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En Navidad nace La Paz

«Gloria a Dios en las alturas
y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace»
Lc 2, 14
La Navidad es pan
Se acercan ya esos días que preceden a la Navidad y surge esa pregunta constante: ¿mamá, cuándo vamos a poner el Nacimiento? Le llamamos así a la representación del Nacimiento de Jesucristo, lleno de figuras de todo tipo de materiales y tamaños: las hay de barro y porcelana, de plástico y papel; pequeñas y grandes, de los más variados colores y texturas. Cuando llega el momento en torno a los días en que empiezan las posadas, se desempolvan cajas llenas de artículos para la ocasión: esferas, heno, figurillas de animales: el buey, la mula, guajolotes, gallinas y otras aves de corral; elefantes, caballos, leones, osos, panteras, jirafas, cerdos y cuanto animal pueda uno imaginar. Hay personajes que no pueden faltar: los reyes magos, los pastores y pastorcitas haciendo diversas labores, beduinos, el ángel, etc; y por supuesto los personajes estelares: san José, la Virgen María y el Niño Dios.
Dice el Papa Francisco a propósito del Nacimiento o Belén: “En este sencillo y maravilloso signo del belén, que la piedad popular ha acogido y transmitido de generación en generación, se manifiesta el gran misterio de nuestra fe: Dios nos ama hasta el punto de compartir nuestra humanidad y nuestra vida. Nunca nos deja solos; nos acompaña con su presencia escondida, pero no invisible. En toda circunstancia, tanto en la alegría como en el dolor, Él es el Emmanuel, Dios con nosotros”(1). En medio de este ambiente festivo no puede faltar el momento de compartir la mesa, las viandas tradicionales de cada lugar, recetas transmitidas de generación en generación en las familias. En esos días somos más sensibles para perdonar y olvidar las ofensas, estamos dispuestos a compartir el pan: en el fondo intuimos lo que afirma Francisco: “El Hijo de Dios, viniendo a este mundo, encuentra sitio donde los animales van a comer. El heno se convierte en el primer lecho para Aquel que se revelará como «el pan bajado del cielo» (Jn 6,41). Un simbolismo que ya san Agustín, junto con otros Padres, había captado cuando escribía: «Puesto en el pesebre, se convirtió en alimento para nosotros» (Serm. 189, 4)”, (Admirabile Signum, n. 2). Cuando compartimos el pan, la comida más sencilla sabe a gloria, a Pan de Vida, a Navidad, pues Jesucristo es el “pan único y partido” (Cfr. 1 Cor 10, 16-17) que los hermanos reunidos comparten. Nace ahí, en Belén, “casa del pan”, eso es lo que significa.
La Navidad es flor
Es en el contexto de una cena con sus amigos, en la armonía y paz del hogar prestado, en el que Jesucristo entrega su cuerpo como el más grande signo de su amor por la humanidad. Fue en la última cena cuando Judas decidió poner fin a la armonía y a la paz de sus hermanos y amigos; víctima de oscuros anhelos fue solitario en pos de la mano fratricida, de esa mano que hace que hoy México salpique sangre; porque detrás de cada muerte violenta hay nombres concretos, de quien da la orden y de quien la ejecuta. La paz es frágil como una flor, es bella y quien se siente ajeno a ella intentará cortarla, pisotearla, trillarla. Al mirar cada Estado de nuestra patria, sumidos en la violencia, la situación de Ucrania o tantos sitios en el mundo víctima de las armas fraticidas constatamos lo que el Papa Francisco afirma, que la Tercera Guerra Mundial ya está aquí “en pedazos”, con todas sus secuelas: dolor, hambre, sufrimiento y muerte. Esto debería convencernos que la guerra no es problema solo de los otros, a todos nos afecta y lastima; la paz es una, o es de todos o de nadie.
Ya entre los antiguos atenienses decía Isócrates que la ambición inclina a la guerra, y que toda guerra tiene un costo, por eso los dirigentes de los pueblos deben ser prudentes en el tomar decisiones; que había que guardar y cumplir los tratados; que hay que reprender la necedad y locura de quienes hallan utilidad en la injusticia. Exhortaba a sus compatriotas a darse por bien servidos si podían vivir con seguridad, abundar en lo necesario para la vida, vivir en unión y concordia, así como merecer la estima de los demás pueblos (Oración social o de la paz). Esos consejos siguen vigentes también hoy entre nosotros, más cuando vemos cómo escala la violencia en nuestra patria ahora con tintes de terrorismo en contra de la sociedad civil (primeros días de agosto): un estado de derecho socavado, la utilidad económica injusta de quienes venden y trafican las armas asesinas que inundan nuestra patria y la aquiescencia internacional de ciertas autoridades, regiones del país que sufren escasez de alimentos porque la violencia que sufre el transporte es inusitada, etc.
A ese estado de bienestar que es contrario a la guerra o la suspende, los antiguos griegos lo llamaron eirene (después los romanos le llamaron pax); es una situación basada en el orden y el derecho, y lleva consigo prosperidad y bendiciones; puede designar también el comportamiento pacífico. En la versión griega de la Biblia de los LXX eirene sustituye casi siempre al concepto hebreo de Shalom, para indicar el bienestar o prosperidad que viene de Dios, la salud corporal (Is 57, 18-19), la tranquilidad (Gn 26, 29), el entendimiento pacífico entre los pueblos y los hombres (1 Re 5, 26; Jc 4, 17), la salvación (Jr 29, 11).
En el Antiguo Testamento se anuncia una era mesiánica, en la cual dice el profeta Isaías: “Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar” (Is 11, 6-9). El profeta anuncia un tiempo en el que la humanidad conocerá a Dios y vendrá la paz, pues desconocer a Dios es envilecerse, deshumanizarse, por eso el mismo profeta denuncia la ignorancia o nescientia (no ciencia, no conocimiento) del ser humano respecto a Dios: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne” (Is 1, 3). Esto es lo que quiere expresar el Nacimiento navideño, la llegada del Mesías y la paz que trae con su presencia, por eso el Nacimiento admite figuras de todo tamaño aunque no estén a escala, pues no es una maqueta, sino una profesión de fe en Jesucristo que es nuestra paz (cfr. Ef 2, 14) y es capaz de hacer que todas las personas y todos los pueblos podamos vivir en paz.
Tampoco puede faltar la estrella en el Nacimiento, es la que va conduciendo a los reyes magos hasta el lugar de su peregrinación. La “flor de nochebuena” también conocida como “estrella de navidad” es parte esencial del entorno del Nacimiento; ambas estrellas son símbolo de un niño que nace “a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1, 79).
La Navidad es vida
De nativitas, -atis en latín, deriva el vocablo “natividad”, y luego de ahí por abreviación “navidad”, que significa “nacimiento”, “generación”. Por eso celebrar la Navidad es una vocación, una tarea; trabajar para que todo ser humano tenga una vida digna es algo irrenunciable y brota del mensaje del Niño ya adulto: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10), es decir, tener una vida en paz.
Pero la paz puede ser desconocida (Lc 19, 42), menospreciada y ensombrecida (Rm 3, 12.17), o rechazada (Lc 10, 5-6); Satán se opone a ella (Rm 16, 20). La paz es el nacimiento de una persona: Juan el Bautista (Lc 1, 79) y Jesús (Lc 2, 14).
Al ser anunciada por Jesucristo, los hombres llegan a ser pacificadores, constructores de paz: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9).
El Papa Juan XXIII, hoy Santo, en el contexto de la “guerra fría” y la crisis de los misiles de cuba, nos regalaba ese bello documento intitulado Pacem in terris (La paz en la tierra), sobre la paz entre todos los pueblos, que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Si bien se refería a las relaciones entre los pueblos, lo mismo vale para las relaciones al interior de cada nación.
La verdad debe tener siempre en cuenta la dignidad de cada persona y eliminar todo tipo de racismo; las personas pueden diferir en los diferentes grados de cultura o desarrollo económico, sin embargo esto no podrá nunca justificar el hecho que unas hagan valer injustamente la propia superioridad sobre las otras. Respecto de la justicia no podemos dejar de unir el reconocimiento de los derechos al cumplimiento de los deberes. Las personas tienen el derecho a la existencia, al propio desarrollo, a los medios idóneos para lograrlo y ser las primeras artífices en la realización del mismo. Tendríamos que crecer en la conciencia de la fraternidad como un verdadero derecho, y no solo permanecer en la solidaridad, por otra parte siempre necesaria. En este campo está el tema de las migraciones y la sola presencia del otro nos interpela, es un hermano. Sobre la libertad es necesario recordar que nadie tiene el derecho de ejercitar una acción opresiva sobre otra persona, baste pensar en tantas formas de esclavitud modernas: trata de personas, trabajo infantil, etc. Es necesario educar a los niños y jóvenes en un sentido de responsabilidad.
Frente al grave problema de la violencia muchos juristas proponen en los últimos años trabajar en lo que se viene llamando la “justicia transicional”, que retoma algunos de los elementos antes mencionados. Creemos que la paz es posible, tiene que ser posible y debemos imaginar caminos que nos conduzcan a ella. Podemos imaginar la paz como una niña: hermosa, radiante, frágil y expectante; tal vez como la imagen que acompaña nuestra sencilla reflexión, obra del Maestro queretano Gabriel García Aguas, intitulada “La paz de María Magdalena”. Por todo lo anterior decimos que la Navidad es pan, es flor, es vida trillada y resucitada, tal vez en eso pensaba Sor Juana cuando decía:
“En casa de pan
cual trigo floreado
estáis en la paja:
vos seréis trillado”.
¡Feliz Navidad!
Pbro. Mtro, Filiberto Cruz Reyes
Navidad 2022
(1) Francisco, Papa; Liturgia de la palabra y firma de la Carta sobre el pesebre. Santuario franciscano de Greccio, Italia; 1 de diciembre de 2919.
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1º de Noviembre + 3941

Era un 1º de noviembre cuando nació mi hermana Cirenia. Años después, fue también 1 de noviembre, de 2003, cuando Don Mario de Gasperín Gasperín VIII Obispo de Querétaro erigió la Parroquia de Jesús de Nazareth, en la Colonia Colinas del Cimatario, de nuestra querida Ciudad de Querétaro. En el mismo acto me nombró primer párroco de la misma. El territorio parroquial se desmembró de la Parroquia del Misterio de Pentecostés, que cuando fue erigida (en esa Misa serví como Diácono) también por Don Mario de Gasperín, nombró primer párroco al Padre Juan Manuel Pérez Romero, Maestro entrañable que la pandemia nos arrebató en silencio. En el momento de la creación de Jesús de Nazareth, el párroco de Pentecostés era el Padre Fidencio López Plaza, entonces también Vicario de Pastoral y hoy X Obispo de Querétaro.
Esta foto fue tomada ese 1º de noviembre de 2003 al terminar la Misa. En ella aparece el Padre Fide, el Padre Eduardo Ortiz, de Tijuana, y hoy párroco en la violenta Colonia Sánchez Taboada de esa violenta ciudad. Mi papá fue a acompañarme después en 2019 a la Capilla San Felipe de Jesús, que fue el lugar donde el Señor me resguardó de la tormenta del Covid entre otras; ahora mi padre descansa en la paz y la misericordia de Dios. Mi sobrina Gisela, a quien sostengo en brazos, ya es universitaria. Hoy, en su cumpleaños, mi hermana Cirenia está internada desde hace 7 días en el Hospital, les ruego oren por ella. Mi madre nos sostiene a todos con su amor invicto, con su fe probada.
No pude llegar a casa parroquial alguna en ese momento, pues no existía; pasaron algunos días mientras se rentó una casa fuera del territorio parroquial para que el párroco viviera, en la Vista Alegre 3ª sección. Luego de discernir con el Consejo parroquial se tomó la decisión de iniciar los trabajos para terminar el Templo parroquial que estaba en obra negra, en lo cual habían laborado varios sacerdotes con la comunidad: se mandó realizar la sagrada imagen de Jesús de Nazareth con el Maestro Juan José Méndez, se hicieron las bancas, etc. Años después, se trabajó en la construcción de las instalaciones de servicios y salones, la terraza, etc. Finalmente la tercera etapa consistió principalmente en la casa parroquial, y así después de 3941 días en el exilio(10.7 años) pude llegar a vivir a la Casa parroquial durante 11 meses. En ese tiempo también se adquirieron dos predios pegados al primero que ya existía y se llevó a cabo el estacionamiento. Fueron días de alegría y trabajo, aprendizaje y fallas humanas del párroco novato, pero sobre todo de experimentar la gracia de Dios. Gracias a todas las personas con quienes caminamos juntos todos esos años, gracias por su amistad, paciencia y generosidad; gracias a Don Mario y a Don Fidencio, hombres sabios y bondadosos, de trabajo y Evangelio; gracias a todos los hermanos sacerdotes que siempre colaboraron en esa querida parroquia. Ruego perdonen mis limitaciones.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
1 de noviembre de 2022
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Veamos la realidad y salvemos la fraternidad
Encuentro fraterno de presbiterio
Buenos días hermanos sacerdotes.
Agradezco la invitación del Padre Francisco Gavidia Arteaga para compartir este momento de reflexión como hermanos, y la aprobación de nuestro Sr. Obispo, Don Fidencio López Plaza. El tema que se nos encomienda —“Realidad hoy del sacerdote”— nos rebasa con mucho. Por lo que les propongo algunas cavilaciones en torno a algunos tópicos.
Ante el acontecimiento de lo ocurrido en el Estadio Corregidora el pasado sábado 5 de marzo de este 2022, necesitamos ver que es un parte aguas más: algo inédito que nos puso en las primeras páginas del mundo de las comunicaciones y no dijimos casi nada. Cierto, desconocemos los motivos y fines del lamentable acontecimiento; sin embargo la sociedad y los fieles parecieran buscar en la Iglesia cierta orientación y, como se dice hoy, fijar postura. Es parte de esa violencia cotidiana que parece nos ha hecho ya “cayo” en el alma. Es como si hubiéramos heredado, frente a la realidad, un cierto autismo discursivo inmoral, ¿convenenciero?, ¿cobarde? ¿necesario? ¿fruto de la misma violencia?. Autismo afectivo que nos aprisiona en nosotros mismos. La auto referencialidad que tanto ataca Francisco pudiera ser la fuente del vacío de sentido frente a la historia; nos cuesta asumir posturas conjuntas, sinodales, consensadas, difíciles, frente a la realidad que galopa desenfrenada. Los efectos de la pandemia, entre otras cosas, nos tienen abatidos, ocupados en levantarnos en lo económico y emocional, en sobrevivir. Me da la sensación de que estamos aislados, personal o grupalmente; es tal nuestro malestar que no pensamos en el de los demás, sobre todo nos cuesta reaccionar rápida y organizadamente frente a las emergencias mediáticas surgidas de una vorágine socio cultural. La inmediatez del trabajo de todos los días nos impide sentarnos a pensar e imaginar esa realidad que pretendemos transformar según el Evangelio, y que nos desafía como hidra de mil cabezas.
Tal vez nos haría bien recordar constantemente el sabio consejo que nos daba ese gran escritor francés, George Bernanós, a propósito de la injusticia: “no la mires más que el tiempo justo, y no lo hagas nunca sin rezar”; esto para pronunciar sólo y todas las palabras que llenen de verdad y esperanza los corazones de los fieles, de los ciudadanos.
Y si miramos nuestras propias injusticias, tenemos que rezar(1). Decía Nelson Mandela: “No olvidemos nunca que un santo es un pecador que simplemente sigue esforzándose”(2).
Al paso de los días, en que la pandemia parece darnos una tregua, miramos hacia atrás y seguimos pensando qué ha significado todo esto:
“Los primeros días los vivimos buscando comprender qué es lo que esto significaba, un contexto era el tiempo de cuaresma —con el color morado de las jacarandas que adornan nuestra querida ciudad de Querétaro— que nos recuerda el tiempo penitencial que prepara la Pascua. Llegó el triduo pascual y las campanas queretanas seguían callando, algo tristemente inusual. Vimos al Papa celebrar el Via crucis en una plaza de San Pedro vacía, el crucifijo bajo la lluvia que se mezclaba con las lágrimas: “Me parezco más a Barrabás que a Cristo y, sin embargo, la condena más feroz sigue siendo la de mi propia conciencia. De noche abro los ojos y busco desesperadamente una luz que ilumine mi historia. Cuando estoy encerrado en la celda y releo las páginas de la Pasión de Cristo, comienzo a llorar. Después de veintinueve años en la cárcel, aún no he perdido la capacidad de llorar, de avergonzarme de mi historia pasada, del mal cometido […] Percibo en el corazón, que ese Hombre inocente, condenado como yo, vino a buscarme a la cárcel para educarme a la vida”. Son palabras de la meditación de la 1ª Estación del Via crucis presidido por el Papa Francisco el Viernes Santo de 2020, palabras de un hombre condenado a cadena perpetua en Italia. En ese momento, la pandemia parecía que nos había hermanado, sentíamos que estábamos en el mismo barco. Pero, apenas dos años después la guerra en Ucrania parece decirnos que nada hemos aprendido como humanidad: la muerte retorna y no como consecuencia de la pandemia sino de la mano fraticida.
Este año 2022 para el Vía crucis con el Papa, una familia de Ucrania y una de Rusia prepararon juntas la meditación para la XIII Estación. Estas son sus palabras: “La muerte está en torno y la vida parece perder valor. Todo cambia en pocos segundos. La existencia, los días, la despreocupación de la nieve en invierno, ir a buscar a los niños a la escuela, el trabajo, los abrazos, las amistades, todo. Todo pierde improvisamente valor. Señor, ¿dónde estás? ¿Dónde te escondiste? Queremos la vida de antes. ¿Por qué todo esto? ¿Qué culpa cometimos? ¿Por qué nos has abandonado? ¿Por qué has abandonado a nuestros pueblos? ¿Por qué has dividido de este modo a nuestras familias? ¿Por qué ya no tenemos ganas de soñar ni de vivir? ¿Por qué nuestras tierras se han vuelto tenebrosas como el Gólgota? Se nos acabaron las lágrimas. La rabia ha cedido a la resignación. Sabemos que Tú nos amas, Señor, pero no percibimos este amor, lo que nos hace enloquecer. Nos despertamos en la mañana y por algunos segundos somos felices, pero luego nos acordamos inmediatamente de que será difícil reconciliarnos. Señor, ¿dónde estás? Háblanos desde el silencio de la muerte y de la división, y enséñanos a reconciliarnos, a ser hermanos y hermanas, a reconstruir lo que las bombas habrían querido aniquilar”.
Según datos oficiales(3), el pasado mes de Abril de este año, los homicidios dolosos en México fueron 2, 131 en 30 días, lo que equivale a un promedio de 71.0 por día. Sin embargo el mes de marzo ha sido el más violento del año, con 2, 241 homicidios dolosos en 31 días. Lo que da un promedio de 72.3 cada día.
Hermano: ¿has celebrado el funeral de alguna persona ejecutada? ¿cuántos casos difíciles causados por las drogas en las familias has acompañado? ¿Cuánta droga correrá por tu territorio parroquial. No son situaciones fáciles. Un día llegó una familia con su familiar decapitado, pidiendo las exequias. Dijeron que si sería posible porque venían de otras dos partes de solicitar el servicio y no se les había podido apoyar. Hay días en que hace falta algún hermano con quien platicar esos casos difíciles de los que escuchas parte de la tragedia y conociendo el ambiente llegas a sentir miedo e incertidumbre; entonces te sientes solo y te preguntas si los demás sacerdotes también llegan a sentir eso mismo: aislamiento, soledad, dudas.
Escuchar a la familia de un desaparecido es también difícil. Me decían la esposa y la hija: los primeros días mueres de miedo cuando te llaman del Semefo para ir a identificar el cadáver que probablemente podría ser el de tu familiar; lloras, le pides a Dios que no sea, con la esperanza de que aparezca vivo. Cuando pasas el trago amargo de ver uno y otro y otro cadáver sigues abrigando la esperanza de que esté vivo. Luego pasan los meses, los años y te casas de ver cadáveres ahora en fotografías. No sabes qué celebrar, si una Misa por su eterno descanso o para pedir a Dios que siga vivo en el aniversario de su desaparición. No tienes un lugar a dónde ir a llorar, ni una tumba o una cripta y entonces viene la tentación de pedirle a Dios que lo puedas encontrar al menos muerto para alcanzar cierta paz. Vas conociendo los laberintos de las fiscalías y el burocratismo despierta desesperación e incluso temor. Nadie te escucha.
¿No hemos sido capaces de por ejemplo, hacer una Misa en la que lleven las familias las fotos de sus seres queridos muertos en la pandemia y que no tuvieron velorio, ni Misa de cuerpo presente? ¿o las fotos de sus seres queridos muertos por homicidio doloso o de los que siguen desaparecidos? ¿porqué no una marcha para pedir que cese tanta violencia?
Con la pandemia, al paso de los días nuestro modo de vida fue cambiando bruscamente; sin embargo, paradójicamente, casi de forma imperceptible la escuela, el trabajo, los viajes, la cultura, la convivencia, etc., ahora se realizan de manera diferente.
Hermano: ¿cómo pasaste esos tres meses con los Templos cerrados? ¿habías celebrado la Misa solo o con una sola persona por un periodo largo? ¿cómo pagabas los salarios de los trabajadores y los servicios más elementales? ¿llegaste a pasar hambre? ¿y los hermanos de tu decanato? Un día llamaban a la reja con insistencia por la tarde y salí a ver quién era. Una persona me dijo: ¿es Usted el Padre? A lo que contesté afirmativamente. Entonces me dijo: yo casi no vengo a Misa, pero se que están cerradas las Iglesias y pensé cómo le harán para sus gastos. Así que vine a traerle un poco de ayuda.
En esos días difíciles recurrí a cosas aprendidas desde mi infancia: hacer cestos de mimbre, hacer tamales para los desayunos del domingo, pues aunque no había Misa la gente iba por el desayuna para cooperar; hicimos algunos vitrales, maceteros y cosas de soldadura, fui ayudante de pintor y soldador, hicimos jaulas para guacamaya, leí de esas cosas que uno tiene pendiente… celebré las exequias de mi padre y lloré. En el momento más difícil se restauró la casa y Capilla de San Felipe. Hay cosas de las que parece no se puede hablar y que en parte aumentan el dolor; esas purifican, acrisolan, dan la certeza de estar en lo correcto y fuerza para intentar vivir y creer con dignidad. Necesitamos escucharnos mutuamente, creo que todos deberíamos contar y escribir cómo vivimos la pandemia. Hay que recordar no para sufrir, sino para hacer un memorial de la misericordia del Señor.
Hemos sido testigos de muchas especulaciones sobre el origen, modo de desarrollo y finalidad de la pandemia; de teorías conspiratorias, neologismos que expresan la “nueva normalidad”, de hipótesis acerca del tiempo que posiblemente durará; de miedos colectivos, de depresión por la soledad y el aislamiento; de violencia por pretender mantener la distancia social. Y en medio de todo esto la ignorancia y necedad han hecho su aparición en muchas conductas que dificultaban evitar la propagación del virus. Algunos líderes mundiales manifestaron indolencia no solo en su discurso carente de cercanía a la gente y la realidad, sino en su conducta despreocupada y necia, al grado que muchos han experimentado la renuncia de algunos de sus colaboradores más cercanos. Se experimenta una cierta orfandad y gran desconcierto, abandono.
No solo la forma de vivir ha cambiado, sino también de algún modo la forma de morir y lo que esto implica: el cuerpo de quien muerió por COVID-19 no se entregaba a la familia, era enviado directamente al crematorio. Así, al dolor de la muerte del ser querido se agregaba el de no poder realizar los funerales según la costumbre de muchos: con velorio, Misa de cuerpo presente y la compañía de los familiares y amigos que en gran medida mitiga el dolor.
Así las cosas, también tenemos que soportar la tragicomedia cotidiana que surge de los acontecimientos que marcan la historia de nuestra sociedad y se vuelven mediáticos cual pan y circo virtuales, pretendiendo paliar el hambre de plenitud del pueblo cada vez más pobre.
[…] Si la exclusión del otro es una tentación frecuente, en estos días de la pandemia su peligro aumenta. Desde antiguo existen íconos que representan el nacimiento del Niño Jesús, aparece envuelto con vendas, a modo de mortaja (más que en pañales), pues el misterio de la Encarnación supone ya el misterio de la pasión y muerte del Niño Dios: él con-desciende radicalmente con el ser humano. Como dijo el poeta acerca de uno de sus personajes: “el nacimiento fue su muerte”(4). Por eso la Iglesia ha llamado Pascua también a la Navidad.
Sabemos que somos mortales, pero en el tiempo de pandemia esa certeza parece que llegaba con más fuerza y frecuencia a nuestra conciencia al ver los datos duros que se presentaban todos los días acerca del número de contagios y decesos a causa del coronavirus; es entonces que la inteligencia busca respuestas a todo lo que está sucediendo, y el corazón necesita de consuelo. Frente a un ser invisible a simple vista, pequeñísimo, que ha puesto en jaque a la humanidad entera, la inteligencia humana busca comprender el macrocosmos a través de la búsqueda de vida en Marte (las misiones espaciales de Estados Unidos, China y Emiratos Árabes en esos días): ¿acaso no será necesario un momento de silencio en actitud humilde y de rodillas ante el Hacedor del micro y macro cosmos? Puesto que “todo fue creado por él y para él” (Col 1, 17) y quiso entrar en la historia haciéndose Hombre, podemos encontrar en él las respuestas a este momento de nuestra historia; tal vez sea tiempo de reconocer como el hombre del Via crucis: “busco desesperadamente una luz que ilumine mi historia”. En esta época post terrorista, de virus ideológicos, de noticias falsas, de neo racismos, es necesario escuchar a Dios para no quedarnos callados adoptando ese silencio cómplice por omisión; no podemos ceder frente a una parálisis en las relaciones interpersonales, que debe ser superada con ingenio y valor, a ejemplo del Emmanuel, el Dios-con-nosotros. Es momento de estar muy cerca del hermano para acompañar, para consolar educando, sabiendo que el Verbo que se hizo carne “vino a buscarme a la cárcel para educarme a la vida”. Esa cárcel de mil formas en las que puede confinarnos el pecado, pues éste como el virus, necesita un ser vivo para desarrollarse. Hoy estamos callados, pues preguntarle al otro cómo ha estado podría implicar involucrarme en sus necesidades.
El Niño Dios representado envuelto en pañales-mortaja es el mismo que dejará las vendas y el sudario tendidos en el suelo del sepulcro (cfr. Jn 20, 6-7) una vez que hubo resucitado. Es el mismo que le pregunta a María Magdalena: “Mujer ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” (Jn 20, 15). Hoy estas preguntas están dirigidas a cada uno de nosotros llenas de amor y compasión, y esperan respuesta. Rememorar el dolor de estos días sin luz ni consuelo nos coloca frente a la tentación de la inacción, de la desesperación. Es el momento de hacer un memorial de las Pascuas de Navidad y de Resurrección, es decir, de proclamar con nuestra vida aquí y ahora lo que el Apóstol nos enseña: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida” (1 Jn 1, 1) es lo que necesitamos anunciar; es lo que inspiró a nuestros ancestros para construir esta bella ciudad de Santiago de Querétaro y es lo puede inspirarnos en estos momentos de obscuridad y desamparo para edificar con fuerza y belleza nuestro futuro común”(5).
En medio de las cosas dichas, venimos arrastrando un pecado eclesial, que ha provocado una crisis social y eclesial enorme: el abuso de menores por parte de clérigos.
El 18 de mayo de 2018 (mañana se cumplirán 4 años) todos los Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile (34 Obispos) “ponían sus cargos en manos del Romano Pontífice”. La razón, el Obispo Juan Barros era acusado de encubrir abusos sexuales por parte del sacerdote Fernando Karadima. Era una cosas triste sin precedentes.
El viaje apostólico del Papa Francisco a Chile en enero de ese año, había sido humanamente hablando muy difícil. En el viaje de regreso a Roma después del viaje, la reportera Matilde Burgos de CNN/Chile le pregunta: “¿A qué atribuye usted que se considere su visita a Chile como un fracaso de fieles y un fracaso de que la Iglesia queda más dividida?” A lo que el Papa contestó: “Yo de Chile me vine contento. Yo no esperaba tanta gente en la calle, y eso –no pagamos la entrada, ¿eh? Esa gente no fue pagada ni llevada en colectivo–, la espontaneidad de la expresión chilena fue muy fuerte”. Lo cierto es que recordamos que hubo quema de templos católicos en el contexto de la visita del Papa a Chile. Esto es sólo un ejemplo de las grandes dificultades que ha acarreado a la Iglesia el tema de los abusos sexuales, de conciencia y de poder por parte de clérigos en la Iglesia. Afirmó el Papa también en esa conferencia de prensa: “encubrir abuso es un abuso”. Esa triste historia continuó desarrollándose en el tiempo.
Quiero mencionar algunos libros recientes de difusión profusa que tratan de estos casos, y frente a los cuales no podemos ser indiferentes.
Y Líbranos del mal, de Santiago Roncaglio(6). En uno de sus párrafos dice: “En esos días, en Punta Hermosa tenían encerrado a Gustavo, uno de los mayores de la casa, casi de la edad de Sebastian. Aunque nadie lo llamaba encierro; en realidad, el nombre oficial era retiro. Estaba claro que no se trataba de un premio. Si alguien preguntaba, Gustavo se encontraba haciendo una «profunda meditación sobre sus errores». Pero la naturaleza de esos errores se mantenía en la discreción de la jerarquía”. Esta novela intenta reconstruir la historia del nacimiento y desarrollo de una comunidad religiosa. Me parece que el autor en este pasaje cuestiona, entre otras cosas, el quién será capaz de poner fin a la discreción del abuso del poder.Depredadores sagrados. Pederastia clerical en México, Bernardo Barranco (Coordinador)(7). Este texto contiene una serie de ensayos que el sub título expresa. En la Introducción afirma: “La llegada del Papa Francisco en 2013 a la silla pontificia levantó demasiadas expectativas. Prometió tolerancia cero y creó la comisión pontificia para atender los abusos, presidida por el cardenal estadounidense Sean O`Malley. Sin embargo, pareció no tener urgencia ni tomar acciones de fondo hasta que estallaron nuevas convulsiones, provocadas por las acusaciones penales a George Pell, cardenal australiano, número tres en la curia vaticana, acusado de pederastia y encubrimiento en aquel país”. El texto incluye una cronología de los principales casos que inicia en noviembre de 1987 con las acusaciones al sacerdote mexicano Nicolás Aguilar Rivera y va hasta noviembre de 2020 con el tema del ex cardenal y arzobispo de Washington Theodore McCarrick. En el párrafo en mención el coordinador del texto se queja de una lentitud en el tomar medidas contra los abusos.
Si queremos ser pastores en medio de nuestro pueblo, de nuestras comunidades que sufren y añoran, que gimen y desesperan, que nos reclaman y acompañan, que nos dan el pan de cada día, debemos creer que el pensamiento y la reflexión, provocados por la realidad, no son ciertamente los menores de los talentos que el Señor reparte a manos llenas y de los que espera sus réditos (cfr, Mt 25, 14-30): una proclamación, un informe valiente, profético, lleno de cansancio y de júbilo, siendo testigos de su amor que duplica el fruto de nuestro esfuerzo.
Así, “sedientos al broquel de tus pozos/ y hambrientos de tu casa,/ venimos, Padre,/ el corazón entre tus brazos,/ la frente humilde de delitos,/ a recibir tu denario”(8); ese cotidiano de la mañana, para trabajarlo, y el vespertino para saciarnos de tus dones.
Queremos salir cada día a pensar el mundo y actuar en él, de modo que nuestra misión cotidiana sea dar belleza al mundo y esperanza a la historia, juntos, como hermanos, para salvar la fraternidad, saliendo de la auto referencialidad que es finalmente una prisión y, arriesgarlo todo en la condivisión de nosotros mismos.
Hemos contemplado demasiada barbarie: personas inertes pateadas en el estadio, “fusilados” en Michoacán cuyos cuerpos no aparecen, la guerra en Ucrania, etc. Muchas cosas feas, malas. ¿Qué mundo es este que nos tocó vivir? ¿Acaso más cruel que el del crucificado tras un juicio sumario? ¿Acaso las manos actuales que ejecutan son menos fratricidas que las de Caín?
En latín bonus significa bueno, y bellus es su diminutivo, que significa bonito, bello.
La experiencia de lo que tiene un sentido se da en la condivisión, tiene una naturaleza estética, desde el momento que coincide con la percepción de la belleza de la vida, y no simplemente con una cierta visión intelectual que tengamos de esta última. Pues lo que es bello resalta respecto del resto, capta nuestra atención, nos maravilla y nos atrae; nos seduce, empujándonos a salir fuera de nosotros mismos(9). De ahí que la belleza de la vida merece ser vivida, no obstante el dolor y la muerte.Hermanos en el sacerdocio de Jesucristo
Rutilio Grande García SJ
Nace el 5 de julio de 1928 en El Paisnal, pueblo localizado a unos 35 km de San Salvador, en El Salvador, en el seno de una familia sencilla, campesina. Su padre Salvador Grande, su madre Cristina García. La muerte prematura de su madre le lleva a vivir con su abuela, lo que le marcará con una fuerte experiencia de piedad popular.
Estudios
De adolescente estudió en el Seminario San José de la Montaña, en la capital de su país, que por entonces era dirigido por los padres jesuitas. En 1945 entró en la Compañía de Jesús. En su itinerario de formación estuvo en Venezuela, Ecuador, España, Francia y Bélgica. La filosofía y teología, siete años intensos de estudios, los realizó en Oña, España.
En 1963 va a los cursos de la Lumen Vitae en Bruselas, Bélgica. A su regreso continúa en el Seminario hasta 1970.
Ordenación. Fue ordenado sacerdote en 1959.
Homilía en la Solemnidad de la Transfiguración del Señor en Catedral, el 6 de agosto de 1970, fiesta nacional de El Salvador, estando la Conferencia Episcopal y el Gobierno en pleno.1972, otoño. Párroco de pueblo.
Su trabajo pastoral.
Partía de la piedad popular y estaba en relación con la llamada “Teología del pueblo”, desarrollada en Argentina por Lucio Gera, de la cual también el Papa Francisco ha estado influenciado.Había que purificar la piedad popular de elementos mágicos y evangelizarla.
Creó el Festival del maíz para reconocer el valor de las tradiciones indígenas.
Impulsó la lectura de la Sagrada Escritura para ligarla a la vida de las personas, con el método ver, juzgar y actuar. Nacieron así los delegados de la Palabra.
Surgió así una acción social y política: surgieron sindicatos y el reclamo de salarios justos.
Su Homilía que le lleva a la muerte: Homilía de Apopa, 13 Febrero de 1977.“Pero, ¿qué hecho nos congrega este día? ¿Por qué estamos en Apopa asoleándonos? ¡Ustedes, hermanos, nosotros estamos muy cómodos aquí en la sombra!
El hecho que hoy nos congrega en Apopa, de todos los rincones de la Vicaría, e incluso de otras comunidades de fuera de las fronteras de nuestra Vicaría, es el caso del padre Mario. Es un acontecimiento eclesial. La Iglesia no se puede quedar callada. No puede quedar al margen de este hecho. Nos sentimos afectados.
Lo oímos en el pueblo: ¿qué van a hacer ustedes? La gente sencilla, las gentes humildes nos decían allá por los cantones –son los que oían al padre Mario a través de los aires– “¡¿qué van a hacer?!”.
¡Pues aquí estamos! Por lo menos para dar este símbolo de protesta oficial de la Iglesia, de nuestras comunidades, de esta parte de la Iglesia de la Arquidiócesis. Era sacerdote de la Iglesia local de San Salvador y concretamente aquí, párroco de Apopa, como una misión de parte de la Iglesia dentro de esta comunidad.
Sorpresivamente ha sido expulsado con violencia moral de hechos precipitados en cadena, sin acusación probada en juicio, y sin oportunidad de defenderse. Contra todos los derechos humanos de todas las naciones civilizadas de la tierra. Y lamento que en mi tierra esto ocurra. Si ha cometido el padre Mario un hecho delictivo, pues que se le juzgue y que se nos diga públicamente el veredicto. Incluso a Jesús de Nazaret se le hizo un juicio amañado y público en la noche del jueves y viernes santo. Esto ni siquiera se le ha permitido al pobre padre Mario.
¡Me dicen que era un extranjero! ¡¿Qué el padre Mario era extranjero?! Ciertamente, y de América Latina. Yo me pregunto si en la América Latina, descubierta por Colón, y en la que estamos todos amasados de café con leche y sangre de la misma forma, somos extranjeros! ¿Es que somos extranjeros en alguna parte?
– De Colombia… ¡Mucho hablar de la hispanidad el 12 de octubre, levantar banderitas muchos niños aplaudiendo con sus maestras! El día de la hispanidad, el día de América Latina… ¡¿Qué es eso…?!
¡Extranjero él! ¡Pero no es éste el problema!
Está en juego la cuestión fundamental de ser cristiano hoy día, y ser sacerdote hoy día en nuestro país y en el continente que está sufriendo la hora del martirio. Ser o no ser fiel a la misión de Jesús en medio de este mundo concreto que nos ha tocado vivir en este país. Si se es en el país un pobre sacerdote o un pobre catequista de nuestra comunidad, se le calumniará, se le amenazará, se le sacará de noche en secreto, y es posible que le pongan una bomba. ¡Ya ha pasado! Y si es extranjero lo sacarán. ¡Ya han sacado a muchos extranjeros! Pero la cuestión fundamental permanece en pie.
¡Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Es peligroso ser verdaderamente católico! Prácticamente es ilegal ser cristiano auténtico en nuestro medio, en nuestro país. Porque necesariamente el mundo que nos rodea está fundado radicalmente en un desorden establecido, ante el cual la mera proclamación del Evangelio es subversiva. ¡Y así tiene que ser, no puede ser de otra manera! ¡Nos encadena un desorden, no un orden!Prácticamente el sacerdote y el simple cristiano que ponen en práctica su fe, según las sencillas y simples líneas maestras del mensaje de Jesús, por fidelidad ha de vivir entre dos polos exigentes: la Palabra de Dios revelada y el Pueblo. El de siempre, el de las grandes mayorías, el del margen del camino, el enfermo que clama, el esclavizado, el que está al margen de la cultura –60 por ciento de analfabetos–, el que tiene mil alienaciones, el que vive en un sistema feudal de hace siglos.”
Fue pronunciada con motivo de la expulsión del Padre Mario Bernal. La pronunció ante unas 6, 000 personas.
Asesinado el 12 de Marzo de 1977.
“El 12 de marzo de 1977, hacia las cinco de la tarde, el Padre Rutilio Grande junto con Manuel Solórzano (72 años) y el joven Nelson Rutilio Lemus (15), se dirigía en su vehículo “zafari” hacia El Paisnal, población situada a unos 40 kilómetros de la capital, para celebrar el último día de la novena en honor a San José, patrono de la comunidad.
En El Paisnal, el templo lucía preparado para la fiesta. Los asistentes abarrotaron el lugar. Mientras, el padre “Tilo”, como lo llamaban los campesinos, fue emboscado por un grupo de hombres armados quienes dispararon contra el “zafari” y sus pasajeros. El auto volcó y en su interior quedaron tres cuerpos sin vida. El reporte forense afirma que el padre Grande recibió doce balazos”(10) (Manuel Cubías – Vatican News).Homilía de Romero en su funeral: “Si fuera un funeral sencillo hablaría aquí, queridos hermanos, de unas relaciones humanas y personales con el Padre Rutilio Grande, a quien siento como un hermano. En momentos muy culminantes de mi vida, él estuvo muy cerca de mí y esos gestos jamás se olvidan (14 de marzo de 1977).
Homilía de Romero 23 de marzo de 1980. Quinto Domingo de cuaresma.
“Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del Ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles: Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y, ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la ley de Dios que dice; “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”.
Beatificación de Rutilio Grande: la inicia la Arquidiócesis de San Salvador hacia finales de 2014 como mártir, junto con sus dos compañeros.
Beatificado el 22 de enero en El Salvador, el padre Rutilio Grande S.J. junto con los laicos Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, asesinados el 12 de marzo de 1977 y fray Cosme Spessotto O.F.M. asesinado el 14 de junio de 1980. Se señala como autores a grupos paramilitares.Es la respuesta a la realidad lo que puede y debe hermanarnos, la posibilidad de una pequeña comunidad debe ser desde la pastoral.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
17 de Mayo de 2022
Seminario Diocesano de Querétaro(1) Bernanós, G; Diario de un Cura rural. Madrid 1998, p. 65.
(2) Mandela, Nelson; Conversaciones conmigo mismo. México 2013, p. 7.
(3) http://www.informeseguridad.cns.gob.mx/files/homicidios_30042022_v2.pdf. Consultado el lunes 16 de mayo de 2022 a las 22.00 hrs.
(4) Samuel Beckett, citado por Rieff, David; en Elogio del olvido. Las paradojas de la memoria histórica. Barcelona 2017, p. 23.
(5) Cruz R; Filiberto; Navidad, luz y consuelo. En El Heraldo de Navidad 2020. Querétaro. Pp. 42-45.
(6) México, mayo de 2021, p. 368.
(7) México, agosto de 2021.
(8) Himno de Vísperas, Martes II.
(9) Sorrentino, Vincenzo; Dare bellezza al mondo. En L’Osservatore Romano, 10 de marzo 2022, p. 6.
(10) https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2022-01/el-salvador-beatificacion-rutilio-grande-biografo-rodolfo-carden.html. Consultado 16 de mayo de 2022.
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Porque Virtud, Destino: La Navidad
“Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que lo oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas” (Lc 2, 46-47)
Imposible poder imaginar una navidad sin niños, no sólo sin la imagen del Niño Dios, sino sin niños de carne y hueso, de esos bulliciosos, alegres, impacientes por romper la piñata y abrir los regalos que ha traído el Niño Dios. Imposible también no hacer alusión al momento que no ha pasado: la pandemia. Ésta nos ha lanzado infinidad de desafíos, pero hay uno que pareciera englobarlos a todos: un desafío a nuestra imaginación.
Decía Aristóteles que la fantasía o imaginación no puede ser equiparada ni con la percepción ni con el pensamiento discursivo, bien que no haya fantasía sin sensación ni juicio sin fantasía (De an. III, 3, 427 b 10 y ss.) Siguiendo esa línea aristotélica, Santo Tomás de Aquino afirma que la imaginación es una de los cuatro sentidos internos: el sentido común percibe las cualidades y las lagunas de los diversos objetos: la imaginación o fantasía los adivina o representa; la estimativa aprecia su utilidad o su nocividad; la memoria, especie de tesoro de las formas recogidas por los sentidos, conserva su imagen y las reconstruye (S. theol. I, LXXVIII, 4).
Los modernos, a partir de Francis Bacon, dan un giro al concepto de imaginación; así, este autor llega a firmar que la memoria, la imaginación y la razón son las tres facultades del alma racional; mientras la memoria es la base de la historia y la razón es la base de la filosofía, la imaginación es la base de la poesía (De augmentis scientiarum II, 1).
Así mismo, Bacon tenía la pretensión de construir un “método de descubrimiento”, una “lógica para crear y aumentar el conocimiento” (Novum Organum), mismo que debe ser útil al género humano, y como consecuencia, posibilitarle el dominio de la naturaleza en beneficio del hombre.
Si bien Bacon pretendía un incremento del saber, por lo tanto en clave cognoscitiva, enseguida el iluminismo y el positivismo llevaron esas nociones a todos los aspectos de la vida humana, proyectando el futuro como sinónimo de un mejoramiento creciente de la calidad de vida.
Sin embargo, esta idea de progreso como desarrollo lineal, en continuo crecimiento, que va de lo bueno a lo mejor, raya casi en un mecanicismo. Esta idea es compartida por filosofías que niegan la dimensión espiritual y religiosa, como el positivismo, el empirocriticismo e incluso el marxismo. Nuestra cultura está fuertemente influenciada por estas ideas, que sin embargo a veces se les olvida el factor imprevisto, como catástrofes, crisis, retrasos o la posibilidad de replantear y discutir los asuntos tenidos como inamovibles. Una muestra clara de esto, es la crisis que vivimos frente a la experiencia de COVID-19: ha venido a echar por tierra millones de proyectos, personales y comunitarios, económicos y culturales, etc. De esto todos somos testigos.
Frente a esta crisis global hay una cierta angustia que corre el riesgo de generar una falta de esperanza. Ya decía Dante en su famosa frase acerca del infierno: “Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza” (Infierno, III Canto, 9). Luego Dante pregunta a su guía acerca del sentido de la frase inscrita en esa puerta, a lo que éste responde:
“Hemos llegado al sitio que te he dicho en que verás las gentes doloridas, que perdieron el bien del intelecto”
Y sí, frente a la falta de compresión de lo que estamos viviendo y el dolor que esto provoca, la tentación es experimentar la existencia como un infierno con sus escenas “dantescas”, sin esperanza. Parece que la pérdida del intelecto llevara a ese sitio. En los versos anteriores (5-6) Dante hace referencia a la Santísima Trinidad cuando afirma: “Hízome la Divina Potestad, el Saber Sumo y el Amor Primero”, por lo que la pérdida del intelecto se refiere a la pérdida o ausencia del Verbo o Inteligencia del Padre.
Los antiguos griegos usaron el concepto “techne” con una vasta gama de significados, refiriéndose principalmente a las variadas artes. La tecnología moderna, por el contrario, comprende el saber en sentido de dominar, de manipular; ve el espacio físico como pura geometría y las leyes de la naturaleza como meras matemáticas y ha venido recorriendo varias “revoluciones”: la copernicana, la evolucionista, la psicoanalista hasta llegar a los albores de la informática, de Internet y la robótica. Hoy el ser humano tiene puesta su fe en la técnica, esa que surge de una superinteligencia (Big data) capaz de reunir tal cantidad de datos que serían imposibles de ser controlados por la mente humana y capaz de controlar las mismas elecciones y actividades del ser humano; en otras palabras, hoy el ser humano tiene conocimiento para realizar actividades que no podría imaginar a dónde llegarían sus consecuencias. Asistimos a una destrucción paulatina de la casa común en nombre del progreso, una época en la que por primera vez en la historia una especie (la humana) es la causa principal de cambios geológicos (la extinción de muchas especies vivas y el crecimiento anormal de otras con fines alimenticios principalmente) y climáticos; de acumular enormes cantidades de residuos tóxicos y de un acelerado proceso que termina con los recursos naturales, etc. Los totalitarismos y genocidios que hemos visto en los años recientes también serían extinciones en masa, en este caso también planeadas por el ser humano.
Frente a todos estos temas de actualidad podríamos preguntarnos: ¿qué podemos hacer? ¿con qué progreso queremos soñar? ¿qué hogar dejaremos a nuestros niños?, etc.
En este momento histórico de desconcierto el ser humano parece resistirse a comprender que no sólo es homo faber (hombre que hace o fabrica), sino también homo sapiens (hombre que piensa) y homo fictus (hombre que imagina, sueña, inventa); es decir, tenemos que imaginar otras formas de progreso, esas que den respuesta a este momento en que parece que no podemos “tener más”; construir a partir del momento y realidad presentes un nuevo imaginario en el que la tecnología no sea concebida simplemente como algo sin límites y sin la posibilidad de un replanteamiento crítico, redescubrir que si nos hemos equivocado es el momento de reorientar nuestro pensar y actuar.
El Niño-Dios que nació en Belén creció y llegó a la mayoría de edad: 12 años (Lc 2, 42). Se queda en Jerusalén mientras sus padre emprenden el viaje y al darse cuenta que no está en la caravana, regresan a buscarlo y lo encuentran viendo cómo todos los que lo oían estaban estupefactos “de su inteligencia y sus respuestas”.
El vocablo que se usa en el texto griego para hablar de “inteligencia” es “synesis”, que también se traduce en la Biblia de los LXX por saber y creer. El objeto de ese “saber” puede ser “el temor del Señor”, “derecho y justicia”, “que soy el Señor”, “el bien y el mal”, como en Prov 2,2-9: «prestando tu oído a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia; si invocas a la inteligencia y llamas a voces a la prudencia; si la buscas como la plata y como un tesoro la rebuscas, entonces entenderás el temor de Yahvéh y la ciencia de Dios encontrarás. Porque Yahvéh es el que da la sabiduría, de su boca nacen la ciencia y la prudencia. Reserva el éxito para los rectos, es escudo para quienes proceden con entereza, vigila las sendas de la equidad y guarda el camino de sus amigos. Entonces entenderás la justicia, la equidad y la rectitud: todos los senderos del bien».
Así, el saber en este sentido es un don de Dios y el ser humano lo puede perder por ser desobediente (Is 29, 14) y llegar así al infierno de Dante donde están los “que perdieron el bien del intelecto”; necesitamos imaginar nuevas historias, otros caminos para los más jóvenes, caminos llenos de esperanza y amor. Propuestas no faltan en la cultura actual, pensemos en el tema de la economía, siguiendo a Serge Latouche y su teoría del Decrecimiento expresada en las 8R para dar otro rumbo al desarrollo actual que se muestra insuficiente: Revaluar, Reconceptualizar, Reestructurar, Relocalizar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar, Reciclar. Las dos primeras reclaman fuertemente la imaginación.
Ya entonces en pleno iluminismo, Giambattista Vico cuestionó la idea lineal y unilateral de progreso y afirmó fuertemente que el progreso es fruto de la imaginación. Hoy necesitamos empujar con fuerza el carro de la vida para que nuestros niños y jóvenes descubran con gran imaginación y energía una nueva inteligencia de la vida, que nos devuelva la esperanza y recupere “el bien del intelecto”, que nos libre del infierno de violencia y muerte en el que en gran medida sigue sumergida nuestra patria, influenciada por colonialismos del pensamiento y formas de vida ajenas a nuestra cultura navideña, en la que lo central es la vida, una vida digna para todos, pues la Inteligencia del Padre se ha hecho carne, ha entrado en el tiempo. Estos sentimientos y sueños quieren ser expresados en la obra de nuestro ya conocido pintor queretano, Gabriel García Aguas, en su obra intitulada “El carril de los recuerdos” (Acrílico/lino; 120X90 cm; 2021): en un transfondo lleno de vida y de color los niños avanzan con esfuerzo que no se sufre, sino que empuja la sonrisa vital a un camino por trazar, con ilusión, imaginación y sabiduría, esa que se enriquece con uno que otro raspón que nos deja la vida. Ya lo dice el Papa Francisco: “Prefiero una Iglesia accidentada por salir, que enferma por estar encerrada”.
Trabajemos para erradicar el analfabetismo de la imaginación. Recobremos la esperanza “virtud [que] corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres” (Cat. de la Igl. Cat. n. 1818). Ya un autor del siglo pasado decía que la falta de esperanza puede adoptar dos formas: la presunción y la desesperación; la primera es “una anticipación inoportuna, arbitraria, del cumplimiento de lo que esperamos de Dios; mientras que la segunda es la anticipación inoportuna, arbitraria, del no cumplimiento de lo que esperamos de Dios”(1). Ambas formas de pecado contra la esperanza renuncian al carácter itinerante de ésta; no olvidemos, también somos homo viator (hombre que camina). El Niño que nos ha nacido caminó el camino de la cruz para mostrarnos que el Dios en el que creemos es el “Dios de la esperanza” (Rm 15, 13); como afirma E. Bloch: un Dios que tiene “el futuro como carácter constitutivo”.
Podemos imaginar un futuro ciñéndonos a lo esencial, pues durante el confinamiento de la pandemia hemos descubierto que hay tantas cosas que no son esenciales. Podemos imaginar un mundo lleno de una tecnología que no es mala en sí misma y que adquiere otras virtudes cuando se pone al servicio de la comunidad; podemos imaginar también un mundo que vuelva a acentuar las relaciones interpersonales y no “dialogar” sólo con las máquinas, etc. Siendo la esperanza una virtud teologal, es también nuestro destino. ¡Que vivan una navidad llena de esperanza y la celebremos con imaginación llena de caridad! ¡Feliz navidad!
Filiberto Cruz Reyes
Invierno de 2021
(1) Moltman, J; Teología de la esperanza. Salamanca 1989, p. 29.
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Primavera en Praga
El Cardenal Beran será sepultado en la Catedral de San Vito(1)
Giampaolo Mattei
Una revancha de la historia y de la justicia que hace excepcional la primavera 2018 en Praga: el pueblo entero de la República Checa ha recibido con los brazos abiertos el viernes 20 de abril el regreso a la patria de los restos del Cardenal Josef Beran, el “ariete” (este es el significado de su apellido en lengua checa) muerto en el exilio en Roma en 1969. Para todos, cristianos y no, Beran es todavía hoy el símbolo de la resistencia contra todos los totalitarismos a los cuales es necesario no ceder regateando la verdad.
Sepultado, por voluntad de Pablo VI, en la Basílica de San Pedro, Beran ahora regresa con todos los honores a su Catedral de San Vito, en el corazón de Praga. Precisamente donde fue arrestado el día del Corpus Domini de 1949 (jueves 16 de junio).
El 23 de abril, en el emblemático día de la memoria del mártir San Adalberto, obispo de Praga, será la ceremonia de sepultura. Y el deseo de Beran de regresar a casa tendrá finalmente cumplimiento. En 1965 el gobierno comunista tenía prisa en alejar a Beran de Checoslovaquia, tanto que durante el trayecto en auto hacia el aeropuerto les fue concedido sólo al hermano y a la hermana el saludarlo, pero sin que él descendiera del vehículo. Beran pidió poder pasar cerca de la Catedral de San Vito para poder volver a verla al menos desde la ventana, pero la respuesta fue negativa. No volvería a verla jamás. “Mi corazón permanece en Praga”, fue su respuesta.
La ceremonia de traslado desde las grutas vaticanas —la tumba estaba en la Capilla llamada “de la Bocciata”— fue presidida por el Cardenal Arcipreste Angelo Comastri. Beran, afirmó el purpurado, “ha vivido en modo extraordinario la última bienaventuranza de Jesús: “bienaventurados ustedes cuando los insulten, los persigan y calumniándolos dirán toda clase de males en contra de ustedes por causa mía, alégrense y regocíjense”. Por esto, agregó, “quisiera permitirme de orar: Señor, danos hoy muchos Obispos y muchos sacerdotes así”.
Este “ariete” de la Iglesia del siglo XX fue perseguido por sanguinarios totalitarismos: los nazistas lo arrestaron el 6 de junio de 1940 y lo internaron en el tristemente célebre lager de Dachau, en donde desempeñó el trabajo de barrendero y remendador de calcetines en el pabellón de los inválidos. “Nadie lo escuchó jamás lamentarse y todos lo veían sonreír”, recordaría después el Cardenal Stefan Trochta, su compañero de prisión.
Terminada la guerra, el 4 de noviembre de 1946 Pío XII nombró a Beran Arzobispo de Praga. Cuando los comunistas tomaron el poder en la entonces Checoslovaquia, buscaron ponerlo de su parte, entre halagos y amenazas. Beran se opuso públicamente a ellos, precisamente desde el púlpito de la Catedral de San Vito. Lo obligaron al silencio, al arresto domiciliario, sometiéndolo a presiones terribles. Y el 10 de marzo de 1951 lo deportaron, confinándolo en pueblecitos perdidos durante catorce años para tenerlo alejado del pueblo.
Después de muchos años, Beran recibió la inesperada visita de Monseñor Agostino Casaroli. “Tengo confianza en la Providencia, la he sentido junto a mi en el campo de Dachau y también ahora la siento cerca en esta prisión”, dijo al enviado del Papa. Finalmente se empezó a hablar de su liberación. Así, cuando y Casaroli y Beran se volvieron a encontrar fue en 1965 en un albergue en Praga. Para comunicarse usaron papel y pluma, por temor a que micrófonos espía interceptaran la conversación. Beran fue liberado y pudo partir hacia Roma en donde recibió el birrete cardenalicio. Pero no le permitieron regresar a su patria.
A Roma llegó con unos zapatos pesados de montañés y una vestimenta raída. Fue recibido especialmente por Monseñor Pasquale Macchi: Pablo VI, para manifestarle su afecto, había querido que el Cardenal fuera recibido por su secretario particular.
Beran participó en el Concilio Vaticano II y el 20 de septiembre de 1965 pronunció la conocida intervención a favor de la libertad de conciencia.
En 1965, según los acuerdos tomados con el gobierno, Praga tuvo un Administrador Apostólico elegido por la Santa Sede en la persona de Frantiek Tomáek, el “viejo roble”, otra gran figura de la Iglesia del siglo pasado, muerto en 1992 a la edad de 93 años. Beran murió en Roma el 17 de mayo de 1969 a los 81 años había nacido en Pilsen en 1888 con el título de Arzobispo de Praga que Pablo VI, subrayando la invicta fortitudo, quiso que conservara hasta la muerte no obstante las dimisiones ofrecidas más de una vez. Si bien, habiendo sido Arzobispo de Praga por 23 años, Beran pudo ejercer el gobierno solo por 3 años. Pero su ministerio, en realidad continúa todavía hoy.
(1) En L’Osservatore Romano, 22 de abril de 2018, p. 6.
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El informe McCarrick
Buscar la verdad para convertirse(1)
Federico Lombardi S.I.
El 10 de noviembre pasado se hizo público, en las dos versiones, italiana e inglesa, el “Informe sobre el conocimiento institucional y el proceso decisional de la Santa Sede respecto al ex Cardenal Theodore Edgar McCarrick”(2), elaborado en el transcurso de dos años de trabajo por la Secretaría de Estado por voluntad del Santo Padre Francisco.
No pocos se habrán preguntado si era necesario hacer público vía Internet tan voluminoso y detallado documento (447 páginas, con 1,410 notas), cuya lectura es no sólo dolorosa, sino pesada por el regreso frecuente sobre las mismas situaciones, y en algunas partes a tal grado de deber desaconsejarla a personas que por diversos motivos podrían quedar traumatizadas.
¿Porqué el Informe?
Las razones de su publicación son sin embargo muy fuertes y hacen referencia a dos preguntas principales que surgieron cuando apareció la gravedad de las imputaciones hechas al ex Cardenal, a las cuales el Informe pretende responder con intrépida verdad.
En la Iglesia en general, y en particular en los Estados Unido, las vicisitudes de los abusos sexuales han suscitados fortísimas reacciones no sólo por el horror de los crímenes cometidos, sino también por la mala gestión y el ocultamiento por parte de la autoridad eclesiástica también de alto nivel, tanto que se ha hablado de una “cultura” del ocultamiento. El caso del Cardenal McCarrick, por su extrema gravedad, dada la importancia del personaje, ha replanteado este problema no solamente al interior de la Iglesia de los Estados Unidos, sino también en relación con la Santa Sede, por los nombramientos de McCarrick a diversas sedes episcopales y su elevación al cardenalato. ¿Qué cosa se sabía de sus comportamientos en las diversas etapas de los procedimientos para los nombramientos, y en Roma, cuando fueron tomadas tales decisiones? Esta era la primera pregunta.
Además, el 26 de agosto de 2018 —cuando McCarrick ya había sido dimitido del Colegio cardenalicio, pero no todavía del estado clerical—, algunas declaraciones del ex Nuncio en los Estados Unidos, Mons. Carlo María Viganò, suscitaron gran escándalo. Esas, entre otras cosas, llamaban en causa directamente en tono acusatorio al Papa Francisco, pero involucraban también a su predecesor, el Papa Benedicto XVI, precisamente a propósito del Cardenal McCarrick y de la postura por ellos mantenida en sus relaciones a la luz de las imputaciones que estaban emergiendo sobre su conducta sexual en los años precedentes. ¿Qué cosa sabían por lo tanto los últimos dos Papas y cómo se habían conducido en tal situación? Esta era la segunda pregunta.
Las dos preguntas eran evidente muy graves, referente a la credibilidad del gobierno de la Iglesia en un aspecto importante como la elección y el nombramiento de sus pastores. Se trataba además del sensibilísimo campo de los abusos sexuales, en el cual, como es sabido, la Iglesia está empeñada en un difícil proceso de renovación y conversión, en el cual verdad y transparencia son aspectos cruciales. Era necesario por lo tanto, dedicarse con gran empeño a comprender adecuadamente qué cosa había acontecido y cómo había sido posible que una persona que finalmente había sido públicamente reconocida gravemente culpable hubiera llegado a los niveles más altos de la jerarquía eclesiástica.
El Informe se presenta por esto como el resultado de una investigación bastante profunda, realizada específicamente “sobre el conocimiento institucional y sobre el proceso de toma de decisiones de la Santa Sede”. La investigación ha sido no solo documental (sobre todo en los diversos archivos más directamente interesados: Secretaría de Estado y diversas Congregaciones Romanas, Nunciatura en los Estados Unidos, Diócesis en donde vivió y trabajó McCarrick: New York, Metuchen, Newark, Washington), sino también integrada por cerca de noventa entrevistas. Los resultados son presentados siguiendo rigurosamente el orden cronológico de las diversas etapas de la vida de McCarrick, desde su promoción al episcopado en 1977 hasta la acusación, presentada a la diócesis de New York en 2017, de haber abusado sexualmente de un menor en los inicios de los años noventa.
Esta acusación —en absoluto la primera circunstanciada que concerniera a un menor— fue rápidamente examinada y reconocida creíble. De aquí la dimisión de McCarrick del Colegio Cardenalicio en julio de 2018 y el proceso canónico conducido por la Congregación para la Doctrina de la fe, en el cual surgieron otras graves pruebas, y que concluyó a los inicios de 2019 con el decreto de dimisión del mismo McCarrick del estado clerical, por ser “culpable de solicitación durante el Sacramento de la Confesión y de pecados contra el Sexto Mandamiento con menores y adultos, con el agravante de abuso de poder” (p. 435). Pero, como se ha explicado, las Actas de este último proceso no son el objeto del Informe, que por el contrario se concentra sobre todo el periodo precedente.
Resultados del Informe
En apretada síntesis, reenvío al texto del Informe mismo para más información, puede ser útil señalar los puntos siguientes.
En ocasión del nombramiento de Mons. McCarrick como obispo auxiliar de New York por parte de Pablo VI en 1977, en el transcurso del proceso informativo previo a todo nombramiento episcopal ninguno de los interrogados “refirió de haber asistido o escuchado hablar del hecho que McCarrick se comportara de modo impropio, ni con adultos ni con menores” (p. 5). En ocasión de los sucesivos nombramientos como Obispo de Metuchen (1981) y Arzobispo de Newark (1986), McCarrick fue muy alabado “y no surgieron informaciones creíbles que sugirieran una conducta incorrecta de su parte” (p. 5).
Por el contrario, su nombramiento como Arzobispo de Washington, decidida por Juan Pablo II en el 2000, fue muy laborioso. Durante ese tiempo habían surgido voces de comportamientos seriamente imprudentes con jóvenes varones, adultos y seminaristas, una acusación de actividad sexual homosexual con dos sacerdotes, y habían llegado cartas anónimas con acusaciones de pedofilia. Habían existido por lo tanto dudas sobre la oportunidad de una visita del Papa Juan Pablo II a Newark durante un viaje a los Estados Unidos en 1995, que sin embargo fueron superadas. En seguida el Cardenal O`Connor, Arzobispo de New York, si bien no pudiendo pronunciarse en modo seguro sobre la sustancia de las acusaciones sobre las cuales permanecían dudas, dio un parecer negativo sobre la promoción de McCarrick a las sedes (cardenalicias) de Chicago y New York, que en un primer momento fue compartido por la Congregación de los Obispos y el papa.
Una investigación realizada por el Nuncio en Washington ante cuatro Obispos estadounidenses considerados bien informados confirmó las conductas imprudentes, pero no dio resultados definitivos (el Informe dice expresamente que, en base a cuanto se sabe hasta ahora, “tres de los cuatro interpelados ofrecieron a la Santa Sede informaciones no precisas y, además, incompletas”). McCarrick, informado de las acusaciones, escribió una carta al secretario del Papa, Mons. Dziwisz, en la cual proclamó con gran fuerza su inocencia. Respaldado también en otros pareceres autorizados, Juan Pablo II, que conocía y estimaba a McCarrick, decidió finalmente su nombramiento de Arzobispo de Washington, y poco después su admisión al Colegio cardenalicio.
Bajo el pontificado de Benedicto XVI inicialmente no hubo novedades, tanto así que al cumplirse el término de los 75 años, en el 2005, el mandato arzobispal de McCarrick fue prolongado por dos años; pero al término del mismo año llegaron nuevos detalles sobre una de las acusaciones ya anteriormente conocidas respecto a un adulto, de tal manera que en el 2006 McCarrick fue invitado a dimitir. La preocupación por el posible resurgir de las acusaciones fue objeto de estudio y reflexión, pero, tratándose de acusaciones no claramente probadas sobre hechos ya pasados en el tiempo, no referentes a menores, y de un Cardenal ahora ya sin compromisos pastorales, el Papa Benedicto no consideró oportuno iniciar un proceso canónico, sino que decidió apelar a la responsabilidad de McCarrick, recomendándole (no imponiéndole), a través del Prefecto de la Congregación de los Obispos, el Cardenal Re, de llevar un perfil más bajo y de conducir una vida más retirada(3).
Esto en realidad no sucede. McCarrick continuó una actividad intensa de viajes, de múltiples relaciones y de intervenciones públicas, de las cuales los Nuncios y las autoridades romanas eran conscientes. Del resto, el recordado Nuncio Sambi admitía claramente que McCarrick era “incapaz” de llevar una vida retirada. Esta era por lo tanto la situación también durante el mandato en Washington del Nuncio Viganò y en los primeros años del pontificado del Papa Francisco, que no modificó la línea del predecesor. Esto hasta que surgió la acusación relativa a un menor, de lo cual se ha hablado y que fue motivo de una intervención decisiva e inmediata del Papa.
¿Cómo ha sido posible?
Un aspecto que no puede pasar desapercibido es que McCarrick era efectivamente una persona de dotes humanas excepcionales: inteligencia aguda, capacidad de trabajo formidable, talento organizativo, de gobierno y diplomático; don de relaciones cordiales y agradables con personas de todo tipo de nivel social, también altísimo; múltiple y amplia variedad de campos de interés y de empeño, óptimo conocimiento de varias lenguas y grandes dotes comunicativas, viajero incansable, etc. Desde el punto de vista eclesiástico, se puede agregar una sólida formación doctrinal, un empeño pastoral real, una actitud atenta a la ortodoxia y a las buenas relaciones con Roma. En fin, la mayor parte de las personas que le conocían no se sorprendieron de su éxito, de las tareas que le confiaron y del vasto aprecio que lo circundaba. El Informe no falta de referir opiniones altamente elogiosas, muy autorizadas y ciertamente sinceras. McCarrick ha sido miembro de un gran número de Comisiones en la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, estuvo encargado de relaciones a muy alto nivel en el campo ecuménico, del diálogo con el hebraísmo y con otras religiones.
El número de sus viajes a diversas partes del mundo, puntualmente enumerados en el Informe, es increíble. Frecuentemente se dirigía a lugares a donde había necesidades humanitarias o de la Iglesia, en donde no faltaban riesgos y dificultades, y a donde pocos otros norteamericanos eclesiásticos de alto rango estaban dispuestos a dirigirse. Muchos de estos viajes, si bien no acompañados de un mandato diplomático formal, eran ocasión de contactos e informes útiles para la Iglesia, que él comunicaba a las autoridades romanas y también a los Papas con una intensa correspondencia. Su capacidad de reunir donativos y de distribuirlos para el servicio de la Iglesia o para fines humanitarios era conocido y de amplio aspecto (se puede recordar su rol en el nacimiento de la Papal Foundation), cosa que naturalmente le atraía contactos y le procuraba influencia y vínculos de gratitud. Sin embargo, el Informe especifica que no hay motivos para pensar que esta actividad fuera desarrollada principalmente con fines de interés personal. En realidad, McCarrick nunca pidió un estipendio en las diócesis que gobernaba, ni una pensión después de la dimisión como Arzobispo; el deseo de bienes materiales no parece por lo tanto un lado débil de su personalidad.
Se recuerda todo esto, porque no sería justo negar el bien por él hecho, pero también —y en este contexto sobre todo— porque puede ayudar a entender la dificultad de comprender y valorar adecuadamente el lado dramáticamente negativo de su personalidad y de sus comportamientos. Para muchos era más fácil creer que las acusaciones vinieran de envidias y oposiciones por su intensa actividad, más que de sus graves faltas. En particular por lo que se refiere a Juan Pablo II, además de lo bastante incompleto de las informaciones, el Informe presenta testimonios según los cuales la experiencia personal vivida por el entonces Arzobispo Wojtyla en Polonia, en donde el régimen hacía amplio uso de falsas acusaciones para desacreditar a sacerdotes y prelados, puede ayudar a comprender la decisión del Papa para su nombramiento a Washington.
Por lo demás, como observa el Informe, también la prensa independiente —que también en 2002 había investigado exhaustivamente sobre la Diócesis de Boston y el Cardenal Bernard Law por los casos de abuso sexual sobre menores y su ocultamiento—, aunque circularon voces e indiscreciones en contra del Cardenal McCarrick, no alcanzó a recoger testimonios creíbles y seguros para fundar acusaciones en su contra, dado que ninguna de las personas interrogadas por los periodistas se quiso expresar con declaraciones precisas, y así se terminó el asunto. El conocido vaticanista John Allen deja también entender que el liderazgo de McCarrick y sus buenas relaciones con la prensa como fuente de noticias importantes e interesantes pudieron haber jugado un papel de prejuicio en su favor (cfr. pp. 221 ss).
Al mismo tiempo, nos parece oportuno señalar unos datos del Informe que por lo demás parece que permanecieron en la sombra hasta ahora: respecto a la ambición. El Informe refiere que, con ocasión del nombramiento de McCarrick a Metuchen (1981), los informantes dieron pareceres muy positivos, «la única preocupación que se refería era “su evidente ambición de ser promovido en la jerarquía eclesiástica”. La terna(4) apuntaba que la cuestión de la ambición de McCarrick había surgido desde la primera candidatura de McCarrick en 1968, pero que “los entrevistados que mencionaron tal defecto en él no retiraron su propio voto al candidato: uno de la época escribió al Delegado Apostólico que habría sido equivocado excluirlo solo por ese defecto”» (pp. 27 ss.). Nos sea permitido observar que la cuestión no parece tan marginal. La carta en la cual McCarrick profesa solemnemente su inocencia en ocasión de las oposiciones de su nombramiento a Washington (u otra sede cardenalicia), y que permanece un punto clave, de verdad desconcertante, de todo asunto, ¿no es tal vez el fruto de su deseo incontrolable de alcanzar las cimas más altas de la jerarquía eclesiástica? Y más tarde, su evidente incapacidad de adaptarse a las recomendaciones de una vida más retirada después de su dimisión de arzobispo ¿no es el fruto de su evidente necesidad, hoy incontrolable, de ser continuamente objeto de atención y no ser “olvidado”?.
Se puede también observar que, con sus indudables capacidades y su empeño, McCarrick llegó a ser parte, como deseaba, del “círculo de las personas que cuentan”, al interior del cual se puede desarrollar un sentido de pertenencia que llega a impedir ver las situaciones con aquella libertad y objetividad que son necesarias para responder a los problemas difíciles, indeseables y vergonzosos. Parece que no solo McCarrick haya permanecido prisionero, sino también quien estaba en relación con él, hayan permanecido en cierta medida involucrados, sino es que evidentemente engañados.
En el delicado procedimiento para el nombramiento a puestos de alta autoridad —para el episcopado, pero también en otros casos— parece bien por lo tanto prestar gran atención no solamente a las señales de comportamientos peligrosos o ambiguos referentes a la esfera sexual, sino también a aquellos que manifiestan fragilidad respecto a la ambición. Esta puede en efecto corromper también otros aspectos de la conducta moral y del buen uso de la autoridad.
Algunas lecciones
Pero evidentemente al centro de la cuestión y del Informe están los reportes sobre el comportamiento sexual de McCarrick, que desgraciadamente por muchísimo tiempo fueron casi siempre anónimos o no circunstanciados o incompletos o —así parecía— de incierta credibilidad. Pero en diversos casos estuvieron evidentemente infravalorados o también simplemente callados, de tal modo que no alcanzaron los más altos niveles de los procesos de toma de decisión.
El anonimato de algunas acusaciones, que se revelan fundadas —como la primera, ya en los años ochenta, de una madre preocupada por sus hijos(5)— es un aspecto sobre el cual es necesario reflexionar atentamente. En cuanto sea justo pedir que las acusaciones sean siempre hechas asumiendo claramente la responsabilidad, no se puede negar que a veces sea extremadamente difícil, si no es que imposible, tener el valor de hacer acusaciones graves en contra de personas con autoridad y poder muy superiores a los del acusador, en quien se nutre el fundado temor de no ser creído o de ser objeto de represalias. Era evidentemente esta la situación en el caso McCarrick.
Justamente por esto el nuevo y esperado Vademecum para tratar los casos de abuso sexual, publicado por la Congregación para la Doctrina de la fe, en su primera versión del 16 de Julio pasado, invita a no desechar automáticamente las denuncias anónimas, sino a considerar si contienen elementos creíbles(6).
Otros problemas fueron muy infravalorados, como los comportamientos imprudentes notorios respecto de seminaristas o jóvenes adultos(7). El hecho que por lo demás no hubiera actos sexuales explícitos y que no estuvieran involucrados menores no basta absolutamente para justificar la prolongada tolerancia, tal vez favorecida entonces por un clima cultural muy ambiguo a cerca de las relaciones entre los sexos en general, y las relaciones homosexuales en particular. También a este propósito las condiciones de autoridad del arzobispo respecto de los seminaristas o jóvenes sacerdotes confería extrema gravedad a estos hechos, y al mismo tiempo hacía muy difícil la denuncia. Era extremadamente verosímil que hubiera un abuso de poder. Es necesario agregar también que era del todo ingenuo e inverosímil pensar que en un comportamiento frecuente de tal género se hubiera tratado siempre de relaciones correctas sin superar el confín de la relación sexual, así como el confín de la edad de las personas involucradas.
Por esto, las normas contenidas en el reciente “Motu Proprio” Vos estis lux mundi, de mayo de 2019, insisten sobre la obligación de denuncia por parte de todos los eclesiásticos y religiosos, también respecto de los superiores jerárquicos y también cuando se trate de abusos sexuales referentes a personas adultas, y sobre toda la organización en todas las diócesis de oficinas en las cuales (no solo los eclesiásticos) puedan presentar sus denuncias en condiciones de seguridad(8).
El miedo al escándalo ejerce una fuerte presión negativa sobre quien debe o debería informar, o sobre quien debe tomar decisiones de acción. También esto es comprensible. Frecuentemente se prefiere atenuar, por prudencia o malentendida benevolencia hacia el acusado, o callar, o esperar, con la esperanza que el problema no se repita. También esto sucedió en el caso McCarrick. El Informe describe la evidente incomodidad de quien, si bien teniendo altas responsabilidades, no sabía cómo gestionar la situación de frente al surgimiento de las acusaciones, y por lo mismo invitaba a retirarlas, u ofrecía información incompleta o inexacta, cuando se le solicitaba desde niveles superiores. Pero las consecuencias de tales comportamientos y omisiones , como sabemos, fueron muy graves, tanto que hoy, a la luz de la experiencia y de la conciencia madurada, hemos aprendido a considerarlos inexcusables y de sancionar.
Por esto, el reciente Vademecum es un instrumento necesario para ayudar a todos los Obispos y a las otras personas responsables a saber claramente cómo comportarse de frente a los casos de abuso, y por esto las recientes leyes obligan a denunciar no solamente los abusos cometidos, sino también sus encubrimientos y las omisiones por parte de los responsables eclesiales, que han de considerarse también estas faltas de extrema gravedad(9).
Al progresar la carrera eclesiástica de McCarrick a niveles siempre más altos, el riesgo del escándalo se hizo cada vez más grande y la aplicación de los remedios siempre más difícil con el pasar del tiempo. Al final, solo la valentía de una víctima de quedar al descubierto con una denuncia circunstanciada permitió afrontar la cuestión en toda su gravedad —recopilando también otros testimonios muy pesados— y comprender las dimensiones que habían continuado ocultas de modo continuo y que, además del abuso sexual y de poder, comprendían también el de conciencia en la forma muy grave del abuso del sacramento de la confesión.
Reflexiones conclusivas
Al valor de las víctimas —que también en este caso, como se debe reconocer, ha tenido un papel determinante— se debe añadir el valor de la autoridad de la Iglesia, sin olvidar, como ha señalado varias veces el Papa Francisco, que éstas se deben sentir sostenidas por la solidaridad y la responsabilidad de los miembros de la comunidad eclesial en la difícil tarea de la lucha contra los abusos de todo género.
En el ya largo camino eclesial de toma de conciencia y de purificación de frente al crimen de los abusos sexuales y a los sufrimientos de los cuales ha sido causa, el Informe McCarrick se presenta como un nuevo paso importante. Es un camino que se ensancha y profundiza en sus prospectivas, considerando no más ya solo los menores, sin también las personas vulnerables; no solo el abuso sexual, sino también sus conexiones con el abuso de conciencia y de poder. El presente Informe es en sí mismo un acto de valentía y de humildad. Demuestra que el examen de conciencia en la Iglesia llega hoy a involucrar sus niveles más altos, se empeña en no tener miedo a la verdad, no se limita a hablar de accountability, sino busca efectivamente de rendir cuentas de los errores que han sucedido y de sus causas, si bien esto es difícil y doloroso. Al mismo tiempo, como se ha explicado, contribuye a estar más atentos y a mejorar las normas, como es un deber para que siempre sea más difícil que se verifiquen escándalos y crímenes de esta gravedad.
Más difícil, pero no imposible, porque sobre esta tierra debemos siempre lidiar con el mal y el pecado. Hace ya mil años, en el 1051, San Pedro Damián, en su Liber Gomorrhianus, se lanzaba con fuerza contra la plaga del comportamiento inmoral entre los pastores de la Iglesia, condenaba en particular la difundida homosexualidad, y no solamente, sino la tolerancia culpable de los superiores respecto de los eclesiásticos indignos, pidiendo intervenciones más drásticas(10). Los dramáticos escándalos salidos a la luz estos años a propósito de los abusos sexuales, los más clamorosos de los cuales son los de Marcial Maciel, Fernando Karadima y Theodore McCarrick, pero a los cuales se agregan desgraciadamente muchos otros, nos hacen también más conscientes que la lucha contra el mal es terriblemente difícil e insidiosa. La realidad supera continuamente nuestra imaginación. Existe un “misterio de iniquidad” con el cual tenemos que lidiar con un empeño moral y espiritual sin descanso, sin desanimarnos y confiando en Dios, en su gracia y en su misericordia.
En conclusión, meditando en la desconcertante figura de McCarrick con sus contradicciones, nos sea lícito citar algunas líneas, citadas en el Informe, de una carta por él escrita en 2006 al Cardenal Parolin, en las cuales él habla de un próximo viaje suyo para el diálogo con los musulmanes: “Los shiítas han indicado gentilmente que quisieran que yo estuviera presente en estos encuentros. No estoy seguro si sea porque piensen que soy prudente o porque piensan que simplemente amo ir a cualquier encuentro. Temo que sea probable lo segundo más que lo primero y por lo tanto quiero aclarar por siempre que, en cualquier momento Vuestra Eminencia piense que deberé retirarme a un lugar sagrado y orar por la salvación de mi alma en vez de andar de gira por el mundo, obedeceré, obviamente, a tales instrucciones” (p. 428). Ahora que McCarrick ha efectivamente terminado de andar de gira por el mundo, no solo aprendimos las duras lecciones de su caso, sino oremos con él por la salvación de nuestras almas.
(1) Texto publicado en La Civiltà Cattolica 2021 I 59-70 | 4093 (2/16 gennaio 2021). Traducción: Filiberto Cruz Reyes.
(2) http://www.vatican.va/resources/resources_rapporto-card-mccarrick_20201110_it.pdf (Texto íntegro). Una síntesis en A. Tornielli, “Il Rapporto su McCarrick, pagina dolorosa da cui la Chiesa impara”, en Vatican News, 10 noviembre 2020. Las citas en el texto del artículo se refieren a la paginación del original italiano.
(3) En las Secciones dedicadas a este periodo, el Informe presenta una precisa y amplia documentación relativa a las actividades y a las posiciones de Mons. Viganò, primero en la Secretaría de Estado y después como Nuncio en Washington, en respuesta a sus conocidas declaraciones públicas de agosto de 2018, que fueron muchas veces contestadas.
(4) En vista de los nombramientos episcopales es preparada una «terna» de candidatos, en base a los informes recogidos generalmente por el Nuncio. La terna es presentada a la Congregación competente —en este caso, la de los Obispos— y últimamente al Papa.
(5) De esta acusación con carta anónima, que se remonta a mitad de los años ochenta, no se encontró documentación en algún archivo, pero la autora, una madre de familia, habló detalladamente con ocasión del proceso y su testimonio es muy luminoso sobre los comportamientos abusivos de McCarrick, sobre su insidia y sobre la dificultad para denunciarle (cfr. pp. 37-47).
(6) Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Vademecum sobre algunas cuestiones procesales ante los casos de abuso sexual a menores cometidos por clérigos, n. 11. El texto completo en http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20200716_vademecum-casi-abuso_sp.html (la versión en español). Este Vademecum es un importante subsidio preparado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, no como nuevo documento normativo, sino como un “manual” para que los Obispos, los otros responsables eclesiales y los operadores del derecho sepan cómo afrontar las situaciones de abuso sexual de menores por parte de clérigos. Había sido anunciado con ocasión del “Encuentro internacional sobre los abusos”, convocado por el Papa Francisco en febrero de 2019. Se trata de un documento que será continuamente actualizado a la luz de la experiencia y de la nuevas normas que se emanarán sobre este tema.
(7) Se trataba en particular de compartir el mismo lecho, con motivo de estancias en una casa de vacaciones o de viajes o en otras ocasiones.
(8) Cfr. F. Lombardi, “Protezione dei minori. I passi avanti del Papa dopo l’incontro di febbraio 2019”, en Civ. Catt. I 155-166.
(9) Véase a este propósito el “Motu proprio” Vos estis lux mundi, ya citado, como también el anterior Como una madre amorosa, de 2016.
(10) Cfr. Patrologia Latina (Migne, CXLV, col. 159-190). Uno de los acusadores de McCarrick, citado en el Informe, evoca este impresionante opúsculo del Santo Reformador medieval.
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Karl Lehmann, un pastor incansable
A mi sobrina Carolina en su cumpleaños
En L’Osservatore Romano con fecha de 16-17 de mayo del presente, aparecía la noticia de que “El Santo Padre ha aceptado la renuncia de su Eminencia Reverendísima, el Cardenal Karl Lehmann al oficio de Obispo de Mainz (Alemania), en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de Derecho Canónico”.
Dicho canon afirma que: “Al Obispo diocesano que haya cumplido setenta y cinco años de edad se le ruega que presente la renuncia de su oficio al Sumo Pontífice, el cual proveerá teniendo en cuenta todas las circunstancias”. Él nació el 16 de mayo de 1936, en Sigmaringen, Alemania; por lo tanto ya había rebasado el tiempo requerido para presentar su renuncia. Los Obispos hacen su renuncia al Romano Pontífice al cumplir la edad requerida por la norma, pero surte efecto sólo hasta que el Romano Pontífice la acepta y se los comunica formalmente. Lehmann realizó sus estudios de filosofía y teología en Friburgo y Roma; y el 10 de octubre de 1963 recibió la ordenación sacerdotal. En 1962 se doctoró en filosofía y en 1967 en teología con una tesis sobre el tema “Resucitó el tercer día según las Escrituras” en la Universidad Gregoriana de Roma. La tesis de filosofía fue sobre Martin Heidegger. De 1964 a 1967 trabajó como asistente del famoso teólogo Karl Rahner en las Universidades de Múnich y Münster, eran los años del concilio Vaticano II. En 1968, con tan sólo 32 años inició su labor docente en Maguncia, ocupando la cátedra de Dogmática y Propedéutica Teológica; luego enseñó en Friburgo de Brisgovia. En 1983 fue nombrado Obispo de Maguncia y recibió la consagración episcopal el 2 de octubre de ese mismo año. En 1987 fue elegido como Presidente de la Conferencia Episcopal alemana, cargo al que fue reelegido en 1993, 1999 y 2005, rejando el oficio en 2008 por motivos de salud, después de más de 20 años de servicio. Su lema episcopal es “State in Fide” (“Permaneced en la fe”). Juan Pablo II lo creó Cardenal el 28 de enero de 2001. Ha sido miembro por varios años de la Pontificia Comisión Teológica Internacional. De 1988 a 1998 fue miembro de la Congregación para la Doctrina de la fe. Ocupó diversos oficios de gran responsabilidad y ha recibido numerosos premios, no sólo en el ámbito académico. Su producción literaria es muy amplia.
En 2002 apareció en español un texto: “Es tiempo de pensar en Dios. Conversaciones con Jürgen Hoeren” (Barcelona). Fruto de esa entrevista, ese pequeño texto aborda una serie de temas actuales, deja una serie de reflexiones fruto no sólo del estudio sino de su experiencia pastoral que, si bien en contexto distinto al nuestro, es válido en este mundo globalizado. Ahí habla de la situación que vive la Iglesia, sumergida en este ambiente de cambio vertiginoso que vive la cultura actual. Dice cómo con la experiencia del 68, “desaparecieron muchas cosas que antes parecían naturales; resultaba sorprendente que como quien dice de la noche a la mañana se hubieran venido abajo tantas cosas” (p. 15); así mismo, observa, “nos enfrentamos a cambios increíbles en nuestra relación con la realidad”. Esta conciencia de novedad en la cultura y los desafíos que significan para la fe católica, fue en gran parte como el hilo conductor de su ministerio: una incansable búsqueda de cómo anunciar con lucidez y ardor caritativo el Evangelio en esta cultura actual, lo que le llevó como dice Francisco, a buscar las periferias existenciales en ese primer mundo en el que se desarrolló su ministerio. No escatimó palabra fresca y arriesgada en temas controvertidos de actualidad, sabiendo que los veloces procesos de cambio “producen una creciente aceleración en todos los aspectos de la vida. De modos que a las personas normales les cuesta muchísimo distinguir lo que es necesario, lo que les hace bien, de lo que es menos favorable, menos provechoso” (p. 16). Enfrenta los cuestionamientos que cultura actual suscita, propone pistas para entender el mundo actual, como que no es muy sorprendente que “los intereses económicos y las tendencias políticas a menudo estén muy próximos”; que “se genera una cultura una cultura generalizada del tiempo libre, que por cierto, a veces puede llegar a convertirse en una nueva carga y un nuevo agobio. La interrupción debería servir para que la gente tuviera la oportunidad de reflexionar, de pensar. Pero muchas personas intentan evitar esto a toda costa, no quieren observar tan detenidamente su propia vida ni los abismos de la existencia” (p. 20); que “hoy deberíamos tener más conciencia de que en la sociedad pluralista, además de tener voluntad de diálogo y de tolerancia, es preciso definir una posición propia e inconfundible, no tener miedo a ser diferente, no ocultarse ni adaptarse a algo incorrecto”, etc.
Está ahí la voz de este pastor universal, actual, desafiante al proponer una fe inteligente sin nostalgias de la cristiandad que fue, sino arriesgar vida y palabra.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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Un domingo por la tarde
A la memoria de Doña Eustorgia, Madre del Presbítero Víctor Hugo Ambríz, en el 1er Aniversario de su partida a la Casa del Padre
Era párroco en San Sebastián, aunque era Obispo, y como tal había sido presidente en tres períodos de la Conferencia Episcopal de Guatemala (1972-1974, 1974-1976 y 1980-1982), su patria. San Sebastián es una Iglesia que está a dos o tres cuadras de Catedral, en la capital de Guatemala.
Su abuelo, Doménico Girardi, originario de las inmediaciones de Trento, en Italia, había llegado a Guatemala hacia 1875. Su padre, Benito, ya nació en Guatemala y en su momento contrajo matrimonio con Laura Conedera. El apellido Girardi en Guatemala se transformó en Gerardi. Juan José fue el segundo de cuatro hijos de este matrimonio y nació el 27 de diciembre de 1922 en Guatemala capital. En esa época el Arzobispo de Guatemala estaba en el exilio debido a su expulsión junto con las Congregaciones de religiosos varones y la exclaustración de las comunidades religiosas femeninas por decreto de 1871 que promovía una persecución de la iglesia por los liberales. Hasta 1928 la Santa Sede nombrará otro Obispo y dividirá la diócesis de Guatemala en dos, al crear otra en los Altos de Quetzaltenango. Fueron muchos años de regímenes militares liberales en los que se privó a la Iglesia de sus bienes materiales.
Juan José Gerardi Conedera ingresó al Seminario de Guatemala y ahí realizó sus estudios de humanidades y filosofía, y aunque en esa época se acostumbrara que los seminaristas cursaran teología en el Seminario de San José de la Montaña, en San Salvador, él fue enviado a Nueva Orleans (Luisiana) en Estados Unidos, al Notre Dame Seminary.
Fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1946 en la Catedral Metropolitana de Guatemala por el Arzobispo Mariano Rosell Arellano. Luego desempeñó diversos oficios eclesiásticos: vicario parroquial, párroco, Canciller de la Curia, hasta que Pablo VI lo nombró obispo de La Verapaz el 9 de mayo de 1967, siendo consagrado el 30 de julio del mismo año en la Catedral de Guatemala, tomando posesión de su diócesis el 11 de agosto siguiente. Era una diócesis pobre, de población mayoritariamente indígena y una de sus principales tareas fue implementar el recién terminado Concilio Vaticano II. En 1974 el Papa Pablo VI lo traslada a la Diócesis de Quiché, tomando posesión de la misma el 7 de diciembre de ese año. Asistió en 1979 a la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, México. Participó en dos Sínodos de los Obispos: en 1974 en el Sínodo sobre la Evangelización y en 1980 en el Sínodo sobre la Familia. De 1980 a 1983, su diócesis de Quiché se vio envuelta de modo desmedido en la violencia que Guatemala vivió durante 36 años aproximadamente. El 6 de septiembre de 1980 es recibido en audiencia por el Papa Juan Pablo II en Roma, ahí le expresa la violencia que sufre Guatemala; luego de esta entrevista el Papa envía una carta a los obispos de Guatemala con fecha de 1º de noviembre de ese mismo año, en la que, entre otras cosas, reprueba fuertemente la violencia que vivía ese país hermano. Este documento alarmó a las autoridades militares y al propio Presidente, al grado que al regreso de monseñor Gerardi a Guatemala el día 20 de noviembre, le fue negado el acceso a su propia patria, por lo que luego de estar detenido viajó a San Salvador, en donde se le advirtió que ahí también su vida corría peligro, pues el 24 de marzo de ese 1980 había sido asesinado el Arzobispo de San Salvador: Monseñor Oscar Arnulfo Romero; terminando refugiado en Costa Rica.
En 1982, monseñor Gerardi regresa a Guatemala, pero no a su Diócesis, pues aún era bastante peligroso el que lo hiciera; por lo que permanece en la capital y desempeña el cargo de Secretario Ejecutivo de la Conferencia Episcopal. En 1984 renuncia a la Diócesis de Quiché y el Papa lo nombra Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Guatemala el 28 de agosto de ese año, y también párroco en la Parroquia de San Sebastián. Con fecha de 2 de diciembre de 1984, el Papa Juan Pablo II envía otra carta a los obispos de Guatemala, en la que entre otras cosas les dice: “Cuando la historia más reciente de vuestra Iglesia sea presentada a las generaciones futuras ¿será posible dar a conocer en sus páginas la larga lista de nombres de tantos catequistas, generosos sembradores de la Palabra de Dios, que en el cumplimiento de su misión cayeron víctimas del odio fraticida?”
El 23 de junio de 1994, en Oslo, Noruega, el gobierno de Guatemala y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca habían negociado la creación de la Comisión de Esclarecimiento Histórico. A partir de ahí, el 20 de octubre de 1994, la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG) promovió en la Conferencia Episcopal del país un proyecto que recogiera testimonios sobre las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante el conflicto armado interno de tantos años. En abril de 1995 se inició, en continuidad con lo anterior, la experiencia interdiocesana de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI), proyecto del que es alma monseñor Gerardi y que culmina con el informe que él rinde el 24 de abril de 1998. Ese día dijo: “El proyecto REMHI en el confluir del trabajo pastoral de la Iglesia es una denuncia, legítima, dolorosa que debemos de escuchar con profundo respeto y espíritu solidario. Pero también es un anuncio, una alternativa para encontrar nuevos caminos de convivencia humana. Cuando emprendimos esta tarea nos interesaba conocer, para compartir, la verdad, reconstruir la historia de dolor y muerte, ver los móviles, entender el por qué y el cómo. Mostrar el drama humano, compartir la pena, la angustia de los miles de muertos, desaparecidos y torturados; ver la raíz de la injusticia y la ausencia de valores”. Ese informe (Guatemala nunca más) de cuatro tomos le costó la vida: el 26 de abril, dos días después, un domingo por la tarde, le esperaba en la casa parroquial, el enemigo que no soportó la verdad, lo asesinaron arteramente y difamaron su persona y su memoria.
En ese entonces, Mons. Próspero Penados, Arzobispo de Guatemala, dispuso que en las columnas del atrio de Catedral se inscribieran los miles de nombres de las víctimas que aparecen en el IV volumen del Informe REMHI.
Entre los aniversarios de Gerardi (26 de abril) y del hoy Beato Romero (23 de Mayo) oremos a Dios por nuestra patria y nuestras familias.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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Maestros ¿cuáles?
Para Verónica Martínez Hernández, Enfermera,
en su jubilación, con gratitud en nombre de tantos pacientes.
Alguien afirmó que los buenos maestros forman buenos maestros, no discípulos. ¿cómo entender esta afirmación? ¿acaso no todos queremos trascender legando algo de nuestra experiencia? Hay quienes gustan de rodearse de “enanos”, es decir, no pueden soportar que alguien sobresalga por encima de ellos, su complejo de inferioridad no soporta alternativa alguna, se sienten amenazados, empequeñecidos, anonadados sin razón; utilizan todo medio a su alcance para aplastar, empequeñecer, aniquilar, envilecer. Todo lo contrario a la verdadera autoridad. Niegan su pasado, sus raíces, su identidad. Creen que con ellos empieza la historia, que han surgido “ex nihilo”. Excluyen, sólo conocen el monólogo, impertérritos inactivos. No arriesgan ni palabra ni acción, pretenden glorias sin buenas lides, fama sin batallas propias.
El pasado viernes 6, del presente mes de mayo, el Papa Francisco, profesor experimentado, recibió el Premio “Carlo Magno” que otorga la ciudad alemana de Aquisgrán a personas e instituciones distinguidas en el ámbito europeo. Al recibir tal distinción el Pontífice afirmó con sencillez y de modo directo: “no hagamos un gesto celebrativo, sino que aprovechemos más bien esta ocasión para desear todos juntos un impulso nuevo y audaz para este amado Continente”, refiriéndose a Europa, pero que es válido también para nosotros en lo que de humanismo transmite.
Cuestionó con amor de padre, de maestro, sin tapujos, sin buscar lo “políticamente correcto”: “¿Qué te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? ¿Qué te ha pasado Europa, tierra de poetas, filósofos, artistas, músicos, escritores? ¿Qué te ha ocurrido Europa, madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres que fueron capaces de defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos?”. Esto en el contexto de la gran crisis migratoria vigente en el viejo continente. Y de entre los grandes maestros que pasaron seguramente por su mente enumera algunos: Elie Wiesel, (Premio Nobel de la Paz, superviviente de los campos de concentración nazis), Robert Schuman (político, de fe católica, considerado uno de los padres de la Europa moderna), Alcide De Gasperi (también político católico, otro de los padres de Europa), Erich Przywara (sacerdote jesuita, teólogo y filósofo), y por supuesto, al también católico, enorme político y padre de Europa: Konrad Adenauer. Todos europeos, todos universales, maestros vigentes por su capacidad e intención de formar maestros, no discípulos “enanos”.
Francisco, en su discurso pronunciado al recibir tan honroso reconocimiento, afirma que sueña con un nuevo humanismo europeo, con “una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, capacidad de comunicación y la capacidad de generar”.
Al hablar de integración cree que “los reduccionismos y todos los intentos de uniformar, lejos de generar valor, condenan a nuestra gente a una pobreza cruel: la de la exclusión”. De ahí su actividad constante contra todo “descarte”, toda exclusión. ¿Cuántos millones de mexicanos están excluidos de los servicios más elementales? ¿cuántos programas de limosna van y vienen, en lugar de proponer una verdadera solidaridad que se debe en justicia? ¿cuántos programas de ideologías colonizadoras tendremos que soportar?
Por lo que a la capacidad de comunicación o diálogo se refiere, Francisco propone que frente a la falta de tejido social “la cultura del diálogo implica un auténtico aprendizaje, una ascesis que nos permita reconocer al otro como un interlocutor válido; que nos permita mirar al extranjero, al emigrante, al que pertenece a otra cultura como sujeto digno de ser escuchado, considerado y apreciado”. ¿cuántos millones de mexicanos viven como extranjeros en su propia tierra, subyugados por el “ni los veo ni los oigo”? (jóvenes, pidan a sus maestros que les recuerden la etiología de esta frase).
En cuanto a la capacidad de generar, Francisco pide maestros que nos recuerden que “la situación actual no permite meros observadores de las luchas ajenas. Al contrario, es un firme llamamiento a la responsabilidad personal y social”.
Sí, este es Francisco, un maestro que alza la voz con “parresía”, es decir, intrepidez, que reconoce y recomienda sin complejos a otros maestros; sin buscar glorias humanas ¿seremos capaces de escucharlo?
Filiberto Cruz Reyes
15 de Mayo de 2016
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De los niños que trabajan y de los hombres que juegan
Al Pbro. Manuel García Moreno,
en su XV Aniversario de Ordenación Sacerdotal
Querétaro, 1º de mayo de 2016: el tradicional (hoy práctica cuestionada por propios y ajenos) desfile de los trabajadores fue suspendido cuando manifestantes arrojaron objetos (cachuchas, playeras, etc.) al presidium. Sí, el mundo laboral ha sufrido cambios sensibles de retroceso en los últimos años, cualquier obrero lo sabe, porque lo ha vivido. Esta semana un obrero de mi parroquia comentaba: “yo llegué aquí a la colonia hace 40 años, compré una casa de INFONAVIT que la pagué en 7 años, hoy los jóvenes tardan a veces más de 20 años en pagarla”.
México, D. F., 13 de junio de 1980 (hace 36 años casi), un queretano, Sergio Bailleres Ocampo, en ese momento “Secretario General de la Federación de Sindicatos de trabajadores al servicio de los Estados, Municipios e Instituciones descentralizadas de carácter Estatal de la República Mexicana”, en Los Pinos, ante el entonces Presidente de la República, José López Portillo, pronunció un discurso en el que entre otras cosas afirmaba: “En nosotros se da la singular situación, que no contradicción, de que formando parte del gobierno, somos también parte del pueblo y, como tal, aspiramos a recibir los beneficios de la distribución de la riqueza expresada en justicia social. Para resolver esta situación nos hemos organizado en Sindicato”. Sindicato significa literalmente “con justicia, para hacer justicia”. La justicia social es un problema no sólo endémico, sino globalizado, que hoy plantea urgentes desafíos en el tema de los salarios, prestaciones, seguridad social, jubilaciones, etc. El también impulsor del sindicalismo en Querétaro y en el país, Bailleres, afirmaba también en aquella ocasión, que se advertía en muchas partes “como norma, el oportunismo político, el amiguismo, el servilismo y la corrupción”, por lo que, decía, “como parte integrante del gobierno debemos trabajar para defender y hacer realidad la distribución de la riqueza creada por el pueblo y devolvérsela en la justicia social”.
Con motivo de este acontecimiento del 1º de mayo, vuelvo a presentar una reflexión que proponía hace 21 años, cuando aún era seminarista, en un texto publicado en “La Diócesis de Querétaro. Presencia y voz”, con el título “De los niños que trabajan y de los hombres que juegan”.
«Del 30 de abril al 1° de mayo no media sino tan solo un instante, casi tan prolongado como el tiempo que transcurre entre la infancia y la edad adulta.
Ser niño es no estar sometido a la cuarta dimensión: el tiempo, pues para el niño solo existe el presente, no preocupa su existencia en cosas que tal vez ni llegarán; le basta su inocencia para ser feliz y, aunque no lo pueda definir, cree y vive el amor.
De los niños podemos aprender a perdonar: aún antes de que sus lágrimas se sequen, se ha secado ya el odio por un instante sentido a quien les ha hecho llorar.
Sueña el párvulo con lo que será de grande. Solo que hay quienes son despertados muy temprano de su sueño y se enfrentan a una realidad inhóspita: el mundo de los adultos.
Hemos sido llamados a la existencia, digamos que hemos sido creados sin nuestro consentimiento (el caso del niño), más por el trabajo (propio del adulto) entendido como don y tarea y desarrollado en constante libertad, forjamos una autocreación, una re-creación; pues al vencer al caos por el trabajo se deja una huella impresa en el universo que refleja a cada uno de sus co-creadores.
Así, en cierto sentido no somos sino solo lo que cincelamos por el trabajo, entendido éste no como fin en sí mismo (seria alineación), antes bien como medio a través del cual se logra llegar a ser verdaderamente hombre.
Cuando es trocada la naturaleza del niño por actividades que debe realizar a destiempo —y urgido por el hambre que no puede postergar— se convierte en esclavo de lo que debería ser su medio de liberación: el trabajo; lacerado así mismo por la no menos ignominiosa hambre de educación (aunque por Decreto tenga derecho a ella).
Vemos niños maltratados, utilizados, degradados en su dignidad bajo el yugo del trabajo, a la par que vemos hombres que juegan con el destino de los pueblos, con los sentimientos y esperanzas ajenos.
Ante la contundencia de los hechos las palabras sobran y la razón no basta: ¿Por qué niños exhaustos tras largas jornadas de trabajo escasamente perviven, mientras hombres que juegan con interminables laberintos de palabrerías (sin crear nada, sin trabajar) detentan sobreabundancia?.
Las manos trabajadoras son el verdadero artífice ordenador que hacen más humano nuestro mundo, del cual emergen pequeñas figuras que no abdican a la felicidad y poseen en su lucha inefable la sola fuerza de la verdad y la inocencia.
Solo el que construye, crea, trabaja, tiene derecho a llamar a las cosas por su nombre».
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
8 de Mayo de 2016