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Breve comentario sobre el libro “Acompañar el discernimiento. Consejería Pastoral en bioética” de Mons. Roberto Yenny García

Sobre el autor.
El 19 de marzo de 2020 la Sala de Prensa de la Santa Sede, publicaba en su Boletín que “El Santo Padre ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la Diócesis de Ciudad Valles (México), presentada por su Excelencia Reverendísima Monseñor Roberto Octavio Balmori Cinta, M.J.
El Santo Padre ha nombrado Obispo de Ciudad Valles (México) al Reverendo Roberto Yenny García, del clero de la Diócesis de Tampico, Secretario para las relaciones institucionales de Conferencia del Episcopado Mexicano”.
Su consagración episcopal fue el 17 de Junio de 2020.

En nuestra ciudad de Querétaro el 18 de marzo de ese mismo año, la Secretaría de salud del Estado de Querétaro “con el propósito de combatir la enfermedad del COVID-19”, recomendaba implementar de manera inmediata algunas acciones; entre ellas “permanecer en su domicilio si no se tiene una causa urgente o imprescindible que lo obligue a salir de él”. Así empezó nuestra experiencia del auto confinamiento que habíamos visto por los medios de comunicación: primero en China (¡que parecía tan lejana!), luego en Europa y después en todo el orbe prácticamente.
Por este motivo la Consagración de Mons. fue a puerta cerrada, con unas cien personas, como informaron algunos medios. Cosa no tan distinta a nuestra experiencia de recibir a Mons. Fidencio López Plaza como X Obispo de Querétaro, ese 19 de Octubre de 2020.
Sobre el texto.
En ese lapso de encierro vimos muchas cosas: personas que llevaron sus seres queridos al hospital y les entregaron en pocos días las cenizas de sus seres queridos, murieron en el hospital, no podía haber velorio, ni misa de cuerpo presente, familias dolidas y desconcertadas que perdieron a más de un miembro de la familia, etc.
Todo esto marcó nuestra sensibilidad y forma de relacionarnos, la llamada “distancia social” nos llevó a situaciones de aislamiento y soledad. Teníamos necesidad de acompañamiento. Fue en este contexto que nuestro autor inició su ministerio episcopal, y que seguramente marcó su sensibilidad para buscar estar cerca de las personas acompañándolas, como insistirá en el texto en comento: “La consejería pastoral es el acompañamiento ofrecido por la comunidad cristiana a las personas que pasan por momentos críticos de su existencia (pérdida del trabajo, situaciones familiares complejas, dilemas morales, enfermedad, etcétera”) o están en búsqueda de crecimiento humano y espiritual”. (p. 15).
Elegido por el Papa francisco como sucesor de los Apóstoles, nuestro autor no es ajeno al pensamiento y magisterio de nuestro amado Romano Pontífice, en el texto que nos reúne cita tres de sus grandes documentos: Evangelii Gaudium, Laudato si’ y Amoris laetitia; mismos que afrontan grandes problemas bioéticos. Sin embargo nuestro autor no usa como subterfugio el Magisterio Pontificio o su autoridad de Obispo, ambos están acompañados de un amplio conocimiento en la materia en cuestión, la bioética: cita al menos una cincuentena de autores contemporáneos; proponiéndonos así una amplia bibliografía.
Afirma el Papa Francisco en Evangelii Gaudium: “Algunas patologías van en aumento. El miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos. La alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente. Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad. Este cambio de época se ha generado por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, acelerados y acumulativos que se dan en el desarrollo científico, en las innovaciones tecnológicas y en sus veloces aplicaciones en distintos campos de la naturaleza y de la vida. Estamos en la era del conocimiento y la información, fuente de nuevas formas de un poder muchas veces anónimo” (n. 52).
En este cambio de época al que se refiere el Papa Francisco tal vez sea el mismo que hecho surgir la bioética como una ciencia y que es relativamente joven, pues esta trata de dar respuesta a los grandes temas de la vida, la filosofía, el derecho, la medicina, la creación, etc. Hoy hay quien se refiere no a la bioética, sino a las bioéticas, esto debido al pensamiento o intereses que hay de fondo en las diversas propuestas. Por ello nuestro autor refiere que su texto retoma como lo central a la persona: “el objetivo de la consejería pastoral es acompañar a la persona a ser autónoma en la gestión de su propia vida, a fortalecerse para afrontar los momentos difíciles y a orientarse mejor en el proceso de crecimiento humano y espiritual” (p. 21) y nos recuerda, hablando de la bioética, que “el pluralismo existente depende tanto de la antropología de referencia como de las teorías sobre la fundamentación del juicio ético” (p. 36); por lo que hará referencia a diversos modelos bioéticos tomando en cuenta sus presupuestos esenciales y fundamentación del juicio ético.
Nuestro autor propone una bioética en dos vertientes: filosófica y teológica, y lo hace al referirse a la formación de los futuros sacerdotes.En este contexto hace referencia a un reciente, bello y profundo decumento del magisterio eclesial: la Declaración Dignitas infinita (8 de abril de 2024) del Dicasterio para la Doctrina de la fe. Dicho documento afirma “Una dignidad infinita, que se fundamenta inalienablemente en su propio ser, le corresponde a cada persona humana, más allá de toda circunstancia y en cualquier estado o situación en que se encuentre. Este principio, plenamente reconocible incluso por la sola razón, fundamenta la primacía de la persona humana y la protección de sus derechos. La Iglesia, a la luz de la Revelación, reafirma y confirma absolutamente esta dignidad ontológica de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios y redimida en Cristo Jesús. De esta verdad extrae las razones de su compromiso con los que son más débiles y menos capacitados, insistiendo siempre «sobre el primado de la persona humana y la defensa de su dignidad más allá de toda circunstancia» (n. 1). Se entiende facilmente porqué el cuño filosófico y teológico centrado en la persona humana y que nuestro Autor propone.
Sobre la misión del Obispo.
“Obispo y Visita, pueden parecer, a primera vista, palabras privadas absolutamente de ligamen semántico. La investigación etimológica, sin embargo, permite superar la apariencia. Detrás del italiano vescovo (en castellano obispo), se encuentra el latin episcopus, copia del griego epískopos; a su vez, epískopos se deriva del verbo episképtomai/episkopéo. Resulta útil precisamente conocer con certeza qué significados y usos tuvo tal forma verbal.
En el griego profano (ver Jenofonte, Plutarco), esa indica fundamentalmente la acción de mirar, pero también la de reflexionar, así como la de visitar. En general se alude a personas enfermas.
En la lengua de los LXX, episképtomai expresa un concepto particularmente importante: el de la «visita» de Dios al pueblo de Israel entendida como momento de la intervención divina en la historia. Baste como ejemplo el texto de Gn 21,1, donde el verbo en cuestión indica la «visita» del Señor a Sara aún estéril y el de Ex 3,16 donde a través de Moisés el Señor dice: «He venido a visitarlos y a cuanto les sucede en Egipto». Las dos prevén «visitas» destinadas a incidir profundamente en las vicisitudes narradas. Después de la primera, Sara dará a luz a Isaac; después de la segunda, será la salida de Egipto.
También en el griego neotestamentario episképtomai es el verbo de la visita. Visita realizada simplemente a los enfermos o, más significativamente, a personas de las cuales se ha tomado el cuidado y se tiene responsabilidad. Así, Pablo exhorta a Bernabé al oficio apostólico de la visita a las comunidades de los lugares donde ya se anunció el evangelio, diciendo: «Vamos a visitar a los hermanos (episkepsòmetha toùs adelphoùs) de todas las ciudades en las cuales anunciamos la palabra del Señor, para ver cómo están» (Hch 15,36).
En la gama de significados de episképtomai tiene, por tanto, relevancia el uso semántico de la visita: visita a los enfermos, de Dios que interviene en la historia y de los hombres que se sienten corresponsables del destino de otros hombres.
Es por eso que me parece sea un deber del Obispo, mirar, asomarse, intervenir, reflexionar sobre la realidad, sobre todo lo concerniente a la vida humana (por eso el lema episcopal de Mons. “Para que tengan vida”) y esto como pastor de Iglesia, esa Iglesia que, como afirma el autor: “el Papa Franisco ha descrito como un «hospital de campaña». Una Iglesia en salida capaz de compartir —en el campo de batalla— alegrías, dolores y esperanzas con el mundo; una Iglesia que se sabe pecadora perdonada y llamada a servir, que puede y debe acompañar la fragilidad de las personas. Desde la propia vulnerabilidad. Una Iglesia dinámica, atenta a las transformaciones del mundo y capaz de llevar dentro de él su mensaje, sin imposiciones pero con la «fuerza de la ternura». Una Iglesia abierta a la escucha, al diálogo, a la amistad social. Una Iglesia que está dispuesta a salir y ensuciarse, en lugar de anquilosarse en la autoreferencialidad” (pp. 43-44).
A la luz de todo esto, si bien el apelativo de epískopos se utilizaba al interior de las primeras comunidades cristianas con motivos no concernientes a la idea de visitar, parece legítimo y fascinante encontrar en la etimología, la verdad de la lengua, un antiguo, posible ligamen entre el obispo y la visita, la segunda casi, en sentido pastoral, desde siempre fue parte de los deberes peculiares del primero”1.
Por estas y muchas más consideraciones más, el texto en comento y de reciente aparición (Junio de 2024) es un valioso aporte para quien en la Iglesia busca “caminar con”, es decir, ser sinodal. En buenahora Mons. Roberto Yenny García.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Parroquia de la Sagrada Familia-CISAV
Santiago de Querétaro, Qro. México, 30 de Agosto de 2024
- Cf. Miragoli, E., La visita pastorale: «anima regiminis episcopalis», en Quaderni di Diritto Ecclesiale 2 (1993) 122-149. Traducción Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes. ↩︎
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Dice mi Madre


Dice mi madre que ese 21 de agosto cerca de la hora nona (tres de la tarde) sintió los primeros dolores que anunciaban mi llagada a este mundo; y fue hasta las 5:00 hrs del día 22 que llegué, día de Nuestra Señora María Reina. Tanto mi madre como yo no estuvimos del todo bien en salud, así que cinco días después, el día 27 de agosto me llevaron a bautizar de emergencia. Mi tía Francisca, hermana mayor de mi papá me hizo la caridad de llevarme en sus brazos, junto con mi papá y mis padrinos: Isabel y Francisco; mi madre permaneció en cama. Fue el Padre José Guadalupe Martínez Osornio, entonces joven sacerdote y vicario parroquial en Santa María de la Asunción quien inició en mi vida el misterio de fe en Jesucristo. Por la gracia de Dios mi madre y yo recuperamos la salud.

Gracias a las reformas que años antes el Papa San Pío X había dispuesto acerca de la edad para la recepción de la Sagrada Comunión, pude recibirla ocho días antes de mi sexto cumpleaños.
Soy el primogénito de seis hijos de mis padres. Nos educaron en una vida sencilla y de trabajo, en un ambiente de fe. Nos apoyaron siempre para asistir a la escuela; recuerdo cuando mi madre ya no podía ayudarme en las tareas escolares y veía mi angustia de no tener hermanos que me orientaran en temas complicados de matemáticas u otros, pero siempre me acompañó con su presencia silenciosa hasta altas horas de la noche, invitándome a terminar la tarea. Nunca entendí a algunos profesores que les molestaba el que pudiera hacer buenos trabajos o hacer muchas preguntas; más tarde supe que intentar pensar podía ser peligroso. He tenido también grandes maestros de escuela, de fe y de vida —los más gracias a Dios— que con su palabra, testimonio y exigencia me han llevado de la mano para buscar comprender a la luz de la Palabra de Dios el misterio de existir.
Mi madre me enseñó teología. Recuerdo en una ocasión que mi madre contestaba a una encuesta de esas que se hacen en casa, tal vez por lo que fue la Dirección General de Estadística; cuando le preguntaron sobre la ocupación de mi padre se le llenó el rostro de alegría y contestó: jornalero. No sabía lo que eso significaba pero imaginé lo que él hacía: arduos días de trabajo como artesano, nos narraba cuentos inventados por él, nos construía juguetes para usarlos en el patio, nos llevaba a Misa los domingos a las siete de la mañana, días de faenas para construir la nueva escuela primaria a la que asistíamos siendo el presidente del Comité pro construcción y realizando eventos para reunir recursos, etc. Así entendí lo que significa: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado” (Gn 3, 18). Mi padre descansa en paz. Por la tarde-noche mi madre me tomaba de la mano para ir al centro del pueblo a vender las artesanías que mi padre realizaba con artísticas y artesanas manos; a veces nos tocaba enfrentar la lluvia y el viento que derribaba enormes ramas de aquella inmensa calzada con gigantescos chopos y casi total oscuridad; yo no lo sabía pero me adiestraba para recorrer las oscuridades de la vida; me enseñó que “Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan”, como afirma el Salmo [23 (22), 4]. No me gusta la comida recalentada, sino del día, fresca; pues íbamos como se dice, “al día”, mi madre cocinaba día a día por las condiciones de una economía sencilla. Me enseñó así la fidelidad de Dios manifestada en la oración dominical: “danos hoy el pan de cada día” (Mt 6, 11) y “así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal” (Mt 9, 34).

Siempre he experimentado el amor y protección de Nuestra Señora María Reina, bajo cuya protección me llamó Dios al inicio de mi presencia en este mundo. Fue en su seno purísimo donde latío por primera vez el Sagrado Corazón de Jesús, como afirma y nos enseña la sagrada liturgia:
“Purísima tenía que ser, Señor, la Virgen que nos diera al Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que, entre todos los hombres, es abogada de gracia y ejemplo de santidad” (Prefacio de la Inmaculada Concepción).
También en el seno de mi madre empezó a latir mi corazón, el corazón de este gran pecador que soy, que ha transitado por cañadas oscuras en mis extravíos lejos del Cordero inmaculado, fuente de vida; padeciendo hambre hasta llegar a comprender por la misericordia de Dios que «¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre!” (Lc 15, 17); y sí, el Padre misericordioso me reúne hoy aquí con Ustedes, mis hermanos, para saciar nuestra hambre y sed de plenitud, misma que sólo él puede saciar con la Eucaristía.
Hoy nuestra amada patria sufre momentos de violencia inusitada, de ira desbordante que “rompe, destroza, arrasa, demuele, devasta cuando se pone delante de las manos, o al menos ofende, injuria, denigra, agravia, humilla cuando sólo pueden usarse las palabras” (Díaz Olguín, Ramón; en Open insigth, Vol. 15, Num. 34 (2024), p. 3. CISAV). Ahora, entre muchas otras bendiciones Dios me regala a través de mi Obispo, don Fidencio López Plaza, el estar en medio de una comunidad de pensamiento y fraternidad, el CISAV; y que con motivo de mi cumpleaños me han obsequiado un bello texto: ¿Nos conoce Jesús? ¿lo conocemos” (de Hans Urs Von Balthasar; España 2011) que he bebido con ansias, en el que puedo leer: «la figura del mediador de la Alianza, figura de la que se perciben ecos a lo largo de todo el Antiguo Testamento desde Moisés, pasando por los profetas, hasta el Siervo de Yahvéh— tiene que corporeizar eficazmente, con la totalidad de su existencia, el acontecimiento de la reconciliación. “Fue traspasado a causa de nuestros pecados, molido por nuestras iniquidades” (Is 53, 5)» (p. 39); me da luz para comprender que la Reina del cielo estuvo junto a su hijo en la hora nona y ha sido su cuerpo crucificado como la escalera que le ha llevado al cielo en cuerpo y alma y es signo de esperanza para nosotros de compartir la misma gloria.
Gracias mamá por todo el amor a mi padre, a mí, a todos mis hermanos y a toda la familia. Gracias a ustedes mi famiia espiritual, por toda su bondad para conmigo.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
Parroquia de la Sagrada Familia.
Jardines de la Hacienda, Querétaro, Qro. México
22 de Agosto de 2024, Fiesta de Nuestra Señora María Reina
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Con la lámpara encendida


Homilía en la Misa Exequial de “Male”
Ap 21, 1-7; Sal 24; Mt 25, 1-13
Entre todos los rostros de las señoras, el tuyo parecía de niña; no las conocía, era párroco recién llegado. Me pedían que continuáramos la construcción de la Capilla. Tu rostro delgado, tu cuerpo parecía pequeño y frágil, los lentes y cubrebocas por la pandemia no permitían verlo claramente. Con el paso de los días pude conocerles un poco más: madres, abuelas, catequistas… de fe sólida, de convicciones inconmovibles; trabajadoras invencibles, recolectoras en medio de la comunidad, de todo aquello que estaba en buen estado y pudiera servir a alguien más. Ordenaban ropa, utensilios para la casa, el deporte, decoración, etc. Organizabas los bazares que implicaban largas jornadas los domingos; lo que me impresionó de verdad es que con tu equipo iban a los tianguis en plan de servicio, para recaudar fondos para la construcción de la Capilla. Era mi responsabilidad como párroco gastar bien y rectamente lo que con tanto esfuerzo Ustedes reunían. Así, en seis meses del año pasado se demolió la mitad de los muros de la Capilla por su fragilidad y se volvieron a levantar más sólidos, fuertes para soportar la estructura de la techumbre; todo bajo la supervisión de los arquitectos e ingenieros.
Elena Núñez, Male (como cariñosamente te conocía la comunidad parroquial), eras una mujer gigante, fuerte, invencible. La luz de tu lámpara encendida en el bautismo y cultivada en tu familia, por tus padres, por quien siempre mostraste un amor fiel que te hacía ir a tu pueblo de origen para brindarles ayuda, atención y cuidados, no se puede apagar; seguirá alumbrando nuestras vidas, dando calor a la comunidad parroquial. Tus pasos silenciosos nos seguirán guiando. Antes de ingresar al hospital cuidaste que el fruto de sus esfuerzos comunitarios fuera depositado en la cuenta destinada a los trabajos de construcción de la Capilla.
Ahora, el Esposo llega a la fiesta y te llama, te hace entrar a ti, mujer prudente y fiel, al Banquete eterno; te sienta en la mesa y te ofrece su Cuerpo y su Sangre hechos eternidad. Tu lámpara encendida es testigo de tus afanes. “Male”, no pude ir al hospital para asistirte, perdón, estaba en misión fuera de la ciudad; estuvo nuestro hermano el Padre José Navarro con quien celebraron muchas Eucaristías por las tardes luminosas de fe y trabajo, oración y proyectos.

Una “cruz de fuego” ardía en tu interior, no te quejaste, no levantaste la voz, no gritaste en las plazas (cfr. Is 42, 2) ni en el hospital: eras como llama de lámpara delicada, te bastaba iluminar al hermano, a la comunidad, a tu párroco miope.
Tu ejemplo nos apremia, tu paciencia nos anima: tus afanes se convierten en frutos de fraternidad y tu vida interior eucarística nos revela el amor del Padre.
“Male”, la rifa y el próximo bazar que preparabas se llevarán a cabo con la gracia de Dios y bajo tu intercesión. Gracias por tu amor a la Iglesia, a nosotros que buscamos ser como la Sagrada Familia.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
27 de Julio de 2024
Parroquia de la Sagrada Familia
Santiago de Querétaro
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Tercera llamada

Mensaje para leer en la Misa de Exequias de Don Rogelio Almanza Morales

No recuerdo cuándo los conocí; pareciera ahora que siempre estuvieron ahí: Don Roge y su Güeris, como cariñosamente llamaba a su amada esposa Angelita. Participaban de una pequeña comunidad en la parroquia Jesús de Nazareth (Querétaro), viendo la necesidad se integraron al servicio de sacristía. Su casa no estaba tan cerca del templo parroquial y siempre llegaban puntuales para abrir el templo, sonar la campana para llamar a Misa, preparar los objetos sagrados, servir a veces de monaguillo, etc. Siendo la parroquia un lugar de alto trajín siempre hay desperfectos por el uso de las cosas, entonces Don Roge siempre buscaba la manera de solucionar los desperfectos haciendo uso de sus conocimientos e imaginación.
A ratos platicábamos sobre lo que sucedía, sobre las cosas que era necesario preparar, sobre la vida… Me llegó a compartir historias de vida; se caracterizaba Don Roge por su alegría, su fe y capacidad de servicio; también su firmeza de carácter y resiliencia. La gratuidad de su servicio sigue dando frutos en la comunidad parroquial y en mi corazón. No pude visitarle en el hospital, son de esas cosas que duelen, la cantidad de trabajo a veces hace imposible estar en muchas partes.
Ahora han partido Lupita, Don Chuy, Don Beto y ahora Don Roge, todos serviciales en la comunidad, de manera especial en la sacristía. Su presencia sigue viva, la de Don Roge en su esposa, en sus hijos y nietos, Regina y Miguelito, quienes también fueron monaguillos serviciales.
Güeris, recibe un fuerte abrazo de párroco agradecido; su presencia en mi vida y mi ministerio han sido invaluables. Saludos a esa amada comunidad parroquial de Jesús de Nazareth y espero verlos pronto.
Don Roge, gracias por todo y por tanto. Hoy a las 7:15 hrs hemos celebrado la Santa Misa y te he encomendado a la misericordia Divina. Nada debes de temer, el cielo te ha dado ya la tercera llamada, es tu hora: nuestro Padre amoroso te espera en su casa eterna, el Señor Jesús te recibe en la puerta para asignarte tu lugar en la mesa del Banquete infinito (Lc 12, 37), pero antes lava tus cansados pies, te da el beso de paz y el Espíritu Santo te unge con el perfume de Amor como rito de bienvenida (Cfr. Lc 7,44-46). Nuestra Madre María te estrecha amorosamente y todos los santos dan gloria a Dios por su misericordia: diles en voz baja, despacito, que rueguen por nosotros. Amén.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes Tu párroco y hermano agradecido. Casa Lago, Sede de la CEM Cuautitlán Izcalli, Edo. Méx., 25 de julio de 2024, la noche de tu Pascua
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Después de la tormenta

Domingo 23 de Junio de 2024
Domingo XII del Tiempo Ordinario
Jb 38, 1. 8-11; Sal 106; 2 Cor 5, 14-17; Mc 4, 35-41
«Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.
De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: ¨Maestro ¿no te importa que nos hundamos? Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: “¡Cállate, enmudece!”. Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: ¿Quién es este, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”».

Estimado hermano, Pbro. José Luis González Galván.
Presente.
La tormenta empezó a arreciar para tu familia el pasado miércoles 19 del presente, cuando cerca de las 17:30 hrs. nos compartiste que tu mamá estaba internada en el hospital. Anoche, en torno a las 21:30 nos comunicabas que había muerto tu mamá.
Tu corazón sacerdotal debe estar lleno del Evangelio, de manera especial en este Domingo de la pascua de tu Señora madre. Este día, al atardecer, les dice Jesús: «Pasemos a la otra orilla del lago»” (cfr. Mc 4, 35). El llamado que el Señor Jesús hizo a sus discípulos lo ha hecho también a tu mamá, ayer al atardecer. Este fin del día evoca la oscuridad, la noche, el caos… la muerte; principalmente la de Jesús, que quiso abajarse precisamente “hasta la muerte y una muerte de cruz” (cfr. Fil 2, 8). Que resuene fuerte en tu corazón hermano, la antigua homilía del sábado santo: “¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido Y ha despertado a los que dormían desde hace siglos”. Dice el texto del Evangelio que Jesús estaba reclinado sobre un cojín, literalmente hace referencia a un “cabezal” (proskephalaion), un cojín para la cabeza, que se utilizaba para la cabeza de los difuntos. Esta escena es un anticipo de lo que sucederá a Jesús, pues a estas alturas del Evangelio ya los fariseos y los herodianos se confabulaban para ver cómo quitarle la vida (cfr. Mc 3, 6).

Hay tormentas que nos cimbran hasta el alma, hasta el tuétano; sentimos que nos hunden hasta el abismo. Es en estas circunstancias que clamamos al Señor, tan fuerte que le despertamos; es un grito solitario, inefable, mudo. Nunca será el silencio políticamente correcto, convenenciero; no, es el grito sincero, que no da vergüenza, que exige porque hay confianza, es un balbuceo lleno de fe. En ciertas ocasiones —como la muerte de un ser amado— es tan grande nuestro miedo y nuestro dolor, que olvidamos que el Maestro está a nuestro lado, que nunca se ha alejado de nosotros, que es su palabra poderosa la que pone límite a nuestro dolor, a nuestro miedo.
Trato de imaginarte este domingo, con tu pueblo, en el pueblo, con tu dolor, cumpliendo tu deber, dándote tiempo en la distancia de la sierra queretana para celebrar las exequias de tu madre, esa mujer que sembró en tu corazón el amor de Dios y que germinó en tu vocación sacerdotal. El Señor les dio la gracia de estar juntos en tus 20 años de ministerio sacerdotal: que ese amor maternal te acompañe siempre y te libre de todo miedo mundano después de la tormenta. Un abrazo fraterno.
Tu hermano en el ministerio: Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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La política: el proceso de convertirse en pueblo (EG 220)

A Fidencio López Plaza,
Obispo electo de San Andrés Tuxtla
con admiración por su amor a los pobres.
Ante este acontecimiento político-electoral que vive nuestra patria este 2015 queremos decir una palabra, inspirados en la Exhortación apostólica “Evanegelii gaudium”, de nuestro Pontífice Francisco a quien parece que los Cardenales en el cónclave “han ido a buscarlo casi al fin del mundo”, casi en su periferia y, que ha llegado para poner la misericordia de Dios en el centro del anuncio del Evangelio. En dicho documento el Pontífice nos da luz sobre cómo anunciar hoy el Evangelio y sus repercusiones sociales, con esas convicciones que él ha vivido a lo largo de todo su ministerio. Siempre es interesante revisar la citas que se hacen de otros documentos, no sólo para darnos cuenta que es la misma doctrina, sino por las acentuaciones que con ello se hacen.

1. Naturaleza del Documento
En primer lugar, el Romano Pontífice afirma que pretende éste sea un documento programático, cuando afirma que con él quiere “indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años” (EG n. 1), y esto teniendo presente que lo que la Iglesia busca es llevar el Evangelio a la vida, no haciendo política, sino proponiendo la dimensión social que el evangelio tiene, por eso, dice el Papa, “cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción evangelizadora es siempre «nueva» (n. 11).
El futuro beato, Obispo y próximamente mártir oficialmente (el 23 de mayo de 2015), Oscar Arnulfo Romero, decía: “La esencia de la Iglesia está en su misión de servicio al mundo, en su misión de salvarlo en totalidad, y de salvarlo en la historia, aquí y ahora […] La dimensión política de la fe no es otra cosa que la respuesta de la Iglesia a las exigencias del mundo real socio-político en que vive la Iglesia”[1].
En segundo lugar, tener claro que, como el mismo Papa afirma, “éste no es un documento social, y para reflexionar acerca de esos diversos temas tenemos un instrumento muy adecuado en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, cuyo uso y estudio recomiendo vivamente” (EG n. 184). Sin embargo, no ignora estos temas, pues afirma: “No es el momento para desarrollar aquí todas las graves cuestiones sociales que afectan al mundo actual, algunas de las cuales comenté en el capítulo segundo” (EG n. 184).
Recordando una vez más la experiencia y enseñanza de Mons. Romero sobre estos temas, decía: “Debemos estar claros desde el principio de que la fe cristiana y la actuación de la Iglesia siempre han tenido repercusiones socio-políticas. Por acción o por omisión, por la connivencia con uno u otro grupo social los cristianos siempre han influido en la configuración socio-política del mundo en que viven. El problema es cómo debe ser el influjo en el mundo socio-político para que ese influjo sea verdaderamente según la fe”.
La intención de Francisco con este documento, nos dice, al tratar ciertos temas, es entre otras, que ellos “ayudan a perfilar un determinado estilo evangelizador que invito a asumir en cualquier actividad que se realice” (EG n. 18).

2. Las enseñanzas del Documento “La alegría del Evangelio”.
La Exhortación del Papa Francisco “Evangelii gaudium” tiene 217 citas a pie de página, de las cuales 21 hacen referencia al magisterio de Pablo VI, de esas, 12 se refieren a su llamado “documento de oro”, la Exhortación apostólica “Evangelii nuntiandi”, acerca de La evangelización en el mundo contemporáneo, un documento de 1975, cuando Jorge Mario Bergoglio era Provincial de los Jesuitas en Argentina. Esto significa que el pensamiento de Pablo VI le es muy querido y conocido e inspiró su ministerio como Pastor en Argentina; ahora, en continuidad con él, nos hace una serie de exhortaciones para llevar adelante la evangelización con alegría e intrepidez, es decir, con parresía.
En razón de esto, hacemos algunas anotaciones siguiendo en parte la estructura de “Evangelii nuntiandi” y a la luz de “Evangelli gaudium” sobre el Anuncio del Evangelio en el mundo actual y en la perspectiva de algunas pautas sobre la dimensión socio-política del Evangelio.
2.1. Del Cristo evangelizador a la Iglesia evangelizadora.
El Papa Francisco se encuentra entre los Pastores de la Iglesia a quienes ha correspondido implementar las enseñanzas del Concilio Vaticano II, del cual él es un gran conocedor en la teoría y en la práctica, y ha dado muestras de ello desde el día de su elección, cuando afirmó: “Ustedes saben que era deber del Cónclave dar un obispo a Roma […] la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias”[2]. Esta teología de la comunión es como el corazón de la eclesiología del Vaticano II. Esta expresión del Papa es doctrina de la Lumen gentium, que afirma: “Dentro de la comunión eclesial, existen legítimamente las Iglesias particulares con sus propias tradiciones, sin quitar nada al primado de la Sede de Pedro. Esta preside toda la comunidad de amor” (LG 13).
Es también doctrina conciliar que «Dios creó al hombre no para vivir aisladamente, sino para formar sociedad. De la misma manera, Dios «ha querido santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente». Desde el comienzo de la historia de la salvación, Dios ha elegido a los hombres no solamente en cuanto individuos, sino también en cuanto miembros de una determinada comunidad. A los que eligió Dios manifestando su propósito, denominó pueblo suyo (Ex 3,7-12)» (GS 32; cfr. LG 9).
Por esta razón el Papa Francisco enseña: “En cada nación, los habitantes desarrollan la dimensión social de sus vidas configurándose como ciudadanos responsables en el seno de un pueblo, no como masa arrastrada por las fuerzas dominantes. Recordemos que «el ser ciudadano fiel es una virtud y la participación en la vida política es una obligación moral». Pero convertirse en pueblo es todavía más, y requiere un proceso constante en el cual cada nueva generación se ve involucrada. Es un trabajo lento y arduo que exige querer integrarse y aprender a hacerlo hasta desarrollar una cultura del encuentro en una pluriforme armonía” (EG220).
La misión de Cristo es “reunir a los hijos dispersos” (cfr. Jn 11, 52), la de la Iglesia es la misma: “está llama a ser siempre la casa abierta del Padre” (EG 47) dice Francisco; el Evangelio nos convoca a formar un pueblo. Monseñor Romero dijo a este propósito: “un pueblo desorganizado es una masa con la que se puede jugar, pero un pueblo que se organiza y defiende sus valores, su justicia, es un pueblo que se hace respetar”[3].
2.2. ¿Qué es evangelizar?
Dice Francisco citando la Sagrada Escritura que «Cristo es el “Evangelio eterno (Ap 14, 6)» (EG 11), de ahí se desprende que “Evangelizar es hacer presente en el mundo el Reino de Dios” (EG 176), a Jesucristo mismo. Es, como dice muy a su estilo personal “«Primerear»: sepan disculpar este neologismo. La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva. ¡Atrevámonos un poco más a primerear!” (EG 24). Por eso nuestros obispos de México afirman en este contexto político-electoral: “A los partidos y candidatos les pedimos campañas austeras, limpias y propositivas. Que presenten públicamente sus propuestas de campaña y cómo incluirán a la sociedad para cumplirlas. Y a quienes resulten ganadores, les exigimos no defraudar la confianza y esperanza de los mexicanos. Recuerden que toda autoridad es para servir y no para servirse de la gente”[4].
Evangelizar es tratar de erradicar lo que Monseñor Romero decía de su patria al final de los años 80s al ver los hechos que imperaban en El Salvador: «Son realidades cotidianas, cuya crueldad e intensidad vivimos a diario. La vivimos cuando llegan a nosotros madres y esposas de capturados y desaparecidos, cuando aparecen cadáveres desfigurados en cementerios clandestinos, cuando son asesinados aquellos que luchan por la justicia y por la paz. En nuestra Arquidiócesis vivimos a diario lo que denunció vigorosamente Puebla: «Angustias por la represión sistemática o selectiva, acompañada de delación, violación de la privacidad, apremios desproporcionados, torturas, exilios. Angustias de tantas familias por la desaparición de sus seres queridos de quienes no pueden tener noticia alguna. Inseguridad total por detenciones sin órdenes judiciales. Angustias ante un ejercicio de la justicia sometida o atada» (n. 42)»[5].
Evangelizar es en pocas palabras trabajar para construir un pueblo; en palabras de Francisco: “A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura. Cuando lo hacemos, la vida siempre se nos complica maravillosamente y vivimos la intensa experiencia de ser pueblo, la experiencia de pertenecer a un pueblo” (EG 270).
2.3. Contenido de la Evangelización.
Dice Francisco que nunca debemos olvidar “el anuncio fundamental: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad” (EG 128). Jesucristo se hizo obediente a la voluntad del Padre hasta la muerte, y una muerte de cruz (cfr. Flp 2, 8), por eso la Iglesia si quiere ser auténtica discípula misionera y ser portadora veraz de ese anuncio fundamental, está llamada constantemente a ser obediente al Padre, cosa que no siempre logra en plenitud, por eso «La Iglesia debe profundizar en la conciencia de sí misma, debe meditar sobre el misterio que le es propio […] De esta iluminada y operante conciencia brota un espontáneo deseo de comparar la imagen ideal de la Iglesia -tal como Cristo la vio, la quiso y la amó como Esposa suya santa e inmaculada (cf. Ef 5,27)- y el rostro real que hoy la Iglesia presenta […] Brota, por lo tanto, un anhelo generoso y casi impaciente de renovación, es decir, de enmienda de los defectos que denuncia y refleja la conciencia, a modo de examen interior, frente al espejo del modelo que Cristo nos dejó de sí». Y agrega: “El Concilio Vaticano II presentó la conversión eclesial como la apertura a una permanente reforma de sí por fidelidad a Jesucristo: «Toda la renovación de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocación […] Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad»” (EG 26).
“Sin «fidelidad de la Iglesia a la propia vocación», cualquier estructura nueva se corrompe en poco tiempo” agrega Francisco. Esa fidelidad debe brotar en absoluta libertad, y “no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera” (EG 280). Es una fidelidad que se sella en el altar, en la eucaristía.
En su última homilía Monseñor Romero decía: “Que este cuerpo inmolado y esta Sangre Sacrificada por los hombres nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo”[6]. Casi en ese mismo instante sonó un disparo de arma de fuego que le quitó la vida ahí en el altar. Solamente otros dos Obispos fueron asesinados en el altar: Estanislao de Cracovia y Tomás Beckett, el primero en el 1079 y el segundo en 1170. A propósito de la Eucaristía dice Francisco: “La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles” (EG 47).
Un pueblo se construye ofreciendo la propia vida, no tomando la del hermano.
2.4. Medios de Evangelización.
El Papa Francisco, citando un texto de Pablo VI dice: “Recordemos que «la evidente importancia del contenido no debe hacer olvidar la importancia de los métodos y medios de la evangelización» (EG 156). En este contexto Francisco afirma un principio básico a tener en cuenta en la obra de la evangelización: “La Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción” (EG 14). Otra principio igualmente importante es el tema de la alegría que da nombre a su Exhortación y debe informar toda la evangelización como un elemento esencial.
Otro medio importante para la evangelización en que insiste el Papa es la audacia (parresía) que el Espíritu Santo infunde para anunciar la novedad del Evangelio incluso a contracorriente (cfr. EG 259) y que en la práctica se traduce en esa frase que tanto repite: “prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades (EG 49)”.
La voz misma de la Iglesia a favor de los que no tienen, de los pobres, es un medio para la evangelización, así lo dice Francisco cuando afirma: “Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos” (EG 198).
De esto tenía clara conciencia Mons. Romero cuando dijo: “La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre… En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión…!”[7]. Fueron pronunciadas estas palabras en su última homilíaa dominical y que fue como la gota que derramó el vaso de la violencia en su contra: decidieron matarlo.
2.5. Los destinatarios de la Evangelización.
La actividad evangelizadora de la Iglesia debe “llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG 20). Cada iglesia particular debe dirigir su actividad evangelizadora a “las periferias de su propio territorio o hacia los nuevos ámbitos socioculturales” (EG 30), a “ricos y pobres” (EG 58), «los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio» (EG 48) y “hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos” (EG 48)
Todo ser humano es destinatario del Evangelio.
Decía Mons. Romero: “Los pobres son los que nos dicen qué es la «polis», la ciudad y qué significa para la Iglesia vivir realmente en el mundo[8]”. No olvidemos que la palabra política deriva del griego “polis”, ciudad. Y afirmaba también: “El mundo de los pobres nos enseña que la liberación llegará no sólo cuando los pobres sean puros destinatarios de los beneficios de gobiernos o de la misma Iglesia, sino actores y protagonistas ellos mismos de su lucha y de su liberación desenmascarando así la raíz última de falsos paternalismos aun eclesiales”. Por eso Francisco afirma: “Cuando la sociedad –local, nacional o mundial– abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad”. (EG 59).
Construir un pueblo supone la participación de todos.
2.6 Agentes de la evangelización
“En todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a evangelizar” (EG 119) “En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados” (EG 120).
Mons. Romero dice acerca de los pobres como criterio de verdad en el construir la historia: “El mundo de los pobres nos enseña cómo ha de ser el amor cristiano, que busca ciertamente la paz, pero desenmascara el falso pacifismo, la resignación y la inactividad; que debe ser ciertamente gratuito pero debe buscar la eficacia histórica. El mundo de los pobres nos enseña que la sublimidad del amor cristiano debe pasar por la imperante necesidad de la justicia para las mayorías y no debe rehuir la lucha honrada”[9].
Algo muy importante sobre los agentes de la evangelización y las tentaciones que tienen y hay que evitar, solamente los enumeramos: Sí al desafío de una espiritualidad misionera (EG 78-80]), No a la acedia egoísta (EG 81-83), No al pesimismo estéril (EG 84-86), Sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo (EG 87-92), No a la mundanidad espiritual (93-97]), No a la guerra entre nosotros (EG 98-101).
2.7. El espíritu de la Evangelización.
La evangelización supone una espiritualidad, misma que supone en primer lugar la presencia del Espíritu Santo, pues “Él el alma de la Iglesia evangelizadora” (EG 261); implica oración y trabajo, adoración, encuentro orante con la Palabra, diálogo sincero con el Señor, oración (EG 262); aprender de los santos e imitarlos (EG 263); contemplar el Evangelio con amor, detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón (EG 264); buscar la gloria del Padre (EG 267); tocar la carne sufriente de los demás, vivir la intensa experiencia de ser pueblo (EG 270); dar razón de nuestra esperanza; tratar de vencer el mal con el bien (EG 271); etc.
El resultado final del estudio de los testimonios procesales, de los documentos y de las más de cincuenta mil cartas del archivo de Romero es que su pensamiento teológico era “igual al de Pablo VI definido en la Exhortación Evangelii nuntiandi”, así como había respondido el mismo Romero en 1978 a quien le pidió razón de su teología. El 7 de noviembre de 1978 Romero le escribió una carta a Juan Pablo II en la que le expresa entre otras cosas: “Creí un deber colocarme decididamente a la defensa de mi Iglesia y, desde la Iglesia, al lado de mi pueblo tan oprimido y atropellado”.
Conclusiones
1. La misión de la Iglesia no es hacer política, sino anunciar el Evangelio. Nunca olvidar lo dice Francisco: “El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura” (EG n. 88). Una ternura llamada también “misericordia”, de la cual Jesucristo es el rostro, ternura que por el pecado puede ser rechazada y odiado el mensajero y portador de la misma. Recordemos que el 7 de enero del este 2015 los teólogos que intervinieron en la causa de beatificación de Mons. Romero afirmaron que éste había sido asesinado in odium fidei, es decir, por odio a la fe; posteriormente, el 3 de febrero pasado, el Papa Francisco autorizó la promulgación del Decreto que se refiere al martirio de Romero, pues mártir en sentido canónico es quien viene asesinado por odio a la fe. Romero no murió por una ideología, sino por anunciar el Evangelio de la Alegría, del amor a Dios y a los hermanos.
2. No olvidemos que “el ser ciudadano fiel es una virtud y la participación en la vida política es una obligación moral”, y los obispos de México acaban de decirnos: “Estamos a la puerta de las elecciones, es el momento de redoblar nuestro esfuerzo por nuestro país. Conozcamos quiénes son y qué proponen los candidatos ¿Tienen principios y los sostienen? ¿Garantizan que trabajarán por reconstruir el tejido social en un país dañado por la violencia, la corrupción, la impunidad, el narcotráfico y la pobreza? ¿Respetarán la vida, dignidad y derechos de la persona? ¿Actuarán con transparencia y honestidad? ¿Velarán por la justicia? ¿Qué proponen para crear fuentes de trabajo y erradicar las causas de la pobreza, o seguirán teniendo a los pobres como clientela electoral?
¡Votemos! Participemos, unámonos y organicémonos para exigir como ciudadanos el cumplimiento de las promesas de campaña de quienes resulten ganadores. Abstenernos no conduce a nada”.[10]
3. “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. ¿Quién pretendería encerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís y de la beata Teresa de Calcuta? Ellos no podrían aceptarlo. Una auténtica fe –que nunca es cómoda e individualista– siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra […] Si bien «el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política», la Iglesia «no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia».[150] Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor. De eso se trata, porque el pensamiento social de la Iglesia es ante todo positivo y propositivo, orienta una acción transformadora, y en ese sentido no deja de ser un signo de esperanza que brota del corazón amante de Jesucristo” (EG 183).
Para construir un pueblo “se trabaja en lo pequeño, en lo cercano, pero con una perspectiva más amplia” (EG 235).
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
Seminario Diocesano, 25 de abril de 2015
[1] Discurso de Mons. Oscar Arnulfo Romero al recibir el doctorado honoris causa por la Universidad de Lovaina, pronunciado el 2 de febrero de 1980, 50 días antes de su asesinato.
[2] Bendición Apostólica “Urbi et Orbi”, 13 de marzo de 2013.
[3] Homilía del Segundo Domingo de Cuaresma, 2 de marzo de 1980.
[4] Mensaje de los obispos de México en ocasión del proceso electoral 2015, 21 de Abril de 2015.
[5] Discurso de Mons. Oscar Arnulfo Romero al recibir el doctorado honoris causa por la Universidad de Lovaina, pronunciado el 2 de febrero de 1980, 50 días antes de su asesinato.
[6] Homilía en San Salvador, 24 de marzo de 1980, a las 17:00 horas en la Capilla del Hospital de La Divina Providencia
[7] Homilía Quinto Domingo de Cuaresma, 23 de marzo de 1980.
[8] Discurso de Mons. Oscar Arnulfo Romero al recibir el doctorado honoris causa por la Universidad de Lovaina, pronunciado el 2 de febrero de 1980, 50 días antes de su asesinato.
[9] Ibídem.
[10] Mensaje de los obispos de México en ocasión del proceso electoral 2015, 21 de Abril de 2015.
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Es en la loma…

Homilía en Misa del XXV Aniversario de Ordenación Presbiteral del Padre Raymundo Frausto Hurtado
1 Cor 15, 1-8; Sal 18; Jn 14, 6-14

Es en el valle donde más crecen por el agua que le inunda, pero es en la loma donde más queda expuesta a la mirada humana la planta y la flor, el árbol y la caña. Es donde más fuerte pega el viento y les sacude (cfr. Mt 11, 7).
Kálamon es la palabra griega que Mateo utiliza para decir que Juan el Bautista no es una caña sacudida por el viento; es el mismo concepto que utiliza para decir que pusieron una caña en la mano derecha de Jesús (Mt 27, 29) a modo de cetro real cuando lo golpeaban en el pretorio y también cuando dice que con la misma caña lo golpearon en la cabeza (Mt 27, 30). La utiliza también cuando afirma que tomaron una esponja empapada en vinagre y la ataron a una caña para darle de beber cuando estaba en la cruz (Mt 27, 48).
Es en La Loma (El Marqués, Qro.) donde un 23 de enero de 1973 nació un niño a quien pusieron por nombre Raymundo el 11 de febrero del mismo año al ser bautizado; hijo de Don Manuel Fraustro y doña Ma. Elena Hurtado.
Años más tarde, cuando ingresó al Seminario Diocesano, ese niño era tan flaco que sus compañeros le llamaron con afecto “Cañas”. Ahí nuestras vidas se cruzaron en convivencia fraterna en el proceso de formación sacerdotal. Padre Ray, la vida y sus circunstancias alegres y fecundas, pero también adversas y dolorosas, más de alguna vez nos sacuden como el viento a las cañas; recuerda lo que dijo el Señor Jesús a Pedro: “¡Simón, Simón! Mira que satanás ha solicitado el poder zarandearlos como trigo” (Lc 22, 31).
Pero el Señor que es bueno con todos, te empezó a fortalecer y madurar con el fuego del Espíritu en Pentecostés, tu primera misión como Vicario en esa Parroquia; dejaste tu pueblo, La Loma, para ir a verdaderas y enormes montañas en la Sierra de Xichú: ¿recuerdas las subidas a Bernalito o esa vista de las montañas casi azul profundo desde El Rusio? Tu proceso fue gradual: Vicario, Administrador parroquial y luego Párroco allá en San Francisco de Asís. El Señor te ha mostrado que también hay que florecer con poca agua, como en el semi desierto de Cadereyta, en donde caminaste bajo la guía de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. Luego de tu ministerio junto a otra loma, ésta hecha por mano de hombre, la pirámide, dejaste también parte de tu vida en otro San Francisco y bajo el manto de Nuestra Señora del Pueblito. Hoy, ya no eres tan “cañas”, has adquirido densidad y peso, madurez a fuerza de los vientos de la vida. San José te lleve de la mano y te enseñe a recibir con fe y obediencia al Verbo encarnado, para que como el Padre adoptivo puedas transmitir al que es la Vida. Como el Apóstol Pablo. Nunca olvides, somos solo administradores y por lo mismo frágiles cañas de barro, sin embargo, Dios nos llama a ser dispensadores de sus dones.
Después de 25 años de Ministerio, hoy, como Felipe puedes preguntarte, podemos preguntarnos: “Señor… ¿cómo podemos saber el camino?” (Jn 14, 5). Has caminado, has descubierto que hay que subir una loma más grande que otra, que hay cansancios que nos dejan más exhaustos que los ya experimentados, que tenemos la tentación de deslumbrarnos confundiendo una frágil caña con un cetro de poder; experimentarás tal vez cañas más duras que nos pueden golpear o cañas que se extiendan para ofrecernos bebidas que no nos quitan la sed ni el dolor… Nada te turbe, si estás atento siempre escucharás esa voz amorosa y fiel que nos repite: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6). Nuestra vida y ministerio no son un fin en sí mismos, vamos en el Camino cuyo fin es llevarnos al Padre. La verdad supone un contenido, y es Jesucristo mismo; nuestra identidad sacerdotal más profunda es “permanecer”, “vivir” en Jesucristo, por eso, si es necesario, reorientemos nuestros pasos; nos falta llegar a la última “loma”, la más alta: El “Tabor-Calvario”. Sólo si logramos subirla ayudados por los hermanos y Apóstoles alcanzaremos lo único absoluto: la Vida.





Damos gracias a Dios por tu ministerio de 25 años, bajo la protección de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago te seguimos encomendando a la misericordia del Señor, “para que no seamos ya niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error, antes bien siendo sinceros en el amor, crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo” (Ef 4, 14-15).
Padre Raymundo, gracias por tu gesto de fraternidad al invitarme a compartir estas sencillas palabras.
Gracias Señor Obispo, Don Fidencio López Plaza, por su bondad de enseñarnos a ser fraternos, al permitirme tomar la palabra en medio de la asamblea de hermanos. Gracias, pues su generosidad nos muestra al Padre.
Felicidades a esta comunidad parroquial llena de fe, oren por los sacerdotes.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
San José Galindo, 4 de mayo de 2024
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En la VISITA PASTORAL DE MONS. FIDENCIO LÓPEZ PLAZA, X Obispo de Querétaro


Esta fotografía es del año 1989, cuando arribó a nuestra Diócesis Mons. Mario de Gasperín Gasperín como VIII Obispo de Querétaro el 5 de Mayo de 1989, luego de 31 años de episcopado de Mons. Alfonso Toriz Cobián (desde el 17 de mayo de 1958). En ella aparecen de izquierda a derecha: El Padre Primo Pérez Rubio; Mons. Florencio Olvera Ochoa; Mons. Mario de Gasperín Gasperín; el Padre Domingo Díaz Martínez y el Padre Fidencio López Plaza.
Desde entonces muchas cosas han pasado: el Padre Primo era el Rector de nuestro Seminario Diocesano; luego fue párroco en Tequisquiapan en la única parroquia de entonces, Nuestra Señora de la Asunción; y en ese periodo recibí la Ordenación sacerdotal; posteriormente fue nombrado párroco de Nuestra Señora del Rosario del Rayo, y ahí le sorprendió la muerte.
Quien era el Vicario General el 30 de noviembre de 1992, Mons. Florencio, fue consagrado como XI Obispo de Tabasco, eligiendo por lema: “Jesucristo ayer, hoy y siempre” (Hbr 13, 8)); luego el 21 de marzo de 2002 fue enviado como el X Obispo de Cuernavaca. Ya Obispo emérito se retiró a vivir a Tequisquiapan, en donde al morir mi padre en 2020, ya anciano y enfermo y en plena pandemia de COVID, me acompañó en la Misa exequial, un gesto de generosidad de su parte que agradeceré eternamente. Murió el 20 de diciembre de ese mismo año, a un mes de haber arribado Mons. Fidencio quien le asistió pocos días antes de fallecer.
Mons. Mario terminó su ministerio y luego vino el IX Obispo, posteriormente al quedar vacante la sede fue elegido Administrador diocesano hasta entregarle la diócesis a Mons. Fidencio el 19 de octubre de ese 2020.
Hoy Don Mario sigue iluminándonos con su experiencia y sabiduría.
El Padre Domingo era el responsable de la Pastoral Social. Recibió la ordenación sacerdotal de manos de Mons. Alfonso Toriz; nombrado IV Obispo de Tuxpan, Ver., eligió como lema episcopal “El Señor es mi fuerza” y fue consagrado el 1 de mayo de 2002. Trasladado a Tulancingo, Hgo., tomó posesión como el II Arzobispo el 31 de julio de 2008 y sigue siendo su pastor.
Del Padre Fidencio era el responsable del SEDEC (Secretariado de Evangelización y Catequesis). Posteriormente Don Mario lo nombró el primer párroco del Cristo de las Bienaventuranzas en la Colonia Menchaca también un 19 de octubre, pero de 1989, en donde tuve el gusto de aprender de él trabajando ahí como seminarista un año. Luego fue párroco de Santo Tomás, en Tierra Blanca, Gto; trasladado posteriormente a la Parroquia de Pentecostés en la ciudad de Querétaro y nombrado Vicario de Pastoral. Recordemos que fue consagrado el 20 de mayo de 2015 como el V Obispo de San Andrés Tuxtla, Ver., y como ya dijimos, desde el 19 de octubre de 2020 en medio de nosotros felizmente como nuestro X Obispo.
Desde 1989 el mundo también ha cambiado drásticamente: ese mismo año, en noviembre, cayó el muro de Berlín; en la década de los 90s las Alemanias se unifican; Mandela pasó de la cárcel a ser presidente de su país; fue el fin de la Unión Soviética; nació Dolly, la primera oveja clonada; llegó el Euro; el Papa Juan Pablo II visita Cuba; la telefonía celular revolucionó las comunicaciones, etc.
Para el siglo XXI baste decir que inició con el atentado de las Torres Gemelas, que nace Facebook y la pandemia de Covid.
Como han dicho nuestros Obispos, no es una época de cambio, sino un cambio de época, en la que las herejías son antropológicas.
En los años 90s en el ambiente militar, y luego en el empresarial se empieza a hablar del concepto VUCA, acrónimo de cuatro palabras en inglés que se han traducido como Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad; para describir el entorno actual de cambios muy rápidos y escenarios complejos. Se le ha llamado también “sociedad líquida” (Bauman).
Frente a este ambiente surgió la tendencia de querer planificar, programar, todo. La Iglesia no fue ajena a esta tendencia. A partir de la llegada de Don Mario se empezó a hacer realidad un deseo del presbiterio: contar con un Plan Diocesano de Pastoral; así, vieron la luz los Vicarios Episcopales de Pastoral: en ese entonces, el Padre Rogelio Cabrera López, quien luego sería Obispo de Tacámbaro, Tapachula, Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez y hoy de Monterrey y Presidente de la Conferencia del Episcopado de México, de quien tuve el honor de ser su Vicario Parroquial en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro; luego le sucedió en la Vicaría de Pastoral el Padre Juan Manuel Pérez Romero, que de Dios goce; llegó el Tercer Vicario de Pastoral en la persona del Padre Fidencio López Plaza; y así, hasta el actual, el Padre Rogelio Olvera.

También desde el principio de estas corrientes de Planeación hubo cuestionamientos: ¿acaso tiene sentido hacer planes en un contexto en el que confiamos en el Espíritu Santo, que “sopla donde quiere” (Jn 3, 8)? ¿Hasta qué punto podemos dejarnos conducir por la razón humana, dados nuestros defectos y nuestra inclinación al pecado? Y visto el ambiente VUCA ¿podemos de verdad ponernos a hacer planes?
Esta era tecnocrática tiene poco en cuenta la dimensión afectiva, la sabiduría y la intuición interior. La práctica actual de la planificación estratégica frecuentemente gravita en torno a lo que es cuantificable, estereotipado, inequívoco y controlable. A veces el proceso emprendido tiene connotaciones mecánicas, burocráticas y superficiales, y está carente de un diálogo real, de reflexión crítica o pensamiento estratégico. Y en el contexto de la era digital, existe el riesgo que estas tendencias aumenten más.

¿Qué nos dice la Iglesia frente a todo esto?
Está la luz que el Papa Francisco nos manifiesta: la sinodalidad. Es el Espíritu Santo nuestro guía, que destruye nuestros planes y los reorienta.
En la Relación de síntesis de la 1a Sesión del Sínodo de la sinodalidad en octubre de 2023 se subraya la importancia del discernimiento, como también del reconocimiento y de la valoración de los diversos carismas presentes en la comunidad cristiana: “Es importante que la práctica del discernimiento se realice también en el ámbito pastoral, de modo adecuado a los contextos, para iluminar lo concreto de la vida eclesial. Esta permitirá reconocer mejor los carismas presentes en la comunidad, para confiar con sabiduría deberes y ministerios, y proyectar a la luz del Espíritu Santo los caminos pastorales”.

Señor Obispo, llevo dos años en la comunidad tratando de conocer la realidad, los dones y carismas, la historia de nuestra parroquia. Estamos en un proceso de discernir la renovación del Consejo Parroquial de Pastoral.

Sea Usted bienvenido a esta su casa en nombre del Consejo Parroquial de Pastoral y de toda la comunidad parroquial a quien representa, necesitamos de su palabra y caridad. Estamos a sus órdenes llenos de alegría por su Visita Pastoral.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
Párroco
En la Sede de la Parroquia de la Sagrada Familia
Colonia Jardines de la Hacienda, Santiago de Querétaro, 24 de abril de 2024
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¡Viva la fraternidad Padre Concho!


Se iba a cumplir un año, fue el 17 de mayo del año pasado cuando nos reunimos en Tulancingo para entregarle a Mons. Domingo Díaz Martínez el Arzobispo de aquél lugar un retrato suyo. El 10 de septiembre de 2022 también estuvimos allá para que se le realizara un estudio fotográfico, hecho por el Maestro Arturo Pérez Y Pérez en el lente de la cámara y el Maestro Gabriel García Aguas se encargaría de la pintura; entre los dos idearon la composición; Mons. soportó con paciencia todo el tiempo del trabajo. Nos acompañó también el Lic. Enrique Díaz Martínez, sobrino de Mons. y el Dr. Sergio Rivera quien le ofreció a Mons. restaurarle una bella pintura antigua. Por eso después de ocho meses de trabajo se concertó la cita para la entrega del retrato de Mons. y la pintura restaurada.

El 15 de mayo, dos días antes del viaje le comuniqué a Mons. Fidencio López Plaza, nuestro Obispo, sobre nuestro objetivo él me dijo que le gustaría ir también pues desde su llegada a Querétaro aún no había hecho ese viaje deseado a Tulancingo; quedó en confirmarme si le sería posible. Al día siguiente me comunicó que sí iría a Tulancingo y desde ahí partiría después a la ciudad de México a otro compromiso que tenía.
Así que el día 17 coincidimos en Tulancingo: habíamos viajado en tres grupos: Mons. Fidencio y su equipo, el nuestro con los artistas y tres hermanos sacerdotes que Mons. Domingo había invitado: el Padre J. Concepción Lozano, el Pbro. Manuel Valdés y el Pbro. Rosendo Zabala, quienes ya se encontraban allá pues llegaron antes que nosotros.

El encuentro de todos fue emotivo, sobre todo el de los Obispos de origen queretano:

Después de los saludos pasamos a la entrega de las pinturas, hubo intervenciones para explicar la intención del regalo a Monseñor Domingo, de sus amigos y hermanos queretanos en agradecimiento por su ministerio y amistad, fue mi maestro y Rector, bajo su servicio como Rector es que fui Ordenado sacerdote por Mons. Mario de Gasperín. Mons. Domingo dijo unas palabras a su retrato, una profunda introspección sobre el sentido de su vida y ministerio, pues en agosto del año pasado cumplió 75 años y seguramente habrá puesto su renuncia como lo mandan los cánones.
Después de comer y departir fraternalmente las vivencias y los recuerdos nos llevó a Catedral Mons. Domingo, nos mostró las instalaciones, nos explicó Catedral, subimos al coro, mandó invitar al Maestro del órgano quien entonó algunas piezas musicales sacras, etc.
Fue un día memorable.
Hoy se nos ha comunicado que el Padre J. Concepción, o Padre Concho como cariñosamente le llamábamos, ha muerto, o mejor, ha resucitado en Cristo en este bello y alegre tiempo de Pascua. Él ya era un sacerdote experimentado de 19 años de ordenación cuando yo recibí el sacramento del Orden; siempre con su gran barba, de carácter afable y tranquilo, recorrió muchas montañas en la sierra en donde estuvo muchos años, promovió las Comunidades Eclesiales de Base, etc.
Padre Concho, agradezco tu fraternidad que siempre me brindaste, tu paciencia y comprensión, así como respeto cuando yo iniciaba a participar en las reuniones sacerdotales haciendo alguna intervención delante de todos los hermanos. Estamos seguros de que el Señor resucitado te recibe en su casa con un abrazo fraterno y te hará sentar a la mesa en el banquete eterno (cfr. Lc 12, 37; 22, 15-18). Padre Concho: ¡Viva la fraternidad!

Pbro. Filiberto Cruz Reyes
22 de Abril de 2024, en el día de la pascua del Padre Concho.
Santiago de Querétaro-Jalpan de Serra, Qro.
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Imaginar Una Teología Del Seminario | Himno del Seminario de Querétaro

Cuadro comparativo de dos textos
¿Versión posterior? ¿Versión original? Himno del Seminario de Querétaro
Letra del M. I. Sr. Cango. Dr. D. Salvador Septién
Música del I. Sr. Manrio. Lic. D. Cirilo Conejo RoldánA la memoria de mis Superiores
Y compañeros del Seminario
Himno de los Seminaristas
Letra del M. I. Sr. Cango. Dr. D. Salvador Septién
Música de C. Conejo Roldán1. Venid, venid: a nuestra alma madre,
himno de amor cantemos a porfía;
venid, venid, inunda nuestro pecho
júbilo santo, júbilo santo.
2. Tierna progenie de la Iglesia Santa
caros levitas entonad festivos.
Al Dios que os llama con amor excelso
himno ferviente, himno ferviente.
3. Somos de Dios embriáguenos su cáliz,
sea el Señor nuestra heredad querida:
grato es vivir en el santuario augusto
bajo sus alas, bajo sus alas.
4. Cantad las glorias del solar vetusto,
que amante alberga vuestra edad florida.
Y sus blasones celebrad con gozo
Jóvenes píos, jóvenes píos.
5. Del Tepeyac la Estrella refulgente
es nuestro honor: a sus destellos vivos,
el vasto mar de la sublime ciencia
raudos crucemos, raudos crucemos.
6. Hijos dichosos de varones grandes,
dignos seréis de sus preclaros nombres.
Si sus virtudes emuláis viviendo
siempre por Cristo, siempre por Cristo.
7. Es nuestro afán hasta el altar bendito
al fin llegar, la dulce voz siguiendo
del Buen Jesús; por Él morir luchando
Dios nos conceda, Dios nos conceda.1. Venid, venid: a nuestra alma mater,
himno de amor cantemos a porfía.
Venid, venid. Inunda nuestro pecho
júbilo santo, júbilo santo.
2. Tierna progenie de la Iglesia Santa,
caros levitas entonad festivos.
Al Dios que os llama con amor excelso
himnos fervientes, himnos fervientes.
3. Somos de Dios embriáguenos su calix,
será el Señor nuestra heredad querida:
grato es vivir en el santuario augusto
bajo sus alas, bajo sus alas.
4. Cantad las glorias del solar vetusto,
que amante alberga vuestra edad florida.
I sus blasones celebrad con gozo
Jóvenes píos, jóvenes píos.
5. Del Tepeyac la refulgente estrella
es nuestro honor: a sus destellos vivos,
de la sublime ciencia por los mares
raudos boguemos, raudos boguemos.
6. Hijos dichosos de varones grandes,
dignos seréis de sus preclaros nombres.
Si sus virtudes emuláis viviendo
siempre por Cristo, siempre por Cristo.
7. Es nuestro afán hasta el altar bendito
al fin llegar, la dulce voz siguiendo
del buen Jesús: por Él morir luchando
Dios nos conceda, Dios nos conceda.Este Himno fue estrenado el 20 de septiembre de 1923. 
1. En días recientes y con motivo del centenario que hoy celebramos, los responsables de los archivos musicales e historiadores se han dado a la tarea de investigar acerca del texto original del Himno en cuestión; y para nuestra grata sorpresa encontraron un texto que al parecer es de puño y letra de nuestro Músico, el Padre Cirilo. Hay también otra versión que tal vez sea posterior pues está editada de modo más formal. Que ellos nos digan cuál es la versión más antigua.
Esto viene al caso porque hay algunas ligeras variaciones entre un texto y otro, pero esencialmente es lo mismo. Para esta breve reflexión tomaré el texto que parece ser el posterior y que es el que hemos conocido nosotros en los tiempos recientes.
2. En las culturas antiguas los himnos cantaban las glorias de los dioses y los héroes; fue hasta después de la segunda mitad del siglo XVIII que surgió el concepto de “himno nacional” (Reino Unido [1744], Francia [1795], Estados Unidos [1814]). En el ambiente bíblico se usó ya en la Septuaginta para referirse al “salmo” 231. En el ambiente cristiano se encuentran himnos en la Sagrada Escritura y en la liturgia más antigua. En la Carta a los Colosenses (3, 16) aparecen tres conceptos semejantes salmos (psalmois), himnos (‘ymnois) y cánticos (odais).
3. El 20 de septiembre de 1923 nuestro poeta y teólogo, el Pbro. Dr. Salvador Septién Uribe, cuatro días antes de cumplir 37 años y con doce de ordenado, daba a conocer el texto del Himno de nuestro Seminario de Querétaro, en el contexto de la entrega de premios a los alumnos de la institución. Diez años antes, el 10 octubre de 1913 había obtenido el Doctorado en Teología dogmática por la Universidad Gregoriana de Roma cuando contaba con 27 años.
¿Qué sucedía en la Iglesia Universal y en el contexto mexicano en 1923? ¿Qué veía y sentía nuestro poeta y sacerdote que hicieran surgir de su mente y corazón tan bello y profético texto?
En 1923, hace cien años, el Romano Pontífice era Pío XI, en el siglo Ambrogio Damiano Achille Ratti (31 de mayo de 1857-10 de febrero de 1939). Pío XI entró al Seminario a la tierna edad de diez años (5 de noviembre de 1867), el autor de nuestro Himno del Seminario ingresó al Seminario a los 17 años (1903). Hombre de cultura e inteligencia notables, el Padre Achille Ratti el 1 de septiembre de 1914 fue nombrado Prefecto de la biblioteca vaticana. Le tocó vivir la crudeza de la primera guerra mundial. El 1 de diciembre de 1921 siendo ya Cardenal arzobispo de Milán inauguró la Universidad Católica del Sagrado Corazón. El 6 de febrero de 1922 fue elegido Romano Pontífice y adoptó el Nombre de Pío XI; el día del inicio de su pontificado impartió la tradicional bendición “Urbi et orbi” desde el balcón externo de la plaza de San Pedro que había permanecido cerrado desde 1870 cuando el Reino de Italia se había apoderado del Vaticano. Siete años más tarde, el 11 de febrero de 1929 se firmará el tratado de Letrán, por el que la Santa Sede “reconoce al Reino de Italia bajo la dinastía de la Casa de Savoia con Roma como capital del Estado Italiano” y a su vez “Italia reconoce al Estado de la Ciudad del Vaticano bajo la soberanía del Sumo Pontífice”2. Achille Ratti fue también diplomático de la Santa Sede y ya como Papa denunció vehementemente las dictaduras de su tiempo, incluidas las atrocidades que sucedían en México en contra de la Iglesia.
En México, luego de diez años de conflicto armado por la Revolución, el 1 de diciembre de 1920 llegaba a la presidencia de la República el caudillo revolucionario y General Álvaro Obregón Salido. En esa época hubo un renacimiento de grupos “anticatólicos en algunas regiones del país en donde llegaron al poder gobernadores que se caracterizaban por su anticlericalismo, como fue el caso de Garrido Canabal en Tabasco, Múgica en Michoacán y el propio secretario de Gobernación, Calles, quien se distinguía por su férrea postura anticatólica”3.
El 2 de febrero de 1921 hubo un atentado con bomba en la casa del arzobispo de la Ciudad de México, luego un acto similar en el arzobispado de Morelia en junio y finalmente otro acto parecido el 14 de noviembre en la Basílica de Guadalupe. Todo esto en el mismo año.


En 1923, el 11 de enero, en el Cerro del Cubilete fue colocada la primera piedra para erigir una Iglesia a Cristo Rey; este acto fue presidido por el delegado apostólico Ernesto Filippi y puesto que según la Constitución no se podían realizar actos de fe en lugares públicos, el presidente Álvaro Obregón lo expulsó del país. Esto ocasionó protestas y empezaron a dibujarse situaciones más complicadas que terminarían en la persecución religiosa.
4. Así las cosas podríamos tratar de imaginar lo que sentían la mente y el corazón de nuestro poeta.a. Frente al violento arribismo del sonorense triunvirato: De la Huerta, Obregón y Calles, y su propuesta jurídica positivista, arbitraria y tiránica, el poeta invoca un llamado Divino: “Venid, venid: a nuestra alma madre, himno de amor cantemos a porfía”. Imagina un entorno familiar y amoroso, donde hay un espacio para todos los hermanos, donde todos y cada uno puede ser nutrido por la madre común (el Seminario, la Iglesia), sin excluir a nadie. Un llamado en que resuena la Sagrada Escritura, como podría ser el salmo 94: “Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva, entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos”. Sueña una Patria (casa del padre, en latín) común donde reina la alegría de los hermanos: “¡Oh qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos! (Sal 133, 1). El Padre Septién habitó en el Colegio Pío Latinoamericano y convivió con hermanos de américa latina, eso seguramente marcó su corazón sacerdotal con el deseo y sueño de la patria grande, católica, con un mismo idioma. Se siente en este primer verso el deseo de una koinonía de donde brote la sinodalidad: “Porque, así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros, muchos, constituyen un cuerpo, así como con respecto a Cristo” (1 Cor 12, 12). Mons. Septién será conocido por su gran caridad para con todos.
b. Ante la ambición rampante (se hizo célebre la expresión “carrancear” para indicar el robo con violencia y desde un rango de poder) el sacerdote queretano recuerda las palabras del Maestro: “Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor” (Mt 20, 25-26). Este pasaje recuerda el de Dt: “Los sacerdotes levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad con Israel: vivirán de los manjares ofrecidos a Yahveh y de su heredad. Esta tribu no tendrá heredad entre sus hermanos; Yahveh será su heredad, como él le ha dicho”. (Dt 18, 1-2).
En un contexto de un nacionalismo naciente, que de cierto modo pretendía proponer que con ese momento empezaba toda la historia, nuestro poeta amplía la visión de la historia sin negar el momento de vehemente esperanza y escribe: “Tierna progenie de la Iglesia Santa, caros levitas entonad festivos”. Deja entrever el llamado a una vida sencilla y entregada totalmente al servicio, que el seminarista —y luego futuro sacerdote— debe tener como norma de vida. Una idea que madurará a través de tiempos duros en toda américa latina y que llegará a dar fruto y sonará potente desde la sede de San Pedro: “Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga «su primera misericordia» […] Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres.” (EG 198), como afirmó el Papa Francisco.
c. Ser seguidor de Cristo implica no solo un estilo de vida, sino también uno de morir, como lo afirma el apóstol Pablo: “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos ya muramos, del Señor somos” (Rm 14, 8). La afirmación “Somos de Dios embriáguenos su cáliz, sea el Señor nuestra heredad querida” parece hacer eco de esta gran verdad de fe que ilumina la vida y la muerte del cristiano: “Del Señor somos”. Eran como presagio de la tormenta que se aproximaba en la persecución religiosa, en la que miles de mexicanos ofrendaron su vida buscando hacer la voluntad de Dios. Nuestro Seminario tiene la palma de un doble exilio por esos mismos motivos. Mientras el régimen se embriagaba con la sangre de sus compatriotas católicos, éstos respondían a la pregunta del Señor: “¿Podéis beber el cáliz que yo voy a beber?”, diciéndole: “Sí, podemos” (Mt 20, 22).
d. “Cantad las glorias del solar vetusto, que amante alberga vuestra edad florida”. “Solar” puede significar “casa, hogar, vivienda”, pero también “casta, abolengo, blasón”; por lo que el trovador de casa invita a los “jóvenes píos” a recordar nuestros orígenes, que hunden su raíz en el vetusto “tronco de Jesé”: “Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh” (Is 11, 1-2). Nuestra “alma mater” es el colegio insigne antiguo de Querétaro, en donde abrevaron muchos e insignes queretanos —también laicos—antes de que existieran todas las grandes y bellas escuelas queretanas que hoy son portadoras de civilización. El Seminario ha sido un lugar donde se han cultivado las letras y humanidades, la música y la historia; no habría porqué temer insidia alguna. Es cierto, es una institución humana como muchas otras, en la cual las personas han tenido sus luces y sombras. Es una pequeña parcela desde donde se ha buscado siempre comprender la “oikoumene”.
Los griegos tenían un concepto fundante de toda una cosmovisión: oikos (que significa casa, vivienda, habitación, pueblo) y del que se derivan entre otros: oikeiotes (relación, emparentado, amistad), oikeioo (habitar, cohabitar, reconciliarse, estar familiarizado), oikonomeo (administración, encargo, responsabilidad de la casa), oikoumene (tierra habitada, mundo conocido y civilizado, universo).
Oikos significa, pues, casa, lugar donde se mora, espacio habitable y habitado. De este concepto los griegos derivaron, dijimos, el de oikoumene, que en un sentido primigenio significó el mundo habitado hasta donde se extendía la influencia griega, la cosmovisión helénica; más allá era el mundo de los bárbaros. Es un poco la idea que siempre ha tenido el imperio en turno, que impone su cosmovisión y cultura: su lengua, su moneda, su comercio, etc. La oikoumene llegó después a significar el mundo habitado en el que coexiste una variedad de pueblos con sus respectivas lenguas y culturas.
En tiempos de nuestro poeta ya se había iniciado el “movimiento ecuménico”, es decir, la búsqueda de la unidad de todos los cristianos, por lo que podríamos decir que en estos versos resuena también este deseo de construir y habitar en paz la casa común.
e. Para el año que el Dr. Septién compuso el Himno del Seminario, ya nuestra Diócesis tenía varias décadas de peregrinar a pie al Tepeyac y desde el siglo XVII ya se erguía monumental en la ciudad de Querétaro el Templo de la Congregación, dedicado ex profeso a la Virgen de Guadalupe. En 1923 ya hacía más de cien años que el Cura Hidalgo había enarbolado la imagen de la Guadalupana al inicio del movimiento independentista y el Cura y Generalísimo Morelos la había proclamado “Patrona de nuestra libertad” en sus “Sentimientos de la Nación”. Por estas y muchas razones más, no podía ser de otro modo y así nuestro Seminario está bajo el patrocinio de “Nuestra Señora de Guadalupe”, Reina de México y Emperatriz de América y de las Islas Filipinas, y el poeta canta: “Del Tepeyac la Estrella refulgente/ es nuestro honor: a sus destellos vivos,/ el vasto mar de la sublime ciencia/ raudos crucemos, raudos crucemos.
f. Preclaros personajes ha tenido nuestro Seminario: sus Obispos, sus Rectores, sus Maestros, sus Bienhechores, etc; todos los hijos que aquí germinaron. Pensemos sólo en algunos nombres recientes: Mons. Mario de Gasperín Gasperín, Obispo Emérito de Querétaro; Mons. Florencio Olvera Ochoa, de feliz memoria; primero Obispo de Tabasco y luego de Cuernavaca; Mons. Rogelio Cabrera López, Obispo de Tacámbaro, después Tapachula, posteriormente Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez y hoy Arzobispo de Monterrey y actual Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano; Mons. Domingo Díaz Martínez, primero Obispo de Tuxpan y hoy Arzobispo de Tulancingo. Y en este momento de la historia nos preside como Padre y Pastor diocesano Mons. Fidencio López Plaza, quien primero transitó por nuestro Seminario como alumno, posteriormente como sacerdote y maestro y hoy le imprime sus huellas como el X Obispo de Querétaro. Por todo esto y mucho más, cantamos: “Hijos dichosos de varones grandes, dignos seréis de sus preclaros nombres, si sus virtudes emuláis viviendo”.
g. Conscientes profesamos que Jesucristo es el Señor de la Historia, que ésta se forja cada día bajo su providencia y nuestra libertad, aceptando nuestras limitaciones no podemos dejar de decir en oración por la mañana:
Gracias por este camino,
donde caigo y me levanto,
donde te entrego mi canto
mientras marcho peregrino,
Señor, a tu monte santo.
(Himno de Laudes)
y en los grandes días solemnes, nos reunimos como hoy para cantar hasta el cielo con todos nuestros mayores e invocar de Dios la fidelidad hasta el final de la sinfonía:
“Es nuestro afán hasta el altar bendito
al fin llegar, la dulce voz siguiendo
del Buen Jesús; por Él morir luchando
Dios nos conceda, Dios nos conceda”.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
20 de septiembre de 2023
En el solar vetusto
- Cfr. etimologico.com.mx, voz: himno, oda a los dioses. Consultado 11 de septiembre 2023, 14: 10 hrs. ↩︎
- https://www.vatican.va/content/pius-xi/it/biography/documents/hf_p-xi_bio_20070330_biography.html ↩︎
- Ávila, Felipe; Álvaro Obregón. Luz y sombra del caudillo. Siglo XXI Editores, México 2023, p. 309. ↩︎