JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE, fiesta
Homilía
Is 52, 13-53, 12; Sal 39; Lc 22, 14-20
- Mis recuerdos de esta casa.
Fue un lunes 7 de septiembre de 1987 cuando mis padres me trajeron a esta casa, nuestra querida Alma Mater. Aquí pasé siete años de mi juventud como seminarista, después 2 más ya como presbítero (2001-2003): en ese entonces yo era vice Rector del Templo de Santa Rosa de Viterbo, siendo el Rector Mons. Salvador Espinosa Medina (que de Dios Goce), a la sazón Vicario General de la Diócesis. Ese lunes mis padres me dieron la bendición en la que era la Capilla del Seminario Menor, ante la Virgen de Guadalupe que está ahora en el nuevo edificio del Menor.

Aquí recibí la Ordenación de Diácono un 2 de marzo de 1995 y la de Presbítero un 23 de noviembre del mismo año. Dos meses después de mi ordenación presbiteral, en enero de 1996, fui invitado a impartir clases, de Pentateuco; mismas que había impartido el Padre Rogelio Cabrera López por muchos años, quien era Párroco en nuestra Señora del Perpetuo Socorro y yo era ahí también, Vicario Parroquial. Él fue mi padrino de ordenación sacerdotal. Ahora sé que él, sabiendo seguramente que sería nombrado Obispo y ya no estaría más, pero no pudiendo decirlo, previó que su clase no se quedara vacante. Fue el 30 de abril de ese 1996 que se dio a conocer que Don Rogelio era nombrado Obispo electo de Tacámbaro; un mes después, el 30 de mayo era consagrado Obispo en Tacámbaro, pasado mañana cumplirá 30 años de Consagración episcopal; oremos a Dios por él.
De 1996 a 1998 fui enviado a estudiar la Licenciatura en Derecho Canónico a la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma. A mi regreso Don Mario de Gasperín, nuestro VIII Obispo de Querétaro me encomendó dar clases: Filosofía del Derecho, Derecho Canónico Fundamental, Derecho Sacramental, Teología del Matrimonio, Teología de la Eucaristía; así hasta 2015. He regresado en 2024 para compartir ahora Cristología y Eclesiología, tengo también una Licenciatura en Teología reconocida por la SEP y una Maestría en Bioética.
Del 26 de Junio de 2003 hasta el 27 de abril de 2015 se me encomendó también ser el Coordinador del Área de Formación Intelectual de la Comisión del Clero en nuestra Diócesis.
Estos son algunos de los caminos por donde el Espíritu Santo a través de mis superiores me ha conducido, y lo digo porque cuando era seminarista nunca lo imaginé; lo digo también porque todo esto tiene que ver con este “solar vetusto, que amante alberga vuestra edad florida, y sus blasones celebrad con gozo, ¡jóvenes píos!”, como canta nuestro poeta.
Gracias a mis alumnos del grupo de 4º de Teología (Mata Licea, Carlos Alberto; Molina Telles, Eric Leonardo; Olvera Robles, Francisco Javier; Sánchez León, David) por la invitación que me han hecho para compartir esta Eucaristía; gracias al Equipo formador, de manera especial al Padre Rector, Lic. Saúl Ragoitia Vega; gracias a nuestro Obispo Mons. Fidencio López Plaza. Gracias porque una verdadera y sana formación nos hará siempre decir: “Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con Ustedes” (Lc 22, 14).
- La liturgia
Después de habernos preparado 40 días (Cuaresma) hemos vivido la fiesta de la Pascua durante 50 días, terminando el Domingo pasado con la solemnidad de Pentecostés.
Sin embargo, el Leccionario II, nos señala celebrar:
- Santa María Virgen, Madre de la Iglesia (Memoria) Lunes después de Pentecostés.
- Jesucristo, Sumo y eterno Sacerdote (Fiesta) Jueves después de Pentecostés.
- La Santísima Trinidad (Solemnidad) Domingo después de Pentecostés.
- El Cuerpo y la Sangre de Cristo (Solemnidad) Jueves después de la Santísima Trinidad.
- El Sagrado Corazón de Jesús (Solemnidad) Viernes siguiente al II Domingo después de Pentecostés.
- El Corazón Inmaculado de María (Memoria) Sábado siguiente al Segundo Domingo después de Pentecostés.
Es decir, hay como una prolongación del misterio pascual en estas celebraciones, pues la rúbrica hace referencia directa a Pentecostés, es decir, una vez nacida la Iglesia. La razón y la fe buscan plenitud: recordemos la máxima “Fides quaerens intellectum” (“la fe que busca entender”). Ya decía Henri de Lubac: la fe es “algo sencillo (incomplejo), a saber, la cosa que es una, es decir, Dios”; él afirma también que hay «“una unidad objetiva” […] “unidad interna” que caracteriza las relaciones mutuas entre las verdades particulares»1 que creemos.
La etapa del Seminario me parece que está enfocada a que logremos una unidad interior en las dimensiones humana, intelectual, pastoral y espiritual, como ustedes ya bien saben. Una unidad de vida como camino performativo de fe.
Hoy celebramos la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Recordemos que Jesucristo en el contexto de la fe de su pueblo no pertenecía a la tribu sacerdotal de Leví; sino a la de Judá (como David), es decir, era en ese sentido un laico.
¿Por qué decimos que Jesús fue sacrificado en el altar de la cruz? Morir en la cruz por obra de los romanos no era en sí un sacrificio en sentido sagrado propiamente dicho, los soldados romanos no eran sacerdotes. Algunos de los profetas criticaron el culto mal entendido en el pueblo de Jesús; hay quienes afirman que Jesús no quería el culto sacerdotal del templo, pero nada más falso. Él acudía, dice el Evangelio cada año a la fiesta de Pascua junto con sus padres (cfr. Lc 2, 41-42). Cuando pide que destruyan el Templo y que él lo reconstruirá en tres días, dice el evangelio que hablaba del templo de su cuerpo (cfr. Jn 2, 19-21).
El Señor Jesús dará el sentido pleno al sacerdocio del Antiguo Testamento: el rito sin la coherencia de la vida se vuelvo vacuo, insípido; no es el rito en sí mismo lo que salva, sino la ofrenda de la propia vida por amor que hace Jesús. Son su vida y muerte lo que fundamentan el rito. Es el llamado por algunos “quinto evangelio”, el texto de Isaías que ha sido proclamado en la primera lectura, que se cumple en Jesucristo y funda una Alianza Nueva (Lc 22, 20) y eterna, y al mismo tiempo constituye un nuevo sacerdocio. Es este acontecimiento del Hijo de Dios en la cruz que funda un memorial (Lc 22, 19) salvífico que la Iglesia está llamada a celebrar hasta que Él vuelva.
Toda la primera lectura encierra el sentido del nuevo sacerdocio: transforma un acto de crueldad y barbarie en un acto de entrega amorosa y libre.
Decía el Cardenal Joseph Ratzinger en la homilía “Pro eligendo pontifice” del 18 de abril de 2025: “A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse «llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos”.
Por eso jóvenes píos, el Seminario es tiempo de vaciarse de uno mismo, para dejarse llenar de Dios. Ya lo decía el santo místico y presbítero San Juan de la Cruz, en su poema “Suma de la perfección”:
Olvido de lo criado,
memoria del Criador,
atención a lo interior,
y estarse amando al Amado.
Dice hoy el prefacio:
En efecto, Cristo no sólo confiere
La dignidad del sacerdocio real
A todo su pueblo santo,
Sino que, con especial predilección
Elige a algunos de entre los hermanos,
y mediante la imposición de las manos,
los hace partícipes de su ministerio de salvación,
a fin de que renueven, en su nombre,
el sacrificio redentor,
preparen para tus hijos el banquete pascual,
fomenten la caridad en tu pueblo santo,
lo alimenten con la palabra,
lo fortifiquen con los sacramentos
y, consagrando su vida a ti
y a la salvación de sus hermanos,
se esfuercen por reproducir en sí mismos la imagen de Cristo
y te den un constante testimonio de fidelidad y de amor.
Estimados jóvenes, el ideal sacerdotal lo tenemos expresado en la lectura del profeta Isaías, el sacerdocio no debe ser un modus vivendi de comodidad y privilegios mundanos, sino un camino para arriesgar vida y palabras por el Reino de los cielos. Según la tradición, San Juan Nepomuceno, patrón de los de 4º de teología, murió en parte por no revelar el sigilo sacramental; a veces hay que callar, pero ese silencio debe ser también un grito que anuncia la llegada de la Buena Nueva.
Gracias por la fraternidad y la Eucaristía. Recen por mí que yo también por Ustedes rezo.
Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes
Seminario Diocesano de Querétaro
Hércules, Qro. México,
28 de Mayo de 2026
- Morali, Ilaria; Henri de Lubac. Madrid 2006, p. 20.
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