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A corazón abierto

A todos los que nos acompañan en la “Misión Cirenia”
Con gratitud infinita
Jueves 8 de Mayo de 2025: la Iglesia y el mundo ponen sus ojos en una antigua chimenea en el tejado de un edificio en el Vaticano, el color del humo que esperan ver salir es importante: si es negro el cónclave debe continuar, si es blanco entonces Habemus papam.

Iba en la carretera 57 en el tramo San Juan del Río-Querétaro; una arteria vial de México que a ratos parece colapsar. No sé cuántos automotores transitan a través de ella por minuto, pero son más de los que puede hacer circular; la están ampliando. Mi pulso se estremecía, parecía colapsar: la emoción de la espera por el próximo Papa y la tensión de saber que mi hermana Cirenia estaba en quirófano en una cirugía a corazón abierto. Escuchaba en el celular, en las redes sociales la transmición en vivo del Cónclave, de pronto un “Habemus Papam…”, me orillé y detuve el auto.
Apareció el Proto Diácono y pronunció en latín las esperadas palabras: Annuntio vobis gaudium magnum; habemus Papam: Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum, Dominum Robertum Franciscum Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Prevost qui sibi nomen imposuit LEONEM XIV (Les anuncio con gran gozo; tenemos Papa: Eminentísimo y Reverendísimo Señor, Señor Roberto Francisco Cardenal Prevost de la Santa Romana Iglesia que se impuso el nombre de LEÓN XIV).
Era un Cardenal Obispo, Prefecto del Dicasterio para los Obispos. Nacido en Chicago, Estados Unidos de Norte América y quien fuera Obispo de la Diócesis de Chiclayo en Perú. Religioso Agustino, misionero. Hoy los medios de comunicación digitales e impresos inundan de datos su historia.
Al aparecer en el balcón de la Logia central de la Basílica de San Pedro pronunció sus primeras palabras como Papa León XIV: en italiano, español y latín. No usó su lengua madre, el inglés. Francisco no fue como Papa a su querida Argentina… los Papas son universales, católicos… son de todos, son para todos. Los santos también: Antonio de Padua, no nació en Padua; Teresa de Calcuta, no nació en Calcuta; en la Iglesia nadie es extranjero (cfr. Ef. 2, 19).
El escudo episcopal de Mons. Prevost: un blasón tajado en cuyo campo derecho aparece un libro, sobre el cual aparece un corazón ardiente traspasado por una flecha, que recuerda a San Agustín y su experiencia de encuentro con Dios: “Percussisti cor meum verbo tuo, et amavi te”. “Heriste mi corazón con tu palabra y te amé”. (Confesiones X, VI, 8).
Toda la vida de San Agustín será una búsqueda de la Verdad: “Volo eam facere in corde meo coram te in confessione, in stilo autem meo coram multis testibus”, “Yo la quiero obrar en mi corazón [la verdad], delante de ti por esta mi confesión y delante de muchos testigos por este mi escrito” (Confesiones X, I, 1). La imagen del libro significa el texto sagrado de la Palabra de Dios, pero también la ingente obra escrita del Santo como un tesoro y regalo para la Iglesia y la humanidad, pues en ella muchos no creyentes también se recrean. Este mismo escudo lo ha conservado como Papa León XIV.
En su primer saludo el Papa León XIV nos decía:
“¡La paz esté con todos ustedes!
Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo resucitado, el Buen Pastor, que ha dado la vida por la grey de Dios. También yo quisiera que este saludo de paz entre en sus corazones, llegue a sus familias, a todas las personas, dondequiera que estén, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz esté con ustedes! […]
¡Gracias al Papa Francisco! […]
Soy agustino, un hijo de san Agustín, que ha dicho: “Con ustedes soy cristiano y para ustedes, obispo”.
Estas afirmaciones nos iluminan: la espiritualidad del santo de Hipona configura todo su corazón episcopal y ahora de Sumo Pontífice, es una clave para entender todo su ministerio y magisterio, en el cual la palabra “corazón” palpita por doquier.
El agradecimiento al Papa Francisco nos remite también al magisterio del Papa argentino y nos conecta a él, su última encíclica “Dilextit nos – Nos amó” (24 de octubre de 2024) lleva como sub título “Sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo”. En ella la palabra “corazón” aparece 469 veces, mientras que el nombre de San Agustín aparece 5 veces en el cuerpo del documento.
Dice el Papa Francisco: “San Agustín abrió el camino a la devoción al Sagrado Corazón como lugar de encuentro personal con el Señor. Es decir, para él el pecho de Cristo no es solamente la fuente de la gracia y de los sacramentos, sino que lo personaliza, presentándolo como símbolo de la unión íntima con Cristo, como lugar de un encuentro de amor. Allí está el origen de la sabiduría más preciosa, que es conocerle a él. En efecto, Agustín escribe que Juan, el amado, cuando en la última cena apoyó su cabeza sobre el pecho de Jesús, se reclinó sobre el santuario de la sabiduría” (DN 103).
Ese día, 8 de Mayo, al experimentar que un cierto sentimiento de orfandad como católicos terminaba al tener nuevo Papa, cesaba mi emoción por la espera del nuevo Romano Pontífice; no así la tención por la salud de mi hermana Cirenia. Eso terminaría más tarde hasta cierto punto, después de un arduo trabajo de 10 horas en el quirófano por parte de todo el personal sanitario. Ella había sido ingresada al Hospital el martes anterior, 6 de mayo. Desde esa fecha transcurrieron largos días y noches de sosobra, de temor y temblor, de angustiosa espera; las noticias que enviaba mi hermana que le asistía iban de la mejoría a la alarma, del “va mejor” a “la presión está muy alta” o “tiene problemas con la cuagulación”. El cansancio y la angustia fueron minando la fuerza de todos en la familia, de pronto recibíamos el reporte “desde el hospital en el segundo piso y número de habitación”, ya no eran los nombres sino un lugar y unos números… La clausura, la soledad, el dolor, la lucha contra el tiempo, la intimidad expuesta, de pronto nos hacen sentir y pensar no se porque, de algún modo en un campo de concentración. A diferencia de aquél, en este muchos están a tu favor: médicos, enfermeras, asistentes, guardias, administrativos, compañeros de camino y de dolor, los que oran por nosotros, quienes donaron sangre, etc. Gracias a todos, infinitas gracias por tener un corazón abierto y generoso para el sufriente y menesteroso, su presencia nos ha llenado de esperanza, de futuro. Mi hermana vive y se recupera poco a poco.
Hoy por la mañana en Roma, el Papa León XIV decía en su Mensaje a los sacerdotes en ocasión de la Jornada de santificación sacerdotal:
“Queridos hermanos en el sacerdocio:
En esta Jornada de la Santificación Sacerdotal, que se celebra en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, me dirijo a cada uno de ustedes con un corazón agradecido y lleno de confianza.
El Corazón de Cristo, traspasado por amor, es la carne viva y vivificante que acoge a cada uno de nosotros, transformándonos a imagen del Buen Pastor. En él se comprende la verdadera identidad de nuestro ministerio: ardiendo por la misericordia de Dios, somos testigos gozosos de su amor que sana, acompaña y redime.
La fiesta de hoy renueva en nuestros corazones la llamada a la entrega total de nosotros mismos al servicio del Pueblo santo de Dios. Esta misión comienza con la oración y continúa en la unión con el Señor, quien reaviva continuamente en nosotros su don: la santa vocación al sacerdocio.
Hacer memoria de esta gracia, como afirma san Agustín, significa entrar en un «santuario amplio y sin fronteras» (Confesiones, X, 8.15), en donde no se custodia simplemente algo del pasado, sino que vuelve siempre nuevo y actual lo que allí se conserva. Sólo haciendo memoria vivimos y hacemos revivir lo que el Señor nos ha entregado, y nos pide, a su vez, transmitirlo en su nombre. La memoria unifica nuestros corazones en el Corazón de Cristo y nuestra vida en la vida de Cristo, de modo que podamos llevar al Pueblo santo de Dios la Palabra y los Sacramentos de la salvación, para un mundo reconciliado en el amor. Sólo en el Corazón de Jesús encontramos nuestra verdadera humanidad de hijos de Dios y de hermanos entre nosotros. Por estas razones, hoy quiero hacerles una invitación urgente: ¡sean constructores de unidad y de paz!”
El corazón traspasado, abierto, de Jesucristo resucitado es la fuente de vida y generosidad que nosotros y todo nuestro mundo necesitamos. Gracias a todos por su generoso corazón, lo digo también a corazón abierto.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
Santiago de Querétaro, Qro. Méx., 27 de Junio de 2025
Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús
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De Chicago a Chiclayo o Born in the USA

«Nací en Estados Unidos (en Chicago), pero mis abuelos eran todos inmigrantes, franceses, españoles (…) Me crié en una familia muy católica, mis dos padres estaban muy comprometidos con la parroquia», contó Prevost en una entrevista con Radio Televisión Italiana”1. Es consciente del tema de la migración, primero de sus abuelos y después de la propia suya, pues vivió muchos años en Perú: primero como sacerdote, después como Obispo en la Diócesis de Chiclayo (habiendo sido consagrado Obispo el 12 de diciembre de 2014 para ser Administrador Apostólico de la diócesis, y más o menos un año después Obispo Diocesano de la misma); tiene una segunda nacionalidad: la peruana. Esa experiencia marcó su vida y su visión de la evangelización, por eso hoy en día de su elección en su primer mensaje dijo en perfecto castellano: Soy hijo de san Agustín, agustiniano, que dijo: «Con ustedes soy cristiano y para ustedes obispo». Tal vez esta antigua expresión del Santo pueda significar comunión y sinodalidad; por eso también afirma la razón de éstas: “para proclamar el Evangelio, para ser misioneros”. El anuncio del Evangelio nunca se hace en soledad, necesitamos ser con los otros, con el Otro. En ese sentido va también su lema episcopal “In Illo uno unum” (“En Aquel Único, somos uno”), tomado del Sermón de San Agustín sobre el Salmo 127, y en su contexto dice: ”Estos cristianos, con su Cabeza, que subió al cielo, son un solo Cristo; no es Él uno y nosotros muchos, sino que, siendo nosotros muchos en Aquel uno, somos uno. Luego Cristo es uno, Cabeza y Cuerpo. ¿Cuál es su Cuerpo? Su Iglesia, conforme dice el Apóstol: Somos miembros de su Cuerpo; y: Vosotros sois Cuerpo de Cristo y miembros” (n. 3).

Es el primer Papa de la Orden de los Agustinos, el segundo –después de Francisco– nacido en el continente americano, y paradógicamente éste en el extremo sur del continente, mientras que León XIV muy al norte del mismo. Tal vez ahora comprendamos mejor aquellas proféticas palabras de San Juan Pablo II cuando dijo que el Continente Americano era el continente de la esperanza:
“III. Una mirada hacia el futuro: el continente de la esperanza
1. Los retos del momento: Al contemplar el panorama que se abre a la nueva evangelización, no es posible desconocer los desafíos que esa labor ha de enfrentar.
La escasez de ministros cualificados para tal misión, pone el primero y quizá mayor obstáculo.
La secularización de la sociedad, ante la necesidad de vivir los valores radicalmente cristianos, plantea otra seria limitación.
Las cortapisas puestas a veces a la libre profesión de la fe son, por desgracia, hechos comprobables en diversos lugares.
El antitestimonio de ciertos cristianos incoherentes o las divisiones eclesiales crean evidente escándalo en la comunidad cristiana.
El clamor por una urgente justicia, demasiado largamente esperada, se eleva desde una sociedad que busca la debida dignidad.
La corrupción en la vida pública, los conflictos armados, los ingentes gastos para preparar muerte y no progreso, la falta de sentido ético en tantos campos, siembran cansancio y rompen ilusiones de un mejor futuro.
A todo ello se añaden las insolidaridades entre naciones, un comportamiento no correcto en las relaciones internacionales y en los intercambios comerciales, que crean nuevos desequilibrios. Y ahora se presenta el grave problema de la deuda externa de los países del Tercer Mundo, en particular de América Latina.
Este fenómeno puede crear condiciones de indefinida paralización social y puede condenar naciones enteras a una permanente deuda de serias repercusiones, engendradora de estable subdesarrollo. A este propósito vienen a mi mente las palabras que pronuncié durante mi viaje apostólico a Suiza: “También el mundo financiero es un mundo humano, nuestro mundo, que está sujeto a la conciencia de todos nosotros; también aquí valen los principios éticos” (Ioannis Pauli PP. II, Homilia ad Missam in urbe «Flüeli» habita, 6, die 14 iun. 1984: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, Vii, 1 (1984) 1762).
Ante estos retos, hay muchos problemas que escapan a la posibilidad de acción y a la misión de la Iglesia. Es, sin embargo, necesario que ella redoble su esfuerzo, para hacer presente a Cristo Salvador, para cambiar corazones mediante una evangelización renovada, que sea fuente de vitalidad cristiana y de esperanza”. (Homilía del Santo Padre Juan Pablo II, Estadio Olímpico de Santo Domingo. Viernes 12 de octubre de 1984).
Bergoglio y Prevost han visto de cerca la violencia y problemas sociales como retos en sus respectivas patrias; Bergoglio el régimen militar (1976-1983); mientras que Prevost el tema de Sendero Luminoso entre otros (1980-1992).
Al haber nacido en Estados Unidos, el nuevo Papa no desconoce la tragedia de tantos jóvenes compatriotas suyos, que han perecido en las guerras libradas por su pueblo, tal vez en ella resuenen los lamentos de Bruce Springsteen en su tema “Born in the USA”.
En su primer mensaje de la Bendición Urbi et Orbi (A la Urbe y al Orbe) como Romano Pontífice, León XIV nos dijo:
“¡La paz esté con todos ustedes!
Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo resucitado, el Buen Pastor, que ha dado la vida por la grey de Dios. También yo quisiera que este saludo de paz entre en sus corazones, llegue a sus familias, a todas las personas, dondequiera que estén, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz esté con ustedes!”. Estamos en el Jubileo de la Esperanza, y sí, nuestro Papa León XIV ya nos la transmite.
En su trabajos de Prior Provincial y y Prior General que desempeñó en su Orden de los Agustinos, viajó a nuestra Ciudad de Querétaro, la conoce; también conoce el enclave agustino en las tierras guanajuatenses de Yuriria, Uriangato y Moroleón.

El Padre Rafael Gavidia Artega (hermano del Padre Francisco Fernando), hoy párroco en San Juan Diego, en la Comunidad de Jofrito (Santa Rosa Jauregui), le conoce personalmente cuando él pertenecía a la comunidad de los Agustinos.
Alabemos al Señor Resucitado por tan gran don que nos ha dado en la persona de nuestro Papa León XIV.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
Santiago de Querétaro, Qro., 9 de Mayo de 2025
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Tras las huellas de Francisco

Estimado Pbro. Manuel García Moreno.
Ahijado.
Han pasado ya 24 años desde ese 5 de Mayo de 2001 cuando recibiste la Ordenación presbiteral, en esa fecha muchos hermanos fueron Ordenados Presbíteros de nuestra Santa Iglesia, Católica, Apostólica y Romana, en memoria de la llegada entre nosotros de Mons. Mario de Gasperín, VIII Obispo de Querétaro (de Quien también recibí la Sagrada Ordenación); ‘El fue recibido en el Estadio Corregidora por feligreses de toda la Diócesis. Eran otros tiempos, no había oficialmente en nuestra patria relaciones Iglesia-Estado con el Vaticano; Mons. Prigione era Delegado Apostólico en México, él vino a presentar al Obispo y presidir la Misa; algunas voces se levantaron para inconformarse por la violación de la identidad del “Estado Laico”. Eran días en que nuestro Romano Pontífice era el hoy Santo, Juan Pablo II. En un Estadio Corregidora repleto de feligreses llenos de alegría se realizó la celebración de la Santa Misa. Era el 5 de Mayo de 1989. Ese día participé en el servicio de altar, me encomendaron llevar la mitra del Delegado Apostólico.

Para el 2001 ya habías sido Ordenado como yo, Presbítero. Eran ya 6 años de ese gran acontecimiento que cambió mi vida para siempre. En esos días era yo entre otros Oficios Eclesiásticos Maestro en el Seminario: impartía clases de Filosofía del Derecho, Derecho Fundamental Canónico, Teología de la Eucaristía y Teología del Matrimonio. También era párroco en Jesús de Nazareth, en la Colonia Colinas del Cimatario. Esta había sido erigida como tal el 1 de Noviembre de 2003, por Don Mario de Gasperín, quien me nombró primer párroco. Eran días de construcción del templo Parroquial, área de servicios y casa Parroquial.
Años antes habíamos coincidido en el Seminario, te conocía como alumno. Era yo un maestro intenso y soñador, muchos de mis alumnos aún hoy no me perdonan por todo lo que les exigía. Leíamos mucho. Ya pedí perdón a algunos por haber tratado de enseñarles.
Antes de tu Ordenación me invitaste a que en la misma te colocara yo la estola y la casulla el día de tu Ordenación. Y así fue: compartir el camino de la vida sacerdotal con un hermano que ya tiene cierta experiencia en el ministerio, se le llama tradicionalmente ser su Padrino.
Hoy aquí, en San Francisco, Huimilpan, nos hemos reunido para celebrar tus 24 años de sacerdote: has crecido no sólo en años, sino también en experiencia. Te has especializado en filosofía, has llenado los salones de clases en nuestro Seminario Diocesano de tus conocimientos, hoy eres un párroco intenso en el trabajo de evangelizar.

Ahijado, estamos ahora en un tiempo de Sede Vacante Apostólica: no tenemos Papa. Francisco ha partido a la casa del Padre.
Quisiera recordarte algunas de las convicciones de Francisco, nuestro sencillo, humano y brillante Pontífice; para que las imites:
Nos proponía una Iglesia pobre y para los pobres. Esto puede significar nuestro origen: la mayoría de los presbíteros diocesanos somos de familias sencillas, llenas de trabajo y fiesta, donde los Santos nos marcan el rumbo donde la piedad popular da sentido al tiempo, viviendo el Evangelio donde Jesucristo inspira nuestra vida toda. Sí, es cierto, no siempre vivimos al 100 % sus enseñanzas. Somos humanos, o como dijo el filósofo, demasiado humanos. Ir a las periferias no sólo geográficas, sino también existenciales. Hay tantos ricos según este mundo que olvidan que la única diferencia entre un rico y un pobre es solo el dinero; a todos se nos cantará como a los niños en la piñata: y tu tiempo se acabó. La muerte no distingue.
Francisco nos propuso en su Primer gran Documento, su proyecto de ministerio: “La Alegría del Evangelio”, dejarnos llevar por ese anuncio de Jesucristo Muerto y Resucitado, que nos quiere libres, misericordiosos, pobres, llenos de alegría, sencillos; caminando con nuestro pueblo, lejos de toda pretensión de poder terreno.
También insistió en ser misericordiosos: comprender la miseria humana, incluida nuestra vida y existencia, comprender a los hermanos, pues estamos hechos del mismo barro.
Hace diez años me invitaste a predicar en tu aniversario, ahora lo has hecho tú: te veo crecido, experimentado; y eso me llena de alegría.
Ahora, camina con tu pueblo, con la cintura ceñida para estar libre, para la siguiente misión: ligero de equipaje.
Pido a Dios que hoy y siempre bendiga tu ministerio.
Tu Padrino de Ordenación, el más indigno:
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
San Francisco, Huimilpan, 5 de mayo de 2025.
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De niños, conejos y narraciones

Como pequeño homenaje a mis padres
¿Cuántas veces y de qué modos se puede confinar a una persona, individual o grupalmente? Tal vez casi infinitas, tanto en la cantidad como en la forma. Desde el vientre de la madre hasta un ataúd. El diccionario puede darnos varias definiciones acerca de confinar: “Obligar a alguien a permanecer en un lugar o encerrarlo en él”. “Desterrar a una persona a un lugar determinado que se convierte de forma obligatoria en su residencia habitual y de donde no puede salir”. Confinarse: “Encerrarse voluntariamente en un lugar, generalmente apartado de la gente, para llevar a cabo una tarea que requiere una especial concentración, silencio o tranquilidad”.

Así visto, el confinamiento no es necesariamente algo negativo. En esta tarde-noche de 30 de abril de 2020, en este día en que se celebra el día del niño, escuchando el ritmo melodioso de la lluvia, disfrutando de una agradable lectura, recordé aquellos días de infantil confinamiento: a mi padre sacando cuidadosamente de una cajita de cartón, algunos ejemplares de “Vidas ejemplares”: la historia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, la vida de San Felipe de Jesús, la del Beato Simeón de Aparicio. Al acento de la lluvia, y confinados por ésta, nos leía una y otra vez aquellas historias ilustradas bellamente; no es que hubiera muchos libros en casa, pero eso no era impedimento para que nos hiciera viajar a lugares mágicos, llenos de fantasía. Nuestro guía en aquellas historias sin fin era un conejo que recorría bosques y praderas, pasando por arroyos cuyas aguas cristalinas atravesábamos mis hermanos y yo con gran cuidado de la mano de mi padre; subíamos enormes montañas detrás del conejo incansable; a veces lo contemplábamos más bien desde lejos, sin la inmediatez del testigo, sino con la concentración de quien escucha atento la narración.
No todo era fácil para aquél conejo y sus acompañantes virtuales, pues continuamente debía enfrentar peligros. De los villanos más frecuentes eran un zorrillo y un tlacuache que feroz y sutilmente se interponían en su camino; le amenazaba el zorrillo con su penetrante y desagradable olor, con sus garras que cavan cuevas como madriguera. En ocasiones el conejo se veía obligado a dar grandes rodeos para evitar ser rociado por aquél líquido desagradable, otras veces, confiaba en su velocidad que era mayor que la de su oponente. El tlacuache tenía otras habilidades y trucos con las que pretendía engañar al fabuloso conejo, entre ellos el hacerse el muerto.
El conejo atravesaba cercas hechas de piedras sobrepuestas, se introducía a través de troncos huecos de árboles caídos; era capaz de pegar unos saltos enormes. No era cobarde frente a las adversidades y peligros.
De pronto mi papá empezaba a quedarse dormido por el cansancio de la dura jornada laboral y le instábamos a que continuara la historia, entonces decía: bueno el conejo se murió, y colorín colorado este cuento se ha acabado. Lo mejor de la historia es que al día siguiente tenía otra. Muchas veces el cuento se veía interrumpido por la amorosa voz de mi madre que nos invitaba a cenar. Una sábana acondicionada con habilidad se convertía en una tienda de campaña o un hermoso castillo y así las aventuras continuaban. Ese confinamiento por la lluvia y la noche oscura no pesaba, era motivo para aprender y soñar, para estar juntos; para hacer de un pequeño espacio lugar de emociones infinitas.
Tiempo después iba casi todas las tardes a la biblioteca municipal que un tiempo estuvo muy cerca de la casa de mis padres. El responsable de atenderla era un señor que nos enseñaba o recordaba muchas cosas prácticas: estar en silencio, cómo sentarse correctamente, a no escribir sobre los libros, etc. Sólo podías tener un libro a la vez, pero a los más asiduos se les permitía tener hasta dos o hasta tres al mismo tiempo. Cómo recuerdo una edición bellamente empastada e ilustrada de Las aventuras de Tom Sawyer o esas enciclopedias bellísimas llenas de palabras por aprender y hoy casi en desuso de modo físico.
Esas historias que mi padre tanto nos contaba desde su imaginación, creo despertaron en nosotros un gusto por la lectura que no termina. Por eso en este tiempo de pandemia, de manera especial, los libros nos llevan a la libertad, a reflexionar, a visitar otros tiempos y mundos; a no sentirnos irremediablemente confinados. Cada libro es como las personas: son únicos, tienen su propia historia; no sólo de cómo y porqué surgieron, sino cómo han llegado hasta nosotros. A veces son un bello regalo, otros son fruto del esfuerzo personal; a veces soñamos con ellos y los buscamos, los perseguimos; muchas veces nos son recomendados sabiamente o les hemos encontrado fortuitamente al hojearlos en la biblioteca o la librería. Los hay que han sido prohibidos en cierto momento y hoy son luz verdadera; por ejemplo Las cinco llagas de la santa Iglesia de Antonio Rosmini1. Ahí, el hoy Beato nos enseña, refiriéndose a la predicación y la liturgia: “No eran palabras dirigidas sólo a la inteligencia, ni símbolos que no tuvieran más virtud que sobre los sentidos. Sino que, sea a través de la mente, sea a través de los sentidos, ambos ungían el corazón e infundían en el cristiano un alto sentimiento en relación a todo lo creado”. En estos días de pandemia hemos sido conscientes que hay que cuidar la salud del cuerpo, por eso nuestros Obispos nos han invitado a seguir las normas que las autoridades sanitarias han dado; pero también necesitamos salud de la mente y el espíritu: nos hace falta la Palabra y los sacramentos vividos presencialmente en comunidad. La salud debe ser integral. Por ahora, que nuestro confinamiento sea un medio para entrar en nosotros mismos e imaginar qué seguirá después de esto en un ambiente de paz, oración y recogimiento interior. Quien debe trabajar descubra la fuerza de correr riesgos por amor, solo los estrictamente necesarios.
En este año 2020 el Papa Francisco ha dedicado su Mensaje para la Jornada mundial de las comunicaciones sociales bajo el lema “Para que puedas contar y grabar en la memoria” (cfr. Ex 10,2). Es un texto bellísimo en el cual el Papa no deja de asombrarnos gratamente; empieza diciendo: “El hombre es un ser narrador. Desde la infancia tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos. Ya sean en forma de cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de noticias…, las historias influyen en nuestra vida […] Los relatos nos enseñan; plasman nuestras convicciones y nuestros comportamientos; nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos”.
El Papa también nos advierte de que no todas la historias son buenas; por ejemplo, saber que “hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad”.
Enseña el Papa que “la Sagrada Escritura es una Historia de historias. ¡Cuántas vivencias, pueblos, personas nos presenta! Nos muestra desde el principio a un Dios que es creador y narrador al mismo tiempo. En efecto, pronuncia su Palabra y las cosas existen (cfr. Gn 1). A través de su narración Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres, generadores de historia junto a Él”.
En estos días de aislamiento, de números y estadísticas, de enfermos y fallecidos anónimamente, nos hace bien escuchar lo que Francisco nos dice: “La historia de Cristo no es patrimonio del pasado, es nuestra historia, siempre actual. Nos muestra que a Dios le importa tanto el hombre, nuestra carne, nuestra historia, hasta el punto de hacerse hombre, carne e historia. También nos dice que no hay historias humanas insignificantes o pequeñas”. El Papa nos invita a valorarnos más mutuamente en el esfuerzo cotidiano que cada quien realiza para bien de los demás: “Cada uno de nosotros conoce diferentes historias que huelen a Evangelio, que han dado testimonio del Amor que transforma la vida”.
Querido papá ¿cómo agradecerte que hayas despertado en tus hijos ese gusto por las historias (sobre todo la Historia Sagrada) con ese conejo invencible y que moría y luego volvía a la vida para seguir llenándonos de aventuras? Hoy sabemos que la vida es eso: lucha constante, entrega generosa. ¿Cómo olvidar cuántos días y madrugadas pasabas trabajando para que hubiera lo necesario en casa? ¿y la magia de mamá para transformar en alegría las historias en una gran variedad de cantos, muchos de ellos oración? Gracias por llenar nuestra infancia de conejos y narraciones, de pan y compañía.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
30 de abril de 2020
- ROSMINI, ANTONIO; Las cinco llagas de la santa Iglesia; Barcelona 1968, p. 61. ↩︎
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¡Felicidades Mons. Fidencio en su cumpleaños!

Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Era el 12 de septiembre de 2020 cuando la Sala de Prensa de la Santa Sede publicó en su Boletín un nombramiento que decía:
Nombramiento del Obispo de Querétaro (México)
El Santo Padre ha nombrado Obispo de Querétaro (México) a S. E. Mons. Fidencio López Plaza, hasta ahora Obispo de San Andrés Tuxtla.
Después agregaba su Curriculum vitae.
Mons. Fidencio había sido consagrado Obispo el día 2º de mayo de 2015 y previamente nombrado Obispo de San Andrés Tuxtla el 2 de marzo del mismo año; ese día es aniversario de la fundación de Nuestro Seminario Diocesano.

Aún se sentía el ambiente enrarecido por la pandemia del Covid cuando el 19 de octubre de 2020 por la tarde, en la Catedral de Querétaro a puerta cerrada por las medidas sanitarias, con invitados representantes de cada Parroquia y demás personalidades, se celebró la Misa de Toma de Posesión. Don Mario de Gasperín VIII Obispo de Querétaro, en la misma fecha pero de 1989 había creado la Parroquia del Cristo de las Bienaventuranzas en la Colonia Menchaca y lo había nombrado el primer párroco, ahora le estaba entregando la Catedral en calidad de Administrador Diocesano que había sido, para que Don Fidencio sirviera al pueblo de Dios como su X Obispo de Querétaro. Era una situación extraña por las circunstancias de la sana distancia, mientras tanto toda la Diócesis estaba llena de alegría al ver regresar a uno de sus hijos ahora como su Obispo Diocesano; ese aislamiento del momento se transformaría en cercanía de su Obispo. Habían pasado unos cinco años desde que él había partido a la misión a tierras veracruzanas, la ciudad había crecido, había nuevos sacerdotes, pero él conocía perfectamente la geografía queretana y guanajuatense que conforma la Diócesis de Querétaro, también conocía al clero. Esto contribuyó a que iniciara su ministerio con una adaptación rápida; a la mayoría los confirmó en sus oficios y bajo su lema episcopal de “Lo que no es asumido no es redimido” dio inicio a un arduo trabajo lleno de esperanza, de una Iglesia que sale a las periferias geográficas y existenciales, como tanto nos insistió el Papa Francisco, hoy de feliz memoria.
Ha trabajado en sintonía con la Iglesia Universal en fortalecer la Sinodalidad en la Diócesis, dando vida a los diversos Consejos y demás estructuras de comunión; ha consolidado el proyecto denominado “Caminamos de Guadalupe al Redentor 2022-2033” y el “Proyecto Global de Pastoral” de los Obispos de México; creó las Jornadas por la paz; en septiembre de 2021 inició su Visita Pastoral a todas las parroquias de la Diócesis y sus comunidades, misma que ahora ya terminó y en la cual hemos sentido su cercanía y observaciones de padre de modo constante y oportuno.
Nos ha marcado el rumbo del caminar con su tres Cartas pastorales:
- Primera Carta Pastoral: Ante las crisis y pandemias de ayer, hoy y siempre “El mejor servicio al hermano es la evangelización” (preentada el 7 de febrero de 2022).
- Segunda Carta Pastoral: “Llamó a los que él quiso para estar con Él y evangelizar” (Cfr. Mc 3, 13-14) Hacia una estructura de la pastoral diocesana más sinodal y en salida misionera (presentada el 5 de febrero de 2024).
- Tercera Carta Pastoral: “La conversión sinodal. Corazón, manos y pies del plan diocesano de pastoral”. (presentada 16 de abril de 2025).
También nos ha entregado el “Plan Diocesano de Pastoral en su V Etapa 2025-2033”. Atento al crecimiento de la población en la Ciudad Capital y de la Diócesis en general ha creado nuevas parroquias, siendo la última el pasado jueves 27 de Abril: Parroquia Peregrinos de Emaús, en la Colonia La Peña, al norponiente de la ciudad episcopal.
El 21 de marzo en reunión de Consejo Presbiteral nos decía: la próxima reunión será en el mes de mayo, para entonces habré presentado mi renuncia y la situación quedará en manos del Santo Padre; el trabajo y la agenda del Obispo continúan abiertos. Como dice el Papa Francisco, hay que abrazar el futuro con esperanza.
Gracias Señor Obispo por su cercanía y sencilles, por su palabra sabia y profunda; porque nos propicia una Diócesis unida y fraterna, solidaria, comprometida y en espíritu de comunión; que el Señor Resucitado le conceda larga vida y su presencia constante entre nosotros.
Santiago de Querétaro, 28 de abril de 2025
Año del Jubileo de la Esperanza
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El más mexicano de los eslovenos-italianos

Hoy hemos concelebrado la Eucaristía con el entrañable Presbítero Dr. Umberto Mauro Marsich MX, que ahora se recupera de una intervención quirúrgica. Recordé un texto sobre uno de sus múltiples libros (2012) y que ahora les comparto. El Padre hizo de México su tercera patria: nació en lo que hoy es Eslovenia, creció en Italia y antes de enseñar en México aprendió español y nahuatl, en este último idioma compuso infinidad de cantos litúrgicos.

Presentación del
“Manual de Deontología Jurídica”
De Umberto Mauro Marsich
A Jacoba, mi madre, en su cumpleaños
Existen proverbios lapidarios que conservan su vigencia de modo inmarcesible, recordemos algunos el día de hoy por el tema que nos ocupa.
Decían los griegos: γνώθι σ(ε)αυτόν, que los latinos tradujeron como “nosce te ipsum”, es decir, “conócete a ti mismo”. En el origen de este adagio délfico parecen resonar textos antiguos de Heráclito, Esquilo, Herodoto y Píndaro. En ellos su sentido parece ser una invitación a reconocerse mortal y no Dios; será Sócrates quien lo decantará hacia un sentido más filosófico, en clave gnoseológica y ético-antropológica, y con un marcado carácter social. Para Platón, además será motivo que le servirá de base para construir todo su sistema filosófico orientado hacia la verdadera “sabiduría”.
Cicerón llegará a afirmar que “el ‘conócete a ti mismo’ no es para alimentar la arrogancia sino para conocer nuestra realidad”; mientras que Menandro afirmó que el adagio se convirtió en “conoce los otros”1. El pensamiento accidental abreva de este aforismo hasta nuestros días, que en palabras del sociólogo Touraine, en una obra del año 2000 plantea la necesidad de una búsqueda de sí mismo que, a su parecer, es la única que enseñará a vivir. En nuestro ambiente católico es imprescindible releer el adagio délfico a la luz de la “Fides et ratio”, pues da nombre a la introducción de dicha Encíclica.
No menos actual resulta un dicho de Terencio: “Homine imperito numquam quidquam iniustius” (Adel. 98): no hay ningún hombre más injusto que el ignorante o incompetente. Entonces ¿no es acaso injusto privar sistemáticamente al hombre de la posibilidad de conocerse a sí mismo como consecuencia de la imposibilidad de hacerlo? ¿no somos acaso injustos al grado de deshumanizarnos por la omisión de cultivarnos en un sano humanismo?
La famosa sentencia Agere sequitur esse: el obrar sigue al ser, está hoy en crisis, no solo por el poco estudio de la filosofía, sino también, y sobre todo, por el hecho que muchas corrientes de pensamiento hoy en día niegan el concepto metafísico de naturaleza: no hay nada inscrito de modo definitivo en el ser humano, sino que solo sería el producto de un continuo devenir, en otras palabras, no hay naturaleza, sólo cultura, solo lo fáctico, lo que acaece, el producto de la técnica.
Es probable que esta forma de pensar actual hunda sus raíces en parte en la Tesis 11 de Marx sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, pues asistimos a un activismo pragmático que en gran medida ha olvidado no sólo lo que el ser humano es, sino lo que está llamado a ser. Prueba de ello es la situación actual que vive nuestra patria: cuando creemos haber visto todo, surge un nuevo acto de barbarie mayor que el otro. Pues un transformar sin sentido, orden o belleza deviene en caos, y no solo en la obra, sino en el que obra, en el ser humano; de este modo se han perdido conceptos como el bien común, la justicia, la ética, etc.
A principios de este año, el Dr. Guillermo Hurtado, Director del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM (que para tranquilidad de muchos, no es católico), publicó un artículo en El Universal2, en el que afirma la existencia de un Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología (Conacyt) y un Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y se cuestiona «¿Porqué no un Consejo Nacional para las Humanidades y las Ciencias Sociales? […] ¿Por qué el Estado debería apoyar de manera específica el cultivo de las humanidades y ciencias sociales?
[…] Podría decirse que, a diferencia de la química, la medicina o la ingeniería, la historia, la filosofía o la sociología no tienen un impacto directo en la alimentación, la salud o la vivienda de los mexicanos. Sin embargo, esto no significa que el Estado no deba impulsar su estudio y difusión. Los beneficios de las humanidades y las ciencias sociales son acaso menos tangibles que los de las mal llamadas “ciencias duras”, pero no son menos importantes. Las humanidades y las ciencias sociales fortalecen el desarrollo de los individuos y elevan la calidad de vida de las comunidades. Además, cuando son adoptadas de manera correcta y legítima en el discurso de un Estado, le son de suma utilidad para su política interna y externa.
Sin embargo, tal parece que al Estado mexicano no le queda claro la importancia de las humanidades y las ciencias sociales. Un ejemplo fue la medida tomada por la SEP en 2009 de eliminar el área de humanidades de la educación media superior. Aunque el error fue corregido a medias —gracias a la presión de la comunidad filosófica— no parece que el Estado tenga interés en promover la enseñanza de las humanidades. Resulta difícil de creer que un país como el nuestro, en el que la crisis de valores ha tocado fondo, la asignatura de Ética se elimine de los planes de estudio».
Hasta aquí nuestra palabra que pretende hacer notar lo oportuno y valioso de la reimpresión de un texto como el “Manual de Deontología Jurídica” del Padre Marsich: texto breve de acuerdo a su naturaleza; profundo y sistemático, evidencia de muchas maneras que ha surgido de su amplia experiencia como docente, no solo por lo didáctico sino también, por ejemplo, porque denota vestigios de partes que parecen notas que atisbaban mayor extensión o profundización; no puede el autor ocultar un cierto dejo de la gramática italiana en su sintaxis, así como de la rica tradición ética y jurídica italiana, además de su vasto conocimiento de autores antiguos y contemporáneos, y no sólo cristianos.
En la primera parte hace vibrar al lector con su develación del sentido de lo humano: nos toma de la mano y nos introduce en lo maravilloso del sentido del bien común: si quiero el bien para mí es necesariamente humano quererlo para todos mis semejantes, de lo contrario el ejercicio de una profesión se convierte en “un instrumento de degradación moral del sujeto” (p.15). ¿no acaso por ese peligro latente del abogado se quejaba ya amargamente la humanidad desde la época de Platón, cuando en el diálogo Las leyes se puede leer:
“Hay muchas cosas nobles en la vida humana, pero en la mayoría se fijan males que fatalmente los corrompen y dañan… ¿cómo puede ser el abogado de justicia otra cosa que noble? Y sin embargo, a esta profesión que se nos presenta bajo el bello nombre de arte se le asigna una mala reputación… Ahora bien, en nuestro Estado este llamado arte… no debería existir jamás”.
Siglos más tarde Sir Tomás Moro, grande abogado y hoy Santo, los desterró de su Utopía: “Ellos no tienen abogados entre sí, porque los consideran la clase de personas cuya profesión es desvirtuar las cosas”3.
Este libro de nuestro Autor responde, entre otras, a las expectativas de formación humanista manifestadas por el Dr. Hurtado, y no sólo por él, ya nuestro poeta manifestaba algo parecido hace varios años cuando buscaba el rostro de nuestra patria, pero que bien pudiera ser visión profética que se cumple en nuestros días cuando decía:
“Quise verte en la luz de los fusiles
y en el gesto viril de los sargentos,
en las espadas de los coroneles
y en el heroico grito de tus muertos…
Pero no te encontré, te me perdiste
entre sables, fusiles y sargentos”.
Al fin acierta en su búsqueda del rostro de la Patria y canta en sus versos:
Y por fin te encontré, Patria querida
sin fusiles, sin sables, sin sargentos,
sin las espadas de los coroneles
ni los tribunos gritos de tus muertos…
Te hallé entre la sonrisa de los niños
y en la voz paternal de tus maestros.
(Encuentro con la Patria, Luis Tijerina Almaguer)
Al hablar de la necesidad de la educación escolar —lejos de todo iluminismo o resabios de ilustración— está a favor nuestro autor cuando propone, en la tercera parte dos requisitos para desempeñar noblemente la profesión de abogado, con ciencia jurídica y sabiduría: “La ciencia ejerce el papel de informar para ser eficaces en el ejercicio de la abogacía; la sabiduría ejerce la función de formar para ser atinados, confiables y honestos en la vida y en la profesión” (p. 143).
La Patria que busca nuestro autor, es esa más justa y más humana, incluyente, donde todos podamos encontrar nuevamente el sentido de nuestro ser y de nuestro actuar, de nuestra propia naturaleza: humana y profesional, la que se construye desde dentro, esa que en los momentos difíciles, como ahora, no se arredra, la que se cimenta sólidamente con lo que en lenguaje cristiano llamamos conversión: la vida es una constante y noble lid por buscar el bien, la verdad, lo bueno y bello; en ese sentido podemos interpretar el verso de nuestro Himno nacional:
“Piensa ¡Oh Patria querida! Que el cielo
un soldado en cada hijo te dio”.
Gracias por esta invitación y el texto que hoy se nos ofrece; su lectura ha sido una experiencia renovadora espiritualmente, una llamada de atención sobre mi vocación. Gracias Umberto, amigo, padre y maestro, porque tu presencia constante en nuestro Seminario y Diócesis, sigue dejando huella imborrable en nuestra vida, en nuestro ser y esperamos en nuestro actuar. Solo me resta invitar a todos a disfrutar su apasionante lectura.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Santiago de Querétaro, Qro. México, 28 de Noviembre de 2012.
En la Sede de la UNIVA
- Cfr. Pié-Ninot, Salvador; La teología fundamental, Salamanca 2002, pp. 97-97. ↩︎
- http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2012/02/57008.php ↩︎
- Cfr. Pérez Varela, Víctor Manuel; Deontología jurídica. La ética en el ser y y quehacer del abogado. México 2012, p. 207. ↩︎
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Papa Francisco: su pascua

El martes 15 de abril del presente 2025 se anunciaba que el Papa Francisco prepararía Él mismo las meditaciones del Viacrucis1, pues en otros años había delegado esta misión a diversas personas; y que sería publicado el viernes 18 a las 12:00 hrs., tiempo de Roma. Y así fue.
En la X estación, Jesús es despojado de sus vestiduras, leemos:
“Libro de Job (1,20-22)
Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se rapó la cabeza, se postró con el rostro en tierra y exclamó: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!». En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno contra Dios.
No te desnudas, te desnudan. La diferencia está clara para todos nosotros, Jesús. Sólo quien nos ama puede acoger nuestra desnudez entre sus manos y en su mirada. Tememos, en cambio, la mirada de quien no nos conoce y sólo sabe poseer. Estás desnudo y expuesto a todos, pero tú transformas incluso la humillación en familiaridad. Quieres revelarte íntimo incluso a quien te destruye, miras a quien te desnuda como a una persona amada que el Padre te ha dado. Aquí hay más que la paciencia de Job, incluso más que su fe. En ti está el Esposo que se deja tomar, tocar y trueca todo en bien. Nos dejas tus vestiduras, como reliquias de un amor consumado. Están en nuestras manos, porque has estado en casa, has estado con nosotros. Nosotros tomamos tus vestiduras y ahora las echamos a suerte, pero la suerte, aquí, no favorece a uno, sino a todos. Nos conoces uno a uno, para salvar a todos, todos, todos. Y si la Iglesia te parece hoy como una vestidura rasgada, enséñanos a recoser nuestra fraternidad, fundada sobre tu entrega. Somos tu cuerpo, tu túnica indivisible, tu Esposa. Lo somos juntos. Para nosotros la suerte ha caído en un lugar de delicias, estamos contentos con nuestra herencia (cf. Sal 16,6)”.
Amado Papa Francisco, llegaste a Roma sin nada, ibas al cónclave pensando regresar pronto a tu amada Argentina, apenas una pequela maleta con tus enseres personales que tú mismo fuiste a recoger después de la elección y a cubrir los gastos de tu estancia. Luego apareciste en la balcón de San Pedro, desde donde hablan los sucesores de Pedro. Tus primeras palabras fueron: “Hermanos y hermanas, buenas tardes”. El día de ayer, Domingo de la Resurrección del Señor, sacando fuerza de la fe y del amor de Padre y Pastor, te asomaste nuevamente al balcón y promunciaste las mismas palabras de tu primera presentación como Pontífice: “Queridos hermanos y hermanas, ¡felices pascuas!”, la misma sencillés, la misma cercanía; y después como el gran Patriarca del nuevo pueblo, nos has dejado tu bendición (cfr. Gn 49, 28ss.). Estabas preparado, habías hecho con anterioridad tu testamento espiritual, en el cual manifiestas tu firme y sencilla voluntad:
“Testamento espiritual del Papa Francisco2
Miserando atque Eligendo
En el Nombre de la Santísima Trinidad. Amén.
Sintiendo que se acerca el ocaso de mi vida terrena, y con viva esperanza en la Vida Eterna, deseo expresar mi voluntad testamentaria sólo en cuanto al lugar de mi sepultura.
Mi vida y mi ministerio sacerdotal y episcopal los he confiado siempre a la Madre de Nuestro Señor, María Santísima. Por tanto, pido que mis restos mortales descansen esperando el día de la resurrección en la Basílica Papal de Santa María la Mayor.
Deseo que mi último viaje terrenal termine en este antiquísimo santuario mariano, al que acudía en oración al inicio y al final de cada Viaje Apostólico, para encomendar confiadamente mis intenciones a la Madre Inmaculada y agradecerle sus dóciles y maternales cuidados.
Pido que se prepare mi sepulcro en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de la citada Basílica Papal, como se indica en el anexo adjunto.
El sepulcro debe estar en la tierra; sencillo, sin decoración particular y con la única inscripción: Franciscus.
Los gastos para la preparación de mi entierro serán cubiertos por la suma del benefactor que he dispuesto, que será transferida a la Basílica Papal de Santa María la Mayor y para la cual he encargado las oportunas instrucciones al Arzobispo Rolandas Makrickas, Comisario Extraordinario del Capítulo Liberiano.
Que el Señor dé una merecida recompensa a quienes me han amado y seguirán rezando por mí. El sufrimiento que se hizo presente en la última parte de mi vida lo ofrecí al Señor por la paz mundial y la fraternidad entre los pueblos.
Santa Marta, 29 junio 2022
FRANCISCO”

Desde el principio de tu pontificado has querido una Iglesia pobre y has querido un sepulcro pobre, sencillo, con sólo tu nombre inscrito, nombre que será pronunciado en el último día: “Francisco, ven bendito de mi Padre”. Los pobres ha sido tu pasión, los más débiles e indefensos tus consentidos, pero has amado a todos, como el Maestro has pueto tu mirada de amor para atraer a todos a a casa del Padre.
Has creído de verdad en la fraternidad, la has vivido, la has anunciado; una fraternidad muchas veces rasgada, como has dicho en el viacrucis, pero siempre posible porque la koinonía (comunión) es una realidad ontológica que supera cualquier sentimiento. Sabías de divisiones y exclusiones, por eso en tu viaje a nuestra patria mexicana dijiste a los Obispos mexicanos, improvisando,: “La misión es vasta y llevarla adelante requiere múltiples caminos. Y, con más viva insistencia, los exhorto a conservar la comunión y la unidad entre ustedes. Esto es esencial, hermanos. Esto no está en el texto pero me sale ahora. Si tienen que pelearse, peléense; si tienen que decirse cosas, se las digan; pero como hombres, en la cara, y como hombres de Dios que después van a rezar juntos, a discernir juntos. Y si se pasaron de la raya, a pedirse perdón, pero mantengan la unidad del cuerpo episcopal. Comunión y unidad entre ustedes. La comunión es la forma vital de la Iglesia y la unidad de sus Pastores da prueba de su veracidad. México, y su vasta y multiforme Iglesia, tienen necesidad de Obispos servidores y custodios de la unidad edificada sobre la Palabra del Señor, alimentada con su Cuerpo y guiada por su Espíritu, que es el aliento vital de la Iglesia (13 de febrero de 2016, Catedral Metropolitana, Ciudad de México). Sabías, con Santo Tomás de Aquino que el infierno es la eterna soledad, por eso tu constante mensaje de no descartar a nadie. ¿podría imaginarse a un Obispo promoviendo a sus presbíteros excluir a algún hermano?

Defendiste la dignidad de la personas amenazadas por el régimen militar en tu patria, y tuviste que pagar el presio de tal osadía, entre otras cosas compareciendo ante un tribunal para que dijeras lo que sabías “en calidad de quien tuvo conocimiento de las cosas”; si bien no como indiciado, fue con al afán de humillarte. Tu valentía hizo que muchas veces quedaras expuesto, desnudo como Job, como Jesucristo en la cruz.
¿Y cómo olvidar otra de tus improvisaciones en nuestra patria, en Morelia, dirigida a los niños del coro que le habían dedicado una canción?: “Los felicito, los felicito en serio. El arte, el deporte ensanchan el alma y hacen crecer bien, con aire fresco y no aplastan la vida. Sigan siendo creativos, sigan así, buscando la belleza, las cosas lindas, las cosas que duran siempre, y nunca se dejen pisotear por nadie. ¿Está claro?” (16 de Febrero de 2016, Catedral de Morelia). Sí, tu palabra y mirada puestas en la dignidad de la persona humana hacen que surja una cierta rebeldía frente a lo feo y lo injusto, lo que llamaste la “revolución de la ternura”, y dijiste sobre ella: “Nos hace bien entonces mirarnos en la paternidad de José que es un espejo de la paternidad de Dios, y preguntarnos si permitimos al Señor que nos ame con su ternura, transformando a cada uno de nosotros en hombres y mujeres capaces de amar así. Sin esta “revolución de la ternura” —hace falta, ¡una revolución de la ternura!— corremos el riesgo de permanecer presos en una justicia que no permite levantarnos fácilmente y que confunde la redención con el castigo” (Audiencia General, 19 de enero de 2022).
En el rito del Lucernario o Solemne comienzo de la Vigilia Pascual se bendice el fuego nuevo, con el cual se enciende el Cirio Pascual, el cual se marca con un punzón trazando una cruz, luego las letras griegas alfa y omega, posteriormente los números del año en curso. Mientros esto se hace. Se va diciendoi: “Cristo ayer y hoy, principio y fin, Alfa y Omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A Él la goria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén”. Tenía que ser en Pascua tu pascua, entrañable Papa Francisco, has recorrido el camino de tu vida con el cierre final de la carrera en la cruz de la enfermedad, por eso el Señor de la historia, Jesucristo resucitado te ha cuidado y bendecido de principio a fin, Él ha sido tu Alfa y tu Omega.

Amado Papa Francisco, hace unos días un grupo de amigos quetanos nos reunimos pensando en ti y en tu salud, se tomó la iniciativa de mostrarte nuestra fidelidad filial haciendo y enviándote un retrato tuyo al acrílico, obra del Maestro Gabriel García Aguas, fotografiado por el Maestro Arturo Pérez y Pérez, fue llevado hasta Roma por Sergio Rivera Guerrero, habiendo participado también Maribel Miranda Peñaloza, Nayely Rosas, Enrique Díaz Hernández, Antonio Martínez, Saúl Rogoitia Vega, Mons. Arz. Domingo Díaz Martínez. Rodrigo Guerra fue el canal para hacértelo llegar. No sabemos si llegaste a contemplarlo pero sí estamos ciertos de tu amor por nosotros y por tu amada Iglesia que se esfuerza por ser lo que haz pedido, como un hospital de campaña, y sabemos que en una batalla nadie sale indemne y eso nos anima y consuela, por eso querido Papa reza por nosotros ahora desde el cielo.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Santiago de Querétaro, Qro. México, 21 de abril de 2025
Pascua del Papa Francisco
- Giribaldi, Edoardo; Preparate da Papa Francesco le meditazioni della Via Crucis, L’Osservatore Romano, martes 15 de abril de 2025, p. 4. ↩︎
- https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-04/el-testamento-espiritual-del-papa-francisco.html Consultado 21 de Abril 2025, 13:13 hrs. ↩︎
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¡Crucifícalo!


Cuarenta días de preparación a la Pascua, que dura cincuenta, suman una cuarta parte del año y son los que la Iglesia vive para celebrar el misterio del Dios hecho hombre, muerto y resucitado. En este contexto se impone no solo la escucha de los textos bíblicos, sino la interpretación que de ellos se ha hecho a través de los siglos desde las diversas parcelas del conocimiento.
La lectura de algunos textos que quiero compartir no pretende ser una recensión de los mismos, sino algo más modesto: la apertura a los otros en la percepción de nuestro universo común y, sumando perspectivas, atisbemos la Totalidad.
El destacado jurista italiano Gustavo Zagrebelsky tiene un breve ensayo titulado «Il “Crucifige” e la democrazia» (Turín, Einaudi, 1995), en el que propone la tarea de construir un “léxico civil”; entendiendo por léxico algo más que la secuencia amorfa de un vocabulario. El léxico es una combinación de expresiones y de significados que se unen los unos a los otros y generan un efecto de conjunto. Un léxico está hecho de textos en un contexto. En el contexto actual, considera, se ha vuelto difícil la comunicación y la comprensión. Le llama “civil” porque quiere plantearse problemas desde el punto de vista de la sociedad civil.
Considera que el contexto actual es definido en gran parte por los poderes políticos y económicos más fuertes, lo que da origen a su reflexión sobre la democracia: ¿es un fin o un medio? En el texto propone tres visiones de la misma: dogmática, escéptica y crítica, tomando como motivo y símbolo el proceso de Jesús, haciendo referencia al tema ya tratado por Kelsen. Tres mentalidades, dice, subyacen a las tres visiones de la democracia: el dogmático sólo ve la verdad a la cual todos se deben adherir; el escéptico sólo la realidad a la cual hay que doblegarse en actitud pragmática; el crítico es el que tiene el pensamiento de la posibilidad, no presume de poseer la verdad y la justicia pero tampoco considera insensata la búsqueda.
Más allá de estar de acuerdo o no con sus teorías, quiero subrayar el hecho de su apertura a la consideración bíblica que hace: el análisis de dos tipos de procedimiento que existían en Israel en tiempos de Jesús para reparar el mal cometido, el mishpat (juicio) y el ryb (litigio).
El primero era un procedimiento entre tres, análogo al proceso que conocemos: el ofendido que conduce al ofensor ante un tercero imparcial, el juez, a fin de que este pronuncie una condena que venga a compensar el daño causado. Este procedimiento y esta justicia era posible entre dos enemigos o, al menos, entre dos extraños.
La cuestión era diversa cuando los contendientes eran amigos o estaban ligados por relaciones vitales (padre-hijo; marido-mujer; hermano-hermano; Dios-pueblo elegido, etc.), entonces el choque era entre dos, se aplicaba el ryb. Era un choque, pero no buscaba destruir al adversario. Al contrario, el objetivo era componer la controversia, que se terminara la disputa a través del reconocimiento del mal cometido, el perdón y por lo tanto la reconciliación y la paz. A diferencia del mishpat, aquí el objetivo no era la justicia compensatoria, sino el restablecimiento de la relación fracturada o rota por el mal cometido o padecido.
Este proceso no era entre tres, sino entre dos por la falta del juez. Es el mismo sujeto que se siente lesionado o defraudado que instaura la lite ante sí frente a aquel que es la causa, real o presunta. Para reintegrar el estado de derecho y por lo tanto la relación, éste asume un papel de acusador pero, en un cierto sentido, también de juez, porque su acción contra la otra parte no se detiene hasta que esta llega a reconocer el mal cometido, manifiesta el interés de restablecer con el ofendido el ligamen infringido y es concorde en una solución justa, conforme al derecho o la equidad. Los dos contendientes que, se ha dicho, no son extraños el uno para el otro, verán así restablecidos los ligámenes originarios, por fin renovados y hechos más fuertes.
Parece que era un procedimiento arcaico que se convirtió en algo previo al juicio en sentido estricto. Sin embargo, el ryb parece representar un valor ético superior, respecto a la vida social en su conjunto: un valor que el proceso realizado delante del juez no tiene. En lo concreto de la vida social no existen individuos justos o malvados en sí, sino que existen justos y malvados los unos respecto de los otros. La justicia del tribunal se preocupa sólo de la justicia y de la maldad en sí. La condena, en efecto, deja a cada uno de los contendientes en compañía de sí mismo. Lo deja solo como antes. El ryb por el contrario instaura una más difícil y más decisiva para el mantenimiento de la sociedad, la relación del justo con el malvado, y no pide limitarse a no cometer injusticias.»
Esta visión de la justicia parece evocar, lo que en la filosofía tomista expresa el acto de ser, que aplicado a la persona humana fundamenta todos sus derechos y dignidad: fuera del ser el mismo valor es nada, puesto que no hay valor sin ser; de modo análogo, no existe la justicia, existen las personas justas que buscan restablecer la justicia, la paz.
12 de Abril de 2013
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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Reina de las madres buscadoras

Homilía Viernes V de Cuaresma
Jr 20, 10-13; Sal 17; Jn 10, 31-42
¿Qué celebramos hoy? El “Viernes de Dolores” o Los siete Dolores de Santa María Virgen”, que antiguamente se celebraba litúrgicamente a la par con la fecha del 15 de septiembre1; hoy se conserva principalmente en la piedad popular2. Y es que el dolor de la Virgen es también el de la Iglesia, es el dolor de Jesucristo que llegará a su culmen dentro de ocho días en el Viernes de la Pasión del Señor o Viernes Santo.

Es el mal que engañó a Adán y Eva en el paraíso, el mismo que dejó sin vino o alegría a los novios en Caná, es el mal que llevó a los pastores del Antiguo Testamento a maltratar y abusar de las ovejas de su pueblo en lugar de apacentarlas en bondad y buenos pastos, es el mal que trastocó las obras buenas de la Creación. Por eso decía una escritora católica: “El mal no es simplemente un problema que hay que resolver, sino un misterio que hay que soportar” (Flannery O’Connor, “Misterio y costumbres”). Y por eso el profeta clama hoy a Dios diciendo: “Señor de los ejércitos, que pones a prueba al justo y conoces lo más profundo de los corazones, haz que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa”.
En el Evangelio aparece Jesús que lo quieren atrapar para darle muerte, porque ayer y hoy el mal está activo, está organizado, parece que se ha institucionalizado, está agazapado y escondido; aparentemente parece difícil que salga a la luz y pueda ser puesto en evidencia. Pero hay un modo inequívoco de desenmascararlo y lo dice claramente Jesús, el Señor de la Historia: “Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras”; sus obras buenas son el criterio de verdad, pues las palabrerías y las “verdades históricas” van y vienen: de Ayotzinapa a Teuchitlán, de Auschwitz-Birkenau a Gaza, etc.
Esas obras “buenas” (Jn 10, 31: kala), son como el vino de Caná (de calidad, bueno, mejor: Jn 2, 10), o el pastor (modelo o bueno o bello, Jn 10, 11. 14), o como las obras de la creación (Gn 1, 31): “vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno”.
Cuando no vemos amenazados por el mal tal vez podamos pensar: “No sé lo que haré, sí sé lo que pasará”: el mal parece que domina, que excluye, que miente, que deja triste, etc. Pero el mal no tiene la última palabra.
Encomendemos nuestra vida, nuestro mundo, nuestra patria a María, la “Reina de las madres buscadoras”, que no fue al sepulcro a buscar el cuerpo de su Hijo para pretender embalsamarlo y hacer del dolor un memorial, sino que lo contempló vivo, resucitado, porque Ella sabía que la voluntad del Dios que le dirigió su Palabra siempre es ser fiel y cumple su Palabra, y sabe que las obras del Padre y del Hijo tienen el mismo objetivo: dar vida al hombre.
La paz del Señor esté con Ustedes.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
11 de Abril de 2025, Viernes de Dolores
Parroquia de la Sagrada Familia, Santiago de Querétaro.
Querétaro, México.
- Con la reforma del Concilio surgieron varios documentos: Paulus VI, Litterae apostolicae motu proprio datae «Mysterii Paschalis» (14 februarii 1969): AAS 61 (1969) 222-226; Sacra Congregatio Rituum, Decretum «Anni liturgici ordinatione» (21 martii 1969)»: Notitiae 5 (1969) 163-165; Calendarium Romanum ex decreto sacrosancti Œcumenici Concilii Vaticani II instauratum auctoritate Pauli Pp. VI promulgatum. Editio typica (21 martii 1969), Typis Polyglottis Vaticanis, In Civitate Vaticana 1969. Este Calendario Romano era la primera vez que aparecía aditado aparte, solo; ahí se puede encontrar que “Las fiestas de los Siete dolores de Sta. María Virgen (viernes anterior al domingo de Ramos) y del Smo. Nombre de María (12 de septiembre) fueron suprimidas por considerarse una duplicación de los Siete Dolores de Sta. María Virgen (15 de septiembre) (n. 119), la primera, y de la Natividad de Sta. María Virgen (8 de septiembre) (n. 13), la segunda”. ↩︎
- En el Misal Romano hoy se puede leer en la rúbrica del Viernes V de Cuaresma: “Por Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del 18 de marzo de 1995 (Prot. 452/95/L), en las parroquias o iglesias en las que hoy, antiguo “Viernes de Dolores”, siga habiendo gran afluencia de fieles para honrar a la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores, se puede celebrar una única Misa votiva de esta advocación”. Siendo esta advocación de la Virgen la Patrona de Nuestra Diócesis hemos tomado las oraciones de esta Misa. ↩︎
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La teología rápida como respuesta al cambio de época

De Andrea Monda1
(Traducción: Mtro. Filiberto Cruz Reyes)
Entrevista con el Pbro. Antonio Spadaro.
“La teología rápida puede llegar a ser una inteligencia viviente en la Iglesia capaz de intervenir el cambio sin perder la unión con la tradición”. Este es el tema central de la intervención del Padre Antonio Spadaro en el Congreso del próximo sábado, que el 19 de enero pasado en el “Avvenire” inició un debate sobre tal argumento, proponiendo ésta “aceleración” de la reflexión teológica. Esta provocación recuerda la famosa imagen de la filosofía que según Hegel era como la lechuza de Minerva que alzaba el vuelo al fin del día; ha llegado el tiempo, según el padre Spadaro, en el cual el pensamiento, filosófico y teológico, debe transformarse en el gallo que anuncia el día y, posiblemente, el inicio de todas las horas de la jornada, acompañando e iluminando el camino acelerado de los hombres. Un camino rápido, dice Spadaro, pero no veloz.
¿En qué sentido la teología debería ser rápida pero no veloz?
La distinción entre rapidez y velocidad para mí es esencial. “Veloz” indica un traslado rápido, pero lineal y medible, como un tren lanzado sobre las únicas vías de alta velocidad.
“Rápido”, por el contrario, reclama a la etimología de “rapire (en italiano)2”, esto es, aferrar y arrastrar algo: describe cualquier cosa que arrastra y lleva consigo personas, estilos de vida y prospectivas. Los cambios modernos no son simplemente veloces, sino rápidos porque nos toman por sorpresa, arrastrándonos en situaciones nuevas. Por ejemplo, la invención de la luz eléctrica ha “raptado” el ritmo natural del día y las redes sociales han alterado nuestras relaciones. La velocidad es un parámetro cuantitativo externo, mientras que la rapidez impacta la cualidad del tiempo vivido, es una experiencia interior: la llegada de internet, por ejemplo, si bien aparecido apenas hace pocos decenios, ha sido rápido por el impacto disruptivo que ha tenido en la sociedad. Si la sociedad se mueve en aguas tumultuosas y rápidas, la teología está llamada a entrar ahí sin tardanza. Teología rápida no significa teología apresurada o superficial, más bien una reflexión que acompaña en tiempo real el fluir de la historia, sin esperar a hablar ante hechos consumados. Y es “apetecible” porque tiene el gusto de la historia, dejándose involucrar por los desafíos actuales para iluminar desde dentro las situaciones.
Una teología que no sea más re-flexión sino “flexión” sobre la realidad ¿Pero esto no sería una traición de su misma naturaleza que reclama un “retorno” sobre la experiencia apenas realizada? ¿Imaginar que en el curso de la experiencia se deba estar en grado de analizar, comprender y por lo tanto decir, no es ilusorio, utópico?
Una “teología rápida” no reniega la reflexión, antes bien la ejercita de un modo nuevo. El desafío es cultivar un pensamiento que reflexione mientras se vive la experiencia, en vez de que sólo después. El Papa Francisco ha repetido muchas veces que el discernimiento se realiza sobre las historias no sobre las ideas. La espiritualidad ignaciana enseña precisamente a ser “contemplativos en la acción”, uniendo la profundidad interior con la presteza en el actuar. La Iglesia debe habitar no solo puertos seguros, sino también lugares expuestos a vientos y tormentas que agitan el mundo. Esto significa que la teología debe ser capaz de “pensar las olas” y de arrojarse en los rápidos, enfrentando los desafíos actuales con prontitud y discernimiento. En términos modernos la memoria eclesial ⎯el patrimonio de la fe⎯ va unida al instinto pastoral, generando intuición: la capacidad de advertir, discernir, evaluar con rapidez una situación en su devenir. Der este modo la teología permanece reflexiva, pero su reflexión sucede contextualmente a las acciones pastorales y al desarrollo de los eventos, gracias a un discernimiento ágil sustentado por la memoria viva del Evangelio. No se trata de improvisar sin pensamiento, sino de tener un pensamiento tan entrenado y radicado en la verdad para poderse mover con lucidez también en la vorágine del presente. Llamar utópica a esta prospectiva es comprensible a primera vista, pero diversos observadores subrayan que ésta es en realidad necesaria y practicable. Como ha observado Vittorio Lingiardi comentando la propuesta de teología rápida, no se trata de alimentar la agitación frenética o el actuar impulsivo, más bien de sintonizarnos con los tiempos rápidos… del mundo en el cual vivimos, desarrollando una mayor empatía hacia la realidad actual. La propuesta requiere un cierto cambio de mentalidad, y estimula a los teólogos a no adaptarse a los ritmos lentos del pasado cuando el mundo a nuestro alrededor acelera. Y no es en absoluto ilusorio confiar en la asistencia del Espíritu Santo también en esta aceleración de la reflexión teológica, el mismo Espíritu que está siempre trabajando y sopla en las tempestades de la historia. En síntesis, la teología rápida es exigente pero no imposible: se trata de ejercitar un discernimiento oportuno ⎯también comunitario y sinodal⎯ iluminado por la gracia, de modo de no perder el ritmo del Evangelio en el fluir de los eventos. Monseñor Bruno Forte, comentando la propuesta de teología rápida, ha puesto en evidencia que la rapidez no se opone a la lentitud; al contrario, pueden ser complementarias. Forte afirma que la rapidez es distribución diferenciada, que conjuga agilidad, movilidad, ponderación y mesura. Esto sugiere que una teología rápida coexiste con momentos de reflexión profunda garantizando que las respuestas a los desafíos contemporáneos sean tanto oportunas como ponderadas.
Usted ha usado la imagen de la tempestad en el Evangelio, y quien ya ha comentado su propuesta, como De Rita, ha observado que “en las olas no se puede usar la marcha atrás”. ¿Se pretende así criticar el “indietrismo”3 del cual ha hablado frecuentemente el Papa Francisco? ¿Es la “usual” dicotomía entre conservadores y progresistas o es alguna otra cosa? ¿Tal vez es más correcta la imagen usada por Bergoglio por la cual hay que hacer la distinción, de los cristianos entre “habituados” y “enamorados”?
La metáfora de la tempestad evidencia que en el rápido mudar de la historia no existe la marcha atrás. En esto Giuseppe De Rosa tiene perfectamente la razón. Se critica, por lo tanto, la actitud de quienes quisieran detener o invertir el curso del tiempo, refugiándose en el pasado. Y evitaría, en este sentido, hacer referencia a “proyectos culturales” del pasado que por otra parte han sido superados. Esto es precisamente el “indietrismo” denunciado por el Papa Francisco: la tentación de replegarse sobre formas superadas de vida eclesial en lugar de enfrentar los nuevos desafíos (en lugar de mirar hacia adelante con confianza). Con la imagen evangélica de la travesía en la tempestad, pretendo decir que la Iglesia está llamada a no permanecer en la orilla, sino a subir en la barca y avanzar entre las olas confiando en la presencia del Señor. No se trata de despreciar la Tradición, sino de evitar reducirla a un ejercicio estéril de restauración. No es necesario “reciclar” el Evangelio transformándolo en un “taller de restauración”, ni cerrarse en “varios laboratorios de utopías” lejanas de la realidad. En otras palabras, el Evangelio no puede ser confinado en modelo ideal del ayer, ni proyectados en estériles utopías futuribles: se vive en el hoy con valentía y creatividad. La verdadera diferencia no está por lo tanto entre conservadores y progresista, como ha dicho el Papa, sino entre quien vive la fe por hábito y quien por el contrario la vive por amor. La Iglesia está llamada a arriesgar por amor, más que a permanecer estática por miedo.

Hace años usted mismo había elaborado la imagen del faro y de la antorcha. El faro está inmóvil mientras que la antorcha ilumina a lo largo del camino. ¿No existe el peligro de una incerteza de la teología que devenga privada de puntos de referencia y sujeta a todo viento de novedad? ¿Una teología “relativista”?
La imagen del faro y de la antorcha ilustra dos modos complementarios de llevar la luz de Cristo al mundo. El faro está fijo, visible desde lejos pero inmóvil; la antorcha, por el contrario, emana luz caminando en medio de la gente. El faro está parado, la antorcha por el contrario irradia luz caminando allí donde están los hombres, ilumina aquella porción de humanidad en la cual se encuentra, sus esperanzas, pero también sus tristezas y angustias. Esto significa que la verdad del Evangelio permanece la misma. La luz no cambia, pero es llevada allá donde se encuentran concretamente los hombres. Si la Iglesia se limitase a un faro estático, su luz terminaría por llegar a ser tan débil que desaparecería para muchos. La antorcha en movimiento no apaga ni relativiza aquella luz, sino que la hace accesible aquí y ahora. El verdadero peligro, por lo tanto, no es la falta de referencias, sino tenerlas muy distantes de la vida real. Adaptarse a los tiempos no significa en absoluto confundirse con ellos o renunciar a la verdad. Una teología que se incultura en el hoy no por esto abdica a la verdad eterna. La teología rápida debe habitar el tiempo sin ser absorbida, distinguiendo lo esencial de lo contingente y tomando en los fenómenos los signos de orientación. No un simple espejo de las modas, por lo tanto, sino una inteligencia crítica al servicio del Evangelio. En esta prospectiva, la teología rápida no es en absoluto relativista, sino conserva la solidez de la verdad mientras dialoga con el cambio. Será de hecho dinámica, pero sólida, capaz de reaccionar a los cambios sin perder el vínculo con la Tradición y sin sacrificar la profundidad de la reflexión.
La teología rápida es la respuesta al cambio de época. ¿Qué papel juega en esta vertiginosa situación la aceleración de la evolución tecnológica? ¿No existe el riesgo de avalar así también una deriva hacia el transhumanismo? La tecnología de hecho hoy incide profundamente sobre la existencia, diría sobre la “biología” misma de los seres humanos ¿no hay por lo tanto necesidad de puntos claros para contener estas evoluciones incontroladas e incontrolables?
La aceleración tecnológica es uno de los motores principales del actual cambio de época. Ya San Juan Pablo II hablaba del “rápido desarrollo de las tecnologías” contemporáneas. Yo simplemente evidencio cómo muchos cambios son rápidos precisamente porque son provocados por innovaciones que “raptan” nuestros ritmos de vida. En pocos decenios, innovaciones como la electricidad, Internet y la inteligencia artificial han alterado las costumbres cotidianas, las relaciones sociales e incluso el modo de pensar. Esta vertiginosa aceleración hace indispensable una reflexión teológica veloz y sensible: la Iglesia no puede permanecer mirando mientras la tecnología redefine lo humano. Una teología rápida deviene entonces un instrumento para comprender y orientar estos procesos en tiempo real, ofreciendo un discernimiento ético y espiritual a la altura de la innovación científica. Involucrarse en las nuevas fronteras tecnológicas no significa en absoluto respaldar toda dirección en modo acrítico. Al contrario, la urgencia de una teología rápida nace precisamente de la necesidad de gobernar el cambio, poniendo diques a las posibles derivas deshumanizantes, como aquellas propuestas por el transhumanismo extremo. La fe cristiana ofrece principios antropológicos que funcionan como puntos firmes frente a las experimentaciones que ponen en juego la naturaleza humana. Estos principios son reafirmados con prontitud ahí donde las nuevas tecnologías levantan dilemas éticos. En tal sentido la teología rápida actúa como brújula de navegación: la evolución no es sólo biológica, sino también espiritual. Por esto una teología rápida deberá discernir lo que realmente promueve un crecimiento humano integral de lo que por el contrario es puro “ruido” tecnocrático. En definitiva, la teología rápida puede llegar a ser una inteligencia viva de la Iglesia, capaz de intervenir el cambio sin perder el vínculo con la tradición.
- Monda, Andrea; La teologia rapida come risposta al cambiamento d’epoca. A colloquio con padre Antonio Spadaro, en L’Osservatore Romano p. 4; 27 de Marzo de 2025. ↩︎
- NdelT: del latín: rapio, is, rapui, raptum, ere, 3 tr. Que puede significar aferrar, asumir rápidamente, llevarse, arrastrar consigo, acelerar, robar, conquistar, saquear. ↩︎
- NdelT: del italiano indietro, que significa “detrás” o “hacia atrás”. ↩︎