esperanza, oh rey, soy acusado por los judíos. ¿Por qué tenéis vosotros por increíble que Dios resucite a los muertos? (Hch 26, 6-8).

    Tu hermano en el Ministerio:

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    Amealco, Qro. México

    27 de Agosto de 2025. Aniversario de mi Bautismo

  • Pino Puglisi: Sacerdote y Mártir

    Pino Puglisi: Sacerdote y Mártir

    Giancarlo Pani S. I.1

    “El Evangelio, la mafia, las periferias”: pocas palabras resumen “quién era de verdad el Padre Pino Puglisi, el párroco de Brancaccio asesinado el 15 de septiembre de 1993. Un hombre de fe inquebrantable y un maestro de espiritualidad, un educador de los jóvenes y un punto de referencia para las familias. Pero también un sacerdote de frontera que, para no traicionar la fidelidad al Evangelio, supo llevar adelante sus decisiones en un territorio dominado por la mafia. Hasta el sacrificio extremo. El 25 de mayo de 2013 la Iglesia lo reconoció como mártir y lo proclamó Beato”2. El P. Puglisi es el primer párroco de la Iglesia católica que es proclamado beato por ser un martirio perpetrado por la mafia3.

    Asesinado “porque era sacerdote”

    El 15 de septiembre de 1993 era el cumpleaños del Padre Pino Puglisi4, párroco de la Iglesia de San Gaetano, en el barrio de Brancaccio en Palermo: cumplía 56 años. Caía la tarde de un día intensamente vivido, el último de su vida: por la mañana había celebrado dos matrimonios, por la tarde había preparado para la Confesión a los niños de la Primera Comunión; después una pequeña fiesta en el salón “Padre Nuestro”, un espacio creado para recibir a los jóvenes de la calle (la Iglesia no tenía salones para las actividades parroquiales y tampoco casa parroquial).

    Al regresar a casa, en la plazuela Anita Garibaldi, mientras el P: Pino se disponía para abrir la puerta, de improviso «Spatuzza [un miembro del comando] le quitó la bolsa y le dijo: “Padre, esto es un asalto”. Él respondió: “Me lo esperaba”. Lo dijo con una sonrisa. Una sonrisa que me ha quedado impresa». Y concluye: «Entonces yo le disparé un tiro en la nuca»5.  

    Aquella sonrisa “ha sido más fuerte que la violencia que buscaba suprimirlo y […] ha realizado aquello que miles de palabras están luchando por realizar: ha restituido el rostro de hombre precisamente a su propio asesino”6, Salvatore Grigoli. Este era el asesino más despiadado de Brancaccio: había cometido 45 homicidios, pero aquel del P. Pino fue el último , porque lo habría transformado para siempre. Algunos años después confesaba: “Había una especie de luz en aquella sonrisa. Una sonrisa que me había dado un impulso inmediato. No me lo se explicar: yo ya había asesinado a muchos, pero no había experimentado nada semejante. Recuerdo siempre aquella sonrisa, aunque si incluso hago esfuerzo para tener impresos los rostros, las caras de mis parientes. Aquella noche empecé a pensar en ello, algo había cambiado”7.

    Después del homicidio del P. Puglisi su vida dio un giro. Él tenía también otro trágico precedente: había “disuelto” en ácido a Giuseppe, el hijo del testigo protegido Di Matteo: «Lo había conocido bien a aquel niño. Era un muchacho pleno de vida… He hecho cosas que no se pueden justificar, pero esta, esta… ha sido el motivo de mi arrepentimiento»8.  Desde entonces iniciaba un camino de humanidad y de arrepentimiento.

    El autor intelectual del homicidio era el jefe de Cosa Nostra, Leoluca Bagarella, que había decidido aquella muerte, porque el P. Pino era “sacerdote”. La aversión estaba directamente relacionada al ejercicio pastoral del sacerdote. De las declaraciones del proceso canónico para la beatificación emergía que Bagarella había reprochado ásperamente a los hermanos Graviano, los jefes de la mafia de Brancaccio, porqué habían esperado tanto para matarlo: “Si lo hubieran matado rápidamente cuando esto empezó, hoy no estaría sucediendo esto que parece el fin del mundo como si hubieran matado a otro grande Magistrado y por el contrario, era solo un sacerdote […] Un sacerdote que prácticamente no había hecho campaña contra la mafia”9.

    Pino Puglisi

    ¿Un sacerdote antimafia?

    En la vida, comúnmente, nada se improvisa o es dictado por el azar. Tampoco la propia muerte. Y el P. Puglisi estaba listo para esa cita. Se había preparado desde hacía tiempo, desde el día en que había pedido ser admitido en el Seminario. Entonces, el 10 de septiembre de 1953, escribía: “Siguiendo las santas inspiraciones del Señor que me ha iluminado sobre la vanidad de las cosas terrenas y sobre la grandeza de Su gracia, he decidido dedicarme al servicio de Su gloria y al bien de las almas”10. Después, sobre la estampa que recordaba el subdiaconado, había escrito el ideal de su propia donación: “Acepta, oh Señor, el holocausto de mi vida”11; y finalmente, sobre aquella del sacerdocio: “Señor, que yo sea instrumento válido para la salvación del mundo”12. Es el proyecto de una vida ofrecida totalmente a los hermanos.

    El P. Puglisi no es el primer sacerdote asesinado por la mafia13, pero su asesinato ha tenido una consecuencia paradójica: «En los pliegues del delito consumado aquella noche —nota el P. Nello Fasullo, redentorista de Palermo— es posible distinguir un particular significado de fatalidad para la mafia misma: aquella sanguinaria bárbara ferocidad que hemos conocido a lo largo de su historia […] se comenzó pronto a entender que el sentido y el papel de la mafia estaban cumplidos, terminados. Y que este fin representaba el único verdadero, impagable milagro realizado por el P. Puglisi. En este sentido su muerte era verdaderamente martirial. En el sentido que representaba, a los ojos de quien sabía entender, el hecho que, habiendo matado al párroco sin verdaderos “motivos mafiosos”, esto constituía un signo que el fenómeno mafioso se había agotado. Un delito como signo de los tiempos»14.

    Si alguien interpretara aquella muerte como un error al cual los mafiosos habrían remediado para regresar todo como antes, se equivocaría. El párroco no hacía competencia a la mafia, pero oponía simplemente el Evangelio a la cultura mafiosa: «Estamos llamados a continuar la obra de Jesús, liberándonos a nosotros y a los demás del Mal (que es odio, opresión e injusticia). Y nuestra obra consiste en devolver a los pobres su dignidad humana; solo así podrán liberarse del Mal»15. Y el P. Pino lo hacía no en modo ambiguo o escondido, si no de la manera más clara posible, a la luz del sol. Él «no catequizaba, ni hacía proselitismo, sino escuchaba. Y amaba hablar con los muchachos. Buscaba llevarlos a interrogarse sobre el sentido de la vida, a entender cuál era el camino a recorrer para cada uno»16. Su mismo modo de ser párroco hacía entender a todos de qué parte estaba y qué cosa pensaba de la mafia.

    Con el asesinato del P. Puglisi en Sicilia terminaba la mafia homicida17: con el delito del sacerdote Cosa Nostra se mataba a sí misma. Una cosa parecida no se había visto nunca en Brancaccio desde los orígenes del fenómeno mafioso.

    El calvario final

    El P. Puglisi era párroco en Brancaccio desde hacía tres años. Y aunque era sacerdote diocesano, en vez de “Don Pino”, era llamado “Padre Pino””, según el modo usual en Sicilia. También su asesino lo designa así. También tenía el apodo de “3P”, por las iniciales, Padre Pino Puglisi, mismo que ha dado título a una biografía18. El porqué no es un misterio: las «3P» delinean el peso espiritual, por que indican al Padre, pero también la Palabra y los Pobres, o bien al Parrinu («Padre», en siciliano), al Pan eucarístico y a la Preghiera (Oración, en italiano)19. No es casualidad que el centro social de Brancaccio se llamaba «Padre nuestro»20, un nombre que constituía un desafío por su significado de fraternidad, pero aludía también al párroco, el «Padre» de todos.

    Sin embargo, en poco tiempo el P. Pino había llamado la atención de los capos. El último año fue para él un calvario de advertencias e intimidaciones. Dos meses antes de su muerte, en una homilía, él denunció públicamente las amenazas: “Hoy me dirijo a los protagonistas de las intimidaciones que nos han dirigido. ¡Hablemos, expliquémonos! Quisiera conocerlos y conocer los motivos que los empujan a obstaculizar a quien busca educar a sus hijos en el respeto recíproco, en los valores de la cultura y de la convivencia civil. La iglesia ha ya sancionado con la excomunión a quien se ha manchado con atroces delitos como los llamados “hombres de honor” (mafiosos). Yo puedo solamente agregar que los asesinos, aquellos que se nutren de violencia han perdido la dignidad humana. Son menos que hombres, se degradan solos, por sus elecciones, al grado de animales”.

    “No es de Cosa nostra que puedan esperar un futuro mejor para este barrio. El mafioso no podrá darles nunca una escuela secundaria o una guardería dónde dejar a sus hijos mientras van al trabajo. ¿Por qué no quieren que sus niños vengan a mí? Recuerden: quien usa la violencia no es un hombre […] Nosotros pedimos a quien nos obstaculiza, retomar su humanidad y yo estoy dispuesto a acompañarlos en este camino […]”.

    «Hemos tenido la confirmación que todo esto quería ser una advertencia contra nuestro trabajo. Pero nosotros vamos adelante. Porque como dice San Pablo: “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Rm 8, 31)21».

    Estas palabras, gritadas desde el corazón, no eran solo una homilía, sino un desafío. Y no para intimidar o para rebelarse, sino para dialogar, para confrontarse, para crear un puente. El P. Pino quería educar incluso a los hijos de los mafiosos en la legalidad, el respeto recíproco, en los valores del estudio y de la cultura: esta era la “gran apuesta” de don Pino, su verdadera “utopía”22

    Precisamente en esos días, Brancaccio había sido definido por los diarios como el barrio de Palermo con la más alta incidencia de mafiosos, y los hechos lo confirmaban. Poco antes, algunos jóvenes en moto de gran cilindraje habían lanzado bombas molotov contra una furgoneta de la compañía que estaba restaurando la iglesia, y las flamas habían alcanzado el portón. Después fueron incendiadas las puertas de la casa de tres integrantes  del “Comité de condominios” del barrio, porque no habían tenido en cuenta a la mafia. El Comité había nacido de modo independiente de la parroquia, para hacer frente a los problemas de Brancaccio y solicitar soluciones a la autoridad. El Comité encontró en su camino al P. Puglisi, el párroco atento no solo a la vida espiritual de los fieles, sino también al contexto social en el cual éstos vivían.

    Padre Puglisi: libre e independiente

      Brancaccio era el barrio de más mala fama de Palermo23. El estilo de vida del párroco, simple y resuelto, claro y eficaz , y sobre todo la libertad y la independencia que enseñaba eran una provocación continua  para la mafia y contravenía la regla general que todos debían respetar: “En Brancaccio no se mueve una hoja que la mafia no quiera”24. Incluso para rentar una casa se requería el permiso del capo. El P. Puglisi no solo no respetaba las reglas del barrio, sino que enseñaba a la gente a hacer lo mismo. Se dirigía directamente a las autoridades sin pasar por las “oficinas” de la mafia.

    El párroco no sustituía a la asistencia social ni hacía lo que habría debido realizar el Municipio: Simplemente solicitaba a las autoridades los servicios y las estructuras a los cuales los ciudadanos tenían derecho. De aquí las primeras legítimas peticiones: el alcantarillado (Brancaccio no lo tenía, y por consiguiente las aguas residuales escurrían por las calles, con diversos casos de hepatitis C, mortal para los niños)25; después, la apertura de una escuela Secundaria en el barrio (misma que se llevó a cabo siete años después del homicidio del P. Puglisi), un centro social, un distrito socio sanitario de base, un lugar de encuentro para jóvenes y ancianos26.

    Por lo demás, las peticiones no eran hechas a título personal, sino junto con la gente de Brancaccio. Su “regla de oro” consistía en el actuar juntos, y la proponía a todos: “si todos hacen algo, se puede hacer mucho”27. Tal propuesta era una revolución, porque enseñaba a los ciudadanos a ser libres y unidos para reivindicar los propios derechos. “No fue el que haya recibido a los jóvenes, a los adolescentes y niños de la parroquia la causa del asesinato mafioso del P. Puglisi, sino su espíritu de libertad y de insubordinación al poder de Cosa nostra28. Un espíritu que es el corazón de la enseñanza del evangelio29.

    Los maestros de un párroco

    ¿Quiénes son los inspiradores del P. Puglisi? Si en primer lugar – como se ha dicho – está el Evangelio, es necesario recordar otra figura de sacerdote que ciertamente ha desempeñado un papel no marginal en su formación: don Lorenzo Milani. Lo que une a los dos personajes, que tal vez nunca se conocieron, es su libertad e independencia. Don Milani, en los años sesenta y setenta, se había constituido con sus libros un punto de referencia para los jóvenes de entonces. Ya “Experiencias pastorales”, de mayo de 1958, no obstante la escasa difusión inicial, conoció un éxito notable después de la disposición del Santo Oficio de retirarlo del comercio. Después, “La obediencia no es más una virtud”, de 1965, sacudió el ambiente eclesiástico italiano, y finalmente la “Carta a una maestra”, de 1967, llegó a ser en la protesta del ’68 el manifiesto de la revolución estudiantil y puso en evidencia el espíritu que animaba al sacerdote30.

    El P. Puglisi, siendo asistente de la FUCI (Federación Universitaria Católica Italiana), hablaba a los estudiantes de la figura de don Milani, que formaba a los jóvenes para ser ciudadanos responsables. Su temple de hombre libre, de cristiano no dado a los compromisos, de párroco dedicado al bien de los propios fieles tiene un modelo preciso de sacerdote de la Toscana. Por lo demás, el P. Pino era todavía más libre que el prior, el cual había sido enviado a Barbiana para ser de algún modo marginado. Desde entonces don Milani había tenido un papel decisivo en la historia de la democracia italiana por la aprobación de la objeción de conciencia, por la no violencia, por la reforma de la escuela secundaria. El P. Puglisi tenía delante de sí un ejemplo clarísimo al cual conformarse.

    En su formación juegan también un papel decisivo el Vaticano II y el nuevo espíritu que el Concilio inculcaba en los sacerdotes. El P. Pino había sido ordenado presbítero en 1960, mientras que desde 1958 el Papa Juan XXIII había abierto una nueva etapa en la Iglesia y reanimaba el desafío misionero. El “aggiornamento”, la nueva evangelización, el diálogo con los lejanos, se enraizaban en los sacerdotes de Palermo. El Concilio modelaba al joven sacerdote31. Además, el ser “Iglesia pobre y para los pobres”32 era un ideal concreto que él ponía en práctica ya desde la primera encomien presbiteral en Settecannoli, un barrio de casuchas, construido sobre los escombros de los bombardeos de la guerra: aquí está el primero de los empeños en una serie de peticiones al Municipio para proveer a los servicios esenciales a una comunidad abandonada.

    Después fue transferido a Godrano, a unos 40 km de Palermo, en donde el P. Pino encontró el movimiento franciscano “Presencia del Evangelio”, poco conocido en el resto de Italia pero muy activo en Sicilia, que se proponía de llevar, mediante los laicos, el anuncio del evangelio a las personas sencillas. De aquí el amor por la Palabra de Dios, “aquel fermento nuevo que obra en lo secreto de cada uno, y después, no se sabe cuando, ni cómo, da fruto”33. Godrano es sólo un pequeño pueblo de campesinos, pero marcado por conflictos familiares que habían cosechado muchas víctimas (entre los años cincuenta y sesenta: 15 homicidios). Fue tal vez este el primer encuentro cercano con el mundo mafioso.

    El P. Puglisi, hombre de reconciliación, quiso estar presente en un contexto herido por venganzas y homicidios: supo estar cerca de las personas, supo comunicarse con ellas, supo hablarles del Señor. El pueblo es su misión, donde él vive el empeño pastoral realizando el Concilio: “El Vaticano II ha hecho redescubrir algunas verdades fundamentales : la vocación […] del hombre es la comunión con Dios, con un Dios que es amor y está lleno de ternura […] Este fuerte mensaje lo hemos redescubierto con el Concilio junto con tantas otras cosas, por ejemplo el redescubrimiento de la comunidad, de ser todos nosotros Iglesia”34. El evento conciliar constituye “la llave de oro que permite entrar en la vida y en el martirio del Padre Puglisi”35.

    El trabajo por los jóvenes culminó finalmente entre los muchachos de Brancaccio, en donde en 1990 fue llamado a ser el párroco. La encomienda marcaba una etapa fundamental en la vida del Padre Pino: Brancaccio es su barrio, donde había nacido en una familia pobre, había vivido los años juveniles y madurado su vocación al sacerdocio. El trabajo del sacerdote hacía precario e inestable el muro de silencio y violencia que desde hacía mucho tiempo tenía ligada a la gente a las prácticas mafiosas.

    «Personalismo, cultura y Evangelio: una mezcla que el P. Puglisi no elaboraba sentado en la mesa, en los encuentros eclesiásticos o en los institutos de investigación, sino en la calle, en los callejones, luchando cerca de las familias para reivindicar el derecho a la casa y permaneciendo junto a las condiciones humanas frecuentemente degradantes»36. Él era también un hombre de cultura, un intelectual, pero listo para ensuciarse las manos en medio de su pueblo, con un programa concreto: “No seremos nosotros quienes cambiarán el barrio. Esta es una ilusión que no podemos permitirnos… Pero nuestras iniciativas deben ser un signo”37.

    El «Caso Puglisi»

    El asesinato del P. Puglisi, si bien fue claramente la muerte de un mártir, no fue inmediatamente comprendido en su valor espiritual: prevalecieron las interpretaciones, pobres y reductivas.

    Dado que el párroco de San Gaetano no era muy conocido fuera del barrio, una interpretación tendía a situar la figura del sacerdote en su ambiente, y por lo tanto a relegarlo en el olvido; la otra por el contrario miraba a hacer el ícono de una “estampa” y a colocarlo en la galería de los beatos y santos, y por lo tanto a alejarlo de la gente común38. Las dos interpretaciones no permitían tomar el valor del testimonio del sacerdote e impedían sacar a la luz lo esencial, esto es, el desafío y la profecía que surgían de aquel referido homicidio.

    Desafío en primer lugar para la Iglesia, después para los jóvenes, para la cultura, para la ciudad, para la política. El Evangelio lleva a amar a los enemigos. Y el P. Pino los invitaba a venir a la Iglesia, a dialogar, a decir sus razones y no solo a asesinar… Él no quería tanto convertir a los mafiosos, cuanto a invitar a todos a solidarizarse, a ayudarse, a buscar el bien del barrio.

    La profecía por el contrario es aquella que nace del mandamiento “No matarás”: «Después de Jesús se puede cambiar el planteamiento y preguntarse el porqué del no matarás […] Y confrontarlo con la enseñanza de Jesús, aquella “nueva”, la última, aquel testamento de la Última Cena; aquel positivo del “Ámense como yo los he amado” […] Por que la vida se da, no se quita. La novedad del mandamiento de Jesús es el don, el dar, la gracia: no la prohibición del matar. Lo que debe distinguir la vida y el estilo cristianos no es la prohibición, sino el amor “puro”, aquel sin condiciones que no busca recompensa. La prohibición, por sí misma, no habla al corazón, es pobre […] Es estrecha y paraliza […] Es más evangélico (hace conocer mejor a Dios y a Jesucristo) anunciar a la ciudad que don Pino ha donado la vida al modo de Jesús […] Sólo el dar (también la vida) es cristiano y nunca el quitar (especialmente la vida)»39.

    Finalmente, la debilidad de la mafia, que destaca en el sacrificio del P. Puglisi. El mundo mafioso tiene en sí una enfermedad antigua y moderna del hombre, aquella de creer que el “poder” haga “omnipotentes”. Hoy, más que en el pasado, tal poder se ha consolidado por el dinero que las bandas mafiosas extorsionan y reinvierten por todas partes. No es casual que quien ordenó el asesinato del sacerdote, Giuseppe Graviano, tuviera el sobre nombre de “Madre naturaleza”, como si todo dependiera de él, en particular el bien y el mal en Brancaccio. Si tal omnipotencia hace más despiadados, revela también la vulnerabilidad que corroe el mundo criminal. El P. Puglisi era molesto porque testimoniaba la cercanía a los pobres y a los jóvenes sin trabajo, pero no tenía poder: “Hacer matar a un hombre desarmado es una prueba de debilidad y, en el fondo, de impotencia […] Cristo se había rendido por los pobres y había muerto como uno de ellos”40. Así, “Madre naturaleza” era derrotado por el Evangelio, por aquella fuerza que se revela en quien no confía en el poder, sino en la impotencia de la cruz que salva.

    La última predicación

    El 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Cruz, el P. Pino celebró la Misa en la “Casa de la Virgen del Refugio”, donde se asistía a algunas jóvenes madres. En la homilía explicó porqué Jesús suda sangre: “Cuando tenemos miedo o experimentamos una sensación intensa de calor, saltan las contracciones bajo la piel […] y hacen salir el sudor. Pero cuando las contracciones son más fuertes, porque el miedo se ha hecho angustia insoportable, se rompen los capilares. He aquí porqué se dice que Jesús sudó sangre… sudó sangre por el miedo humano del dolor que le esperaba. Y esto lo hace sentir más fuerte como hermano. En esto hemos conocido el amor de Dios: él ha dado la vida por nosotros y también nosotros debemos dar la vida por el hermano. Es muy difícil morir por un amigo, pero morir por los enemigos es todavía más difícil. Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos sus enemigos. Dios permanece siempre cerca de nosotros, es la constancia del amor hasta el extremo del límite, es más, sin límite. ¡He aquí el motivo de nuestra alegría!”41.

    El P. Pino era consciente, por las intimidaciones y amenazas, que antes o después le habría de tocar también a él dar la vida. No sabía que esto habría de acaecer apenas 24 horas después. Pero su muerte ha sido al mismo tiempo una semilla de resurrección para el barrio de Brancaccio, para Palermo, para nuestro país y para toda la Iglesia.

    Es necesario también recordar – lo ha hecho notar el agente del Ministerio Público Lorenzo Matassa – que ni la Diócesis, ni la Parroquia, ni el Municipio, ni el Centro Social “Padre nuestro” se constituyeron en parte civil: “La lucha a la mafia así como los procesos contra ella deben ser actos conjuntos. Por esto afirmo que la justicia no es solamente la verdad, sino también participación humana, es implicación, es empeño civil continuo y de todos […] Y primero entre todos aquellos que tienen el deber moral y jurídico de la participación porque son solo ellos que pueden dar voz a quien nunca podrá tenerla. Ha sido dicho por el sucesor de don Pino Puglisi que la Iglesia no se ocupa de la responsabilidad penal de los hombres sino de su destino supra terrenal. Nada más errado, nada más injusto para la memoria de don Pino Puglisi, que a esta pobre y maltratada humanidad de Brancaccio había buscado de dar el “pan de cada día”, pero también aquel material como acto de caridad y justicia»42.

    Las palabras del agente del Ministerio Público indican el empeño de saber participar en la vida sufrida del pueblo (que es lo contrario del populismo), porque es la participación real y afectiva, si bien dolorosa.

    * * *

    En el 25 aniversario del martirio del P. Pino Puglisi, el Papa Francisco visitará el barrio Brancaccio, la Iglesia de San Gaetano, donde fue párroco, y la plazuela Anita Garibaldi, donde fue asesinado. El Papa pretende recordar a un Párroco santo y al mismo tiempo hacer un tributo a la misión de un sacerdote que ofreció la vida por amor. Con ocasión de la beatificación, él dijo: “Don Puglisi ha sido un sacerdote ejemplar, dedicado especialmente a la pastoral juvenil. Educando a los jóvenes según el Evangelio, rescatándolos de la mala vida, y así ésta buscó derrotarlo, matándolo. En realidad, es él quien ha vencido, con Cristo resucitado”43.

    1. En La Civiltà Cattolica 2018 III 298 – 310   |   4035 – 4036 (4 ago/1 set 2018). Traducción Pbro. Filiberto Cruz Reyes. ↩︎
    2. «Padre Puglisi», en www.beatopadrepuglisi.it/2014/08/un-blog-per-ricordare-e-far-conoscere/; F. Deliziosi, Pino Puglisi, il prete che fece tremare la mafia con un sorriso, Milano, Rizzoli, 2014; Id., Don Pino Puglisi. Se ognuno fa qualcosa si può fare Molto. Le parole del prete che fece paura alla mafia, Milano, Rizzoli, 2018. ↩︎
    3. F. Deliziosi, Don Pino Puglisi…, op. cit., 53 ss. La afirmación es de Mons. Vincenzo Bertolone, el postulador de la causa de beatificación.  ↩︎
    4. Giuseppe Puglisi nació en Palermo, en Brancaccio, el 15 de septiembre de 1937, en una familia modesta: su padre era zapatero y su madre costurera. A los 16 años entró al seminario y se ordenó sacerdote el 2 de julio de 1960. Su primera misión fue de Vicario en la Parroquia del Santísimo Sacramento en Settecannoli, en los límites con Brancaccio; después Rector de la Iglesia de San Juan de los leprosos, Capellán del orfanatorio “Roosevelt” y Vicario de la Parroquia María Santísima de la Asunción en Valdesi. De 1970 a 1978 fue párroco en Godrano. Desde 1979 desempeñó diversos oficios: Pro Rector del Seminario Menor, Director del Centro Diocesano para las Vocaciones y desde 1990, párroco de Brancaccio. De 1978 a 1993 enseñó religión en el Liceo clásico Vittorio Emanuele II de Palermo. Fue animador de diversos Movimientos (Acción Católica, Fuci, Èquipes Notre Dame) y desde 1990 se ocupó de la “Casa Madonna dellàccoglienza” y de la “Opera pia del Cardinale Ruffini” para jóvenes madres en dificultad (cfr. F. Occhetta, “Don Pino Puglisi, il martire di Brancaccio”, en Civ. Catt. 2003 III 66-74). ↩︎
    5. Testimonio del asesino: Cfr. F. Deliziosi, Se ognuno fa qualcosa…, op. cit., 36 ss., V. Bertolone, Padre Pino Puglisi beato. Profeta e martire, Cinisello Balsamo (Mi), San Paolo, 2013, 125; E. A. Mortellaro – C. Aquino, Padre Pino Puglisi il samurai di Dio, Trapani, Il pozzo di Giacobbe, 2013, 40. ↩︎
    6. E. A. Mortellaro – C. Aquino, Padre Pino Puglisi…, op. cit., 159. ↩︎
    7.  V. Bertolone, Padre Pino Puglisi beato…, op. cit., 125. ↩︎
    8. Ibi. ↩︎
    9. Ibi. 142. ↩︎
    10. Ibi. 84. ↩︎
    11. Ibi. ↩︎
    12. M. Lancisi, Don Puglisi. Il Vangelo contro la mafia, Milano, Piemme, 2013, 33. ↩︎
    13. Cfr. el elenco de los sacerdotes víctimas de la mafia en I. Sales, «Martire civile e martire cristiano: per Gesù c’è differenza?», en Segno 345/346 (2013) 110 ss. ↩︎
    14. N. Fasullo, «Giuseppe Puglisi, un santo necessario voluto da Dio», Ibi, 11 ss. ↩︎
    15. V. Ceruso, Don Pino Puglisi. A mani nude, Cinisello Balsamo (Mi), San Paolo, 2012, 69. ↩︎
    16. Id. Le sagrestie di Cosa Nostra. Inchiesta su preti e mafiosi, Roma, Newton Compton, 2007, 193. ↩︎
    17. Cfr. F. Renda, Storia della Mafia, Palermo, Sigma, 1998, 413; A. M. Banti, L’età contemporanea. Dalla Grande Guerra a oggi, Roma – Bari, Laterza, 2009, 402 ss. Después de las masacres de Capaci y de la avenida Amelio (de los jueces Falcone y Borsellino) de 1992, la mafia continuó los atentados en 1993 (al periodista Beppe Alfano; la masacre de cinco muertos y 40 heridos en avenida de los Georgofili en Florencia; de 5 víctimas en Milán; los tres atentados en Roma, sin víctimas: y finalmente aquel del P. Puglisi). ↩︎
    18. Cfr. F. Deliziosi, «3P» Padre Pino Puglisi. La vita y la pastorale del prete ucciso dalla mafia, Milano, Paoline, 1994. En la catedral de Palermo algunos carteles hacen memoria del mártir: uno de estos explica el significado de «3P». ↩︎
    19. M. Badalamenti, Martire oggi. Una testimonianza d’amore. Padre Giuseppe Puglisi, Palermo, Presenza del Vangelo, 2001, 133. ↩︎
    20. Se subraya el significado del nombre del centro “Padre nuestro”: “porque de la oración, y en particullar de esta oración, brotaba su empeño concreto a favor de los hermanos: ser siervo por amor, como Cristo”. (E. A. Mortellaro – C. Aquino, Padre Pino Puglisi…, op. cit., 148). ↩︎
    21. G. Porcaro, «Padre Pino Puglisi. Il sorriso del martire», en F. Malgeri et al., Sud profetico. Chiesa italiana e mezzogiorno. Padre Pino Puglisi, don tonino Bello, don Italo Calabrò, don Peppe Diana, Roma, Studium, 2015, 198. ↩︎
    22. V. Ceruso, Le sagrestie di Cosa Nostra…op. cit. 195. ↩︎
    23. En Brancaccio, entre 1981 y 1984, se habían cometido 154 homicidios por la mafia (cfr. P. Toro, “Brancaccio, diario di un impegno”, en P. Toro – N. Vara, Palermo nel gorgo. L’autunno della politica e la scelta di don Puglisi, con prefacio de G. Notari S. I., Palermo, Istituto Poligrafico Europeo, 2015, 76). El barrio era además la base logística de la lucha armada contra el Estado, que se manifestaba en una serie de atentados en Palermo, Milán, Roma, Florencia; ahí se custodiaron los explosivos para la masacre de Capaci y de la calle D’Amelio; ahí se escondían los fugitivos peligrosos y de ahí partían también las primeras tentativas de acuerdos entre el Estado y la mafia (cfr. ibi, 58). ↩︎
    24.  N. Fasullo, «Giuseppe Puglisi, un santo necesario voluto da Dio», op. cit., 12. ↩︎
    25. Cfr. F. Palazzo – A. Cavadi – R. Cascio, Beato fra i mafiosi. Don Puglisi: storia, metodo, teologia, Trapani, Di Girolamo, 2003, 21 ss. ↩︎
    26. Ibi. 42. ↩︎
    27. Ibi, 62. La propuesta ha dado título al volumen de F. Deliziosi, Se ognuno fa qualcosa si può fare molto…, op. cit., 26; 64. ↩︎
    28. N. Fasullo, «Giuseppe Puglisi, un santo necesario voluto da Dio», op. cit., 13. ↩︎
    29. El Padre Pino lo resumía también con la exhortación: “No te preguntes qué cosa puedes tomar de la vida, sino qué cosa puedes dar a la vida” (E. A. Mortellaro – C. Aquino, Padre Pino Puglisi…, op. cit., 78). ↩︎
    30. N. Fasullo, «Giuseppe Puglisi, un santo necesario voluto da Dio», op. cit., 13; Las obras de don Milani están compendiadas en L. Milani, Tutte le opere, a cura de F. Ruozzi – A. Canfora – V. Oldano – S. Tanzarella, con la dirección de A. Melloni, Milán, Mondadori, 2017. ↩︎
    31. Cfr. F. Deliziosi, «3P» Padre Pino Puglisi…, op. cit., 52-59; F. Deliziosi, Se ognuno fa qualcosa…, op. cit. 185-190; 432-438. ↩︎
    32. Cfr. C. Lorefice, La compagnia del Vangelo. Discorsi e idee di don Pino Puglisi a Palermo. Reggio Emilia, Ed. San Lorenzo, 2014, 47 ss. La expresión se remonta al Concilio, Lumen gentium, n. 8, y ha sido retomada por el Papa Francisco, en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 198. ↩︎
    33. E. A. Mortellaro – C. Aquino, Padre Pino Puglisi…, op. cit., 46. ↩︎
    34. Citado por C. Lorefice, La compagnia del Vangelo…, op. cit., 31; cfr. también G. Bellia, Il prete che seminava speranza. La storia semplice di padre Puglisi martire, Trapani, Il Pozzo di Giacobbe, 2013, 65. ↩︎
    35. N. Fasullo, «Giuseppe Puglisi, un santo necesario voluto da Dio», op. cit., 18. El mismo año de la muerte fue calificado así: «Me gusta recordarlo como un sacerdote “conciliar”, no como un sacerdote antimafia» (G. Ribaudo, “Preti antimafia? In memoria di Padre Pino Puglisi”, en Orientamenti pastorali 41 [1993] 11; 9). ↩︎
    36. V. Ceruso, Le sagrestie di Cosa Nostra…op. cit. 184. ↩︎
    37. P. Toro, “Brancaccio, diario di un impegno”, op. cit. 85. F. Deliziosi, Se ognuno fa qualcosa…, op. cit. 59. ↩︎
    38. Cfr. N. Vara, “Un nostalgico amarcord”, en P. Toro – N. Vara, Palermo nel gorgo. L’autunno della politica e la scelta di don Puglisi, op. cit., 27. ↩︎
    39. N. Fasullo, «Giuseppe Puglisi, un santo necesario voluto da Dio», op. cit., 16 ss. ↩︎
    40. I. Romero, “La vicinanza e la differenza”, en Segno 345/346, op. cit., 110. ↩︎
    41. G. Porcaro, «Padre Pino Puglisi. Il sorriso del martire», op. cit. 213 ss; cfr. también C. Lorefice, La compagnia del Vangelo…, op. cit. 160; F. Deliziosi, Se ognuno fa qualcosa…, op. cit. 31. ↩︎
    42. F. Palazzo – A. Cavadi – R. Cascio, Beato fra i mafiosi…, op. cit. 26. ↩︎
    43. F. Deliziosi, Se ognuno fa qualcosa…, op. cit. 52. ↩︎

  • A corazón abierto

    A corazón abierto

    A todos los que nos acompañan en la “Misión Cirenia”

    Con gratitud infinita

    Jueves 8 de Mayo de 2025: la Iglesia y el mundo ponen sus ojos en una antigua chimenea en el tejado de un edificio en el Vaticano, el color del humo que esperan ver salir es importante: si es negro el cónclave debe continuar, si es blanco entonces Habemus papam.

    Iba en la carretera 57 en el tramo San Juan del Río-Querétaro; una arteria vial de México que a ratos parece colapsar. No sé cuántos automotores transitan a través de ella por minuto, pero son más de los que puede hacer circular; la están ampliando. Mi pulso se estremecía, parecía colapsar: la emoción de la espera por el próximo Papa y la tensión de saber que mi hermana Cirenia estaba en quirófano en una cirugía a corazón abierto. Escuchaba en el celular, en las redes sociales la transmición en vivo del Cónclave, de pronto un “Habemus Papam…”, me orillé y detuve el auto.

    Apareció el Proto Diácono y pronunció en latín las esperadas palabras: Annuntio vobis gaudium magnum; habemus Papam: Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum, Dominum Robertum Franciscum Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Prevost qui sibi nomen imposuit LEONEM XIV (Les anuncio con gran gozo; tenemos Papa: Eminentísimo y Reverendísimo Señor, Señor Roberto Francisco Cardenal Prevost de la Santa Romana Iglesia que se impuso el nombre de LEÓN XIV).

    Era un Cardenal Obispo, Prefecto del Dicasterio para los Obispos. Nacido en Chicago, Estados Unidos de Norte América y quien fuera Obispo de la Diócesis de Chiclayo en Perú. Religioso Agustino, misionero. Hoy los medios de comunicación digitales e impresos inundan de datos su historia.

    Al aparecer en el balcón de la Logia central de la Basílica de San Pedro pronunció sus primeras palabras como Papa León XIV: en italiano, español y latín. No usó su lengua madre, el inglés. Francisco no fue como Papa a su querida Argentina… los Papas son universales, católicos… son de todos, son para todos. Los santos también: Antonio de Padua, no nació en Padua; Teresa de Calcuta, no nació en Calcuta; en la Iglesia nadie es extranjero (cfr. Ef. 2, 19).

     El escudo episcopal de Mons. Prevost: un blasón tajado en cuyo campo derecho aparece un libro, sobre el cual aparece un corazón ardiente traspasado por una flecha, que recuerda a San Agustín y su experiencia de encuentro con Dios: “Percussisti cor meum verbo tuo, et amavi te”. “Heriste mi corazón con tu palabra y te amé”. (Confesiones X, VI, 8).

    Toda la vida de San Agustín será una búsqueda de la Verdad:  “Volo eam facere in corde meo coram te in confessione, in stilo autem meo coram multis testibus”, “Yo la quiero obrar en mi corazón [la verdad], delante de ti por esta mi confesión y delante de muchos testigos por este mi escrito” (Confesiones X, I, 1). La imagen del libro significa el texto sagrado de la Palabra de Dios, pero también la ingente obra escrita del Santo como un tesoro y regalo para la Iglesia y la humanidad, pues en ella muchos no creyentes también se recrean. Este mismo escudo lo ha conservado como Papa León XIV.

    En su primer saludo el Papa León XIV nos decía: 

    “¡La paz esté con todos ustedes!

    Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo resucitado, el Buen Pastor, que ha dado la vida por la grey de Dios. También yo quisiera que este saludo de paz entre en sus corazones, llegue a sus familias, a todas las personas, dondequiera que estén, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz esté con ustedes! […]

     ¡Gracias al Papa Francisco! […]

    Soy agustino, un hijo de san Agustín, que ha dicho: “Con ustedes soy cristiano y para ustedes, obispo”.

    Estas afirmaciones nos iluminan: la espiritualidad del santo de Hipona configura todo su corazón episcopal y ahora de Sumo Pontífice, es una clave para entender todo su ministerio y magisterio, en el cual la palabra “corazón” palpita por doquier.

    El agradecimiento al Papa Francisco nos remite también al magisterio del Papa argentino y nos conecta a él, su última encíclica “Dilextit nos – Nos amó” (24 de octubre de 2024) lleva como sub título “Sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo”. En ella la palabra “corazón” aparece 469 veces, mientras que el nombre de San Agustín aparece 5 veces en el cuerpo del documento.

    Dice el Papa Francisco: “San Agustín abrió el camino a la devoción al Sagrado Corazón como lugar de encuentro personal con el Señor. Es decir, para él el pecho de Cristo no es solamente la fuente de la gracia y de los sacramentos, sino que lo personaliza, presentándolo como símbolo de la unión íntima con Cristo, como lugar de un encuentro de amor. Allí está el origen de la sabiduría más preciosa, que es conocerle a él. En efecto, Agustín escribe que Juan, el amado, cuando en la última cena apoyó su cabeza sobre el pecho de Jesús, se reclinó sobre el santuario de la sabiduría” (DN 103).

    Ese día, 8 de Mayo, al experimentar que un cierto sentimiento de orfandad como católicos terminaba al tener nuevo Papa, cesaba mi emoción por la espera del nuevo Romano Pontífice; no así la tención por la salud de mi hermana Cirenia. Eso terminaría más tarde hasta cierto punto, después de un arduo trabajo de 10 horas en el quirófano por parte de todo el personal sanitario. Ella había sido ingresada al Hospital el martes anterior, 6 de mayo. Desde esa fecha transcurrieron largos días y noches de sosobra, de temor y temblor, de angustiosa espera; las noticias que enviaba mi hermana que le asistía iban de la mejoría a la alarma, del “va mejor” a “la presión está muy alta” o “tiene problemas con la cuagulación”. El cansancio y la angustia fueron minando la fuerza de todos en la familia, de pronto recibíamos el reporte “desde el hospital en el segundo piso y número de habitación”, ya no eran los nombres sino un lugar y unos números… La clausura, la soledad, el dolor, la lucha contra el tiempo, la intimidad expuesta, de pronto nos hacen sentir y pensar no se porque, de algún modo en un campo de concentración. A diferencia de aquél, en este muchos están a tu favor: médicos, enfermeras, asistentes, guardias, administrativos, compañeros de camino y de dolor, los que oran por nosotros, quienes donaron sangre, etc. Gracias a todos, infinitas gracias por tener un corazón abierto y generoso para el sufriente y menesteroso, su presencia nos ha llenado de esperanza, de futuro. Mi hermana vive y se recupera poco a poco.

    Hoy por la mañana en Roma, el Papa León XIV decía en su Mensaje a los sacerdotes en ocasión de la Jornada de santificación sacerdotal:

    “Queridos hermanos en el sacerdocio:

    En esta Jornada de la Santificación Sacerdotal, que se celebra en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, me dirijo a cada uno de ustedes con un corazón agradecido y lleno de confianza.

    El Corazón de Cristo, traspasado por amor, es la carne viva y vivificante que acoge a cada uno de nosotros, transformándonos a imagen del Buen Pastor. En él se comprende la verdadera identidad de nuestro ministerio: ardiendo por la misericordia de Dios, somos testigos gozosos de su amor que sana, acompaña y redime.

    La fiesta de hoy renueva en nuestros corazones la llamada a la entrega total de nosotros mismos al servicio del Pueblo santo de Dios. Esta misión comienza con la oración y continúa en la unión con el Señor, quien reaviva continuamente en nosotros su don: la santa vocación al sacerdocio.

    Hacer memoria de esta gracia, como afirma san Agustín, significa entrar en un «santuario amplio y sin fronteras» (Confesiones, X, 8.15), en donde no se custodia simplemente algo del pasado, sino que vuelve siempre nuevo y actual lo que allí se conserva. Sólo haciendo memoria vivimos y hacemos revivir lo que el Señor nos ha entregado, y nos pide, a su vez, transmitirlo en su nombre. La memoria unifica nuestros corazones en el Corazón de Cristo y nuestra vida en la vida de Cristo, de modo que podamos llevar al Pueblo santo de Dios la Palabra y los Sacramentos de la salvación, para un mundo reconciliado en el amor. Sólo en el Corazón de Jesús encontramos nuestra verdadera humanidad de hijos de Dios y de hermanos entre nosotros. Por estas razones, hoy quiero hacerles una invitación urgente: ¡sean constructores de unidad y de paz!”

    El corazón traspasado, abierto, de Jesucristo resucitado es la fuente de vida y generosidad que nosotros y todo nuestro mundo necesitamos. Gracias a todos por su generoso corazón, lo digo también a corazón abierto.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    Santiago de Querétaro, Qro. Méx., 27 de Junio de 2025

    Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

  • De Chicago a Chiclayo o Born in the USA

    De Chicago a Chiclayo o Born in the USA

    «Nací en Estados Unidos (en Chicago), pero mis abuelos eran todos inmigrantes, franceses, españoles (…) Me crié en una familia muy católica, mis dos padres estaban muy comprometidos con la parroquia», contó Prevost en una entrevista con Radio Televisión Italiana”1. Es consciente del tema de la migración, primero de sus abuelos y después de la propia suya, pues vivió muchos años en Perú: primero como sacerdote, después como Obispo en la Diócesis de Chiclayo (habiendo sido consagrado Obispo el 12 de diciembre de 2014 para ser Administrador Apostólico de la diócesis, y más o menos un año después Obispo Diocesano de la misma); tiene una segunda nacionalidad: la peruana. Esa experiencia marcó su vida y su visión de la evangelización, por eso hoy en día de su elección en su primer mensaje dijo en perfecto castellano: Soy hijo de san Agustín, agustiniano, que dijo: «Con ustedes soy cristiano y para ustedes obispo». Tal vez esta antigua expresión del Santo pueda significar comunión y sinodalidad; por eso también afirma la razón de éstas: “para proclamar el Evangelio, para ser misioneros”. El anuncio del Evangelio nunca se hace en soledad, necesitamos ser con los otros, con el Otro. En ese sentido va también su lema episcopal “In Illo uno unum” (“En Aquel Único, somos uno”), tomado del Sermón de San Agustín sobre el Salmo 127, y en su contexto dice: ”Estos cristianos, con su Cabeza, que subió al cielo, son un solo Cristo; no es Él uno y nosotros muchos, sino que, siendo nosotros muchos en Aquel uno, somos uno. Luego Cristo es uno, Cabeza y Cuerpo. ¿Cuál es su Cuerpo? Su Iglesia, conforme dice el Apóstol: Somos miembros de su Cuerpo; y: Vosotros sois Cuerpo de Cristo y miembros” (n. 3).

    Es el primer Papa de la Orden de los Agustinos, el segundo –después de Francisco– nacido en el continente americano, y paradógicamente éste en el extremo sur del continente, mientras que León XIV muy al norte del mismo. Tal vez ahora comprendamos mejor aquellas proféticas palabras de San Juan Pablo II cuando dijo que el Continente Americano era el continente de la esperanza: 

    “III. Una mirada hacia el futuro: el continente de la esperanza

    1. Los retos del momento: Al contemplar el panorama que se abre a la nueva evangelización, no es posible desconocer los desafíos que esa labor ha de enfrentar. 

    La escasez de ministros cualificados para tal misión, pone el primero y quizá mayor obstáculo. 

    La secularización de la sociedad, ante la necesidad de vivir los valores radicalmente cristianos, plantea otra seria limitación. 

    Las cortapisas puestas a veces a la libre profesión de la fe son, por desgracia, hechos comprobables en diversos lugares. 

    El antitestimonio de ciertos cristianos incoherentes o las divisiones eclesiales crean evidente escándalo en la comunidad cristiana. 

    El clamor por una urgente justicia, demasiado largamente esperada, se eleva desde una sociedad que busca la debida dignidad. 

    La corrupción en la vida pública, los conflictos armados, los ingentes gastos para preparar muerte y no progreso, la falta de sentido ético en tantos campos, siembran cansancio y rompen ilusiones de un mejor futuro. 

    A todo ello se añaden las insolidaridades entre naciones, un comportamiento no correcto en las relaciones internacionales y en los intercambios comerciales, que crean nuevos desequilibrios. Y ahora se presenta el grave problema de la deuda externa de los países del Tercer Mundo, en particular de América Latina. 

    Este fenómeno puede crear condiciones de indefinida paralización social y puede condenar naciones enteras a una permanente deuda de serias repercusiones, engendradora de estable subdesarrollo. A este propósito vienen a mi mente las palabras que pronuncié durante mi viaje apostólico a Suiza: “También el mundo financiero es un mundo humano, nuestro mundo, que está sujeto a la conciencia de todos nosotros; también aquí valen los principios éticos” (Ioannis Pauli PP. II, Homilia ad Missam in urbe «Flüeli» habita, 6, die 14 iun. 1984: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, Vii, 1 (1984) 1762). 

    Ante estos retos, hay muchos problemas que escapan a la posibilidad de acción y a la misión de la Iglesia. Es, sin embargo, necesario que ella redoble su esfuerzo, para hacer presente a Cristo Salvador, para cambiar corazones mediante una evangelización renovada, que sea fuente de vitalidad cristiana y de esperanza”. (Homilía del Santo Padre Juan Pablo II, Estadio Olímpico de Santo Domingo. Viernes 12 de octubre de 1984). 

    Bergoglio y Prevost han visto de cerca la violencia y problemas sociales como retos en sus respectivas patrias; Bergoglio el régimen militar (1976-1983); mientras que Prevost el tema de Sendero Luminoso entre otros (1980-1992).

    Al haber nacido en Estados Unidos, el nuevo Papa no desconoce la tragedia de tantos jóvenes compatriotas suyos, que han perecido en las guerras libradas por su pueblo, tal vez en ella resuenen los lamentos de Bruce Springsteen en su tema “Born in the USA”.

    En su primer mensaje de la Bendición Urbi et Orbi (A la Urbe y al Orbe) como Romano Pontífice, León XIV nos dijo: 

    “¡La paz esté con todos ustedes!

    Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo resucitado, el Buen Pastor, que ha dado la vida por la grey de Dios. También yo quisiera que este saludo de paz entre en sus corazones, llegue a sus familias, a todas las personas, dondequiera que estén, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz esté con ustedes!”. Estamos en el Jubileo de la Esperanza, y sí, nuestro Papa León XIV ya nos la transmite.

    En su trabajos de Prior Provincial y y Prior General que desempeñó en su Orden de los Agustinos, viajó a nuestra Ciudad de Querétaro, la conoce; también conoce el enclave agustino en las tierras guanajuatenses de Yuriria, Uriangato y Moroleón.

    El Padre Rafael Gavidia Artega (hermano del Padre Francisco Fernando), hoy párroco en San Juan Diego, en la Comunidad de Jofrito (Santa Rosa Jauregui), le conoce personalmente cuando él pertenecía a la comunidad de los Agustinos.

    Alabemos al Señor Resucitado por tan gran don que nos ha dado en la persona de nuestro Papa León XIV.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    Santiago de Querétaro, Qro., 9 de Mayo de 2025

    1.  https://www.bbc.com/mundo/articles/c9wgj15r4ppo  ↩︎
  • Tras las huellas de Francisco

    Tras las huellas de Francisco

    Estimado Pbro. Manuel García Moreno.

    Ahijado.

    Han pasado ya 24 años desde ese 5 de Mayo de 2001 cuando recibiste la Ordenación presbiteral, en esa fecha muchos hermanos fueron Ordenados Presbíteros de nuestra Santa Iglesia, Católica, Apostólica y Romana, en memoria de la llegada entre nosotros de Mons. Mario de Gasperín, VIII Obispo de Querétaro (de Quien también recibí la Sagrada Ordenación); ‘El fue recibido en el Estadio Corregidora por feligreses de toda la Diócesis. Eran otros tiempos, no había oficialmente en nuestra patria relaciones Iglesia-Estado con el Vaticano; Mons. Prigione era Delegado Apostólico en México, él vino a presentar al Obispo y presidir la Misa; algunas voces se levantaron para inconformarse por la violación de la identidad del “Estado Laico”. Eran días en que nuestro Romano Pontífice era el hoy Santo, Juan Pablo II. En un Estadio Corregidora repleto de feligreses llenos de alegría se realizó la celebración de la Santa Misa. Era el 5 de Mayo de 1989. Ese día participé en el servicio de altar, me encomendaron llevar la mitra del Delegado Apostólico.

    Para el 2001 ya habías sido Ordenado como yo, Presbítero. Eran ya 6 años de ese gran acontecimiento que cambió mi vida para siempre. En esos días era yo entre otros Oficios Eclesiásticos Maestro en el Seminario: impartía clases de Filosofía del Derecho, Derecho Fundamental Canónico, Teología de la Eucaristía y Teología del Matrimonio. También era párroco en Jesús de Nazareth, en la Colonia Colinas del Cimatario. Esta había sido erigida como tal el 1 de Noviembre de 2003, por Don Mario de Gasperín, quien me nombró primer párroco. Eran días de construcción del templo Parroquial, área de servicios y casa Parroquial. 

    Años antes habíamos coincidido en el Seminario, te conocía como alumno. Era yo un maestro intenso y soñador, muchos de mis alumnos aún hoy no me perdonan por todo lo que les exigía. Leíamos mucho. Ya pedí perdón a algunos por haber tratado de enseñarles.

    Antes de tu Ordenación me invitaste a que en la misma te colocara yo la estola y la casulla el día de tu Ordenación. Y así fue: compartir el camino de la vida sacerdotal con un hermano que ya tiene cierta experiencia en el ministerio, se le llama tradicionalmente ser su Padrino.

    Hoy aquí, en San Francisco, Huimilpan, nos hemos reunido para celebrar tus 24 años de sacerdote: has crecido no sólo en años, sino también en experiencia. Te has especializado en filosofía, has llenado los salones de clases en nuestro Seminario Diocesano de tus conocimientos, hoy eres un párroco intenso en el trabajo de evangelizar.

    Ahijado, estamos ahora en un tiempo de Sede Vacante Apostólica: no tenemos Papa. Francisco ha partido a la casa del Padre.

    Quisiera recordarte algunas de las convicciones de Francisco, nuestro sencillo, humano y brillante Pontífice; para que las imites:

    Nos proponía una Iglesia pobre y para los pobres. Esto puede significar nuestro origen: la mayoría de los presbíteros diocesanos somos de familias sencillas, llenas de trabajo y fiesta, donde los Santos nos marcan el rumbo donde la piedad popular da sentido al tiempo, viviendo el Evangelio donde Jesucristo inspira nuestra vida toda. Sí, es cierto, no siempre vivimos al 100 % sus enseñanzas. Somos humanos, o como dijo el filósofo, demasiado humanos. Ir a las periferias no sólo geográficas, sino también existenciales. Hay tantos ricos según este mundo que olvidan que la única diferencia entre un rico y un pobre es solo el dinero; a todos se nos cantará como a los niños en la piñata: y tu tiempo se acabó. La muerte no distingue.

    Francisco nos propuso en su Primer gran Documento, su proyecto de ministerio: “La Alegría del Evangelio”, dejarnos llevar por ese anuncio de Jesucristo Muerto y Resucitado, que nos quiere libres, misericordiosos, pobres, llenos de alegría, sencillos; caminando con nuestro pueblo, lejos de toda pretensión de poder terreno.

    También insistió en ser misericordiosos: comprender la miseria humana, incluida nuestra vida y existencia, comprender a los hermanos, pues estamos hechos del mismo barro.

    Hace diez años me invitaste a predicar en tu aniversario, ahora lo has hecho tú: te veo crecido, experimentado; y eso me llena de alegría.

    Ahora, camina con tu pueblo, con la cintura ceñida para estar libre, para la siguiente misión: ligero de equipaje.

     Pido a Dios que hoy y siempre bendiga tu ministerio.

    Tu Padrino de Ordenación, el más indigno:

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

     San Francisco, Huimilpan, 5 de mayo de 2025.

  • De niños, conejos y narraciones

    De niños, conejos y narraciones

    Como pequeño homenaje a mis padres

    ¿Cuántas veces y de qué modos se puede confinar a una persona, individual o grupalmente? Tal vez casi infinitas, tanto en la cantidad como en la forma. Desde el vientre de la madre hasta un ataúd. El diccionario puede darnos varias definiciones acerca de confinar: “Obligar a alguien a permanecer en un lugar o encerrarlo en él”. “Desterrar a una persona a un lugar determinado que se convierte de forma obligatoria en su residencia habitual y de donde no puede salir”. Confinarse: “Encerrarse voluntariamente en un lugar, generalmente apartado de la gente, para llevar a cabo una tarea que requiere una especial concentración, silencio o tranquilidad”. 

    Así visto, el confinamiento no es necesariamente algo negativo. En esta tarde-noche de 30 de abril de 2020, en este día en que se celebra el día del niño, escuchando el ritmo melodioso de la lluvia, disfrutando de una agradable lectura, recordé aquellos días de infantil confinamiento: a mi padre sacando cuidadosamente de una cajita de cartón, algunos ejemplares de “Vidas ejemplares”: la historia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, la vida de San Felipe de Jesús, la del Beato Simeón de Aparicio. Al acento de la lluvia, y confinados por ésta, nos leía una y otra vez aquellas historias ilustradas bellamente; no es que hubiera muchos libros en casa, pero eso no era impedimento para que nos hiciera viajar a lugares mágicos, llenos de fantasía. Nuestro guía en aquellas historias sin fin era un conejo que recorría bosques y praderas, pasando por arroyos cuyas aguas cristalinas atravesábamos mis hermanos y yo con gran cuidado de la mano de mi padre; subíamos enormes montañas detrás del conejo incansable; a veces lo contemplábamos más bien desde lejos, sin la inmediatez del testigo, sino con la concentración de quien escucha atento la narración. 

    No todo era fácil para aquél conejo y sus acompañantes virtuales, pues continuamente debía enfrentar peligros.  De los villanos más frecuentes eran un zorrillo y un tlacuache que feroz y sutilmente se interponían en su camino; le amenazaba el zorrillo con su penetrante y desagradable olor, con sus garras que cavan cuevas como madriguera. En ocasiones el conejo se veía obligado a dar grandes rodeos para evitar ser rociado por aquél líquido desagradable, otras veces, confiaba en su velocidad que era mayor que la de su oponente. El tlacuache tenía otras habilidades y trucos con las que pretendía engañar al fabuloso conejo, entre ellos el hacerse el muerto. 

    El conejo atravesaba cercas hechas de piedras sobrepuestas, se introducía a través de troncos huecos de árboles caídos; era capaz de pegar unos saltos enormes. No era cobarde frente a las adversidades y peligros. 

    De pronto mi papá empezaba a quedarse dormido por el cansancio de la dura jornada laboral y le instábamos a que continuara la historia, entonces decía: bueno el conejo se murió, y colorín colorado este cuento se ha acabado. Lo mejor de la historia es que al día siguiente tenía otra. Muchas veces el cuento se veía interrumpido por la amorosa voz de mi madre que nos invitaba a cenar. Una sábana acondicionada con habilidad se convertía en una tienda de campaña o un hermoso castillo y así las aventuras continuaban. Ese confinamiento por la lluvia y la noche oscura no pesaba, era motivo para aprender y soñar, para estar juntos;  para hacer de un pequeño espacio lugar de emociones infinitas.

    Tiempo después iba casi todas las tardes a la biblioteca municipal que un tiempo estuvo muy cerca de la casa de mis padres. El responsable de atenderla era un señor que nos enseñaba o recordaba muchas cosas prácticas: estar en silencio, cómo sentarse correctamente, a no escribir sobre los libros, etc. Sólo podías tener un libro a la vez, pero a los más asiduos se les permitía tener hasta dos o hasta tres al mismo tiempo. Cómo recuerdo una edición bellamente empastada e ilustrada de Las aventuras de Tom Sawyer o esas enciclopedias bellísimas llenas de palabras por aprender y hoy casi en desuso de modo físico.

    Esas historias que mi padre tanto nos contaba desde su imaginación, creo despertaron en nosotros un gusto por la lectura que no termina. Por eso en este tiempo de pandemia, de manera especial, los libros nos llevan a la libertad, a reflexionar, a visitar otros tiempos y mundos; a no sentirnos irremediablemente confinados. Cada libro es como las personas: son únicos, tienen su propia historia; no sólo de cómo y porqué surgieron, sino cómo han llegado hasta nosotros. A veces son un bello regalo, otros son fruto del esfuerzo personal; a veces soñamos con ellos y los buscamos, los perseguimos; muchas veces nos son recomendados sabiamente o les hemos encontrado fortuitamente al hojearlos en la biblioteca o la librería. Los hay que han sido prohibidos en cierto momento y hoy son luz verdadera; por ejemplo Las cinco llagas de la santa Iglesia de Antonio Rosmini1. Ahí, el hoy Beato nos enseña, refiriéndose a la predicación y la liturgia: “No eran palabras dirigidas sólo a la inteligencia, ni símbolos que no tuvieran más virtud que sobre los sentidos. Sino que, sea a través de la mente, sea a través de los sentidos, ambos ungían el corazón e infundían en el cristiano un alto sentimiento en relación a todo lo creado”. En estos días de pandemia hemos sido conscientes que hay que cuidar la salud del cuerpo, por eso nuestros Obispos nos han invitado a seguir las normas que las autoridades sanitarias han dado; pero también necesitamos salud de la mente y el espíritu: nos hace falta la Palabra y los sacramentos vividos presencialmente en comunidad. La salud debe ser integral. Por ahora, que nuestro confinamiento sea un medio para entrar en nosotros mismos e imaginar qué seguirá después de esto en un ambiente de paz, oración y recogimiento interior. Quien debe trabajar descubra la fuerza de correr riesgos por amor, solo los estrictamente necesarios.

    En este año 2020 el Papa Francisco ha dedicado su Mensaje para la Jornada mundial de las comunicaciones sociales bajo el lema “Para que puedas contar y grabar en la memoria” (cfr. Ex 10,2). Es un texto bellísimo en el cual el Papa no deja de asombrarnos gratamente; empieza diciendo: “El hombre es un ser narrador. Desde la infancia tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos. Ya sean en forma de cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de noticias…, las historias influyen en nuestra vida […] Los relatos nos enseñan; plasman nuestras convicciones y nuestros comportamientos; nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos”.

    El Papa también nos advierte de que no todas la historias son buenas; por ejemplo, saber que “hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad”. 

    Enseña el Papa que “la Sagrada Escritura es una Historia de historias. ¡Cuántas vivencias, pueblos, personas nos presenta! Nos muestra desde el principio a un Dios que es creador y narrador al mismo tiempo. En efecto, pronuncia su Palabra y las cosas existen (cfr. Gn 1). A través de su narración Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres, generadores de historia junto a Él”.

    En estos días de aislamiento, de números y estadísticas, de enfermos y fallecidos anónimamente, nos hace bien escuchar lo que Francisco nos dice: “La historia de Cristo no es patrimonio del pasado, es nuestra historia, siempre actual. Nos muestra que a Dios le importa tanto el hombre, nuestra carne, nuestra historia, hasta el punto de hacerse hombre, carne e historia. También nos dice que no hay historias humanas insignificantes o pequeñas”. El Papa nos invita a valorarnos más mutuamente en el esfuerzo cotidiano que cada quien realiza para bien de los demás: “Cada uno de nosotros conoce diferentes historias que huelen a Evangelio, que han dado testimonio del Amor que transforma la vida”.

    Querido papá ¿cómo agradecerte que hayas despertado en tus hijos ese gusto por las historias (sobre todo la Historia Sagrada) con ese conejo invencible y que moría y luego volvía a la vida para seguir llenándonos de aventuras? Hoy sabemos que la vida es eso: lucha constante, entrega generosa. ¿Cómo olvidar cuántos días y madrugadas pasabas trabajando para que hubiera lo necesario en casa? ¿y la magia de mamá para transformar en alegría las historias en una gran variedad de cantos, muchos de ellos oración? Gracias por llenar nuestra infancia de conejos y narraciones, de pan y compañía.

    Pbro. Filiberto Cruz Reyes

    30 de abril de 2020

    1. ROSMINI, ANTONIO; Las cinco llagas de la santa Iglesia; Barcelona 1968, p. 61. ↩︎
  • ¡Felicidades Mons. Fidencio en su cumpleaños!

    ¡Felicidades Mons. Fidencio en su cumpleaños!

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    Era el 12 de septiembre de 2020 cuando la Sala de Prensa de la Santa Sede publicó en su Boletín un nombramiento que decía:

    Nombramiento del Obispo de Querétaro (México)

    El Santo Padre ha nombrado Obispo de Querétaro (México) a S. E. Mons. Fidencio López Plaza, hasta ahora Obispo de San Andrés Tuxtla.

    Después agregaba su Curriculum vitae.

    Mons. Fidencio había sido consagrado Obispo el día 2º de mayo de 2015 y previamente nombrado Obispo de San Andrés Tuxtla el 2 de marzo del mismo año; ese día es aniversario de la fundación de Nuestro Seminario Diocesano.

    Aún se sentía el ambiente enrarecido por la pandemia del Covid cuando el 19 de octubre de 2020 por la tarde, en la Catedral de Querétaro a puerta cerrada por las medidas sanitarias, con invitados representantes de cada Parroquia y demás personalidades, se celebró la Misa de Toma de Posesión. Don Mario de Gasperín VIII Obispo de Querétaro, en la misma fecha pero de 1989 había creado la Parroquia del Cristo de las Bienaventuranzas en la Colonia Menchaca y lo había nombrado el primer párroco, ahora le estaba entregando la Catedral en calidad de Administrador Diocesano que había sido, para que Don Fidencio sirviera al pueblo de Dios como su X Obispo de Querétaro. Era una situación extraña por las circunstancias de la sana distancia, mientras tanto toda la Diócesis estaba llena de alegría al ver regresar a uno de sus hijos ahora como su Obispo Diocesano; ese aislamiento del momento se transformaría en cercanía de su Obispo. Habían pasado unos cinco años desde que él había partido a la misión a tierras veracruzanas, la ciudad había crecido, había nuevos sacerdotes, pero él conocía perfectamente la geografía queretana y guanajuatense que conforma la Diócesis de Querétaro, también conocía al clero. Esto contribuyó a que iniciara su ministerio con una adaptación rápida; a la mayoría los confirmó en sus oficios y bajo su lema episcopal de “Lo que no es asumido no es redimido” dio inicio a un arduo trabajo lleno de esperanza, de una Iglesia que sale a las periferias geográficas y existenciales, como tanto nos insistió el Papa Francisco, hoy de feliz memoria.

    Ha trabajado en sintonía con la Iglesia Universal en fortalecer la Sinodalidad en la Diócesis, dando vida a los diversos Consejos y demás estructuras de comunión; ha consolidado el proyecto denominado “Caminamos de Guadalupe al Redentor 2022-2033” y el “Proyecto Global de Pastoral” de los Obispos de México; creó las Jornadas por la paz; en septiembre de 2021 inició su Visita Pastoral a todas las parroquias de la Diócesis y sus comunidades, misma que ahora ya terminó y en la cual hemos sentido su cercanía y observaciones de padre de modo constante y oportuno.

    Nos ha marcado el rumbo del caminar con su tres Cartas pastorales:

    • Primera Carta Pastoral: Ante las crisis y pandemias de ayer, hoy y siempre “El mejor servicio al hermano es la evangelización” (preentada el 7 de febrero de 2022).
    • Segunda Carta Pastoral: “Llamó a los que él quiso para estar con Él y evangelizar” (Cfr. Mc 3, 13-14) Hacia una estructura de la pastoral diocesana más sinodal y en salida misionera (presentada el 5 de febrero de 2024).
    • Tercera Carta Pastoral: “La conversión sinodal. Corazón, manos y pies del plan diocesano de pastoral”. (presentada 16 de abril de 2025).

    También nos ha entregado el “Plan Diocesano de Pastoral en su V Etapa 2025-2033”. Atento al crecimiento de la población en la Ciudad Capital y de la Diócesis en general ha creado nuevas parroquias, siendo la última el pasado jueves 27 de Abril: Parroquia Peregrinos de Emaús, en la Colonia La Peña, al norponiente de la ciudad episcopal.

    El 21 de marzo en reunión de Consejo Presbiteral nos decía: la próxima reunión será en el mes de mayo, para entonces habré presentado mi renuncia y la situación quedará en manos del Santo Padre; el trabajo y la agenda del Obispo continúan abiertos. Como dice el Papa Francisco, hay que abrazar el futuro con esperanza.

    Gracias Señor Obispo por su cercanía y sencilles, por su palabra sabia y profunda; porque nos propicia una Diócesis unida y fraterna, solidaria, comprometida y en espíritu de comunión; que el Señor Resucitado le conceda larga vida y su presencia constante entre nosotros.

    Santiago de Querétaro, 28 de abril de 2025

    Año del Jubileo de la Esperanza

  • El más mexicano de los eslovenos-italianos

    El más mexicano de los eslovenos-italianos

    Hoy hemos concelebrado la Eucaristía con el entrañable Presbítero Dr. Umberto Mauro Marsich MX, que ahora se recupera de una intervención quirúrgica. Recordé un texto sobre uno de sus múltiples libros (2012) y que ahora les comparto. El Padre hizo de México su tercera patria: nació en lo que hoy es Eslovenia, creció en Italia y antes de enseñar en México aprendió español y nahuatl, en este último idioma compuso infinidad de cantos litúrgicos.

    Presentación  del

    “Manual de Deontología Jurídica”

    De Umberto Mauro Marsich

    A Jacoba, mi madre, en su cumpleaños

    Existen proverbios lapidarios que conservan su vigencia de modo inmarcesible, recordemos algunos el día de hoy por el tema que nos ocupa. 

    Decían los griegos: γνώθι σ(ε)αυτόν, que los latinos tradujeron como “nosce te ipsum”, es decir, “conócete a ti mismo”. En el origen de este adagio délfico parecen resonar textos antiguos de Heráclito, Esquilo, Herodoto y Píndaro. En ellos su sentido parece ser una invitación a reconocerse mortal y no Dios; será Sócrates quien lo decantará hacia un sentido más filosófico, en clave gnoseológica y ético-antropológica, y con un marcado carácter social. Para Platón, además será motivo que le servirá de base para construir todo su sistema filosófico orientado hacia la verdadera “sabiduría”.

    Cicerón llegará a afirmar que “el ‘conócete a ti mismo’ no es para alimentar la arrogancia sino para conocer nuestra realidad”; mientras que Menandro afirmó que el adagio se convirtió en “conoce los otros”1. El pensamiento accidental abreva de este aforismo hasta nuestros días, que en palabras del sociólogo Touraine, en una obra del año 2000 plantea la necesidad de una búsqueda de sí mismo que, a su parecer, es la única que enseñará a vivir. En nuestro ambiente católico es imprescindible releer el adagio délfico a la luz de la “Fides et ratio”, pues da nombre a la introducción de dicha Encíclica.

    No menos actual resulta un dicho de Terencio: “Homine imperito numquam quidquam iniustius” (Adel. 98): no hay ningún hombre más injusto que el ignorante o incompetente. Entonces ¿no es acaso injusto privar sistemáticamente al hombre de la posibilidad de conocerse a sí mismo como consecuencia de la imposibilidad de hacerlo? ¿no somos acaso injustos al grado de deshumanizarnos por la omisión de cultivarnos en un sano humanismo?

    La famosa sentencia Agere sequitur esse: el obrar sigue al ser, está hoy en crisis, no solo por el poco estudio de la filosofía, sino también, y sobre todo, por el hecho que muchas corrientes de pensamiento hoy en día niegan el concepto metafísico de naturaleza: no hay nada inscrito de modo definitivo en el ser humano, sino que solo sería el producto de un continuo devenir, en otras palabras, no hay naturaleza, sólo cultura, solo lo fáctico, lo que acaece, el producto de la técnica.

    Es probable que esta forma de pensar actual hunda sus raíces en parte en la Tesis 11 de Marx sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos  el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, pues asistimos a un activismo pragmático que en gran medida ha olvidado no sólo lo que el ser humano es, sino lo que está llamado a ser. Prueba de ello es la situación actual que vive nuestra patria: cuando creemos haber visto todo, surge un nuevo acto de barbarie mayor que el otro. Pues un transformar sin sentido, orden o belleza deviene en caos, y no solo en la obra, sino en el que obra, en el ser humano; de este modo se han perdido conceptos como el bien común, la justicia, la ética, etc.

    A principios de este año, el Dr. Guillermo Hurtado, Director del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM (que para tranquilidad de muchos, no es católico), publicó un artículo en El Universal2, en el que afirma la existencia de un Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología (Conacyt) y un Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y se cuestiona «¿Porqué no un Consejo Nacional para las Humanidades y las Ciencias Sociales? […] ¿Por qué el Estado debería apoyar de manera específica el cultivo de las humanidades y ciencias sociales?

    […] Podría decirse que, a diferencia de la química, la medicina o la ingeniería, la historia, la filosofía o la sociología no tienen un impacto directo en la alimentación, la salud o la vivienda de los mexicanos. Sin embargo, esto no significa que el Estado no deba impulsar su estudio y difusión. Los beneficios de las humanidades y las ciencias sociales son acaso menos tangibles que los de las mal llamadas “ciencias duras”, pero no son menos importantes. Las humanidades y las ciencias sociales fortalecen el desarrollo de los individuos y elevan la calidad de vida de las comunidades. Además, cuando son adoptadas de manera correcta y legítima en el discurso de un Estado, le son de suma utilidad para su política interna y externa.

    Sin embargo, tal parece que al Estado mexicano no le queda claro la importancia de las humanidades y las ciencias sociales. Un ejemplo fue la medida tomada por la SEP en 2009 de eliminar el área de humanidades de la educación media superior. Aunque el error fue corregido a medias —gracias a la presión de la comunidad filosófica— no parece que el Estado tenga interés en promover la enseñanza de las humanidades. Resulta difícil de creer que un país como el nuestro, en el que la crisis de valores ha tocado fondo, la asignatura de Ética se elimine de los planes de estudio».

    Hasta aquí nuestra palabra que pretende hacer notar lo oportuno y valioso de la reimpresión de un texto como el “Manual de Deontología Jurídica” del Padre Marsich: texto breve de acuerdo a su naturaleza; profundo y sistemático, evidencia de muchas maneras que ha surgido de su amplia experiencia como docente, no solo por lo didáctico sino también, por ejemplo, porque denota vestigios de partes que parecen notas que atisbaban mayor extensión o profundización; no puede el autor ocultar un cierto dejo de la gramática italiana en su sintaxis, así como de la rica tradición ética y jurídica italiana, además de su vasto conocimiento de autores antiguos y contemporáneos, y no sólo cristianos.

    En la primera parte hace vibrar al lector con su develación del sentido de lo humano: nos toma de la mano y nos introduce en lo maravilloso del sentido del bien común: si quiero el bien para mí es necesariamente humano quererlo para todos mis semejantes, de lo contrario el ejercicio de una profesión se convierte en “un instrumento de degradación moral del sujeto” (p.15). ¿no acaso por ese peligro latente del abogado se quejaba ya amargamente la humanidad desde la época de Platón, cuando en el diálogo Las leyes se puede leer:

    “Hay muchas cosas nobles en la vida humana, pero en la mayoría se fijan males que fatalmente los corrompen y dañan… ¿cómo puede ser el abogado de justicia otra cosa que noble? Y sin embargo, a esta profesión que se nos presenta bajo el bello nombre de arte se le asigna una mala reputación… Ahora bien, en nuestro Estado este llamado arte… no debería existir jamás”.

    Siglos más tarde Sir Tomás Moro, grande abogado y hoy Santo, los desterró de su Utopía: “Ellos no tienen abogados entre sí, porque los consideran la clase de personas cuya profesión es desvirtuar las cosas”3.

    Este libro de nuestro Autor responde, entre otras, a las expectativas de formación humanista manifestadas por el Dr. Hurtado, y no sólo por él, ya nuestro poeta manifestaba algo parecido hace varios años cuando buscaba el rostro de nuestra patria, pero que bien pudiera ser visión profética que se cumple en nuestros días cuando decía:

    “Quise verte en la luz de los fusiles

    y en el gesto viril de los sargentos,

    en las espadas de los coroneles

    y en el heroico grito de tus muertos…

    Pero no te encontré, te me perdiste

    entre sables, fusiles y sargentos”.

    Al fin acierta en su búsqueda del rostro de la Patria y canta en sus versos:

    Y por fin te encontré, Patria querida

    sin fusiles, sin sables, sin sargentos,

    sin las espadas de los coroneles

    ni los tribunos gritos de tus muertos…

    Te hallé entre la sonrisa de los niños

    y en la voz paternal de tus maestros.

    (Encuentro con la Patria, Luis Tijerina Almaguer)

    Al hablar de la necesidad de la educación escolar —lejos de todo iluminismo o resabios de ilustración— está a favor nuestro autor cuando propone, en la tercera parte dos requisitos para desempeñar noblemente la profesión de abogado, con ciencia jurídica y sabiduría: “La ciencia ejerce el papel de informar para ser eficaces en el ejercicio de la abogacía; la sabiduría ejerce la función de formar para ser atinados, confiables y honestos en la vida y en la profesión” (p. 143).

    La Patria que busca nuestro autor, es esa más justa y más humana, incluyente, donde todos podamos encontrar nuevamente el sentido de nuestro ser y de nuestro actuar, de nuestra propia naturaleza: humana y profesional, la que se construye desde dentro, esa que en los momentos difíciles, como ahora, no se arredra, la que se cimenta sólidamente con lo que  en lenguaje cristiano llamamos conversión: la vida es una constante y noble lid por buscar el bien, la verdad, lo bueno y bello; en ese sentido podemos interpretar el verso de nuestro Himno nacional:

     “Piensa ¡Oh Patria querida! Que el cielo

    un soldado en cada hijo te dio”.

    Gracias por esta invitación y el  texto que hoy se nos ofrece; su lectura ha sido una experiencia renovadora espiritualmente, una llamada de atención sobre mi vocación. Gracias Umberto, amigo, padre y maestro, porque tu presencia constante en nuestro Seminario y Diócesis, sigue dejando huella imborrable en nuestra vida, en nuestro ser y esperamos en nuestro actuar. Solo me resta invitar a todos a disfrutar su apasionante lectura.

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    Santiago de Querétaro, Qro. México, 28 de Noviembre de 2012.

    En la Sede de la UNIVA

    1. Cfr. Pié-Ninot, Salvador; La teología fundamental, Salamanca 2002, pp. 97-97. ↩︎
    2. http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2012/02/57008.php ↩︎
    3. Cfr. Pérez Varela, Víctor Manuel; Deontología jurídica. La ética en el ser y y quehacer del abogado. México 2012, p. 207. ↩︎
  • Papa Francisco: su pascua

    Papa Francisco: su pascua

    El martes 15 de abril del presente 2025 se anunciaba que el Papa Francisco  prepararía Él mismo las meditaciones del Viacrucis1, pues en otros años había delegado esta misión a diversas personas; y que sería publicado el viernes 18 a las 12:00 hrs., tiempo de Roma. Y así fue.

    En la X estación, Jesús es despojado de sus vestiduras, leemos:

    “Libro de Job (1,20-22)

    Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se rapó la cabeza, se postró con el rostro en tierra y exclamó: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!». En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno contra Dios.

    No te desnudas, te desnudan. La diferencia está clara para todos nosotros, Jesús. Sólo quien nos ama puede acoger nuestra desnudez entre sus manos y en su mirada. Tememos, en cambio, la mirada de quien no nos conoce y sólo sabe poseer. Estás desnudo y expuesto a todos, pero tú transformas incluso la humillación en familiaridad. Quieres revelarte íntimo incluso a quien te destruye, miras a quien te desnuda como a una persona amada que el Padre te ha dado. Aquí hay más que la paciencia de Job, incluso más que su fe. En ti está el Esposo que se deja tomar, tocar y trueca todo en bien. Nos dejas tus vestiduras, como reliquias de un amor consumado. Están en nuestras manos, porque has estado en casa, has estado con nosotros. Nosotros tomamos tus vestiduras y ahora las echamos a suerte, pero la suerte, aquí, no favorece a uno, sino a todos. Nos conoces uno a uno, para salvar a todos, todos, todos. Y si la Iglesia te parece hoy como una vestidura rasgada, enséñanos a recoser nuestra fraternidad, fundada sobre tu entrega. Somos tu cuerpo, tu túnica indivisible, tu Esposa. Lo somos juntos. Para nosotros la suerte ha caído en un lugar de delicias, estamos contentos con nuestra herencia (cf. Sal 16,6)”. 

    Amado Papa Francisco, llegaste a Roma sin nada, ibas al cónclave pensando regresar pronto a tu amada Argentina, apenas una pequela maleta con tus enseres personales que tú mismo fuiste a recoger después de la elección y a cubrir los gastos de tu estancia. Luego apareciste en la balcón de San Pedro, desde donde hablan los sucesores de Pedro. Tus primeras palabras fueron: “Hermanos y hermanas, buenas tardes”. El día de ayer, Domingo de la Resurrección del Señor, sacando fuerza de la fe y del amor de Padre y Pastor, te asomaste nuevamente al balcón y promunciaste las mismas palabras de tu primera presentación como Pontífice: “Queridos hermanos y hermanas, ¡felices pascuas!”, la misma sencillés, la misma cercanía; y después como el gran Patriarca del nuevo pueblo, nos has dejado tu bendición (cfr. Gn 49, 28ss.). Estabas preparado, habías hecho con anterioridad tu testamento espiritual, en el cual manifiestas tu firme y sencilla voluntad:

    “Testamento espiritual del Papa Francisco2

    Miserando atque Eligendo

    En el Nombre de la Santísima Trinidad. Amén.

    Sintiendo que se acerca el ocaso de mi vida terrena, y con viva esperanza en la Vida Eterna, deseo expresar mi voluntad testamentaria sólo en cuanto al lugar de mi sepultura.

    Mi vida y mi ministerio sacerdotal y episcopal los he confiado siempre a la Madre de Nuestro Señor, María Santísima. Por tanto, pido que mis restos mortales descansen esperando el día de la resurrección en la Basílica Papal de Santa María la Mayor.

    Deseo que mi último viaje terrenal termine en este antiquísimo santuario mariano, al que acudía en oración al inicio y al final de cada Viaje Apostólico, para encomendar confiadamente mis intenciones a la Madre Inmaculada y agradecerle sus dóciles y maternales cuidados.

    Pido que se prepare mi sepulcro en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de la citada Basílica Papal, como se indica en el anexo adjunto.

    El sepulcro debe estar en la tierra; sencillo, sin decoración particular y con la única inscripción: Franciscus.

    Los gastos para la preparación de mi entierro serán cubiertos por la suma del benefactor que he dispuesto, que será transferida a la Basílica Papal de Santa María la Mayor y para la cual he encargado las oportunas instrucciones al Arzobispo Rolandas Makrickas, Comisario Extraordinario del Capítulo Liberiano.

    Que el Señor dé una merecida recompensa a quienes me han amado y seguirán rezando por mí. El sufrimiento que se hizo presente en la última parte de mi vida lo ofrecí al Señor por la paz mundial y la fraternidad entre los pueblos.

    Santa Marta, 29 junio 2022

    FRANCISCO”

    Desde el principio de tu pontificado has querido una Iglesia pobre y has querido un sepulcro pobre, sencillo, con sólo tu nombre inscrito, nombre que será pronunciado en el último día: “Francisco, ven bendito de mi Padre”. Los pobres ha sido tu pasión, los más débiles e indefensos tus consentidos, pero has amado a todos, como el Maestro has pueto tu mirada de amor para atraer a todos a a casa del Padre. 

    Has creído de verdad en la fraternidad, la has vivido, la has anunciado; una fraternidad muchas veces rasgada, como has dicho en el viacrucis, pero siempre posible porque la koinonía (comunión) es una realidad ontológica que supera cualquier sentimiento. Sabías de divisiones y exclusiones, por eso en tu viaje a nuestra patria mexicana dijiste a los Obispos mexicanos, improvisando,: “La misión es vasta y llevarla adelante requiere múltiples caminos. Y, con más viva insistencia, los exhorto a conservar la comunión y la unidad entre ustedes. Esto es esencial, hermanos. Esto no está en el texto pero me sale ahora. Si tienen que pelearse, peléense; si tienen que decirse cosas, se las digan; pero como hombres, en la cara, y como hombres de Dios que después van a rezar juntos, a discernir juntos. Y si se pasaron de la raya, a pedirse perdón, pero mantengan la unidad del cuerpo episcopal. Comunión y unidad entre ustedes. La comunión es la forma vital de la Iglesia y la unidad de sus Pastores da prueba de su veracidad. México, y su vasta y multiforme Iglesia, tienen necesidad de Obispos servidores y custodios de la unidad edificada sobre la Palabra del Señor, alimentada con su Cuerpo y guiada por su Espíritu, que es el aliento vital de la Iglesia (13 de febrero de 2016, Catedral Metropolitana, Ciudad de México). Sabías, con Santo Tomás de Aquino que el infierno es la eterna soledad, por eso tu constante mensaje de no descartar a nadie. ¿podría imaginarse a un Obispo promoviendo a sus presbíteros excluir a algún hermano?

    Defendiste la dignidad de la personas amenazadas por el régimen militar en tu patria, y tuviste que pagar el presio de tal osadía, entre otras cosas compareciendo ante un tribunal para que dijeras lo que sabías “en calidad de quien tuvo conocimiento de las cosas”; si bien no como indiciado, fue con al afán de humillarte. Tu valentía hizo que muchas veces quedaras expuesto, desnudo como Job, como Jesucristo en la cruz.

    ¿Y cómo olvidar otra de tus improvisaciones en nuestra patria, en Morelia, dirigida a los niños del coro que le habían dedicado una canción?: “Los felicito, los felicito en serio. El arte, el deporte ensanchan el alma y hacen crecer bien, con aire fresco y no aplastan la vida. Sigan siendo creativos, sigan así, buscando la belleza, las cosas lindas, las cosas que duran siempre, y nunca se dejen pisotear por nadie. ¿Está claro?” (16 de Febrero de 2016, Catedral de Morelia). Sí, tu palabra y mirada puestas en la dignidad de la persona humana hacen que surja una cierta rebeldía frente a lo feo y lo injusto, lo que llamaste la “revolución de la ternura”, y dijiste sobre ella: “Nos hace bien entonces mirarnos en la paternidad de José que es un espejo de la paternidad de Dios, y preguntarnos si permitimos al Señor que nos ame con su ternura, transformando a cada uno de nosotros en hombres y mujeres capaces de amar así. Sin esta “revolución de la ternura” —hace falta, ¡una revolución de la ternura!— corremos el riesgo de permanecer presos en una justicia que no permite levantarnos fácilmente y que confunde la redención con el castigo” (Audiencia General, 19 de enero de 2022). 

    En el rito del Lucernario o Solemne comienzo de la Vigilia Pascual se bendice el fuego nuevo, con el cual se enciende el Cirio Pascual, el cual se marca con un punzón trazando una cruz, luego las letras griegas  alfa y omega, posteriormente los números del año en curso. Mientros esto se hace. Se va diciendoi: “Cristo ayer y hoy, principio y fin, Alfa y Omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A Él la goria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén”. Tenía que ser en Pascua tu pascua, entrañable Papa Francisco, has recorrido el camino  de tu vida con el cierre final de la carrera en la cruz de la enfermedad, por eso el Señor de la historia, Jesucristo resucitado te ha cuidado y bendecido de principio a fin, Él ha sido tu Alfa y tu Omega.

    Amado Papa Francisco, hace unos días un grupo de amigos quetanos nos reunimos pensando en ti y en tu salud, se tomó la iniciativa de mostrarte nuestra fidelidad filial haciendo y enviándote un retrato tuyo al acrílico, obra del Maestro Gabriel García Aguas, fotografiado por el Maestro Arturo Pérez y Pérez, fue llevado hasta Roma por Sergio Rivera Guerrero, habiendo participado también Maribel Miranda Peñaloza, Nayely Rosas, Enrique Díaz Hernández, Antonio Martínez, Saúl Rogoitia Vega, Mons. Arz.  Domingo Díaz Martínez. Rodrigo Guerra fue el canal para hacértelo llegar. No sabemos si llegaste a contemplarlo pero sí estamos ciertos de tu amor por nosotros y por tu amada Iglesia que se esfuerza por ser lo que haz pedido, como un hospital de campaña, y sabemos que en una batalla nadie sale indemne y eso nos anima y consuela, por eso querido Papa reza por nosotros ahora desde el cielo.

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    Santiago de Querétaro, Qro. México, 21 de abril de 2025

    Pascua del Papa Francisco

    1. Giribaldi, Edoardo; Preparate da Papa Francesco le meditazioni della Via Crucis, L’Osservatore Romano, martes 15 de abril de 2025, p. 4. ↩︎
    2. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-04/el-testamento-espiritual-del-papa-francisco.html Consultado 21 de Abril 2025, 13:13 hrs. ↩︎