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Desde tierra de palomas con el sello del Espíritu

Pequeño homenaje al Pbro. Guillermo Landeros Ayala
Los grandes sueños para encarnarse requieren paciencia y constancia, fe; de nuestras ilusiones no siempre llegan a realizarse todas, por eso, dicen los psicólogos, hay que tener una sana capacidad a la frustración o como se dice hoy también, tener una capacidad de resiliencia; para nosotros es tener esperanza, fortaleza.

La primera vez que le conocí fue en la parroquia de San José, en Vizarrón; debió haber sido en 1988 o 1989, cuando pertenecía yo al equipo de Seminaristas del SEDEC (Secretariado de Evangelización y Catequesis) bajo la guía del entonces Padre Fidencio López Plaza, hoy nuestro X Obispo de Querétaro. Fuimos a la parroquia en Vizarrón para compartir algún curso o taller, ahí estaba frente a un enorme pizarrón lleno de esquemas sobre la organización pastoral: era el Sr. Cura don Guillermo José Urbano Landeros Ayala. Él nació un 25 de mayo de 1938 en San Juan del Río, Qro; tierra de palomas, como dice la canción y la tradición. Fue bautizado exactamente un mes después, el 25 de junio de 1938, en la parroquia de San Juan Bautista, del mismo San Juan del Río. Sus padres fueron la Sra. Luz Ayala y el señor don J. Jesús Landeros. A don Jesús tuve el gusto de conocerle y tratarle: hombre de fe, sencillo, ameno y fuerte; hicimos un viaje a Italia e Israel con motivo del Jubileo del 2 000 y don Jesús, lleno de años, mostró una fortaleza increíble para realizar los recorridos.
Don Guillermo fue ordenado presbítero el 4 de marzo de 1963, en el Templo del Santo Nombre de Jesús —“Teresitas”—, 98 años después de haber sido fundado nuestro Seminario, que ha sido gloriosamente dos veces exiliado y clandestino (1914-1919 y 1926-1929).
El recorrido pastoral de Mons. Guillermo Landeros ha sido inmenso y variado: su primer nombramiento fue como Vicario en su parroquia de origen (1963), después Prefecto de disciplina en el Seminario Menor (1964), Vicerrector en el Seminario Mayor (1965-1971), Párroco de la Parroquia de San Pedro y San Pablo en Cadereyta, Qro. (26/08/1971), Vicario fijo de la Parroquia de Nuestra Señora de la Luz, Tancoyol, Qro. (27/09/1972), Párroco de la Parroquia de San Sebastián, Bernal, Qro. (6/06/1975), Vicario cooperador de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, Pedro Escobedo, Qro. (10/11/1977), Vicario fijo de la Vicaría de San José, Vizarrón, Qro. (28/11/1977), Párroco de la Parroquia de San Francisco de Asís, Colón, Qro. (10/02/1978), Párroco de la Parroquia de San Felipe de Jesús, Chichimequillas, Qro. (21/04/1981), Párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de los Siete Dolores, El Capulín, Gto. (08/08/1981), Párroco de la Parroquia de San José, Vizarrón, Qro. (20/02/1984), Administrador Parroquial de la Parroquia de San Antonio, El Doctor, Qro. (13/04/1989), Rector del Santuario del Sacro Monte, Parroquia de San Juan del Río, Qro. (18/04/1991), Párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de la Esperanza, La Esperanza, Qro. (26/09/1991), Administrador Parroquial de la Parroquia del Señor de la Piedad, Querétaro, Qro. (1/06/1993), Párroco de la Parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Querétaro, Qro. (29/06/2000-19/09/2019). Su renuncia al Oficio de Párroco “atendiendo a que sus condiciones físicas no le permiten seguir ejerciendo adecuadamente el oficio de párroco” le fue aceptada el 19 de septiembre de 2019, dos días antes de que quedara vacante la Sede de la Diócesis de Querétaro (Prot. No. 184/2019).
Además de estos Oficios eclesiásticos ha sido también miembro de la Comisión del Clero, del Colegio de Consultores, etc. Hoy está Adscrito a la Parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (19/09/2019).
Hay momentos de nuestra vida que se quedan como grabados para siempre (cfr. Jb 19, 23-24) y yo lo recuerdo bien: era un jueves 28 de agosto de 1998 como a las 18:00 hrs., cuando llegué a la Parroquia del Señor de la Piedad (en Jurica), mi Obispo, Don Mario de Gasperín me había nombrado Vicario parroquial. Me recibió don Guillermo Landeros quien era el Párroco, él no me recordaba por supuesto desde la primera vez que nos habíamos encontrado en Vizarrón unos diez años antes. Amablemente me instaló y me encomendó celebrar la Misa de 19:00 hrs. Al día siguiente me mostró todas las comunidades y Capillas de la Parroquia, en esa época la parroquia abarcaba también Juriquilla, pueblo y Fraccionamiento. Hombre disciplinado y de intensa vida espiritual me fue enseñando la vida de la parroquia: constructor incansable de Capillas e instalaciones relacionadas con las mismas, creador de grupos pastorales dinámicos. En diciembre de ese año quería que se bendijera la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en el Fraccionamiento de Jurica, para lo cual tenía una lista enorme de comisiones, tal vez más de 40, de las cuales él al final terminaba supervisando y realizando muchas. Eso me recordó aquel enorme pizarrón en Vizarrón: hombre de sueños e ilusiones, de paciencia y constancia es el Padre Guillermo. Buscó al Padre José Luis Guerrero, el autor del libro “Flor y Canto del nacimiento de México”, pues quería que viniera a dar una conferencia con motivo de la bendición de la Capilla del Fraccionamiento Jurica. En su oficina de la Ciudad de México le dijeron que el Padre por esos días se encontraba fuera del país, en Italia en específico; entonces literalmente lo perseguimos por teléfono muchos días en los lugares donde se hospedaba: íbamos a llamar a todas horas con tarjetas a un teléfono público que había en la calle cerca de la parroquia, le dejábamos recado hasta que finalmente lo encontramos y pudo don Guillermo hablar con él y hacerle la invitación. El Padre Guerrero aceptó y cuando finalmente vino a Jurica, después de la Conferencia el padre Guillermo le agradeció y le preguntó por qué había aceptado teniendo una agenda tan apretada como en su momento le había comentado; y le contestó diciendo que después de la persecución que tan vehementemente le había hecho por toda Italia, no podía decirle que no. Así es don Guillermo: vehemente para evangelizar, constante en su vida espiritual. Después de todas las llamadas en teléfono público con tarjetas, un día fue decidido y logró que colocaran un teléfono en la casa parroquial; fue el primero en el pueblo de Jurica.
A veces íbamos a reuniones pastorales al Fraccionamiento por las noches y terminaban en ocasiones bastante tarde, al llegar a la casa parroquial él se iba al Santísimo a orar y yo me iba a preparar clases. Al día siguiente él me estaba esperando a las 7 de la mañana para rezar laudes, muchas veces yo llegaba un poco tarde y siempre me decía: no te preocupes. Por su trayectoria de formador los colegas contemporáneos suyos le llaman cariñosamente el “teacher”, en esa época me decían: ¿cómo te va con el teacher? ¿te dice “te encargas”? Frase célebre ésta de sus tiempos de Vicerrector en el Seminario. Yo les decía: me va muy bien, trato de aprender de él, nunca me ha dado una orden; siempre me decía padre, ¿podrías por favor apoyarme con esta actividad? En esa época don Guillermo tenía en construcción la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe en el Fraccionamiento de Jurica, la Capilla en el Nabo, “La Capilla” en el pueblo de Jurica, que es el lugar donde se encuentra el Santo Patrono: el Señor de la Piedad, distinta del Templo parroquial; se construía también la Capilla en Acequia Blanca; se hacía una pequeña casa en el pueblo de Juriquilla para delimitar el terreno y recuperar el atrio; se hacía una pequeña Capilla en Nuevo Juriquilla y se litigaba el terreno de la Capilla en Rancho Largo, del que luego se perdió la mayor parte porque no contestaron en tiempo, en un proceso por demás injusto y amañado por la ambición; ya don Guillermo no era el Párroco. También se estaba consiguiendo el terreno de lo que hoy es la parroquia de La Santa Cruz y San Judas Tadeo, y convocó a un concurso para el diseño. En algunas de estas actividades participé de cerca pues me encomendaba algunas tareas muy específicas, yo le comentaba de los avances y me hacía pensar sobre las diversas posibilidades de cómo hacer las cosas y sus posibles consecuencias; siempre obtuve consejo sabio y palabras que inyectaban ánimo. Por mi parte nunca imaginé cuestionar una indicación suya.
Mandó construir la imagen de Jesús en madera que está en la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe en el Fraccionamiento de Jurica (con el Maestro Juan José Méndez, en Santa Anita, Guadalajara y hoy de feliz memoria y quien también realizó la escultura de Jesús de Nazaret en la parroquia del mismo nombre, de la cual fui agraciadamente el primer párroco), así como la campana de la misma y otra para el Templo parroquial, la que fundieron los maestros en el patio de la casa parroquial, un 24 de diciembre. Fui testigo de muchas actitudes prepotentes e impertinentes que le hacían algunos feligreses y también de los buenos frutos de su paciencia y bondad; entendí de él que, aun teniendo la razón, se gana más con la caridad y el silencio.
Siempre creativo, al llegar al Perpetuo Socorro se dio a la tarea de construir lo que llamó el Areópago, dedicado en honor a San Juan Pablo II, hoy centro cultural de referencia en nuestra Diócesis. Cuando estaba en construcción llegué a visitarlo y me decía que la techumbre en pergolado tenía forma de paloma, y creo que sí, refleja la paloma del Espíritu, ese Espíritu al que siempre se ha esforzado por ser dócil.
Don Guillermo, gracias por su vida entregada al servicio de Dios y de nuestra querida Iglesia diocesana de Querétaro, gracias por ser para mí Padre y hermano, Maestro y amigo. Cuando Usted se despidió de la comunidad en Jurica recuerdo que pronunció unas palabras llenas de sabiduría y humildad: “a Dios, agradezcamos lo bueno que juntos pudimos hacer, las deficiencias son mías y pido perdón”. Gracias Padre Guillermo por su testimonio de sencillez, de fortaleza y resiliencia, de una vida marcada con el sello del Espíritu.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Seminario Conciliar de Querétaro.
15 de junio de 2023
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¡Habría que ver!

Para el Padre Antonio Cárdenas
A modo de atisbo de homenaje

Cuando llegué al Seminario Mayor de la Diócesis de Querétaro en Hércules, tenía ya un año aproximadamente de formar parte de la institución; no recuerdo exactamente si era agosto o septiembre de 1988. Había ingresado formalmente el lunes 7 de septiembre de 1987, un año antes; fui enviado con 19 compañeros más a realizar un año de espiritualidad en la ciudad de Celaya, se llamaba Curso Introductorio Regional. Ese año había compañeros de las Diócesis de Celaya, Querétaro, San Luis Potosí, Ciudad Valles y Tacámbaro. De estas dos últimas sólo había un compañero de cada una, de las otras tres éramos aproximadamente entre 20 y 25 de cada una. En los cursos de filosofía en el Seminario Mayor se integraban además compañeros de las comunidades de la Sagrada Familia, Misioneros de África, Operarios de Reino de Cristo. No era lo más común, pero ese año se hicieron dos grupos de primero de filosofía por la gran cantidad de alumnos.
Habíamos escuchado “leyendas” de cómo era este otro nivel: exigencia, había que leer en serio, veíamos a los maestros de lejos sin haberlos tratado personalmente; algunos eran párrocos, otros eran maestros a tiempo completo, etc.
Algunos tenían tantos años dando clases como yo de edad. Otros habían empezado su especialidad cuando yo estaba naciendo. Entre estos estaba el Padre Antonio Cárdenas Salinas, conocido cariñosamente como “Cardenitas”.
El Padre Toño Cárdenas nació un 13 de Septiembre de 1939, en Charcas, Gto; hoy Dr. Mora; perteneciente a la Diócesis de Querétaro. Sus padres fueron Doña Águeda Salinas y Don Vicente Cárdenas. Recibió el bautismo el día 1° de Octubre del mismo año en la entonces Vicaría Perpetua, de San Salvador, del mismo lugar. Le bautizó el Pbro. Nicolás Tapia. En su fe de bautismo aparece el nombre completo de J. Amado Antonio.
No recuerdo el año exacto en que el Padre Toño sufrió una grave enfermedad, yo aún era seminarista estudiante de filosofía y él me daba clases; con toda seguridad fue antes de 1995, pues en ese año yo recibí la sagrada ordenación el 23 de noviembre. Él había sido nombrado RECTOR del Santuario de la Congregación con fecha de 24 de marzo de 1984 (Prot. 136/84 de la Cancillería de la Diócesis), aunque también hay nombramientos de 1979 en que aparece como Capellán del Templo de San Isidro, del Templo de Capuchinas y de la Congregación. Narran testigos que estaba celebrando la Santa Eucaristía en la Congregación se metió a la Sacristía, y al no regresar fueron a ver qué sucedía: lo encontraron desvanecido ahí. Llamaron a los servicios médicos y fue trasladado al Hospital; esa noche me tocó cuidarlo. Era impresionante ver a un hombre tan sabio e inteligente en los días sucesivos sin poder articular palabra, decían los médicos que se le tendría que volver a enseñar a hablar, había perdido la memoria completamente. Gracias a Dios se recuperó casi totalmente.
Hombre austero, filósofo entusiasta, sacerdote piadoso. Escucharle en clases siempre era un deleite para el intelecto y el corazón: parecía transportarnos a otras épocas cuando nos explicaba los filósofos antiguos y medievales. Al comentar la vida y obra de Anicius Manlius Torquatus Severinus Boetius (ca. 480), mejor conocido en la historia como Boecio, insistía en que su libro “La consolación de la filosofía” era tal vez unos de los diez textos más grandes escritos en occidente; lo mismo decía de “Las Confesiones” de San Agustín, y así de muchos otros que nos invitaba a leer y releer a conciencia.
En su manera de enseñar el Padre Cárdenas transmitía la certeza que la filosofía no es solo informativa, sino performativa, es decir, que no solo nos informa sobre el modo o los temas que otros ya estudiaron o reflexionaron, sino que al reflexionar acerca de la verdad y llegar a conocerla, esto nos puede hacer capaces de ir conformando nuestra existencia de acuerdo a lo bueno, lo bello, lo verdadero.
En el 520 Boecio alcanzó la alta dignidad de Magister officiorum, especie de primer ministro o responsable absoluto del gobierno de Teodorico, rey de los ostrogodos, gobernante de la prefectura de Italia, regente de Hispania y patricio del Imperio romano. Por esa época y por diversos motivos de índole religioso, político y de intrigas palaciegas Boecio cae de la gracia de Teodorico y es encarcelado; es ahí donde escribirá su conocido texto de La Consolación de la filosofía (523-524), en el que se pregunta porqué las cosas cambian tan radicalmente. El texto está estructurado en cinco Libros en forma de diálogo entre el autor y la filosofía. De raigambre cristiana, el autor mantiene su texto en el nivel de la razón; sin embargo deja siempre entrever la vocación divina del ser humano, por ejemplo cuando se pregunta por todo lo que ha perdido en su situación de desgracia. Entonces la filosofía le contesta: “¿De tal manera se ha trastornado el orden del mundo, que un ser casi divino por su razón llegue a imaginar que no puede brillar y distinguirse sin la posesión de objetos inanimados? Y a la verdad, los demás seres se contentan con su propio bien; pero vosotros, a quienes la inteligencia hace semejantes a Dios, pretendéis engalanar la excelsitud de vuestra naturaleza con la posesión de cosas viles, sin comprender la injuria que con ello inferís a Vuestro Creador” (Libro II, Prosa quinta, 25-26).
El Padre Toño ha sido un sacerdote que siempre se ha distinguido porque toda su vida ha sido guiada con la racionalidad del filósofo, quien no distingue entre el salón de clases y la vida cotidiana, para él siempre han sido la misma cosa. Cuando hacíamos alguna afirmación muy seguros de nosotros mismos contestaba con una frase que llegó a ser proverbial: ¡habría que ver!; y entonces hacía matizaciones y diversas posibilidades de entender lo afirmado.
Muchos años el Padre Cárdenas impartió clases en la Universidad Pontificia de México, en nuestro Seminario Diocesano y era al mismo tiempo el responsable de la Congregación; esto le llevaba a pasar largas noches leyendo y preparando clases. Cuando estaba aquí solía salir a trotar vestido de riguroso blanco cerca del mediodía, siempre cavilando los temas de la vida.
Como Boecio, el Padre Toño también vivió en la Ciudad Eterna: Roma. Siendo muy joven, tal vez a los 18 años y sin haber salido antes de Querétaro —nos relata— fue enviado a Roma para estudiar filosofía y teología. Le dieron un boleto de autobús que le llevaría a Nueva York, un boleto de barco que le transportaría de ahí a Inglaterra. Vivió toda una odisea: solo, sin dinero y un boleto que se le terminaba en Inglaterra; de ahí se trasladó como pudo con la gracia de Dios y mucho valor hasta Roma. Debía cumplir la misión que le habían encomendado; este solo acontecimiento daría tema para una película o un libro. En Roma se embebió de cultura cristiana, de catolicismo, de filosofía y teología. Regresó transformado para una misión que ha ejercido toda su vida: enseñar a mirar el mundo, lo bello.
En efecto, gustaba de repetir mil veces definiciones, como la de bello: “pulcrum est, quod visum placet”, bello es, lo que visto agrada. Nos transmitía el conocimiento de libros, pensamientos, historias bellas; no exentas de tragedias, como las historias de Eloísa y Abelardo. Conoce también autores modernos y contemporáneos. Citaba constantemente a José Gorostiza y su poema Muerte sin fin, decía era uno de los poemas metafísicos más bellos. Por su experiencia de casi morir, después escribió un texto en el que expresaba la angustia de haber sentido amenazada su vida. Y también como Boecio, volvía a preguntarse qué cosa era la felicidad, y nos hacía recordar nuevamente lo que tantas veces nos había repetido, la definición de Boecio acerca de la misma: “Es la suma de todos los bienes y todos los abarca; porque si uno solo faltara, ya no sería el bien supremo, pues quedaría excluido algo que, por ser bueno, sería deseable. Por tanto, es cosa indudable que la felicidad consiste en un estado, perfecto por la reunión de todos los bienes” (Libro Tercero, Metro Primero n. 3).
Así, mezclaba ese aparente solipsismo antropológico expresado por Gorostiza al inicio de Muerte sin fin: “Lleno de mí, sitiado en mi epidermis/por un dios inasible que me ahoga…” con esa fe infinita en el Dios del amor, el Dios de Jesucristo, por quien también Boecio suspiraba profundamente cuabdo afirmaba: “¡Qué feliz sería el género humano, si el amor que gobierna los cielos gobernara también los corazones!” (Libro Segundo, Metro Octavo).
Padre Antonio Cárdenas Salinas, hermano bondadoso, Maestro perenne; frente a las adversidades de la vida y del ministerio, resuenan palabras tan vehementes en nuestro corazón, primero de Boecio, luego suyas y que hemos hechos nuestras cual profesión de fe: “Lo único inmutablemente establecido por una ley eterna es la eterna inconsistencia de todas las cosas creadas” (Libro Segundo, Metro Tercero d). Sí , Padre Toño, su testimonio constante de fe en Jesucristo —“en quien el Padre ha puesto todas las cosas en sus manos” (cfr. Jn 3, 35; 13, 3)— y confiar absolutamente su vida y ministerio al Señor de la historia, nos haga capacez como a Boecio de dar siempre razones de nuestra esperanza (cfr. 1 Pe 3, 15). Y si fuera necesario, como a Boecio, que en ello se nos vaya la vida.
Padre Toño, sea Usted el portador de nuestro agradeciomiento a todos nuestros Maestros y hermanos mayores que en silencio viven después de sus grandes batallas (como el Pbro. Guillermo Landeros Ayala y muchos otros); sea también esto un pequeño homenaje a los que en silencio se han ido en tiempos de Covid, como el Pbro. Juan Manuel Pérez Romero y todos los otros.
Padre Cárdenas, ore para que sus enseñanzas vivan siempre en nosotros; enseñanzas que con su testimonio nos susurran en el alma junto con Boecio: “Apártense, pues, de los vicios, practiquen la virtud; eleven sus corazones en alas de la más firme esperanza; que suban al cielo sus humildes oraciones. Si no quieren engañarse a ustedes mismos, tengan la providad y honradez como ley suprema, ya que todo cuanto hagan está bajo la mirada de un juez que todo lo ve” (Libro Quinto, Prosa Sexta).
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Seminario Conciliar de Querétaro
25 de Mayo de 2023
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La persistencia de la realidad


El mundo ya estaba ahí cuando Dios creó al hombre, y lo puso ahí para que lo llamara por su nombre, para que lo intuyera (del latín in: dentro, hacia; y tueor, eris, tuitus sum, eri; es decir, 1. observar, mirar, contemplar; 2. Vigilar sobre, custodiar, defender, proteger; 3. Tener cuidado de, conservar, sustentar), para que descubriera su naturaleza. Ya desde el principio la ciencia del bien y del mal le corresponde a Dios y el ser humano no se lo puede arrogar (apropiar).
Por la desobediencia a este designio de Dios entró el pecado y la muerte en el mundo (cfr. Rm 5,12), sin embargo el amor de Dios por su creación persistió; comprender la realidad redimida por Jesucristo es tarea constante del cristiano, el discernir lo que es conforme a ese proyecto de amor y lo que no, de modo especial para los pastores de la Iglesia. El párroco y en modo óptimo el Obispo, son llamados “pastores” en los documentos eclesiales (CD 2, 11, 30), y a ellos se les encomienda realizar el “amoris officium”: el mirar con ese amor que discierne la realidad, así como es, para llevarla a su plenitud según el proyecto de Dios. Como afirmaba el Papa Benedicto XVI: “La verdad del amor evangélico atañe a todo hombre y a todo el hombre, y compromete al pastor a proclamarla sin temores ni reticencias, sin ceder jamás a los condicionamientos del mundo” (Discurso a las participantes en la III reunión del XI Consejo Ordinario del Sínodo de los Obispos. 1 de Junio de 2006). Tal vez así podríamos intuir el lema episcopal de Mons. Fidencio López Plaza: “Lo que no se asume, no se redime”.
Este texto de San Ireneo está citado en el Documento de Puebla (DP 400), publicado en 1979, cuando Mons. Fidencio era seminarista; para 1982 cuando fue ordenado sacerdote se había embebido de él y así nos lo transmitió, cuando más tarde, siendo el responsable del SEDEC y nuestro maestro de catequesis en el Seminario, nos exhortaba con vehemencia a leer y asimilar este Documento episcopal. De manera especial gustaba citar de memoria, entre otros, el n. 1145: “El mejor servicio al hermano es la evangelización que lo dispone a realizarse como hijo de Dios, lo libera de las injusticias y lo promueve integralmente”.
Luego, siendo el primer párroco en “Cristo de las Bienaventuranzas”, en la Menchaca brava y periférica, miró la realidad del mundo de la pobreza, las pandillas y la violencia; como Pastor la transformó a la luz de la Palabra de Dios, con el método de las pequeñas comunidades y al ritmo de cantos apropiados promovió la fraternidad, la justicia y la paz.
En su segunda Parroquia, “Santo Tomás” en Tierra Blanca, Gto., contempló el mundo de los hermanos con su cultura originaria, y les invitó a entonar un canto nuevo:
Vamos urdiendo la vida haciendo congregación con Ildefonso y María la Biblia y la tradición. La Biblia y la Tradición son fuentes donde bebieron san Ildefonso y María dos florecitas de enero. Dos florecitas de enero anuncian la primavera mil flores, copal y canto signos de vida nueva. Signos de vida nueva estamos viendo y oyendo de las entrañas del pueblo algo nuevo está naciendo.
Al regresar a la ciudad, en la Parroquia del “Ministerio de Pentecostés” renovó la vida parroquial basada en las pequeñas comunidades que habían surgido bajo el sello del Espíritu y del P. Juan Manuel Pérez Romero, renovándolas y llevándolas un paso adelante.
También en ese tiempo supo mirar la realidad, siendo el Vicario de Pastoral, llamado por Don Mario de Gasperín, VIII Obispo de Querétaro, a este Oficio, llevando a la práctica sus diversas cartas pastorales.
Luego, al ser llamado por el Romano Pontífice como V Obispo de San Andrés, Tuxtla, Ver; en su Primera Carta Pastoral, intitulada “Iglesia en salida. Casita sagrada donde vive, camina, anuncia, celebra y sirve la familia de Dios en Misión”, continuó dirigiendo su mirada y corazón de pastor hacia la realidad, pues su Carta está dividida en tres partes: I. Miramos la realidad; II. Interpretamos y discernimos y III: Actuamos como Iglesia Diocesana en salida con la esperanza y la alegría de la familia de Dios.
Ahora, ya entre nosotros como el X Obispo de Querétaro, vuelve a retomar textos de Puebla en su Primera Carta Pastoral, a la que tituló: “Ante las crisis y pandemias de ayer, hoy y siempre EL MEJOR SERVICIO AL HERMANO ES LA EVANGELIZACIÓN”. En la Carta nos invita a acercarnos a la realidad para escuchar los “gritos que surgen de las crisis y pandemias”, y nos recuerda una vez más el Documento de Puebla (DP n. 89), dice parafraseándolo, “son gritos claros, crecientes, impetuosos y en muchos casos, amenazantes (Carta n. 16).
Esta persistencia en mirar la realidad para redimirla en Jesucristo es lo que Puebla expresaba al afirmar: “En Cristo y por Cristo, Dios Padre se une a los hombres. El Hijo de Dios asume lo humano y lo creado, restablece la comunión entre su Padre y los hombres. El hombre adquiere una altísima dignidad y Dios irrumpe en la historia humana, vale decir, en el peregrinar de los hombres hacia la libertad y la fraternidad, que aparecen ahora como un camino hacia la plenitud del encuentro con Él” (n. 188).
O como nos ha dicho el Papa Francisco: “conviene recordar brevemente cuál es el contexto en el cual nos toca vivir y actuar. Hoy suele hablarse de un «exceso de diagnóstico» que no siempre está acompañado de propuestas superadoras y realmente aplicables. Por otra parte, tampoco nos serviría una mirada puramente sociológica, que podría tener pretensiones de abarcar toda la realidad con su metodología de una manera supuestamente neutra y aséptica. Lo que quiero ofrecer va más bien en la línea de un discernimiento evangélico. Es la mirada del discípulo misionero, que se «alimenta a la luz y con la fuerza del Espíritu Santo» (EG 50).
De este modo, en el ministerio de Mons. Fidencio siempre “permanece válido, en el orden pastoral, el principio de encarnación formulado por San Ireneo: «Lo que no es asumido no es redimido» (DP 400). Su retrato, hoy develado, nos debe recordar constantemente el núcleo de su pensamiento pastoral: ese principio y misterio de la Encarnación, de la humillación y humildad, virtud que siempre ha distinguido la persona y estilo de don Fidencio.
Felicidades por sus 41 años de Ministerio sacerdotal Padre Fide, Monseñor Fidencio López Plaza, nuestro X Obispo de Querétaro.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes Santa Iglesia Catedral, 20 de Febrero de 2023 Santiago de Querétaro, Qro.
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El pensamiento pesa

A Don Mario De Gasperín Gasperín, Obispo Emérito de Querétaro y quien también fue Administrado Diocesano, de cuyas manos recibí la Sagrada Ordenación.

Siempre es un gusto dialogar con él, escucharle; siempre atento a la realidad y a los libros, a la buena lectura. Cuando éramos seminaristas siempre nos exhortaba a estudiar a conciencia, a leer, a prepararnos. También ya de sacerdotes gustaba de preguntar acerca de lo que estábamos leyendo.
Nos ha mostrado siempre una férrea voluntad y gusto por estudiar, leer y escribir. Prueba de ello son sus numerosos textos publicados, en especial sus 11 Cartas Pastorales con las que marcó el rumbo del camino pastoral de nuestra Diócesis.
Uno de sus textos, muy breve, no mas de cinco cuartillas ha sido tal vez el más conocido, incluso a nivel internacional: La “Instrucción pastoral sobre las elecciones. Un católico vota así”, con fecha de 27 de Abril de 2003.
Posteriormente, con fecha de 12 de mayo de 2003, La Secretaría de Gobernación, a través de la Dirección General de Asociaciones Religiosas y de la Dirección de Normatividad, bajo el Oficio: AR-03/5123/03 comunicaba a Don Mario de Gasperín, entonces Obispo de Querétaro que el Consejo General del Instituto Electoral de Querétaro consideraba que dicha Instrucción “… si bien en los 23 puntos que conforman el documento ‘Un católico vota así: Instrucción Pastoral sobre las Elecciones’, no alude por su denominación a partido político o candidato alguno, es evidente que contiene consideraciones que responden a la intención de influir en forma determinante en la toma de decisiones políticas de los ciudadanos, a favor o en perjuicio de fuerzas políticas que participan en el proceso electoral en curso. Las descripciones que contienen tales puntos y que aluden a partidos políticos por el contenido de su oferta política, pueden dar pie a interpretaciones más directas de ministros que es pertinente prevenir y alertar…”. Por lo que, se lee en el texto, “me permito solicitar a usted que dentro del término de diez días hábiles, contados a partir del día siguiente en que surta efecto su la notificación del presente oficio, se sirva manifestar lo que a su derecho convenga con relación a los hechos antes mencionados, apercibido de que de no hacerlo se tendrán por ciertos”. Así dio inicio aquel proceso.
La notificación fue realizada el 29 de mayo de 2003; la hoja membretada lleva a modo de epígrafe: “2003. Año del CCL Aniversario del Natalicio de Don Miguel Hidalgo y Costilla, Padre de la Patria”. Una de las copias estaba dirigida al Dr. Javier Moctezuma Barragán, a la sazón Subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos. Con fecha de 4 de octubre de 2003, él mismo en persona le comunicó y escribió en un “folder”:
"Estimado Sr. Obispo. Efectivamente el asunto quedó resuelto al desechar el recurso de revisión del Partido México Posible. Un saludo respetuoso Javier Moctezuma Qro. Qro. 4.Oct.03"
Después, el 24 de febrero de 2004(día de la Bandera) el Papa Juan Pablo II en un Discurso le decía:
“Señor Embajador:
Con sumo gusto le recibo las Cartas Credenciales que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de los Estados Unidos Mexicanos ante la Santa Sede, a la vez que le doy mi cordial bienvenida en este acto con el que inicia esta misión que su Gobierno le ha confiado. Le agradezco sus atentas palabras, así como el saludo que me ha transmitido de parte del Señor Presidente de la República, Lic. Vicente Fox Quesada, a lo cual correspondo renovándole mi mejores deseos para su persona y su alta responsabilidad.
[…] Es de desear que la Iglesia en México pueda gozar de plena libertad en todos los sectores donde desarrolla su misión pastoral y social. La Iglesia no pide privilegios ni quiere ocupar ámbitos que no le son propios, sino que desea cumplir su misión en favor del bien espiritual y humano del pueblo mexicano sin trabas ni impedimentos. Para ello es preciso que las instituciones del Estado garanticen el derecho a la libertad religiosa de las personas y los grupos, evitando toda forma de intolerancia o discriminación. En este sentido, es de desear también que en un futuro no lejano y al amparo de un desarrollo legislativo acorde con los nuevos tiempos, se den pasos adelante en aspectos, entre otros, como la educación religiosa en diversos ambientes, la asistencia espiritual en los centros de salud, de readaptación social y asistenciales del sector público, así como una presencia en los medios de comunicación social. No se debe ceder a las pretensiones de quienes, amparándose en una errónea concepción del principio de separación Iglesia-Estado y del carácter laico del Estado, intentan reducir la religión a la esfera meramente privada del individuo, no reconociendo a la Iglesia el derecho a enseñar su doctrina y a emitir juicios morales sobre asuntos que afectan al orden social, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o el bien espiritual de los fieles. A este respecto, quiero destacar el valiente compromiso de los Pastores de la Iglesia en México en defensa de la vida y de la familia”.
Durante el episcopado de Don Mario de Gasperín en la Diócesis de Querétaro, fueron promovidos al episcopado tres sacerdotes de nuestra Diócesis: Mons. Florencio Olvera Ochoa (1992), primero como Obispo de Tabasco y luego de Cuernavaca; hoy de feliz memoria. Mons. Rogelio Cabrera López (1996), quiera Obispo de Tacambaro, de Tapachula, Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez y hoy Arzobispo de Monterrey y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano; y también Mons. Domingo Díaz Martínez (2002), primero Obispo de Tuxpan y hoy Arzobispo de Tulancingo.
Por estas y mil razones más, al contemplar el retrato que hoy nos convoca, resuena en nosotros y resonará en la historia, el pensamiento, palabra y acción de nuestro Obispo Emérito, quien también fue Administrador Diocesano antes de la llegada de nuestro X Obispo Diocesano Mons. Fidencio López Plaza; a quien un 19 de Octubre de 1989 al crear la Parroquia del Cristo de las Bienaventuranzas en la Colonia Menchaca, lo nombraba su primer párroco; luego un 19 de octubre del 2020, año de la pandemia, le entregó la Catedral como X Obispo de Querétaro.
Que por la intercesión de la Virgen de los Dolores, patrona de nuestra Diócesis, Jesucristo el Buen Pastor nos siga bendiciendo con sabios y santos Pastores.
¡Feliz Cumpleaños Don Mario!
Pbro. Otro. Filiberto Cruz Reyes Santiago de Querétaro, Qro. Santa Iglesia Catedral, 18 de Enero de 2023
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En Navidad nace La Paz

«Gloria a Dios en las alturas
y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace»
Lc 2, 14
La Navidad es pan
Se acercan ya esos días que preceden a la Navidad y surge esa pregunta constante: ¿mamá, cuándo vamos a poner el Nacimiento? Le llamamos así a la representación del Nacimiento de Jesucristo, lleno de figuras de todo tipo de materiales y tamaños: las hay de barro y porcelana, de plástico y papel; pequeñas y grandes, de los más variados colores y texturas. Cuando llega el momento en torno a los días en que empiezan las posadas, se desempolvan cajas llenas de artículos para la ocasión: esferas, heno, figurillas de animales: el buey, la mula, guajolotes, gallinas y otras aves de corral; elefantes, caballos, leones, osos, panteras, jirafas, cerdos y cuanto animal pueda uno imaginar. Hay personajes que no pueden faltar: los reyes magos, los pastores y pastorcitas haciendo diversas labores, beduinos, el ángel, etc; y por supuesto los personajes estelares: san José, la Virgen María y el Niño Dios.
Dice el Papa Francisco a propósito del Nacimiento o Belén: “En este sencillo y maravilloso signo del belén, que la piedad popular ha acogido y transmitido de generación en generación, se manifiesta el gran misterio de nuestra fe: Dios nos ama hasta el punto de compartir nuestra humanidad y nuestra vida. Nunca nos deja solos; nos acompaña con su presencia escondida, pero no invisible. En toda circunstancia, tanto en la alegría como en el dolor, Él es el Emmanuel, Dios con nosotros”(1). En medio de este ambiente festivo no puede faltar el momento de compartir la mesa, las viandas tradicionales de cada lugar, recetas transmitidas de generación en generación en las familias. En esos días somos más sensibles para perdonar y olvidar las ofensas, estamos dispuestos a compartir el pan: en el fondo intuimos lo que afirma Francisco: “El Hijo de Dios, viniendo a este mundo, encuentra sitio donde los animales van a comer. El heno se convierte en el primer lecho para Aquel que se revelará como «el pan bajado del cielo» (Jn 6,41). Un simbolismo que ya san Agustín, junto con otros Padres, había captado cuando escribía: «Puesto en el pesebre, se convirtió en alimento para nosotros» (Serm. 189, 4)”, (Admirabile Signum, n. 2). Cuando compartimos el pan, la comida más sencilla sabe a gloria, a Pan de Vida, a Navidad, pues Jesucristo es el “pan único y partido” (Cfr. 1 Cor 10, 16-17) que los hermanos reunidos comparten. Nace ahí, en Belén, “casa del pan”, eso es lo que significa.
La Navidad es flor
Es en el contexto de una cena con sus amigos, en la armonía y paz del hogar prestado, en el que Jesucristo entrega su cuerpo como el más grande signo de su amor por la humanidad. Fue en la última cena cuando Judas decidió poner fin a la armonía y a la paz de sus hermanos y amigos; víctima de oscuros anhelos fue solitario en pos de la mano fratricida, de esa mano que hace que hoy México salpique sangre; porque detrás de cada muerte violenta hay nombres concretos, de quien da la orden y de quien la ejecuta. La paz es frágil como una flor, es bella y quien se siente ajeno a ella intentará cortarla, pisotearla, trillarla. Al mirar cada Estado de nuestra patria, sumidos en la violencia, la situación de Ucrania o tantos sitios en el mundo víctima de las armas fraticidas constatamos lo que el Papa Francisco afirma, que la Tercera Guerra Mundial ya está aquí “en pedazos”, con todas sus secuelas: dolor, hambre, sufrimiento y muerte. Esto debería convencernos que la guerra no es problema solo de los otros, a todos nos afecta y lastima; la paz es una, o es de todos o de nadie.
Ya entre los antiguos atenienses decía Isócrates que la ambición inclina a la guerra, y que toda guerra tiene un costo, por eso los dirigentes de los pueblos deben ser prudentes en el tomar decisiones; que había que guardar y cumplir los tratados; que hay que reprender la necedad y locura de quienes hallan utilidad en la injusticia. Exhortaba a sus compatriotas a darse por bien servidos si podían vivir con seguridad, abundar en lo necesario para la vida, vivir en unión y concordia, así como merecer la estima de los demás pueblos (Oración social o de la paz). Esos consejos siguen vigentes también hoy entre nosotros, más cuando vemos cómo escala la violencia en nuestra patria ahora con tintes de terrorismo en contra de la sociedad civil (primeros días de agosto): un estado de derecho socavado, la utilidad económica injusta de quienes venden y trafican las armas asesinas que inundan nuestra patria y la aquiescencia internacional de ciertas autoridades, regiones del país que sufren escasez de alimentos porque la violencia que sufre el transporte es inusitada, etc.
A ese estado de bienestar que es contrario a la guerra o la suspende, los antiguos griegos lo llamaron eirene (después los romanos le llamaron pax); es una situación basada en el orden y el derecho, y lleva consigo prosperidad y bendiciones; puede designar también el comportamiento pacífico. En la versión griega de la Biblia de los LXX eirene sustituye casi siempre al concepto hebreo de Shalom, para indicar el bienestar o prosperidad que viene de Dios, la salud corporal (Is 57, 18-19), la tranquilidad (Gn 26, 29), el entendimiento pacífico entre los pueblos y los hombres (1 Re 5, 26; Jc 4, 17), la salvación (Jr 29, 11).
En el Antiguo Testamento se anuncia una era mesiánica, en la cual dice el profeta Isaías: “Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar” (Is 11, 6-9). El profeta anuncia un tiempo en el que la humanidad conocerá a Dios y vendrá la paz, pues desconocer a Dios es envilecerse, deshumanizarse, por eso el mismo profeta denuncia la ignorancia o nescientia (no ciencia, no conocimiento) del ser humano respecto a Dios: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne” (Is 1, 3). Esto es lo que quiere expresar el Nacimiento navideño, la llegada del Mesías y la paz que trae con su presencia, por eso el Nacimiento admite figuras de todo tamaño aunque no estén a escala, pues no es una maqueta, sino una profesión de fe en Jesucristo que es nuestra paz (cfr. Ef 2, 14) y es capaz de hacer que todas las personas y todos los pueblos podamos vivir en paz.
Tampoco puede faltar la estrella en el Nacimiento, es la que va conduciendo a los reyes magos hasta el lugar de su peregrinación. La “flor de nochebuena” también conocida como “estrella de navidad” es parte esencial del entorno del Nacimiento; ambas estrellas son símbolo de un niño que nace “a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1, 79).
La Navidad es vida
De nativitas, -atis en latín, deriva el vocablo “natividad”, y luego de ahí por abreviación “navidad”, que significa “nacimiento”, “generación”. Por eso celebrar la Navidad es una vocación, una tarea; trabajar para que todo ser humano tenga una vida digna es algo irrenunciable y brota del mensaje del Niño ya adulto: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10), es decir, tener una vida en paz.
Pero la paz puede ser desconocida (Lc 19, 42), menospreciada y ensombrecida (Rm 3, 12.17), o rechazada (Lc 10, 5-6); Satán se opone a ella (Rm 16, 20). La paz es el nacimiento de una persona: Juan el Bautista (Lc 1, 79) y Jesús (Lc 2, 14).
Al ser anunciada por Jesucristo, los hombres llegan a ser pacificadores, constructores de paz: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9).
El Papa Juan XXIII, hoy Santo, en el contexto de la “guerra fría” y la crisis de los misiles de cuba, nos regalaba ese bello documento intitulado Pacem in terris (La paz en la tierra), sobre la paz entre todos los pueblos, que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Si bien se refería a las relaciones entre los pueblos, lo mismo vale para las relaciones al interior de cada nación.
La verdad debe tener siempre en cuenta la dignidad de cada persona y eliminar todo tipo de racismo; las personas pueden diferir en los diferentes grados de cultura o desarrollo económico, sin embargo esto no podrá nunca justificar el hecho que unas hagan valer injustamente la propia superioridad sobre las otras. Respecto de la justicia no podemos dejar de unir el reconocimiento de los derechos al cumplimiento de los deberes. Las personas tienen el derecho a la existencia, al propio desarrollo, a los medios idóneos para lograrlo y ser las primeras artífices en la realización del mismo. Tendríamos que crecer en la conciencia de la fraternidad como un verdadero derecho, y no solo permanecer en la solidaridad, por otra parte siempre necesaria. En este campo está el tema de las migraciones y la sola presencia del otro nos interpela, es un hermano. Sobre la libertad es necesario recordar que nadie tiene el derecho de ejercitar una acción opresiva sobre otra persona, baste pensar en tantas formas de esclavitud modernas: trata de personas, trabajo infantil, etc. Es necesario educar a los niños y jóvenes en un sentido de responsabilidad.
Frente al grave problema de la violencia muchos juristas proponen en los últimos años trabajar en lo que se viene llamando la “justicia transicional”, que retoma algunos de los elementos antes mencionados. Creemos que la paz es posible, tiene que ser posible y debemos imaginar caminos que nos conduzcan a ella. Podemos imaginar la paz como una niña: hermosa, radiante, frágil y expectante; tal vez como la imagen que acompaña nuestra sencilla reflexión, obra del Maestro queretano Gabriel García Aguas, intitulada “La paz de María Magdalena”. Por todo lo anterior decimos que la Navidad es pan, es flor, es vida trillada y resucitada, tal vez en eso pensaba Sor Juana cuando decía:
“En casa de pan
cual trigo floreado
estáis en la paja:
vos seréis trillado”.
¡Feliz Navidad!
Pbro. Mtro, Filiberto Cruz Reyes
Navidad 2022
(1) Francisco, Papa; Liturgia de la palabra y firma de la Carta sobre el pesebre. Santuario franciscano de Greccio, Italia; 1 de diciembre de 2919.
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1º de Noviembre + 3941

Era un 1º de noviembre cuando nació mi hermana Cirenia. Años después, fue también 1 de noviembre, de 2003, cuando Don Mario de Gasperín Gasperín VIII Obispo de Querétaro erigió la Parroquia de Jesús de Nazareth, en la Colonia Colinas del Cimatario, de nuestra querida Ciudad de Querétaro. En el mismo acto me nombró primer párroco de la misma. El territorio parroquial se desmembró de la Parroquia del Misterio de Pentecostés, que cuando fue erigida (en esa Misa serví como Diácono) también por Don Mario de Gasperín, nombró primer párroco al Padre Juan Manuel Pérez Romero, Maestro entrañable que la pandemia nos arrebató en silencio. En el momento de la creación de Jesús de Nazareth, el párroco de Pentecostés era el Padre Fidencio López Plaza, entonces también Vicario de Pastoral y hoy X Obispo de Querétaro.
Esta foto fue tomada ese 1º de noviembre de 2003 al terminar la Misa. En ella aparece el Padre Fide, el Padre Eduardo Ortiz, de Tijuana, y hoy párroco en la violenta Colonia Sánchez Taboada de esa violenta ciudad. Mi papá fue a acompañarme después en 2019 a la Capilla San Felipe de Jesús, que fue el lugar donde el Señor me resguardó de la tormenta del Covid entre otras; ahora mi padre descansa en la paz y la misericordia de Dios. Mi sobrina Gisela, a quien sostengo en brazos, ya es universitaria. Hoy, en su cumpleaños, mi hermana Cirenia está internada desde hace 7 días en el Hospital, les ruego oren por ella. Mi madre nos sostiene a todos con su amor invicto, con su fe probada.
No pude llegar a casa parroquial alguna en ese momento, pues no existía; pasaron algunos días mientras se rentó una casa fuera del territorio parroquial para que el párroco viviera, en la Vista Alegre 3ª sección. Luego de discernir con el Consejo parroquial se tomó la decisión de iniciar los trabajos para terminar el Templo parroquial que estaba en obra negra, en lo cual habían laborado varios sacerdotes con la comunidad: se mandó realizar la sagrada imagen de Jesús de Nazareth con el Maestro Juan José Méndez, se hicieron las bancas, etc. Años después, se trabajó en la construcción de las instalaciones de servicios y salones, la terraza, etc. Finalmente la tercera etapa consistió principalmente en la casa parroquial, y así después de 3941 días en el exilio(10.7 años) pude llegar a vivir a la Casa parroquial durante 11 meses. En ese tiempo también se adquirieron dos predios pegados al primero que ya existía y se llevó a cabo el estacionamiento. Fueron días de alegría y trabajo, aprendizaje y fallas humanas del párroco novato, pero sobre todo de experimentar la gracia de Dios. Gracias a todas las personas con quienes caminamos juntos todos esos años, gracias por su amistad, paciencia y generosidad; gracias a Don Mario y a Don Fidencio, hombres sabios y bondadosos, de trabajo y Evangelio; gracias a todos los hermanos sacerdotes que siempre colaboraron en esa querida parroquia. Ruego perdonen mis limitaciones.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
1 de noviembre de 2022
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Veamos la realidad y salvemos la fraternidad
Encuentro fraterno de presbiterio
Buenos días hermanos sacerdotes.
Agradezco la invitación del Padre Francisco Gavidia Arteaga para compartir este momento de reflexión como hermanos, y la aprobación de nuestro Sr. Obispo, Don Fidencio López Plaza. El tema que se nos encomienda —“Realidad hoy del sacerdote”— nos rebasa con mucho. Por lo que les propongo algunas cavilaciones en torno a algunos tópicos.
Ante el acontecimiento de lo ocurrido en el Estadio Corregidora el pasado sábado 5 de marzo de este 2022, necesitamos ver que es un parte aguas más: algo inédito que nos puso en las primeras páginas del mundo de las comunicaciones y no dijimos casi nada. Cierto, desconocemos los motivos y fines del lamentable acontecimiento; sin embargo la sociedad y los fieles parecieran buscar en la Iglesia cierta orientación y, como se dice hoy, fijar postura. Es parte de esa violencia cotidiana que parece nos ha hecho ya “cayo” en el alma. Es como si hubiéramos heredado, frente a la realidad, un cierto autismo discursivo inmoral, ¿convenenciero?, ¿cobarde? ¿necesario? ¿fruto de la misma violencia?. Autismo afectivo que nos aprisiona en nosotros mismos. La auto referencialidad que tanto ataca Francisco pudiera ser la fuente del vacío de sentido frente a la historia; nos cuesta asumir posturas conjuntas, sinodales, consensadas, difíciles, frente a la realidad que galopa desenfrenada. Los efectos de la pandemia, entre otras cosas, nos tienen abatidos, ocupados en levantarnos en lo económico y emocional, en sobrevivir. Me da la sensación de que estamos aislados, personal o grupalmente; es tal nuestro malestar que no pensamos en el de los demás, sobre todo nos cuesta reaccionar rápida y organizadamente frente a las emergencias mediáticas surgidas de una vorágine socio cultural. La inmediatez del trabajo de todos los días nos impide sentarnos a pensar e imaginar esa realidad que pretendemos transformar según el Evangelio, y que nos desafía como hidra de mil cabezas.
Tal vez nos haría bien recordar constantemente el sabio consejo que nos daba ese gran escritor francés, George Bernanós, a propósito de la injusticia: “no la mires más que el tiempo justo, y no lo hagas nunca sin rezar”; esto para pronunciar sólo y todas las palabras que llenen de verdad y esperanza los corazones de los fieles, de los ciudadanos.
Y si miramos nuestras propias injusticias, tenemos que rezar(1). Decía Nelson Mandela: “No olvidemos nunca que un santo es un pecador que simplemente sigue esforzándose”(2).
Al paso de los días, en que la pandemia parece darnos una tregua, miramos hacia atrás y seguimos pensando qué ha significado todo esto:
“Los primeros días los vivimos buscando comprender qué es lo que esto significaba, un contexto era el tiempo de cuaresma —con el color morado de las jacarandas que adornan nuestra querida ciudad de Querétaro— que nos recuerda el tiempo penitencial que prepara la Pascua. Llegó el triduo pascual y las campanas queretanas seguían callando, algo tristemente inusual. Vimos al Papa celebrar el Via crucis en una plaza de San Pedro vacía, el crucifijo bajo la lluvia que se mezclaba con las lágrimas: “Me parezco más a Barrabás que a Cristo y, sin embargo, la condena más feroz sigue siendo la de mi propia conciencia. De noche abro los ojos y busco desesperadamente una luz que ilumine mi historia. Cuando estoy encerrado en la celda y releo las páginas de la Pasión de Cristo, comienzo a llorar. Después de veintinueve años en la cárcel, aún no he perdido la capacidad de llorar, de avergonzarme de mi historia pasada, del mal cometido […] Percibo en el corazón, que ese Hombre inocente, condenado como yo, vino a buscarme a la cárcel para educarme a la vida”. Son palabras de la meditación de la 1ª Estación del Via crucis presidido por el Papa Francisco el Viernes Santo de 2020, palabras de un hombre condenado a cadena perpetua en Italia. En ese momento, la pandemia parecía que nos había hermanado, sentíamos que estábamos en el mismo barco. Pero, apenas dos años después la guerra en Ucrania parece decirnos que nada hemos aprendido como humanidad: la muerte retorna y no como consecuencia de la pandemia sino de la mano fraticida.
Este año 2022 para el Vía crucis con el Papa, una familia de Ucrania y una de Rusia prepararon juntas la meditación para la XIII Estación. Estas son sus palabras: “La muerte está en torno y la vida parece perder valor. Todo cambia en pocos segundos. La existencia, los días, la despreocupación de la nieve en invierno, ir a buscar a los niños a la escuela, el trabajo, los abrazos, las amistades, todo. Todo pierde improvisamente valor. Señor, ¿dónde estás? ¿Dónde te escondiste? Queremos la vida de antes. ¿Por qué todo esto? ¿Qué culpa cometimos? ¿Por qué nos has abandonado? ¿Por qué has abandonado a nuestros pueblos? ¿Por qué has dividido de este modo a nuestras familias? ¿Por qué ya no tenemos ganas de soñar ni de vivir? ¿Por qué nuestras tierras se han vuelto tenebrosas como el Gólgota? Se nos acabaron las lágrimas. La rabia ha cedido a la resignación. Sabemos que Tú nos amas, Señor, pero no percibimos este amor, lo que nos hace enloquecer. Nos despertamos en la mañana y por algunos segundos somos felices, pero luego nos acordamos inmediatamente de que será difícil reconciliarnos. Señor, ¿dónde estás? Háblanos desde el silencio de la muerte y de la división, y enséñanos a reconciliarnos, a ser hermanos y hermanas, a reconstruir lo que las bombas habrían querido aniquilar”.
Según datos oficiales(3), el pasado mes de Abril de este año, los homicidios dolosos en México fueron 2, 131 en 30 días, lo que equivale a un promedio de 71.0 por día. Sin embargo el mes de marzo ha sido el más violento del año, con 2, 241 homicidios dolosos en 31 días. Lo que da un promedio de 72.3 cada día.
Hermano: ¿has celebrado el funeral de alguna persona ejecutada? ¿cuántos casos difíciles causados por las drogas en las familias has acompañado? ¿Cuánta droga correrá por tu territorio parroquial. No son situaciones fáciles. Un día llegó una familia con su familiar decapitado, pidiendo las exequias. Dijeron que si sería posible porque venían de otras dos partes de solicitar el servicio y no se les había podido apoyar. Hay días en que hace falta algún hermano con quien platicar esos casos difíciles de los que escuchas parte de la tragedia y conociendo el ambiente llegas a sentir miedo e incertidumbre; entonces te sientes solo y te preguntas si los demás sacerdotes también llegan a sentir eso mismo: aislamiento, soledad, dudas.
Escuchar a la familia de un desaparecido es también difícil. Me decían la esposa y la hija: los primeros días mueres de miedo cuando te llaman del Semefo para ir a identificar el cadáver que probablemente podría ser el de tu familiar; lloras, le pides a Dios que no sea, con la esperanza de que aparezca vivo. Cuando pasas el trago amargo de ver uno y otro y otro cadáver sigues abrigando la esperanza de que esté vivo. Luego pasan los meses, los años y te casas de ver cadáveres ahora en fotografías. No sabes qué celebrar, si una Misa por su eterno descanso o para pedir a Dios que siga vivo en el aniversario de su desaparición. No tienes un lugar a dónde ir a llorar, ni una tumba o una cripta y entonces viene la tentación de pedirle a Dios que lo puedas encontrar al menos muerto para alcanzar cierta paz. Vas conociendo los laberintos de las fiscalías y el burocratismo despierta desesperación e incluso temor. Nadie te escucha.
¿No hemos sido capaces de por ejemplo, hacer una Misa en la que lleven las familias las fotos de sus seres queridos muertos en la pandemia y que no tuvieron velorio, ni Misa de cuerpo presente? ¿o las fotos de sus seres queridos muertos por homicidio doloso o de los que siguen desaparecidos? ¿porqué no una marcha para pedir que cese tanta violencia?
Con la pandemia, al paso de los días nuestro modo de vida fue cambiando bruscamente; sin embargo, paradójicamente, casi de forma imperceptible la escuela, el trabajo, los viajes, la cultura, la convivencia, etc., ahora se realizan de manera diferente.
Hermano: ¿cómo pasaste esos tres meses con los Templos cerrados? ¿habías celebrado la Misa solo o con una sola persona por un periodo largo? ¿cómo pagabas los salarios de los trabajadores y los servicios más elementales? ¿llegaste a pasar hambre? ¿y los hermanos de tu decanato? Un día llamaban a la reja con insistencia por la tarde y salí a ver quién era. Una persona me dijo: ¿es Usted el Padre? A lo que contesté afirmativamente. Entonces me dijo: yo casi no vengo a Misa, pero se que están cerradas las Iglesias y pensé cómo le harán para sus gastos. Así que vine a traerle un poco de ayuda.
En esos días difíciles recurrí a cosas aprendidas desde mi infancia: hacer cestos de mimbre, hacer tamales para los desayunos del domingo, pues aunque no había Misa la gente iba por el desayuna para cooperar; hicimos algunos vitrales, maceteros y cosas de soldadura, fui ayudante de pintor y soldador, hicimos jaulas para guacamaya, leí de esas cosas que uno tiene pendiente… celebré las exequias de mi padre y lloré. En el momento más difícil se restauró la casa y Capilla de San Felipe. Hay cosas de las que parece no se puede hablar y que en parte aumentan el dolor; esas purifican, acrisolan, dan la certeza de estar en lo correcto y fuerza para intentar vivir y creer con dignidad. Necesitamos escucharnos mutuamente, creo que todos deberíamos contar y escribir cómo vivimos la pandemia. Hay que recordar no para sufrir, sino para hacer un memorial de la misericordia del Señor.
Hemos sido testigos de muchas especulaciones sobre el origen, modo de desarrollo y finalidad de la pandemia; de teorías conspiratorias, neologismos que expresan la “nueva normalidad”, de hipótesis acerca del tiempo que posiblemente durará; de miedos colectivos, de depresión por la soledad y el aislamiento; de violencia por pretender mantener la distancia social. Y en medio de todo esto la ignorancia y necedad han hecho su aparición en muchas conductas que dificultaban evitar la propagación del virus. Algunos líderes mundiales manifestaron indolencia no solo en su discurso carente de cercanía a la gente y la realidad, sino en su conducta despreocupada y necia, al grado que muchos han experimentado la renuncia de algunos de sus colaboradores más cercanos. Se experimenta una cierta orfandad y gran desconcierto, abandono.
No solo la forma de vivir ha cambiado, sino también de algún modo la forma de morir y lo que esto implica: el cuerpo de quien muerió por COVID-19 no se entregaba a la familia, era enviado directamente al crematorio. Así, al dolor de la muerte del ser querido se agregaba el de no poder realizar los funerales según la costumbre de muchos: con velorio, Misa de cuerpo presente y la compañía de los familiares y amigos que en gran medida mitiga el dolor.
Así las cosas, también tenemos que soportar la tragicomedia cotidiana que surge de los acontecimientos que marcan la historia de nuestra sociedad y se vuelven mediáticos cual pan y circo virtuales, pretendiendo paliar el hambre de plenitud del pueblo cada vez más pobre.
[…] Si la exclusión del otro es una tentación frecuente, en estos días de la pandemia su peligro aumenta. Desde antiguo existen íconos que representan el nacimiento del Niño Jesús, aparece envuelto con vendas, a modo de mortaja (más que en pañales), pues el misterio de la Encarnación supone ya el misterio de la pasión y muerte del Niño Dios: él con-desciende radicalmente con el ser humano. Como dijo el poeta acerca de uno de sus personajes: “el nacimiento fue su muerte”(4). Por eso la Iglesia ha llamado Pascua también a la Navidad.
Sabemos que somos mortales, pero en el tiempo de pandemia esa certeza parece que llegaba con más fuerza y frecuencia a nuestra conciencia al ver los datos duros que se presentaban todos los días acerca del número de contagios y decesos a causa del coronavirus; es entonces que la inteligencia busca respuestas a todo lo que está sucediendo, y el corazón necesita de consuelo. Frente a un ser invisible a simple vista, pequeñísimo, que ha puesto en jaque a la humanidad entera, la inteligencia humana busca comprender el macrocosmos a través de la búsqueda de vida en Marte (las misiones espaciales de Estados Unidos, China y Emiratos Árabes en esos días): ¿acaso no será necesario un momento de silencio en actitud humilde y de rodillas ante el Hacedor del micro y macro cosmos? Puesto que “todo fue creado por él y para él” (Col 1, 17) y quiso entrar en la historia haciéndose Hombre, podemos encontrar en él las respuestas a este momento de nuestra historia; tal vez sea tiempo de reconocer como el hombre del Via crucis: “busco desesperadamente una luz que ilumine mi historia”. En esta época post terrorista, de virus ideológicos, de noticias falsas, de neo racismos, es necesario escuchar a Dios para no quedarnos callados adoptando ese silencio cómplice por omisión; no podemos ceder frente a una parálisis en las relaciones interpersonales, que debe ser superada con ingenio y valor, a ejemplo del Emmanuel, el Dios-con-nosotros. Es momento de estar muy cerca del hermano para acompañar, para consolar educando, sabiendo que el Verbo que se hizo carne “vino a buscarme a la cárcel para educarme a la vida”. Esa cárcel de mil formas en las que puede confinarnos el pecado, pues éste como el virus, necesita un ser vivo para desarrollarse. Hoy estamos callados, pues preguntarle al otro cómo ha estado podría implicar involucrarme en sus necesidades.
El Niño Dios representado envuelto en pañales-mortaja es el mismo que dejará las vendas y el sudario tendidos en el suelo del sepulcro (cfr. Jn 20, 6-7) una vez que hubo resucitado. Es el mismo que le pregunta a María Magdalena: “Mujer ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” (Jn 20, 15). Hoy estas preguntas están dirigidas a cada uno de nosotros llenas de amor y compasión, y esperan respuesta. Rememorar el dolor de estos días sin luz ni consuelo nos coloca frente a la tentación de la inacción, de la desesperación. Es el momento de hacer un memorial de las Pascuas de Navidad y de Resurrección, es decir, de proclamar con nuestra vida aquí y ahora lo que el Apóstol nos enseña: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida” (1 Jn 1, 1) es lo que necesitamos anunciar; es lo que inspiró a nuestros ancestros para construir esta bella ciudad de Santiago de Querétaro y es lo puede inspirarnos en estos momentos de obscuridad y desamparo para edificar con fuerza y belleza nuestro futuro común”(5).
En medio de las cosas dichas, venimos arrastrando un pecado eclesial, que ha provocado una crisis social y eclesial enorme: el abuso de menores por parte de clérigos.
El 18 de mayo de 2018 (mañana se cumplirán 4 años) todos los Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile (34 Obispos) “ponían sus cargos en manos del Romano Pontífice”. La razón, el Obispo Juan Barros era acusado de encubrir abusos sexuales por parte del sacerdote Fernando Karadima. Era una cosas triste sin precedentes.
El viaje apostólico del Papa Francisco a Chile en enero de ese año, había sido humanamente hablando muy difícil. En el viaje de regreso a Roma después del viaje, la reportera Matilde Burgos de CNN/Chile le pregunta: “¿A qué atribuye usted que se considere su visita a Chile como un fracaso de fieles y un fracaso de que la Iglesia queda más dividida?” A lo que el Papa contestó: “Yo de Chile me vine contento. Yo no esperaba tanta gente en la calle, y eso –no pagamos la entrada, ¿eh? Esa gente no fue pagada ni llevada en colectivo–, la espontaneidad de la expresión chilena fue muy fuerte”. Lo cierto es que recordamos que hubo quema de templos católicos en el contexto de la visita del Papa a Chile. Esto es sólo un ejemplo de las grandes dificultades que ha acarreado a la Iglesia el tema de los abusos sexuales, de conciencia y de poder por parte de clérigos en la Iglesia. Afirmó el Papa también en esa conferencia de prensa: “encubrir abuso es un abuso”. Esa triste historia continuó desarrollándose en el tiempo.
Quiero mencionar algunos libros recientes de difusión profusa que tratan de estos casos, y frente a los cuales no podemos ser indiferentes.
Y Líbranos del mal, de Santiago Roncaglio(6). En uno de sus párrafos dice: “En esos días, en Punta Hermosa tenían encerrado a Gustavo, uno de los mayores de la casa, casi de la edad de Sebastian. Aunque nadie lo llamaba encierro; en realidad, el nombre oficial era retiro. Estaba claro que no se trataba de un premio. Si alguien preguntaba, Gustavo se encontraba haciendo una «profunda meditación sobre sus errores». Pero la naturaleza de esos errores se mantenía en la discreción de la jerarquía”. Esta novela intenta reconstruir la historia del nacimiento y desarrollo de una comunidad religiosa. Me parece que el autor en este pasaje cuestiona, entre otras cosas, el quién será capaz de poner fin a la discreción del abuso del poder.Depredadores sagrados. Pederastia clerical en México, Bernardo Barranco (Coordinador)(7). Este texto contiene una serie de ensayos que el sub título expresa. En la Introducción afirma: “La llegada del Papa Francisco en 2013 a la silla pontificia levantó demasiadas expectativas. Prometió tolerancia cero y creó la comisión pontificia para atender los abusos, presidida por el cardenal estadounidense Sean O`Malley. Sin embargo, pareció no tener urgencia ni tomar acciones de fondo hasta que estallaron nuevas convulsiones, provocadas por las acusaciones penales a George Pell, cardenal australiano, número tres en la curia vaticana, acusado de pederastia y encubrimiento en aquel país”. El texto incluye una cronología de los principales casos que inicia en noviembre de 1987 con las acusaciones al sacerdote mexicano Nicolás Aguilar Rivera y va hasta noviembre de 2020 con el tema del ex cardenal y arzobispo de Washington Theodore McCarrick. En el párrafo en mención el coordinador del texto se queja de una lentitud en el tomar medidas contra los abusos.
Si queremos ser pastores en medio de nuestro pueblo, de nuestras comunidades que sufren y añoran, que gimen y desesperan, que nos reclaman y acompañan, que nos dan el pan de cada día, debemos creer que el pensamiento y la reflexión, provocados por la realidad, no son ciertamente los menores de los talentos que el Señor reparte a manos llenas y de los que espera sus réditos (cfr, Mt 25, 14-30): una proclamación, un informe valiente, profético, lleno de cansancio y de júbilo, siendo testigos de su amor que duplica el fruto de nuestro esfuerzo.
Así, “sedientos al broquel de tus pozos/ y hambrientos de tu casa,/ venimos, Padre,/ el corazón entre tus brazos,/ la frente humilde de delitos,/ a recibir tu denario”(8); ese cotidiano de la mañana, para trabajarlo, y el vespertino para saciarnos de tus dones.
Queremos salir cada día a pensar el mundo y actuar en él, de modo que nuestra misión cotidiana sea dar belleza al mundo y esperanza a la historia, juntos, como hermanos, para salvar la fraternidad, saliendo de la auto referencialidad que es finalmente una prisión y, arriesgarlo todo en la condivisión de nosotros mismos.
Hemos contemplado demasiada barbarie: personas inertes pateadas en el estadio, “fusilados” en Michoacán cuyos cuerpos no aparecen, la guerra en Ucrania, etc. Muchas cosas feas, malas. ¿Qué mundo es este que nos tocó vivir? ¿Acaso más cruel que el del crucificado tras un juicio sumario? ¿Acaso las manos actuales que ejecutan son menos fratricidas que las de Caín?
En latín bonus significa bueno, y bellus es su diminutivo, que significa bonito, bello.
La experiencia de lo que tiene un sentido se da en la condivisión, tiene una naturaleza estética, desde el momento que coincide con la percepción de la belleza de la vida, y no simplemente con una cierta visión intelectual que tengamos de esta última. Pues lo que es bello resalta respecto del resto, capta nuestra atención, nos maravilla y nos atrae; nos seduce, empujándonos a salir fuera de nosotros mismos(9). De ahí que la belleza de la vida merece ser vivida, no obstante el dolor y la muerte.Hermanos en el sacerdocio de Jesucristo
Rutilio Grande García SJ
Nace el 5 de julio de 1928 en El Paisnal, pueblo localizado a unos 35 km de San Salvador, en El Salvador, en el seno de una familia sencilla, campesina. Su padre Salvador Grande, su madre Cristina García. La muerte prematura de su madre le lleva a vivir con su abuela, lo que le marcará con una fuerte experiencia de piedad popular.
Estudios
De adolescente estudió en el Seminario San José de la Montaña, en la capital de su país, que por entonces era dirigido por los padres jesuitas. En 1945 entró en la Compañía de Jesús. En su itinerario de formación estuvo en Venezuela, Ecuador, España, Francia y Bélgica. La filosofía y teología, siete años intensos de estudios, los realizó en Oña, España.
En 1963 va a los cursos de la Lumen Vitae en Bruselas, Bélgica. A su regreso continúa en el Seminario hasta 1970.
Ordenación. Fue ordenado sacerdote en 1959.
Homilía en la Solemnidad de la Transfiguración del Señor en Catedral, el 6 de agosto de 1970, fiesta nacional de El Salvador, estando la Conferencia Episcopal y el Gobierno en pleno.1972, otoño. Párroco de pueblo.
Su trabajo pastoral.
Partía de la piedad popular y estaba en relación con la llamada “Teología del pueblo”, desarrollada en Argentina por Lucio Gera, de la cual también el Papa Francisco ha estado influenciado.Había que purificar la piedad popular de elementos mágicos y evangelizarla.
Creó el Festival del maíz para reconocer el valor de las tradiciones indígenas.
Impulsó la lectura de la Sagrada Escritura para ligarla a la vida de las personas, con el método ver, juzgar y actuar. Nacieron así los delegados de la Palabra.
Surgió así una acción social y política: surgieron sindicatos y el reclamo de salarios justos.
Su Homilía que le lleva a la muerte: Homilía de Apopa, 13 Febrero de 1977.“Pero, ¿qué hecho nos congrega este día? ¿Por qué estamos en Apopa asoleándonos? ¡Ustedes, hermanos, nosotros estamos muy cómodos aquí en la sombra!
El hecho que hoy nos congrega en Apopa, de todos los rincones de la Vicaría, e incluso de otras comunidades de fuera de las fronteras de nuestra Vicaría, es el caso del padre Mario. Es un acontecimiento eclesial. La Iglesia no se puede quedar callada. No puede quedar al margen de este hecho. Nos sentimos afectados.
Lo oímos en el pueblo: ¿qué van a hacer ustedes? La gente sencilla, las gentes humildes nos decían allá por los cantones –son los que oían al padre Mario a través de los aires– “¡¿qué van a hacer?!”.
¡Pues aquí estamos! Por lo menos para dar este símbolo de protesta oficial de la Iglesia, de nuestras comunidades, de esta parte de la Iglesia de la Arquidiócesis. Era sacerdote de la Iglesia local de San Salvador y concretamente aquí, párroco de Apopa, como una misión de parte de la Iglesia dentro de esta comunidad.
Sorpresivamente ha sido expulsado con violencia moral de hechos precipitados en cadena, sin acusación probada en juicio, y sin oportunidad de defenderse. Contra todos los derechos humanos de todas las naciones civilizadas de la tierra. Y lamento que en mi tierra esto ocurra. Si ha cometido el padre Mario un hecho delictivo, pues que se le juzgue y que se nos diga públicamente el veredicto. Incluso a Jesús de Nazaret se le hizo un juicio amañado y público en la noche del jueves y viernes santo. Esto ni siquiera se le ha permitido al pobre padre Mario.
¡Me dicen que era un extranjero! ¡¿Qué el padre Mario era extranjero?! Ciertamente, y de América Latina. Yo me pregunto si en la América Latina, descubierta por Colón, y en la que estamos todos amasados de café con leche y sangre de la misma forma, somos extranjeros! ¿Es que somos extranjeros en alguna parte?
– De Colombia… ¡Mucho hablar de la hispanidad el 12 de octubre, levantar banderitas muchos niños aplaudiendo con sus maestras! El día de la hispanidad, el día de América Latina… ¡¿Qué es eso…?!
¡Extranjero él! ¡Pero no es éste el problema!
Está en juego la cuestión fundamental de ser cristiano hoy día, y ser sacerdote hoy día en nuestro país y en el continente que está sufriendo la hora del martirio. Ser o no ser fiel a la misión de Jesús en medio de este mundo concreto que nos ha tocado vivir en este país. Si se es en el país un pobre sacerdote o un pobre catequista de nuestra comunidad, se le calumniará, se le amenazará, se le sacará de noche en secreto, y es posible que le pongan una bomba. ¡Ya ha pasado! Y si es extranjero lo sacarán. ¡Ya han sacado a muchos extranjeros! Pero la cuestión fundamental permanece en pie.
¡Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Es peligroso ser verdaderamente católico! Prácticamente es ilegal ser cristiano auténtico en nuestro medio, en nuestro país. Porque necesariamente el mundo que nos rodea está fundado radicalmente en un desorden establecido, ante el cual la mera proclamación del Evangelio es subversiva. ¡Y así tiene que ser, no puede ser de otra manera! ¡Nos encadena un desorden, no un orden!Prácticamente el sacerdote y el simple cristiano que ponen en práctica su fe, según las sencillas y simples líneas maestras del mensaje de Jesús, por fidelidad ha de vivir entre dos polos exigentes: la Palabra de Dios revelada y el Pueblo. El de siempre, el de las grandes mayorías, el del margen del camino, el enfermo que clama, el esclavizado, el que está al margen de la cultura –60 por ciento de analfabetos–, el que tiene mil alienaciones, el que vive en un sistema feudal de hace siglos.”
Fue pronunciada con motivo de la expulsión del Padre Mario Bernal. La pronunció ante unas 6, 000 personas.
Asesinado el 12 de Marzo de 1977.
“El 12 de marzo de 1977, hacia las cinco de la tarde, el Padre Rutilio Grande junto con Manuel Solórzano (72 años) y el joven Nelson Rutilio Lemus (15), se dirigía en su vehículo “zafari” hacia El Paisnal, población situada a unos 40 kilómetros de la capital, para celebrar el último día de la novena en honor a San José, patrono de la comunidad.
En El Paisnal, el templo lucía preparado para la fiesta. Los asistentes abarrotaron el lugar. Mientras, el padre “Tilo”, como lo llamaban los campesinos, fue emboscado por un grupo de hombres armados quienes dispararon contra el “zafari” y sus pasajeros. El auto volcó y en su interior quedaron tres cuerpos sin vida. El reporte forense afirma que el padre Grande recibió doce balazos”(10) (Manuel Cubías – Vatican News).Homilía de Romero en su funeral: “Si fuera un funeral sencillo hablaría aquí, queridos hermanos, de unas relaciones humanas y personales con el Padre Rutilio Grande, a quien siento como un hermano. En momentos muy culminantes de mi vida, él estuvo muy cerca de mí y esos gestos jamás se olvidan (14 de marzo de 1977).
Homilía de Romero 23 de marzo de 1980. Quinto Domingo de cuaresma.
“Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del Ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles: Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y, ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la ley de Dios que dice; “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”.
Beatificación de Rutilio Grande: la inicia la Arquidiócesis de San Salvador hacia finales de 2014 como mártir, junto con sus dos compañeros.
Beatificado el 22 de enero en El Salvador, el padre Rutilio Grande S.J. junto con los laicos Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, asesinados el 12 de marzo de 1977 y fray Cosme Spessotto O.F.M. asesinado el 14 de junio de 1980. Se señala como autores a grupos paramilitares.Es la respuesta a la realidad lo que puede y debe hermanarnos, la posibilidad de una pequeña comunidad debe ser desde la pastoral.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
17 de Mayo de 2022
Seminario Diocesano de Querétaro(1) Bernanós, G; Diario de un Cura rural. Madrid 1998, p. 65.
(2) Mandela, Nelson; Conversaciones conmigo mismo. México 2013, p. 7.
(3) http://www.informeseguridad.cns.gob.mx/files/homicidios_30042022_v2.pdf. Consultado el lunes 16 de mayo de 2022 a las 22.00 hrs.
(4) Samuel Beckett, citado por Rieff, David; en Elogio del olvido. Las paradojas de la memoria histórica. Barcelona 2017, p. 23.
(5) Cruz R; Filiberto; Navidad, luz y consuelo. En El Heraldo de Navidad 2020. Querétaro. Pp. 42-45.
(6) México, mayo de 2021, p. 368.
(7) México, agosto de 2021.
(8) Himno de Vísperas, Martes II.
(9) Sorrentino, Vincenzo; Dare bellezza al mondo. En L’Osservatore Romano, 10 de marzo 2022, p. 6.
(10) https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2022-01/el-salvador-beatificacion-rutilio-grande-biografo-rodolfo-carden.html. Consultado 16 de mayo de 2022.
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Porque Virtud, Destino: La Navidad
“Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que lo oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas” (Lc 2, 46-47)
Imposible poder imaginar una navidad sin niños, no sólo sin la imagen del Niño Dios, sino sin niños de carne y hueso, de esos bulliciosos, alegres, impacientes por romper la piñata y abrir los regalos que ha traído el Niño Dios. Imposible también no hacer alusión al momento que no ha pasado: la pandemia. Ésta nos ha lanzado infinidad de desafíos, pero hay uno que pareciera englobarlos a todos: un desafío a nuestra imaginación.
Decía Aristóteles que la fantasía o imaginación no puede ser equiparada ni con la percepción ni con el pensamiento discursivo, bien que no haya fantasía sin sensación ni juicio sin fantasía (De an. III, 3, 427 b 10 y ss.) Siguiendo esa línea aristotélica, Santo Tomás de Aquino afirma que la imaginación es una de los cuatro sentidos internos: el sentido común percibe las cualidades y las lagunas de los diversos objetos: la imaginación o fantasía los adivina o representa; la estimativa aprecia su utilidad o su nocividad; la memoria, especie de tesoro de las formas recogidas por los sentidos, conserva su imagen y las reconstruye (S. theol. I, LXXVIII, 4).
Los modernos, a partir de Francis Bacon, dan un giro al concepto de imaginación; así, este autor llega a firmar que la memoria, la imaginación y la razón son las tres facultades del alma racional; mientras la memoria es la base de la historia y la razón es la base de la filosofía, la imaginación es la base de la poesía (De augmentis scientiarum II, 1).
Así mismo, Bacon tenía la pretensión de construir un “método de descubrimiento”, una “lógica para crear y aumentar el conocimiento” (Novum Organum), mismo que debe ser útil al género humano, y como consecuencia, posibilitarle el dominio de la naturaleza en beneficio del hombre.
Si bien Bacon pretendía un incremento del saber, por lo tanto en clave cognoscitiva, enseguida el iluminismo y el positivismo llevaron esas nociones a todos los aspectos de la vida humana, proyectando el futuro como sinónimo de un mejoramiento creciente de la calidad de vida.
Sin embargo, esta idea de progreso como desarrollo lineal, en continuo crecimiento, que va de lo bueno a lo mejor, raya casi en un mecanicismo. Esta idea es compartida por filosofías que niegan la dimensión espiritual y religiosa, como el positivismo, el empirocriticismo e incluso el marxismo. Nuestra cultura está fuertemente influenciada por estas ideas, que sin embargo a veces se les olvida el factor imprevisto, como catástrofes, crisis, retrasos o la posibilidad de replantear y discutir los asuntos tenidos como inamovibles. Una muestra clara de esto, es la crisis que vivimos frente a la experiencia de COVID-19: ha venido a echar por tierra millones de proyectos, personales y comunitarios, económicos y culturales, etc. De esto todos somos testigos.
Frente a esta crisis global hay una cierta angustia que corre el riesgo de generar una falta de esperanza. Ya decía Dante en su famosa frase acerca del infierno: “Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza” (Infierno, III Canto, 9). Luego Dante pregunta a su guía acerca del sentido de la frase inscrita en esa puerta, a lo que éste responde:
“Hemos llegado al sitio que te he dicho en que verás las gentes doloridas, que perdieron el bien del intelecto”
Y sí, frente a la falta de compresión de lo que estamos viviendo y el dolor que esto provoca, la tentación es experimentar la existencia como un infierno con sus escenas “dantescas”, sin esperanza. Parece que la pérdida del intelecto llevara a ese sitio. En los versos anteriores (5-6) Dante hace referencia a la Santísima Trinidad cuando afirma: “Hízome la Divina Potestad, el Saber Sumo y el Amor Primero”, por lo que la pérdida del intelecto se refiere a la pérdida o ausencia del Verbo o Inteligencia del Padre.
Los antiguos griegos usaron el concepto “techne” con una vasta gama de significados, refiriéndose principalmente a las variadas artes. La tecnología moderna, por el contrario, comprende el saber en sentido de dominar, de manipular; ve el espacio físico como pura geometría y las leyes de la naturaleza como meras matemáticas y ha venido recorriendo varias “revoluciones”: la copernicana, la evolucionista, la psicoanalista hasta llegar a los albores de la informática, de Internet y la robótica. Hoy el ser humano tiene puesta su fe en la técnica, esa que surge de una superinteligencia (Big data) capaz de reunir tal cantidad de datos que serían imposibles de ser controlados por la mente humana y capaz de controlar las mismas elecciones y actividades del ser humano; en otras palabras, hoy el ser humano tiene conocimiento para realizar actividades que no podría imaginar a dónde llegarían sus consecuencias. Asistimos a una destrucción paulatina de la casa común en nombre del progreso, una época en la que por primera vez en la historia una especie (la humana) es la causa principal de cambios geológicos (la extinción de muchas especies vivas y el crecimiento anormal de otras con fines alimenticios principalmente) y climáticos; de acumular enormes cantidades de residuos tóxicos y de un acelerado proceso que termina con los recursos naturales, etc. Los totalitarismos y genocidios que hemos visto en los años recientes también serían extinciones en masa, en este caso también planeadas por el ser humano.
Frente a todos estos temas de actualidad podríamos preguntarnos: ¿qué podemos hacer? ¿con qué progreso queremos soñar? ¿qué hogar dejaremos a nuestros niños?, etc.
En este momento histórico de desconcierto el ser humano parece resistirse a comprender que no sólo es homo faber (hombre que hace o fabrica), sino también homo sapiens (hombre que piensa) y homo fictus (hombre que imagina, sueña, inventa); es decir, tenemos que imaginar otras formas de progreso, esas que den respuesta a este momento en que parece que no podemos “tener más”; construir a partir del momento y realidad presentes un nuevo imaginario en el que la tecnología no sea concebida simplemente como algo sin límites y sin la posibilidad de un replanteamiento crítico, redescubrir que si nos hemos equivocado es el momento de reorientar nuestro pensar y actuar.
El Niño-Dios que nació en Belén creció y llegó a la mayoría de edad: 12 años (Lc 2, 42). Se queda en Jerusalén mientras sus padre emprenden el viaje y al darse cuenta que no está en la caravana, regresan a buscarlo y lo encuentran viendo cómo todos los que lo oían estaban estupefactos “de su inteligencia y sus respuestas”.
El vocablo que se usa en el texto griego para hablar de “inteligencia” es “synesis”, que también se traduce en la Biblia de los LXX por saber y creer. El objeto de ese “saber” puede ser “el temor del Señor”, “derecho y justicia”, “que soy el Señor”, “el bien y el mal”, como en Prov 2,2-9: «prestando tu oído a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia; si invocas a la inteligencia y llamas a voces a la prudencia; si la buscas como la plata y como un tesoro la rebuscas, entonces entenderás el temor de Yahvéh y la ciencia de Dios encontrarás. Porque Yahvéh es el que da la sabiduría, de su boca nacen la ciencia y la prudencia. Reserva el éxito para los rectos, es escudo para quienes proceden con entereza, vigila las sendas de la equidad y guarda el camino de sus amigos. Entonces entenderás la justicia, la equidad y la rectitud: todos los senderos del bien».
Así, el saber en este sentido es un don de Dios y el ser humano lo puede perder por ser desobediente (Is 29, 14) y llegar así al infierno de Dante donde están los “que perdieron el bien del intelecto”; necesitamos imaginar nuevas historias, otros caminos para los más jóvenes, caminos llenos de esperanza y amor. Propuestas no faltan en la cultura actual, pensemos en el tema de la economía, siguiendo a Serge Latouche y su teoría del Decrecimiento expresada en las 8R para dar otro rumbo al desarrollo actual que se muestra insuficiente: Revaluar, Reconceptualizar, Reestructurar, Relocalizar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar, Reciclar. Las dos primeras reclaman fuertemente la imaginación.
Ya entonces en pleno iluminismo, Giambattista Vico cuestionó la idea lineal y unilateral de progreso y afirmó fuertemente que el progreso es fruto de la imaginación. Hoy necesitamos empujar con fuerza el carro de la vida para que nuestros niños y jóvenes descubran con gran imaginación y energía una nueva inteligencia de la vida, que nos devuelva la esperanza y recupere “el bien del intelecto”, que nos libre del infierno de violencia y muerte en el que en gran medida sigue sumergida nuestra patria, influenciada por colonialismos del pensamiento y formas de vida ajenas a nuestra cultura navideña, en la que lo central es la vida, una vida digna para todos, pues la Inteligencia del Padre se ha hecho carne, ha entrado en el tiempo. Estos sentimientos y sueños quieren ser expresados en la obra de nuestro ya conocido pintor queretano, Gabriel García Aguas, en su obra intitulada “El carril de los recuerdos” (Acrílico/lino; 120X90 cm; 2021): en un transfondo lleno de vida y de color los niños avanzan con esfuerzo que no se sufre, sino que empuja la sonrisa vital a un camino por trazar, con ilusión, imaginación y sabiduría, esa que se enriquece con uno que otro raspón que nos deja la vida. Ya lo dice el Papa Francisco: “Prefiero una Iglesia accidentada por salir, que enferma por estar encerrada”.
Trabajemos para erradicar el analfabetismo de la imaginación. Recobremos la esperanza “virtud [que] corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres” (Cat. de la Igl. Cat. n. 1818). Ya un autor del siglo pasado decía que la falta de esperanza puede adoptar dos formas: la presunción y la desesperación; la primera es “una anticipación inoportuna, arbitraria, del cumplimiento de lo que esperamos de Dios; mientras que la segunda es la anticipación inoportuna, arbitraria, del no cumplimiento de lo que esperamos de Dios”(1). Ambas formas de pecado contra la esperanza renuncian al carácter itinerante de ésta; no olvidemos, también somos homo viator (hombre que camina). El Niño que nos ha nacido caminó el camino de la cruz para mostrarnos que el Dios en el que creemos es el “Dios de la esperanza” (Rm 15, 13); como afirma E. Bloch: un Dios que tiene “el futuro como carácter constitutivo”.
Podemos imaginar un futuro ciñéndonos a lo esencial, pues durante el confinamiento de la pandemia hemos descubierto que hay tantas cosas que no son esenciales. Podemos imaginar un mundo lleno de una tecnología que no es mala en sí misma y que adquiere otras virtudes cuando se pone al servicio de la comunidad; podemos imaginar también un mundo que vuelva a acentuar las relaciones interpersonales y no “dialogar” sólo con las máquinas, etc. Siendo la esperanza una virtud teologal, es también nuestro destino. ¡Que vivan una navidad llena de esperanza y la celebremos con imaginación llena de caridad! ¡Feliz navidad!
Filiberto Cruz Reyes
Invierno de 2021
(1) Moltman, J; Teología de la esperanza. Salamanca 1989, p. 29.
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Primavera en Praga
El Cardenal Beran será sepultado en la Catedral de San Vito(1)
Giampaolo Mattei
Una revancha de la historia y de la justicia que hace excepcional la primavera 2018 en Praga: el pueblo entero de la República Checa ha recibido con los brazos abiertos el viernes 20 de abril el regreso a la patria de los restos del Cardenal Josef Beran, el “ariete” (este es el significado de su apellido en lengua checa) muerto en el exilio en Roma en 1969. Para todos, cristianos y no, Beran es todavía hoy el símbolo de la resistencia contra todos los totalitarismos a los cuales es necesario no ceder regateando la verdad.
Sepultado, por voluntad de Pablo VI, en la Basílica de San Pedro, Beran ahora regresa con todos los honores a su Catedral de San Vito, en el corazón de Praga. Precisamente donde fue arrestado el día del Corpus Domini de 1949 (jueves 16 de junio).
El 23 de abril, en el emblemático día de la memoria del mártir San Adalberto, obispo de Praga, será la ceremonia de sepultura. Y el deseo de Beran de regresar a casa tendrá finalmente cumplimiento. En 1965 el gobierno comunista tenía prisa en alejar a Beran de Checoslovaquia, tanto que durante el trayecto en auto hacia el aeropuerto les fue concedido sólo al hermano y a la hermana el saludarlo, pero sin que él descendiera del vehículo. Beran pidió poder pasar cerca de la Catedral de San Vito para poder volver a verla al menos desde la ventana, pero la respuesta fue negativa. No volvería a verla jamás. “Mi corazón permanece en Praga”, fue su respuesta.
La ceremonia de traslado desde las grutas vaticanas —la tumba estaba en la Capilla llamada “de la Bocciata”— fue presidida por el Cardenal Arcipreste Angelo Comastri. Beran, afirmó el purpurado, “ha vivido en modo extraordinario la última bienaventuranza de Jesús: “bienaventurados ustedes cuando los insulten, los persigan y calumniándolos dirán toda clase de males en contra de ustedes por causa mía, alégrense y regocíjense”. Por esto, agregó, “quisiera permitirme de orar: Señor, danos hoy muchos Obispos y muchos sacerdotes así”.
Este “ariete” de la Iglesia del siglo XX fue perseguido por sanguinarios totalitarismos: los nazistas lo arrestaron el 6 de junio de 1940 y lo internaron en el tristemente célebre lager de Dachau, en donde desempeñó el trabajo de barrendero y remendador de calcetines en el pabellón de los inválidos. “Nadie lo escuchó jamás lamentarse y todos lo veían sonreír”, recordaría después el Cardenal Stefan Trochta, su compañero de prisión.
Terminada la guerra, el 4 de noviembre de 1946 Pío XII nombró a Beran Arzobispo de Praga. Cuando los comunistas tomaron el poder en la entonces Checoslovaquia, buscaron ponerlo de su parte, entre halagos y amenazas. Beran se opuso públicamente a ellos, precisamente desde el púlpito de la Catedral de San Vito. Lo obligaron al silencio, al arresto domiciliario, sometiéndolo a presiones terribles. Y el 10 de marzo de 1951 lo deportaron, confinándolo en pueblecitos perdidos durante catorce años para tenerlo alejado del pueblo.
Después de muchos años, Beran recibió la inesperada visita de Monseñor Agostino Casaroli. “Tengo confianza en la Providencia, la he sentido junto a mi en el campo de Dachau y también ahora la siento cerca en esta prisión”, dijo al enviado del Papa. Finalmente se empezó a hablar de su liberación. Así, cuando y Casaroli y Beran se volvieron a encontrar fue en 1965 en un albergue en Praga. Para comunicarse usaron papel y pluma, por temor a que micrófonos espía interceptaran la conversación. Beran fue liberado y pudo partir hacia Roma en donde recibió el birrete cardenalicio. Pero no le permitieron regresar a su patria.
A Roma llegó con unos zapatos pesados de montañés y una vestimenta raída. Fue recibido especialmente por Monseñor Pasquale Macchi: Pablo VI, para manifestarle su afecto, había querido que el Cardenal fuera recibido por su secretario particular.
Beran participó en el Concilio Vaticano II y el 20 de septiembre de 1965 pronunció la conocida intervención a favor de la libertad de conciencia.
En 1965, según los acuerdos tomados con el gobierno, Praga tuvo un Administrador Apostólico elegido por la Santa Sede en la persona de Frantiek Tomáek, el “viejo roble”, otra gran figura de la Iglesia del siglo pasado, muerto en 1992 a la edad de 93 años. Beran murió en Roma el 17 de mayo de 1969 a los 81 años había nacido en Pilsen en 1888 con el título de Arzobispo de Praga que Pablo VI, subrayando la invicta fortitudo, quiso que conservara hasta la muerte no obstante las dimisiones ofrecidas más de una vez. Si bien, habiendo sido Arzobispo de Praga por 23 años, Beran pudo ejercer el gobierno solo por 3 años. Pero su ministerio, en realidad continúa todavía hoy.
(1) En L’Osservatore Romano, 22 de abril de 2018, p. 6.
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El informe McCarrick
Buscar la verdad para convertirse(1)
Federico Lombardi S.I.
El 10 de noviembre pasado se hizo público, en las dos versiones, italiana e inglesa, el “Informe sobre el conocimiento institucional y el proceso decisional de la Santa Sede respecto al ex Cardenal Theodore Edgar McCarrick”(2), elaborado en el transcurso de dos años de trabajo por la Secretaría de Estado por voluntad del Santo Padre Francisco.
No pocos se habrán preguntado si era necesario hacer público vía Internet tan voluminoso y detallado documento (447 páginas, con 1,410 notas), cuya lectura es no sólo dolorosa, sino pesada por el regreso frecuente sobre las mismas situaciones, y en algunas partes a tal grado de deber desaconsejarla a personas que por diversos motivos podrían quedar traumatizadas.
¿Porqué el Informe?
Las razones de su publicación son sin embargo muy fuertes y hacen referencia a dos preguntas principales que surgieron cuando apareció la gravedad de las imputaciones hechas al ex Cardenal, a las cuales el Informe pretende responder con intrépida verdad.
En la Iglesia en general, y en particular en los Estados Unido, las vicisitudes de los abusos sexuales han suscitados fortísimas reacciones no sólo por el horror de los crímenes cometidos, sino también por la mala gestión y el ocultamiento por parte de la autoridad eclesiástica también de alto nivel, tanto que se ha hablado de una “cultura” del ocultamiento. El caso del Cardenal McCarrick, por su extrema gravedad, dada la importancia del personaje, ha replanteado este problema no solamente al interior de la Iglesia de los Estados Unidos, sino también en relación con la Santa Sede, por los nombramientos de McCarrick a diversas sedes episcopales y su elevación al cardenalato. ¿Qué cosa se sabía de sus comportamientos en las diversas etapas de los procedimientos para los nombramientos, y en Roma, cuando fueron tomadas tales decisiones? Esta era la primera pregunta.
Además, el 26 de agosto de 2018 —cuando McCarrick ya había sido dimitido del Colegio cardenalicio, pero no todavía del estado clerical—, algunas declaraciones del ex Nuncio en los Estados Unidos, Mons. Carlo María Viganò, suscitaron gran escándalo. Esas, entre otras cosas, llamaban en causa directamente en tono acusatorio al Papa Francisco, pero involucraban también a su predecesor, el Papa Benedicto XVI, precisamente a propósito del Cardenal McCarrick y de la postura por ellos mantenida en sus relaciones a la luz de las imputaciones que estaban emergiendo sobre su conducta sexual en los años precedentes. ¿Qué cosa sabían por lo tanto los últimos dos Papas y cómo se habían conducido en tal situación? Esta era la segunda pregunta.
Las dos preguntas eran evidente muy graves, referente a la credibilidad del gobierno de la Iglesia en un aspecto importante como la elección y el nombramiento de sus pastores. Se trataba además del sensibilísimo campo de los abusos sexuales, en el cual, como es sabido, la Iglesia está empeñada en un difícil proceso de renovación y conversión, en el cual verdad y transparencia son aspectos cruciales. Era necesario por lo tanto, dedicarse con gran empeño a comprender adecuadamente qué cosa había acontecido y cómo había sido posible que una persona que finalmente había sido públicamente reconocida gravemente culpable hubiera llegado a los niveles más altos de la jerarquía eclesiástica.
El Informe se presenta por esto como el resultado de una investigación bastante profunda, realizada específicamente “sobre el conocimiento institucional y sobre el proceso de toma de decisiones de la Santa Sede”. La investigación ha sido no solo documental (sobre todo en los diversos archivos más directamente interesados: Secretaría de Estado y diversas Congregaciones Romanas, Nunciatura en los Estados Unidos, Diócesis en donde vivió y trabajó McCarrick: New York, Metuchen, Newark, Washington), sino también integrada por cerca de noventa entrevistas. Los resultados son presentados siguiendo rigurosamente el orden cronológico de las diversas etapas de la vida de McCarrick, desde su promoción al episcopado en 1977 hasta la acusación, presentada a la diócesis de New York en 2017, de haber abusado sexualmente de un menor en los inicios de los años noventa.
Esta acusación —en absoluto la primera circunstanciada que concerniera a un menor— fue rápidamente examinada y reconocida creíble. De aquí la dimisión de McCarrick del Colegio Cardenalicio en julio de 2018 y el proceso canónico conducido por la Congregación para la Doctrina de la fe, en el cual surgieron otras graves pruebas, y que concluyó a los inicios de 2019 con el decreto de dimisión del mismo McCarrick del estado clerical, por ser “culpable de solicitación durante el Sacramento de la Confesión y de pecados contra el Sexto Mandamiento con menores y adultos, con el agravante de abuso de poder” (p. 435). Pero, como se ha explicado, las Actas de este último proceso no son el objeto del Informe, que por el contrario se concentra sobre todo el periodo precedente.
Resultados del Informe
En apretada síntesis, reenvío al texto del Informe mismo para más información, puede ser útil señalar los puntos siguientes.
En ocasión del nombramiento de Mons. McCarrick como obispo auxiliar de New York por parte de Pablo VI en 1977, en el transcurso del proceso informativo previo a todo nombramiento episcopal ninguno de los interrogados “refirió de haber asistido o escuchado hablar del hecho que McCarrick se comportara de modo impropio, ni con adultos ni con menores” (p. 5). En ocasión de los sucesivos nombramientos como Obispo de Metuchen (1981) y Arzobispo de Newark (1986), McCarrick fue muy alabado “y no surgieron informaciones creíbles que sugirieran una conducta incorrecta de su parte” (p. 5).
Por el contrario, su nombramiento como Arzobispo de Washington, decidida por Juan Pablo II en el 2000, fue muy laborioso. Durante ese tiempo habían surgido voces de comportamientos seriamente imprudentes con jóvenes varones, adultos y seminaristas, una acusación de actividad sexual homosexual con dos sacerdotes, y habían llegado cartas anónimas con acusaciones de pedofilia. Habían existido por lo tanto dudas sobre la oportunidad de una visita del Papa Juan Pablo II a Newark durante un viaje a los Estados Unidos en 1995, que sin embargo fueron superadas. En seguida el Cardenal O`Connor, Arzobispo de New York, si bien no pudiendo pronunciarse en modo seguro sobre la sustancia de las acusaciones sobre las cuales permanecían dudas, dio un parecer negativo sobre la promoción de McCarrick a las sedes (cardenalicias) de Chicago y New York, que en un primer momento fue compartido por la Congregación de los Obispos y el papa.
Una investigación realizada por el Nuncio en Washington ante cuatro Obispos estadounidenses considerados bien informados confirmó las conductas imprudentes, pero no dio resultados definitivos (el Informe dice expresamente que, en base a cuanto se sabe hasta ahora, “tres de los cuatro interpelados ofrecieron a la Santa Sede informaciones no precisas y, además, incompletas”). McCarrick, informado de las acusaciones, escribió una carta al secretario del Papa, Mons. Dziwisz, en la cual proclamó con gran fuerza su inocencia. Respaldado también en otros pareceres autorizados, Juan Pablo II, que conocía y estimaba a McCarrick, decidió finalmente su nombramiento de Arzobispo de Washington, y poco después su admisión al Colegio cardenalicio.
Bajo el pontificado de Benedicto XVI inicialmente no hubo novedades, tanto así que al cumplirse el término de los 75 años, en el 2005, el mandato arzobispal de McCarrick fue prolongado por dos años; pero al término del mismo año llegaron nuevos detalles sobre una de las acusaciones ya anteriormente conocidas respecto a un adulto, de tal manera que en el 2006 McCarrick fue invitado a dimitir. La preocupación por el posible resurgir de las acusaciones fue objeto de estudio y reflexión, pero, tratándose de acusaciones no claramente probadas sobre hechos ya pasados en el tiempo, no referentes a menores, y de un Cardenal ahora ya sin compromisos pastorales, el Papa Benedicto no consideró oportuno iniciar un proceso canónico, sino que decidió apelar a la responsabilidad de McCarrick, recomendándole (no imponiéndole), a través del Prefecto de la Congregación de los Obispos, el Cardenal Re, de llevar un perfil más bajo y de conducir una vida más retirada(3).
Esto en realidad no sucede. McCarrick continuó una actividad intensa de viajes, de múltiples relaciones y de intervenciones públicas, de las cuales los Nuncios y las autoridades romanas eran conscientes. Del resto, el recordado Nuncio Sambi admitía claramente que McCarrick era “incapaz” de llevar una vida retirada. Esta era por lo tanto la situación también durante el mandato en Washington del Nuncio Viganò y en los primeros años del pontificado del Papa Francisco, que no modificó la línea del predecesor. Esto hasta que surgió la acusación relativa a un menor, de lo cual se ha hablado y que fue motivo de una intervención decisiva e inmediata del Papa.
¿Cómo ha sido posible?
Un aspecto que no puede pasar desapercibido es que McCarrick era efectivamente una persona de dotes humanas excepcionales: inteligencia aguda, capacidad de trabajo formidable, talento organizativo, de gobierno y diplomático; don de relaciones cordiales y agradables con personas de todo tipo de nivel social, también altísimo; múltiple y amplia variedad de campos de interés y de empeño, óptimo conocimiento de varias lenguas y grandes dotes comunicativas, viajero incansable, etc. Desde el punto de vista eclesiástico, se puede agregar una sólida formación doctrinal, un empeño pastoral real, una actitud atenta a la ortodoxia y a las buenas relaciones con Roma. En fin, la mayor parte de las personas que le conocían no se sorprendieron de su éxito, de las tareas que le confiaron y del vasto aprecio que lo circundaba. El Informe no falta de referir opiniones altamente elogiosas, muy autorizadas y ciertamente sinceras. McCarrick ha sido miembro de un gran número de Comisiones en la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, estuvo encargado de relaciones a muy alto nivel en el campo ecuménico, del diálogo con el hebraísmo y con otras religiones.
El número de sus viajes a diversas partes del mundo, puntualmente enumerados en el Informe, es increíble. Frecuentemente se dirigía a lugares a donde había necesidades humanitarias o de la Iglesia, en donde no faltaban riesgos y dificultades, y a donde pocos otros norteamericanos eclesiásticos de alto rango estaban dispuestos a dirigirse. Muchos de estos viajes, si bien no acompañados de un mandato diplomático formal, eran ocasión de contactos e informes útiles para la Iglesia, que él comunicaba a las autoridades romanas y también a los Papas con una intensa correspondencia. Su capacidad de reunir donativos y de distribuirlos para el servicio de la Iglesia o para fines humanitarios era conocido y de amplio aspecto (se puede recordar su rol en el nacimiento de la Papal Foundation), cosa que naturalmente le atraía contactos y le procuraba influencia y vínculos de gratitud. Sin embargo, el Informe especifica que no hay motivos para pensar que esta actividad fuera desarrollada principalmente con fines de interés personal. En realidad, McCarrick nunca pidió un estipendio en las diócesis que gobernaba, ni una pensión después de la dimisión como Arzobispo; el deseo de bienes materiales no parece por lo tanto un lado débil de su personalidad.
Se recuerda todo esto, porque no sería justo negar el bien por él hecho, pero también —y en este contexto sobre todo— porque puede ayudar a entender la dificultad de comprender y valorar adecuadamente el lado dramáticamente negativo de su personalidad y de sus comportamientos. Para muchos era más fácil creer que las acusaciones vinieran de envidias y oposiciones por su intensa actividad, más que de sus graves faltas. En particular por lo que se refiere a Juan Pablo II, además de lo bastante incompleto de las informaciones, el Informe presenta testimonios según los cuales la experiencia personal vivida por el entonces Arzobispo Wojtyla en Polonia, en donde el régimen hacía amplio uso de falsas acusaciones para desacreditar a sacerdotes y prelados, puede ayudar a comprender la decisión del Papa para su nombramiento a Washington.
Por lo demás, como observa el Informe, también la prensa independiente —que también en 2002 había investigado exhaustivamente sobre la Diócesis de Boston y el Cardenal Bernard Law por los casos de abuso sexual sobre menores y su ocultamiento—, aunque circularon voces e indiscreciones en contra del Cardenal McCarrick, no alcanzó a recoger testimonios creíbles y seguros para fundar acusaciones en su contra, dado que ninguna de las personas interrogadas por los periodistas se quiso expresar con declaraciones precisas, y así se terminó el asunto. El conocido vaticanista John Allen deja también entender que el liderazgo de McCarrick y sus buenas relaciones con la prensa como fuente de noticias importantes e interesantes pudieron haber jugado un papel de prejuicio en su favor (cfr. pp. 221 ss).
Al mismo tiempo, nos parece oportuno señalar unos datos del Informe que por lo demás parece que permanecieron en la sombra hasta ahora: respecto a la ambición. El Informe refiere que, con ocasión del nombramiento de McCarrick a Metuchen (1981), los informantes dieron pareceres muy positivos, «la única preocupación que se refería era “su evidente ambición de ser promovido en la jerarquía eclesiástica”. La terna(4) apuntaba que la cuestión de la ambición de McCarrick había surgido desde la primera candidatura de McCarrick en 1968, pero que “los entrevistados que mencionaron tal defecto en él no retiraron su propio voto al candidato: uno de la época escribió al Delegado Apostólico que habría sido equivocado excluirlo solo por ese defecto”» (pp. 27 ss.). Nos sea permitido observar que la cuestión no parece tan marginal. La carta en la cual McCarrick profesa solemnemente su inocencia en ocasión de las oposiciones de su nombramiento a Washington (u otra sede cardenalicia), y que permanece un punto clave, de verdad desconcertante, de todo asunto, ¿no es tal vez el fruto de su deseo incontrolable de alcanzar las cimas más altas de la jerarquía eclesiástica? Y más tarde, su evidente incapacidad de adaptarse a las recomendaciones de una vida más retirada después de su dimisión de arzobispo ¿no es el fruto de su evidente necesidad, hoy incontrolable, de ser continuamente objeto de atención y no ser “olvidado”?.
Se puede también observar que, con sus indudables capacidades y su empeño, McCarrick llegó a ser parte, como deseaba, del “círculo de las personas que cuentan”, al interior del cual se puede desarrollar un sentido de pertenencia que llega a impedir ver las situaciones con aquella libertad y objetividad que son necesarias para responder a los problemas difíciles, indeseables y vergonzosos. Parece que no solo McCarrick haya permanecido prisionero, sino también quien estaba en relación con él, hayan permanecido en cierta medida involucrados, sino es que evidentemente engañados.
En el delicado procedimiento para el nombramiento a puestos de alta autoridad —para el episcopado, pero también en otros casos— parece bien por lo tanto prestar gran atención no solamente a las señales de comportamientos peligrosos o ambiguos referentes a la esfera sexual, sino también a aquellos que manifiestan fragilidad respecto a la ambición. Esta puede en efecto corromper también otros aspectos de la conducta moral y del buen uso de la autoridad.
Algunas lecciones
Pero evidentemente al centro de la cuestión y del Informe están los reportes sobre el comportamiento sexual de McCarrick, que desgraciadamente por muchísimo tiempo fueron casi siempre anónimos o no circunstanciados o incompletos o —así parecía— de incierta credibilidad. Pero en diversos casos estuvieron evidentemente infravalorados o también simplemente callados, de tal modo que no alcanzaron los más altos niveles de los procesos de toma de decisión.
El anonimato de algunas acusaciones, que se revelan fundadas —como la primera, ya en los años ochenta, de una madre preocupada por sus hijos(5)— es un aspecto sobre el cual es necesario reflexionar atentamente. En cuanto sea justo pedir que las acusaciones sean siempre hechas asumiendo claramente la responsabilidad, no se puede negar que a veces sea extremadamente difícil, si no es que imposible, tener el valor de hacer acusaciones graves en contra de personas con autoridad y poder muy superiores a los del acusador, en quien se nutre el fundado temor de no ser creído o de ser objeto de represalias. Era evidentemente esta la situación en el caso McCarrick.
Justamente por esto el nuevo y esperado Vademecum para tratar los casos de abuso sexual, publicado por la Congregación para la Doctrina de la fe, en su primera versión del 16 de Julio pasado, invita a no desechar automáticamente las denuncias anónimas, sino a considerar si contienen elementos creíbles(6).
Otros problemas fueron muy infravalorados, como los comportamientos imprudentes notorios respecto de seminaristas o jóvenes adultos(7). El hecho que por lo demás no hubiera actos sexuales explícitos y que no estuvieran involucrados menores no basta absolutamente para justificar la prolongada tolerancia, tal vez favorecida entonces por un clima cultural muy ambiguo a cerca de las relaciones entre los sexos en general, y las relaciones homosexuales en particular. También a este propósito las condiciones de autoridad del arzobispo respecto de los seminaristas o jóvenes sacerdotes confería extrema gravedad a estos hechos, y al mismo tiempo hacía muy difícil la denuncia. Era extremadamente verosímil que hubiera un abuso de poder. Es necesario agregar también que era del todo ingenuo e inverosímil pensar que en un comportamiento frecuente de tal género se hubiera tratado siempre de relaciones correctas sin superar el confín de la relación sexual, así como el confín de la edad de las personas involucradas.
Por esto, las normas contenidas en el reciente “Motu Proprio” Vos estis lux mundi, de mayo de 2019, insisten sobre la obligación de denuncia por parte de todos los eclesiásticos y religiosos, también respecto de los superiores jerárquicos y también cuando se trate de abusos sexuales referentes a personas adultas, y sobre toda la organización en todas las diócesis de oficinas en las cuales (no solo los eclesiásticos) puedan presentar sus denuncias en condiciones de seguridad(8).
El miedo al escándalo ejerce una fuerte presión negativa sobre quien debe o debería informar, o sobre quien debe tomar decisiones de acción. También esto es comprensible. Frecuentemente se prefiere atenuar, por prudencia o malentendida benevolencia hacia el acusado, o callar, o esperar, con la esperanza que el problema no se repita. También esto sucedió en el caso McCarrick. El Informe describe la evidente incomodidad de quien, si bien teniendo altas responsabilidades, no sabía cómo gestionar la situación de frente al surgimiento de las acusaciones, y por lo mismo invitaba a retirarlas, u ofrecía información incompleta o inexacta, cuando se le solicitaba desde niveles superiores. Pero las consecuencias de tales comportamientos y omisiones , como sabemos, fueron muy graves, tanto que hoy, a la luz de la experiencia y de la conciencia madurada, hemos aprendido a considerarlos inexcusables y de sancionar.
Por esto, el reciente Vademecum es un instrumento necesario para ayudar a todos los Obispos y a las otras personas responsables a saber claramente cómo comportarse de frente a los casos de abuso, y por esto las recientes leyes obligan a denunciar no solamente los abusos cometidos, sino también sus encubrimientos y las omisiones por parte de los responsables eclesiales, que han de considerarse también estas faltas de extrema gravedad(9).
Al progresar la carrera eclesiástica de McCarrick a niveles siempre más altos, el riesgo del escándalo se hizo cada vez más grande y la aplicación de los remedios siempre más difícil con el pasar del tiempo. Al final, solo la valentía de una víctima de quedar al descubierto con una denuncia circunstanciada permitió afrontar la cuestión en toda su gravedad —recopilando también otros testimonios muy pesados— y comprender las dimensiones que habían continuado ocultas de modo continuo y que, además del abuso sexual y de poder, comprendían también el de conciencia en la forma muy grave del abuso del sacramento de la confesión.
Reflexiones conclusivas
Al valor de las víctimas —que también en este caso, como se debe reconocer, ha tenido un papel determinante— se debe añadir el valor de la autoridad de la Iglesia, sin olvidar, como ha señalado varias veces el Papa Francisco, que éstas se deben sentir sostenidas por la solidaridad y la responsabilidad de los miembros de la comunidad eclesial en la difícil tarea de la lucha contra los abusos de todo género.
En el ya largo camino eclesial de toma de conciencia y de purificación de frente al crimen de los abusos sexuales y a los sufrimientos de los cuales ha sido causa, el Informe McCarrick se presenta como un nuevo paso importante. Es un camino que se ensancha y profundiza en sus prospectivas, considerando no más ya solo los menores, sin también las personas vulnerables; no solo el abuso sexual, sino también sus conexiones con el abuso de conciencia y de poder. El presente Informe es en sí mismo un acto de valentía y de humildad. Demuestra que el examen de conciencia en la Iglesia llega hoy a involucrar sus niveles más altos, se empeña en no tener miedo a la verdad, no se limita a hablar de accountability, sino busca efectivamente de rendir cuentas de los errores que han sucedido y de sus causas, si bien esto es difícil y doloroso. Al mismo tiempo, como se ha explicado, contribuye a estar más atentos y a mejorar las normas, como es un deber para que siempre sea más difícil que se verifiquen escándalos y crímenes de esta gravedad.
Más difícil, pero no imposible, porque sobre esta tierra debemos siempre lidiar con el mal y el pecado. Hace ya mil años, en el 1051, San Pedro Damián, en su Liber Gomorrhianus, se lanzaba con fuerza contra la plaga del comportamiento inmoral entre los pastores de la Iglesia, condenaba en particular la difundida homosexualidad, y no solamente, sino la tolerancia culpable de los superiores respecto de los eclesiásticos indignos, pidiendo intervenciones más drásticas(10). Los dramáticos escándalos salidos a la luz estos años a propósito de los abusos sexuales, los más clamorosos de los cuales son los de Marcial Maciel, Fernando Karadima y Theodore McCarrick, pero a los cuales se agregan desgraciadamente muchos otros, nos hacen también más conscientes que la lucha contra el mal es terriblemente difícil e insidiosa. La realidad supera continuamente nuestra imaginación. Existe un “misterio de iniquidad” con el cual tenemos que lidiar con un empeño moral y espiritual sin descanso, sin desanimarnos y confiando en Dios, en su gracia y en su misericordia.
En conclusión, meditando en la desconcertante figura de McCarrick con sus contradicciones, nos sea lícito citar algunas líneas, citadas en el Informe, de una carta por él escrita en 2006 al Cardenal Parolin, en las cuales él habla de un próximo viaje suyo para el diálogo con los musulmanes: “Los shiítas han indicado gentilmente que quisieran que yo estuviera presente en estos encuentros. No estoy seguro si sea porque piensen que soy prudente o porque piensan que simplemente amo ir a cualquier encuentro. Temo que sea probable lo segundo más que lo primero y por lo tanto quiero aclarar por siempre que, en cualquier momento Vuestra Eminencia piense que deberé retirarme a un lugar sagrado y orar por la salvación de mi alma en vez de andar de gira por el mundo, obedeceré, obviamente, a tales instrucciones” (p. 428). Ahora que McCarrick ha efectivamente terminado de andar de gira por el mundo, no solo aprendimos las duras lecciones de su caso, sino oremos con él por la salvación de nuestras almas.
(1) Texto publicado en La Civiltà Cattolica 2021 I 59-70 | 4093 (2/16 gennaio 2021). Traducción: Filiberto Cruz Reyes.
(2) http://www.vatican.va/resources/resources_rapporto-card-mccarrick_20201110_it.pdf (Texto íntegro). Una síntesis en A. Tornielli, “Il Rapporto su McCarrick, pagina dolorosa da cui la Chiesa impara”, en Vatican News, 10 noviembre 2020. Las citas en el texto del artículo se refieren a la paginación del original italiano.
(3) En las Secciones dedicadas a este periodo, el Informe presenta una precisa y amplia documentación relativa a las actividades y a las posiciones de Mons. Viganò, primero en la Secretaría de Estado y después como Nuncio en Washington, en respuesta a sus conocidas declaraciones públicas de agosto de 2018, que fueron muchas veces contestadas.
(4) En vista de los nombramientos episcopales es preparada una «terna» de candidatos, en base a los informes recogidos generalmente por el Nuncio. La terna es presentada a la Congregación competente —en este caso, la de los Obispos— y últimamente al Papa.
(5) De esta acusación con carta anónima, que se remonta a mitad de los años ochenta, no se encontró documentación en algún archivo, pero la autora, una madre de familia, habló detalladamente con ocasión del proceso y su testimonio es muy luminoso sobre los comportamientos abusivos de McCarrick, sobre su insidia y sobre la dificultad para denunciarle (cfr. pp. 37-47).
(6) Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Vademecum sobre algunas cuestiones procesales ante los casos de abuso sexual a menores cometidos por clérigos, n. 11. El texto completo en http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20200716_vademecum-casi-abuso_sp.html (la versión en español). Este Vademecum es un importante subsidio preparado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, no como nuevo documento normativo, sino como un “manual” para que los Obispos, los otros responsables eclesiales y los operadores del derecho sepan cómo afrontar las situaciones de abuso sexual de menores por parte de clérigos. Había sido anunciado con ocasión del “Encuentro internacional sobre los abusos”, convocado por el Papa Francisco en febrero de 2019. Se trata de un documento que será continuamente actualizado a la luz de la experiencia y de la nuevas normas que se emanarán sobre este tema.
(7) Se trataba en particular de compartir el mismo lecho, con motivo de estancias en una casa de vacaciones o de viajes o en otras ocasiones.
(8) Cfr. F. Lombardi, “Protezione dei minori. I passi avanti del Papa dopo l’incontro di febbraio 2019”, en Civ. Catt. I 155-166.
(9) Véase a este propósito el “Motu proprio” Vos estis lux mundi, ya citado, como también el anterior Como una madre amorosa, de 2016.
(10) Cfr. Patrologia Latina (Migne, CXLV, col. 159-190). Uno de los acusadores de McCarrick, citado en el Informe, evoca este impresionante opúsculo del Santo Reformador medieval.