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La tortura: negación más profunda de la condición humana
A Mons. J. Guadalupe Martínez Osornio, de cuyas manos recibí el sacramento del Bautismo, con motivo de su 50 aniversario de Ordenación Sacerdotal
Los hechos sucedieron en febrero de 2015 pero sólo el pasado jueves 14 de este mes de Abril se dieron a conocer en las redes sociales: la tortura de una mujer en Ajuchitlán del Progreso, Gro., a manos de dos elementos del Ejército Mexicano y un Policía Federal. La noticia conmocionó no sólo a nuestra Patria, sino en este tiempo de globalización al mundo entero.
Frente a estos hechos, el sábado 16 del presente, el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, emitió un mensaje en el que afirma fueron “actos irracionales y equivocados, que indignan y denigran a las fuerzas armadas”[1]; también dijo que son hechos “aislados”. Aislados o no, nunca debieron ocurrir.
Estos hechos recuerdan lo sucedido en la prisión de Abu Ghraib, Irak, en 2003, cuando militares estadounidenses torturan a varios prisioneros. En ese contexto, el lunes 7 de Junio de 2004, el Wall Street Journal publicó extractos de un documento del Pentágono, con fecha de 6 de marzo de 2003, en el que se presentan una serie de posibles justificaciones legales de la tortura, mismos que pueden resumirse en tres afirmaciones principales. La primera: se puede actuar en base a órdenes dadas. Quien tiene el poder absoluto es incontestable en su ejercicio. En el fondo resuenan teorías de T. Hobbes y M. Weber: la violencia pública, la del Estado, es la única legítima, y a la base estaría el contrato social. La segunda: el estado de necesidad; es decir, ciertas circunstancias harían posible éticamente justo aquello que en otras situaciones no lo sería. Subyace la ideología llamada consecuencialista o proporcionalista: el bien de todos es superior al de una persona; no hay bien o mal en sí mismos, todo es relativo a la utilidad que proporciona. El tercer intento de justificación: el principio de autodefensa. Si estoy “razonablemente convencido” de que si no lo hago yo, me matarás tú (una persona colectiva), entonces es mejor que lo haga yo. El razonamiento es: como no se me puede pedir que el sacrificio de la vida, entonces es justo que la preserve.
En otras palabras, según estos intentos de justificación de la tortura, se deriva que del principio de que la orden del Soberano es legítima, entonces se debe obedecer siempre; del principio que la seguridad de una comunidad es el bien, deduzco que puedo, es más, que debo tutelarla a cualquier precio, incluso sacrificando a alguno; del principio que debo salvaguardar la vida, se deriva que, si ésta es amenazada, puedo matar. Aquí volvemos a la pregunta siempre antigua y siempre nueva: ¿qué es el derecho natural? Esto es, creemos firmemente que la justicia funda la ley y no viceversa. En otras palabras, existen unos principios que fundan el razonamiento moral y no son fundados, es lo que en la tradición de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino se denomina “naturaleza”, ésta es el fin del hombre, es lo que el hombre llega a ser cuando sus potencialidades son plenamente realizadas. Las leyes de la naturaleza expresan las exigencias del hombre, entendidas incluso en sentido también muy material: por naturaleza el hombre debe tener con que nutrirse, debe tener una familia, debe poder realizarse en el trabajo, etc. En este sentido se dice que el (poder) comer, la familia, el trabajo, son “por naturaleza”. Luego entonces, la ley positiva debe traducir estas exigencias “naturales” en el marco del actuar humano, de la coacción y de las estructuras sociales: la ley positiva, lo “legal”, debe traducir todo esto en el actuar histórico del Estado y de los asociados. En efecto, si la ley humana se distancia de aquella natural, “ya no será ley, sino corrupción de ella”: lo jurídico funda lo legal y no viceversa. La ley no está subordinada a la política —como sucede en el mundo moderno—, esto es, al poder soberano, sino a lo jurídico, al conjunto de valores compartido en la sociedad, no al querer del Estado[2].
Por otra parte, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (19458) afirma en el art. 5: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. Lo mismo afirma el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Humanos (16 de diciembre de 1966), al que México está vinculado (23 de marzo de 1981. Adhesión), en su art. 7: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. En particular, nadie será sometido sin su libre consentimiento a experimentos médicos o científicos”. En la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (10 de diciembre de 1984), a la que México está vinculado (23 de enero de 1983. Ratificación), en su art. 1, dice que por tortura se entiende: “todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia”.
El 27 de Junio de 2004 después de la oración del Angelus, afirmaba el Papa Juan Pablo II a propósito de la tortura: “Ojalá que el compromiso común de las instituciones y de los ciudadanos contribuya a erradicar completamente esta intolerable violación de los derechos humanos, radicalmente contraria a la dignidad del hombre”.
Si como afirma Z. Bauman[3], que la relación con el otro vuelve a ser el hecho crucial de la condición humana, entonces se degrada más quien la comete que quien la padece, porque es la negación más profunda de la condición humana.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
[1] La Jornada, 17 de abril de 2016, p. 2.
[2] Cfr. De Bertolis, Ottavio; La perversiones del diritto: la tortura, en La Civiltà Cattolica 2004 IV 25-35.
[3] Citado por Magatti, Mauro; “Torture, diritti umani, democrazia”; enAggiornamenti sociali 55 (2004) 524.
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La memoria como forjadora de identidad
Decía el filósofo griego que “nada hay en el intelecto que primero no haya estado en los sentidos”, es decir, conocemos a través de la experiencia sensorial, luego hacemos una abstracción que se convierte en una idea, éstas las relacionamos y surge un juicio que cuando los combinamos hacemos un raciocinio. Esto en una teoría del conocimiento realista, al estilo de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. Éste nos enseña que además de los cinco sentidos externos tenemos también los internos (que son cuatro), de los cuales la memoria es uno de ellos. Según Santo Tomás tenemos una memoria a nivel meramente sensitivo, de la cual también los animales participan. Pero además, dice, tenemos otra a nivel intelectivo.
La memoria siempre hace referencia al tiempo, recordamos las cosas bajo ciertas circunstancias y movimientos. Somos capaces de recordarnos a nosotros mismos dentro de un lapso de tiempo continuo, eso nos da una identidad.
A este respecto podemos apuntar lo que dice Francisco en Amoris laetitiae, a propósito de cómo se va forjando nuestra memoria y, nuestra identidad por lo tanto: “Ante cada familia se presenta el icono de la familia de Nazaret, con su cotidianeidad hecha de cansancios y hasta de pesadillas […]Como María, (las familias) son exhortadas a vivir con coraje y serenidad sus desafíos familiares, tristes y entusiasmantes, y a custodiar y meditar en el corazón las maravillas de Dios (cf. Lc 2,19.51). En el tesoro del corazón de María están también todos los acontecimientos de cada una de nuestras familias, que ella conserva cuidadosamente. Por eso puede ayudarnos a interpretarlos para reconocer en la historia familiar el mensaje de Dios” (n. 30). ¿Cómo entonces renunciar al dolor que sentimos y ha configurado también nuestra historia y nuestra memoria? ¿Cómo pues aceptar ese “ya supérenlo” cuando muchos hijos de nuestra patria siguen desaparecidos? ¿Cómo aceptar contra todo lo razonable “verdades históricas” que no arraigan en la realidad y por lo tanto tampoco en las mentes ni en los corazones? ¿De dónde tendrán que venir a decirle —como dijo el poeta de la canción— “más verdades a lo cierto”? Así están las cosas y han estado muchas otras que siguen esperando respuesta.
Francisco advierte que hoy circula una cierta idea de justicia en la que los ciudadanos se convierten simplemente en una especie de clientes que sólo exigen prestaciones de servicios (cfr. AL 33) y que cuando esta visión se traslada a la familia entonces “esta puede convertirse en un lugar de paso, al que uno acude cuando le parece conveniente para sí mismo, o donde uno va a reclamar derechos, mientras los vínculos quedan abandonados a la precariedad voluble de los deseos y las circunstancias. En el fondo, hoy es fácil confundir la genuina libertad con la idea de que cada uno juzga como le parece, como si más allá de los individuos no hubiera verdades, valores, principios que nos orienten, como si todo fuera igual y cualquier cosa debiera permitirse” (AL 34). Frente a esta afirmación contundente podemos preguntarnos: ¿pueden los hombres de Estado influir, con su forma de actuar y afirmar, a los miembros de nuestras familias o son las familias que han formado esa forma de pensar y actuar en algunos servidores públicos? El Papa Francisco incorpora un texto de los Obispos mexicanos a su documento de reciente publicación, en el que exponen la violencia intrafamiliar como un desafío en la época reciente: “Como indicaron los Obispos de México, hay tristes situaciones de violencia familiar que son caldo de cultivo para nuevas formas de agresividad social, porque «las relaciones familiares también explican la predisposición a una personalidad violenta. Las familias que influyen para ello son las que tienen una comunicación deficiente; en las que predominan actitudes defensivas y sus miembros no se apoyan entre sí; en las que no hay actividades familiares que propicien la participación; en las que las relaciones de los padres suelen ser conflictivas y violentas, y en las que las relaciones paterno-filiales se caracterizan por actitudes hostiles. La violencia intrafamiliar es escuela de resentimiento y odio en las relaciones humanas básicas» (AL 51).
Sí, toda forma de violencia marca nuestra historia personal y social, da una identidad que permanece en la memoria y que no se borra por decreto. Es necesario emprender caminos urgentes de justicia, paz y reconciliación que purifiquen nuestra memoria e identidad. La memoria no sólo tiene que ver con el pasado, también puede ser constructora de futuro.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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Del “gaudium” a la “laetitia”, es decir, del evangelio al amor
Al Padre Gregorio Reyes con gratitud por su testimonio sacerdotal
La Iglesia vive cada año dos grandes momentos penitenciales: el adviento y la cuaresma. Convencida de que el pecado nos roba la verdadera alegría, la Iglesia nos invita a retornar a esa siempre perenne, esa que brota de cumplir la voluntad de Dios. El tercer domingo de Adviento y el cuarto de Cuaresma son llamados del “gaudete” y del “laetare”, respectivamente, y son una invitación al gozo y la alegría: si bien es cierto que hemos pecado, el Señor Resucitado nos renueva con su misericordia. Es significativo pues, que dos de los grandes documentos del Papa Francisco hagan referencia a estos dos temas: La Exhortación Apostólica “Evangelii gaudium” sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual y la de reciente publicación, luego de dos Sínodos de los obispos: “Amoris laetitia” sobre el amor en la familia (8 de abril de 2016).
El Papa Francisco es decididamente un hombre a quien ha correspondido aplicar el Concilio Vaticano II, primero como sacerdote y Obispo, ahora como Romano Pontífice. Ya las primeras palabras de su nuevo texto ponen en evidencia esa tarea: cuando dice que “la alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia” (n. 1) parece ser un eco de Gaudium et Spes n. 1: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”.
Otra muestra de esa convicción conciliar o sinodal es la voluntad de caminar juntos y en la libertad de los hijos de Dios: el dogma no es punto de llegada, sino de partida; es decir, no todo está dicho, existe “la necesidad de seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales” (n. 2); y privilegiando que “en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis”, reafirma el principio de sabio legislador y pastor prudente: “en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas” (n. 3).
El documento es sólo suyo, sin embargo el Papa está lejos de una voluntad dictatorial, él mismo aclara: “agradezco tantos aportes que me han ayudado a contemplar los problemas de las familias del mundo en toda su amplitud […] por ello consideré adecuado redactar una Exhortación apostólica postsinodal que recoja los aportes de los dos recientes Sínodos sobre la familia, agregando otras consideraciones” (n. 4). La Comunión y el primado del Romano Pontífice hacen así que el concepto de democracia sea innecesario en la Iglesia, pues son realidades más profundas que surgen del Espíritu, pues es el mismo Espíritu quien otorga diversos dones y los mantiene en la unidad.
El objetivo del documento es esencialmente doctrinal, con un fundamento bíblico; mira la realidad en toda su complejidad para “mantener los pies en la tierra”, propone caminos pastorales llenos de misericordia frente a esas “situaciones que no responden plenamente a lo que el Señor nos propone” e incluye líneas de espiritualidad familiar (cfr. n. 6). Que nadie busque ahí pues, lo que no es el objetivo del documento, así nadie se sentirá defraudado y sí encontrará caminos de libertad de pensamiento y acción, caminos de conversión.
En estos dos grandes documentos el Papa nos invita a descubrir esa alegría que viene de Dios, esa que los santos han experimentado y nada ni nadie les ha podido quitar, y que no se vive de modo aislado ni es una cierta “perfección” intimista, sino que se manifiesta en medio de los otros, en medio de la familia; es “ese gozo, efecto del amor fraterno, no es el de la vanidad de quien se mira a sí mismo, sino el del amante que se complace en el bien del ser amado, que se derrama en el otro y se vuelve fecundo en él” (n. 129); es el Evangelio de los hijos de Dios, de esos que han regresado a casa luego del extravío, y también de los que se han quedado en casa y son invitados a sentarse a la mesa con el hermano que regresa. La vida del cristiano debe ir del gozo a la alegría sin ignorar la cruz. Leamos en familia el nuevo documento del Papa.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
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Madres y Maestras
A ellas con admiración en su día
Decían los antiguos que las palabras son como hijas del alma, por eso podemos llamar padre o madre a nuestros maestros que nos educan a través de ellas; y no es raro que los niños más pequeños digan equivocándose de modo espontáneo mamá a su maestra.
Despertar en los niños el gusto por la lectura y estimular su imaginación es algo que les acompañará toda la vida, hoy se siguen impulsando nuevos métodos de lectoescritura, que los niños aprendan a leer y a escribir. Educar es enseñar a ser libre, tal vez por eso decía un General romano: los pueblos se hicieron para dominarse, no para educarse.
A finales del año pasado acudieron a una invitación que se les hizo en Argentina, un grupo de docentes de preescolar, primaria, secundaria y autoridades educativas del Estado de Querétaro, para que compartieran su experiencia en estos temas. Coincidentemente durante su breve estancia allá, se presentó León Gieco en concierto, algunos de los maestros acudieron a la presentación; al iniciar la misma, unos personajes con máscaras dieron vueltas entre las filas de los asistentes repartiendo pequeños presentes, al pasar junto al grupo de mexicanos una de ellas exclamó: ¡venimos de México!, ante lo cual uno de los personajes regresó y le entregó un libro: Yo que una vez… puse tierra en tus pies. Análisis de la Obra y los recitales de León Gieco (La Motte, Cristina. De la Victoria Ediciones, Mendoza 2010); luego al llegar al escenario este personaje se quita la máscara y se dan cuenta de que era el mismísimo León Giego.
Durante la dictadura militar en Argentina (1976-1983) se llegó a prohibir que se tocara rock en inglés, esto hizo que se desarrollara el rock en español. Por otra parte surgieron una serie de canta autores que denunciaban lo que estaba sucediendo: muertos, desaparecidos, torturados, etc., bajo el terror de Estado. Entre ellos se encuentran León Gieco, Mercedes Sosa, Teresa Parodi, Víctor Heredia, Sumo, Miguel Cantilo, María Elena Walsh, etc. Muchas de las canciones libertarias de esa época surgieron expresamente a partir de la situación que se estaba viviendo, otras fueron reinterpretadas a luz de los acontecimientos y adquirieron un nuevo sentido. Por ejemplo, Víctor Heredia, cuya madre pertenece a las madres de Plaza de Mayo por tener una hija desaparecida, compone su famosa canción “Todavía cantamos” a partir del hecho de la muerte de su padre por la tristeza de su hija desaparecida y de lo que su madre exclamó: “Todavía tenemos esperanza hijo”.
De entre las canciones tal vez más famosas de León Gieco se encuentra “Sólo le pido a Dios”, de la que dice la autora del libro mencionado: “habla del tema de la debilidad de la gente cuando admite que el flagelo de la guerra la puede destruir, que la gente podría ser traicionada y que quizá su única arma sea la memoria” (p. 19).
La memoria se guarda y se mantiene viva especialmente al transmitirse por la música, en ese sentido alguien dijo: si quieres cambiar un pueblo, cámbiale su música. En nuestros días entre nosotros ha ido creciendo lo que se llama “Movimiento alterado” que no se limita ya, al estilo del corrido tradicional, a narrar acontecimientos, sino que en ocasiones hacen verdadera apología de la violencia. Creo que no está en el prohibir este tipo de expresiones, sino en el educar como nuestra patria tendrá que transitar hacia modelos más justos y fraternos de convivencia, modelos más humanos en los que no se confunda “derechos” con “libertad de hacer”, es decir, necesitamos volver a modelos más humanistas de educación y no sólo formas tecnificadas que miran sólo a la producción inmisericorde a cualquier precio. Necesitamos una educación que nos enseñe lo que el ser humano es y lo que está llamado a ser, mirando a la belleza, al orden, a la bondad, y esto se labra lentamente en las aulas de pre escolar a través de las madres y maestras.
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
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Los laicos y su participación en la vida pública
A todos los trabajadores de nuestro Patria
Las grandes personas van delineando su vida con ideas y actitudes que se reiteran de modo constante, que son sus grandes líneas de acción en los diferentes momentos de su vida; cuando se les lee pueden percibirse esos grandes ideales y preocupaciones, son persistentes en sus formas de buscar cómo llevarlas a cabo, podrán evolucionar pero nunca desaparecer esos destellos de convicción por hacer realidad ciertos sueños que generalmente buscan dar respuesta a lo cambiante de la vida, son observadores perspicaces y pioneros en la solidaridad. El Papa Benedicto XVI nos enseñó en Caritas in veritate que “El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz” (n. 1). Mientras que en Deus caritas est nos dijo que “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (n. 1). Es decir, el cristianismo es ante todo un esfuerzo constante por vivir de cierta manera de cara a Dios, al hermano, al mundo; es un estilo de vida que brota del amor y tiende hacia la justicia y la paz.
De las ideas y acciones que Francisco siempre ha vivido y se ha esforzado por promover es la acción de los laicos en la vida social. Siendo Obispo, en una Ponencia en la presentación de “Consenso para el desarrollo” (Universidad del Salvador, 17 de junio de 2010) afirmaba: “Sin solidaridad no hay desarrollo y sin desarrollo no hay solidaridad. La solidaridad se traduce en la convivencia, el equilibrio de los beneficios y sacrificios compartidos. La solidaridad para el desarrollo es asistencia social sostenida y sentida; es distribución equitativa de la renta; es la seguridad de los que menos tienen; es la defensa de los más débiles; es el crecimiento social común; es el desarrollo equilibrado; es la fraternidad real y ampliada; es responsabilidad pública por la exclusión social; es la colectivización del costo social. Todo ello edifica un futuro promisorio de la convivencia que profundiza el ethos del porvenir”. Este martes 26 abril del presente, se publicó una Carta que el Papa Francisco le dirigió al Cardenal Marc Armand Ouellet, P.S.S., Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. La Carta tiene fecha del 19 de marzo de 2016. En ella el Papa le dice entre otras cosas, a propósito del Encuentro que tuvo la Comisión en marzo pasado: «Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos dec1aracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades. Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: «es la hora de los laicos» pero pareciera que el reloj se ha parado». Otra de las convicciones constantes del Papa es el tema de la mirada. En su reciente visita a México vino a ver a la Morenita y a que Ella lo mirara. En su Mensaje con motivo de la Cuaresma de 2009 el Cardenal Bergoglio decía: “Hay algunos paisajes a los que nos terminamos acostumbrando de tanto verlos. El gran riesgo del acostumbramiento es la indiferencia: ya nada nos causa asombro, nos estremece, nos alegra, nos golpea, nos cuestiona”. Luego denunciaba situaciones indignantes que viven millones de hermanos: pidiendo algo para comer o revolviendo la basura, ancianos y niños durmiendo en las calles, etc. Y agregaba: “No nos interesan sus vidas, sus historias, sus necesidades ni su futuro. Cuántas veces sus miradas reclamadoras nos hicieron bajar las nuestras para poder pasar de largo. Sin embargo es el paisaje que nos rodea y nosotros, queramos verlo o no, formamos parte de él”. Sí, son denuncias fuertes que nos debieran hacer en primer lugar sonrojarnos, y en segundo lugar ponernos en acción. El Papa sigue diciendo en su Carta al Cardenal Ouellet: “debemos reconocer que el laico por su propia realidad, por su propia identidad, por estar inmerso en el corazón de la vida social, pública y política, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente tiene exigencias de nuevas formas de organización y de celebración de la fe”. Afirma también que los Pastores de la Iglesia no tienen el monopolio de las soluciones, sino que “tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompañándolos en sus búsquedas y estimulando esta imaginación capaz de responder a la problemática actual. Y esto discerniendo con nuestra gente y nunca por nuestra gente o sin nuestra gente”.
Muchas veces los sacerdotes nos sentimos agobiados en nuestro ministerio por una difícil realidad que nos rebasa con mucho; frente a esto nos llenan de esperanza los miles de laicos que están llamados a caminar junto con los Pastores. Caminemos todos juntos mirándonos mutuamente sin ser indiferentes frente a nuestras necesidades y debilidades.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
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Domingo de la Pasión del Señor
Pbro. Filiberto Cruz Reyez
Domingo de Ramos o “De la Pasión del Señor” llama la Iglesia al día de hoy y “recuerda la entrada de Cristo nuestro Señor en Jerusalén para consumar su misterio pascual”; por eso en todas las misas se conmemora esta entrada del Señor con una procesión o una entrada solemne. Con este día iniciamos la Semana Santa.
En la tradición bizantina la Semana Santa es precedida por la llamada Semana de Lázaro: en la cual se contempla la enfermedad, la muerte y al final la resurrección el día sábado del amigo del Señor Jesús. Se acentúa la victoria de Cristo sobre la muerte de Lázaro para luego contemplar al Señor en su entrada triunfal a la ciudad santa, Jerusalén, para vivir ahí su propia pasión, muerte y resurrección.
Este año la liturgia nos propone leer la Pasión según san Lucas. Los evangelios, aunque hablan del mismo misterio, lo hacen con su peculiar acento. De los cuatro evangelistas Lucas es el único que redactó su obra en modo doble: el Evangelio y el libro de los Hechos de los Apóstoles, por lo que en éste hay resonancias del primero y hay muchos paralelismos entre la trayectoria de Jesús y la de los Apóstoles, con la intención de mostrar que la vida del discípulo debe moverse en el mismo plano que la del Maestro. Por ejemplo: Jesús sanó a un paralítico, Pedro y Pablo hacen los mismo; Jesús resucitó muertos, ellos también; Jesús enseñó a la gente en el templo, Pedro y Pablo también, etc.
San Lucas presenta un Jesús humano y que se emociona: llora al contemplar Jerusalén (Lc 19, 41) en el momento de su entrada, porque el Pueblo elegido no ha querido escuchar la voz de Dios; Pablo en el libro de los Hechos también invitará a los hebreos a creer en Jesús y escuchar a Dios. En la última cena Jesús pone en el centro de su mensaje el servicio: el que quiera ser el más grande tiene que ser el servidor de todos (cfr. Lc 22, 26-27). De celebrar la Eucaristía brota la fuerza para el servicio; quien no sirve a los hermanos no ha entendido correctamente qué es la Eucaristía.
San Lucas pone también como algo central de su Evangelio el “don”: “[Jesús] tomó luego el pan y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: ‘este es mi cuerpo que es dado por ustedes, hagan esto en recuerdo mío’ (Lc 22, 19”. San Pablo acentúa la comprensión que tiene de esto, cuando dice a los cristianos de Éfeso: “En todo les he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: mayor felicidad hay en dar que en recibir” (Hch 20, 35). Si el Evangelio no reporta estas palabras en labios del Señor Jesús, es tal vez porque toda su vida fue un darse, hasta dar la propia vida. Es esto lo que da sentido a su Pasión, que hoy iniciamos.
En el Evangelio según san Lucas, Simón Pedro está en el centro de la oración de Jesús: “¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder sacudirlos como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos” (Lc 22, 31-32). ¿Porqué si Satanás sacudirá a todos los discípulos Jesús sólo ora por Simón? San Lucas acentúa la misión de Simón: “confirmar” a los hermanos, por eso luego el cambio de nombre a Pedro-piedra. El primado de Pedro en Lucas le es otorgado en el momento de la pasión. El libro de los Hechos está impregnado de este verbo y esta misión de Pedro: confirmar a los hermanos; misión que continúa hoy el Papa, sucesor de Pedro.
Durante la pasión Jesús es presentado por san Lucas en un ambiente de progresiva soledad, esa del justo perseguido, del profeta despreciado, del Hijo del hombre humillado. Pero hay cuatro personajes que hacen que esa soledad no sea absoluta y que ponen nuestra humanidad ante la suya: Simón de Cirene (Lc 23, 26), en quien se cumple el “si alguno quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día y sígame” (Lc 23, 26); José de Arimatea, “hombre bueno y justo” (Lc 23, 50), miembro del Sanedrín que no estuvo de acuerdo con la muerte de Jesús; aparece también el llamado “buen ladrón” (Lc 23, 39-48) y el centurión (Lc 23, 47). Del primero solo san Lucas habla de él y éste expresa: el reconocimiento de su culpa, proclama la inocencia de Jesús de Nazaret e invoca su potencia misericordiosa. Este hombre experimentó que la puerta de la misericordia de Dios está siempre abierta.
San Lucas da un lugar importante a las mujeres, es el único que afirma que algunas estuvieron desde el inicio de su ministerio junto a él (Cfr. Lc 8, 1), luego en la pasión y por supuesto lo contemplaron resucitado.
El Jesús que presenta san Lucas está cercano a la humanidad, es el buen samaritano (Lc 10, 29-37)que nos encuentra golpeados, dolidos, humillados; nos cura y nos pone en marcha. Que el Señor nos sane por sus santas llagas gloriosas.
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Francisco, viajero de la esperanza
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
A mi madre con amor, en su cumpleaños
Este viernes 27 del presente mes de noviembre, el Papa Francisco en su encuentro con los jóvenes en el Estadio Kasarani de Nairobi (Kenia), al responder a la pregunta: “¿porqué suceden las divisiones, las luchas, la guerra, la muerte, el fanatismo, la destrucción entre los jóvenes? ¿porqué este deseo de autodestruirnos?”, afirmó: “En la primera página de la Biblia, después de todas las maravillas que Dios hizo, un hermano asesina al propio hermano. El espíritu del mal nos lleva a la destrucción; el espíritu del mal nos lleva a la desunión, nos lleva al tribalismo, a la corrupción, a la dependencia de la droga… Nos lleva a la destrucción a través del fanatismo”.
También fuimos jóvenes y expusimos nuestras propias interrogantes. Recordamos un texto de hace 20 años, publicado en “La Diócesis de Querétaro. Presencia y Voz” (12 de Febrero de 2015), al que intitulamos “Elegía por el año viejo”, el contexto era el año del levantamiento zapatista.
Elegía por el año viejoEl tiempo se va, El tiempo viene. Atónitos marchamos ante el inexorable ritmo de las horas. Y en el corazón cavilante de más de algún mexicano 1994 quedará como el año del posible y anhelado cambio, y muchos otros corazones latirán al compás del poeta en culpable omisión: “por lo que supe y no pudo ser más que silencio”.¿Habrá algo más voluble que el corazón del hombre? Vida que deviene reflexión y en visión retrospectiva contempla y canta un día después: Ciudad en ruinas. Espectros ancestrales en danza agónica se diluyen, para volver de nuevo a invadir la frágil vida con el peso de su espanto. Esquirlas de luz y el sonido atraviesan el espacio y el alma de aquel hombre. Terrible fortuna del que hereda una desgracia.Herencia maldita. Soledad que se harta de sí misma. Laberinto de cristal que encierra las conciencias de los muertos atrapados en el tiempo. Recuerdos dormidos que al menor pretexto saltan a la realidad.La lucha externa del hombre con el hombre, del hombre y su miseria. Rostro oculto de polvo mezclado con su sangre, disimulado en la espesura de su selva; el hacha vierte la savia de la vida que corre y llega al mar de la vergüenza, la rabia y el olvido. Son ya años de muerte y de conquista. El grito tumultuoso se alza en esperanza…Volverá un año nuevo y nuestra esperanza afirma que no es el eterno retorno mecanicista, sino uno que jalona el Reino y entona con San Agustín: “Señor… nos creaste para Ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en Ti”.
Ahí en el estadio, Francisco decía también a los jóvenes: “La vida está llena de dificultades, pero hay dos modos de ver las dificultades: o se las mira como algo que te bloquea, que te destruye, que te tiene detenido, o bien, se les mira como una real oportunidad. A ustedes les toca elegir: ¿para mí, una dificultad es un camino de destrucción, o bien, es una oportunidad para superar mi situación, aquella de mi familia, de mi comunidad, de mi pueblo?”. Francisco, te esperamos con tu palabra de luz y esperanza; ahí en medio de los pobres, de los indígenas, de nuestra violencia absurda, junto al muro de la vergüenza…
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La historia: Dios en el tiempo
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Cuando Dios crea lo hace por medio de su Palabra, el libro del Génesis repite como estribillo “dijo Dios” (1, 3; 1, 6; 1, 9; 1, 11; 1, 14; 1, 20; 1, 24; 1, 26; 1, 29); al crear, al pronunciarse, Dios está ya salvando, el acto creador es al mismo tiempo un acto de salvación; la creación, y por tanto la historia, no es un mero escenario donde el ser humano estará como accidente, sino el lugar donde se juega su salvación eterna, donde el Reino tiene su inicio: “Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios”; el mismo Espíritu que “aleteaba por encima de las aguas” (Gn 1, 2) es el mismo que conduce a Jesucristo en su ministerio; es decir, Jesucristo, la Palabra eterna del Padre realiza la creación (“todo fue creado por Él y para Él” Col 1, 16) y la salvación.
Por esta misma razón, cada uno de nuestros actos o está en sintonía con el proyecto del Reino o está en contra de él: “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt 12, 30). La historia es pues la presencia de Dios en el tiempo.
El pasado lunes 16 de este mes de noviembre se llevó a cabo en nuestra Diócesis de Querétaro la XXVII Asamblea Diocesana de Pastoral, que tuvo como objetivo “Impulsar la comunión misionera, revisando las orientaciones pastorales Diocesanas, evaluando las acciones concretas que cada Comisión diocesana asumió para impulsar la Pastoral de la Comunicación (2015), y conociendo las Directrices de la evaluación y actualización del PDP (2016), para asumir corresponsablemente la Misión permanente en nuestra Diócesis, bajo el patrocinio de san Junípero Serra”.
En la Asamblea, nuestro Pastor Diocesano, Mons. Faustino Armendáriz hizo dos importantes intervenciones, la primera, al darnos las “Orientaciones claves y criterios para evaluar y actualizar el Plan Diocesano de Pastoral”, y la segunda, durante la Homilía en la Santa Misa. Queremos resaltar dos llamamientos que el Obispo nos ha hecho. El primero, durante la homilía: “Invito a todos a seguir impulsando el uso de los medios de comunicación en el quehacer pastoral. ¡En la cualidad y calidad de la trasmisión del mensaje del Evangelio, estará la clave de la respuesta de nuestros interlocutores!” (n. 4). Por esta razón, desde nuestras limitadas fuerzas continuamos con estas sencillas líneas. El segundo llamamiento que enfatizamos es la primera de sus Orientaciones claves y criterios para evaluar y actualizar el Plan Diocesano de Pastoral: “Ver y leer la realidad con los ojos de Dios”, de la cual nos explicita: “Debemos ser realistas y reconocer la complejidad de la situación y los graves problemas del mundo, de México y de nuestra diócesis. Debemos recordar que la fuerza del Espíritu es la que nos guía en el camino de la nueva evangelización”. Es decir, guiados por nuestro Pastor diocesano debemos hacer nuestro el aforismo siempre antiguo y siempre nuevo en la Iglesia: “Ecclesia semper reformanda est” (“La Iglesia está siempre en estado de reforma”), o en palabras de San Agustín: “la fe que busca entender”, la teología no es otra cosa que la búsqueda constante de la voluntad de Dios, cómo actuar en la historia, cómo contribuir a la instauración del Reino, cómo ver y leer la realidad con los ojos de Dios. Este pensamiento de nuestro Pastor diocesano hunde sus raíces en el más puro magisterio de la Iglesia, de manera especial en la enseñanza de los Obispos de América latina expresado en los documentos del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), y más puntualmente en el Documento de Aparecida, que nos exhorta a que “en la vida cotidiana, veamos la realidad que nos circunda a la luz de su providencia, la juzguemos según Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, y actuemos desde la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo y Sacramento universal de salvación, en la propagación del reino de Dios, que se siembra en esta tierra y que fructifica plenamente en el Cielo” (n. 19). Resuene pues fuertemente en nuestros corazones el llamamiento de nuestro Obispo para continuar con la misión que Dios nos ha encomendado en este momento histórico que nos ha tocado vivir, para que Jesucristo, Rey del Universo nos encuentre haciendo su voluntad cuando venga a juzgar a vivos y muertos (cfr. Mt 24, 46).
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Las fronteras de un tiempo común

J. Antonio Arvizu V. – Filiberto Cruz R
A Maité y Jaime
Este jueves 12 de noviembre del presente, en el histórico Teatro de la República de la Ciudad de Querétaro se llevó a cabo el “Foro Internacional sobre el Cuidado de la casa común”, en el que participaron el Cardenal Peter Turkson (Prsidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz), Felipe Calderón Hinojosa (Presidente de la Fundación Desarrollo Humano Sustentable) y Francisco Barnés de Castro (Exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México). La temática giró en torno a la Encíclica del Papa Francisco Laudato síi.
Con motivo de este acontecimiento volvemos a presentar una reflexión que proponíamos hace 21 años, en un texto publicado en “La Diócesis de Querétaro. Presencia y voz”, con el título de “Las fronteras de un tiempo común”.
«La reflexión sobre el tiempo es quizá la única posibilidad de no perderlo. El tiempo es lo fugaz, lo efímero, porque se ha visto cómo lo presente, se mueve con el vértigo de los cambios.Históricamente vivimos un momento sin precedentes: el hombre tiene en sus manos el poder de suspender y poner fin al tiempo humanamente visible; y esta “capacidad” ha nacido de la urgencia y la precipitación de una necia dinámica mundial.
Paralelamente transcurre un tiempo artificial, provocado por modos de vida en constante evasión del compromiso por crearse un tiempo y vivirlo.
El tiempo de las civilizaciones ha sido fracturado, de modo que se verifican diferencias temporales en la apreciación de los productos de la cultura; ante el aparador de nuestro mundo se distancia la atención a un mismo objeto desde diversos observadores, tal distancia es un problema de tiempo; porque del anciano al niño que mendiga, o a la mujer de su hogar; o al hombre de negocios, existe un abismo de tiempos artificiales que se concretan en las posibilidades e imposibilidades de acceder a un mismo mundo. Nuestra gente vive tiempos relativos a su prisa o intereses: el tiempo se ha particularizado a pesar de deber ser una experiencia tan real como compartida en virtud de la elemental certeza de que a fin de cuentas inevitablemente moriremos.
La muerte es frontera común en el tiempo.
El tiempo de vida crea parcelas que finalmente la muerte unifica; porque ésta, llenando de sentido a cada vivencia hace que ellas mismas sean quienes dan sentido al tiempo.
Cada quien no es sino obra de sus realizaciones en el tiempo.
Paradójicamente gravitamos en el tiempo incapaces de sopesarlo. Corremos en el tiempo no aptos para asirlo. Preocupamos nuestro tiempo en la obtención de oportunidades —ofrecidas gangas— abaratando precisamente nuestros momentos.
Tal superficialidad emana de la desatención al valor del tiempo recorrido; a la intencional y pueril ceguera frente a la inminencia de la muerte; a la indiferencia por subsanar las distancias con mis otros y a nuestra concesión ante la aparente inevitabilidad del tiempo artificial impuesto.
La conciencia ecológica (valedera mientras no permita ser víctima o instrumento del manoseo ideológico-político, ni de la cómoda —y por ello efímera— hipocresía de la moda) nos obliga con premura a enfrentar el factible y acechante fantasma cada vez más tangible del holocausto de nuestra casa natural, en la que aparentamos vivir como inquilinos morosos, víctima de nuestras ilusorias esperanzas que suponen un tiempo prorrogable exento de embargos, indemne.
Sedientos de novedades nos aventuramos en su búsqueda hasta llegar a lo ridículo, al hastío; sin tener en cuenta que finalmente cada día todo lo que me rodea es nuevo para mí, es otra oportunidad de aferrarme a la historia, de integrarme al tiempo, de edificar un verdadero, original, personal y satisfactorio mundo.
Tiempo, momento en movimiento. La actualidad no significa tiempos nuevos, sino la necesidad de rehabilitar el momento que abra un espacio: el renuevo que el tiempo debe ser.
El tiempo es lo más arriesgado y a la vez lo más oportuno, porque nuestro final es ignorado.
De tal manera, no construir en el tiempo es fatiga inútil, cúmulo de vueltas en las manecillas del reloj, que no sacian el legítimo de permanecer desafiando a la muerte (que es fin de un tiempo) en nuestras huellas que habiten el tiempo comenzado de otros; temporalidad que hace nacer otro deseo, la entrañable certeza de una permanencia que releve a mi existencia por encima del tiempo. Es decir, el tiempo que nos engendra y nos suprime es “culpable” del amor a la existencia que responde a nuestro derecho de quererla por sobre de aquel.
El tiempo es la cita con los otros, por lo que debemos humanizarlo lejos de la tiranía que implican los horarios, una disponibilidad no sujeta a los relojes.
En suma, el tiempo no es sólo presente sino además el equipaje de nuestra recolección —por más apresurada e inconsciente— de testigos que nombran lo que cada quien se ha configurado.
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Ecos de la Laudato Si’
Pbro. Filiberto Cruz Reyes
A mi hermana Cirenia por su cumpleaños
Con fecha de 24 de mayo de este 2015 el Papa Francisco emitió su segunda Encíclica, que lleva por nombre “Laudato si´” (“Alabado seas”), luego de aquella que fue su primera: “Lumen fidei” (29 de Junio de 2013). La primera está dirigida a “los Obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y a todos los fieles laicos” y es sobre la fe; la segunda no tiene, como es costumbre, un destinatario después del título y el tema que trata, sino que ya en el cuerpo del documento Francisco afirma: “frente al deterioro ambiental global, quiero dirigirme a cada persona que habita este planeta. En mi exhortación Evangelii gaudium, escribí a los miembros de la Iglesia en orden a movilizar un proceso de reforma misionera todavía pendiente. En esta encíclica, intento especialmente entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común” (n. 3).
El documento no es sólo de carácter ecológico, sino “que se agrega al Magisterio social de la Iglesia” (n. 15), por esta razón el Papa dice que la Encíclica tiene como unos ejes que la atraviesan toda, en temáticas como “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida” (n. 16).
Una de las múltiples respuestas que se han suscitado en todo el mundo frente a la invitación que Francisco hace, se dio en nuestra patria el día miércoles 4 del presente mes de noviembre en un hecho inédito: la Comisión Especial de Cambio Climático del Senado de la República, misma que preside la Senadora Silvia Garza Galván, conjuntamente con el IMDOSOC (Instituto mexicano de doctrina social cristiana) y la Fundación Konrad Adenauer, organizaron el Foro: “La pobreza y el cambio climático. Presentación de la EncíclicaLaudato si´”, mismo que se llevó a cabo en el Auditorio Octavio Paz en el senado de la República. Parte de esta novedad es que en la presentación intervinieron entre otras personas de gran talla, Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey, y Mons. Juan Armando Pérez Talamantes, Obispo Auxiliar de la misma Arquidiócesis. Mons. Cabrera afirmó casi al inicio de su intervención: “Que el Senado sea también una voz profética en el tema del cambio climático”. Este acontecimiento histórico —¡que realmente lo es!— tiene sus riesgos, y estos se inscriben en el contexto de lo que tanto repite Francisco: “Prefiero una Iglesia accidentada por salir, que enferma por estar encerrada”.
Francisco no es ningún improvisado en estos temas de diálogo y apertura, de profecía y denuncia, de anuncio de la Buena Nueva y reconciliación; ya en una Homilía del 25 de mayo del 2000, el entonces Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio decía en el contexto del Gran Jubileo: “¡Refundar con esperanza nuestros vínculos sociales!: esto no es un frío postulado eticista y racionalista. No se trata de una nueva utopía irrealizable ni mucho menos de un pragmatismo desafectado y expoliador. Es la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir con justicia sus bienes, sus intereses, su vida social en paz. Tampoco se trata solamente de una gestión administrativa o técnica, de un plan, sino que es la convicción constante que se expresa en gestos, en el acercamiento personal, en un sello distintivo, donde se exprese esta voluntad de cambiar nuestra manera de vincularnos amasando, en esperanza, una nueva cultura del encuentro, de la projimidad; donde el privilegio no sea ya un poder inexpugnable e irreductible, donde la explotación y el abuso no sean más una manera habitual de sobrevivir. En esta línea de fomentar un acercamiento, una cultura de esperanza que cree nuevos vínculos, los invito a ganar voluntades, a serenar y convencer”.
Este es el pensamiento de Francisco, constante y fresco, novedoso y siempre fiel al Evangelio de Jesucristo. Las respuestas dadas a su invitación el tiempo y la realidad las irán probando en su alcance y sinceridad. Aplaudimos esta iniciativa de los creadores del Foro en mención, deseando sea el inicio de una nueva etapa de nuestra incipiente democracia, sin descartes.
