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  • Francisco, viajero de la esperanza

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    A mi madre con amor, en su cumpleaños

    Este viernes 27 del presente mes de noviembre, el Papa Francisco en su encuentro con los jóvenes en el Estadio Kasarani de Nairobi (Kenia), al responder a la pregunta: “¿porqué suceden las divisiones, las luchas, la guerra, la muerte, el fanatismo, la destrucción entre los jóvenes? ¿porqué este deseo de autodestruirnos?”, afirmó: “En la primera página de la Biblia, después de todas las maravillas que Dios hizo, un hermano asesina al propio hermano. El espíritu del mal nos lleva a la destrucción; el espíritu del mal nos lleva a la desunión, nos lleva al tribalismo, a la corrupción, a la dependencia de la droga… Nos lleva a la destrucción a través del fanatismo”.

    También fuimos jóvenes y expusimos nuestras propias interrogantes. Recordamos un texto de hace 20 años, publicado en “La Diócesis de Querétaro. Presencia y Voz” (12 de Febrero de 2015), al que intitulamos “Elegía por el año viejo”, el contexto era el año del levantamiento zapatista.

    Elegía por el año viejoEl tiempo se va, El tiempo viene. Atónitos marchamos ante el inexorable ritmo de las horas. Y en el corazón cavilante de más de algún mexicano 1994 quedará como el año del posible y anhelado cambio, y muchos otros corazones latirán al compás del poeta en culpable omisión: “por lo que supe y no pudo ser más que silencio”.¿Habrá algo más voluble que el corazón del hombre? Vida que deviene reflexión y en visión retrospectiva contempla y canta un día después: Ciudad en ruinas. Espectros ancestrales en danza agónica se diluyen, para volver de nuevo a invadir la frágil vida con el peso de su espanto. Esquirlas de luz y el sonido atraviesan el espacio y el alma de aquel hombre. Terrible fortuna del que hereda una desgracia.Herencia maldita. Soledad que se harta de sí misma. Laberinto de cristal que encierra las conciencias de los muertos atrapados en el tiempo. Recuerdos dormidos que al menor pretexto saltan a la realidad.La lucha externa del hombre con el hombre, del hombre y su miseria. Rostro oculto de polvo mezclado con su sangre, disimulado en la espesura de su selva; el hacha vierte la savia de la vida que corre y llega al mar de la vergüenza, la rabia y el olvido. Son ya años de muerte y de conquista. El grito tumultuoso se alza en esperanza…Volverá un año nuevo y nuestra esperanza afirma que no es el eterno retorno mecanicista, sino uno que jalona el Reino y entona con San Agustín: “Señor… nos creaste para Ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en Ti”.

    Ahí en el estadio, Francisco decía también a los jóvenes: “La vida está llena de dificultades, pero hay dos modos de ver las dificultades: o se las mira como algo que te bloquea, que te destruye, que te tiene detenido, o bien, se les mira como una real oportunidad. A ustedes les toca elegir: ¿para mí, una dificultad es un camino de destrucción, o bien, es una oportunidad para superar mi situación, aquella de mi familia, de mi comunidad, de mi pueblo?”. Francisco, te esperamos con tu palabra de luz y esperanza; ahí en medio de los pobres, de los indígenas, de nuestra violencia absurda, junto al muro de la vergüenza…

  • La historia: Dios en el tiempo

    Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

    Cuando Dios crea lo hace por medio de su Palabra, el libro del Génesis repite como estribillo “dijo Dios” (1, 3; 1, 6; 1, 9; 1, 11; 1, 14; 1, 20; 1, 24; 1, 26; 1, 29); al crear, al pronunciarse, Dios está ya salvando, el acto creador es al mismo tiempo un acto de salvación; la creación, y por tanto la historia, no es un mero escenario donde el ser humano estará como accidente, sino el lugar donde se juega su salvación eterna, donde el Reino tiene su inicio: “Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios”; el mismo Espíritu que “aleteaba por encima de las aguas” (Gn 1, 2) es el mismo que conduce a Jesucristo en su ministerio; es decir, Jesucristo, la Palabra eterna del Padre realiza la creación (“todo fue creado por Él y para Él” Col 1, 16) y la salvación.

    Por esta misma razón, cada uno de nuestros actos o está en sintonía con el proyecto del Reino o está en contra de él: “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt 12, 30). La historia es pues la presencia de Dios en el tiempo.

    El pasado lunes 16 de este mes de noviembre se llevó a cabo en nuestra Diócesis de Querétaro la XXVII Asamblea Diocesana de Pastoral, que tuvo como objetivo “Impulsar la comunión misionera, revisando las orientaciones pastorales Diocesanas, evaluando las acciones concretas que cada Comisión diocesana asumió para impulsar la Pastoral de la Comunicación (2015), y conociendo las Directrices de la evaluación y actualización del PDP (2016), para asumir corresponsablemente la Misión permanente en nuestra Diócesis, bajo el patrocinio de san Junípero Serra”.

    En la Asamblea, nuestro Pastor Diocesano, Mons. Faustino Armendáriz hizo dos importantes intervenciones, la primera, al darnos las “Orientaciones claves y criterios para evaluar y actualizar el Plan Diocesano de Pastoral”, y la segunda, durante la Homilía en la Santa Misa. Queremos resaltar dos llamamientos que el Obispo nos ha hecho. El primero, durante la homilía: “Invito a todos a seguir  impulsando el uso  de los medios de comunicación en el quehacer pastoral. ¡En la cualidad y calidad de la trasmisión  del mensaje del Evangelio, estará la clave de la respuesta de nuestros interlocutores!” (n. 4). Por esta razón, desde nuestras limitadas fuerzas continuamos con estas sencillas líneas. El segundo llamamiento que enfatizamos es la primera de sus Orientaciones claves y criterios para evaluar y actualizar el Plan Diocesano de Pastoral: “Ver y leer la realidad con los ojos de Dios”, de la cual nos explicita: “Debemos ser realistas y reconocer la complejidad de la situación y los graves problemas del mundo, de México y de nuestra diócesis. Debemos recordar que la fuerza del Espíritu es la que nos guía en el camino de la nueva evangelización”. Es decir, guiados por nuestro Pastor diocesano debemos hacer nuestro el aforismo siempre antiguo y siempre nuevo en la Iglesia: “Ecclesia semper reformanda est” (“La Iglesia está siempre en estado de reforma”), o en palabras de San Agustín: “la fe que busca entender”, la teología no es otra cosa que la búsqueda constante de la voluntad de Dios, cómo actuar en la historia, cómo contribuir a la instauración del Reino, cómo ver y leer la realidad con los ojos de Dios. Este pensamiento de nuestro Pastor diocesano hunde sus raíces en el más puro magisterio de la Iglesia, de manera especial en la enseñanza de los Obispos de América latina expresado en los documentos del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), y más puntualmente en el Documento de Aparecida, que nos exhorta a que “en la vida cotidiana, veamos la realidad que nos circunda a la luz de su providencia, la juzguemos según Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, y actuemos desde la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo y Sacramento universal de salvación, en la propagación del reino de Dios, que se siembra en esta tierra y que fructifica plenamente en el Cielo” (n. 19). Resuene pues fuertemente en nuestros corazones el llamamiento de nuestro Obispo para continuar con la misión que Dios nos ha encomendado en este momento histórico que nos ha tocado vivir, para que Jesucristo, Rey del Universo nos encuentre haciendo su voluntad cuando venga a juzgar a vivos y muertos (cfr. Mt 24, 46).

    • Las fronteras de un tiempo común

      Las fronteras de un tiempo común

      J. Antonio Arvizu V. – Filiberto Cruz R

      A Maité y Jaime

      ecologia

      Este jueves 12 de noviembre del presente, en el histórico Teatro de la República de la Ciudad de Querétaro se llevó a cabo el “Foro Internacional sobre el Cuidado de la casa común”, en el que participaron el Cardenal Peter Turkson (Prsidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz), Felipe Calderón Hinojosa (Presidente de la Fundación Desarrollo Humano Sustentable) y Francisco Barnés de Castro (Exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México). La temática giró en torno a la Encíclica del Papa Francisco Laudato síi.

      Con motivo de este acontecimiento volvemos a presentar una reflexión que proponíamos hace 21 años, en un texto publicado en “La Diócesis de Querétaro. Presencia y voz”, con el título de “Las fronteras de un tiempo común”.
      «La reflexión sobre el tiempo es quizá la única posibilidad de no perderlo. El tiempo es lo fugaz, lo efímero, porque se ha visto cómo lo presente, se mueve con el vértigo de los cambios.

      Históricamente vivimos un momento sin precedentes: el hombre tiene en sus manos el poder de suspender y poner fin al tiempo humanamente visible; y esta “capacidad” ha nacido de la urgencia y la precipitación de una necia dinámica mundial.

      Paralelamente transcurre un tiempo artificial, provocado por modos de vida en constante evasión del compromiso por crearse un tiempo y vivirlo.

      El tiempo de las civilizaciones ha sido fracturado, de modo que se verifican diferencias temporales en la apreciación de los productos de la cultura; ante el aparador de nuestro mundo se distancia la atención a un mismo objeto desde diversos observadores, tal distancia es un problema de tiempo; porque del anciano al niño que mendiga, o a la mujer de su hogar; o al hombre de negocios, existe un abismo de tiempos artificiales que se concretan en las posibilidades e imposibilidades de acceder a un mismo mundo. Nuestra gente vive tiempos relativos a su prisa o intereses: el tiempo se ha particularizado a pesar de deber ser una experiencia tan real como compartida en virtud de la elemental certeza de que a fin de cuentas inevitablemente moriremos.

      La muerte es frontera común en el tiempo.

      El tiempo de vida crea parcelas que finalmente la muerte unifica; porque ésta, llenando de sentido a cada vivencia hace que ellas mismas sean quienes dan sentido al tiempo.

      Cada quien no es sino obra de sus realizaciones en el tiempo.

      Paradójicamente gravitamos en el tiempo incapaces de sopesarlo. Corremos en el tiempo no aptos para asirlo. Preocupamos nuestro tiempo en la obtención de oportunidades —ofrecidas gangas— abaratando precisamente nuestros momentos.

      Tal superficialidad emana de la desatención al valor del tiempo recorrido; a la intencional y pueril ceguera frente a la inminencia de la muerte; a la indiferencia por subsanar las distancias con mis otros y a nuestra concesión ante la aparente inevitabilidad del tiempo artificial impuesto.

      La conciencia ecológica (valedera mientras no permita ser víctima o instrumento del manoseo ideológico-político, ni de la cómoda —y por ello efímera— hipocresía de la moda) nos obliga con premura a enfrentar el factible y acechante fantasma cada vez más tangible del holocausto de nuestra casa natural, en la que aparentamos vivir como inquilinos morosos, víctima de nuestras ilusorias esperanzas que suponen un tiempo prorrogable exento de embargos, indemne.

      Sedientos de novedades nos aventuramos en su búsqueda hasta llegar a lo ridículo, al hastío; sin tener en cuenta que finalmente cada día todo lo que me rodea es nuevo para mí, es otra oportunidad de aferrarme a la historia, de integrarme al tiempo, de edificar un verdadero, original, personal y satisfactorio mundo.

      Tiempo, momento en movimiento. La actualidad no significa tiempos nuevos, sino la necesidad de rehabilitar el momento que abra un espacio: el renuevo que el tiempo debe ser.

      El tiempo es lo más arriesgado y a la vez lo más oportuno, porque nuestro final es ignorado.

      De tal manera, no construir en el tiempo es fatiga inútil, cúmulo de vueltas en las manecillas del reloj, que no sacian el legítimo de permanecer desafiando a la muerte (que es fin de un tiempo) en nuestras huellas que habiten el tiempo comenzado de otros; temporalidad que hace nacer otro deseo, la entrañable certeza de una permanencia que releve a mi existencia por encima del tiempo. Es decir, el tiempo que nos engendra y nos suprime es “culpable” del amor a la existencia que responde a nuestro derecho de quererla por sobre de aquel.

      El tiempo es la cita con los otros, por lo que debemos humanizarlo lejos de la tiranía que implican los horarios, una disponibilidad no sujeta a los relojes.

      En suma, el tiempo no es sólo presente sino además el equipaje de nuestra recolección —por más apresurada e inconsciente— de testigos que nombran lo que cada quien se ha configurado.

    • Ecos de la Laudato Si’

      Pbro. Filiberto Cruz Reyes

      A mi hermana Cirenia por su cumpleaños

      Con fecha de 24 de mayo de este 2015 el Papa Francisco emitió su segunda Encíclica, que lleva por nombre “Laudato si´” (“Alabado seas”), luego de aquella que fue su primera: “Lumen fidei” (29 de Junio de 2013). La primera está dirigida a “los Obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y a todos los fieles laicos” y es sobre la fe; la segunda no tiene, como es costumbre, un destinatario después del título y el tema que trata, sino que ya en el cuerpo del documento Francisco afirma: “frente al deterioro ambiental global, quiero dirigirme a cada persona que habita este planeta. En mi exhortación Evangelii gaudium, escribí a los miembros de la Iglesia en orden a movilizar un proceso de reforma misionera todavía pendiente. En esta encíclica, intento especialmente entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común” (n. 3).

      El documento no es sólo de carácter ecológico, sino “que se agrega al Magisterio social de la Iglesia” (n. 15), por esta razón el Papa dice que la Encíclica tiene como unos ejes que la atraviesan toda, en temáticas como “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida” (n. 16).

      Una de las múltiples respuestas que se han suscitado en todo el mundo frente a la invitación que Francisco hace, se dio en nuestra patria el día miércoles 4 del presente mes de noviembre en un hecho inédito: la Comisión Especial de Cambio Climático del Senado de la República, misma que preside la Senadora Silvia Garza Galván, conjuntamente con el IMDOSOC (Instituto mexicano de doctrina social cristiana) y la Fundación Konrad Adenauer, organizaron el Foro: “La pobreza y el cambio climático. Presentación de la EncíclicaLaudato si´”, mismo que se llevó a cabo en el Auditorio Octavio Paz en el senado de la República. Parte de esta novedad es que en la presentación intervinieron entre otras personas de gran talla, Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey, y Mons. Juan Armando Pérez Talamantes, Obispo Auxiliar de la misma Arquidiócesis. Mons. Cabrera afirmó casi al inicio de su intervención: “Que el Senado sea también una voz profética en el tema del cambio climático”. Este acontecimiento histórico —¡que realmente lo es!— tiene sus riesgos, y estos se inscriben en el contexto de lo que tanto repite Francisco: “Prefiero una Iglesia accidentada por salir, que enferma por estar encerrada”.

      Francisco no es ningún improvisado en estos temas de diálogo y apertura, de profecía y denuncia, de anuncio de la Buena Nueva y reconciliación; ya en una Homilía del 25 de mayo del 2000, el entonces Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio decía en el contexto del Gran Jubileo: “¡Refundar con esperanza nuestros vínculos sociales!: esto no es un frío postulado eticista y racionalista. No se trata de una nueva utopía irrealizable ni mucho menos de un pragmatismo desafectado y expoliador. Es la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir con justicia sus bienes, sus intereses, su vida social en paz. Tampoco se trata solamente de una gestión administrativa o técnica, de un plan, sino que es la convicción constante que se expresa en gestos, en el acercamiento personal, en un sello distintivo, donde se exprese esta voluntad de cambiar nuestra manera de vincularnos amasando, en esperanza, una nueva cultura del encuentro, de la projimidad; donde el privilegio no sea ya un poder inexpugnable e irreductible, donde la explotación y el abuso no sean más una manera habitual de sobrevivir. En esta línea de fomentar un acercamiento, una cultura de esperanza que cree nuevos vínculos, los invito a ganar voluntades, a serenar y convencer”.

      Este es el pensamiento de Francisco, constante y fresco, novedoso y siempre fiel al Evangelio de Jesucristo. Las respuestas dadas a su invitación el tiempo y la realidad las irán probando en su alcance y sinceridad. Aplaudimos esta iniciativa de los creadores del Foro en mención, deseando sea el inicio de una nueva etapa de nuestra incipiente democracia, sin descartes.

    • Con la sabiduría De los Santos

      Con la sabiduría De los Santos

      Pbro. Filiberto Cruz Reyes

      A la Parroquia Jesús de Nazareth
      con gratitud en su 12º aniversario de erección canónica

      Llegada a su fin la “XIV  Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos” realizada del 4 al 25 de Octubre de este 2015 en la ciudad del Vaticano, se le presentó al Obispo de Roma, el Papa Francisco, la Relación final. El Sínodo abordó el tema de “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”.

      No es la primera vez que el Sínodo trata este tema. Ya con fecha de 22 de noviembre de 1981, aparecía la publicación de la Exhortación Apostólica “Familiaris consortio”, del Papa Juan Pablo II, en la que afirmaba: “Una señal de este profundo interés de la Iglesia por la familia ha sido el último Sínodo de los Obispos, celebrado en Roma del 26 de septiembre al 25 de octubre de 1980. Fue continuación natural de los anteriores. En efecto, la familia cristiana es la primera comunidad llamada a anunciar el Evangelio a la persona humana en desarrollo y a conducirla a la plena madurez humana y cristiana, mediante una progresiva educación y catequesis” (n. 2). Dicho documento lleva como subtítulo “Sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual”. Ahora el sínodo ha discernido no solo sobre la misión de la familia, sino sobre lo que está llamada a ser, por eso el tema fue también sobre la vocación de la familia, pues en estos días se han cuestionado principios fundamentales que parecían inamovibles; una reflexión no solo sobre la misión de la familia en el mundo, como fue en 1980, sino hoy también al interior de la Iglesia, pues la crisis sobre la familia ha tocado el seno mismo de la Iglesia: la familia también es hija de su tiempo.

      La intención del sínodo no ha sido el dar “recetas” sobre ciertos desafíos vistos de modo aislado, sino el de mirar en un horizonte más amplio y darles a las familias el “ánimo de toda la Iglesia que unida a su Señor y dirigida por la acción del Espíritu Santo, sabe que tiene una palabra de verdad y de esperanza para dirigir  a todos los hombres” (n. 1).

      La Relación contiene, luego de una Introducción, tres partes y una Conclusión:

      I Parte: La iglesia en escucha de la familia:

      • Capítulo I: La familia y el contexto antropológico-cultural.
      • Capítulo II: La familia y el contexto socio-económico.
      • Capítulo III: Familia, inclusión y sociedad.
      • Capítulo IV:  Familia, afectividad y vida.

      II Parte: La familia en el plan de Dios.

      • Capítulo I: La familia en la historia de la salvación.
      • Capítulo II: La familia en el Magisterio de la Iglesia.
      • Capítulo III: La familia en la doctrina cristiana.
      • Capítulo IV: Hacia la plenitud eclesial de la familia.

      III Parte: La misión de la familia.

      • Capítulo I: La formación de la familia.
      • Capítulo II: Familia, generación, educación.
      • Capítulo III: Familia y acompañamiento pastoral.

      Conclusión

      En la Conclusión los Padres sinodales dicen: “Esperamos que el fruto de este trabajo, ahora entregado en las manos del Sucesor de Pedro, de esperanza y alegría a muchas familias en el mundo, orientaciones a los pastores y a los agentes de pastoral y estímulo a la obra de la evangelización. Concluyendo esta Relación, pedimos humildemente al Santo Padre que valore la oportunidad de ofrecer un documento sobre la familia, para que en ella, Iglesia doméstica, resplandezca siempre más Cristo, luz del mundo” (n. 94).

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      Dios ha suscitado siempre hombres y mujeres que con sabiduría, esa que viene de Dios, han sabido proponer nuevos caminos por los cuales la Iglesia debe transitar; éstos son los Santos a quienes hoy celebramos todos juntos en esta Solemnidad de Todos Santos. La mañana de este viernes 30 de octubre el Papa Francisco recibió a un grupo de peregrinos salvadoreños que acudieron a Roma a darle gracias por la beatificación de Mons. Öscar Arnulfo Romero. El Papa les dijo que Romero había vivido “el dinamismo de las bienaventuranzas”, y que su martirio “no ocurrió solo en el momento de su muerte; fue un martirio-testimonio, sufrimiento anterior, persecución anterior, hasta su muerte. Pero también posterior, porque una vez muerto —yo era un joven sacerdote y fui testigo— fue difamado, calumniado, mancillado, o sea, su martirio continuó incluso por parte de sus hermanos en el sacerdocio y en el episcopado”.

      Estas experiencias de los santos son las que dan sabiduría a la Iglesia.

      1º de Noviembre de 2015

    • Iglesia sinodal: Caminar juntos

      Iglesia sinodal: Caminar juntos

      Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

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      El 8 de diciembre de 1965 terminaba el Concilio Vaticano II, es decir, la reunión de todos los Obispos católicos del mundo, realizada en la ciudad del Vaticano. Pocos días antes, el 15 de septiembre, el Papa Pablo VI creaba el Sínodo de los Obispos, que en sus propias palabras sería el “consejo estable de Obispos para la Iglesia universal, sujeto directa e inmediatamente a Nuestra autoridad”. Es decir, frente a la imposibilidad de reunir a todos los Obispos católicos del mundo de manera frecuente, éstos enviarían a sus representantes de manera constante para reunirse con el Romano Pontífice cuando éste los convoque, y los fines de estas reuniones serán:

      “1. Los fines generales del Sínodo de los Obispos son:

      a) fomentar la íntima unión y colaboración entre el Sumo Pontífice y los Obispos de todo el mundo;

      b) procurar que se tenga conocimiento directo y verdadero de las cuestiones y de las circunstancias que atañen a la vida interna de la Iglesia y a su acción propia en el mundo actual;

      c) facilitar la concordia de opiniones, por lo menos en cuanto a los puntos fundamentales de la doctrina y en cuanto al modo de proceder en la vida de la Iglesia.

      1. Los fines especiales y próximos son los siguientes:

      a) intercambiarse noticias oportunas;

      b) dar consejo acerca de aquellas cuestiones para las que sea convocado el Sínodo en cada ocasión” (Carta Apostólica “Apostolica sollicitudo”, Pablo VI, 15 de septiembre de 1965).

      El sábado 17 de este mes de octubre el Papa francisco pronunció un discurso con motivo del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos. En este texto Francisco insiste en “la necesidad y la belleza de «caminar juntos»”. Caminar juntos puede resultar algo no fácil cuando los individualismos que proceden del egoísmo se manifiestan de diversas maneras en la vida de la iglesia, por ejemplo en protagonismos temerarios y enfermizos; en envidias que terminan dañando a quien se considera una amenaza potencial para los propios fines (ahí está la vida del Beato Antonio Rosmini como un ejemplo de una víctima del no saber caminar juntos), etc. Todo esto entre otras causas por la falta de una sana eclesiología, por eso Francisco afirma en su discurso: “Caminar juntos —laicos, pastores, Obispo de Roma— es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica”.

      Caminar juntos es un deber y derecho en primer lugar de los Pastores, sobre todo para ejercer la autoridad, por eso el Papa dice que caminar juntos inicia por la capacidad de escuchar al otro: “Pueblo fiel, colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo”.

      Francisco señala de manera profunda y clara la razón de la obediencia a la autoridad en la iglesia: “no es una limitación de la libertad, sino una garantía de la unidad”, por eso el Sínodo no es un Parlamento, sino una asamblea que está “con Pedro” y “bajo Pedro”. La Iglesia, dice Francisco, tiene estructuras que ayudan a caminar juntos a quien ejerce la autoridad y a quienes obedecen en la libertad; en la diócesis están: el Sínodo diocesano en primer lugar (el cual no ha sido realizado por muchas diócesis en los últimos años); el consejo presbiteral; el colegio de consultores; el capítulo de los canónigos y el Consejo pastoral. Y afirma Francisco tajantemente: “Solamente en la medida en la cual estos organismos permanecen conectados con lo «bajo» y parten de la gente, de los problemas de cada día, puede comenzar a tomar forma una Iglesia sinodal: tales instrumentos, que algunas veces proceden con desanimo, deben ser valorizados como ocasión de escucha y participación”. No hacer lo que propone Francisco evidencia una especie de esquizofrenia pastoral: el discurso protagónico por una parte y la realidad por otra.

      Un segundo nivel de sinodalidad en la Iglesia, dice el Papa, “es aquel de las provincias y de las regiones eclesiásticas, de los consejos particulares y, en modo especial, de las conferencias episcopales”.

      Finalmente, afirma Francisco: “El último nivel es el de la Iglesia universal. Aquí el Sínodo de los Obispos, representando al episcopado católico, se transforma en expresión de la colegialidad episcopal dentro de una Iglesia toda sinodal”.

      O caminamos juntos o no somos iglesia, por eso San Juan Crisóstomo decía que «Iglesia y Sínodo son sinónimos», y, ¿acaso no decía Santo Tomás de Aquino que el infierno no es otra cosa que la eterna soledad?

    • Necesidad de ser purificados

      Necesidad de ser purificados

      Pbro. Filiberto Cruz Reyes

      Oh puñadito de mirra que perfumaste mi seno
      ¿por qué vas con esos hombres y a mí me dejas gimiendo?
      Yo por ti diera mi vida, ellos dan treinta dineros
      Cristo niño mío, ¿para dónde vais?
      Pobre María, mar de lágrimas... no te canses de llorar.
      Poema del Via Crucis. Anónimo
      rejas

      En días recientes la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) publicó un documento intitulado “La sobrepoblación en los Centros Penitenciarios de la república Mexicana. Análisis y pronunciamiento”. En el Comunicado de prensa CGCP/310/15 de la CNDH se lee: “Tras señalar que mientras en 1994 existía en las prisiones del país capacidad para 88, 071 personas y había 86, 326 internos, en 2015 la capacidad es para 203,084 personas y hay 254,705 internos, para un déficit de 51, 621 lugares, que representan una sobrepoblación del 25.4 %”. Por otra parte, dicho documento señala como algunas de las causas de dicha sobrepoblación: “El uso desmesurado de la pena privativa de libertad; el rezago judicial de los expedientes de gran parte de la población en reclusión, casi el 50 % son procesados; la fijación de penas largas, a veces sin la posibilidad de medidas cautelares o el otorgamiento de libertades anticipadas; y la falta de utilización de penas alternativas o sustitutivos de la pena privativa de libertad”.

      En su reciente viaje a Estados Unidos, el Papa Francisco en su visita a los presos del Instituto correccional Curran-Fromhold de Filadelfia, les dijo entre otras cosas: “Todos sabemos que vivir es caminar, vivir es andar por distintos caminos, distintos senderos que dejan su marca en nuestra vida. Y por la fe sabemos que Jesús nos busca, quiere sanar nuestras heridas, curar nuestros pies de las llagas de un andar cargado de soledad, limpiarnos del polvo que se fue impregnando por los caminos que cada uno tuvo que transitar. Jesús no nos pregunta por dónde anduvimos, no nos interroga qué estuvimos haciendo. Por el contrario, nos dice: «Si no te lavo los pies, no podrás ser de los míos» (Jn 13,9). Si no te lavo los pies, no podré darte la vida que el Padre siempre soñó, la vida para la cual te creó. Él viene a nuestro encuentro para calzarnos de nuevo con la dignidad de los hijos de Dios. Nos quiere ayudar a recomponer nuestro andar, reemprender nuestro caminar, recuperar nuestra esperanza, restituirnos en la fe y la confianza. Quiere que volvamos a los caminos, a la vida, sintiendo que tenemos una misión; que este tiempo de reclusión nunca ha sido y nunca será sinónimo de expulsión.

      Vivir supone “ensuciarse los pies” por los caminos polvorientos de la vida y de la historia. Y todos tenemos necesidad de ser purificados, de ser lavados. Todos. Yo el primero”.

      Estas palabras del Papa encierran una propuesta, un íter a nivel cultural, lo que él ha propuesto en varias ocasiones: la justicia reconciliadora. De diversa maneras Francisco ha expresado la Doctrina social de la Iglesia sobre el tema de la pena impuesta a quien se ha equivocado gravemente y es recluido en una prisión: “Se trata de hacer justicia a la víctima, no de ajusticiar al agresor […] En nuestras sociedades tendemos a pensar que los delitos se resuelven cuando se captura y condena al delincuente, pasando de largo frente a los daños provocados o sin prestar suficiente atención a la situación en la cual quedan las víctimas. Pero sería un error identificar la reparación solo con el castigo, confundir la justicia con la venganza, lo que contribuiría solo a acrecentar la violencia, aunque está institucionalizada […] La confesión es la actitud de quien reconoce y lamenta su culpa. Si al delincuente no se le ayuda suficientemente, no se le ofrece una oportunidad para que pueda convertirse, termina siendo víctima del sistema. Es necesario hacer justicia, pero la verdadera justicia no se contenta con castigar simplemente al culpable. Hay que avanzar y hacer lo posible por corregir, mejorar y educar al hombre para que madure en todas sus vertientes, de modo que no se desaliente, haga frente al daño causado y logre replantear su vida sin quedar aplastado por el peso de sus miserias”.

      Ante una temática tan compleja y debatida Francisco da todavía mas luces cuando invita a la prevención: “No pocas veces la delincuencia hunde sus raíces en las desigualdades económicas y sociales, en las redes de la corrupción y en el crimen organizado, que buscan cómplices entre los más poderosos y víctimas entre los más vulnerables. Para prevenir este flagelo, no basta tener leyes justas, es necesario construir personas responsables y capaces de ponerlas en práctica” (30 de mayo de 2014, Carta a los participantes en el XIX Congreso Internacional de la Asociación Internacional de Derecho Penal y del III Congreso de la Asociación latinoamericana de Derecho Penal y Criminología).

      Sí, todos tenemos necesidad de ser purificados, de ser lavados. Claudia Francardi, una mujer italiana cuyo esposo fue asesinado por un joven de 19 años ha dicho: “Detrás del monstruo he descubierto un muchacho, cuyo dolor por lo que ha hecho permanecerá por siempre como el mío. El dolor por aquello que ha hecho no lo dejará nunca. Yo lo perdono”, por eso junto con la madre del joven espera que éste cuando sea adulto pueda ser capaz de “honrar la memoria” del difunto. Ambas madres han fundado una asociación que trabaja por la rehabilitación de los detenidos llamada AmiCainoAbelo. No es fácil, pero existe la alternativa de la justicia reconciliadora.

    • México en espera de la visita del Papa Francisco

      México en espera de la visita del Papa Francisco

      Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

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      Este martes 6 de octubre, el vocero del Vaticano, el Padre Federico Lombardi confirmó que el Papa Francisco visitará México el próximo año, sin precisar fecha ni agenda; lo mismo hizo la Secretaría General de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Esta noticia ha desatado todo tipo de opiniones y comentarios, por lo que parece necesario recordar algunas cosas clave para no perdernos en este mar de ideas.

      Aquel memorable miércoles 13 de marzo, fecha de la Elección del Papa Francisco, en su primer saludo desde el balcón central de la Basílica de San Padro, afirmó el sucesor de Pedro: “Hermanos y hermanas, buenas tardes. Sabéis que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo…, pero aquí estamos. Os agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo”. Sí, el Obispo de Roma es también al mismo tiempo el Pastor de la Iglesia Universal.

      Los conceptos “Obispo” y “visita” en castellano, aparentemente no tienen ninguna relación semántica. La palabra “obispo” deriva del griego “epískopos”, que a su vez deriva del verbo “episképtomai/episkopéo”, que significa en el griego profano (Jenofonte, Plutarco) la acción de mirar, pero también la de reflexionar, así como la de visitar; en general se alude a las personas enfermas.

      En el griego de la Biblia de los LXX, episképtomai expresa un concepto particularmente importante: el de la «visita» de Dios al pueblo de Israel entendida como momento de la intervención divina en la historia. Baste como ejemplo el texto de Gn 21,1, donde el verbo en cuestión indica la «visita» del Señor a Sara aún estéril y el de Ex 3,16 donde a través de Moisés el Señor dice: «He venido a visitarlos y a cuanto les sucede en Egipto». Las dos prevén «visitas» destinadas a incidir profundamente en las vicisitudes narradas. Después de la primera, Sara dará a luz a Isaac; después de la segunda, será la salida de Egipto.

      También en el griego neotestamentario episképtomai es el verbo de la visita. Visita realizada simplemente a los enfermos [Mt 25,36: «Estuve enfermo y me visitaste» (epesképsasthé me)] o, más significativamente, a personas de las cuales se ha tomado el cuidado y se tiene responsabilidad. Así Pablo exhorta a Bernabé al oficio apostólico de la visita a las comunidades de los lugares donde ya se anunció el evangelio, diciendo: «Vamos a visitar a los hermanos (episkepsòmetha toùs adelphoùs) de todas las ciudades en las cuales anunciamos la palabra del Señor, para ver cómo están» (Hch 15,36).

      En la gama de significados de episképtomai tiene, por tanto, relevancia el uso semántico de la visita: visita a los enfermos, de Dios que interviene en la historia y de los hombres que se sienten corresponsables del destino de otros hombres (Cf. Miragoli, E., La visita pastorale: «anima regiminis episcopalis», en Quaderni di Diritto Ecclesiale 2 (1993) 122-149.

      De alguna manera, parece legítimo y fascinante encontrar en la etimología, la verdad de la lengua, un antiguo, posible ligamen entre el “obispo” y la “visita”; ésta, casi en sentido pastoral, siempre fue parte de los deberes del Obispo. En efecto, en la legislación actual, el Código de derecho canónico establece en el canon 396 § 1: “El Obispo tiene la obligación de visitar la diócesis cada año total o parcialmente de modo que al menos cada cinco años visite la diócesis entera, personalmente o, si se encuentra legítimamente impedido, por medio del Obispo coadjutor, o del auxiliar, o del Vicario general o episcopal, o de otro presbítero”. El obispo de Roma por lo tanto, visita pastoralmente no sólo la diócesis de Roma, sino que puede visitar cualquier iglesia particular en el mundo entero.

      Los viajes apostólicos del Romano Pontífice se inscriben pues en este contexto de lo anteriormente dicho, sobre todo en el sentido bíblico, por lo que cualquier especulación sobre los fines que se le pretenden atribuir, de tipo ideológico, geopolíticos o de culquier otra índole ajena al evangelio, resultan simplemente extraños; porque ¿qué extraños motivos tendría un anciano Cardenal de 76 años de la Santa Iglesia Romana para dejar todo en su Buenos Aires y lanzarse a predicar —¡a esa edad que quede claro!— la misericordia de Dios, literalmente “a todo el mundo”, fuera de lo que dice el evangelio de este domingo: “Ve y vende todo lo que tienes… ven y sígueme?”.

    • Hijo de Inmigrantes

      Hijo de Inmigrantes

      Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

      A mi padre, en su cumpleaños

      El jueves 27 de agosto pasado, cerca de Viena, la capital de Austria, en pleno corazón cultural de Europa, fueron encontradas 71 personas muertas, probablemente por asfixia dentro de un camión; al día siguiente se dio a conocer el hecho diciendo que probablemente se trataba de refugiados provenientes de Siria. No se trataba ya de un caso más del salvaje México, de San Fernando por decir de algún modo, entre los tristemente célebres que han dado la vuelta al mundo y que siguen esperando muchas respuestas; era en Europa misma.

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      En su reciente viaje a Estados Unidos el Papa Francisco afirmó en su Discurso en la ceremonia de Bienvenida en el South Lawn de la Casa Blanca en Washington, D. C. (23 de septiembre): “Señor Presidente: Le agradezco mucho la bienvenida que me ha dispensado en nombre de todos los ciudadanos estadounidenses. Como hijo de una familia de inmigrantes, me alegra estar en este país, que ha sido construido en gran parte por tales familias”. Posteriormente, en su Discurso en la Visita al Congreso de Estados Unidos de América en Washington, D. C. (24 de septiembre) aseveró: “Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes”.

      El Papa no ignora lo complejo del tema de la migración, y llamó a mostrar misericordia en medio de esos dilemas tan complejos, tanto para el que llega como para el que ya está, por eso afirmó también frente al Congreso a propósito de los conflictos históricos en la configuración de ese país: “Aquellos primeros contactos fueron bastante convulsos y sangrientos, pero es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no podemos cometer los pecados y los errores del pasado”.

      Este 1º de Octubre se publicó el Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial del emigrante y del Refugiado, a celebrarse el 17 de enero del próximo año, bajo el lema: “«Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia». Ahí, Francisco señala entre otras cosas que “cada vez con mayor frecuencia, las víctimas de la violencia y de la pobreza, abandonando sus tierras de origen, sufren el ultraje de los traficantes de personas humanas en el viaje hacia el sueño de un futuro mejor”. Y no se limita sólo a enumerar una serie de hechos sociológicos, sino que nos invita a un planteamiento más profundo, más revolucionario, sí, a esa “revolución de la ternura” de la que ya nos ha hablado y que ahora plantea en los siguientes términos: “hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desplegándose en las obras de misericordia espirituales y corporales”.

      Recordemos cuáles son.

      Obras de misericordia corporales: 1) Dar de comer al hambriento; 2) Dar de beber al sediento; 3) Dar posada al peregrino; 4) Vestir al desnudo; 5) Visitar al enfermo; 6) Socorrer a los presos; 7) Enterrar a los muertos.

      Obras de misericordia espirituales: 1) Enseñar al que no sabe; 2) Dar buen consejo al que lo necesita; 3) Corregir al que está en error; 4) Perdonar las injurias; 5) Consolar al triste; 6) Sufrir con paciencia los defectos de los demás; 7) Rogar a Dios por vivos y difuntos.

      La liturgia de hoy en la primera lectura nos recuerda el proyecto original de Dios: “No es bueno que el hombre esté solo” (cfr. Gn 2, 18-24), por eso el Papa nos desafía desde la misericordia sobre todos estos temas cuando afirma en su Mensaje: “no cesan de multiplicarse los debates sobre las condiciones y los límites que se han de poner a la acogida (de los migrantes), no sólo en las políticas de los Estados, sino también en algunas comunidades parroquiales que ven amenazada la tranquilidad tradicional”. Sí, lo dice un hijo de inmigrantes, un hijo de la “Virgen María, Madre de los emigrantes y de los refugiados, y (de) san José, que vivieron la amargura de la emigración a Egipto”.

    • Senderos de Santidad

      Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

      En su documento «La alegría del Evangelio» el Papa Francisco afirma: «porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos» (n. 31) el Obispo tiene el deber de ir cuidando el rebaño para promover la comunión misionera. Es el pueblo de Dios el que tiene lo que se llama el «sensus fidei» y que en su momento el Pastor de toda la Iglesia proclama de modo oficial, por ejemplo respecto a un santo.

      Se estila que durante los viajes del Papa conceda durante el vuelo una conferencia de prensa. En su viaje a Manila, el 15 de enero de este 2015, a solicitud expresa para que hablara sobre los beatos evangelizadores que está canonizando, el Papa respondió: «Estas canonizaciones están siendo hechas con la metodología -está prevista en el Derecho de la Iglesia- que se llama «canonización equivalente». Se usa cuando desde hace mucho tiempo un hombre o una mujer es beato, beata, y es objeto de veneración por parte del pueblo de Dios; de hecho es venerado como santo, y no se hace el proceso del milagro […] Son figuras que han realizado una fuerte evangelización y están en sintonía con la espiritualidad y la teología de la Evangelii gaudium. Y por esto he elegido estas figuras».

      Entre las figuras evangelizadoras que Francisco mencionó estaba Fray Junípero Serra, ahora ya santo.
      En algo que insiste Francisco acerca de la vida de los santos de los que hablaba en ese viaje [Angela da Foligno (1248-1309), Pedro Favre (1506-1546), Giuseppe de Anchieta (1534-1597), María de la Encarnación (1599-1672), Francisco de Laval (1623-1708), José Vaz (1651-1711), Junípero Serra (1713-1784)], es la perfección que alcanzaron en su capacidad de entrega a Dios y a los hermanos, y no tanto en una perfección personal «auto referencial»; esta perfección personal por supuesto que se supone, pero encuentra su pleno sentido en la entrega misionera, por eso en la homilía de canonización de Junípero Serra afirma: «La misión no nace nunca de un proyecto perfectamente elaborado o de un manual muy bien estructurado y planificado; la misión siempre nace de una vida que se sintió buscada y sanada, encontrada y perdonada».

      Ahí, en la Capital de uno de los países más poderosos del mundo y con todo lo que esto implica, Francisco proclama con alegría: «El espíritu del mundo nos invita al conformismo, a la comodidad; frente a este espíritu humano «hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo» (Laudato si’, n. 229)», y denuncia los peligros, como: «no conformarnos con placebos que siempre quieren contentarnos», y estar atentos a esa «dinámica a la que muchas veces nos vemos sometidos (y que) parece conducirnos a una resignación triste que poco a poco se va transformando en acostumbramiento, con una consecuencia letal: anestesiarnos el corazón».

      La vida del santo debe ser una imagen viva de la de Jesucristo, quien «abrazó siempre la vida tal cual se le presentaba. Con rostro de dolor, hambre, enfermedad, pecado. Con rostro de heridas, de sed, de cansancio. Con rostro de dudas y de piedad. Lejos de esperar una vida maquillada, decorada, trucada, la abrazó como venía a su encuentro. Aunque fuera una vida que muchas veces se presenta derrotada, sucia, destruida».

      Sí, Estados Unidos, como todo imperio, pretende maquillar muchas cosas: sus muertos y los que deja en cada guerra que ha exportado por todo el planeta; las armas que llevan tanto dolor y sufrimiento por tantas partes (pensemos en nuestro «rápido y furioso», nuestro porque nuestros son los muertos), la contaminación y devastación de los recursos naturales de las transnacionales, etc. También sus ciudadanos están cansados de vivir bajo el miedo del terrorismo que han provocado como reacción a sus incursiones por el mundo, reprobable tanto como la violencia que lo engendra. Ahí, Francisco dijo del nuevo Santo: «hoy recordamos a uno de esos testigos que supo testimoniar en estas tierras la alegría del Evangelio, Fray Junípero Serra. Supo vivir lo que es «la Iglesia en salida», esta Iglesia que sabe salir e ir por los caminos, para compartir la ternura reconciliadora de Dios».

      El Papa ha resaltado las virtudes de hombres y mujeres estadounidenses, como lo hizo ante el Congreso cuando afirmó, usando lenguaje propio de este pueblo: «Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus hombres «soñar» con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo de Merton.

      Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo. Me gustaría que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos soñar. Que Dios bendiga a América».

      Leamos con detenimiento cada palabra, sencilla y profunda, de Francisco en este viaje apostólico y misericordioso.